Reseña Clase 3: “Transferencia y Pulsión”.

Reseña Clase 3: “Transferencia y Pulsión”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”.

En la mañana del sábado 13 de junio se llevó a cabo la Tercer Clase del Seminario teórico-clínico 2020: “La interpretación en la dirección de la cura” denominada “Transferencia y pulsión” (primera parte) la misma estuvo a cargo de Francisco Ruiz y Gastón Vallé, integrantes del CID Santiago del Estero.

Los capítulos abordados del Seminario 11 fueron el X Presencia del analista y el XI Análisis y verdad o cierre del inconsciente que se encuentran en el eje Transferencia y pulsión.

Francisco Ruiz inició la clase realizando una articulación entre Transferencia e Inconsciente, en el sentido que la transferencia puede ocurrir tanto dentro como fuera de un análisis, en cambio el inconsciente sólo se produce dentro de un análisis. Realizó un exhaustivo recorrido partiendo de conceptos freudianos tales como la rectificación subjetiva, que sería una modificación que se produce en el sujeto en relación con su realidad; abordó las nociones de trauma y síntomas entendidos como resultado de aquellas palabras no dichas que cuando el analizante habla de ello el síntoma cede. Es el tratamiento por la palabra, o talking cure, según lo denominó Ana O. en 1880 y más tarde Lacan dirá que a partir de allí se abrió un surco nuevo que es el Psicoanálisis y va a plantear a la praxis analítica como un tratamiento de lo Real por lo Simbólico.

El docente, puso especial énfasis en la cuestión del lazo amoroso de la transferencia que para Lacan funciona como resistencia o como obstáculo en el análisis; la  resistencia es del lado del analista que produce el cierre del inconsciente, en cambio para Freud el cierre del inconsciente es cuando el paciente dice “no sé”, ahí  Freud ubica una resistencia a decir algo del trauma. Para Lacan el cierre del inconsciente se produce cuando el analista le da sentido a todo lo que dice el paciente.

Para ejemplificar la transferencia amorosa como resistencia al tratamiento se refirió al  caso de Ana O. en donde la dimensión erótica hacia su analista funcionó como obstáculo para el tratamiento.

También hizo referencia a los post-freudianos que privilegiaban una realidad objetiva en cambio Freud privilegió la realidad psíquica, fantasmática, individual, el “teatro privado”, es decir lo que le pertenece al campo singular de cada sujeto. Se trabajaron algunos artículos de Sacha Natch, Ida Macalpine y Franz Alexander.

Otro tema que desarrolló fue el concepto de inconsciente como pulsación y señaló que cuando se produce una interpretación, en ese movimiento de pulsación, la interpretación queda del lado del analizante y opera como apertura del inconsciente; citó lo que Lacan dijo en 1958 acerca de la interpretación como aquello que descifra la diacronía de las representaciones inconscientes.

La interpretación es aquello que el analista dice y que produce un efecto en el sujeto, no se puede calcular totalmente sus efectos; ese efecto no es dar un sentido sino producir un efecto de sentido.

Lacan propone lo que es del orden del Deseo del analista que se agrega al nudo Inconsciente, Transferencia e Interpretación y retoma lo que Freud había comenzado a plantear a partir de  escuchar a las histéricas. Allí interviene un deseo que no es solamente terapéutico sino que es un deseo del orden del enigma. Miller al respecto se pregunta ¿qué es un analista? Y esa pregunta no tiene una respuesta universal.

Luego continuó la exposición Gastón Vallé el cual trabajó un caso clínico de la revista Mediodicho N° 31 de Hilda Vittar, para ilustrar la articulación de los conceptos desarrollados en donde fue puntuando claramente los diferentes momentos de la transferencia y el efecto de las interpretaciones en el marco analítico.

Luego de la Clase se abrió un espacio para las preguntas que produjo un intercambio muy enriquecedor con valiosos aportes de los presentes. Los aportes de los integrantes del CID y de los asistentes permitieron profundizar en la comprensión de lo expuesto.

La clase se desarrolló por la plataforma Zoom.

 

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Reseña Clase 4: “Bordes: Inconsciente, transferencia, pulsión”.

Reseña Clase 4: “Bordes: Inconsciente, transferencia, pulsión”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”

El día Viernes 17 de julio se llevó a cabo la cuarta clase del Seminario Teórico-Clínico 2020 La Interpretación en la Dirección de la Cura Seminario 11 de J. Lacan. Esta  clase llamada “Bordes: inconsciente, transferencia, pulsión” estuvo a cargo de la psicoanalista Marita Salgado, miembro AP de la EOL (Bs.As.) y de la AMP.

La docente refiere al seminario 11, como una extracción, condensación notable de la obra freudiana; y toma las palabras de Graciela Brodsky, para referirse al Inconsciente en la obra de Lacan, “… la existencia misma del inconsciente depende del analista, como si este fuera el que lo hace nacer…”. Lacan se encuentra en el dilema de cómo articular la pulsión, la realidad sexual con el significante. Sobre el concepto de realidad sugiere tener en cuenta, que Lacan siempre se refiere a la realidad en acto, que se produce en la transferencia. Estos dos conceptos (realidad sexual y significante) son bordes, no hacen uno, por eso es una verdad insostenible.

Haciendo referencia a lo sexual en Lacan, explica como va a  introducir lo sexual por la vía del deseo del analista, deseo muy especial que no es deseo que se decanta en la demanda ni del desplazamiento de los significantes. No es un deseo puro, proviene del goce. Para que los dos campos (de la pulsión y del significante) se unan, nombra el Deseo del analista. En la articulación de estos conceptos, Lacan recurre a Freud, sobre el texto “Las pulsiones y sus destinos”.

“Lo qué pasa a primer plano es que el inconsciente si está estructurado como un lenguaje es goce de la repetición. Es decir que la reconsideración de la pulsión a la que asistimos trae como consecuencia la promoción posterior del término goce que se introduce en la estructura misma del Icc.”(Lacan, pag  114). Se refiere a la pulsión, como un concepto límite entre lo somático y lo psíquico, la cual recorta un agujero del cuerpo a partir de la pérdida del objeto a. Para que haya un agujero, un borde, algo se debe haber perdido. La pulsión erotiza una zona del cuerpo y las demás quedan desexualizadas. También  va hablar de la pulsión como un montaje, compuesta por elementos. Hay un circuito en la pulsión que  va y viene, no cesa. Es siempre  la constancia de esos elementos.

 

Entre el sujeto y la pulsión hay un punto de apoyo que es el amor. La pulsión recorta, despedaza el cuerpo y el narcisismo es el que va a otorgar una imagen de unidad. 

La docente se pregunta ¿Cómo están ligados el sujeto y la pulsión? Están ligados  por una cuestión topológica. Hay comunidad topológica. La imagen o gráfico del ocho interior sirve para explicar que en el circuito mayor están las demandas y en el circuito más chico el deseo. La libido estaría entre estos, en el cruce, pero no en la intersección. Además conceptualiza el  concepto libido.  La laminilla como un órgano de la libido. Esa parte que se escapa y se pierde al nacer. También la  libido  como puro instinto de vida. La libido sería pura vida sin muerte.

 

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Clase nº2: «EL SUJETO SE HACE MANCHA AL ENTRAR EN EL CUADRO.»- Cesar Mazza.

Clase nº2: "EL SUJETO SE HACE MANCHA AL ENTRAR EN EL CUADRO."- Cesar Mazza*

Presentación por Gabriela Agostinelli: Buenas tardes a todas y a todos, doy inicio a este encuentro de nuestro CID, Santiago del Estero, que cuenta hoy con la transmisión de nuestro estimado colega Cesar Mazza, de la EOL sección Córdoba. Tal como lo adelantó, Cesar va a trabajar, en esta ocasión, en torno a tres puntos. El primero es la entrada en juego de la esquizia, con la repetición y el mal encuentro. Lo real es lo más cómplice de la pulsión. El segundo punto, la función de la mancha en apólogo de Chuang Tzu y en el Hombre de los Lobos. El tercer punto, el gesto del pintor, un antecedente de la operación del semblante. Ahora sí, le doy la palabra a Cesar.

Cesar Mazza: Buenos días, muy agradecido por compartir con ustedes este espacio y vamos a arrancar directamente con el intento de entrar al texto de Lacan, su Seminario 11. Obviamente, en un punto es un imposible, porque no sé si vamos a poder lograr exhaustivamente recorrer los cuatro capítulos dedicados a la esquizia del ojo y la mirada. En un punto, consideremos que, como dice Eric Laurent, la enseñanza de Lacan es por trozos, son trozos de real. Es decir, si alguien intenta tomar, vamos a decir, intenta llegar a una unidad, llegar a una síntesis, o llegar a un todo, por supuesto que no va a captar absolutamente nada de la enseñanza de Lacan. Son trozos de real y justamente esta perspectiva tiene que ver con el encuentro, el mal encuentro. Con lo que, ya metiéndonos en estos capítulos de Lacan, con lo que va a diferenciar, tomando a Aristóteles, entre el automaton y la tyche. La tyche definida como el accidente, el mal encuentro. Ella es un punto clave para dilucidar el concepto fundamental de la repetición. Me parece importante subrayar que la repetición en términos de la tyche es un mal encuentro y nos va a dar el horizonte de lo real a esta altura de la enseñanza de Lacan.

Y, volviendo un poquito atrás, la operación de lectura que nos podemos proponer, obviamente, va a depender también de la tyche y del mal-encuentro en cada uno. Es decir, que la lectura es un acontecimiento singular. Esto es, evidentemente, una apuesta colectiva, sabiendo que justamente va a fracasar. Es decir que el asunto es cómo cada practicante, cada analizante, digamos, continúa su análisis en extensión, va a ubicarse respecto de ese mal encuentro con el texto, la enseñanza de Lacan. Porque si no se tiene en cuenta esta perspectiva, no estamos en la enseñanza de Lacan. Estamos en otra cosa, que se yo, en otro discurso. Entonces, la apuesta es que consideremos que los enunciados del texto se captan en función de la enunciación, y en la enunciación vamos a ubicar estos accidentes en cuanto a la transferencia que vamos a tener con la enseñanza de Lacan.

Bien, les decía que en el capítulo VI del Seminario 11, que se llama “La esquizia del ojo y la mirada”, vamos a ubicar en primer lugar esta diferencia, que hay una red de significantes y el retorno de esa red, eso es lo que Lacan ha distinguido como el automaton, pero la tyche no es el retorno de lo ya escrito, el retorno de lo que aparece en la red. La tyche aparece como algo del orden de lo accidental, del accidente, y en este punto, va a ser clave para introducir el término de la esquizia. Es decir que la esquizia la introducimos en función de la tyche, del mal encuentro. Lacan está tomando de La interpretación de los sueños de Freud, el sueño llamado “el sueño de los sirios” donde está en juego la situación de un padre que ha perdido un hijo, y en algún momento, en el contexto de estar velando ese hijo, se duerme y sueña que el hijo lo toma y le dice: padre, ¿no ves que ardo? Y eso es una conexión con una situación en la realidad, y esta situación en la realidad es que en el momento en que el padre está soñando en el velatorio, el hijo estuvo al cuidado de un anciano que se había dormido y parece ser que unas velas estaban quemando o estaban a punto de quemar la mortaja, toda la escena.

Lo que a Lacan le va interesando es este momento de despertar, donde fíjense que lo que se pone en juego como dimensión de lo real es lo imposible de la función del padre. Es decir que hay algo de una perspectiva de que el padre está ubicado respecto de lo real y eso es lo imposible. Esto es, hay algo que aparece demasiado tarde o demasiado pronto y eso es la dimensión de la tyche, del mal-encuentro. Y al mismo tiempo hay una invocación a una idealidad, hay una invocación a un padre ideal. Toda la operación de un análisis se puede ubicar con ese sueño. Que ese “padre, no ves…” es una invocación a una idealidad del padre, como si el padre tendría que haber visto algo que el padre no pudo ver. Es la dimensión del padre ideal. Ahora, el padre real es el padre, digamos, que no pudo estar, vamos a decir, a la altura de las circunstancias. En torno a este problema de lo real, de la tyche y de la esquizia, Lacan va dialogando con otros discursos y con una perspectiva actual en ese contexto de lo que era el psicoanálisis. Y, por supuesto, eso es algo que no está superado y eso retorna permanentemente y es el idealismo.

El psicoanálisis no es un idealismo, es un tratamiento respecto del ideal. Fíjense en el contexto del Seminario 11, que es el primer seminario que Lacan da luego de lo que él denominó su “excomunión”. Es decir, una proscripción que le llega de la internacional, de la IPA, donde él era un analista didacta, le llega la proscripción de oficiar como didacta, no seguir enseñando como venía enseñando. Entonces, eso ocurre fundamentalmente a la altura de la clase del 20 de noviembre del 1963, cuando él empieza a dar un seminario que iba a ser titulado Los Nombres del padre, y lo tiene que interrumpir. Da una única clase porque le llega la proscripción de la junta directiva de la IPA. Entonces, este seminario de los cuatro conceptos fundamentales del año 1964, es el primero que inaugura luego de ser excomulgado. Este comienzo del seminario tenemos que contextualizarlo, porque si no no entenderíamos, justamente como dice Eric Laurent, la enseñanza de Lacan como trozos de real, sino que entenderíamos a Lacan en una perspectiva idealista. Es decir, que hay siempre un emplazamiento de la palabra. En este contexto del Seminario 11, Lacan funda una nueva lógica colectiva que ya no va a ser una asociación, sino que va a ser la escuela. Por eso es que los conceptos están absolutamente marcados por este contexto.

Entonces, siguiendo un poquito más y avanzando, hay dos párrafos en lo que me quiero detener -de la página 77- donde me parece que es importante hacer un mínimo subrayado de esto. El párrafo se refiere a lo que Lacan dice en relación a la llamada actualidad de la situación de la transferencia. Me parece muy importante volver a ubicar, siguiendo un texto de Jacques-Alain Miller -que ayer lo cité, Hacia PIPOL N° 4 o 5 del año 2007, 2008-, donde dice que el psicoanálisis es una instalación móvil y el analista es un objeto nómada susceptible de desplazarse en distintos contextos. Entonces, entre otras cosas, lo que Miller está ubicando es la diferencia entre la instalación y el encuadre. Es decir que, en la orientación lacaniana, en la enseñanza de Lacan, y por supuesto esto está extraído de Freud, no se trata del encuadre o de la situación. Se trata de la instalación del dispositivo. En este párrafo, lo voy a leer de forma exhaustiva, porque me parece necesario ir respirando el texto, ir deteniéndonos. En la página 77, Lacan dice: “El aspecto cerrado de la relación entre el accidente, que se repite […].” Es decir, hay algo que se repite y no es el retorno de la red de los significantes. Se repite el accidente, lo que ya dilucidó en el capítulo anterior entre automaton y tyche. Bien, “y el sentido velado, que es la verdadera realidad y nos lleva hacia la pulsión, nos proporciona justamente la certeza de que la desmitificación de ese artificio del tratamiento que se llama la transferencia no consiste en reducirla a la llamada actualidad de la situación.”

Así Lacan va ubicando ese punto, nosotros podemos extrapolar el asunto, de la actualidad de la situación, donde podemos ubicarnos en términos de lo que es una versión del imaginario y en esa versión del imaginario está en juego la relación, digamos, dual, entre el yo y el otro, entre el yo del analista y el otro del sujeto analizante. Sería ese espacio de la realidad que distintos autores posfreudianos han entendido que es el dispositivo y que lo han llamado encuadre. Que, por supuesto, es moneda corriente en los ámbitos psi, equipos de salud mental, en fin, hay algunas personas que no dejan de sorprenderse cuando un practicante de psicoanálisis está en un hospital y se da que tiene una sesión en el pasillo o en el patio del hospital. Es decir, si está ubicado analíticamente, ahí transcurre una sesión, tyche. Es decir, salgo del consultorio, me cruzo con alguien en el pasillo y me empieza a hablar, o llega una paciente sin turno y por supuesto la secretaria, el orden medico va a decir “bueno, no, tiene que volver cuando pase la cuarentena -qué se yo- cuando sobreviva, cuando sobrevivamos”. Pero no, me lo encuentro y le digo cuénteme que le pasa, y tiene lugar, en el pasillo, un encuentro. Y eso es la presencia del analista y eso es la perspectiva de la tyche. No es que, no, el encuadre. Tiene que sacar turno y cuando pueda lo voy a atender. Bueno con algunos pacientes si se puede hacer eso, es el caso por caso. Estoy haciendo un poco una caricatura para ubicar que aquello de la actualidad de la situación dio lugar a entender que la transferencia se reducía solamente al registro imaginario, y aquí Lacan va a ubicar que está en juego en la transferencia el orden de la tyche, del mal-encuentro, del accidente y que esto nos lleva hacia la pulsión, nos abre la perspectiva de la pulsión.

Bueno, continuo con ese párrafo. Lacan dice: “La dirección señalada por esta reducción a la actualidad de la sesión, o de la serie de sesiones, no tiene siquiera un valor propedéutico. El concepto exacto de la repetición ha de obtenerse en otra dirección que no podemos confundir con el conjunto de los efectos de transferencia. Cuando abordaremos la función de la transferencia, nuestro problema será el de saber cómo la transferencia puede llevarnos al meollo de la repetición.” Entonces, va haciendo un nudo entre la transferencia, la repetición en tanto tyche o accidente y la pulsión.

Bien, en el párrafo siguiente entra en juego el término esquizia. “Por eso mismo -dice Lacan- es necesario fundamentar primero la repetición en la propia esquizia que se produce en el sujeto respecto del encuentro.” Es decir que una cosa es el sujeto del significante, el sujeto del retorno de la red del significante, del automaton, y otra cosa es cómo se produce la esquizia en el sujeto con la repetición, tyche. Dice: “Esta esquizia constituye la dimensión característica del descubrimiento y de la experiencia analítica, que nos hace aprehender lo real, en su incidencia dialéctica, como algo que llega siempre en mal momento.” Brevemente, voy a subrayar que hay una incidencia dialéctica cuando se pone en juego la esquizia y cuando nos abre el camino para ubicar lo real a la altura de este seminario.

Vamos a decir que hay, por un lado, una perspectiva que es la dialéctica, en Lacan, muy subsidiario de la enseñanza de Alexander Kojève -que fue el introductor de Hegel en Francia-, que no es una influencia más en Lacan. Lacan concurre en los años 30, aproximadamente ocho años, al seminario de Alexander Kojéve, que estaba enseñando Hegel. Entonces, es una impronta, una relación muy del orden del encuentro, de lo que años posteriores Lacan va a llamar la resonancia, entre Lacan y Kojève. Lo menciono porque siempre hay un pensamiento idealista y romántico en juego en el psicoanálisis, que considera que algunas personas son geniales, es el mito individual que la genialidad nacería solamente de un talento individual. En un punto eso es no entender nada. Obviamente que es una mentalidad, la mentalidad se impone, es un lugar de enunciación. La cuestión es que si nosotros no consideramos cómo están dichas las cosas, cómo está instalado el discurso, no estamos en el discurso analítico, estamos en otro discurso. El asunto es que nosotros usemos los otros discursos para siempre volver a instalar el discurso analítico.

Bueno, entonces, la dialéctica, la esquizia, la tyche, la repetición. Es decir que va a incidir en el proceso dialéctico, porque en algún momento Lacan, en los años 50, entendía que la transferencia era un proceso dialéctico. Mejor dicho, el tratamiento analítico era un proceso dialectico y la transferencia se subsumía a una transferencia simbólica, entendiendo lo simbólico como una dialéctica que iba a poner en juego el progreso de la verdad. Eso es un texto del año 1948, que se llama Intervención sobre la transferencia que está en Escritos 1. También entendía que hay otro tipo de transferencia que planteaba una inercia. La transferencia imaginaria planteaba una inercia a este proceso de la dialéctica. Acá va a ubicar lo real y cómo lo real va a incidir en esta dialéctica. También, entendamos que la dialéctica en el Seminario 3, dedicado a la psicosis, del año 1956, ocho años antes del Seminario 11, él menciona cuestiones que se oponen a la dialéctica. Supongamos, algo que aparece en términos del goce, algo que aparece en términos del fenómeno elemental, hablando estrictamente de la psicosis, que aparece sin dialéctica.

Por eso es muy importante el análisis personal para la lectura y para aprender psicoanálisis. Porque en un punto, podemos decir “no puedo avanzar de la página 77, porque encuentro un término que me remite a otro término.” ¡Si, por supuesto! En un punto la parte hace al todo, con que logremos captar un trozo de una página de Lacan, ya estamos. La posición neurótica es buscar una unidad, y después una síntesis, y después una comprensión, pero eso es justamente salirse de la enseñanza de Lacan. Por eso es muy importante el análisis personal en la formación. No es un cursito más que alguien puede hacer. Por eso es muy importante esta red del IOM, que apuesta a instalar el discurso analítico bajo estos medios, por este procedimiento.

Entonces, pasamos a la página 78. Les prometo que luego voy a tomar otro camino, no tanto lo que sería este ejercicio. Porque este ejercicio se llama disciplina del comentario. Hay otro tipo de procedimiento que es la perspectiva del concepto. Voy a ensayar ambos. Ahora, la otra frase que está en ese párrafo y que da pie a la vuelta de página, dice: “Precisamente por ello lo real, -fíjense que va ubicar lo que es lo real en este momento- lo real en el sujeto resulta ser lo más cómplice de la pulsión, a la cual llegaremos en último término, porque sólo el recorrido de este camino nos permitirá concebir de qué se trata.” Esta frase uno la puede aislar, porque ahí encontramos toda una cuestión que hay que entender, como señala Jacques-Alain Miller en un texto de los matemas, que en Lacan tenemos siempre una perspectiva, vamos a decir, retórica donde una de las construcciones que utiliza son los aforismos y lo interesante es que esta perspectiva retórica, aforística, está enlazada lógicamente. Hay una lógica que está en juego entre líneas, en determinados aforismos de Lacan. Por ejemplo, uno puede tomar determinados aforismos y ubicar que hay una lógica en juego.

“Lo real, lo más cómplice de la pulsión”. Esta frase es muy potente. Lo real en el sujeto resulta ser lo más cómplice de la pulsión. Acá dejo abierto, y en una de esas lo podemos retomar, lo que está en juego, fíjense, hay algo que pasa de una forma muda, en una complicidad solapada. El término complicidad es una categoría ética, es un término tomado del discurso jurídico, cuando alguien dice “es cómplice”, “es cómplice de un delito”. Hay algo en juego de la complicidad sin dialéctica, que se pone en juego con la pulsión.

Avanzando, lo que vamos a tener después es, vamos a decirlo así, una sustitución que hace Lacan de términos que daban lugar a un fenomenal malentendido. Pero no el malentendido provechoso, sino el malentendido en términos de desviación, en el contexto de la producción posfreudiana, que es lo que Lacan va a plantear a partir de la pregunta por lo traumático de la escena primaria, especialmente del hombre de los lobos. Va a sustituir el término de lo psíquico, por el termino de lo tíquico. Entonces, dice en la clase posterior que recibió el acuse de recibo de su audiencia, de que consideró que este término resultó disonante en muchos de los que estaban escuchando a Lacan, como si fuese inclusive un exabrupto. Y entonces, dice Lacan, por qué se asombran, si psíquico es el adjetivo de psique, tíquico es el adjetivo de dystychia, tyche. El punto es que él va a sustituir el malentendido de la realidad psíquica, por lo tíquico que es el adjetivo de la tyche.

Fíjense esta operación. Les había hablado antes sobre la situación de la transferencia, algo que dio lugar a ese malentendido de entender la situación de la transferencia como una situación de la realidad, y que, a su vez, a esa realidad se oponía la realidad psíquica, que es un término que está en el mismo Freud. Lacan va a ubicar un desplazamiento de los términos y dice: “de lo que se trata no es de la realidad psíquica, se trata de lo tíquico, respecto de la tyche, del accidente, dystychia, mal encuentro. Es la perspectiva que nos va a ubicar en la repetición y, obviamente, va a abrir las vías de la pulsión como lo más cómplice del sujeto en la transferencia.

El término que va a emplear es, dice en la página 78, “hay un hecho facticio” en la experiencia del hombre de los lobos contemplando la escena primaria. Este hecho facticio es la experiencia de extrañeza en la percepción y esa posición del sujeto de extrañeza cuando contempla la aparición y desaparición del pene en la escena primaria. Dice, es un hecho facticio. Es muy importante esto, porque alguien que está demasiado apurado por aprender a Lacan, se pasa de largo todas estas cosas, no se detiene a dilucidar este término. Como dice Jacques Alain Miller, dilucidar la enseñanza, el texto de Jacques Lacan. Obviamente, se necesita un poco de humor y entrarle por distintos lados. No apurarse, soportar no entender, es la disciplina que Lacan mismo señala en el Seminario 3, no comprender para poder dar lugar al golpe de la palabra, en este caso a la lógica del texto. Dejarse sorprender, digamos. Que es un término que Lacan va a utilizar en los años 70, respecto de “incautarse”. Es decir que los no incautos siempre yerran. Entonces, incautarse del texto de Lacan, va a implicar esta operación de que uno puede siempre volver por primera vez al texto de Lacan. Es una posición que tiene que ver con el uno de Heráclito, y no con una entelequia. La entrada al texto implica algo de lo que señala la frase de Heráclito, “nadie puede bañarse en el mismo río dos veces por igual”. Esto supone que hay algo que está en juego, algo nuevo que es una tyche en esa operación, no es el uno de la entelequia. Esto yo ya lo sé. No. El que no se deja incautar por el texto de Lacan, no puede leer Lacan. Por eso insisto en que la lectura tiene que ver con el análisis personal. A medida que uno avanza en el análisis personal, puede dejarse incautar por el texto de Lacan.

Volviendo a este punto, es un hecho facticio porque no se trata de la realidad del hecho, hay una diferencia y una extrapolación en la lectura que hace Lacan de lo que dice Freud, de lo que hace Freud. Una de las traducciones de facticio es artificial. No se trata de que en la escena primaria el sujeto reconstruya la realidad de los hechos, no se trata de eso. Lo tíquico no tiene que ver con reconstruir algo vivido por el sujeto. Es del orden de la experiencia, por la extrañeza que causó, pero eso no quiere decir la realidad de los hechos.

Esta posición es muy importante tenerla en cuenta porque lo que Lacan va a decir, va a poner de ejemplo para la tyche, en el capítulo anterior, es la búsqueda afiebrada de Freud como si lo real estuviera consignado en una realidad de los hechos. La búsqueda afiebrada de Freud por encontrar la escena primaria, porque con ese descubrimiento Freud, con este caso del hombre de los lobos, iba a contribuir al progreso del psicoanálisis. Lo que plantea Lacan, es que esa búsqueda afiebrada de Freud, esa tyche, provoca un mal encuentro. Hay que considerar que esa búsqueda afiebrada de Freud lo lleva, entre otras cosas, a bancar al paciente. Es decir, a organizar una colecta entre analistas para sostener económicamente al paciente, porque este supuestamente iba a contribuir a la ciencia analítica, en términos de Freud. Freud quería encontrar una realidad de los hechos, en el orden de los hechos y no en el orden de lo facticio, diríamos con Lacan, en la escena primaria.

-Hay una pregunta en el auditorio: Me gustaría preguntarle, ¿Cómo es eso de la complicidad de la pulsión sin dialéctica? ¿O la complicidad sin dialéctica de la pulsión?

Cesar Mazza: Esta pregunta es muy importante. Lo que podemos considerar como fenómeno clínico en esa complicidad es, por ejemplo, el acting out. Es decir que hay una complicidad que no entra en análisis y que, sin embargo, es transferencia, y donde la pulsión actúa, en ese destino fijado, encuentra una forma de montaje que es el acting out. Eso sería ubicar que hay una complicidad sin dialéctica. El asunto sería cómo el analista se las va a arreglar, es una transferencia salvaje, para que ese montaje vaya entrando nuevamente, o entre por primera vez, en una dialéctica.

Pasemos a otro punto donde hay una referencia que Lacan toma de un filósofo muy importante en este contexto, Maurice Merleau-Ponty. En este contexto acaba de publicarse Lo visible y lo invisible de él, y es, también, una conexión importante de Lacan con este filósofo. De casualidad, porque estaba leyendo otra cosa, hace poco encontré una clase del Seminario 8 que tiene lugar en el momento de la muerte de este filósofo, y Lacan le dedica un breve párrafo, respecto a la posición, lo que nosotros diríamos, del enseñante. Me parece que vale la pena ubicar eso. ¿Por qué? Porque no es lo mismo un autor que esté vivo, a uno que esté muerto. Nosotros no tendríamos por qué caer en un cinismo de otros discursos, donde me importa solamente la conveniencia, cumplo con esto y bien. Esta posición canalla, especialmente soy sensible a eso, no me gusta, no la comparto y justamente creo que no tiene nada que ver con el discurso analítico. Hay una separación, hay una posición muy fuerte de Lacan respecto de lo que es la posición canalla, cuyo partenaire es siempre el tonto. Incluso, habitan las dos posiciones en una sola persona. Es tonto y es canalla, cíclicamente, sin dialéctica diríamos. Por citar un juego de esa dialéctica, tendríamos una negatividad de ese goce, tendríamos una posibilidad de vaciamiento de ese goce. Justamente, en esa cuestión cíclica entre la tontería y la canallada, está planteado por Lacan en el Seminario 7, no tenemos una dialéctica.

Bien, entonces, lo que dice de Merleau-Ponty, está en la página 317 del Seminario 8 capítulo XX que se llama La abyección de Turelure -que es un personaje de la tragedia de Claudel-, es lo siguiente: “Me disculpo si, en este lugar abierto a todos, pido a aquellos que están unidos por la misma amistad que dirijan un instante su pensamiento hacia un hombre que fue su amigo, mi amigo, Maurice Merleau-Ponty, que nos fue arrebatado el último miércoles, el día de mi último seminario por la noche, en un instante, y cuya muerte nos hicieron saber algunas horas después. La recibimos en pleno corazón.” Me interesa subrayar esto, “Merleau-Ponty seguía su camino, proseguía su investigación, que no era la misma que la nuestra. Habíamos partido de puntos distintos, y yo diría incluso que aunque ambos nos encontrábamos en la posición de enseñar, era por objetivos diferentes. Él siempre había querido enseñar, y yo puedo decir que ocupo esta cátedra muy a mi pesar.”

En un punto, Lacan no es un profesor, nunca tuvo una cátedra, utiliza el semblante de profesor. Bien, eso para no confundir las cosas. Alguien puede ser profesor, pero es muy importante que no se la crea. La práctica analítica es otra cosa, ya sea como enseñante, como lector, como analista.

“Puedo decir que nos habrá faltado tiempo, debido a esta fatalidad mortal para acercar más nuestras fórmulas y nuestros enunciados. Su lugar, respecto a lo que yo les enseñó, habrá sido de simpatía. Y, créanme, durante estos ocho días, el duelo profundo que he experimentado por su desaparición me ha hecho interrogarme sobre el nivel en el que puedo ocupar este lugar, y ocuparlo de tal forma, que puedo ponerme, ante mí mismo, en cuestión.” Es una reflexión de su posición enunciativa. “Al menos me parece que de él recojo -por su respuesta, por su actitud, por su palabra amistosas cada vez que vino aquí- es una ayuda […]”. O sea que no es una fascinación idealizante, respecto de lo que puede ser un maestro o alguien que puede enseñar algo. Habla de una ayuda, es una posición humilde. Yo creo que falta mucho en el psicoanálisis esta posición. La posición del enseñante, que de alguna forma redobla por otros medios la posición del analizante.

Entonces, “[…] es una ayuda, lo cual satisface la idea que creo que teníamos en común sobre la enseñanza. Una idea que aparta lo más lejos posible toda infatuación por principio, y para decirlo todo, cualquier pedantería.” Me parece digno de subrayar esto, porque no es que Lacan cita a un autor solamente para hacer un alarde, un coqueteo intelectual; “mira lo que se”, “te lo refriego en la cara”, “me pavoneo con todo lo que se”. No, hay una transferencia en juego, donde él combate en esta amistad, con Maurice Merleau-Ponty, es el combate contra la infatuación y la pedantería. Me parece algo que no es menor y vale la pena la digresión. La cuestión que toma de Merleau-Ponty, es ya una diferencia porque, dice, no se trata de que el asunto sea entre lo visible y lo invisible, es un cuestionamiento a lo que se entiende por la forma en la tradición filosófica.

-Hay una pregunta del auditorio: Cesar, buenos días, ¿cómo estás? Lo que te quería preguntar es, cuando hablaste sobre lo tíquico y la tyche, si eso es posible entenderlo cuando, por ejemplo, Freud en los primeros historiales clínicos va captando cómo se forma el síntoma. Él habla sobre la importancia de que el sujeto empiece a sentir como una incompatibilidad, entre lo que el yo puede tolerar y un afecto. Entonces, eso produce el síntoma porque produce la censura, dice Freud, y después va a venir la represión. Esa incompatibilidad de lo que el yo puede tolerar, me parecía a mí que puede ser algo de la tyche. No sé si está clara mi pregunta.

Cesar Mazza: Sí, está clarísimo. Tal cual, va por ahí el asunto. Ahí tendríamos la dimensión de lo que, en algún momento, inclusive Freud cuando habla del fetichismo habla del escotoma, de la división que está en juego en la percepción, pero es, en términos de Lacan, la esquizia, en eso tíquico. Ahí tenemos esa dimensión de la esquizia en juego. La esquizia en juego y el camino del síntoma respecto de la esquizia. Eso podemos subrayar.

Público: Justamente, hay una división del sujeto en esta producción sintomática. Creo que también la división del sujeto es producida por Freud, cuando hace que el paciente empiece a asociar. Ahí también hay una división y me parece que ahí también hay algo del encuentro del sujeto con esto tíquico. Gracias Cesar.

Cesar Mazza: Si, tal cual. Vamos a considerar que tenemos la división del sujeto y, a su vez, tenemos la esquizia. Este es un punto del giro que va a plantear Lacan en este seminario. La división del sujeto la podemos ubicar respecto del Otro, del significante que está reprimido y retorna en el síntoma. Pero, a su vez, podemos ubicar esta dimensión de la tyche, de la esquizia donde nos abre otra perspectiva respecto de lo que es, ya no el Otro, sino lo que en años posteriores en Lacan va a ser el tema del cuerpo, que obviamente no es el cuerpo imaginario. Haciendo una extrapolación bastante brutal, haciendo este juego dialéctico. Bien, me parece muy bueno el aporte. Es la forma de aprender y estudiar el psicoanálisis, no tengan miedo a pifiarla, en pensar algo y plantearlo, no es un examen esto. Como plantea Jacques-Alain Miller, es una conversación, no es un examen en donde hay un profesor que te va a decir aprobado o desaprobado. Déjenlo para otra cosa, no sé.

-Hay una pregunta en el auditorio: Quisiera saber bien si la posición del canalla, que lo había nombrado, ¿tiene que ver con el analista o el analizante?

Cesar Mazza: ¡esperemos que no! Con el analista, esperemos que no. Está muy bien, vamos a tomar una referencia de Lacan del Seminario 17, también está en Televisión, que es una entrevista que le hace Jaques-Alain Miller. En función de lo que estábamos hablando sobre lo real, más cómplice de la pulsión, y que no admite dialéctica podemos considerar que el sujeto tiene un goce canalla y un goce tonto al mismo tiempo. Eso no quiere decir que el sujeto sea un canalla. Porque la definición de canalla tiene que ver con alguien que no se hace cargo de sus actos, no tiene ética. No se hace cargo de lo que hizo.

-Comentario del auditorio: ¿eso tiene que ver con la vida del analizante? ¿con su posición en la vida?

Cesar Mazza: Claro. No es un terrible hijo de puta o una terrible hija de puta. Es una posición de lo más común, de alguien que viene a consulta en un Audi o en un Mercedes Benz, y se te pone a llorar porque no tiene para pagar los honorarios que vos le das. Es decir, hace una exhibición en una primera entrevista de que viajó a Europa, a Nueva York. Estoy ironizando un poco la posición canalla de una persona normal y simpática, pero cuando vos le preguntas sobre determinado tema no quiere saber, o cuando le cortas la sesión se enoja, te dice ¿tan pronto terminó? O le decís, mis honorarios son tanto, se indignan como si les estuvieras robando algo. Hay una posición canalla. Lo más cómplice de la pulsión. Subrayemos esta frase de la página 77 del Seminario 11, y podemos extrapolar, porque hay una lógica en juego, respecto de la posición canalla.

Seguimos un poquito más. Fíjense que va a tomar de su amigo, Merleau-Ponty, una perspectiva y la va a ubicar respecto de lo que es la esquizia, la mirada, el campo escópico y, fundamentalmente, cómo se va a articular la angustia de castración y/o la castración a secas. Lo que va a decir es que no se trata de que hay algo invisible y visible, no es ese par. Se trata de que hay una esquicia entre el ojo y la mirada. Es decir, va a tomar una frase que es: hay una preexistencia de la mirada. Soy mirado de todas partes y sólo puedo ver desde determinado punto. Ahí hay una esquizia, en otros términos, hay una asimetría, para decirlo en una especie de sinónimo pero no es un sinónimo. Hay una asimetría en cómo está la vista, cómo se forma la visión, y cómo es la mirada. Puedo ver de acuerdo a la distribución del punto geometral, pero soy observado desde todas partes. Entonces, la mirada es preexistente a la vista. Soy mirado antes de poder ver. Como la ecografía. No nosotros que somos de otra generación, pero ahora el bebé primero es mirado, luego en algún momento va a empezar a ver. Antes de que nazca es mirado. Es decir que ahí está la dimensión de la mirada. Y dónde, en la dimensión de la mirada, lo que consideramos es que es la forma de eludir la castración. Bueno, esta es una frase muy importante a tener en cuenta.

-Una pregunta del auditorio: El bebé es mirado desde que es mancha, ¿se podría decir?

Cesar Mazza: Si, tal cual. El sujeto primero no habla, es hablado, y simultáneamente el sujeto es mirado, va a nacer como un objeto mirado, como una mancha. Entonces, vamos a considerar que para Lacan hay una función de la mancha.

Voy al apólogo de un sueño que toma Lacan, el apólogo de Chuang Tzu, en comparación con un sueño del hombre de los lobos donde hay un juego de aleteo de una mariposa. No es el sueño de los lobos, que uno lo puede conectar también. Pero el apólogo de Chaung Tzu es el siguiente. Un hombre, Chuang Tzu, ha soñado que era una mariposa. Entonces, al despertarse se pregunta si es un hombre, Chuang Tzu, que ha soñado que era una mariposa o es una mariposa que se está preguntando si es un hombre. Tenemos dos momentos donde en el momento del sueño, Lacan dice, hay ahí una certeza de que el sujeto es mariposa para nadie. Cuando se despierta tenemos una pregunta por su identidad. En esta pregunta por la identidad ya tenemos la dimensión del sujeto, porque ese sujeto esta captado en las redes del significante del Otro. Dice, es en todo caso cuando se despierta la posibilidad de preguntarse, porque Chuang Tzu no está loco. La diferencia está, tomando otro seminario de Lacan, el Seminario 9 que también habla del hombre de los lobos, en la cuestión de Napoleón. Napoleón se cree que es Napoleón, entonces ahí no tenemos la pregunta, tenemos la certeza, tenemos una identidad. En el caso del hombre de los lobos, en un aleteo que aparece de la mariposa, fíjense que lo que se pone en juego -que en Lacan luego va a ser el tema del nombre de goce y el objeto-, lo que se pone en juego con el aleteo de la mariposa es un terror, un terror fóbico. No es una pregunta, es una dimensión del goce que la ubicamos descriptivamente y clínicamente respecto de una fobia a la mariposa. Me interesa pasar al capítulo siguiente.

Como decía, Lacan se refiere al objeto en relación a los nombres de goce. Son nombres de goce, podríamos decir muy esquemáticamente, el tema del lobo para el hombre de los lobos. Eso es distinto al nombre de la persona, el nombre de goce es una singularidad. Rata para el hombre de las ratas. Y así cada uno puede tomar el nombre que tiene que ver con un objeto. En muchos casos podemos ubicar una especie que no es una especie humana, referido a un bestiario, a una fauna que se utiliza para nombrar una dimensión del goce corporal que tiene que ver con una singularidad en cada uno. Eso es muy interesante, cómo surgen en un análisis esos nombres.

-Una pregunta del auditorio: Pregunto respecto a lo que estaba diciendo sobre la función de la mirada como forma de eludir la castración, si puede retomar eso. Después, en relación a lo anterior, otra pregunta. Me gustaría, si pudiera ubicar esto de la mirada en el acto analítico, pensándolo específicamente en el pasaje de entrevistas preliminares a diván. Y siguiendo este hilo, tomando lo que dice Lacan en las respuestas de la página 85 del Seminario 11, sobre las intervenciones que tendría que apuntar a truncar en el punto de mirada última, ¿se podría pensar desde ahí el lugar del analista en la transferencia?

Cesar Mazza: Les propongo lo siguiente, voy a tomar algunas cosas y puntualmente luego voy a volver a estas preguntas, que son muy importantes, respecto de la mancha, la mirada, la castración, el diván.

Sobre la mirada, Lacan se refiere a otro gran filósofo, Jean Paul Sartre, en la página 91, donde dice que la mirada siempre es una mirada imaginada, supuesta, imaginada por mí en el campo del Otro. Eso es a propósito del que es descubierto mirando por una mirilla, el voyeur está suponiendo que hay otro que lo va a pescar espiando. Ahí está en juego es que lo que puede pasar es la vergüenza, lo atrapen o no. En base a este fenómeno, Lacan va a plantear que la mirada siempre es una mirada imaginada. Clínicamente es muy importante que aparezca la vergüenza o que no aparezca. Por ejemplo, cuando alguien comete un lapsus, durante la sesión. Se caiga, se tropiece, de olvide de algo, de pagar, que se yo. Consideremos este aspecto de la mirada imaginada en el campo del Otro, porque de no existir esta dimensión del campo de lo imaginado, tenemos la certeza. Lacan va llamar esto, en un capítulo posterior, la pantalla que se define como algo opaco. Cuando no tenemos esa dimensión de la pantalla, de lo opaco, tenemos una mirada que es transparente, una mirada que se puede atravesar, que atraviesa.

Entonces, tenemos una dimensión de la certeza, que Lacan situó en el Seminario 10 sobre la angustia respecto de la mirada. Hay un apólogo que Lacan llama la mantis religiosa, que es un relato en base a un cuadro, de un pintor que se llama Millet. En ese apólogo del Seminario 10, Lacan dice, imagínense que está ese gran bicho gigante y yo no puedo verme reflejado en sus pupilas. Entonces, sobreviene la angustia, porque el bicho me puede identificar a mí. Soy presa de ese bicho, soy presa de esa mirada. Fundamentalmente, lo que está en juego es que yo no puedo verme reflejado en las pupilas de ese bicho. Ahí hace un pase Lacan en el relato, y dice, es como, imaginando, el primitivo que necesita una máscara -a propósito de esto también menciona acá el tema de la máscara respecto de Francisco Goya-, es decir, si yo no tengo una máscara no puedo imaginarme quién soy para el Otro. Porque el asunto de la mirada que atraviesa, con la máscara hay una posibilidad de pantalla, hay una posibilidad de filtro. Es decir que el otro no me puede ver a mí, ve la máscara, va a creer que yo soy el que le muestro, la máscara.

Esto lo manejan muy bien las mujeres. Lo que Lacan llamo la mascarada femenina. Es decir que es captar un significante que viene del Otro y hacerle creer al Otro que, bueno en caso de una mujer, que ella es esa que muestra la máscara. Por eso se comprende, o un hombre debería comprender, porqué una mujer está tanto tiempo maquillándose o arreglándose frente al espejo. Porque es imaginarse quién es para el Otro, porque de no tener esa imaginación tenemos la dimensión angustiante de la mirada. Esto es importante que lo tengamos presente, la mirada siempre es una mirada imaginada. Es una mirada imaginada porque me va a permitir interrogarme y jugar con qué clase de objeto soy para el Otro, que clase de bicho soy para el Otro, que clase de mancha soy para el Otro. Acá estoy saltando al tema de la pantalla y la posibilidad de que funcione la máscara con la pantalla. En efecto, de no existir estas tenemos la angustia y, por ejemplo, en la psicosis tenemos el fenómeno de la mirada que es absolutamente devastadora. Alguien que no tiene esa posibilidad de, en términos de Lacan, de filtrar, de retractar, de opacar, lo que viene del Otro aparece en un fenómeno de invasión con la mirada.

Voy a comentarles, muy sucintamente, el apólogo propio de Lacan de la lata de sardinas, que está en el capítulo siguiente. Es una especie de reconstrucción analítica del propio Lacan, se pregunta, se interroga sobre qué clase de mancha fue en el campo del Otro. Esta perspectiva nos permite considerar que para Lacan, y en psicoanálisis, el objeto mirada no es algo solamente exterior al sujeto, sino que ese objeto está en relación de extimidad. En el sentido de que hay un aspecto que no pasa a la representación y que está en el corazón del ser del sujeto, está esa dimensión de lo real que no es representable, que no se representa. Ahí vamos a ubicar que no se trata de una relación respecto de lo que se llama, en la pintura, el realismo. El cuadro no representa o refleja una realidad. Esto es que el analista forma parte del cuadro respecto del diván y también jugando con lo que es el cuadro clínico, para hacer una diferencia con otros discursos.

Lacan reconstruye una anécdota de su juventud, cuando era estudiante y se embarcó en hacer una excursión a un pequeño pueblo de pescadores, donde él recuerda algo que para el interlocutor del momento era gracioso, pero para él no. Tenemos ahí una dimensión de la angustia. Lo gracioso era lo siguiente. Él describe el contexto, pinta el cuadro figurativo, supuestamente realista, donde dice que él, un joven estudiante universitario de la burguesía parisina, en un pueblo de La Bretaña francesa donde había pescadores y donde pudo haber sido, en ese momento la tuberculosis, otro tipo de epidemia, de enfermedad, lo más probable fuera que al verano siguiente no iba a encontrar a los mismos personajes. Iban a quedar arrasados por la enfermedad. Fíjense esta descripción. Lacan en una pequeña embarcación precaria, lo llevan de paseo y el personaje, que es Juancito Petit Joan, le dice: ¿Ves esa lata de sardina? Porque había una lata flotando en el agua. Lo gracioso es esto para Juancito, “¿Ves esa lata de sardina? Bien, ella no te ve, te mira”. Ahí tenemos la esquizia entre el ojo y la mirada, entre lo que es el campo de la visión y la mirada. ¿Por qué? Porque, entre otras cosas, lo que dice Lacan es que él era una mancha viva en el cuadro, él preso, captado por la mirada.

Pero la mirada no es intersubjetiva, la puede encarnar alguien, pero nunca va a saber quién soy, siempre es imaginada. La mirada está ubicada en un objeto, que no es un objeto humano, es una lata de sardina. Y también hay una cuestión entre la luz, que se proyecta en línea recta, es una cuestión que va ubicando Lacan, pero tenemos algo que llega al ojo de una forma refractaria, una forma siempre distorsionada. Lacan va a ubicar que está en juego el iris, el parpado, el parpado; que en el parpadeo tenemos una posibilidad de no ver, de refractar esa luz, esa mirada. Entonces, dice Lacan, que él era una mancha viva en el cuadro y que son dos momentos en esta construcción del apólogo. El primer momento es el momento de angustia, él estuvo ahí, inenarrable. Es decir que no había un sujeto para poder contar. Tiene la misma estructura del análisis. Uno fue una mancha en el cuadro, en el cuadro familiar, de acuerdo a determinados hechos, uno apareció como una mancha, inenarrable. Luego cuando se analiza, puede empezar a despejar y a dilucidar qué clase de mancha fue para el Otro, de acuerdo, por supuesto, a la propia imaginación de uno, más allá de lo que dijo papá y mamá, la hermanita, la vecina. Yo siempre fui “el tal” y en una de esas es lo que vos escuchaste, equívocamente, de lo que dijo tal. El análisis da esa posibilidad de equivocar la clasificación que viene prescripta del Otro. El análisis nos da esa posibilidad de ubicar la mancha, porque el sujeto se hace mancha al entrar en el cuadro, inevitablemente. Es una operación que se puede hacer con la mancha.

Algo que me gustaría agregar es un trabajo que se puso ahora en juego en el congreso que se iba a hacer de la AMP, sobre el sueño, una revisión sobre el hombre de los lobos y, en especial, tuve la oportunidad de conversar sobre este trabajo, con Jesús Santiago, analista brasilero, quien presentó el tema de los sueños en la última jornada de la EOL en Buenos Aires. Yo le comentaba que es muy interesante hacer un ejercicio con estos capítulos de Lacan, de una nueva versión del sueño de los lobos que tiene lugar en el paciente, el hombre de lobos, en un segundo análisis con Ruth Mack Brunswick, analista recomendada por Freud cuando termina dramáticamente la transferencia con él.

Lo que creo que me saltee de decir es que Lacan dice que esa búsqueda afiebrada de Freud, lo que va a provocar es una tyche, un mal encuentro, es decir, va a desencadenar una psicosis tardía en el hombre de los lobos. Así fue como llega al análisis con Mack Brunswick. Esto está narrado en un libro que se llama El hombre de los lobos por el hombre de los lobos, donde en uno de los capítulos habla del análisis que tiene con Ruth. Es muy interesante, porque el hombre de los lobos llega con una queja fuertísima, una angustia devastadora respecto de una sensación hipocondriaca que es tener una afección, un agujero, en la nariz. Ahí hay que anotar, lo que la brillante analista, Ruth Mack Brunswick, advierte, que el paciente dice tener la sensación de ser observado por todo el mundo, que ese agujero en la nariz podía ser observado por todo el mundo. Es decir que llega en esta presentación hipocondríaca y, por supuesto, donde tenemos una dimensión paranoica respecto de la mirada donde no opera, lo que plantea Lacan sobre la pantalla, no opera la pantalla. Porque la mirada que viene del Otro es una certeza, no es que el sujeto se puede imaginar quién es para el Otro. Tiene la certeza de que ese agujero en la nariz es observado por todo el mundo. Así llega, en las primeras entrevistas, el hombre de los lobos al segundo análisis con Ruth Mack Brunswick.

Esto lo cuenta Mack Brunswick. En el curso del análisis hay, dice, una nueva versión de, lo que Lacan va a llamar el sueño clave, el sueño de los lobos. Hay un cambio de color en los lobos, antes eran blancos y ahora son grises. Ahí hay una cuestión muy interesante en términos hipotéticos, ubicar una función de la mancha que va teniendo lugar en este segundo análisis. Entendamos, tomando la cuestión de la mariposa de Chuang Tzu, que si reemplazamos los términos, el sujeto es idéntico al objeto lobo, es idéntico a un loco, no hay equivoco en juego. El sujeto es un lobo. Tenemos esa presencia y esa dimensión de la mirada que no está sujeta a una equivocación. Acá hay dos sueños que están en juego en Ruth Mack Brunswick, dice: en el primer sueño -está en el apartado 4- los lobos antes blancos, era ahora invariablemente grises. Entonces, uno se puede preguntar, ¿qué función tiene ese cambio de color? En otro sueño, casi al final, la analista expone no solamente el cuadro del sueño, vale decir, la transcripción del relato del sujeto, sino que es importante remarcar de qué forma su presencia se incluye en la interpretación.

Cito a la analista Mack Brunswick: “el sueño del día siguiente consistió en una clarificación del sueño de los lobos. El paciente mira a través de una ventana, hacia una pradera, más allá […].” Es decir, ahí hay una posición distinta, porque ahí el paciente mira, no es mirado, en una catatonia de la imagen, es una frase de Lacan del Seminario 10. Lo que ocurre en ese sueño clave, descripto por Freud, es una catatonia de la imagen, está pasmado el sujeto, está perplejo ante la mirada de los lobos. Aquí hay una variación, es el sujeto el que mira, no que es captado y mirado. La analista transcribe lo que dice el paciente: “el sol brilla entre los árboles y salpica las hierbas con reflejos, las piedras de las praderas tienen un curioso tinte violáceo. El paciente observa en especial las ramas de cierto árbol y admira la manera como se entrelaza, no entiende cómo todavía no ha pintado este paisaje.”

No sé si sabían que el hombre de los lobos también se dedicaba a la pintura. Llegó gracias a su analista de Nueva York, Muriel Gardiner, a exponer una obra. Fíjense que aparece el tema de las ramas del árbol, entonces, sigo con la interpretación que hace la analista: “el paisaje de este sueño debe ser comparado con el sueño de los lobos, cuando tenía 4 años. Ahora brilla el sol […].” Ahí hay un tinte de la luz por vía del color, distinto. “Entonces -en el sueño clave de Freud- era de noche y la noche siempre pavorosa. Las ramas de los árboles donde antes se hallaban los aterradores lobos, ahora están vacías y hermosamente entrelazadas (los padres en el abrazo sexual). Lo que antes era aterrador y ominoso, se ha convertido en hermoso y tranquilizador. El paciente se pregunta por qué no pinto esta escena antes. Es decir, que hasta ahora había sido incapaz de admirarla.”

Me pareció que se pueden ubicar estos conceptos. Ya cambié, se habrán dado cuenta, la perspectiva, no tanto ir puntualmente y detenerme en el texto, sino ya ir haciendo extrapolaciones, pero es un uso del concepto y que me parecía importante planteárselo a ustedes. Es decir que hay una nueva presentación en función de la mancha en las nuevas versiones de sueño que tiene el hombre de los lobos en el análisis con Mack Brunswick. Un un cambio de color de los lobos y luego una posición distinta del sujeto, en el mismo sueño, que va a ver lo que ocurre en la pradera y algo muy interesante es que aparece el árbol sin los lobos. Y, además, una pregunta, una ocurrencia, una vinculación del sujeto respecto de por qué no se le ocurrió antes pintar ese cuadro. La respuesta es muy simple, porque el goce era muy real, muy presente, antes estaban los lobos, no estaba él.

Si les parece damos lugar a otras preguntas, retomo las preguntas que son muy importantes. Retomo la del diván, primero.

-Comentario del auditorio: Cesar, la cuestión de que el analista forme parte del diván, del cuadro clínico, decías vos.

Cesar Mazza: Es una frase que esta en Miller, donde presenta la cuestión de la posibilidad de contar la experiencia de relatar un caso, que el relato de un caso se hace en función del lugar de la transferencia. Consideremos, como dice Lacan en el Seminario 11, que el analista forma parte del concepto de transferencia. De acuerdo al lugar que ocupó el analista va a obtener una consecuencia en la transferencia. El asunto es que, uno se presta al juego, uno es captado por una mirada y, a veces, eso puede funcionar operativamente en el análisis y otras veces puede ser un obstáculo. Tengamos presente que nunca, por más que esté el cara a cara, nunca va a haber una reciprocidad porque lo que está en juego es una esquizia entre la mirada y el ojo, la visión. Es decir que siempre el sujeto, el analizante va a ver algo en uno que no tiene que ver con uno, pero que se pone en acto en la transferencia. Por eso es muy importante el análisis del practicante, porque si alguien viene y te dice: “y si, porque usted es -ya sea en forma negativa o simpática-, usted es tal” o “no soporto su cara, su gesto”. Uno no tendría que tomarlo personal, para eso es el análisis personal. El asunto es cómo un trozo de la mirada quedó encarnado en el goce del sujeto. Es decir, uno forma parte del cuadro del sujeto y con eso tienen que arreglárselas, con eso van a analizarlo.

Porque ese aspecto de la mirada, retomando lo del comienzo, pasara x tiempo, tal vez mucho tiempo, que está sin análisis, no entra en ninguna dialéctica y en algún momento sí puede llegar a entrar a una dialéctica. Ahora, hay situaciones muy interesantes que se han dado ahora por atender a pacientes, en algunos casos, por video llamada o WhatsApp. Se da el caso de algunos pacientes que cuentan algo que antes no lo contaron, cuando no media el imaginario de la presencia. También aparecen chistes. Como el que me hace un paciente. Él no está en diván y está hace mucho tiempo, y cada tanto aparece la pregunta de por qué no está en diván. Para mi hay razones, justamente que la mirada puede llegar a ser muy perturbadora de pasarlo a diván. No mediar una pantalla, una tracción, podría hacerse transparente. Ahora quiere videollamada y el chiste que hace, porque está acostado, es: ¡Por fin estoy en el diván! Eso fue muy gracioso, no lo quise retrucar y le dije: ¡al fin lo logró! Pero sabemos que no es lo mismo.

-Una pregunta del auditorio: Retomando la pregunta de las respuestas de Lacan en la página 85, sobre las intervenciones que tendrían que apuntar a truncar en el punto de mirada última. ¿Se podría pensar desde ahí el lugar del analista en la transferencia?

Cesar Mazza: Si, es truncar, es desbaratar, es desarmar una mirada última, porque esta pre- escrita, ubicada en algo de una primera mirada. La mirada última sería esto, lo que Lacan llama el goce sentido, donde se supondría que hay una mirada última. En la primera mirada tenemos la tyche, el mal encuentro. No estoy, no puedo verme desde donde te espero, o espero que me veas, nunca me ves donde te busco. Entonces, la tyche, la primera mirada. Y la mirada última es un sellamiento del sentido. Entonces, obviamente, hay que truncar y es una operación que tendría que ver con desbaratar, perturbar la defensa, porque esa mirada última es una defensa. Defensa ubicada en el goce sentido.

-Una pregunta del auditorio: ¿En el análisis del hombre de los lobos, con la otra analista, se podría decir que la psicosis ya estaba allí desencadenada? En relación a la certeza del orificio de la nariz, si puede ampliar ese punto.

Cesar Mazza: Efectivamente, la psicosis estaba desencadenada. Miller empezó a ubicar en una sección clínica, en los años 90, un antecedente de lo que después va a ser la psicosis ordinaria. Hay mecanismos psicóticos en el hombre de los lobos, sin que se pueda clasificar como una psicosis. Eso es en la clínica discontinuista de las estructuras, donde tenemos todavía algunas clasificaciones vinculadas al Nombre del Padre. El Nombre del Padre regula, si este no está tenemos algo del orden de la psicosis, para decirlo groso modo. Nada de esto es esquemático, porque Lacan tempranamente, leyendo al historial del caso de Freud, por supuesto, ha ubicado un fenómeno psicótico, que le llama el real sufrido, en Escritos 1. Hay un fenómeno que es equivalente a un fenómeno elemental en la psicosis, que es la alucinación del dedo cortado, supuestamente en una estructura que no es psicótica. Entonces, va a ubicar los términos en alemán, los transcribe, los comenta Lacan, el término verwerfung, traducido como rechazo, en fin. Descriptivamente es un fenómeno psicótico esa presentación hipocondriaca, tan real. El equivalente al trastorno del lenguaje, como fenómeno elemental, es el fenómeno en el cuerpo de esta hipocondría. Ruth Mack Brunswick anota es una idea fija hipocondríaca.

-Una pregunta del auditorio: Quería acotar que en el taller habíamos trabajado este caso del hombre de los lobos, muy en detalle. Patricia Soto había hecho un recorrido excelente del caso y había una parte en donde Freud ya había dado un indicio de esto, cuando decía algo como la inteligencia detenida. Había una impresión en relación a algo que ya podíamos pensar en torno a esto que estás diciendo vos Cesar, de la psicosis ordinaria. Había un elemento ahí, como Freud describe, esta actitud del hombre de los lobos en relación a la transferencia en el análisis, donde ya se podía detectar algo de esa estructura que vos señalas. Me parecía muy importante rescatar ese indicio, que Freud ya lo percibió cuando estaba en análisis con él, en relación a lo que decías y la alucinación del dedo cortado, cómo había ya elementos que hacían pensar en esta estructura, de la psicosis ordinaria.

Cesar Mazza: Si, tengamos en cuenta que es otro paradigma, de pensarlo como una psicosis ordinaria. El paradigma es no de las clasificaciones, de las estructuras en función del Nombre del Padre, sino directamente la psicosis generalizada con la fórmula de Lacan, que es que todo el mundo es loco. La diferencia es cómo cada uno se anuda y ese desanudamiento, que tiene que ver con la clínica del parletre. El parletre es algo que está desanudado, está en lo real.

-Preguntas del auditorio: Por un lado, un comentario en torno al historial de Freud, según pudimos trabajar en el taller, donde sitúa la inteligente desafectada. Por otro lado, quisiera preguntarle, si pudiera retomar la mirada como forma de eludir la castración y también la relación de la mirada con el deseo.

Cesar Mazza: Es una pregunta bastante difícil. Habría que considerar una frase de Lacan que dice que la mirada participa, por ejemplo, de la antigüedad de la joya en algún momento. Entonces, pensemos en esa frase de Lacan donde la mirada imaginada es una mirada que es un resguardo del sujeto, que está en el fantasma, es una mirada imaginada. Si la sacamos, la desmontamos a esa mirada, vamos a ver que algunos no lo van a soportar. El punto es que esa mirada imaginada va a ser aguas en el síntoma. Se va a trastocar en el síntoma. Entonces, cómo operamos con ese aspecto que está ya desarmado. El asunto es la invención del sujeto, no para que logre atrincherarse en otra defensa. Porque sabemos que eso va a fallar.

Podríamos considerar que el análisis que testimonia Patrick Monribot, un analista francés que fue AE -que tuve la oportunidad de hacerle una entrevista para la reviste Exordio-, el tema de la mirada en su propio caso, es muy importante como se da el tratamiento. En el caso de esa mirada, hay una mirada respecto de una escena infantil donde, entre otras cosas, había algo encerrado en esa mirada, y lo encerrado en esa mirada es un fenómeno llamado psicosomático, era una rinitis crónica. Lo que queda, a partir de una interpretación memorable en ese análisis, es que eso encerrado que está vinculado a la holofrase logra abrirse y ponerse en juego otra cosa. Porque en el fenómeno psicosomático tenemos una interfaz entre lo imaginario y lo real, con una lesión del órgano. Lo que queda como resto de esa mirada, ya tratada en análisis, luego del desarmado de la defensa, es un tic, lo ubica respecto del tic que queda como resto. Ese tic, que queda como “abrir bien los ojos”, hay ahí un significante materno ahí que era desorbitarse. Patrick Monribot ubica que el tic queda como una mueca de la vida. Es decir, como un signo, en términos médicos, un signo vital de la pulsión. Una forma de vivir la pulsión, en función de ese tic que queda, ineliminable, pero no hay porqué eliminarlo. Esto lo ubica respecto de dos referencias de Lacan, respecto de la mueca, justamente, en la mueca de Sygne de Coûfontaine en el Seminario 8, en la trilogía de Claudel, que es una mueca que es no, el no de Sygne. Ahí habla de la mueca de la vida. También una referencia a la mueca en Lacan en Televisión. Tenemos ahí una perspectiva de la mirada, donde ya no tenemos la cuestión que se consolida en una mirada última, en una defensa donde el sujeto se ha atrincherado. No lo tenía pensado, lo saque de la galera a esto. Hay una dimensión de improvisación que me gusta. Podría hacer todo un sermón, pero eso no es lo lacaniano.

-Una pregunta del auditorio: ¿La esquizia del ojo y la mirada, se podría entender como la separación entre el campo escópico y el equívoco? La no representación del orden de la realidad, el fantasma, cómo soy mirado, que no tiene que ver cómo me miraron en la realidad.

Cesar Mazza: Si, son varios términos, habría que despejarlos. Consideremos que es muy importante el equívoco respecto de la mirada, que ese equívoco se va a hacer por vías del juego del significante, se va a trabajar hasta donde se puede con el significante. Hay algo que de alguna forma retoma la pregunta anterior, que merece ser subrayado. Una frase sobre la mirada, que está en la página 83, en torno a que el espectáculo del mundo nos aparece como omnivoyeur. Efectivamente, este es el fantasma que encontramos en la perspectiva platónica, idealista, el fantasma de que somos observados. Somos observados es una posición fantasmática, es la mínima experiencia por más que no nos observe nadie.

Si uno va a un pueblo, porque mi padre -hablé de mi madre, ahora de mi padre, estoy reconstruyendo el tema del Edipo con Santiago del Estero-. Mi padre murió hace muchos años, lamentablemente. Fíjense, mi padre era de Ojo de agua, mi abuelo también. Culpa de ellos, estuve viajando cuatro o cinco años a Ojo de agua. Si uno tiene la mínima experiencia de pasar por la plaza del pueblo a las 3 am, salvo que estén algunos jóvenes, o algún borracho en la plaza, pero supongamos que no hay nadie, en un punto es inquietante. Yo llegaba en colectivo a las 2 am, y para ir al lugar donde paraba tenía que atravesar la plaza, es esa sensación de que alguien te está mirando, es una posición absolutamente fantasmática.

Seguimos con la frase, “en el propio nivel de la experiencia -página 83- fenoménica de la contemplación, este lado omnivoyeur asoma -dice- en la satisfacción de una mujer al saberse mirada, […]” hay ahí, la satisfacción, el goce de una mujer al saberse mirada. Y sigue “con tal de que no se lo muestren.” Ahí cambia la cosa. Porque es el tema de que se sabe mirada, porque se imagina que es mirada. Ahora, si algún pícaro le está mostrando, te vi en tal lugar. En el momento, con tal de que no se muestre, quiere decir que no haya una transparencia, que no le perturbe la mascarada. Y, por supuesto, acá tenemos una dimensión muy importante para abrir, que es el tema de saberse mirada. Ahí hay una dimensión de la erotomanía, si ponemos en juego una definición de Lacan de erotomanía, que es la convicción o la certeza, depende la estructura, de que el Otro la ama, es decir, que el Otro la mira. ¿Por qué va a saberse mirada? Eso está explicado en Lacan, en la significación del falo, cuando define el amor femenino en términos de la erotomanía.

Bueno, hay cuestiones que se abren mucho en el texto, hay cuestiones para investigar en relación a la tabla del portillo del Durero, la cuestión de la anamorfosis que no la he trabajado. Ahí está desprendido del cuadro de Los embajadores de Holbein el tema de la castración, cómo opera el -φ de la castración. Cómo la mirada es el objeto que elude la castración. En ese capítulo, Lacan va a trabajar Los embajadores de Holbein, donde por medio de ese procedimiento, que es la anamorfosis, se va a lograr ver lo que nadie quiere ver, que es la muerte. La calavera que emerge de una imagen, que el cuadro está perfecto menos esa mancha, que se puede reconstruir por medio de una mirada oblicua, que es ubicarse de una forma no de frente, sino de costado o por medio de un artefacto o un espejo cóncavo que permite a esa imagen desfigurada, reconstruirla en una imagen con forma que es la calavera. En ese procedimiento a Lacan le interesa ubicar que esas simetrías o esas supuestas armonías, se sostienen en función de algo que es la castración.

-Una pregunta del auditorio: Volviendo a la primera parte, quería preguntar si puede hablar un poco más del automaton.

Cesar Mazza: Bueno, seré muy breve, porque en realidad eso ya se ha tomado en otros encuentros.

-Comentario del auditorio: Si, me parece que como lo has referido aquí en referencia a la tyche y al automaton como repetición, la diferencia.

Cesar Mazza; Si, claro claro. Consideremos que en el automaton tenemos la vertiente de la cadena del significante, la cadena que está en el aspecto sincrónico. En el Otro, en términos de la sincronía. Es decir, está escrito y eso se pone en funcionamiento. Puesta en funcionamiento es la transferencia y es la diacronía, entonces lo que tenemos es un retorno cada de la cadena. Es la perspectiva del síntoma en tanto síntoma que se puede descifrar, porque eso es un mensaje que está cifrado. Es un momento y un aspecto importante del análisis, cuando tenemos la tyche, tenemos algo que no está escrito.

-Comentario del auditorio: La tyche vendría a aparecer como la repetición.

Cesar Mazza: Claro, como la auténtica repetición. Como algo que no está escrito, irrumpe, es un despertar, abre las vías de lo que es lo real.

-Comentario del auditorio: Cesar, quería agradecerte, porque has aclarado muchos puntos. Nosotros tenemos el grupo de lectura del seminario anual y ahí surgen muchas dudas, como lo que nos has aclarado respecto del sueño de las mariposas, lo referente a la lata de sardinas también ha sido muy esclarecedor como lo has trabajado. Igual el taller, los coordinadores han hecho un trabajo muy enriquecedor. Hemos aprendido mucho, te agradezco eso.

Cesar Mazza: Te agradezco el retorno. Nos quedó pendiente la actividad pública, el paso de Witold Gombrowicz por Santiago del Estero.

Hay una frase, me acorde, respecto de la mirada, que lo había tomado en una actividad a la que me convocaron unas personas de arte hace 10 años atrás, que fue hacer una performance en una plaza pública. Consistía en que un músico tocaba la guitarra, pero esa guitarra era distorsionada por un equipo sintetizador, por otro músico experimental. Este primer músico era un músico de blues, el otro era experimental, que fue el de la idea. Lo que yo tenía que hacer era leer un fragmento del Museo de la Novela de La eterna de Macedonio Fernández. Todo eso, en la plaza de la intendencia, a las 17:00hs, en Córdoba, en una tarima con micrófono. El asunto era que no tuviera nada que ver ni el sonido de la guitarra, ni el sonido que salía transformado por estos sintetizadores, ni el texto, ni la voz. Entonces, en un punto, yo dije por qué me metí en esto, porque fue una experiencia muy angustiante. Me da la sensación de que, una, no te escuchaba nadie y, otra, ni vos mismo tenías una resonancia de lo que estabas haciendo. Hasta que ocurrió algo imprevisto, tyche, que vino a mi ayuda. Porque, a todo esto, pasaba gente y ni nos miraba. Ese punto también. Una frase de Witold Gombrowicz dice: “bajo el fondo de la general extravagancia, mi caso pasaba desapercibido.” Ahí una referencia a la mirada. Es decir que, ante la general extravagancia, cada uno es una extravagancia, mi extravagancia ni fu ni fa, no hay porque alarmarse. Entonces, por suerte, hubo un grupo de estudiantes secundarios que estaban organizando una marcha para el día siguiente y habían repartido unos panfletos. Yo me había agarrado un panfleto y lo tenía como señalador del libro que estaba leyendo. Y yo dije, bueno, como nadie nos da bola, no pasa nada con esto, lo que voy a hacer es leer el panfleto. Empecé a leer el panfleto, que convocaba a una marcha por la ley de bosque y por el boleto estudiantil. Ahí nomás los estudiantes se vinieron, empezaron a gritar, a armar un lio. Dije bueno, ahí ya tengo la resonancia. Ahí me empecé a sentir más o menos a gusto. De todo esto hice un relato, que tiene que ver, justamente, con lo performativo, con la mirada y con Gombrowicz. Los invito a la actividad.

 

*

Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP, coordinador del Programa de Psicoanálisis en la Cultura del Instituto de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC), director de la revista Exordio, autor del libro La lectura y sus dobles, compilador del libro Palabras de ocasión, entrevista a German García.

Ciudalitica | 2018

Sitio Virtual del CID Santiago del Estero

Clase n°7: «LA ANATOMÍA ES EL DESTINO.»- María Rosa Cantos, Gabriela Alluz y Marita Amestegui. Seminario Anual 2019

Clase n°7: "LA ANATOMÍA ES EL DESTINO."- María Rosa Cantos, Gabriela Alluz y Marita Amestegui*. Seminario Anual 2019

Maria Rosa:

Un pasaje y un movimiento interesante que hay en el Seminario 10, para mí ha sido una experiencia novedosa, ya lo habíamos leído en el CID, ya lo habíamos trabajado, pero encontrar algunos conceptos que Lacan después los trabaja en su última enseñanza, encontrarlos aquí, ubicados de esta manera, como un esbozo de lo que después va a trabajar ya más adelante, es también un hallazgo interesante para ver cómo Lacan va trabajando y va construyendo los conceptos.

Bueno, para empezar, pensaba decir un poquito de la historia y el momento que rodea este seminario, el contexto digamos. Este Seminario 10, de 1962-1963. El eje del seminario en realidad es la construcción del objeto a y cómo esta construcción repercute en la manera de pensar el cuerpo a partir de este momento.

Este seminario se desarrolla en un momento muy singular de la relación de Lacan con la IPA, ya que se hace cada vez más evidente el conflicto en la posición de Lacan por fuera de los estándares. De alguna manera, este seminario lleva a Lacan a una ruptura con la IPA, no ya desde lo político sino desde su concepción de la teoría psicoanalítica. No es casual que el problema fundamental -digamos- y la causa de la ruptura haya sido la divergencia y la diferencia de la duración del tiempo de sesión, que para la IPA estaba establecido en 45 minutos y para Lacan era la expresión de la aplicación del tiempo lógico del inconsciente en lo real. La sesión analítica debía tener en cuenta esto y ubica el corte de sesión, que provoca el despertar en el sujeto, y también la puntuación sobre el discurso del analizante. Bueno, esto no es casual -digamos-, el corte, la separación, son dos conceptos principales del Seminario 10 y un poco voy a hacer el recorrido de cuáles son estos movimientos conceptuales tan importantes que se producen a lo largo del seminario. Voy a hacer este recorrido con la ayuda de Miller en su libro La angustia lacaniana, que es una brújula muy importante para poder seguir estos ejes.

Entonces, en el Seminario 10 el cambio de movimiento que tenemos es una desmitificación de la castración, un nuevo estatuto de la castración, ya no por la angustia de la castración ni por la amenaza de otro, sino por un hecho biológico: la detumescencia de la copulación. Lacan lo toma -digamos- como paradigma, hace de un órgano como tal el principio de la angustia de castración. De esta manera, desinscribe el concepto edípico, término fundamental del psicoanálisis. En este seminario Lacan relativiza y resitúa el concepto de Edipo. Lo llama -de hecho- el seminario del anti-edipo.

Bueno, ha sido difícil para nosotras ubicar ciertos conceptos principales en este seminario separándolos de la conceptualización que después va a hacer Lacan. Pero vamos a tratar, por lo menos en los esquemas que tenemos, ir ubicando estos conceptos. Nos vamos a centrar en cómo presenta Lacan este seminario.

Entonces, en el Seminario 10, tanto el deseo como la ley tienen el mismo objeto. La ley prohíbe el objeto de deseo y dirige el deseo sobre este objeto. Este objeto órgano, el a, no está determinado en ningún nivel por la prohibición sino por la pura y simple separación. El Seminario 10 es una descripción naturalista del cuerpo y de sus órganos, extremadamente sofisticada, basada pese a todo en el recorrido de varios tratados de Anatomía y Embriología.

El Edipo aparece como una elucubración de saber sobre la separación. Es más bien del registro de la auto-mutilación. En cambio, la prohibición y la castración en cuestión siempre eran una hetero-mutilación. O sea que hay un pasaje de la hetero-mutilación. Así se lo entendía, son padres que prohibían, el padre castrador. Aquí Lacan va a hablar de la auto-mutilación. Entonces, este estatuto del objeto anterior a la ley y al deseo desemboca, en el último capítulo del Seminario 10, en un cuestionamiento del padre.

También tiene una serie de nuevas conceptualizaciones. Se destaca mucho más la figura de la madre. Va a hablar no de un padre omnipotente sino de un padre potente, es decir, que puede a veces poder y a veces no poder. La potencia como señuelo sería, para desembocar en los Nombres del Padre. En el último capítulo ya él hace una pequeña mención a los Nombres del Padre. Entonces, son conceptos, como ustedes ven, muy importantes, un cambio de movimiento y de paradigma muy importantes.

Gabriela Alluz:

A ver, por ahí sería interesante marcar esto, cómo Lacan va a señalar a este Seminario 10.  Miller dice que es como un taller en realidad. Es como algo preparatorio, una bisagra que va a separar un primer recorrido que ha sido en el eje simbólico-imaginario y a partir de este seminario de la angustia, ya empieza a desplegar lo que es la dimensión de lo real. Por eso este seminario es como un taller, porque está como recién empezando a conceptualizar lo que es el objeto a. Miller también dice que se denomina, el nombre del seminario es La Angustia, pero en realidad el seminario se trata del objeto a. La teorización sobre el objeto a y la angustia como afecto, como señal de eso, de lo real.

Maria Rosa:

Claro, la angustia como la vía de acceso principal a este objeto, porque el objeto a es no significantizable y la angustia también. En los seminarios anteriores había hablado sí del objeto de deseo y a partir de la vía del amor se velaba este objeto. En este seminario, él va a aclarar que en realidad la vía de la angustia es la que va a conducir al objeto real, que es el objeto de la satisfacción de la pulsión, o sea al goce.

Gabriela Alluz:

Ahí hace él como una comparación entre lo que nosotros hemos visto el año pasado, en el Seminario 8 y el Seminario 10, en relación a que en el Seminario 8 el objeto a era el objeto agalmático, puesto en el otro.

Esto que hablábamos también de la figura del analista, del deseo del analista y el hacía esa analogía con Sócrates en el punto de que había algo agalmático en relación a ese vínculo amoroso. Porque esa era la vía del amor del objeto a en ese lugar y, para hacer ahora la diferencia, cómo en el Seminario 10 el objeto a ya pasa a otro estatuto. Él habla del a como resto en el Seminario 10.

María Rosa:

Va a oponer entonces, como dice Gaby, la vía de la angustia y la vía del amor. Va a hablar de la libido como un órgano aquí, la laminilla, un ser vivo primitivo. Son capítulos donde él nos va ubicando definitivamente en el estatuto, como en un estado mítico del ser humano, del ser vivo, cómo se constituye y para eso se va a centrar en el cuerpo. La dialéctica de la castración que antes estaba ordenada en lo oral, anal y genital en esta segunda parte del seminario va a ser rechazada. Va a decir que no hay una dialéctica, no hay un movimiento progresivo, sino que hay un carácter disyunto de la relación entre las diferentes formas del objeto a. Son las cinco formas que después Gaby va a explayar.

El órgano aquí ya no se aborda como significante, sino que pululan los órganos que no se hacen significantes. Aquí, no se trata de que el sujeto acceda a un significante identificatorio sino de que el significante sublime el órgano. Sólo puede tratarse de que en alguna parte haya goce. Se necesita como garantía de la cadena significante un pedazo del cuerpo, la libra de carne. Es decir que es preciso entregar el órgano, que el significante suelte, ceda goce. No transformado en significante sino en órgano goce.

Por eso la angustia es lo que no engaña, como ya hemos dicho, porque es lo que no se deja significantizar. La angustia como afecto de displacer connota esto: lo no significantizable. La fórmula la angustia es el signo del deseo del Otro, se ve superada por la angustia es señal de lo real. Entonces, lo esencial de la angustia es su relación con lo real porque designa la cosa, lo real, el goce, en la medida en que lo imaginario y lo simbólico giran a su alrededor.

La consistencia del objeto a es, ante todo, lógica y topológica. Los objetos a son sólo encarnaciones, representaciones, manifestaciones, traducciones y son estructuras totalmente por fuera y distintas del significado. Se renueva en este seminario la vista freudiana de los objetos que se limitaba por la castración y la vista lacaniana de los objetos determinada por las zonas erógenas en los orificios del cuerpo.

Bueno, este es el pantallazo general. Ahora bien, para ubicarnos más en relación a este objeto a, nosotras hemos elegido de título: La anatomía es el destino. Esta frase de Freud nos ilumina la relación al cuerpo orgánico que Lacan se esfuerza por presentarnos desde este objeto a, acudiendo para eso a distintas referencias del objeto. Es a través de la anatomía, puntualmente la embriología que Lacan nos acerca al objeto a. Es importante resaltar que, durante 10 años, Lacan lo había dejado de lado, casi innombrado, haciendo mucho hincapié en el significante. En este seminario es en donde lo biológico de nuevo juega un papel significativo.

En la clase 2 Lacan dirá que los objetos parciales son objetos separables, que esta es su propiedad anatómica porque son separables. Por qué son separables. Son separables porque tienen ya anatómicamente esta característica de ser algo adosado, están ahí enganchados al cuerpo. Lacan tomará varios ejemplos de órganos, yo voy a mencionar el de la placenta. He traído una imagen en relación a la placenta, para que puedan ver. Es interesante ahí imaginarse el objeto a, la función del objeto a desde lo anatómico, porque es muy gráfico lo anatómico. Se ve exactamente en la explicación de la placenta, ya lo voy a explicar, como uno escucha los conceptos lacanianos.

Embriológicamente la placenta no pertenece al cuerpo de la madre, sino que es una membrana que envuelve que pertenece al embrión. Sin embargo, no es del embrión, tampoco está en el embrión. Dice:

se resalta la relación ambigua entre el feto y el cuerpo de la madre. Para sobrevivir y crecer el embrión debe mantener una relación en esencia, parasitaria, con el cuerpo de la madre, de forma que pueda conseguir el oxígeno y los nutrientes que necesita y eliminar sus desechos.

El concepto “parasitario” es un concepto que Lacan va a utilizar después, va a hablar de entropía, para mencionar cómo es que el objeto a es un órgano, un objeto que habita el cuerpo de una manera diferente. En relación a que la entropía es un movimiento, un órgano del cuerpo se sale de su lugar e invade los otros espacios del cuerpo. O sea que va a resaltar este carácter invasivo que puede llegar a tener el goce. También, debe evitar el rechazo del sistema inmunitario de la madre que lo puede considerar un cuerpo extraño. Estos requerimientos se cumplen por medio de la placenta y membranas extraembrionarias que rodean al embrión, que actúan como la interfase, entre el feto y la madre. Entonces, la placenta es la mediadora que debe garantizar al feto la adherencia al cuerpo materno tornándose, así, como una interfase necesaria para la supervivencia.

Qué es lo que quiero destacar en relación a la placenta como el paradigma del objeto.  Dos cuestiones: que la placenta le pertenece al niño, pero al organismo no a su cuerpo y es necesaria para la supervivencia; y que la placenta es una membrana caduca, es un resto y que finalmente se desecha.

Aquí nos estaba contando Guillermo que actualmente a la placenta se la guarda.

Guillermo:

Si, se revisan las células madres y se hace todo un trabajo para obtener capsulas y cuando esté enfermo el niño se le da eso que tiene vitaminas, proteínas. Se le da un uso a la placenta misma.

Inés Contreras:

Un nuevo uso de la medicina. No de ahora, hace muchísimos años. Una vez que se revisa la placenta por el médico que recibe al bebé, se revisa la placenta para ver qué mal formación o qué cosa patológica tiene. Y después está el tema de los laboratorios, se quedaban a esperar la placenta en Neonatología. Y ahora en la medicina nueva han escuchado ustedes los tratamientos que se hacen con la células madres.

María Rosa:

Ya no sería un resto.

Sabrina Romera:

No sería el resto, sino ¿un tratamiento del resto?

Gabriela Agostinelli:

Cómo la ciencia, también la tecnología, evitan que haya cualquier resto.

Gabriela Alluz:

Eso es lo que hablábamos en el taller, la época, el mercado capitalista, evita el resto, que no tengamos perdida por ningún lado.

María Rosa:

Entonces, vemos en la placenta la caducidad del objeto a desempeñando su función. La placenta es lo más esencial al sujeto. Más que cualquier otra parte de sí mismo, dice Lacan. O sea que al momento del parto la placenta es una parte esencial, fundamental de sí mismo, ya que sin ella no podría haber llegado a existir. Así nos da una primera aproximación del objeto a como algo íntimo y esencial, que es, a la vez, un resto que se tiene que perder, que caducar.

Sobre el corte, Lacan retoma el tema del corte subrayando que se produce en el nacimiento, como ya he dicho, entre el feto y sus envolturas. El corte se produce entre aquello que va a convertirse en el individuo arrojado con sus envolturas que son partes de sí mismo en tanto que son elementos del huevo. De la placenta pasa al huevo, del huevo al seno (que no voy a mencionar).

Entonces, como vemos, en este seminario no se trata de un objeto especular sino de todo objeto del cuerpo, objetos que se extraen del cuerpo mediante un corte. Para Miller es una puntuación sobre la función de resto que tiene el objeto a. Se restituyen al cuerpo, lo que él llama, todas sus particularidades anatómicas.

Nos encontramos con un cuerpo fuera del significante y, como señala Lacan, la anatomía en función de corte que separa un resto que no es significantizable. Un cuerpo cuya forma no se conoce y cuyo limite se ignora. Hay dos estatutos diferentes del cuerpo. El cuerpo desde el estadio del espejo que es especular, tomado como la buena forma, la gestalt, es un cuerpo significantizado. El falo es un significante camino del deseo, el deseo como resto mortificado, como significante. En el cuerpo la castración es simbólica e imaginaria (angustia de castración) y la mujer es afectada por la falta. Esta es la primera mitad del seminario. En la segunda mitad vemos surgir el cuerpo como organismo anatómico, cuerpo fragmentado, los cinco objetos que se separan, el oral, el anal, el fálico, el oído y el ojo. -En el Seminario 11 ya va a hablar de la mirada-. Las zonas erógenas son objetos separados del cuerpo, la anatomía en cortes, separa un resto no significantizado, el falo como órgano, como camino del goce, habla del cuerpo vivo, del goce de un órgano. La detumescencia del órgano como paradigma y a la mujer no le falta nada. Todos estos son conceptos en los que hay un movimiento conceptual importante.

Gabriela Alluz:

Hay un viraje, digamos. Leyendo La angustia lacaniana de Miller, es muy importante ir puntuando como va modificando el estatuto del cuerpo desde el primer movimiento al segundo movimiento y cómo esto del estadio del espejo, lo especular, empieza a caer para dar dimensión más al cuerpo como orgánico, fragmentado, los órganos del cuerpo y las zonas erógenas ya es un poco erogenizado. No es un cuerpo significantizado sino es un cuerpo erogenizado.

En referencia a la angustia también en un primer momento se menciona el fenómeno que hablaba Freud en relación a lo siniestro, la angustia aparecía por momentos en el espejo, en lo especular. Eran momentos en donde surgía la angustia ante algo extraño. Y aquí hay un cambio de estatuto en la angustia, Lacan va a decir que la angustia no es sin objeto y empieza a desplegar el objeto a como señal de lo real seria ahí.

María Rosa:

Lo que acaba de decir Gaby es un poco la puntuación importante en relación a este movimiento que se ve muy claro en el seminario que, en la primera parte, cuando aparece el objeto se produce la angustia, con las apariciones ansiógenas y las perturbaciones que produce este objeto, y en la segunda parte del seminario se despliegan las separaciones erógenas, la angustia produce el objeto.

Retomemos un poco el hilo en relación al cuerpo. Como dijimos, este cuerpo es uno cuya forma no se conoce y el limite se ignora, ya que el organismo comprende todo, incluye todo lo que lo sustenta. Así, desde esta lectura el organismo avanza sobre el cuerpo del otro. Vimos cómo la relación entre el feto y la madre es parasitaria, hay un avance del embrión sobre las membranas de la madre. Los límites del organismo van más allá del cuerpo.

Si tomamos como referencia el estadio del espejo encontramos que siempre hay una estructura cara a cara, el cuerpo propio y su imagen, pero al pensar este cuerpo-organismo, la estructura cara a cara se reemplaza, cede el lugar a la entropía.

En la cuarta parte del seminario, en la que Gaby va a profundizar, él va a intentar ubicar dónde está el famoso corte, dónde comienza y dónde termina lo que es del sujeto y lo que es del otro. La constitución del sujeto a la altura de este Seminario 10 es fundamental. Estos objetos deben ser extraídos del cuerpo para que nos constituyamos como sujetos. La anatomía es cortar. Es así que de la división aritmética -que no voy a desarrollar pero es importante-, del sujeto dividido en el cuerpo y en el otro, lo que queda como saldo es el resto no significantizado. Hay algo que nos determina como sujetos que lo simbólico y significante no pueden unir, sólo por aproximación lo podemos arrimar.

Para finalizar, vemos como el concepto de corte es fundamental, vemos como el corte se plantea desde diferentes soluciones. El corte de un cuerpo a partir del organismo, corte entre el sujeto y el otro, corte de extracción de un objeto novedoso en la enseñanza, el objeto caduco, perdido (no especular). Corte que construye un cuerpo erógeno y formas, limites desconocidos pero que también permiten la construcción del sujeto y el corte de un cuerpo pulsional, cuyos agujeros son los cortes de los objetos a. Si titulamos a esta clase La anatomía es el destino el camino que elegimos nos lleva a entender, siguiendo a Lacan, que la anatomía es el destino en su función de disección, de corte. Bueno, hasta aquí llegó mi aporte.

Gabriela Alluz:

La verdad nos ha costado mucho, vamos a ser sinceros. Esta parte del seminario es compleja. Iban a ser dos clases, la nuestra y la clase de Susana. Y bueno, Gabriela también en Investigación y Docencia me pide un esfuerzo de poesía para poder hacer, de alguna manera, un recorrido por esta última parte del eje y quedaban también -que la Patricia Soto señaló- los capítulos del medio sobre el hombre y la mujer. La mujer más verdadera y más real en un asunto de macho son dos capítulos que eran los que iba a tomar Gabriela Salomón en realidad. Si nosotros hacemos, así como hemos armado, un recorrido de cómo el objeto a va teniendo un estatuto diferente a lo largo del seminario, hay temas que todos los docentes a lo largo de nuestro seminario hemos mencionado, de lo femenino, de lo masculino, y se ha ilustrado con casos. Ahí hace mención a la contratransferencia. Esos capítulos son muy interesantes y les recomiendo su lectura.

Bueno, yo he trabajado las cinco formas del objeto a que son muchos capítulos. Vamos a retomar el concepto con el que ha terminado María Rosa, sobre la frase que nosotros habíamos elegido, que es una frase controvertida, la anatomía es el destino, de Freud. Justamente en ese sentido del estatuto del cuerpo fragmentado, las zonas erógenas, cortes del cuerpo. Por eso hemos elegido esa frase, que después, cuando hablamos de posiciones, hay un cambio en realidad de las posiciones sexuales.

Es muy costoso este seminario cuando uno ya ha leído la tercera enseñanza de Lacan. Es como que aquí va recién situando los conceptos y se vuelve a veces un poco confuso poder llegar así a los conceptos. Ya hemos dicho algo sobre el corte. Entonces, él va a introducir un término, “separtición”, diferenciándolo de la separación porque aquí marca que hay una partición en el interior del sujeto que es lo que va a dar lugar a la estructuración del deseo y es ahí que va a remitirse a la relación del niño con el seno.

Esta proposición va a abrir un interrogante: ¿de qué lado está el objeto? ¿Del lado del Sujeto o del lado del Otro?

A lo largo del seminario Lacan responde de modos diversos a esta cuestión. Vemos surgir por primera vez en este nivel de la fisiología los círculos de Euler, que se cruzan y se trata, en efecto, de saber dónde comienza y dónde termina lo que es del sujeto y lo que es del otro. A esos círculos de Euler después dará una forma definitiva, en el Seminario 11, cuando empieza a hablar del lugar del sujeto, del objeto, en relación al otro. En este seminario va a ir de un lado a otro, y por momentos va a decir es amboceptor, que no es de uno ni del otro, cumpliendo una conjunción de los dos. También se lo ve como ectópico o bajo la forma de parasitismo fetal o incluso de la intrusión del Otro en el espacio corporal del sujeto. Son las diferentes maneras en que él va a ir desplegando este asunto.

Los cinco objetos a naturales:

En la última parte del Seminario 10 se despliegan las cinco formas primordiales del objeto a, a partir de los objetos freudianos: oral, anal y fálico; y los lacanianos: la mirada y la voz. El ojo sería la pulsión escópica y el oído sería la función invocante, estos son los objetos lacanianos. Lacan hace una vuelta a Freud cuando él toma las zonas erógenas del cuerpo. A ver, Freud ya lo había dicho, había hablado de las zonas erógenas del cuerpo, del niño como perverso polimorfo, también menciona la libido del cuerpo y cómo cada zona del cuerpo se va libidinizando a partir de Otro, que sería la madre en este caso.

Bien, estos estadios freudianos no se dan en forma cronológica sino sincrónica o paralela.

Francisco Ruiz:

Incluso, Freud dice que todo el cuerpo es una zona erógena y la piel y hasta los órganos internos, hasta la inhibición de los órganos internos están libidinizados. Hay un complejo psíquico que inhibe a los nervios.

Gabriela Alluz:

Como veíamos en los casos freudianos, en la histeria.

Francisco Ruiz:

Todo esto del cuerpo siempre ha estado en Freud. Más el ojo, la mirada.

Lilian Carini:

Freud decía que la libido era un órgano del cuerpo.

Gabriela Alluz:

Entonces, estas formas del objeto a, que Lacan denomina naturales, seno, heces, falo, mirada y voz, ponen en juego la relación del sujeto con el Otro. Al ser restos de un cuerpo fragmentado, lo que especifica a cada uno es el tipo de pérdida que lo constituye.

Sin duda estos objetos responden a una estructura común, estructura de borde o estructura de acodo que están enraizadas en el cuerpo. El objeto a es algo que se produce por efecto de un corte. Lacan va a decir que el cuerpo todo es como un a. Todos los a, en tanto productos de un corte, son provocados por el significante. El habla corta los objetos a del cuerpo. Que se corte el pecho, no en el sentido físico sino por medio de la acción del significante, puede ser imaginarizable para concebir un objeto oral y sus sustitutos (mamadera, chupete). Lo mismo sucede en cuanto al objeto anal, pero en lo que respecta al objeto escópico y a la voz pensar este recorte es más complicado.

Lacan insistirá sobre la inexistencia de pulsiones totales y de objetos totales. Él va a hablar de objetos parciales refiriéndose a las zonas erógenas. El a es concebido como un objeto que, al cederse, se constituye. Esta cesión implica un grado de automutilación en relación al deseo del Otro.

El primer objeto es el oral, para referirse a este se apoya en referencias anatómicas y fisiológicas ejemplificando con ciertas funciones y homologías. Expresa que, así como la placenta forma una unidad con el feto, el niño y la mamá están juntos. La mamá anatómicamente está como adherida, lo que le permite funcionar estructuralmente como objeto a. De modo que, podría decirse, el seno le pertenece al niño, pero es algo de lo cual está separado de un modo interno. Desde esta perspectiva no sería el niño quien le saca a la madre su leche, sino el seno quien le saca nutrientes a la madre. Ahí toma el seno como algo separado, algo éxtimo, que no pertenece a la madre. Hay una unión entre el niño y el seno donde él establece una relación con su objeto de deseo, siendo esta estructurante de su fantasma. Es por ello que el funcionamiento del deseo, o sea del fantasma, permanece oculto, es ilusorio, ya que se dirige siempre a otra parte, a un resto constituido por la relación del sujeto con el Otro.

En relación a estas cinco formas del objeto, en realidad, él va a ir graficando cómo en cada zona erógena se va a producir la relación del sujeto con el Otro, en relación a este objeto.

La mamá muestra con ventajas su carácter amboceptor. El seno pertenece a dos organismos (el de la madre y el del hijo) y de cada uno se corta de forma y lugar diferente, se separa y se pierde de modo singular. El punto de angustia, dice Lacan, se halla en el otro, en la madre. Se entiende que su pecho -aquí está la doble función del pecho-, en un momento era algo que era íntimo para la mujer y que tenía su función en su vida erótica, de pronto deviene no sólo diferente en forma, tamaño y función sino, y sobre todo, deviene exterior, pasando a ser parte de otro que no es ella: del niño.

Correlativamente, la angustia del sujeto, del niño, no es la separación de la madre sino la propia angustia de ella, angustia del Otro, y que en el niño se presenta como temor al agotamiento del pecho materno. Él ahí va a establecer esto, que la angustia del niño no es la separación con la madre sino el temor al agotamiento del pecho materno. Él dice que no es la madre quien desteta al niño, sino que es el niño quien se desteta y ese corte lo va estableciendo el niño.

En cuanto al objeto anal, Lacan privilegia su abordaje en la perspectiva del ideal, es decir, de la sublimación. Este segundo objeto, las heces, entra en la subjetividad por la vía de la demanda del Otro (la madre que pide al niño su caca) y que el deseo en juego es, para Lacan, el deseo de retener, es una defensa de otro deseo. El que, dice, sería el natural, el deseo sexual. Por tanto, aquí la angustia se produce en la cesión. Por vía de la demanda educativa se le pide al niño que retenga, haciendo de él una parte de su cuerpo. Luego, tras esto, se le pide que lo suelte. Por lo tanto, el punto de angustia va a estar en la cesión del objeto. Al ceder el objeto, ahí aparece la angustia.

El niño siente de todas formas cierta aprehensión de perder. Esto lo podemos ver en los niños cuando están en esta etapa de dejar el pañal. Hay una cierta aprehensión de perder, de hacer la caca en el inodoro. Ese pasaje se vuelve en los niños muy angustiante, cuando se cede el objeto se lo asocia con la angustia de castración. En este punto, dice Lacan, cuando está en ese pasaje, la caca del niño es elevada a un valor muy especial. La madre le da el valor del don, como un premio para la madre. Tiene un valor fálico, va a decir Lacan. Ahí hay valor de agalma, valor de don, simboliza la castración. Luego, en un segundo tiempo de la demanda, se le enseña al niño que no debe mantener demasiadas relaciones con su caca, salvo por la vía de las satisfacciones sublimatorias (jugar con plastilinas, es un ejemplo).

En este punto, Lacan está tratando de explicar el objeto a en la relación del sujeto con el Otro. En un primer momento, como ha dicho María Rosa, cobra valor preponderante la figura materna en desmedro de la figura paterna, en el eje simbólico e imaginario. En esta parte, la figura materna cobra un lugar muy importante porque es el primer Otro que aparece en estas cesiones de objeto, tanto oral como anal. Ahí él empieza a hablar de las satisfacciones sublimatorias.

María Rosa:

Ahí vemos las dificultades que se dan en algunas estructuras, que no se llega a la separación, como en la psicosis y en el autismo. Todas las dificultades que hay en torno a la comida o hacer caca. Porque justamente no está bordeado ese borde del cuerpo. No esta extraído, entonces hay un goce invasivo.

Gabriela Alluz:

Aquí Lacan va a ubicar al obsesivo, por ejemplo, en la demanda del Otro en la zona anal. Son los que mejor dan cuenta de estos movimientos. También va a decir, en torno a que la caca es un símbolo fálico, va a hacer una analogía entre el piso anal y la dimensión fálica. Él va a decir la falta por excelencia (-φ) la que en el nivel corporal se presenta ya no como la angustia de castración sino como angustia ante la detumescencia del órgano, para referirse al tercer objeto freudiano: el objeto fálico.

En dicho objeto la función de a está representada por una falta, a saber, la ausencia del falo en tanto que constituye la disyunción que une el deseo con el goce. Al no realizar el falo, salvo en su evanescencia, el encuentro de los deseos entre el hombre y la mujer se convierte en el lugar común de la angustia. Ahí vamos a mencionar una breve referencia de lo que Lacan refiere en los capítulos en relación a un asunto de machos, cuando habla de la mujer que no le falta nada. Ahí va a resaltar este carácter evanescente del falo, que solamente se presentifica en su ausencia. Por eso, siempre el encuentro entre los sexos es un malentendido estructural. Más adelante llega a esa conclusión, pero en relación a esta característica del falo como evanescente. El falo no se encuentra allí donde se lo espera, o sea, en el plano de la mediación genital.

Esto es lo que explica que la angustia sea la verdad de la sexualidad, la castración viene a ocupar el lugar de esa verdad, pero esto es un hecho ilusorio. No hay castración porque, dice Lacan, no hay nada que castrar, en realidad no hay ningún objeto para castrar. Para ello sería preciso que el falo estuviera allí. Ahora bien, sólo está el falo para que no haya angustia. El falo allí donde es esperado como sexual no aparece nunca sino como falta y este es su vínculo con la angustia. Todo esto significa que el falo es llamado a funcionar como instrumento de la potencia. El falo está presente en todas partes donde no se encuentra en situación, de este modo el ocultamiento del objeto motiva la función del deseo. El falo aparece desde ese punto de la detumescencia en realidad, ahí donde aparece la angustia aparece el falo.

A diferencia del objeto oral, anal y fálico, que responden a la dialéctica de la demanda, materna podríamos poner -esto lo podemos agregar nosotros para ver de qué demanda está hablando-, luego va a hablar de otra dialéctica que serían los objetos lacanianos: el objeto voz y objeto mirada. Lacan va a hablar ahí de otra dialéctica, que es la dialéctica del deseo. Él hace esa distinción, de esos objetos. Vamos a pasar, entonces, a los objetos del deseo que serían la mirada y la voz. Estos se encuentran en relación directa con la división del sujeto, por eso son objetos del deseo. Como si hicieran cuerpo con esta división, como presentificando en el campo de la percepción la parte libidinal que le está eludida. Esto es algo mío, los objetos de la demanda aluden a la castración.

Maia:

¿El objeto fálico, Gaby, estaría también en la demanda?

Gabriela Alluz:

Él la va a ubicar en todos. En realidad, el fálico está presente en todos los otros de alguna manera y los objetos de la dialéctica del deseo, que serían los lacanianos, eluden la castración al ser objetos de la dialéctica del deseo. Unos la presentifican, sería, y los otros la eluden. En ellos es difícil hacer el recorte en el cuerpo, que nos decía.

Nos detengamos en el objeto mirada. Es necesario notar aquí un pequeño vaivén entre el ojo y la mirada. Es la función del ojo la que es privilegiada en este Seminario 10, La angustia, mientras que en el Seminario 11 es el objeto mirada el que es destacado como objeto inmanente de la pulsión escópica. En Lacan esto comporta una crítica al estadio del espejo, en tanto que el valor de la mirada, como el de la voz, se hallan recubiertos por la relación especular. Y si Lacan ha vuelto a esto tan a menudo, en una especie de predilección por lo escópico, es precisamente porque ve allí -si me atrevo a decirlo- la relación más engañosa del sujeto con al objeto a, que se halla como desaparecido, eclipsado en la visión.

El ojo, dice Lacan -creo que en el capítulo sobre “la voz y el ojo”-, el ojo se presenta como un órgano simple, doble. Hay una relación del ojo con una simetría al menos aparente. El ojo tiene estructura de un espejo. Hay un elemento de fascinación que es la mirada. Él va a tomar el ejemplo de Buda porque va a decir que en esa figura de Buda hay un punto ciego, dice Lacan, donde va a ubicar la fascinación de la mirada. Este elemento, la mirada, donde toda subsistencia subjetiva parece perderse, absorberse, salirse del mundo, es en sí misma enigmática.

Ese punto de irradiación nos revela la función del deseo en el campo visual, como se separa el ojo de la mirada. Él va a ejemplificar -yo me acuerdo que este seminario lo hemos estudiado también con Mabel, y hablábamos de esa figura de Buda, lo que representa-, y aquí Lacan dice que hay como una costumbre de las mujeres que van a limpiar o adorar a esta figura, y que tanto limpiarle los ojos pareciera que tuviera un brillo muy especial. Esta figura de Buda es lo que toma Lacan para representar esta pulsión escópica, como que irradia un brillo y los ojos están como entornados, entre cerrados, entre abiertos. De ahí se desprende ese punto ciego que él ubica, la mirada, ese punto enigmático que surge como correlato del a, del fantasma que podemos llamar el punto cero, cuyo despliegue del campo de la visión es fuente de una especie de apaciguamiento que se traduce como contemplación. Es el a, es la figura, la traducción del Buda

La contemplación, “los parpados del Buda”, lo despliega él en el capítulo XVI, parece conducirnos a ese punto, en la misma medida en que los párpados entornados nos preservan de la fascinación de la mirada. Al mismo tiempo que nos la indica. Ahí hace una distinción entre el ojo y la mirada. Dice, por ejemplo, que los ciegos no ven, pero tienen mirada.

Francisco Ruiz:

Esto se puede relacionar con el trabajo del actor éste, que habla sobre la percepción, que plantea un poco esto también, esto del ver y el ser mirado. Plantea un poco los objetos que uno pone en una pieza. Poner una mesa, un jarrón, objetos que vos los pones supuestamente para que vos los veas, plantea que uno pone en realidad los objetos, pero uno está a la vista. ¿Por qué uno se compra un jarrón de China? ¿Qué le representa eso? Otros prefieren un mate de caña y ponerlo ahí. En realidad, uno es visto por los objetos.

Gabriela Alluz:

Sí, tiene relación con esto que estamos diciendo.

Bueno, pasamos, entonces, a la última forma del objeto a que es el objeto voz. La voz va a hablar del superyo. Es el que mejor revela la dimensión angustiante del deseo en el Otro, cuando se borran las fronteras con el goce del Otro. La voz, como el shofar de los hebreos -el shofar es un instrumento con un cuerno con un sonido muy particular-, él va a decir que es como un objeto separado del cuerpo de quien la emite. Entonces, la voz sería eso también, haciendo una analogía con el shofar. Como dice Lacan, cuando la cadena significante deviene sonido, emisión, esa voz cae de la cadena articulada, como si excediera al Otro que va a dar significado al mensaje, como un sonido puro que queda sin significado. Por eso la voz puede ser a veces causa de deseo y otras veces se presenta como el no sin objeto señalado por la angustia, cuando cobra forma de superyo atormentador.

O sea, la voz en ese punto, puede estar del lado de la causa de deseo o como algo angustiante, no sólo en la psicosis, dice Lacan, sino también en la voz atormentadora del Superyo en la neurosis. La voz no es vocalizada y se diferencia de la fonematización a la que nos tiene acostumbrados la lingüística. Despojada de toda dialéctica, es aislable y separable. La voz lacaniana no solamente no es palabra, sino que tampoco es nada del hablar. De la misma manera, no es la entonación, porque es esencialmente fuera de sentido. La voz como objeto está hecha de un vaciamiento de la sustancia sonora, así se aleja de la palabra como productora de sentido.

Si para nosotros la voz tiene importancia, indica Lacan, es porque separada de nosotros nuestra voz se nos revela como un sonido ajeno. Se experimenta como un eco en lo real. Hay voz porque el significante gira en torno al objeto indecible. La voz como tal emerge cada vez que el significante se corta por reencontrar ese objeto en el horror. Dice Lacan que lo que es rehusado en lo simbólico vuelve a surgir en lo real. Se sitúa allí donde la cadena se corta. Es lo que sucede en las alucinaciones verbales. Como en el caso de “Marrana”, en el que la paciente dice escuchar la injuria por parte de un hombre con quien se cruzó en el pasillo, una palabra cargada de un sentido oscuro. La carga libidinal de esa palabra es lo que no puede ser asumido por el sujeto y por lo tanto se le atribuye al Otro. “Marrana” irrumpe en otro registro, ha sido oído en lo real. En el lugar en que el objeto indecible es rechazado en lo real, se deja oír una palabra, ocupando el lugar de lo que no tiene nombre. Ese es como un ejemplo para precisar el objeto voz, que la voz surge fuera del habla, de la misma manera que la mirada se desprende del ojo.

A continuación voy a referirme al grafo de los cinco objetos. El grafo consta de cinco pisos, de la constitución del a en la relación del S con el A. Lacan va a ir graficando, en realidad, las cinco formas de relación del sujeto con el Otro a partir del objeto a, eso es lo que va a establecer en cada uno de esos pisos que denomina pisos del grafo. En los que va a hace una línea de progresión y de retorno, regresiva. Va a decir que estos pisos del grafo no son estadios a ser sobrepasados, no son etapas de desarrollo psicosexual, son denominados como tales en función de la instalación de cortesía en los objetos a.

Lacan observa que hay algo del a que se observa en todos los pisos pero que sin embargo hay que diferenciar. Cada objeto relaciona de forma diferente al sujeto con el Otro en tanto resto de éste debido a la constitución de aquel, lo que hemos dicho en relación al sujeto con el Otro. Él va a empezar a trabajar el punto de arriba, el lugar del tres asignado al objeto fálico. Es el único que no se aparea con otro a, porque él va a decir que este objeto fálico se encuentra presente en todos los otros, de alguna manera en todos los otros estadios y va a hacer una igualdad, como una equivalencia de relación entre el estadio oral con la voz y el estadio anal con la mirada. Por qué, lo vamos a ver ahora. Vamos a empezar con el oral. Él va a decir que establece la relación del niño con el seno, habíamos dicho. Él va a indicar en este punto la necesidad y va a decir que la necesidad está del lado del Otro, la necesidad del niño en la madre.

Gabriela Agostinelli:

Por eso esos dos primeros tienen que ver con la demanda del Otro.

Gabriela Alluz:

Claro. Es en función a la dependencia respecto al ser materno que se va a producir la disyunción entre el sujeto y el objeto a. El seno cuyo verdadero alcance se puede percibir en el sentido de que el seno forma parte del mundo interior del sujeto y no del cuerpo de la madre. Es lo que habíamos explicado ya, hace un rato, respecto de dónde se ubica el corte. En realidad, el corte es siempre del seno como un órgano éxtimo del cuerpo de la madre.

Vamos a seguir con el segundo piso, él va a decir la demanda en el Otro. Siempre cuando hablamos de Otro, se refiere a la madre, la demanda del Otro haciendo alusión a los dos tiempos de la demanda que habíamos hablado hace un rato; la caca como don y la caca como resto. Aquí dice:

la demanda en el Otro, da lugar a esta oscilación, a una ambivalencia observada de manera prevalente en el neurótico obsesivo. El objeto a, que son las heces, posee un gran peso en la constitución del sujeto porque logra simbolizar la presencia-ausencia propia de lo fálico que también se juega en dos tiempos, o sea, que es simbolizante de la castración.

Bien, ahora el piso de arriba que, ya habíamos dicho, se encuentra presente en los otros, el objeto fálico. La función del a está representada por una falta. La ausencia del falo en tanto que constituye la disyunción que une el deseo con el goce, Lacan lo va a denominar como goce en el Otro; que después va a nombrar como goce del Otro, en este momento goce en el Otro.

Lacan insiste en que el falo no deja de deslizarse como significante del deseo de modo incesante. Así el falo es una presencia virtual que no está, precisamente, estando. Y allí situamos su goce. El goce en el Otro es correlativo a la articulación falo-castración. El goce fálico es de difícil aprehensión por su apoyatura en algo (el objeto fálico) que de continuo se sustrae porque su lugar está sustentado en otro ámbito. Sin embargo, el goce fálico es un paso necesario para dar pie a otra modalidad de la relación del sujeto con el Otro, que sería la mirada. En este piso él va a decir la potencia del Otro. Por qué será.

Cuando habla de la potencia en el Otro, él va a graficar el valor especular que tiene la mirada porque dice que es el estadio en donde más el objeto a se encuentra velado. Es la relación más engañosa del sujeto con el Otro en tanto vela al objeto a, porque en el estadio del espejo, lo que nosotros vemos es un reflejo, dice Lacan. En ese punto, este piso de la mirada seria esto de la potencia en el piso fálico. El objeto ahí cobra un valor de potencia, es el que mejor oculta la castración.

En lo que aparece en mi campo visual se presenta la imposibilidad de esbozar un corte preciso. Y también va a decir que éste es el objeto propio del fantasma, eso es importante. Ustedes recuerden que Lacan nos dice que cuando habla de fantasma es como una ventana por la que el sujeto mira al mundo. En ese sentido, el fantasma ahí tiene que ver con eso.

Silvia Zarba:

Yo quería comentar en ese punto de igualdad de ese piso, la relación entre lo anal y la mirada. Yo hace muchos años he tenido un paciente con una encopresis severa, por muchos años y que él hace un pasaje, después que supera la encopresis a un tic en los ojos y me acordaba de eso.

Gabriela Alluz:

Bueno, entonces, estábamos en la mirada. En este piso como potencia en el Otro y en el nivel del espejismo del deseo humano. Pero solo se trata de un espejismo de potencia. Él va a decir que llamarle potencia es restrictivo, sería mejor hablar de omnipotencia. En este sentido, la condición de la mirada es la que da lugar a que Lacan la postule como algo que está afuera y más aún en todas partes, pero sin localización. Esto refiere a la mirada en relación a la omnipotencia ligada a la omnividencia. Es justamente lo que se le atribuye a Dios, esta característica es primordial porque merced a ella lo otro instituye y comanda el mundo; él lo puede todo porque todo lo ve, en tanto ojo universal. Además, será Dios aquel que llegue a ver sin ser visto.

Bien, ahora vamos a ver cómo se van a ligar y porque aparea el objeto escópico (ojo) con el objeto anal. Porque en ambos domina el Yo deal, decía él. En este nivel espacial de lo escópico y lo especular se vela la castración, en el Yo ideal no se ve reflejado el a como -φ. El fantasma, con fuerte componente de escena visual, contribuye a ello, y eso, a su vez, contribuye con el fantasma que hace posible el vínculo sexual aunque no haya proporción sexual. En lugar de advenir el a como lo que es, caída, falta, aparece como un punto 0 de la contemplación y de la buena forma. Sin embargo, ese tiempo que bien puede ser el tiempo del enamoramiento no dura para siempre. Y, en otro momento, Lacan nos hace ver cómo el deseo se agarra de algo que es equivalente, dice, a la mancha o lunar o cualquier otra parcialidad que funcione como ese punto 0.

Ya hemos hablado del quinto piso, ahí hay una parte interesante. Lacan destaca su ligazón con un singular efecto de corte. Al respecto observa en las alucinaciones verbales que acompañan a algunos tipos de psicosis, la incidencia que en las voces posee la interrupción. Ejemplifica esto con Schreber que relata la presencia insistente de mensajes interrumpidos. Ahí él hace una serie de ejemplos de lo escópico y lo auditivo en los delirios y las alucinaciones. En estos objetos, voz y mirada, dice, está más velada en una primera aproximación la relación con el cuerpo, que es más difícil de captar que en los objetos freudianos. En este quinto piso él va a ubicar lo que llama el deseo en el Otro.

Esta quinta relación se encuentra más ligada a la cadena significante y posee su faz objetal en la voz. Se trata de que el Otro lance su voz, oculta por el habla. Tal como la mirada, la voz no se separa del aspecto subjetivo del Otro, postulándose como el sitio principal para activar su deseo. Aquí Lacan hace una alusión para considerar en este nivel la problemática del neurótico obsesivo y su deseo imposible. Lo que hace de continuo es intentar no realizar su deseo sino buscando que le sea demandado por el Otro. Una forma de ejemplificar el deseo en el Otro. Dice, por ejemplo: «Yo no lo hago porque quiero -sería su coartada-, sino porque me lo piden». Es allí donde aparece la demanda en el Otro que cubre al deseo en el Otro. El obsesivo se las arregla de esa manera para disfrazar su deseo, de alguna forma, poniéndolo en el Otro.

Bueno, eso sería el grafo, ha sido como una síntesis muy apretada. Lacan va a hacer diferentes gráficos de Euler para graficar a cada uno de estos, que no los hemos tomado. Hemos preferido tomar el grafo de los pisos que me parece que se entiende mejor la relación que él va desplegando del sujeto con el Otro en función de cada objeto.

Para culminar, queríamos referirnos al último punto del seminario, que es el objeto a, fracaso del Nombre del padre. Esto que había mencionado María Rosa, como el desenlace de todo este seminario. Lacan termina con esta precisión respecto de que en realidad el objeto a nos va a indicar el fracaso de la metáfora paterna. En qué sentido va a decir esto. Él va a decir que el a es un índice muy reducido, es algo que no tiene nombre. Por eso se lo nombra con el a minúscula, tan pequeño, pero va a poner en tela de juicio el Nombre del padre ¿En qué sentido? Este padre, el padre de la potencia, va a tropezar con este pequeño a, con este objeto a. Tropieza con todo porque el Otro materno está mucho más presente en lo que se ilustra a nivel del nacimiento, a nivel del objeto oral y también del objeto anal. El Otro paterno se presenta a nivel del objeto vocal, objeto soporte o separado de los mandatos. Esto no impide que el Otro paterno tropiece con el objeto a en la medida en que este objeto no es nombrable, es irreductible a la simbolización. El objeto a, entonces, vale como el fracaso del Nombre del Padre en la medida en que el Nombre del Padre es el operador mayor de la simbolización. Es el Padre omnipotente de Freud y que Lacan critica en este seminario.

El seminario de La angustia se desarrolla fuera de la metáfora paterna y parte de un término primero, oscuro y mítico que no es el Deseo de la Madre, ni de la metáfora, sino el goce. Al hablar Lacan de un resto irreductible, es que ninguna metáfora es capaz de simbolizarlo íntegramente. El objeto a designa el fracaso de la metáfora.

La libido resiste por estructura a la simbolización y es lo que designa el a. Por eso el falo como emblema de la potencia simbólica no es más que narcisista. En este seminario hay una degradación del deseo como deseo de potencia. Por el contrario, es la insistencia del no poder, determinado por la detumescencia del órgano lo que se sublima en la categoría de la potencia. El Ideal del yo es el Ideal de toda potencia, en el horizonte del cual está Dios mismo.

En El Reverso del Psicoanálisis se advierte una degradación de la figura del padre, a partir de la historia, y el padre figura como castrado en esta estructura. Su impotencia está revestida con los emblemas de la potencia.

En las últimas páginas del seminario Lacan anuncia el seminario de Los Nombres del Padre en donde esboza una nueva figura del padre, que sabe que el objeto a es irreductible a lo símbolo. Se trata de un padre que no se dejaría engañar por la metáfora paterna, que no creería que esta puede alcanzar una simbolización íntegra. Y que, por el contrario, sabría remitir el deseo al objeto a como su casa. ¿Quién sería ese padre? ¿Cuál es la figura esa? Se vislumbra así un padre que no sería otro que el analista. Él termina el seminario de La angustia diciendo que ese padre que no es potente todo el tiempo, que también está atravesado por una falta, por un deseo; el deseo del analista, es la figura esa, la figura paterna representa ahí la figura del analista.

Habíamos hablado en un momento sobre hacer una relación con lo que nos pasa en la época actual. Lo que hemos dicho en torno a la placenta y sus derivas en la actualidad tienen que ver con otro tipo de objeto, que va a ceñir Lacan y que Miller también va a desarrollar aparte de estos 5 objetos denominados naturales. Él hablará de otros tipos de objeto que son los propios de la cultura, los objetos culturales por los objetos de la sublimación.

María Rosa:

Objetos que se desprenden de éstos. Los objetos naturales son los menos naturales, porque se sustituyen por otros.

Gabriela Alluz:

Exactamente. Cada uno va encontrando la manera de hacer con su propio arte, a través de las invenciones. Tanto las invenciones de la ciencia, los avances de la tecnología y también podemos decir las invenciones de cada sujeto en el propio hallazgo a través de un análisis. Poder encontrarse con ese objeto a que lo cause, de algún modo puede ser por momentos angustiante, pero si nos encontramos con un analista, ese objeto nos puede conducir a algo vivificante.

Seba Ibáñez:

Me parece interesante porque si bien Lacan señala el fracaso del padre, también de alguna manera, esto invita a ir más allá del padre. Esto que decías vos de las invenciones, de poder hacer algo con ese goce irreductible.

Gabriela Alluz:

Exactamente. Se refiere a todo eso que venimos estudiando en relación con lo que sucede en la época actual. Esta multiplicidad de los Nombres del Padre, cómo la figura del padre como autoridad está desdibujada. En la caída del Otro, en la caída de los ideales, que son los efectos sintomáticos que vemos hoy en las nuevas subjetividades de la época. Creo que todo este recorrido del seminario nos va a llevar a la última parte para empezar a tematizar este nuevo Nombre del Padre, que no es un padre potente sino que es un padre que puede fallar.

 

*Docentes del CID Santiago del Estero

Ciudalitica | 2018

Sitio Virtual del CID Santiago del Estero

Clase n°6: «SÍNTOMA Y LENGUAJE: EL EJE DEL MENSAJE Y EL EJE DEL GOCE.»- Francisco Ruiz y Patricia Soto.

Clase n°6: "SÍNTOMA Y LENGUAJE: EL EJE DEL MENSAJE Y EL EJE DEL GOCE."- Francisco Ruiz y Patricia Soto.

 Francisco Ruiz

Hoy abordaremos la temática del Síntoma, antes de comenzar realizaré un aporte, sobre cuatro conceptos importantes y luego continuará Patricia Soto.

Miller hace un recorrido en el texto “Índice razonado de conceptos principales”, que es una guía argumentativa y conceptual sobre la obra de Lacan (1935- 1965). Por lo tanto esta  obra   tiene que ver con todo lo que se refiere al  significante, porque recién a  partir de 1965  empieza un viraje en Lacan hacia  el  objeto del goce como irrepresentable, hasta aquí el acento esta puesto en la cuestión discursiva y puramente simbólica.

Asimismo por esta vía, figura el término síntoma dentro de uno de los ejes del deseo y su interpretación. De este subtema Síntoma, Miller nos orienta hacia la obra de lacan en donde aparece el concepto sobre el mismo y menciona que: “Al determinar el alcance que repite el discurso prepara la cuestión de lo que repite el síntoma”. Entonces va indicando tres cosas, primero lo que repite es el discurso, es decir, que en el dispositivo analítico hay palabras, discursos y algo que se repite, a su vez vamos teniendo elementos para ir caracterizándolo ya que está en el orden del discurso, es decir, de lo que se habla y enmarcamos al síntoma dentro del orden de lo simbólico.

  Por ejemplo, en la página 108 habla sobre la agresividad, dice Lacan “La experiencia analítica nos permite experimentar la presión intencional, ya que leemos en el sentido simbólico de los síntomas”. Nuevamente tenemos el mismo enmarcado en un orden simbólico y discursivo el cual el analista lee al síntoma. Siguiendo la misma idea en la página 164 planteamos otro ejemplo. “El lenguaje del hombre es instrumento de su mentira, está atravesado parte a parte por el problema de su verdad. El fenómeno de la locura no es separable del problema de la significación porque  tenemos la cuestión del significado y la cuestión del hombre atravesado como sujeto del lenguaje”. Entonces todo este recorrido va siempre en la dirección del síntoma que está en el orden discursivo y que tiene una significación. En la página 227 Lacan plantea también, que desde antes del psicoanálisis hay una dimensión que podría denominarse del síntoma  “Se articula por el hecho de que represente el retorno de la verdad como tal en la falla de un saber”. Esto nos abre todo un campo de estudio, pero lo interesante es el punto de la verdad y el retorno, de la falla de un saber.

El síntoma no se interpreta sino en el orden del significante, el significante no tiene sentido sino en su relación con otro significante, es en esta articulación donde recibe la verdad del síntoma. El síntoma conservaba una borrosidad por representar una irrupción de verdad. Entonces lo que tenemos es una significación, pero esta verdad que retorna es un asunto  que nos conecta con otro discurso.

 A su vez toda la clínica freudiana es de la interpretación, es una lectura de una verdad que retorna y hace trastabillar el saber. Estos puntos son temas principales en la obra de Hegel pensador de la dialéctica. En uno de sus textos “Escritos de juventud”, cuenta que va a un tour con un amigo y resulta que lo que le había prometido el vendedor no se cumple, que era ver una inmensa cascada y solo había un hilo finito de agua. Entonces era la cascada un hilo finito de agua que caía, pero caía sobre una roca. Hegel ve en eso, dos elementos, el agua y la roca, rápidamente uno va captando lo dialéctico, ya que es el encuentro o el choque permanente entre dos fuerzas, una negativiza a la otra, es decir, que para Hegel la vida humana es una constante negatividad de fuerzas. Plantea que el agua cae sobre la roca y la roca se va desgastando por la acción del agua, ejerciendo un efecto contrario con la roca, la va transformando, por lo tanto el elemento del agua niega a la roca, niega su forma porque  la transforma,  actúa sobre ella eso es la negatividad, Hegel lo llama el movimiento y lo vivo.

El pensamiento puede estar lejos de lo vivo pero la naturaleza no, la naturaleza es lo vivo y lo vivo es ese continuo proceso de cambio, de transformación y eso es la dialéctica. Dicho autor menciona, por ejemplo, en la religión, el creyente se convierte en objeto, es decir, el sujeto se convierte en objeto, así como la roca se transforma. La idea de convertirse en otra cosa que no soy, es el pensamiento dialéctico, puedo ser pero también puedo ser otra cosa y si soy otra cosa  ya no soy,  por lo tanto siempre estoy en una falta en ser. Esto quiere decir que si la roca puede transformase en arena,  el sujeto puede ser algo y transformarse en otra cosa, por lo tanto siempre estoy en falta en ser dice Lacan, ya que toda su obra también está basado en el pensamiento dialéctico.

 Hegel aborda que lo vivo se descompone, se dispersa eternamente en proceso y en acción, lo volátil. Esto es la belleza pura, esa cascada que cae, no lo puedo contar después porque tengo que estar ahí, salvo que alguien pinte un cuadro, pero aún así lo que voy a necesitar es un cuadro enorme como para poder captar algo de esa volatilidad, de esa negatividad. Quizás en el futuro podamos adquirir una práctica que nos permita vivir esa experiencia sin estar presentes. Ahí entra un subtitulo que Hegel lo denomina “El límite de lo irrepresentable”,  hay algo que no podemos capturar dialécticamente porque esto es incapturable.

Planteo esto por la razón de la dialéctica, algo que es fundamental en Lacan y porque además uno va leyendo, le va resonando todo el pensamiento de Lacan, porque con la cuestión de la falta en ser marca la diferencia, ya que la dialéctica son dos fuerzas contrarias, salvo dice Hegel en el amor en donde “El amor se indigna ante lo separado”, suprime la diferenciación, “lo separable perturba a los amantes”, en el amor la vida humana es pura diferencia.

 Por lo tanto para  Hegel todo es dialéctico, el saber también lo es,  es negatividad, es decir, algo niega al otro y todo es diferencia que nos conecta con la falta en ser y con Lacan en muchas cosas. Por ejemplo el sujeto en relación con el Otro, siempre es una relación de constante dialéctica, el sujeto necesita ser deseado por el Otro y el Otro marca al sujeto. Lo que plantea Hegel es “Tengo que encontrar un lugar en el otro, pero si yo encuentro un lugar en el deseo del otro, encuentro como él quiere desearme”, esto quiere decir, si yo quiero ser reconocido por el Otro, el Otro me reconoce como él desea, por lo tanto, si el Otro me reconoce a mí, dejo de ser quien soy otra vez, la negatividad. Si el Otro me aloja según el deseo de él, yo pierdo mi deseo, ahora si yo sostengo mi deseo pierdo al Otro. Por ejemplo, el caso del analista  y el paciente.

Retomando el punto de la diferencia Hegel habla sobre el devenir, es un movimiento a una transformación, a ser otra cosa como la cascada. La cuestión de la diferencia es interesante porque hablamos sobre el significante, ya que  el significante se ha convertido en esas palabras que uno usa siempre.

Roland Barthes, autor de literatura, plantea “Todo en la vida puede ser leído”. En su texto “La cocina del sentido” menciona lo siguiente: “un vestido, un automóvil, un plato cocinado, un gesto, una película, música, una imagen publicitaria, un mueble, un titular de diarios, he ahí objetos en apariencia heteróclitos, sin nada común, lo que pueden tener en común es que son todos signos. Cuando voy por la calle o por la vida y encuentro estos objetos, les aplico a todos sin darme cuenta la misma actividad, que es la de cierta lectura, el hombre moderno de las ciudades pasa su tiempo leyendo, lee ante todo y sobre todo imágenes, gestos, comportamientos. Un ejemplo un automóvil, ese automóvil me comunica el status social de su propietario, esa indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo o de excentricidad de su portador, este aperitivo, del estilo vida de mi anfitrión etc.”

Aún cuando se trate de un texto escrito, siempre nos es dado un segundo mensaje. A su vez la cuestión de la diferencia nos lleva al punto del significante, ¿Qué es el significante? El significante es algo que me permite una multiplicidad de sentidos, es decir, escucho el auto que pasa y eso puede ser leído, interpretado, eso es un significante.

  Según  Saussure  un significante tiene una imagen acústica y tiene un concepto,  pero este concepto puede ser infinito. Todo lo que puede ser leído y lo que leo puede ser un concepto, depende quien lo lea, por una parte ese es el significante. Por otra parte el aporte de Saussure, es que las cosas yo las nombro no por las cosas en sí, el nombre no tiene nada que ver con el objeto sino que se vincula con otros nombres, podemos decir  que el significante tiene su valor en diferencia con otro significante. Tanto para Saussure como para  Hegel todo es diferencia. Asimismo  algo de eso también hay en Freud en el sentido de que son conceptos que permiten una dialéctica. En el caso del síntoma, es algo que tiene movimiento, vida, diferencia y tiene elementos que se oponen, los elementos que se oponen por ejemplo es una pulsión libidinal y la represión,  dos elementos que se chocan, que se oponen, que se negativizan. El concepto mismo de inconsciente, ya es un pensamiento del orden de la transformación, del orden de lo que se va a devenir otro, la rectificación subjetiva ya es transformarse en otro cuando hay un interpretación que toca algo del sujeto, el sujeto ya no es el mismo, entonces hay un cambio de posición, por lo tanto hay un devenir otro.

Freud también habla sobre la cuestión de la palabra, lo simbólico y sobretodo la sustitución, el síntoma como algo que se sustituye. Se define al síntoma como el producto, la transacción por la obra de la represión, como si la represión seria el gran elemento de negatividad en Freud, y la castración fundamentalmente. Es decir, no hay elemento que negativice más que la castración. Lacan pone el signo menos en el falo, la negatividad del falo podemos decir, y  la castración es el elemento de la diferencia absoluta. Si vamos a la cuestión de la diferencia, por ejemplo, en la escena donde la niña ve que el varoncito tiene pene, primer punto de negativización lo cual nos hace devenir otros.

Pregunta del público: ¿Será de ahí que Freud plantea la roca viva de la castración? Hablando de la roca de Hegel

Francisco Ruiz: Claro y aquí viene el punto. En Hegel hay una idea de que el sujeto puede progresar hacia un mayor conocimiento de sí mismo, es uno de los que piensa el discurso de la Ciencia, tiene un capítulo llamado “De la conciencia a la Ciencia”. Para Hegel el elemento de progreso, es el autoconocerse científicamente, ahí el sujeto progresa, porque está en una etapa como separándose del medioevo, separándose de dogmas, el saber puede hacer progresar.

 El saber es un término, una preocupación. Lacan todo el tiempo está viendo de donde viene el saber, qué es el saber y problematizándolo. Primero porque es del orden del significante, o sea del orden de algo que no tiene vinculación con el objeto sino con el discurso, con los significantes en sí. Pero lo que no se encuentra en Hegel, es justamente lo que sabemos por Freud, el término de la represión, como si el Psicoanálisis iría diciendo: todo bien con el saber, pero hay un elemento que no nos permite saber, dice Lacan hay un no querer saber, es decir, que lo que Hegel no vio es que  este saber contiene una barra que es la represión, no puedo conocer todo de mi mismo y aunque conozca de mi mismo todo siempre va a estar el síntoma, por ejemplo en donde ya no hay dialéctica posible, es el punto indialectizable . Si para Hegel el saber era lo dialéctico, que puedo conocer algo en contra de lo que ya conozco y eso me hace progresar. En cambio Freud dice No, está la represión y ahí hay un stop, algo de la dialéctica que no se dialectiza y queda una verdad que no es reabsorbida por el saber. Para Hegel la verdad es algo que uno puede saber y para Freud hay una verdad que esta por fuera del saber, reprimido, quiere decir, por fuera del sentido, del significante, entonces hay una verdad que no se dialectiza. 

En conclusión, la cuestión del síntoma es algo del orden de la verdad reprimida, por eso es el eje del mensaje, eje del significante, del eje de un saber pero que contiene una verdad que no entra en el saber.

Hay un libro de Graciela Brodsky, que se llama “La solución del síntoma”, en el que trabaja el caso Elisabeth,  nos muestra claramente como hay una represión o en término de Hegel hay una diferencia, que no lleva a nada cuando el síntoma era no poder caminar, lo que hace Freud es hacerla que hable, que exprese sus significantes, cuando la hace hablar la paciente  va encontrando unos ciertos nexos que le permiten a Freud encontrar un nexo entre el síntoma la parálisis. Entonces tenemos parálisis, represión y un deseo no reconocido por el sujeto ¿Cuál es ese deseo no reconocido? Ella está enamorada de su cuñado  y la hermana esta por morir, pero claro dice Freud, no es deseable que ella quiera que la hermana se muera y quedarse con el cuñado pero era su deseo. Freud dirá es el deseo de dar un mal paso, o sea, parálisis, mal paso, ahí lo que tenemos es el efecto de la represión, es decir, que todo síntoma está estructurado por elementos contrarios,  fuera del saber y  fuera de la conciencia.

 Lo que hace Freud es una tarea dialéctica, interpretar el sueño, que el sujeto reconozca su deseo y el síntoma se levanta, esa es la tarea dialéctica, esa es la cura de Freud, que reconozca su deseo.

Continuamos con Patricia Soto sobre el eje del mensaje y el eje del goce, cómo se articulan estos ejes desde Lacan, partiendo desde la primera enseñanza hasta los conceptos que ya manejamos desde el cuerpo.

Patricia Soto

Para estas articulaciones, del síntoma en el eje del goce,  he tomado el Seminario XI de Lacan y  las enseñanzas de J A. Miller en sus seminarios La experiencia de lo real,  La fuga del sentido  y El partenaire síntoma. Partimos de que, en la primera enseñanza de Lacan, tiempo en el que conceptualiza al inconsciente estructurado como un lenguaje, cuya finalidad es producir sentido, el síntoma    es metáfora, hay en el inconsciente una verdad   reprimida, a descifrar para la resolución del síntoma. 

El síntoma designa una disfunción, hay síntoma cuando algo no funciona como debería, en ese traspaso al  funcionamiento se revela algo verdadero, como nos decía Francisco, este es el momento que en la enseñanza de Lacan apunta al síntoma como una verdad a descifrar, para su resolución. Este es el momento en el que estructura al inconsciente como un lenguaje, el sujeto esta engendrado por la cadena significante, el concepto central que toma en  la formación de síntoma es el de  castración como la anulación del goce. En este tiempo si nos guiamos por los paradigmas del goce, teniendo esa referencia, es el primer tiempo en el cual ubica el  goce como imaginario y Lacan da prioridad en la relación analítica al eje simbólico, es decir, en la relación del sujeto  con el Otro, el   goce,  que Lacan ubica en la relación imaginaria a——-a´ se atraviesa obturando esa relación simbólica.

Asimismo el segundo paradigma plantea la significantización del goce, es el momento de la elaboración de Lacan  del grafo del deseo en relación a la estructura del sujeto  desde el lugar del Otro como tesoro del significante. El sujeto dirige su pregunta por el  valor de los significantes al Otro. En la respuesta del Otro lo que va a estar implicado  son los objetos de la pulsión. Lacan, a esta altura de su enseñanza sitúa al sujeto del inconsciente no a partir del enunciado sino a partir de una localización orgánica, a partir de lo oral, de lo anal, etc. Lacan dirá que eso es la pulsión modelada sobre la palabra. Se trata de  un goce  que está traspasado a través de la palabra por el significante que recibe del Otro, en esos términos está la significantización del goce. En esa línea todavía el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que se desliza en la palaba son las articulaciones del lenguaje, la metáfora y la metonimia. Entonces en el grafo del deseo están los objetos de la pulsión articulados a la palabra.

Estos recorridos los hace hasta el seminario VII “La ética del psicoanálisis”, en donde el goce se va tratar de otra  cosa. El mismo va a ser alcanzado por transgresión, ubicado en el lugar de La Cosa, a diferencia de lo que es el deseo  articulado a la Ley y al principio del placer, en ese sentido el goce queda del otro lado, ya que  para acceder al goce hay que transgredir el principio del placer.

 Avanzando en el seminario XI cuando habla del cierre del inconsciente, Lacan  menciona que justo en ese momento es en donde se manifiesta el inconsciente, porque va cambiando la concepción del mismo. El inconsciente  no  se trata ya de  algo   oculto a descifrar,  sino de algo que está en la superficie y aparece en ese momento justamente del cierre. En ese momento de cierre del inconsciente se presentifican  los objetos de la pulsión, esos objetos en donde lacan va a situar lo vivo del sujeto a diferencia de la mortificación del significante. 

Más adelante buscando esta articulación entre lenguaje y goce, en la enseñanza de Lacan en el seminario XVII, El reverso del psicoanálisis en el que desarrolla los cuatro discursos, establece  la relación del lenguaje y  goce porque va a decir que la conexión significante, esta articulación S1 S2  produce un efecto de goce, es decir, cuando hay articulación significante hay como producto goce. Por lo tanto elabora los cuatro discursos. El discurso del  Amo que lo ubica como el discurso del Inconsciente.

En el seminario XI, cuando me refería a la articulación de los objetos de la pulsión, ahí es donde articula los objetos de la pulsión con el inconsciente, ya no es la relación del inconsciente entre  el S1 S2 sino que hay en esta  articulación un momento en el inconsciente que es  de cierre del inconsciente donde se presentifica ese objeto de la pulsión  que obtura el deslizamiento de los significantes.

Asimismo, de esa articulación significante S1 S2 de cual el sujeto es el efecto, va a quedar un resto como producto y ese resto lo ubica como el plus de goce, en el mismo hablar, en el mismo discurso aparece ese efecto de goce. En este  tiempo Miller sitúa, cómo en el lugar en el que  Freud   ubicaba al yo como agente de la represión  que da lugar a la formación de síntomas, para Lacan ese lugar en la formación de síntomas lo va a tener el lenguaje, va a decir que el goce como tal está prohibido para el que habla. Dice Miller que para Lacan lo que Freud llama la represión de la pulsión, es una consecuencia necesaria de la estructura del lenguaje, y por esa operación del lenguaje es que el síntoma es necesario. Es decir, como el goce está prohibido para quien habla es a través del síntoma donde está permitido, donde se pueda gozar. Lacan plantea que  el hablante goza de modo sintomático, el goce nunca es el que  debería ser, siempre hay una falla, un error en el gozar, esto quiere decir que  el objeto esta perdido, la castración es por el lenguaje, entonces el modo de gozar va a ser el síntoma.

En este sentido Miller explica que cuando tomamos las cosas por el lado del lenguaje el Otro está desde el comienzo. Con la introducción del concepto de goce, el concepto del Otro se sacude, nos dice.  Por lo tanto, si definimos el goce en esta línea, ¿cómo se va articular el goce del sujeto en relación al Otro, ya que lo que prima es el goce y no la articulación significante?  Miller menciona  en este seminario  “La fuga del sentido”, el hecho de que el goce no sea una relación debe ponerse en el centro de la cuestión, porque el goce es solitario, es autista.

 Entonces qué es lo que hace la relación  con el Otro, porque el goce no abre al lazo con el otro, su modelo es el goce del órgano. Lacan en su última enseñanza dice que el goce del sujeto   no conviene la relación sexual. Miller muestra como Lacan restringe el concepto de sexualidad, va a decir que sexualidad es esencialmente una relación de un ser sexuado con otro ser sexuado, mientras que por el contrario, el goce como tal es una relación que no se abre al Otro. En cuanto a esto, Miller diferencia lo que es el goce y la libido en Freud, porque para Freud la libido circula, inviste los objetos y retorna al yo. Por lo tanto el concepto de goce en Lacan  se refiere a una libido estancada, autoerotismo fálico, es el modelo de goce en Lacan, la parte fálica de la libido. Goce del Uno diferente al Otro. Entonces en este sentido, si la relación sexual,  si la sexualidad es una relación, Lacan va a decir no hay relación sexual, esto quiere decir que no hay una pulsión sexual total, las pulsiones siempre son parciales, por lo tanto lo que pone en cuestión es el cuerpo del otro, el otro como sexuado, al no haber relación sexual  hay falla sexual. Lo que Freud localizó como la sexualidad normal a la que se accede luego de la unificación de las pulsiones parciales, eso hace agujero en lo real, para Lacan eso falla, nunca se alcanza en su totalidad.

A su vez explica Miller, esa dimensión donde falla la relación sexual puede acceder a lo simbólico, en ese goce que es autoerótico, que falla,  podemos incluir al síntoma como modo de fallar, porque falla, se convierte en síntoma. Justamente donde falla esa relación sexual se puede acceder desde ahí a lo simbólico.

Otras de las referencias de Miller sobre el modo de concebir el síntoma en Lacan en la última enseñanza, es cuando toma inhibición síntoma y angustia, desde la satisfacción, no ya como un modo de expresión o solo lo es secundariamente.  Síntoma como satisfacción que escapa al principio del placer, ya que se manifiesta como displacer. Síntoma referido no al inconsciente que querría decir sino a la pulsión en tanto ella quiere gozar.

 Ya en  la última parte de la enseñanza de Lacan se refiere al goce del cuerpo. Miller dice que el goce en términos lacanianos no está antes del significante, no está antes del cuerpo, aunque sea goce del cuerpo. El goce del parlêtre, ese goce del cuerpo se soporta en el lenguaje y Miller se pregunta en esta clase, cómo se conjuga cuerpo y lenguaje para gozar, lo cual responde que se conjuga en el sinthome, el síntoma se presenta como acontecimiento del cuerpo, en el sentido de que el que goza es el ser, pero a través de su cuerpo, habla con el cuerpo.

En todo este recorrido Miller dice que, articular con el cuerpo del sinthome, si entendemos el sinthome como síntoma y fantasma, podemos decir que lo que se moviliza es el fantasma pero el modo de gozar del síntoma no cambia, puede modificarse hacia otra vertiente, pero no varía.

Para ilustrar se utilizó un caso Trabajado por Ricardo Seldes: “El parlêtre entre el goce de la palabra y el goce del cuerpo”, publicado en la Revista Lacaniana n° 19.  

 

*Lic. Francisco Ruiz, Responsable del C.I.D Santiago del Estero

  Lic. Patricia Soto, integrante del Cid Santiago del Estero, Co-coordinadora del    Grupo de lectura “Psicoanálisis con niños”

Clase Dictada en el Colegio de Psicólogos de Santiago del Estero, el día 8 de Septiembre.

Bibliografía:

Miller, Jacques Alain. La Experiencia de lo Real en la Cura Psicoanalítica. Editorial Paidós. 2012

Miller, Jacques Alain. La fuga del sentido. Editorial Paidós. 2003

Miller, Jacques Alain. El partenaire-síntoma. Editorial Paidós. 2008

Ciudalitica | 2018

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Clase n°4: “REGISTROS I.R.S. CLÍNICA NODAL”. Docentes: Inés Contreras y Teresita Ruiz.

Clase n°4: “REGISTROS I.R.S. CLÍNICA NODAL”. Docentes: Inés Contreras y Teresita Ruiz.

Presentación a cargo de Luciana Pereyra:

 

Les damos la bienvenida a esta tercera clase de nuestro seminario anual. En esta oportunidad me toca presentar a dos docentes locales: Teresita Ruiz e Inés Contreras, ambas miembros de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), además de ser asesoras del CID Santiago del Estero. La clase de hoy trata de los tres registros: Imaginario, Simbólico y Real.

Inés Contreras

Muchas gracias por la presentación.

En cuanto a los registros, nos hemos repartido un poco con Tere y voy a arrancar con lo imaginario y lo simbólico.

Rescato algo que repetimos cada tanto de Lacan respecto a que el analista debe estar a la altura de la época o renunciar. Me vino muy bien repasar el texto que nos recomendaron, que está en internet y que trabajaron un poco en el taller (Lacan, J. Lo simbólico, lo imaginario y lo real, 1953). Ahí podemos ver cómo, aunque se trate de una vuelta a Freud, Lacan no deja de tomar lo de la época. Es algo que nosotros, enfrascados por intentar entender a Lacan o a los textos freudianos, a veces nos olvidamos -al menos a mí me pasa- de los valores que tenemos en la cultura de la época. Lacan en este caso, para hablar de lo imaginario, toma lo del narcicismo de Freud y lo enriquece con, por ejemplo, el surrealismo. Entonces, dice que los conceptos de Imaginario, Real y Simbólico no son un invento de él sino que son términos que existían en la época y que se usaban de diferente manera.

Para Lacan no había una patología específica de lo imaginario, una de lo simbólico y una de lo real; sino que los registros se encuentran entrelazados. Lo que sucede es que, lo que a veces nos confunde, es que él va poniendo un énfasis especial en uno de ellos según el momento de su enseñanza. Aquí, por ejemplo, sobre lo imaginario en el estadio del espejo, lo simbólico en instancia de la letra, luego hablará de lo real. Pero muchos de los que leen a Lacan creen que, por cobrar primacía lo real, se deja de lado lo simbólico y lo imaginario. No hay que cometer ese error, simplemente es un énfasis, un subrayado que se hace a medida que él va armando los conceptos de RSI. No es que uno descarta al otro, sino que se entrelazan.

Lacan sitúa que lo que produce efectos en estas cuerdas -aún no habla de nudo- de RSI, lo que las puede recorrer, es el resorte de la experiencia analítica, es la palabra. Es la palabra la que va a producir verdaderamente los cambios que se producen en un análisis personal. En este momento, para Lacan, en el psicoanálisis se trata especialmente de lo simbólico (recuerden que estamos en la primera enseñanza). Lo simbólico va cubriendo todo y la palabra va teniendo una ubicación aquí. Entonces, no nos engañemos, la palabra no es solamente para comunicar, como un lenguaje universal, sino que cada uno va a usar tal o cual palabra. A diferencia de la vida cotidiana, a un análisis se llega con un pedido que muchas veces parecen sólo palabras sueltas; el sujeto sabe que hay algo que solo no puede descifrar y que necesita de un otro. Ya vamos formando un triángulo.

Si en psicoanálisis es tan importante lo simbólico, tenemos que ver cómo se construye. En cuanto a la cuestión del símbolo y el signo, Lacan toma los aportes de Saussure y de Pierce. Del primero rescata lo que llama “el signo saussureano”:

Lacan, incluso cuando lo cambia, lo sigue llamando de ese modo dándole la autoría a Saussure. Este grafico implica que el significado y el significante, en este círculo, muestran una relación fija: que a un significado le equivale directamente un significante, una palabra, es una relación unívoca.

De Pierce toma la definición de signo como algo que representa un objeto –cosa, hecho o idea- para alguien que lo interpreta. Como el ejemplo típico que damos en la facultad: si hay humo, es porque hay fuego. A este signo lo subdivide en: símbolos, índices e iconos.

Lacan va a ir modificando estos aportes. Del signo saussureano crítica que esa relación de significado y significante sea unívoca. Coloca el significante como “S” mayúscula arriba y la “s” de significado abajo; e indica que esto puede variar, elimina la fijeza que implicaba el signo saussureano, no conserva el círculo. Y establece que ante el significante, el significado varía y cambia para cada uno de nosotros.

Entonces, Lacan toma los aportes de la lingüística. Acepta los conceptos de signo y símbolo pero empieza a diferenciarse un poco. Hay algo que no le cierra, a pesar de la universalidad del signo, es decir, si bien nos comunicamos todos, lo que el paciente trae a la consulta es algo muy particular, muy especial. Las palabras que trae no representan lo mismo para el paciente que para el analista que lo recibe. Es otra historia, es como aprender otra lengua.

Como decía antes, rescata de Pierce el concepto de signo como algo que representa un objeto para quien lo interpreta. Lacan lo toma tal cual y enfatiza en la noción de índice para diferenciar entre código –lo que compartimos con los animales- y lenguaje –lo propiamente humano-. Lo que más me llamó la atención al repasar esto es la manera en que Lacan retoma estos saberes de la época y va haciendo esas pequeñas modificaciones que constituyen su aporte al psicoanálisis.

Para Lacan hay un código que funciona también en los humanos, pero no nos alcanza con eso, tenemos un lenguaje. Desarrolla la cuestión del código gracias a los aportes de la etología y acepta que ocurren comportamientos imaginarios. Lo que no quiere decir que se pueda usar en el análisis porque ahí aparecen las identificaciones imaginarias.

Lacan dice en El Seminario 3, página diecinueve, “lo imaginario es sin duda guía de vida para todo el campo animal. Si la imagen juega también un papel capital en el campo que es el nuestro, es un papel que ha sido revisado, refundido, reanimado de cabo a rabo por el orden simbólico. La imagen está siempre más o menos integrada a ese orden, que, se los recuerdo, se define en el hombre por su carácter de estructura organizada”. Entonces, cuando hablamos de lo simbólico hablamos de estructura organizada. Y sigue con un ejemplo: “Uno de nuestros psicóticos relata el mundo extraño en que entró desde hace un tiempo. Todo se ha vuelto signo para él.” -Ojo con eso, lo que es signo para él puede que no lo sea para nosotros-. “No sólo es espiado, observado, vigilado, se habla, se dice, se indica, se lo mira, se le guiña el ojo, sino que esto invade”

 

Público: Cualquier cosa le concierne.

 

Inés Contreras: Exactamente. Y sigue el ejemplo: “Si encuentra un auto rojo en la calle –un auto no es un objeto natural- no por casualidad, dirá, pasó en ese momento.” “Interroguémonos sobre la intuición delirante. Este auto tiene una significación, pero a menudo el sujeto es incapaz de precisar cuál. ¿Es favorable? ¿Es amenazadora? Con toda seguridad el auto está ahí por algo. Podemos tener de este fenómeno, tres concepciones.”

Primero desde la aberración perceptiva. Luego continúa: “Podemos enfocar el encuentro con el auto rojo en el registro de lo que sucede cuando el petirrojo, encontrando a su congénere, le exhibe la pechera que le da su nombre.” Recurre aquí a la etología. Le alcanza la imagen de la pechera roja para la maduración sexual del petirrojo. “El rojo tiene aquí una función imaginaria […] se traduce por el hecho de que ese rojo al sujeto lo hará ver rojo, le parecerá llevar en sí mismo el carácter expresivo e inmediato de la hostilidad o de la cólera.” “Por último, podemos comprender el auto rojo en el orden simbólico, como, por ejemplo, se comprende el color rojo en un juego de cartas, vale decir, en tanto opuesto al negro, como formando parte de un lenguaje ya organizado.”

Entonces, va diferenciando lo que ocurre en los animales, gracias a la etología, de lo que pasa en las psicosis, en los seres humanos.

¿Qué me clarifica esta lectura? Que no sólo el símbolo se arma en un momento mítico, sino también la imagen. A esta intersección no hay que buscarla desde lo evolutivo. No es evolutiva, o se ingresa el símbolo o no se ingresa.

 

Público: En ese sentido, ¿lo que hace signo en este caso, la imagen –lo rojo-, ya es un lenguaje presente en nosotros?

 

Inés Contreras: Claro, “el psicótico habla” dice Lacan. También ingresa en el lenguaje. ¿Dónde está la diferencia entonces? Esa es la tarea nuestra con el diagnóstico diferencial.

Tenemos que ver si podemos encontrar o escuchar en esas frases, palabras, que nos trae el paciente, el punto de almohadillado, los abrochamientos. Tenemos que estar atentos a la metáfora y la metonimia. Lacan dice que a veces escuchamos una metonimia que va y va, pero no hay que apurarse a decir que es una psicosis. Hay que ver en el tratamiento cómo va a trabajar ese símbolo que trae, que a veces puede estar agarrado con un alfiler, para decir de alguna manera.

Por eso, repito lo del principio, no es que se trate de una patología de lo imaginario, una patología de lo real o una patología de lo simbólico. Si nos toca la tarea de hacer el diagnóstico diferencial desde lo que escuchamos, pudiendo ver si esto de la imagen se ha engarzado con el lenguaje, que no ha quedado una imagen pura como en el petirrojo o “el auto rojo quiere decir algo”, hay que ver cuál es la función que está cumpliendo ese rojo para ese sujeto. Si se va apropiando de las palabras, si va tomando posición sobre lo que dice o pronuncia.

No es que si el psicótico, luego de ir de metonimia en metonimia, forma una metáfora y decimos “listo, ya ingresó en lo simbólico”. Es más, nos pregunta Lacan ¿por qué un psicótico no podría decirnos una metáfora? Puede tomar una poesía y repetirnos la metáfora. Pero ¿cuál es la diferencia? Que no puede dar cuenta, no tiene con qué dar cuenta de esa metáfora porque si se le cambia el orden de las palabras él no las puede explicar. No puede dar cuenta del hilo conductor que es el Nombre del Padre, otro concepto simbólico muy importante a la hora del diagnóstico diferencial. Nosotros podemos creer que es una metáfora.

Público: Pero nosotros estaríamos metaforizando por él.

Inés Contreras: Exacto!

 

Teresita Ruiz: Me parece importante el poder ver que no en todas las psicosis es lo mismo esta relación entre el significado, el significante y la significación. Porque es cierto que a veces hay un sentido fijo y ese es el problema en algunas psicosis, cuando tienden a interpretar cualquier signo o cualquier significante en una sola dirección. En la paranoia, por ejemplo, está esto de que todo lo que le pueda decir determinado otro imaginario, otro de los semejantes que lo miran, el psicótico le atribuye el significado de que están complotando, persiguiéndolo. El otro siempre amenazante de la paranoia.

Entonces, esa fijeza de significado en relación al significante es algo que es mortífero y hay que ver si es posible desoldar un poco, que no quede tan fijo.

En otros casos, y es lo que uno escucha mucho en las psicosis desencadenadas y no desencadenadas, no hay significación. Es decir, ellos están hablando o contando algo que les ha sucedido pero no le pueden atribuir a eso, no diría un sentido porque ellos conocen el significado de las palabras que utilizan, habría que distinguir significado de significación. Entonces, ¿qué significa para ellos? Hay algo de la ausencia de significación. Uno pregunta ¿qué quiere decir esto? y ¿por qué esto? y hay como un vacío en ese punto. No pueden dar cuenta de la significación particular que tiene para ellos.

La cuestión es qué es esa significación con la que el sujeto en algunos casos no cuenta. Porque tampoco hay que creer que un psicótico no tiene significaciones de ningún tipo, ni que no pueda elaborar sentidos, puede hasta implicarse, es decir, implicarse en cuanto a qué significa eso para él. Pero en general hay puntos en los que no cuenta o no puede dar una significación porque no cuenta con la significación fálica. Y son con frecuencia estos puntos en donde se desencadenan, por ejemplo, cuando no cuentan con una significación de qué es un padre. Muchos de los desencadenamientos psicóticos ocurren, por ejemplo, ante fenómenos como la paternidad, ante la maternidad, ante la pérdida de un ser querido, ante la separación de alguien significativo. Es decir, frente a acontecimientos ante los cuales, además por excelencia, no tenemos significación, como: ¿qué es la muerte? ¿Qué es la sexualidad? ¿Qué es el encuentro con una mujer para un hombre, o para una mujer un encuentro con un hombre?

Inés Contreras: Y que es lo que por lo general el neurótico viene a tramitar en la experiencia del análisis.

 

Teresita Ruiz: Lo tramita a través de la significación fálica, entonces, puede dar cuenta y puede inventar un sentido, una significación a eso que no tiene significación.  Porque el sentido y la significación son invenciones que uno hace en las articulaciones. Son esas invenciones las que en el caso de las psicosis sirven para poner un límite a estas irrupciones en el cuerpo, desenfrenadas, que lo invaden. Esa significación que puede inventar lo tranquiliza.

Público: ¿Es algo que él construye o toma de otro?

Teresita Ruiz: No importa, porque todos nos apropiamos de esos significantes, de ese código que es nuestra lengua. Nos apropiamos y hacemos un uso de eso. Que lo tome de otro no importa, lo que interesa es escuchar en eso si se trata de una repetición sin sentido de lo que viene del otro –que puede ser, sobre todo en la alucinaciones donde hay esto de que el significante es un sin sentido que viene a lo real, entonces escucha voces o ve cosas que no tienen sentido-. Después se puede construir, sobre todo en las paranoias, un sentido, pero muchas veces se escuchan frases que no se sabe quién las dice o para qué.

Inés Contreras: Volviendo sobre lo que hacía hincapié al principio, sobre cómo Lacan toma lo de su época, quería leerles algo sobre la influencia del surrealismo. “El surrealismo trabaja en el sentido de crear una lógica de las imágenes en la vida real. Entonces, en el estadio del espejo donde el niño reúne un rasgo de uno, un rasgo de otro, que van unificando pedazos de ideales de distintos Otros simbólicos importantes para el sujeto y que da como resultado esa rara mezcla.” (Rabinovich, D. Lo imaginario, lo simbólico y lo real, 1995).

No hay que ver en el estadio del espejo algo así como una imagen hermosa, perfecta, completa. Son pedazos, un esfuerzo para captarse. Entonces, ahí se rescata lo visual, cómo lo visual va adelante del cuerpo, de toda la maduración del cuerpo. Hay que subrayar que en el estadio del espejo Lacan no dice la mirada, dice lo visual. Todavía no ha agregado la cuestión del goce en la mirada, y cómo esa mirada va a comandar al sujeto. Dice que lo visual le permite captar la imagen por lo que le dice el Otro y demás que va a ir recibiendo. Pero la maduración del cuerpo biológica aún no está, por eso hablamos ahí de prematuración y de momento mítico. En donde algo allí se puede abrochar en ese estado de prematuración o no con los pedazos que toma del estadio del espejo.

También hay otra escuela, “el instituto Warburg, creado por Aby Warburg en Alemania, que se traslada a Inglaterra con la segunda guerra, cuyo representante más conocido es Panofsky, quien trabaja las imágenes en su significación simbólica variable en las determinadas épocas.” (Rabinovich, 1995). Es ahí donde Lacan se separa un poco. “Los famosos estudios de Panofsky sobre el Renacimiento muestran cómo distintas imágenes se repiten, de distintas maneras, en distintos lados, porque forman parte del ordenamiento simbólico de dicha época. Es decir, no se trata de una interpretación de símbolos fijos sino de la ubicación de los símbolos en el contexto de la época y de la cultura en que se producen.” (Rabinovich, 1995).

Entonces, la imagen no es sólo imaginaria, “la imagen tiene además una dimensión simbólica dada por el marco cultural histórico en el que está incluida.” (Rabinovich, 1995) Queda de ese modo la imagen como historizable y no como mera percepción fisiológica, porque ahí es donde va a tomar el concepto de Freud de libido para decir cómo la construcción ésta de lo simbólico se va produciendo. Porque no es sólo por el instinto, como decíamos con la etología. Aquí entra en funcionamiento la libido, va libidinizando las imágenes, las personas, para la construcción de lo que sería lo simbólico.

Eso se va a trasladar al análisis. Es lo que decía antes sobre escuchar ese simbólico un poco flojo o frágil, podríamos decir. Pero si lo escuchamos y como se tramita en el análisis…

Teresita Ruiz: me gustaría agregar algo con respecto a lo visual. En el ultimísimo Lacan he encontrado algo que me ha llamado mucho la atención por cómo lo dice. Rescata la importancia de lo visual, porque esto que dice Inés de lo visual está en los primeros artículos de Lacan donde trabaja el estadio del espejo. Y pareciera que después lo visual ya no tiene tanta importancia y donde lo imaginario, que es ya una articulación más compleja que lo visual, y la mirada además como objeto es posterior. Pero en el ultimísimo Lacan, digo ultimísimo porque es el nombre del curso de Miller, dice que la única manera que encuentra para hacerse idea de lo real es lo visual.

Inés Contreras: Diferenciándolo de la mirada, es lo importante. En el estadio del espejo él subraya esto: ojo que ahí es lo visual y la agresividad. Entonces, está presente lo visual y también esto de lidiar con el semejante, tan actual en la época.

Público: Esta cuestión de lo visual, ¿es lo imaginario? Porque en el texto de Lacan (1953), que hemos estado estudiando, parece haber una relación directa entre imaginario y real.

Inés Contreras: Lacan toma de todas estas teorías, de la lingüística, el surrealismo y demás, pero se corre un poquito ¿por qué? ¿No estará oliendo ya ahí lo real? Él no dice “si todos compartimos un código”. Lacan sabe que hay ahí algo más pero todavía no lo pronuncia.

Público: Justamente, cuando trabajamos el texto en el taller nos reíamos porque cuando lo leímos todos estábamos esperando que hable de lo real, y lo hace recién apenas al final. Y también al principio cuando dice que siempre hay algo que se escapa, que incluso a Freud se le escapaba y no lo pudo aprehender. Pero es curioso como en el texto uno está esperando que nombre lo real y queda como…

Inés Contreras: Alguna vez escuché también que él escribía como había que analizar. Entonces, fíjate el trabajo que nos lleva a hacer. Vamos cercando, aislando, esto no es, esto tampoco.

Teresita Ruiz: Es muy importante poder captar que desde el comienzo de la enseñanza está lo real. Lo que pasa es que le ha ido dado distintos estatutos, tanto que al comienzo es como que apenas lo tocaba. No lo hace jugar o no lo incluye en las elaboraciones que él estaba haciendo en ese momento. Pero eso estaba, había algo ahí, le da un nombre pero todavía no le puede dar un lugar.

 

Inés Contreras: Muy bien, quería terminar con algo que me parece importante con respecto al símbolo. En este texto Lacan habla mucho del tratamiento, de la posición del analista y demás. Dice que el analista ya es un símbolo y que es él el que debe hacer la simbolización del símbolo. Me pareció muy interesante, dice que el símbolo sobrepasa a la palabra, que el análisis es una experiencia privilegiada que se orienta enteramente en un sentido simbólico.

Recuerden que estamos en la primera etapa. Después dice que todo lo que constituye el símbolo, eso que encontramos en la experiencia analítica: los síntomas, la relación edípica, “se trata siempre y esencialmente de los temas más o menos conexos a las relaciones de parentesco, del tema del rey, de la autoridad del amo, y de lo que concierne a la vida y la muerte.” Y dice que todo de lo que allí se trata, son símbolos.

Para Lacan hay una comunidad entre la teoría de lo simbólico y lo del símbolo que toma de la antropología, de la historia del arte, de la lingüística; pero siempre deja un punto de vacilación. Toma todo esto hasta que llega a los desarrollos que Teresita va a hacer ahora.

Teresita Ruiz

Muy bien, como veníamos diciendo la cuestión de lo real está desde el comienzo en la enseñanza de Lacan, no sólo en la última que es cuando desarrolla la teoría de los nudos. Yo voy a hacerles un pequeño rastreo en algunos de los seminarios de Lacan en donde aparece lo real y cómo. No me voy a detener demasiado, pero para que por lo menos ustedes vayan teniendo esa referencia.

En El Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, 1954-5, Lacan plantea lo real como algo externo a la articulación simbólico-imaginaria que él empezaba a hacer en su relectura de Freud.

¿Recuerdan cuando vimos los paradigmas del goce? Bueno, en los primeros paradigmas lo real estaba sin hacerlo operar en la clínica y muy poco en la teoría.

Más adelante, en el seminario de las psicosis, de 1955-6, ahí ya aparece lo real funcionando en el aparato psíquico. ¿Y cómo aparece? a partir de la forclusión del Nombre-del-padre. En este seminario plantea la metáfora paterna para explicar la cuestión de la neurosis y la psicosis. Lacan habla de la metaforización del deseo de la madre y cómo el Nombre-del-padre es el que viene como S2 a sustituir al deseo de la madre y a significarlo, sobre todo diciendo que el deseo de la madre es el falo. Eso permite, a través de esta operación de metaforización, sacar al niño del lugar de objeto de deseo.

Cuando hablamos de deseo de la madre es porque la madre está ya atravesada por la castración, hay algo que a ella le falta y quien viene a colmar esa falta es el niño. Entonces, ¿qué se hace a través de la metáfora? El padre se afirma como portador del falo y lo que la madre quiere es el falo; y aquí el niño es el sustituto del falo. El deseo del hijo, ya lo planteaba Freud, como sustituto del falo, que lo tiene el hombre y ella renuncia o, mejor dicho, acepta a regañadientes el no tenerlo pero se lo procura de otro modo: a través del hombre, es el hombre el que le da, el padre.

Entonces, lo que plantea Lacan aquí es el mecanismo de la forclusión, es decir, que el Nombre-del-padre no opera en la metáfora. Por lo tanto, la sustitución del niño por el falo no es posible y el niño queda como objeto del goce de la madre. Me gusta un término que no se usa, pero que lo he leído en muchos lugares que es la preclusión, que a mí me da una idea mucho más clara de lo que es la forclusión porque el pre indica algo anterior. Entonces, la preclusión implica que no ha sido atrapado, tomado por lo simbólico y lo imaginario. Quiere decir que no ha sido inscripta, a nivel de lo simbólico, la significación fálica que es lo que da el Nombre-del-padre. Si está forcluido quiere decir que no está ni en lo imaginario ni en lo simbólico, está en lo real.

Público: ¿Eso sería que el padre esté en lo real? Porque cuando se habla del padre en Lacan uno siempre lo ubica como simbólico. Cuando se hablaba, en la clase anterior, de un padre real… me sentía un poco descolocado.

 

Teresita Ruiz: Es normal. Quizá sea una forma de nombrarlo, lo que pasa es que son elaboraciones complejas que no se puede simplificar tan rápidamente. En El Seminario 4, La relación de objeto, habla sobre este tema, ahora llego ahí.

Antes quería concluir que en El Seminario 3 y en el escrito de Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan plantea el real de otra manera. Aparece lo real a través de la forclusión del Nombre-del-padre y dice también que lo real es lo que vuelve al mismo lugar, se repite. Plantea que esta repetición de lo real es equivalente a la fijación freudiana. Para Freud fue todo un tema encontrarse con eso que no dejaba de insistir: esa fijación, el goce, el ombligo del sueño. Entonces, Lacan utiliza una metáfora que es la de los astros y plantea que en la antigüedad se dejaban guiar por los astros: uno ve, esté donde esté, que el sol sale, era lo que se repetía, era eso lo real en ese momento. Y cuando algo alteraba esto de los astros se enloquecían –por ejemplo, las profecías del fin del mundo con los eclipses-.

Ya en El seminario 4 plantea tres formas de la falta: privación, frustración y castración; y ahí hace operar al padre real como el agente de la castración. Desarrolla la relación entre la función paterna con cada uno de esos mecanismos: privación, frustración y castración, y concluye que el agente de la castración es el padre real. Y me llamaba la atención porque yo siempre lo pensaba como el padre simbólico. Pero para Lacan es el padre real porque es el padre que nadie puede encarnar, es alguien que puede operar o producir la falta en lo simbólico. La falta en la castración es simbólica porque en lo real no falta nada.

Aquí, a diferencia del seminario 3, ya no restringe la cuestión del Nombre-del-padre sólo a la metáfora y a la forclusión del NP donde aparecería lo real, sino que lo hace entrar al padre como un real.

¿Por qué un padre real? Es difícil para mí explicarlo, pero lo voy a intentar. No hay nadie que pueda encarnar una función tal que haga –y ahí Lacan planteaba que él nunca se conformaba con el mito y trata de despegar al padre de lo mítico y de lo ontológico, nunca se conforma con la simbolización y el lenguaje, había para él algo que todavía no podía formalizar, algo de lo que no podía dar cuenta; y el esfuerzo de él era ir avanzando y forzando las cosas para poder darle otros giros, una especie de avance en espiral o rulo para oponerlo a un avance lineal-, que haga, salvo el padre muerto, de absoluto. ¿Quién puede ocupar ese lugar de absoluto? Entonces, como nadie está al alcance, como nadie puede cumplir acabadamente con la función paterna, le pone real. Es al menos lo que yo entiendo.

 

Público: Yo a la cuestión del padre real lo entendía como el padre de la realidad.

Teresita Ruiz: Esa era una interpretación de muchos analistas y con la que en algún momento se manejaban. Pero cuando se ha ido afinando la lectura de los seminarios de Lacan, han concluido que este padre no era el de la realidad. Pero si se confunde porque ¿cuál es el padre de la realidad? ¿Qué es la realidad? La realidad se plantea a partir de lo simbólico y lo imaginario.

Inés Contreras: Como la cuestión de la percepción-conciencia que se toma desde Freud, en la que se basa mucha gente y generan la teoría del yo. El yo como amo y señor, de que la percepción era lo consciente, pero no era para todos así, no es universal.

Teresita Ruiz: Bien, avanzamos. En El Seminario 5, Las Formaciones del Inconsciente, Lacan habla de los tres tiempos del Edipo. Algo que me resonaba cuando preparaba la clase de hoy era como se repite el número tres: son tres formas de la falta, tres tiempos del Edipo y luego tres registros. Todo parte, como les decía anteriormente, del esfuerzo de Lacan por precisar, rodear, cernir eso que escapaba a lo imaginario-simbólico y que como no se sabía muy bien qué era le dice real.

Se nota el esfuerzo en estos primeros años de la enseñanza en despegarse del mito y pasar a la lógica o a los símbolos matemáticos. Pone mucho esfuerzo en la simbolización pero ya no en la mitologización, que es lo que Freud había encontrado para explicar lo que veía en la clínica. El único modo de tener acceso a lo real o al goce es a partir de la palabra, es decir, de la simbolización y la elaboración que uno va haciendo en el análisis desde el comienzo. Ahora, si uno tiene en el horizonte algo que no pasa por ahí, que no pasa por las historias que nos contamos acerca de nuestros orígenes y de las causas de nuestros sufrimientos, si uno tiene en el horizonte que no es sólo eso, que hay algo que tiene que ver con un innombrable, con cómo uno, en esa insondable decisión del ser, ha tomado del Otro del lenguaje y cómo eso ha impactado en uno. Qué de eso lo toca a uno y qué hace uno con eso. Es decir, no es solo un “me han querido mucho o poco, tonta o inteligente, etc.” sino cómo eso impacta en el cuerpo, lo cual es un misterio. Me encanta esa expresión, porque uno a veces tiene la locura de querer saber todo y no es así, hay cosas que no se sabe por qué. Con el autismo pasa algo de eso, hay puntos donde hay que aceptar, al menos provisoriamente, un “no sé”. Lacan mismo consideraba que había muchas cosas que no sabía y por eso define lo real como lo imposible, es decir que sólo vamos a poder decir algo de eso, no todo.

Público: O como una experiencia.

 

Teresita Ruiz: Exacto, esa es otra forma de nombrarlo, una experiencia. Es como lo explicaba Inés. Lacan, al igual que los genios que conocemos en la cultura, sabía tomar algo de la civilización para hacer algo propio. Lo real es algo que toma de la filosofía, del polaco Émile Meyerson. En esta época los filósofos estaban muy ocupados preguntándose qué era lo absoluto, lo ontológicamente absoluto, la verdadera cosa en sí. Eran los filósofos los que estaban discutiendo sobre lo real, que era para ellos el absoluto ontológico. Yo me preguntaba de dónde saca Lacan el término de real, ¿por qué no usa otro término, por qué elige este que se confunde tanto con realidad? Entonces, rastreando me encuentro que lo toma de Meyerson. Y el sinthome es eso. Una de las definiciones que da Miller del sinthome: “es una tautología de lo singular”, la cosa en sí, lo absoluto o incomparable. Si es incomparable, ¿qué más decir sobre eso más que decir lo mismo? por eso es tautología. Es lo más singular, lo único. Aunque aclaro que el sinthome no es lo real, pero toca lo real, ya lo vamos a ver en la articulación de los nudos.

Por eso toma a Joyce, porque dice que él hace algo único, incomparable. Cada uno tiene su punto de real, cada cultura incluso tiene su punto de real y de incomparable. Y lo incomparable es innombrable porque para nombrar se necesita la lógica de la oposición. Uno debe tener dos elementos para poder hacerlos existir, no es sólo uno sino dos. La lógica del significante es una lógica binaria.

Público: Hay un texto de Freud que ya habla de eso: El doble sentido antitético de las palabras primitivas.

Teresita Ruiz: Tal cual. Después Levi Strauss lo retoma y luego Lacan lo retoma de Levi Strauss. Lo que Levi Strauss decía es ¿cómo podemos decir noche si no existe el día? Es decir, uno necesita la oposición, el par. En cambio, esto es lo que no hay cuando hablamos de lo absoluto e incomparable.

Público: En cuanto a esa discusión entre el padre real y la realidad, y sobre lo que hablaba de dónde saca Lacan el concepto de real, en el nombre de surrealismo se puede tomar el “su” como lo único, como “su real”, y el “ismo” es una tendencia de orientación innovadora, principalmente en las artes, que se opone a lo ya existente.

Teresita Ruiz: Que interesante, porque esto que planteas da pie para seguir por esta misma línea. Los filósofos estaban pensando sobre qué era lo real y había toda una corriente de pensamiento y artística como el surrealismo que ya lo había introducido Inés.

Continuemos. Estábamos hablando del seminario 5 pero vamos a hacer un salto, para que no se extienda demasiado. En El Seminario 10, por ejemplo, Lacan empieza a construir ya lo que él denomina –creo que en El Seminario 11– su propia creación, su propio concepto, que es el objeto a; con lo que empieza a separare de Freud. El objeto a, en este momento, es algo que se acerca mucho a lo real. No es exactamente lo real pero es muy afín, y aparece la angustia como una orientación, una señal o, como digo yo, una vía regia –así como el sueño es la vía regia del inconsciente- hacia lo real.

La angustia, el único afecto que no engaña acerca de lo real. En este vacío de significación y de imagen, lo único que nos guía es la angustia. En este seminario, Lacan va encontrando maneras de cernir o acotar algo de esto que al principio quedaba como excluido de sus elaboraciones y le da el nombre de objeto a. Es otro intento de atrapar eso innombrable.

Hasta El Seminario 20 –así como hasta El Seminario 10 podría decirse que es la primera enseñanza- se puede hablar de la segunda enseñanza, en donde ya lo real está mucho más trabajado con la cuestión del objeto y donde lo simbólico ya no tenía el mismo peso que antes.

Aquí lo que plantea es que hay goce, que lo más importante no es lo simbólico, sino que a lo que hay que atender es a eso que no es simbolizable. Lacan sostiene que lo que hay es el goce y que lo demás son invenciones, por lo tanto casi todo pasa a la categoría de semblante. Es decir, el falo, el Nombre-del-padre, el amor, todo pasa a la categoría de semblante porque lo único que verdaderamente hay es el goce.

Se puede ver como a lo largo de toda su enseñanza va intentado precisar esto. El Seminario 20, al igual que el 11 son bisagras en este sentido. Y en especial el 20, porque hasta el 17, por ejemplo, estaba articulado el goce con los discursos. El goce era un goce discursivo, había relación entre lo simbólico y lo real. Pero en El Seminario 20 ya no hay relación.

Público: La relación que se ve en El seminario 20 es la del goce sentido, en el propio cuerpo. Cómo el significante muerde el cuerpo y hace signo en un goce particular, circular.

Teresita Ruiz: Claro, pero el goce-sentido, hay que tener presente, es porque se siente en el cuerpo, no es el sentido de la significación o el sentido de lo simbólico.

Público: Se ve mucho de esto en el autismo, donde hay un goce sentido, una mordedura del significante. Y de lo que se trata, entonces, es que se pueda mover algo de ese goce-sentido por otros y articular algo que sólo se puede a través de lo simbólico.

Público: En este sentido, ¿se puede decir que la angustia es el goce? Por lo que decías de que todo lo demás es semblante ¿qué es lo que no sería un semblante, la angustia?

Teresita Ruíz: Lo real no es semblante. La angustia es un afecto que indica que ahí hay un real que no ha sido elaborado o atrapado por lo simbólico y de lo que uno no puede decir nada. Entonces, sí tienen que ver, pero no podríamos decir que la angustia es lo real. La angustia está muy en el cuerpo, para mí la angustia está entre lo imaginario y lo real. Indica que ahí está lo real pero se siente en el cuerpo, que es lo imaginario. Por lo tanto, la angustia es lo que nos va a ir acercando a lo traumático, a lo que hace sufrir al sujeto, porque lo hace sufrir eso que no ha podido ser atrapado.

Hasta aquí El Seminario 20. En El seminario 22, RSI, parte ya de la ultimísima enseñanza junto con el 23 y La tercera que es una ponencia de Lacan. Aquí ya se plantea la cuestión del nudo borromeo. Entramos primero al nudo de tres.

Pero antes de avanzar, me gustaría decir algo más sobre lo que venimos diciendo de lo real. Primero, que hay una equivalencia entre los tres registros, lo cual es fundamental. Ya no hay una primacía de lo simbólico, como en la mayor parte de su enseñanza, sino que los tres registros tienen un mismo valor. Y los registros son las formas con las que uno estructura su percepción del mundo, la realidad. Es el modo de enmarcar todo lo que existe. Yo lo entiendo como las tres dimensiones del espacio: profundidad, ancho y largo. Sin esto este mundo, que es tridimensional, no existiría, no sería posible captar o decir algo de la realidad humana. Todo lo que tiene que ver con la realidad es virtual o, como él lo dice, ilusorio, ficcional.

Otra cosa que quería mencionar, aunque creo que ya lo había dicho Inés, es que lo imaginario tiene que ver con la consistencia y con el cuerpo. Y una noción, que no he podido rastrear muy bien para explicarla pero veamos si lo podemos trabajar juntos, la de lo simbólico que muchas veces es planteado como un agujero o falso agujero ¿Por qué un agujero? Lo simbólico que es el registro del universo de los significantes, de las palabras, del lenguaje y sin embargo en algunos lugares se habla de lo simbólico como falso agujero. Me parece que puede tener que ver este agujero con la falta, es decir, tenemos todo este universo simbólico y sin embargo algo siempre falta, algo que no se puede decir.

Inés Contreras: Quizá tiene que ver con cómo él viene avanzando desde la teoría freudiana. Es como que el sueño de los científicos de la época era llegar a algo, a un punto que sirva para todos. En cambio Lacan siempre va a dudar de ese para todos que quiere la ciencia, siempre hay algo más.

Público: ¿No tiene que ver con el ingreso del lenguaje que siempre deja un agujero?

Teresita Ruíz: Yo también intentaba pensarlo así, pero el agujero que hace es un agujero en lo real, introduce una falta en lo real. Pero al mismo tiempo es cierto que no está todo simbolizado. Y cuando veamos la intersección de los registros vamos a ver que hay en lo simbólico una intersección con lo real. Es raro, tampoco es lo mismo falta que agujero.

Público: Es raro lo simbólico como agujero, porque siempre lo simbólico es lo que bordea al agujero.

Público: Puede tener que ver también con cómo lo simbólico siempre hace agujero en el cuerpo, agujerea el cuerpo.

Teresita Ruíz: Si, esa es la función de lo simbólico, agujerear. Pero ¿por qué lo simbólico como agujero? Es algo que me queda en suspenso.

Bien, ahora me gustaría darles algunas definiciones sobre lo real. ¿Qué más es lo real? Es la pérdida de la naturalidad entre los sexos, es decir, que no hay una complementariedad como en los animales. El animal sabe muy bien cómo relacionarse con el otro sexo, en cambio los humanos no sabemos y vamos tomando de los otros orientaciones, construcciones, pero nunca se logra la complementariedad, siempre algo va a fallar.

Son modos de nombrar lo real: la no complementariedad entre los sexos, el no hay relación sexual. Es un modo de decir lo real en un sentido universal, porque para todos los seres hablantes hay una pérdida de naturalidad entre los sexos.

Un modo más particular de decir lo real es tomando las estructuras clínicas donde siempre hay un real en juego. Hay que ver cuál es ese real en juego de un modo más particular. Y lo más singular, por supuesto, es el sinthome. También aquí hay que aclarar que el sinthome no es lo real, pero articula.

¿Por qué histeria, obsesión, psicosis? ¿Por qué tienen que ver con lo real? Lo más interesante en cuanto a los registros es que a través de ellos uno puede releer todo, por eso son tan operativos. Nos sirven para leer todo lo que sucede, por eso hacía referencia a lo del espacio, donde uno no puede hacer referencia sin tener en cuenta la altura, el ancho y la profundidad.

Inés Contreras: Y además que están presentes desde el inicio de la enseñanza hasta el final.

Público: En cuanto a lo más singular de un sujeto se puede pensar la huella dactilar.

Teresita Ruíz: ¡Claro! Podríamos decir, entonces, que en un análisis lo que uno busca es la huella más singular de cada sujeto. De todos modos, la huella y el sinthome recorren los tres registros, tienen algo de real, algo de imaginario y algo de simbólico. Es pertinente, sin embargo, decir que se trata de lo más propio.

Se darán cuenta que mientras más intentamos decir qué es lo real, más decimos lo que no es. La muerte, el trauma, son los reales con los que siempre nos confrontamos y es lo que uno, en el análisis, intenta siempre bordear desde las palabras.

Otra definición es la de lo indeterminado o incontrolable, como el azar. La paradoja es que es un “no fundamento” inmanente al lenguaje, es decir, para que tengamos el lenguaje tiene que haber algo que no exista. Porque si no hay algo que no exista, no habría la existencia.

Pasemos a la teoría de los nudos. Lacan la plantea para decir: los sujetos se sostienen de estos anudamientos entre los registros simbólico, imaginario y real, de lo contrario no podríamos sostenernos en este mundo. Estamos articulados por esto: imagen (cuerpo), simbólico (lenguaje) y real (sin lo cual no existiría lo demás).

Entonces, ¿cómo representar esta unidad –no sé si sería la palabra adecuada-, esta articulación impuesta por ser seres hablantes? Bueno, Lacan toma los anillos borromeos. Estos anillos existían desde hace mucho.

Se lo vincula al uso que le daban los vikingos. También se lo usaba para representar a la santísima trinidad. Estos nudos borromeos era un tema que ha desvelado tanto a filósofos como a matemáticos por lo operativo que eran. De hecho, en el 2003, unos químicos crearon una molécula de 2,5 nanómetros –nanómetro es la millonésima parte del metro- y la pudieron hacer uniendo las moléculas de modo borromeo. Actualmente se investiga la aplicación del modelo borromeo en la electrónica. Todo esto es para que vean lo vigente que se ha mantenido el tema.

¿Cuál es la propiedad del nudo borromeo?  El nudo borromeo es indisoluble, salvo que se corte uno. Si se corta uno se sueltan todos. La unión hace a la fuerza. Se la llama propiedad bruneana, por ser Borromi quien descubre que lo característico es ese anudamiento indisoluble. Lacan plantea este modelo, en el seminario RSI, para la estructura de las neurosis como algo indisoluble, nudo irrompible. Es decir, en los neuróticos los registros no se nos sueltan, es esta articulación una armadura que nos sostiene en este mundo.

En El Seminario 23 ya no plantea los nudos como anillos rígidos, sino que son flexibles. Estos anillos como tales, no existen en la realidad. Son una ficción, porque los anillos no pueden intersectarse como éstos que nos muestra Lacan en el seminario del sinthome. Aquí ya no plantea a los tres registros en las neurosis como indisolubles, porque además en esta última enseñanza la cuestión de las neurosis, las psicosis y la perversión ya no son categorías con una relevancia importante. En este momento él intenta mostrar la articulación de estos tres registros en el ser humano. Y la forma en que se van a presentar las psicosis tiene más bien que ver con cómo se van anudando. ¿Por qué? Aquí los anillos aparecen como superpuestos, ya no anudados al modo borromeo. En el modo borromeo están todos intersectados, ahora están apilados, superpuestos, y aparece el sinthome como un equivalente a lo que en un momento era el Edipo o los nombres del padre.

Vemos que hay una reubicación de muchos de nuestros conceptos. Por ejemplo, el cuerpo sigue en lo imaginario pero intersectado por los otros registros, ya no se lo puede pensar desde una sola dimensión. El sentido también se relocaliza entre lo imaginario y lo simbólico, etc.

En fin, los tres registros nos sirven para poder ubicar toda la enseñanza, es lo que los vuelve tan interesantes. Es importante observar cómo sigue presente este esfuerzo, por parte de Lacan, por ir atrapando a través de esquemas, gráficos, nudos, algo de esto innombrable. Si antes se trataba de anillos, ahora de lo que se trata es de cuerdas; y el sinthome se ubica ahora como la cuarta cuerda, como el que anuda a los tres registros. El sinthome no es lo real, ni lo imaginario, ni lo simbólico, sino los tres. Lacan plantea que la estructura de este anudamiento es real. ¿Qué quiere decir con esto? Que no existe como consistencia o como materialidad. Nosotros usamos anillos, cuerdas, etc. para poder estudiarlo o ponerle palabras, pero no deja de ser una representación. La estructura de ese anudamiento es real. Entonces, lo que uno hace en el análisis fundamentalmente es captar primero el goce y el objeto a que está atrapado. Por eso uno, a partir de las palabras y del cuerpo –porque no es sin el cuerpo que uno va al analista-, intenta apresar algo, poder nombrar algo, poder decir cuál es el modo de goce pulsional. Ese goce pulsional, como está en intersección, participa o tiene algo de simbólico, algo de imaginario y algo de real.

Ciudalitica | 2018

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Clase n°2: «NEUROSIS, REPRESIÓN Y DEFENSA» Docentes: Gabriela Agostinelli, Sabrina Romera, Sebastián Ibañez.*

Clase n°2: "NEUROSIS, REPRESIÓN Y DEFENSA" Docentes: Gabriela Agostinelli, Sabrina Romera, Sebastián Ibañez.*

1° parte

Por Sabrina Romera

La primer referencia al tema se hará en relación a Freud, tomando un texto perteneciente al tomo Estudios sobre la histeria de 1893, llamado Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar. En este texto Freud se halla investigando, junto a Breuer, qué es lo que ocasiona las formas y los síntomas histéricos, lo que lo lleva a desarrollar una primera noción de trauma, constituyéndose esto como una primera etapa en Freud. En relación a los desencadenantes de los síntomas histéricos, dirá que “suelen tratarse de vivencias que al enfermo le resultan desagradables comentar, pero principalmente, a que en realidad no las recuerda, y hartas veces ni vislumbra el nexo causal entre el proceso ocasionador y el fenómeno patológico”.

Hay un factor accidental, un trauma psíquico, que comanda la patología de la histérica y establece una analogía con las neurosis traumáticas, en cuanto al afecto de horror, de angustia, vergüenza, dolor psíquico que puede ocasionar una vivencia.

El trauma psíquico, entonces, sería el agente provocador que desencadenaría el síntoma. El trauma, o su recuerdo, dirá Freud que “obra al modo de un cuerpo extraño que aún mucho tiempo después de su intrusión tiene que ser considerado como de eficacia presente”.

En este período, Freud se encuentra aún experimentando con el método de la hipnosis, a la cual le da todo su valor sosteniendo que “los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida y sin retornar cuando se conseguía despertar el recuerdo del proceso ocasionador, convocando al mismo tiempo el afecto acompañante, y cuando luego el enfermo describía ese proceso de la manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto. Un recordar no acompañado de afecto es casi siempre totalmente ineficaz”.

Este recuerdo que Freud quiere despertar a través de la hipnosis, ese nexo, corresponde a esos traumas que, dice, no han sido suficientemente abreaccionados. No se lo abreaccionó o no ingresó a la cadena asociativa.

¿De qué depende la pérdida de afectividad de un recuerdo? Depende de muchos factores, pero lo que más importa, dice Freud, es si frente al hecho se tuvo o no reacción, si frente a una determinada vivencia el afecto fue sofocado, ya sea por la naturaleza del trauma –por ejemplo, la muerte de un persona amada– o por el estado psíquico en el cual sobrevino la vivencia -por ejemplo, un estado paralizante, de terror, que imposibilitó reaccionar frente a lo que sucedía-. “Ambas clases de condiciones pueden desde luego conjugarse, y lo hacen a menudo”.

En el primer caso, cuando se tuvo reacción frente al hecho, dirá Freud que también puede tratarse de cosas que el enfermo, por la naturaleza misma del trauma, quería olvidar y por eso “adrede” las reprimió, desalojó, de su pensar consciente, las inhibió y sofocó. Es la primera vez que aparece el verbo reprimir con el sentido que luego tendrá para el psicoanálisis, pero es un período en que represión es empleado como equivalente de defensa. Hasta aquí entonces, represión y defensa son equivalentes, y el verbo reprimir va acompañado por un adverbio en sentido de “adrede”, “intencionalmente”. El acto de represión es introducido por un empeño voluntario, hay un motivo, lo que no implica que haya una intención consciente. La represión entonces es entendida más bien como un “querer olvidar”.

Respecto al segundo caso, el estado psíquico en que sobrevino el trauma, lo lleva a diferenciar en la histeria un estado de conciencia normal y otro patológico. Lo cual le permite hablar de una escisión de la consciencia, una doble consciencia, que existe de manera rudimentaria en toda histeria. El fenómeno básico de toda histeria entonces es la inclinación hacia la disociación.

Pasamos ahora al siguiente texto con el que se trabajó, titulado Sobre la psicoterapia de la histérica del año 1895, también en el mismo tomo, donde Freud se va a referir a la noción de defensa concretamente, sin distinguir claramente este concepto del de represión.

Respecto de la defensa dirá que surge frente a una representación que resulta inconciliable para el enfermo. Son representaciones patógenas, “de naturaleza penosa, aptas para provocar los afectos de la vergüenza, el reproche, el dolor psíquico, la sensación de un menoscabo, todas ellas de tal índole que a uno le gustaría no haberlas vivenciado, preferiría olvidarlas”. ¿De qué se defiende el enfermo? De una representación inconciliable, dirá, que provocó una fuerza de repulsión del lado del yo.

Luego, esta defensa prevaleció de hecho y la representación correspondiente fue esforzada afuera de la consciencia y del recuerdo. Así, en apariencia, era ya imposible pesquisar su huella psíquica. La representación entonces se habría vuelto patógena a causa de la expulsión y represión, -dirá, esfuerzo de desalojo-. Y más adelante agrega que el no saber de los histéricos era en verdad un “no querer saber, más o menos consciente y la tarea del terapeuta consistía en superar esa resistencia de asociación mediante un trabajo psíquico.”

Si en el texto anterior entonces se hablaba de un querer olvidar, aquí podemos nombrarlo como un “no querer saber”.

Más adelante en su texto, estamos ahora en la página 286 donde se refiere a estas resistencias, especialmente a los casos en que aparece bajo la forma de un menosprecio, en el sentido de “ahora se me ha ocurrido algo pero no vale para nada”, esto no es importante, etc. Dirá que en estos casos siempre se debe agudizar de manera especial el oído, ya que es, en efecto, signo de “una defensa lograda” y agrega: “De ahí que uno pueda inferir en qué consistió el proceso de la defensa: en tornar débil la representación fuerte, arrancarle el afecto”.

Tenemos entonces hasta aquí el “no querer saber” y esto último que agrega, “arrancarle el afecto” a la representación como el proceso de la defensa.

Vamos ahora al texto Representaciones inconscientes e insusceptible de consciencia. Escisión de la psique. Este texto tiene su importancia ya que aquí va a plantear una diferencia con respecto a lo que se vio en la Comunicación preliminar, donde hablaba de una doble consciencia en los casos de histeria. Lo importante de este texto es cómo Freud detenta que existe esta escisión, pero que la misma no es con respecto a la consciencia sino a la psique. Es la psique la que está dividida, por eso algunas representaciones son inconscientes y otras insuceptibles de consciencia. Con respecto a estas representaciones insusceptibles de consciencia, que lo trabaja ya en Psicoterapia de la histérica, dirá que son patológicas:

la actividad psíquica representadora se les descompone en consciente e inconsciente, y las representaciones en susceptibles y insusceptibles de consciencia. No podemos entonces hablar de una escisión de la conciencia pero sí de una escisión de la psique.

El pensar consciente no pude influir sobre las representaciones subconscientes ni rectificarlas. Sin embargo, estas representaciones subconscientes provocan fenómenos somáticos, es decir que tienen una incidencia actual.

¿Por qué está condicionada esta escisión de la psique? Dice Freud que puede ser debido a la defensa:

el voluntario extrañamiento de la consciencia respecto de unas representaciones penosas. Pero ello sólo sucede en ciertas personas, a quienes por eso debemos atribuir una peculiaridad psíquica. El hombre normal consigue sofocar esas representaciones, y entonces ellas desaparecen por completo; o no lo consigue y entonces le vuelven a aflorar una y otra vez en la consciencia.

Y conjetura la posibilidad de que la defensa no sólo haría inconsciente unas representaciones singulares sino que consumaría una real y efectiva escisión de la psique.

 

2° parte 

Por Sebastián Ibañez

Los textos de Freud que se trabajarán en esta parte de la clase, son: Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa  (1896), Las neurosis de defensa (1896), La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898), La represión (1914)

Durante este periodo de investigación y de elaboraciones teóricas, comprendido entre 1896 hasta 1914, Freud va diferenciando y cerniendo más aún sus  conceptos a medida que se va encontrando con los impasses y dificultades en la práctica y campo clínico. Asimismo, además de ir estableciendo diferenciaciones, va otorgando más valor y sentido a ciertos descubrimientos y va dejando de lado otros.

Especifica los mecanismos psíquicos de las neurosis, en su escrito Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa del año 1896, donde afirma: “he reunido la histeria, las representaciones obsesivas, así como ciertos casos de confusiones alucinatorias aguda, bajo el título ‘neuropsicosis de defensa’”, porque “se había obtenido para estas afecciones un punto de vista común a saber – ellas nacían mediante el mecanismo psíquico de la defensa (inconsciente) […]”.

Defensa que, como lo menciona Freud, sería la encargada de desligar el afecto de la representación. Dicho afecto emprendería los caminos del cuerpo en la histeria, o bien se mudaría en reproche en la obsesión. La noción de defensa constituye el centro nodal y alrededor del cual irá desplegando sus elaboraciones. Si bien en escritos anteriores la menciona, aquí logra otorgarle su justo lugar.

De este modo va ampliando los mecanismos desde la histeria hacia la neurosis obsesiva,  hasta llegar a la neurosis de angustia. Confiere un valor fundamental y un lugar esencial a lo sexual como etiológico y constitutivo de las neurosis. En su escrito La sexualidad en la etiología de la neurosis del año 1898, afirma: “He llegado en los últimos años al discernimiento de que unos factores de la vida sexual constituyen las causas más próximas y de mayor sustantividad practica en todos los casos de afecciones neuróticas […]”.

Tal como se mencionó, le confiere una alta importancia a lo sexual, en tanto que a esta altura Freud sentenciaba que para la constitución de las neurosis era necesario y de fundamental presencia la existencia de unas “vivencias sexuales traumáticas” de la “primera  infancia” y por tanto no sabidas por los pacientes. De este modo, circunscribe elementos y tiempos lógicos que le permiten poder avanzar en la teorización de las neurosis y sobre todo en su causación. Menciona que no bastaría un momento cualquiera para despertar la neurosis sino que, “es preciso que estos traumas sexuales correspondan a la niñez temprana”, dando lugar  a la noción de dos tiempos para la causación de la histeria: uno que tiene que ver con una vivencia en un tiempo posterior a la pubertad, y que dicha vivencia reanime o despierte la “huella mnémica” de un primer tiempo de la infancia. Es decir que no bastaba con un momento actual para que se despierte la neurosis sino que era necesario este momento anterior de la temprana infancia.

Si bien aún no cuenta con la noción de pulsión como concepto en sí mismo, ya Freud empieza a hablar de “influjos sexuales nocivos”, de “representaciones inconciliables”. Al respecto dirá: “no puedo indicar con seguridad el límite máximo de edad hasta el cual un influjo sexual nocivo entra en la etiología de la histeria”. A lo largo de todos sus escritos cobra un valor fundamental el factor “quantum”, en relación con la cantidad de energía psíquica. En efecto, definirá al trauma como una cantidad de energía que no ha sido ligada psíquicamente. A la par que va situando los mecanismos constitutivos de las neurosis a partir de la histeria, va ampliando su horizonte y especificando hacia la neurosis obsesiva dando cuenta de sus particularidades y diferencias con la histeria.

Sitúa una pasividad en la histeria respecto a cómo fue vivida esa “vivencia traumática”, sosteniendo lo siguiente: “halle cumplida esta condición especifica de la histeria –pasividad sexual en periodos pre sexuales- en todos los casos de histeria analizados (entre ellos hombres) […]”. Y del lado de la neurosis obsesiva sitúa una diferencia sustancial con respecto a esta, ya que menciona en la misma unas “[] agresiones ejecutadas con placer y de una participación que se sintió placentera”. Es decir, que lo que se vivió placenteramente, una vez pasada la pubertad, retorna a modo de “reproche”, “punición” y culpa. De este modo, para Freud las representaciones obsesivas serian siempre “reproches” que retornan de la represión.

Hasta estos escritos empieza a mencionar la represión no aun como un mecanismo psíquico especifico en sí mismo sino como un modo de defensa.  A esta altura de sus elaboraciones represión y defensa son sinónimos. Pero esto sería hasta su escrito La represión del año 1915, escrito que le permite avanzar hasta llegar a una conceptualización propia de la represión como mecanismo psíquico en sí mismo, que fue desarrollado unos meses posterior a Las pulsiones y sus destinos en donde logra definir la pulsión.

Es decir, que para poder especificar la represión como un mecanismo psíquico en sí mismo, mecanismo que recaería exclusivamente sobre la moción pulsional y el cual tendría como objetivo fundamental “rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella”, era necesario primero poder definir la  pulsión y, a su vez, tener una nítida separación entre consiente e inconsciente, que hasta esta altura no lo tenía como sistema tópico.

En este mismo escrito supone la existencia de una represión primaria y fundante que, tal como lo menciona Freud, “consiste en que a la agencia representante psíquica de la pulsión se le deniegue la admisión en la conciencia, estableciéndose una fijación” y luego “una segunda etapa de la represión, la represión propiamente dicha recae sobre los retoños psíquicos de la agencia representante reprimida .o sobre otros elementos que han entrado en un vínculo asociativo con ella”.

Así, la noción de defensa se ubica como anterior a la de represión. Ya no son dos términos indistintos, como Freud los usaba antes de este escrito.

Desarrollará también conceptos fundamentales como “Formación de compromiso”,  una suerte de nuevo “compromiso” o pacto para que estas representaciones inconciliables ingresen a la conciencia, con la condición de que ingresen de manera “desfigurada”. En Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa dirá que:

los recuerdos reanimados y los reproches formados desde ellos nunca ingresan inalterados en la conciencia, lo que deviene consiente como representación y afecto obsesivo, sustituyendo al recuerdo patógeno en el vivir consiente, son unas formaciones de compromiso.

El  ejemplo de ello serían las representaciones obsesivas, que serían “reproches” mudados, y los síntomas histéricos, inervaciones, parálisis etc.

Formación de compromiso, represión y defensa parecen ser conceptos que van iluminando el camino que va trazando Freud en la búsqueda de un sentido, trazando trozos de saber, piezas sueltas, ya que a medida que avanza en un sentido, se encuentra con un agujero en el saber por el otro.

 

3° parte  

Por Gabriela Agostinelli

Para el desarrollo de esta parte retomaremos los siguientes textos: Lo inconsciente de 1915, la Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma de 1915-1917, Neurosis y Psicosis de 1924, Conferencia 31: la descomposición de la personalidad psíquica de 1932,

Se tomará como primera referencia el texto Lo inconsciente (1915). El antecedente del presente texto es La interpretación de los sueños de 1900. En él desaparece por completo la explicación neurológica de la psicología y queda establecido de una vez para siempre el inconsciente, mostrando como este trabaja. En el texto Lo inconsciente Freud retoma y amplia esta conceptualización.

De la represión dirá que “no consiste en cancelar, en aniquilar una representación representante de la pulsión, sino en impedirle que devenga consciente”. Aquí, el rechazo está del lado de la conciencia, quedando ésta en el estado de lo inconsciente como una cualidad. A partir de esto dirá que lo reprimido es sólo una parte del inconsciente, pero no recubre todo lo inconsciente. Se hace la pregunta acerca de cómo podemos llegar a conocer lo inconsciente, y dirá que conocemos a lo inconsciente sólo como consciente a partir de una traducción que el trabajo analítico hace posible.

Va a decir que tanto en sanos como en enfermos hay actos psíquicos de los que la conciencia no es testigo, declarando que los procesos anímicos son inconscientes. La condición de inconsciente como marca de lo psíquico no es suficiente para establecer su característica. A partir de esto sustituye en un sentido sistemático conciencia por Consciente, inconsciencia por Inconsciente y le agrega el aspecto dinámico.

Un acto psíquico pasa por dos fases, entre las cuales opera una censura: en la primera es inconsciente, pertenece al sistema Inconsciente y si no pasa la censura se llamara reprimido; y si sale airoso susceptible de conciencia a esto lo llama preconsciente y en el sentido sistemático Preconsciente. Con estos sistemas tópicos más lo dinámico de los procesos anímicos se separa el psicoanálisis de la psicología descriptiva de la conciencia. Ubica estos sistemas no en un sentido anatómico, no en la anatomía, pero si en el cuerpo.

Si bien hay un divorcio tópico entres los 3 sistemas, una representación puede estar presente al mismo tiempo en dos lugares del aparato psíquico. “Transcripciones diversas y separadas en el sentido tópico pero de un mismo contenido”.

La cancelación de la represión sobrevendrá si la representación consciente, tras vencer las resistencias, entra en conexión con la huella mnémica inconsciente, y cuando esta se haga consciente, he ahí el éxito. Esto se logra si el analista le comunica la representación que reprimió.

Posteriormente, en la Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma (1915-1917), con lo primero que nos sorprende Freud es con la afirmación de que “todos somos neuróticos”, “puesto que las condiciones para la formación de síntomas pueden pesquisarse también en las personas normales”. Estos síntomas neuróticos son el resultado de un conflicto que se libera “en torno a una nueva modalidad de satisfacción pulsional”: las dos fuerzas enemistadas se reconcilian por medio de la formación de síntoma, por eso es tan resistente.

Aquí introduce el concepto de libido, su funcionamiento y cómo colabora en quebrantar la represión. Entonces, lo que causa la neurosis es que la libido insatisfecha, rechazada de la realidad, busca otros caminos para la satisfacción respondiendo al principio de placer: emprende la regresión a los puntos de fijación. Si esta regresión despierta contradicción en el yo, pues habrá neurosis.  Habla de una libido nostálgica: “todo tiempo pasado fue mejor”, por esto su carácter inmutable. Esta transfiere su energía a las representaciones pertenecientes al sistema inconsciente y está sometida a los procesos de condensación y desplazamiento.

Se preguntará: ¿Dónde halla la libido las fijaciones que le hacen falta? La respuesta la encontrará en las vivencias de la sexualidad infantil. Su importancia es que por primera vez despiertan las orientaciones pulsionales que el niño trae consigo en su disposición innata, por pertenecer a la raza humana, por ende un ser sexuado y, a su vez, por vivencias “puramente contingentes” de la infancia -ya no habla aquí de la teoría de la seducción-, que son capaces de dejar como secuelas fijaciones de la libido.

Entonces, la neurosis es efecto de Constitución Sexual (vivenciar prehistórico) sumándole el Vivenciar infantil, que darán como resultado la predisposición por fijación libidinal. A esto se le suma el Vivenciar accidental traumático del adulto. Lo interesante es que Freud se plantea si estas vivencias libidinales no tuvieron importancia en ese momento y si solamente adquiere relevancia por regresión. Hablará de las neurosis infantiles: se contrae la enfermedad como consecuencia directa de las vivencias traumáticas. Si estalla la neurosis más tarde, vía el análisis se descubre es la continuación directa de esta neurosis infantil que estaba velada. 

Así hace presente que entre la intensidad y la importancia patógena de las vivencias infantiles y las más tardías existe un carácter de complementariedad.

Sostiene Freud, posterior a esto, que el neurótico queda adherido a un punto de su pasado y que el síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de la infancia, que al ser desfigurada por la censura nace el conflicto y aparece el sufrimiento. El síntoma, entonces, aparece como algo irreconocible.

Hay hechos de la infancia que pertenecen al “patrimonio indispensable de la neurosis”, que él escuchaba en el historial juvenil: la observación del comercio sexual entre los padres, la seducción de una persona adulta (sobre esta terminará diciendo que en realidad es la manera de encubrir el periodo autoerótico del quehacer sexual) y la amenaza de castración, con la prohibición de la satisfacción autoerótica. 

Continúa diciendo que estas escenas infantiles no siempre son verdaderas sino que son parte de la realidad psíquica, en oposición a una realidad material y dirá que “en el mundo de las neurosis la realidad psíquica es decisiva”.  Toma aquí a la fantasía: su fuente viene de las pulsiones y, por medio de estas, se logra una satisfacción. Aspiran al placer, no sólo sexual. Al respecto, dirá que “los objetos y orientaciones de la libido resignados no lo han sido por completo, son retenidos con cierta intensidad en las representaciones de la fantasía, encuentra en ella el camino a cada fijación reprimida”.  Posteriormente, declarará que la retirada de la libido a la fantasía es un estadio intermedio del camino hacia la formación del síntoma: colabora con la libido para quebrantar las represiones.

A partir de lo cual sostiene que no sólo hay que tener en cuenta el aspecto dinámico en el desencadenamiento etiológico, sino que se le debe sumar lo económico. “El conflicto entre dos aspiraciones no estalla antes que se hayan alcanzado ciertas intensidades de investidura, por más que preexistieran las condiciones de contenido”. En relación a esto último, dirá que las disposiciones de todos los seres humanos son de igual genero cualitativo y solo se diferencia por proporciones cuantitativas.

En Neurosis y Psicosis (1924) aparece la novedad de que la neurosis es el resultado de un conflicto entre el Yo y el Ello. Aquí, el Yo se defiende de las mociones pulsionales provenientes del Ello por medio del mecanismo de represión. “Lo reprimido se revuelve contra ese destino y siguiendo caminos sobre los que el yo no tiene poder alguno, se procura una subrogación sustitutiva que se impone al Yo por vía del compromiso el síntoma”. Da otro giro y va a sostener que el Yo responde a los dictados del Superyó. Del cual dirá que sus reclamos poseen más fuerza que las exigencias pulsionales del Ello. 

Así, tanto la neurosis como la psicosis son generadas por un malogro de la función del Yo. Esto dependerá de las constelaciones económicas, de las magnitudes puestas en juego. Empieza a sospechar que hay un enlace del Superyó y el Ello, pero aun no puede precisarlo.

En la Conferencia 31: la descomposición de la personalidad psíquica (1932), Freud gira su atención de lo reprimido a lo represor. Lo llamará Superyó y tendrá como función la conciencia moral y la observación de sí, con un patrimonio energético autónomo del Yo. Lo cualifica como severo y hasta cruel. Va a decir que este no está desde el inicio como la vida sexual, porque el niño es amoral, no posee inhibiciones: solo quiere alcanzar el placer. Así es como afirma que el Superyó es desempeñado primero por la autoridad parental y que, de manera secundaria, en ese lugar de la instancia parental aparece el Superyó. Esta trasmutación se realiza por identificación, a la cual diferencia de la elección de objeto. No es lo mismo querer ser como el padre que querer poseerlo. Le va a agregar que es también el portador del Ideal del yo con el que el yo se mide. Va a sostener que en realidad el Superyó se construye no sobre los progenitores sino sobre el Superyó de ellos. Así el superyó aparece como heredero del complejo de Edipo.

Continuando, referirá que “toda la teoría psicoanalítica esta edificada sobre la percepción de la resistencia que nos ofrece el paciente cuando intentamos hacerle consciente su inconsciente”. El paciente no sabe nada de ella sólo que traba sus ocurrencias, su resistencia era inconsciente, tan inconsciente como lo reprimido, no sabe de sus contenidos y para saber necesita de cierta labor. Entonces, “a lo reprimido tenemos que atribuirle más bien una intensa pulsión aflorante, un esfuerzo por penetrar en la conciencia”. Con lo cual, sectores del Yo y del Super yo son inconsciente. A partir de esto, no llamará sistema inconsciente al ámbito ajeno al yo sino que empieza a nombrarlo en el sentido sistemático como Ello: parte oscura, inaccesible, lo que sabemos de él es por medio de los sueños, los síntomas neuróticos. En su extremo está abierto a lo somático: ahí acoge las necesidades pulsionales, se llena de energía de las pulsiones, busca la satisfacción de ellas según el principio de placer. En él no hay nada equiparable a la negación, es atemporal y lo componen mociones de deseo que nunca salieron de allí, tanto como aquellas que fueron hundidas por la represión, que no continúa en el Ello sino que lo reprimido confluye en él. Son virtualmente inmortales y se comportan aun por décadas como acontecimientos nuevos. En cuanto al factor económico, la energía de las mociones pulsionales es movible y susceptible de descarga, por eso se producen aquí los desplazamientos y condensaciones y prescinden completamente de la cualidad de investido.

El Yo entonces se constituye como aquella parte del Ello modificada por el mundo exterior, sustituyendo el principio de placer por el de realidad. Tendencia a la síntesis y unificación (estadio del espejo). El tiempo, la razón y la prudencia en lo dinámico son endebles, toma prestado del Ello sus energías. El Superyó se sumerge en el Ello como heredero del complejo de Edipo, y el Ello comercia con el mundo exterior solo a través del Yo. No se deben entender como fronteras tan tajantes.

Se podría sintetizar diciendo que para Freud la neurosis surge del conflicto entre pulsión y defensa, cuando esta fracasa la pulsión logra cierta satisfacción, que es lo que Lacan llamará goce.

El Síntoma, entonces, logra satisfacer a la vez la pulsión y la defensa. Logra satisfacer a la pulsión a pesar de las prohibiciones y a través de ellas al Superyó y aparece el síntoma aquí como conflicto.

Llegados hasta aquí, en lo que sigue se trabajará, a partir del primer y último Lacan,  algunos mojones y puntuaciones en torno a neurosis, represión y defensa. Veamos.

En un primer tiempo, Lacan sigue más de cerca a Freud, se podría decir al modo de un traductor. En el seminario 4 formaliza el concepto del falo y en el 5 aparece el Nombre del Padre como concepto principal para la neurosis. Si bien estos conceptos estaban ya esbozados en Freud, son diferentes a como los formula Lacan porque introduce una nueva relación entre estructura clínica y estructura del lenguaje. Esta última aparece a partir de las elaboraciones de Jakobson en torno a la metáfora y la metonimia, fundamentadas en la diferencia entre significante y significado, y de Levi Strauss, en relación al padre, con la estructura clínica que con Freud conocemos como la relación Edipo–Castración. Su modo de entrada fue la incorporación del lenguaje a partir del efecto de sentido. A esta altura introduce también el grafo del deseo para poder pensar la neurosis, para continuar trabajando en el Seminario 6 El deseo y su interpretación en relación a sus consecuencias. En definitiva, podría decirse que la primer clínica es una clínica del deseo, existiendo una  tajante diferencia entre psicosis y neurosis: las dos maneras en que aparece el Otro, barrado y sin barrar.

En su libro Clínica de las neurosis Mónica torres se pregunta si Lacan era estructuralista. Al respecto, la autora responde, por un lado, que sí, en tanto Lacan toma la noción de estructura, sin embargo, es el único que habla y piensa en la estructura del sujeto, es decir, que elabora una teoría del sujeto compatible con el concepto de estructura. Por otro lado, la autora sostiene que no, ya que los estructuralistas tienden a que los conceptos cierren. Por el contrario, todo en Lacan, en su enseñanza, fue un esfuerzo para que la estructura no cierre sino que permanezca siempre abierta. Retomando la palabra enseñanza, es Miller quien advierte que Lacan usa esta palabra como siempre haciéndose.

María Esther Novotny, en el seminario de otoño del CIEC La forclusión generalizada: neurosis y psicosis, va a referirse a esta enseñanza  como algo que “supone transferencia, el dicho del que enseña, del que discute, del que practica, el cuerpo vivo de la escuela, de los institutos […]”

Volviendo a Lacan, en relación al concepto de sujeto dirá que no es un dato inicial sino que de entrada está el Otro que lo preexiste, el Otro de la estructura del lenguaje, el lugar del código, del tesoro de los significantes, que incide con un significante que tiene un efecto mortificante en el sujeto. Otro que lo marca, la madre, el padre, el Otro social. El síntoma aquí también se goza de manera negativa, como en Freud.

Este sujeto entonces se construye en una pérdida, por eso Lacan lo escribe tachado por la estructura del lenguaje y el Otro. El sujeto se constituye como lugar vacío, la falta en ser que define a la neurosis. Si es neurótico, no podrá convertirse en psicótico. Tomando como ejemplo el caso Schreber, tiene acceso a la palabra, se realiza en la estructura del lenguaje pero no en la estructura clínica. Lacan usa el Nombre del Padre para hacer esta diferencia. Quiere decir que en el lugar del Otro del significante sin barrar, se tiene que inscribir el Otro como lugar de ley barrado. Sólo pasando por el Otro barrado el sujeto logra constituir las formaciones del inconsciente: sus síntomas, sus lapsus, sus sueños, chistes. Esta existencia de una falta en el Otro, da fundamento a que la estructura nunca cierra. Lo que permite mostrar a Lacan que desde el inicio hay algo que se va a escapar a la verificación.

En cuanto a la represión, tomando la Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud, y La respuesta Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud y  el Seminario 3 Las psicosis, diremos que en el inconsciente tenemos lo reprimido, lo desconocido por el sujeto una vez que fue afirmado primordialmente la Bejahung, afirmación de lo simbólico que puede fallar. Por ejemplo, en la psicosis se experimentó el mundo de lo simbólico, pero no fue afirmado primordialmente, no quedó inscripto para él. Es necesaria esta inscripción para que luego recaiga sobre eso la represión y retornen como formaciones del inconsciente. En la psicosis lo que no ha sido simbolizado, retorna en lo real, alucinación, forclusión.

En la neurosis la castración ha sido simbolizada, queda inscripta aunque no puede ser reconocida, retornando por vía de lo reprimido. Aquí la represión aparece como un modo de saber no sabido, no sabe que sabe, sobre la falta en el Otro.  Da como ejemplo clínico el mecanismo de denegación, para hacer una afirmación se pone el no adelante. Freud en el texto La negación de 1925, plantea que si al sujeto nadie le preguntó y dice “no es mi madre”, es la madre.

El punto de capitón está dado por la presencia del significante del padre. Lo que transforma a un sujeto en neurótico es la relación entre el Nombre del Padre y el Deseo de la Madre. La Metáfora Paterna sería que el significante del Nombre del Padre va a sustituir al Deseo de la Madre, que no lo nombra todo, produciendo la significación fálica. Se observa una predominancia de lo simbólico y de lo imaginario sobre lo real.

En la clínica del Nombre del Padre la condición de neurosis o psicosis depende de algo que sucede en el campo del Otro. Resulta crucial aquí puntuar los tiempos del Edipo. Veamos. En un primer tiempo, el niño se identifica al falo de la madre, como objeto de deseo. Deseo de deseo. Se juega el ser o no ser. En el segundo tiempo, aparece el padre en la interdicción que permite separar al niño de la madre, no reintegraras tu producto, y prohíbe al niño el acceso a la madre. Padre interdictor, que dice no. Esto es mediado por la madre que es quien lo establece como quien le dicta la ley. En el tercer tiempo, el padre se constituye en donador, positivo, un padre que dice que sí, que le permite al niño identificarse con él, guardarse el falo en el bolsillo. El que lo tiene es el padre y el niño podrá llegar a tenerlo. Identificación al Padre, Ideal del yo y Superyó. Se trata aquí de tener. Es diferente en el caso de la niña que no tiene esta identificación viril, sino que ella sabe dónde está, donde buscarlo y se dirige ahí.

Podemos sintetizar al Nombre del Padre como metáfora, y la metonimia en lo referente al deseo, a la falta en ser. El neurótico es alguien que tiene pasión por su falta en ser.

Se podría decir que la neurosis se establece aquí como una clínica de la pregunta: ¿Quién soy yo para el Otro? El grafo del deseo nos muestra todas las preguntas del sujeto sobre el sexo en la histeria y sobre la existencia en la neurosis obsesiva.

 

HISTERIA

Por Sabrina Romera

En lo que vamos desarrollando pudimos ver cómo pensaba Freud a la histeria, pasando por el mecanismo de conversión mudando el afecto en el cuerpo, como mecanismo para la formación de síntomas, hasta su etiología, donde una vivencia sexual prematura vivida de forma pasiva e insatisfactoria marcará para siempre su desarrollo.

Pero además del mecanismo psíquico de conversión, hay en Freud otros aspectos que irá desarrollando a lo largo de su teorización con respecto a la histeria y que serán retomadas por Lacan para su desarrollo.

  • Deseo insatisfecho y la pregunta histérica
  • Identificación
  • El goce de la privación

Deseo insatisfecho:

La cuestión del deseo insatisfecho, podríamos decir que es el paradigma de la histérica, es un dato estructural. Esto es algo que descubre Freud y que Lacan lo trabaja en el Seminario 5, donde desarrollará la diferencia entre demanda y deseo, subrayando que el deseo no tiene que ver con un objeto sino con su relación a otro deseo. El deseo, dirá Lacan, es deseo de deseo porque no apunta a un objeto de satisfacción como en la demanda. “En efecto, el deseo de la histérica no es deseo de un objeto sino deseo de un deseo, esfuerzo por mantenerse frente a ese punto donde ella convoca a su deseo, el punto donde se encuentra el deseo del Otro.”

De este modo, la insatisfacción pone de relieve también su relación con la falta. El sujeto histérico está siempre dispuesto a encontrar la falta en el Otro, a castrar al amo, que es por un lado una manera de sostener vivo el deseo del Otro, pero también, por el otro, es la condición del sujeto histérico para poder desear.

Ejemplo: La bella carnicera llega a Freud en los tiempos en que había escrito La interpretación de los sueños. Se suponía era un especialista en el tema. Llega para mostrarle que ella tenía un caso que contrariaba su teoría, es decir, llega y lo pone en falta. Cito del Seminario 5:

Quiero dar una cena, pero como provisiones sólo tengo un poco de salmón ahumado. Quisiera ir de compras pero me acuerdo que es domingo por la tarde y todas las tiendas están cerradas. Pienso en telefonear a algunos proveedores, pero el teléfono está averiado. De manera que he de renunciar al deseo de dar una cena.

Freud a esto va a responder que en verdad se realiza un deseo en el sueño que es el de tener un deseo insatisfecho. A partir de las asociaciones con el sueño, sabemos que la bella carnicera quiere caviar y el marido quiere dárselo. Sin embargo, le pidió que no se lo dé porque sabe cómo mantener el deseo del Otro en vilo, sabe que lo que demanda no es lo mismo que lo que desea.

Es por esta relación al deseo del Otro que Lacan va a ubicar la pregunta que subyace en el sujeto histérico y que está en relación a ¿qué lugar ocupo en el deseo del Otro? Pero ya en el seminario 3, Lacan sostiene que lo que un sujeto histérico se pregunta es del orden del ser, es decir, ¿Qué es ser una mujer?, ¿Soy un hombre o soy una mujer?

En  el Seminario 3 – donde se aborda a la histeria en función de la pregunta que abre sobre lo femenino –, Lacan sostiene que «volverse mujer y preguntarse qué es una mujer son dos cosas esencialmente diferentes (…) aún más, se pregunta porque no se llega a serlo y, hasta cierto punto, preguntarse es lo contrario de llegar a serlo.»

Lacan señala que en la histeria se responde a la pregunta por lo femenino a partir de la identificación viril: la histérica se identifica con un hombre, al tiempo que cede la posición femenina a alguna otra mujer que encarna para ella el misterio de la feminidad. Esto es algo que lo pueden encontrar desarrollado en el texto Intervención sobre la transferencia de Escritos 1, donde muestra a partir del caso Dora cómo los celos que ella mantenía por la Sra. K encubrían una pregunta acerca de su propia sexualidad. En el sentido que se supone esta señora sabía qué es ser una mujer, sosteniendo el deseo por dos hombres, el padre de Dora y el Sr K.

En el seminario 17, Lacan caracterizará al deseo insatisfecho de la histérica como goce de la privación. Pasamos así del deseo al goce. Sostiene que la histérica goza de estar privada, ¿de qué? Del falo. Dirá Mónica Torres que “[e]s en este punto que Freud se confundió con Dora, con Irma y con Isabel, al mandarlas a gozar del órgano: la histérica goza de que haya Otra que la prive de él”.

Esto se encuentra desarrollado en el capítulo “El Amo Castrado” donde Lacan sostiene que la histérica

[t]iene el mérito de mantener en la institución discursiva la pregunta por lo que constituye la relación sexual, a saber, cómo un sujeto puede sostenerla o, por el contrario, no puede sostenerla. En efecto, la respuesta a la pregunta por saber cómo puede sostenerla es la siguiente – dándole la palabra al Otro y precisamente como lugar del saber reprimido.

La verdad, dirá aquí Lacan, la constituye el saber sexual que se presenta como extraño al sujeto, es decir, lo que para Freud sería lo reprimido.

En este seminario Lacan dará todo su valor al padre con respecto a la histeria, especialmente al padre idealizado. Retoma el caso Dora planteando que su padre es un excombatiente, está en falta, “es evidente que está en las últimas, muy enfermo”. Tiene impotencia sexual. Es el hombre del deseo, está castrado. Entonces se pregunta para qué un tercer hombre, el Sr K. “Su valor reside en el órgano, pero no para que Dora sea feliz con él, si puede decirse así, sino para que otra la prive de él.”

Cuando el Sr. K le dice: mi mujer no representa nada para mí, dirá Lacan que en ese momento se le ofrece el goce del Otro y ella no lo quiere. La Sra. K, por su parte, es la que sabe sostener el deseo por su padre idealizado y, a la vez, privar a Dora. Dora no quiere acceder al hombre del goce, goza siendo privada; o lo que dirá “quiere el saber como medio de goce”. No quiere encontrarse con el hombre del goce, ni acceder al goce del Otro. Hay un rechazo al cuerpo.

Miller, en Introducción al método psicoanalítico, se referirá a los fenómenos corporales de la histeria para marcar la distinción con la psicosis, y dirá que esta “distancia tomada con relación al cuerpo o sentimiento del cuerpo como otro” dificulta muchas veces el diagnóstico diferencial.

Lo importante aquí es que esta cuestión del goce de la privación pasa a ser un antecedente de lo que desarrollará en el Seminario 20 Aún, sobre el goce femenino. Es decir, la histérica ubicada en el lado macho de la tabla, goza de la privación en tanto hay un goce que va más allá del falo.

Si hasta antes de este seminario estábamos aún en la clínica de las preguntas, acerca de qué soy, hombre o mujer, aquí se inaugura la clínica de las respuestas. La histeria pasa a ser un modo más de responder al No hay de la relación sexual.

 

NEUROSIS OBSESIVA

Por Sebastián Ibañez

De la neurosis obsesiva tal como la sitúa Freud en su primera época, en términos estructurales y de mecanismos psíquicos fundantes, dando cuenta de la particularidad de cada estructura, hallamos en la última enseñanza de Lacan un cambio de perspectiva. No basta con la estructura o con los síntomas “típicos”, como los refería Freud, sino que además es necesario poder avanzar a un más allá de la estructura, encontrando la “singularidad” de los modos de gozar de un sujeto llamado obsesivo, histérico, fóbico.

Del obsesivo encontramos como principal elemento de la estructura un sujeto que “padece del pensamiento”. “Pensar de más” es un rasgo de los sujetos obsesivos, convirtiéndose en algunos casos en un síntoma. El sujeto obsesivo sufre de su pensamiento, lo estorban. Lacan define en su escrito Televisión del año 1973 al síntoma obsesivo como siendo del orden de “un pensamiento que estorba el alma”. Un pensamiento que muchas veces inhibe la acción, quedando en una rumiación del mismo pensamiento que reviste características de una imposición. Pero no es una imposición como lo sería en la psicosis, como un real no simbolizado que se impone. En la obsesión ese pensamiento puede ser significantizado: el sujeto obsesivo puede apelar a otro significante para darle sentido y desplegar así la cadena significante. En la psicosis, en cambio, este pensamiento adquiere estatuto de una certeza.

Asimismo, el obsesivo, que al igual que la histérica tiene necesidad de un deseo insatisfecho, a diferencia de esta, resuelve la evanescencia de su deseo produciendo un deseo prohibido. Su deseo se presenta como  siendo imposible, en tanto que siempre hace existir una imposibilidad para realizar lo que desea. Ello consiste  en alejarse de los momentos y situaciones donde su deseo se pone en juego, desplegando una serie de prohibiciones, restricciones. Ejemplo de ello es un sujeto que en sesión dice: me di cuenta que si llegaba con las cuentas para realizar el viaje que tanto anhelaba. Hace años que lo quiero realizar y por una cosa y la otra no lo realizo. Me di cuenta que yo genero las complicaciones, es más lo que uno se hace la cabeza que la realidad”.

El obsesivo no quiere saber nada de su deseo, por lo que se transforma en deseo imposible. Necesita plasmarlo como imposible, ya que en el momento en que el obsesivo accede a su deseo, este se anula, paradojas del deseo. A su vez, no se plantea como la histérica el deseo como deseo del otro, sino más bien lo establece como: o su deseo o el Otro. Mónica Torres en su libro Clínica de las neurosis dirá que “el obsesivo se plantea una especie de opción: o el deseo o el Otro. Cada vez que él dice yo quiero se afirma en un querer que, en general, es contra el otro. Le parece que lo que si él quiere, también lo quiere el Otro, entonces, ya no se trata exactamente de su propio deseo, ya no le es tan propio”. En eso radica la obcecación o el capricho obsesivo, no es ni uno ni el otro. El obsesivo confunde la demanda con el deseo: lo que él supone de la demanda del otro es su interpretación.

Jaques Alain Miller, en su escrito “Síntoma y fantasma”  del libro Conferencias porteñas, dirá que “el  obsesivo a diferencia del sujeto histérico que se ubica como Amo (produce un saber),  se ubica voluntariamente como esclavo”.  En el sentido de lo que tiene que hacer, tiene que hacer esto, aquello, siendo esclavo de sus propios mandatos. Por ejemplo, un sujeto que en sesión, quejándose de su padre, dice: “la gente es muy déspota, quieren que el otro haga todo, ya estoy cansado de cargarme con cosas de los demás, ahora tengo que ir a ver a mi padre, dejar en el colegio a mi sobrino al colegio, tengo que hacer tantas cosas”. Intervengo diciéndole que no hay peor déspota que uno mismo, intervención a partir de lo cual hablara en la próximas sesiones del déspota que lleva dentro. Esclavo de su pensamiento, incluso puede llegar a serlo de una mujer, como un sujeto que en varias sesiones comenta: “no sé qué hacer con esta mujer me hace pensar, no sé qué quiere, me dice una cosa pero yo entiendo otra, me hago preguntas y preguntas, por eso fue que consulto”.

Otro rasgo de estructura en la obsesión es el problema que tiene el obsesivo con el tiempo. En la última enseñanza de Lacan, este problema del tiempo del obsesivo  se traduce en un “gozar de la postergación del goce”. Hay un goce que se puede posponer, que es muy fácil de escuchar por ejemplo cuando dicen “lo voy a pensar”, “mañana lo resolvemos”. Todos estos rasgos de estructura constituyen en sí mismos modos de hacer con lo que hay, constituyéndose en modos defensivos frente con ese agujero en lo real.

 

 

ULTIMO LACAN

Por Gabriela Agostinelli

Hay que tener en cuenta que los desarrollos de Lacan coinciden necesariamente con la  época que se caracteriza justamente por la caída del orden Simbólico, del Nombre del Padre y con cómo va cambiando su concepto de goce.

De la falta al agujero, concepto que plantea Miller en el Real y el sentido, donde además establece la diferencia entre el primer y el último Lacan.  María Esther Novotny planteará que “ser Lacaniano supone atender al concepto de defensa, la orientación es por el agujero real”.

Se podría casi decir represión como lo que está en menos, lo deficitario; o defensa, trabajo de defensa contra lo real.

El lugar en que Freud pone a prueba el concepto de represión es el texto El malestar en la cultura (1929), al hablar de la batalla entre las exigencias instintivas y las restricciones culturales, Eros vs Tánatos, y el amor como un intento de ligar. Lacan ubica la defensa, sosteniendo que la cultura es un dispositivo de defensa frente a lo real y no el sujeto contra sí mismo.

¿Frente a qué nos defendemos? Freud dirá frente a las representaciones intolerables, mientras que Lacan dirá que frente a un real fuera de sentido, forclusivo, es el real del inconsciente.

Lacan en su seminario 20 referirá que el dato primero es lalengua, el lenguaje es un semblante, “es lo que procura saber sobre la función de lalengua”. Se observa así el privilegio del goce por sobre lo simbólico, el pasaje de la dominación del Nombre del Padre por el anudamiento: la clínica de los nudos.

Para Freud, está la falta – castración, en el sentido clínico tratamiento del Nombre del Padre, hay solidaridad entre el padre y el falo. Esta falta supone una falta en el saber, lo que hace al concepto de represión. Miller dirá en Los signos del goce, que “la operación del padre es un no querer saber sobre ese goce que no está satisfecho por la función fálica”. La falta, entonces, implica la ausencia de un lugar, que en ausencia se conserva. Mientras que el agujero es la desaparición de los lugares, hay un agujero en el lugar del Otro, un agujero en el universal. Se podría pensar entonces que primero está el agujero y la castración como un intento de sutura del mismo. 

En el seminario 20 de Lacan, aparece el “no hay”, no hay relación sexual,  es un para todos pero en negativo, falta algo que permite inscribir la proporción adecuada a la relación sexual. Esto hace al ser hablante diferente a la especie, abierto a las variaciones, a la contingencia y a la invención.  Entonces, siguiendo a Mónica Torres podríamos decir que es la clínica de las respuestas, las fórmulas de la sexuación son el modo en que cada cual responde a la pregunta por la elección del sexo, independientemente del sexo biológico, se puede inscribir del lado hombre o mujer.

Miller plantea que este modo de relación inventado, particular y fallido es lo que se va a nombrar síntoma. Aquí vemos como el síntoma no es un conflicto sino que aparece como un funcionamiento. El goce aquí no aparece como mortificante, sino a partir del imperativo “goza tu síntoma”. Se podría decir un modo de gozar más del lado de la vida, más vivificante.

¿Por qué Lacan habla de un real forclusivo? Para Freud la histeria fue el punto privilegiado para fundar su teoría, un saber que llamo reprimido y un amor que llamo transferencia. Para Lacan su punto de privilegio fue la psicosis, allí se encontró con lo forcluido: “hay un rechazo, hay un indomable, un indecible no solo para el psicótico, es lo que llamamos la generalización de la forclusión… todos psicóticos”.

Miller en Los signos del goce, sostiene que todo goce se rige en relación a un agujero, que hay un carácter activo del rechazo al goce, diferente a no querer saber o decir. Entonces, primero estaría lo real y luego aquello que hace el sujeto para defenderse.  María Esther Novotny  sostendrá que  “[p]or el lenguaje el sujeto del significante está muerto. Hay que trabajar más con el sujeto vivo, con el parletre, con el síntoma donde nos encontramos con el goce”. Este goce necesita un soporte vivo, un cuerpo, gozar es cosa de cuerpos que incluye un real fuera de sentido. Entonces, no se trata del saber como memoria subjetiva de Freud y en el primer Lacan, sino de “orientarnos por cuales son los significantes productores de goce hoy en la realidad viva del sujeto”.

Se llama entonces la clínica del funcionamiento, lo que hay, hay goce, hay semblantes que producen efectos en lo real que funcionan, que son efectivos como lo es el Otro como tal. El síntoma aparece aquí entonces como un tratamiento, como una defensa más o menos estable. No partimos de la falta justamente porque hay un rechazo al goce y una defensa más o menos efectiva en esto de localizar al goce. Hasta ahora, entonces, se puede nombrar a la cultura, la existencia del Otro, la castración, el inconsciente, la Metáfora Paterna, como modos de anudamiento de lo real, dispositivos de defensa. A esto le agregamos que neurosis, psicosis y perversión también lo son. 

¿Esto significa que hay que dejar la estructura de lado?  Novotny dirá que poner distancia a la estructura no es desestimarla, sino advertir la posibilidad de otra cosa, que es el goce. Existe la estructura pensada desde la Metáfora Paterna, pero también la estructura del Nudo. Lacan en el Seminario 23 planteará que “es mi nueva metáfora, es decir, el nudo es una metáfora, algo tiene que abrochar arriba, abajo, algo tiene que estabilizarse, la metáfora es una modalidad”.

Entonces, es factible pensar la estructura como defensa, pero una defensa que nos orienta para saber qué consecuencias tiene este consentimiento que da el sujeto a que el Otro exista. Mónica Torres indica que hay que vascular entre esto de la estructura que tiene su valor, porque refiere a la invención del Otro, y ubicar el uno por uno, el modo de gozar del sujeto, su singularidad

El valor que le da Miller en Introducción al método psicoanalítico a las estructuras es situado en torno a la importancia en las entrevistas preliminares de que el analista pueda responder de que estructura se trata.

Puede ubicarse como indicación en esta última enseñanza el acto de perturbar la defensa, no sin tener en cuenta estas estructuras.

Ahora, frente a esto de la clínica del funcionamiento, surge el interrogante entonces de por qué alguien consulta.  Creemos que la respuesta es lo económico desde Freud a Lacan, ese plus que escapa y, en este último Lacan, se podría decir, ese real que irrumpe y que hace padecer al sujeto.

 

*Integrantes del CID Santiago del Estero.

Clase Dictada en el Colegio de Psicólogos de Santiago del Estero.

Ciudalitica | 2018

Sitio Virtual del CID Santiago del Estero

Clase n°1: “LA METÁFORA PATERNA Y LOS NOMBRES DEL PADRE”. Docente: Susana Amado

Clase n°1: “LA METÁFORA PATERNA Y LOS NOMBRES DEL PADRE”. Docente: Susana Amado

clase susana foto 2

Presentación a cargo de Gabriela Maidana:

Iniciamos el Seminario Teórico Clínico de este año, que titulamos “El tratamiento de los Síntomas hoy – Estructuras Clínicas y Psicosis Ordinarias”.

El programa del mismo tiene como horizonte el argumento de presentación del  XI Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), que se llevará a cabo en Barcelona el año próximo, con el título “Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia”, del que destacamos lo que J.A. Miller resalta: “Si la ultima enseñanza de Lacan no anula la anterior, después del congreso de Río, es el momento de volver a la clínica estructural para encontrar en ella la solidez clínica con la que nos orientamos, la clínica que nos concierne no es sin ella, sólo germina bajo transferencia”.

El seminario, que se lleva a cabo año tras año, tiene como marco la investigación y docencia del psicoanálisis, motivo de la creación del Instituto Oscar Masotta (IOM) en el año 2000, y de sus Centros de Investigación y Docencia (CID) que están en funcionamiento en todo el país.El IOM2 se hace cargo de la política de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y cuenta con los auspicios del Instituto del Campo Freudiano con sede en Paris y el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Paris VIII.

En nuestra ciudad se funda en el año 2002, primero como delegación del IOM y dos años más tarde nos constituimos como CID, además del Seminario Clínico Anual, se constituyeron diferentes modalidades, taller preparatorio para cada clase de nuestro seminario, grupos de investigación y lectura, seminarios introductorios,  donde son tratados los conceptos fundamentales del psicoanálisis en los distintos momentos de la enseñanza de Lacan. Se llevan a cabo también conferencias públicas, mesas de conversación con otros discursos abordando diferentes problemáticas que generan interés en la comunidad.

Comenzamos hoy con la primera clase de nuestro seminario, y tenemos el gusto de contar con la presencia de nuestra directora Susana Amado, quien es miembro de la AMP y miembro de la EOL (Bs. As.). Con ella trabajaremos “La metáfora paterna y los nombres del padre”.

 

Susana Amado

Buen día a todos, es un placer inaugurar el seminario este año, con un tema que Miller planteo  en el Congreso de Río de Janeiro, trabajar sobre las psicosis ordinarias bajo transferencia. Es un tema que en sí encierra ciertas dificultades porque no es un concepto, sino algo que tiene que ver con un proyecto de investigación, es decir, indagar, preguntarnos qué es la psicosis ordinaria, qué se presenta como manifestaciones hoy en nuestra clínica de arreglos y desarreglos con el goce. Se manifiesta a través de casos que no parecen entrar ni en una ni en otra de las categorías binarias. Tienen que ver con psicosis que aún no han desencadenado, pero como su nombre lo indica, se trata de psicosis y como se trata de psicosis hay que saber qué quiere decir eso, cómo diagnosticar, que es algo fundamental para investigar este campo. De hecho,  nosotros ya trabajamos, una vez que Miller trabajó las conversaciones en Paris, desde el año 1993 hasta 1998 el tema de psicosis ordinaria. Algo que llamábamos los “Inclasificables de la Clínica psicoanalítica”. Una categoría que Miller –a diferencia de de la categoría de bordeline utilizada por la IPA comenzó a iluminar con el término psicosis ordinaria. Sabemos que Psicosis ordinaria no es una categoría clínica, sino un aparato epistémico suplementario.

En esta línea,  es que nos proponemos investigar este campo conceptual, interrogarlo  porque permiten abrir y ampliar el campo de soluciones posibles para el agujero forclusivo.  como se trata de un proyecto de investigación tenemos que en principio saber qué es para nosotros una estructura, qué es para nosotros un diagnóstico, en el psicoanálisis. Habrán leído un trabajo de Miller que se llama precisamente “El ruiseñor de Lacan”, que es un trabajo sobre el arte del diagnóstico. Está en Caldero, también en Google lo pueden encontrar. El diagnóstico sirve para saber, de qué se trata la relación de un sujeto con el goce, su síntoma, aquello que falla; qué es lo que nos encontramos en la clínica cuando nos encontramos con un paciente que se presenta diciendo algo falla, algo no anda, y ese algo falla, ese algo no anda, es singular, nosotros debemos considerar que no tenemos ninguna teoría previa a la entrada de ese sujeto, cuál es su estructura, de qué se trata, cuál es su modo de gozar, cuál es su singularidad, cómo habita este ser el mundo.

Para eso es necesario partir de la estructura, entonces, para entender de qué hablamos cuando hablamos de psicosis ordinaria, vamos a  trabajar los primeros  l textos de Lacan, en los cuales habla de las psicosis, es decir, el concepto de la clínica estructural, el concepto de metáfora paterna. Vamos primero a  entender qué es la estructura.

Sabemos que la estructura está formada por un conjunto de significantes, de elementos que se articulan de alguna manera con dos articuladores, uno que tiene más que ver con los movimientos de la metáfora y la metonimia, que en Freud eran el desplazamiento y la condensación .La metáfora que tiene que ver con el desplazamiento, que son los movimientos estructurales y la fijeza o metonimia.

Ahora, qué pasa en una estructura con estos dos movimientos que se deslizan. Advierte Lacan “hay en la estructura, la aparición de una interrupción de esos movimientos, como en el caso de la alucinación, una interrupción de la cadena, con la aparición de algo que irrumpe ese movimiento, que fragmenta ese movimiento”interrumpe en algo de esa cadena fragmentada. allí él trabaja con las psicosis. La psicosis entra en las estructuras del inconsciente. Antes podíamos encontrar cuatro formas clásicas de las estructuras psicóticas, la paranoia, la esquizofrenia, la melancolía y el autismo. No obstante eso, sabíamos que, en el medio había autores que se preocupaban por manifestaciones que tenían que ver con las psicosis que no acordaban con estas estructuras clásicas, como por ejemplo en la paranoia, donde es muy claro cómo se conforma para un sujeto la paranoia, en el sentido de la hostilidad del Otro sobre el sujeto, hay un Otro hostil amenazante. En el caso de la esquizofrenia, clásicamente pensada como la fragmentación en el cuerpo, la interrupción por algo que viene impuesto desde el Otro y que el sujeto responde o se defiende de esa fragmentación que se produce en el cuerpo, con la estereotipia o con automutilaciones. La melancolía, que es otra manifestación de la psicosis y su envés la manía; la melancolía que es la experiencia de una perturbación y empobrecimiento del sentimiento de si hasta alcanzar una expectativa de castigo y un extrañamiento de la realidad, la negatividad, la pobreza yoica del auto reproche.

El autismo, que todos acá como participan bastante de los talleres de autismo saben,  que se manifiesta  como el repliegue sobre sí mismo que llega prácticamente a la ausencia de relación al Otro. Que excluyen todo lo que no sea estar sumergido en sí mismo.

Ahora qué es lo esencial que determina el diagnóstico de psicosis, qué cosas eran tradicionalmente, las ideas delirantes, las alucinaciones, la confusión de pensamiento, los fenómenos elementales, los fenómenos cenestésicos; esa es la manera tradicional de encontrarse con las manifestaciones de las psicosis. ¿Alcanza con eso?

No, no nos alcanza ni a nosotros, porque hoy nos interroga de otras maneras estas manifestaciones, pero tampoco les alcazaba a algunos maestros de Freud y de Lacan que vienen trabajando mucho tiempo antes. Por ejemplo para pensar en un  autor como  Jaspers, (1910)   se preguntaba,  más que por el delirio ya desestructurado, en el que se interesaban fundamentalmente la psiquiatría clásica el delirio para ver, se preguntaba por la lógica del mismo, para elaborar a partir de allí un diagnostico. Jaspers se pregunta qué es lo que hace que un sujeto concluya en esa enfermedad que es lo incurable, qué detiene su ser; es decir, estaba interesado en ese proceso.

Luego está De Clerambault (1926) que también aporta otro elemento fundamental, cuando propuso retomar a Kraepelin el término “fenómeno elemental” (el hecho irreductible que funciona de un modo involuntario, automatismo, como una fuente parasita (externa) de pensamientos, palabras, imágenes, objetos que enajenan y persiguen al sujeto.  Se pregunta por  lo que habita en el cuerpo, lo que parasita en el cuerpo de un psicótico cuando se le impone algo de los pensamientos, pensamiento que son desde el Otro y que él no tiene manera de poder significar, no tiene manera de abrochar, es un fuera de sentido que le aparece al sujeto, que fragmenta algo de su cuerpo porque no sabe de donde proviene, son decires o son objetos que de alguna manera se le imponen al cuerpo.

Ha sido un hombre que ha trabajado años y además ha ido encontrando otros tipos de psicosis, psicosis pasionales, ha trabajado sobre la erotomanía también, con casos muy particulares; tiene una nosografía psiquiátrica riquísima.

Luego está también, alguien que es interesante, se llama  que se llama M Katan refiere al concepto de pre-psicosis. Él considera cuáles son los estados previos al desencadenamiento y le llama trama, es decir, que es lo que se organiza alrededor de eso y que anticipa después el desencadenamiento. Entonces él se sirve del ejemplo de Schreber.

Recuerden que a Schreber antes del desencadenamiento lo convocan, siendo muy joven, 32 años, a que sea presidente de la Corte. Cuando a él se lo nomina como Presidente de la Corte, en ese periodo en el que va a asumir, tiene una serie de episodios corporales intensos. Empieza con fenómenos de cuerpo, episodios de angustia brutales, terrores, fobias, es decir, comienza una seguidilla de síntomas que se expresan en el cuerpo y que fragmentan algo del cuerpo, de lo que él no puede dar cuenta. Katán, se preocupa por la trama allí.

Entonces, ¿qué dice Lacan? “No hay nada más parecido a una neurosis que la pre-psicosis”. (Seminario 3) Así que hay que tener en cuenta cuando un paciente viene angustiado, no siempre la angustia es del orden de lo que no engaña. Ah! Viene angustiado, es un momento para tomarlo en análisis. Hay que estar advertido sobre, de qué se trata ese momento, qué angustia organiza de entrada una trama discursiva. Porque en esta época es mucho más claro que las manifestaciones de angustia de estados confusionales vienen de distintos campos, desde las ingestas hasta las drogas, hay muchas manifestaciones con las que hoy nos topamos en la clínica que nos pueden hacer desvirtuar, o por lo menos, confundir los cuadros.

Más recientemente entre los de la IPA, está Otto Kernberg él en vez de hablar de psicosis ordinaria dice los fenómenos borderline, “estados limítrofes” los llama él. Son, estados caracterizados por la debilidad yoica, tales como la intolerancia a la ansiedad, el control inadecuado de impulsos, el fácil viraje de un pensamiento hacia un proceso primario, el predominio de operaciones defensivas, negación, omnipotencia, proyección. Considera que estos fenómenos vienen para quedarse, es decir, instalan algo de lo incurable, que a veces se quedan allí detenidos en el tiempo, no producen un desencadenamiento, pero son fenómenos de borde, no hay curación para esto; hay que atender esto, porque esto implica cómo se las arregla ese sujeto para soportar o habitar la vida.

En este panorama encontramos a Freud. Voy a leer unos párrafos, porque Freud lo dice mejor de lo que yo lo podría decir. En primer lugar porque se trata del maestro que inventa el psicoanálisis y en segundo lugar por el cuidado y la observación que tiene Freud de la singularidad en esa época.

¿Qué es lo esencial para determinar un diagnóstico clínico? Freud intenta responder a través de dos conceptos, la libido y las identificaciones. Dos ejes que Lacan también tomará durante toda la primera parte de su enseñanza. Dos cuestiones a tener en cuenta y cómo va a responder el sujeto a esas dos cuestiones, cómo responde la neurosis al desplazamiento de la libido y cómo responde la psicosis a eso; cómo responde la neurosis a la identificación y cómo responde la psicosis a su falta. Pero, en la observación que hace Freud descubre una tercera: El narcisismo. Tengan en cuenta esto, porque es desde donde Lacan después va a trabajar el Estadío del espejo y va a ubicar allí el lugar en donde habita la psicosis, en donde se queda detenida se podría decir.

Freud dice en “Introducción al narcisismo”: “El motivo acuciante para considerar la imagen de un narcisismo primario y normal, surgió a raíz del intento de incluir bajo la premisa de la teoría de la libido el cuadro de demencia precoz, el extrañamiento de su interés respecto del mundo exterior, sin sustituirlo por otros objetos en su fantasía”. Es decir, que en cuanto al campo libidinal, lo que dice Freud es que hay un retiro libidinal, sin poder hacerlo pasar por la fantasía como hace un neurótico. Allí donde algo se produce como pérdida, el neurótico tiene el recurso para ir a parar a la fantasía y ordenar nuevamente su discurso, de alguna manera, con lo simbólico. En la psicosis ese retiro libidinal no catectiza nuevos objetos, vuelve al yo, entonces dice Freud, éste retiro, esta vuelta al yo, es lo que puede definir algo del campo de la esquizofrenia. La libido fue conducida al yo, y así surge una conducta que yo llamo narcisista, en la melancolía, a la diferencia del duelo, la pérdida del objeto se trasforma en pérdida del yo, no hay allí una diferencia entre el objeto y el yo.

Tengan en cuenta esto, porque este es el punto respecto de la identificación, en donde el objeto y el yo están confundidos, son uno solo. Uno se lo puede graficar con el fenómeno del doble, donde el otro es él mismo, esa confusión que hay en las sobre identificaciones, en donde se produce una juntura. En la identificación histérica por ejemplo, es un como sí, nunca es el otro soy yo, eso es bien claro, en la histeria la fantasía hace que sea o actúe un como si fuera yo, esa es la diferencia.

Al trabajar el concepto de identificación Freud se da cuenta de que hay identificaciones que preceden la investidura de objeto y a esas las llama primarias o narcisistas. Allí es donde hay que evaluar lo que sucede en los sujetos psicóticos, ellos sustituyen la carga de amor por el objeto, por la identificación; se confunden con el objeto.

Dice Freud en las “Conferencias de introducción al psicoanálisis”, “Es un hecho que en todas las neurosis narcisistas tenemos que suponer unos lugares de fijación de la libido que se remontan a fases anteriores, muy anteriores al desarrollo, por ejemplo en el caso de la neurosis o de la neurosis obsesiva o de la histeria”.

Ahora qué pasa, que cuando Freud intenta dar esta explicación a nivel clínico él iba a buscar a dónde estaba entonces, es imposible localizar ese lugar de ese narcicismo primario. Entonces cuando, por ejemplo, en el caso del hombre de los lobos, la insistencia de Freud por la escena primaria, por hacerla veraz, lo conduce a la psicosis.

El interés de Freud era intentar localizar el punto del desenganche, para decirlo de alguna manera, el punto de localización del narcisismo, el punto donde se produce esa desinvestidura, punto de fijación.

 Freud advierte: “La iniciación del tratamiento con un periodo de prueba así fijado en algunas semanas tiene además una motivación diagnóstica, muchas veces cuando uno se enfrenta a una neurosis con síntomas histéricos u obsesivos, pero no acusados en exceso y de duración breve. Vale decir, las formas en que se considerarían favorables para el tratamiento, debe dar cabida a la duda sobre si el caso no corresponde a un estado previo de la llamada demencia precoz, a la esquizofrenia, a la parafrenia según mi concepto. Pasado,más o menos un tiempo, puede mostrar un cuadro declarado de esta afección. Pongo en tela de juicio que resulte siempre muy fácil trazar el distingo, sé que hay psiquiatras que rara vez vacilan en el diagnóstico diferencial pero me he convencido de que se equivocan con la misma frecuencia, sólo que para un psicoanalista, el error es mucho más funesto que para los psiquiatras. En efecto, este último no emprende nada productivo ni en un caso ni en el otro, corre un psiquiatra sólo el riesgo de un error teórico y su diagnóstico no tiene ningún interés académico. El psicoanalista al revés, en el caso desfavorable a cometido un yerro práctico, se ha hecho culpable de un gasto inútil, ha desacreditado su procedimiento terapéutico, si el enfermo no padece de histeria o de neurosis obsesiva sino de una esquizofrenia, él no podrá mantener su promesa de curación y por eso tiene unos motivos particularmente serios para evitar el error diagnóstico”.

El problema que se le plantea a Freud en un momento, él lo dice en una conferencia pública en Viena: la esquizofrenia y la paranoia pueden comenzar con un ropaje similar al de la histeria y la neurosis obsesiva, entonces el confiesa allí, en una carta que le envía al pastor Pfister en 1927 casi en sus textos finales, que se equivoca en un caso que se le manifiesta con una envoltura de neurosis obsesiva y se devela después como un cuadro absolutamente paranoico.

Recuerden ustedes la alucinación que tiene el hombre de los lobos siendo aún muy precoz, eso se le pasa a Freud, que lo cuenta al pasar. Pero ahí se podría decir que comienza un episodio, donde él le cuenta a la nana que tiene un dedo cortado y que luego lo ve y que no era un corte. Es una alucinación, un episodio cenestésico, algo que no le puede dar una significación, no lo puede abrochar.Freud dice en ese momento que hay ahí un rechazo a la castración. Esa es la interpretación que hace de ese episodio, esto que quiere decir hoy para nosotros ausencia de una significación fálica.

Después está también Melanie Klein. Hago esta introducción para que vayamos viendo que hay autores que estaban muy preocupados por este tema, M. Klein considera que de alguna manera hay psicosis en la infancia, que la esquizofrenia se manifiesta en la infancia, que allí hay rasgos esquizofrénicos específicos. Piensa que si detectan,  si tenía alguna fantasía, en la infancia podría haber curación, no en todos los casos, pero si lo considera como una posibilidad.

Antes de ella no se hablaba de que en la esquizofrenia los signos aparecieran tan tempranamente, ella lo considera así y hoy está totalmente abalado de hay signos esquizofrénicos muy tempranamente que se pueden advertir. El problema es que conforme avanza esta creencia también avanza la psiquiatría en relación a la medicación. Hoy en el hospital de niños se medica con antipsicóticos desde muy temprana edad, es decir, desde los cuatro o cinco años ya pueden tomar la medicación.

El avance de la neurociencia con una parte de la psiquiatría que ha ido abandonando su posición de observación para transformarse en medicadores, ha ido produciendo estos efectos en donde hay niños y donde luego, no se sabe si producto de la mediación, es que están psicóticos o ya lo eran.

Ahora vamos a ir adentrándonos en el tema nuestro de, porqué Lacan habla de la metáfora paterna y los nombres del padre. Para ver esta cuestión hay que tomar en cuenta los Seminarios 3 y el 5 que es donde va a tomar Juanito y articula la metáfora paterna y la significación fálica.

Es interesante que retomen estos textos, si bien en esta clase no puedo retomar todo eso, voy a desplegar algunas cuestiones para ver si podemos llegar un poquito al tema de las psicosis ordinarias. Lacan ubica como algo del éxtasis la identificación que se produce en el estadio del espejo dice lo siguiente: “El riesgo de la locura se mide por el atractivo mismo de identificación en las que el hombre compromete a la vez su verdad y su ser”. Es decir, es ahí donde se encuentra el éxtasis, en la identificación misma, en la falla de la identificación, en la ruptura que se produce ahí en donde habita la psicosis, y esto es en el estadio del espejo.

Lacan también apela a los recursos ficcionales que Freud necesitaba plantear, es decir, la recurrencia a la mitología, luego va a recurrir a otros discursos, sea la lógica, la matemática; entones va cambiando su despliegue conceptual conforme van dejando de servir para explicar algo de la clínica. El estadio del espejo también forma parte para él de algo que le permite hacer conocer, de algún modo, lo que significa ese momento temprano de inscripción de un sujeto. Entonces dice, que es en el estadio del espejo en donde habita la psicosis, porque la neurosis intenta salir de la imagen especular, hacerse un lugar vía el deseo y no a la adecuación, a hacerse el objeto que al Otro le falta, identificarse a ese objeto, ser ese objeto. ¿Y qué, quien es este primer objeto? Para Lacan como para Freud, es la madre quien encarna este primer objeto por fuera del sujeto cuando este ingresa al lenguaje. ¿Qué quiere decir esa presencia? Es la presencia de la irrupción del goce, eso es la madre, la madre en el sentido de que es por el nacimiento que se produce lo que encarna la presencia de un goce, de algo que se pierde por nacer, de algo que se pierde por acceder al lenguaje, por acceder a la vida. No la palabra, porque la palabra es después, otro movimiento.

Es una primera experiencia que la encarna la madre, pero esa primera experiencia, para exista, volvemos a la operación que Freud nombra la Behajung, la operación de una afirmación primera, una operación de la inscripción de un símbolo primero, una inscripción de ese acceso a lalengua.

Público: Serían dos pérdidas: una que se pierde al nacer; otra que se pierde con el acceso al lenguaje.

Susana Amado: Claro, la pérdida primera es necesario que se inscriba, Freud dice que la Behajung tiene que hacerse sobre el fondo de la ausencia, no puede hacerse sobre el fondo de una presencia, se hace porque algo se pierde. Es necesario que algo se pierda para que algo se afirme. Freud utiliza muchas metáforas, el carretel por ejemplo, a sus nietos, que lo tiraban cuando la madre se iba. Son manifestaciones que tienen que ver con la inscripción de la presencia y de la ausencia. Para que algo se inscriba tiene que haber una afirmación de algo que no estaba, que después llamaremos “reconocimiento del agujero”, de la falta que es estructural. El agujero que es al que uno accede al nacer.

Público: Que Freud llamó identificación primaria

Susana Amado: Claro, ¿Se acuerdan que Freud dice que de eso no se puede decir nada? Eso está, es una primera identificación, primera afirmación, que es la Behajung. Y la otra operación, que Freud llama rechazo, la negación, la Verwerfung, eso es rechazo de esa afirmación, “de eso no quiero saber nada”, porque para que esa afirmación se produzca es necesario que haya dos personas que consientan: la madre y el niño. En esa dupla que Lacan dice, tomando a Freud, que hay tres en realidad, es una tríada: la madre, el niño y el falo. Para que esa operación se produzca tiene que haber un ordenador y ahí ubica al padre. Es decir: la afirmación solo es posible si está ese operador, un operador por sobre esta dupla madre-hijo, este es el que va a inscribir que es posible esta afirmación, lo que nosotros llamamos en el estadio del espejo: el niño se unifica en el espejo, pero para unificarse se mira, hay Otra mirada, una mirada que unifica y permite que esa operación se realice, que se inscriba esa afirmación primera.

Eso es lo que Lacan llama metáfora paterna, porque sustituye, es una operación de sustitución de un significante por otro. Este nombre del padre sustituye el deseo de la madre, que es el deseo de la madre por ese falo, ese hijo. Por eso se llama metáfora paterna.

Para que se entienda bien: recuerden ustedes que en la lógica está el significante, la barra y el significado, por el medio entre el significante y el significado, pasan muchas significaciones, que son enigmáticas. Es como si flotara de distintas maneras el sentido. Para que algo del sentido se configure es necesaria una significación, es decir, que el significante se abroche a algo del significado, para que se produzca el sentido. Lacan le llama “punto de capitoné”, capitonado, que son esos sillones que se abrochan, el botón de los sillones. Esto sería el abrochamiento del significante con el significado, pero no siempre es posible. Pero uno podría decir que es casi imposible: la neurosis muestra que no hay tal adecuación, tal abrochado, entre significante y significado, entre sujeto y objeto, siempre falla. Ahora, en la psicosis, en la esquizofrenia, es la prueba más consistente, falla siempre. Por eso Freud a la operación de repudio, de rechazo a eso, le llama Verwerfrung. No hay allí esa afirmación primordial, hay un rechazo. Lacan ubica eso en el estadio del espejo: ahí queda totalmente sometido a esa dupla el sujeto. Entonces Lacan utiliza el término de Freud, pero le da otra vuelta, y dice que más que repudio, rechazo, voy a hablar de forclusión, utiliza un término del derecho, no se puede volver a apelar. En el derecho es así, hay causas que tienen un tiempo de duración, pasado un tiempo la causa prescribe y no hay derecho a ningún reclamo. Esto lo grafica Lacan para decir que en la psicosis, si no se afirmó no hay ninguna posibilidad de que se afirme. Es lo incurable de la psicosis. O hay un rechazo al vacío central, o hay una aceptación – como en la neurosis. En términos freudianos: hay aceptación a la castración, o hay un rechazo. Son maneras de metaforizar esa forclusión, ese rechazo.

Entonces, Lacan hasta ahí está muy pegado a Freud. Cambia el término rechazo por forclusión. Uno puede pensar que está bien elegido el término, el cual lo grafica de muchas maneras, como una máquina de escribir en “De una cuestión preliminar…”, a la que le falta la letra.

Público: No va a poder apretar el botón y no va a aparecer la letra, porque falta el significante.

Susana Amado: Eso. Falta la letra que daría cuenta del sentido, falta la letra que daría cuenta del abrochamiento, y esa letra que no está. Después, más tardíamente, utiliza una metáfora de la letra que después recupera en la ultimísima enseñanza con que, en verdad, lo que pasa en la psicosis, es por ejemplo en la psicosis ordinaria, y en la desencadenada también, cuando algo se articula, se abrocha en la posibilidad, el recurso que toma el psicótico de abrochar algo como instrumento para después continuar con su vida. Lacan dice que hay maneras de que un sujeto haga con esos trozos de goce una letra, que escriba algo, si bien ha fallado la Behajung, haga una letra, una inscripción.

Público: En la máquina de escribir, en el teclado está la letra, no está lo que va a poner el símbolo en el papel, la letra que falta en el instante de la inscripción. No ingresa, es rechazado, así que la metáfora de la máquina me parece muy buena: está la tecla pero no está la letra que va a imprimirse en el papel.

Susana Amado: El orden simbólico es accesible para todo el mundo, que Lacan lo ubica en un comienzo como algo capaz de domesticar el goce, y que es capaz desde el Nombre del Padre de poner un límite al goce. Cuando digo goce, él al principio lo graficaba desde el Deseo Materno, que puede ser atroz también, el deseo materno, conocemos todos, que hay casos de estrago espantosos que el niño y la madre están totalmente confundidos, ensamblados. Lo que sí sabemos es que el orden simbólico no ordena el goce, ni lo domestica, es imposible. La manera de ordenar al goce hoy es múltiple, desde los tres registros, que tienen después en la enseñanza de Lacan un mismo valor. Se puede ordenar desde la imagen, desde lo real, y desde lo simbólico. Ordenar en el sentido de instrumentar, utilizar un instrumento que permita una pacificación, un modo de complemento, suplemento a eso que está desanudado o que no está.

Público: Ya no sería el nombre del padre como dice en el seminario 5, sino los nombres del padre

Susana Amado: Lacan dice después, cuando va a trabajarlo, en el año 63, después de desplegar el seminario 5, cuando ya está más por el 11, ahí ya advierte en un solo seminario, una sola clase, que se llama “Los nombres del Padre”, en donde dice que no se trata del nombre del padre, sino que hay nombres del padre. El nombre del padre es una predicación. Una manera de nombrar una función. Como cuando decimos respecto de un paciente psicótico que el hospital funciona como nombre del padre. Es decir, como agente regulador del goce. No hay un padre que sanciona, hay un uso, servirse de un nombre del padre, una función que regula, una nominación que puede funcionar como instrumento que aplaque algo del goce que se instala en ese cuerpo, un recurso. Entonces a veces usamos mucho el nombre del padre, porque nunca Lacan dejó de hablar del nombre del padre, pero de los nombres que se pueden usar del padre para servirse de él.

Público: A mí me parece que en paralelo va elaborando una idea del goce y lo real, la posibilidad de pensar lo real fuera de lo simbólico y lo imaginario.

Susana Amado: Claro. El pensaba lo real… ¿Se acuerdan cuando hablábamos de los paradigmas del goce? El pensaba lo real durante mucho tiempo de su enseñanza, hasta el seminario de “La ética”, cuando se topa con La Cosa, que el goce se podía regular, el goce podía regularlo lo simbólico, que el goce era absolutamente posible de ser tramitado. Freud también lo pensaba, apostaba por el padre, era una época en donde la autoridad paterna tenía una consistencia que permitía ciertas regulaciones. Eso no hay. No hay más. Y uno podría decir: “¿En la época esa, que el padre regulaba el goce, no había esquizofrenia?” No, porque no puede regularse, se puede controlar, regular algo, pero el goce no se domestica, siempre escapa, eso falla. Pónganle el nombre que quieran: en Freud “el yo y el ello”, “la pulsión y el cuerpo”. Eso falla, siempre falla, siempre hay inadecuación

Público: Y eso es lo que permite seguir investigando sobre los temas, ¿no? Que es lo que hizo Freud, lo que hizo Lacan y lo que se sigue haciendo ahora dentro del Campo Freudiano, que no nos quedamos repitiendo, o al menos intentamos no quedarnos repitiendo los conceptos ya elaborados, sino ver qué hay, de qué otra manera se pueden decir, pensar e intervenir en la clínica actual. No todo es lo mismo de antes, no todo cambia y no todo es igual

Susana Amado: Claro, totalmente, es así.

Público: En el caso de “El hombre de los lobos” también hace esa distinción, ¿no? No es que no había padres sino que había muchos padres, había encontrado en el transcurso de todo su tratamiento, y no solo de su tratamiento con Freud, muchos nombres del padre que le permitieron los arreglos con ese goce

Susana Amado: Claro. Exactamente. Y piensen en Juanito incluso que a merced del padre se hubiera brotado seguramente. Con Freud se cruza, aún no estando Juanito bajo tratamiento, se cruza con el padre, y le enseña Freud a ser padre de alguna manera, es decir, que cumpla algún tipo de función de separarlo a él de esta jirafa que se le venía encima  de algún modo, y que Juanito había encontrado como recurso poner a distancia con su fobia. Luego Juanito se encuentra en su vida con otros que funcionan como Nombre del Padre, la música por ejemplo, es un genio de la música, es un gran compositor. Creo que vive, o murió hace poco tiempo, él tuvo un arreglo absolutamente posible con su goce. Incluso Miller dice, en aquella conferencia en la que se pregunta qué hubiera pasado con Schreber,  que por supuesto no fue paciente de Freud, Freud escribe a partir de sus memorias, pero qué hubiera pasado, por ejemplo, en ese episodio cuando Schreber es nominado, a los 32 años. Quizá si se hubiera encontrado con Freud, no hubiera desencadenado. No se sabe, pero quizá, si allí aparecía un Nombre que ajuste algo de eso. Miller cuenta que es interesante porque, en el transcurso de los distintos tratamientos de Schreber, se topa con Flechsig, con quien tiene una transferencia absolutamente negativa, es el momento de la frondosidad absolutamente bruta de su delirio, y luego se topa con un padre excelente. Toma el nombre Freud “padre excelente”, y era un padre como sería el del tercer tiempo del Edipo, un padre real, un padre dador, un padre propiciador, que es, uno puede decir, lo que hoy haría con un psicótico, preguntarse con qué recursos cuenta. Schreber tenía el de escribir, entonces lo conduce este padre dador, que escriba las memorias. No se curó nunca, pero hoy leemos las memorias, que es un texto extraordinario para entender como un sujeto hace algo…

Público: ¿Sería el padre que habilita?

Susana Amado: Claro. Exacto.

Público: Lo habilita a él incluso a reclamar…

Susana Amado: ¡Claro! Tal cual, que pide para salir de ahí. Recuerden que Freud utilizaba, por eso les decía, las metáforas, el padre de la horda primitiva, que Lacan también utilizó para hablar de las fórmulas de la sexuación, lo que está más allá del Edipo, pero él también se sirve en su primer momento, articula de alguna manera, el padre a Edipo y a la castración. En un primer momento utiliza la metáfora, pero habla de los tres tiempos del Edipo, utiliza el primer tiempo, que es un tiempo de la inscripción, del padre operador. Un padre, que dice, es donde se habilita el goce, se inscribe. Después un segundo tiempo, que es el padre privador, imaginario, que prohíbe el goce materno, es el que sustituye el deseo de la madre, que le prohíbe a la madre, ¿Se acuerdan cuando Freud decía “no reincorporarás tu producto”?, ese es el padre privador. Y luego el padre del tercer tiempo, este padre excelente, padre dador, padre real. Lacan grafica estos tres tiempos del Edipo para decir la manera en la que funciona el padre, produciendo un abrochamiento posible del sentido, esto que decíamos, el punto de capitonado, de capitón, punto de basta, el punto del abrochamiento de la significación.

Público: La carretera principal…

Susana Amado: Claro, la carretera principal, el Nombre del Padre, todo el sinnúmero de ejemplos allí, que dan cuenta del abrochamiento de la significación. Para que se produzca ese abrochamiento, para que se produzca una significación, un sentido, tiene que haber una posibilidad de que algo se abroche, no es un abrochamiento total, sino que algo se abroche.

Público: ¿Los nombres del padre son los que habilitan los mecanismos de defensa?

Susana Amado: Claro. Los nombres del padre habilitan ciertos mecanismos con los que el sujeto se defiende, se defiende con la fobia, se defiende con el síntoma, un neurótico se defiende y repite de lo lindo, mucho, todo el tiempo. Por eso Miller dice que cuando uno se topa con un paciente que repite demasiado, piensen que están con un neurótico, en el sentido de que le da una vuelta, le da otra vuelta. Bueno, la histeria es un ejemplo, donde “fulanito me hizo esto, me hizo lo otro, me hizo no me hizo”, digo, puede pasarse una vida reprochándole al otro lo que el otro no le da, es decir, tratando de darle vuelta vía la repetición, defenderse a su manera del goce del Otro, sosteniendo la creencia en un Otro, obviamente, y culpabilizando de lo que el Otro no le da. ¿Se entiende esto, no? En la neurosis es fácil de detectar, el problema es confundirnos, porque ahí no hay retorno, confundirnos y tratar un paciente, interrogándolo como si fuera una neurosis, y producir o promover un desencadenamiento, por eso es tan interesante algo del orden del diagnóstico, y tener en cuenta los arreglos que hace un sujeto cualquiera, algunos son más prolijos que otros, los neuróticos somos a veces un poco más prolijos, no siempre, para hacer los arreglos con el goce, que es singular para cada uno.

Miller utiliza un término en “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, que en vez de decir arreglo, dice la palabra, el concepto que inventa, es “compensatory make-believe”, un hacer creer compensatorio, y dice que es hacer creer algo al otro que lo compensa, es una manera, en vez de decir “make-believe”, se puede decir: “mirá como se las arregló”, “mirá como se las arregla ese psicótico”, porque es un psicótico, ¿no? Tengamos en cuenta que cuando decimos psicosis ordinaria, es una psicosis, que no ha desencadenado, que puede desencadenar, que puede quedar allí, que puede sostenerse en el tiempo de esa manera porque encuentra un arreglo que no lo perturba demasiado con el goce., que el goce no se le viene, de alguna manera, encima.

Miller se pregunta, por ejemplo, qué pasa con esos sujetos que se la pasan repitiendo arreglos, eso es interesante, porque dice “tengan cuidado con esos sujetos que se la pasan repitiendo arreglos”. Por ejemplo, “Yo empiezo una carrera… y la dejé”, no lo sienten como una pérdida, o como algún obstáculo, sino que es como una metonimia infinita de arreglos. Ahí hay que tener cuidado porque se trata de una psicosis que anda buscando los arreglos posibles, y el analista no tiene que interrumpir eso, porque sino, digo, en esa confusión a veces es: “¿Pero por qué tendría usted que andar buscando?”. Hay que tener mucho cuidado con cómo se las arregla cada uno para buscar un modo de acomodar algo de eso que metonímicamente se le desplaza, en términos de fuera de sentido, no lo entiende, fuera de discurso, no lo abrocha, no puede hacer un punto de basta, no puede detener con algún tipo de significación o de sentido. Entonces circula metonímicamente hasta que encuentra algún arreglo de goce

Público: Y uno los ve como errantes, ¿no?

Susana Amado. ¡Exactamente! La errancia…

Público: Carrera, trabajo, familia, ciudad, país incluso, en esta búsqueda…

Susana Amado: Y la errancia es un signo que hay que tener en cuenta, y no hay que detener, desde uno detener, pero es para considerar que la errancia es algo del orden de lo metonímico, de un goce que se filtra, una y otra vez, que hace que un sujeto esté errando, porque no puede detener el goce que irrumpe, entonces se sale de la norma. Ahí uno podría decir si es incauto, y no, no puede serlo como nosotros, neuróticos, a veces somos bastante incautos. No son incautos, hay como una dispersión del sentido, de lo que parece, pero encuentra recursos para errar.

Público: La errancia es un recurso…

Susana Amado: Puede ser un recurso y puede ser demoledor, pero sí es signo que ahí hay algo

Público: No logra tener consistencia…

Susana Amado: Que no consiste en algún lugar. A veces consiste. Es interesantísimo pensar que a veces tienen más recursos que cualquier neurótico, inventan más recursos, lo que no quiere decir que no padezcan tremendamente. No estoy haciendo una panacea de esto, pero tienen recursos, no les impide ser brillantes. Lacan cuando le preguntaban decía “yo soy psicótico”, se sentía identificado más con la psicosis que con la neurosis. A veces también es interesante pensar como uno, en el cuidado, piensa que va a desbaratar, quiero decir, la demasiada mesura o el demasiado control superyoico que puede pensar en la protección, también es limitativo.Cuando un psicótico se presenta y dice de la errancia, ese deslizamiento no es un signo que va a parar a un delirio, así como uno no está hoy sosteniendo el delirio al modo que lo pensaba Freud en algún momento, el delirio es estabilización. No siempre. Van a ver el texto que les dejé, de Eric Laurent también, es interesante el punto de qué se interpreta ahí.

Público: Lo más interesante es el reverso, en la época de Freud se pensaba qué hacía un desencadenamiento, y aquí lo importante es pensar qué anuda.

Susana Amado: Por supuesto, exactamente, en lugar de andar preocupado por el delirio, interesarse en la trama, por un lado, para tener idea qué fue lo previo, la pre psicosis, lo que acontecía antes, sí de eso poder saber, pero fundamentalmente los arreglos que tiene un sujeto para el goce, ¿no? Cómo se las arregladice Miller, hay tres externalidades, una es subjetiva, la otra es corporal, y la otra social. Entonces, dice, ¿cómo se las arregla un sujeto con esas externalidades? Y lo que es muy interesante es, bueno, que no se las arregla solamente con el orden simbólico que va a determinar y regular, sino que puede regular con un objeto, puede regular desde lo real, puede regular desde lo imaginario, por ejemplo, si un psicótico va, o una psicótica va, se inscribe en los grupos emo y sale rey o reina de los emo.

Público: Su propia lengua.

Susana Amado: Es decir, ese es un recurso de apelación a ese imaginario roto que puede haber en la psicosis y el armado, que no es lo mismo que el orden de hierro del superyó, no es lo mismo que nombrarse como las histéricas que dicen “formo parte del grupo que están todas cortadas”, que son modos de identificación que no son identificaciones, sino que son comunidades de goce. Buscar comunidades de goce que permiten nombrarte como, nombrarte en la pertenencia a una comunidad. Pero si un paciente viene, un psicótico, uno puede decir que los grupos lo van a desestabilizar. ¿Por qué? A veces funciona como regulador.

Público: Quiero preguntarte por lo de Freud, que no se preocupaba tanto porque el paciente fuera a desencadenar sino por…

Susana Amado: No, sí se preocupaba, no es que no se preocupaba porque iba a desencadenar, sino no estar atento a que pudiera desencadenar. El dice que la psiquiatría allí no atendía, a veces, el desencadenamiento. Freud se preocupa por el diagnóstico, esto es interesante, piensen que pasaron muchos años de eso, hoy estamos en otro momento, lo que llega a la clínica es más bien algo de este orden de esta psicosis ordinaria, uno no sabe qué es este sujeto que se presenta, que nos interroga todo el tiempo y necesitamos ir a supervisar, contarle algo y decir: “no entiendo que es, de qué se trata”

Público: Muy impregnado de lo imaginario…

Susana Amado: ¡Muy impregnado de lo imaginario! Por eso Lacan dice que habita el estadio del espejo, y es cierto

Público: Respecto al estadio del espejo, Lacan habla ahí la edificación del tronco de la demanda, lo toma como agresiva, ¿por qué?

Susana Amado: Porque del estado, uno podría decir, anterior a la unidad, porque hay que pensar que en el estadio del espejo hay dos momentos, uno del que no se puede hablar, que es el estado más gozoso, es lo que podría uno decir el trauma mismo, del que nadie puede decir nada, se puede abordar, ponerle un borde, de alguna manera, pero de ese, que es el agujero, no se puede hablar. El espejo sirve para pasar a ese otro lugar donde lo imaginario le hace creer, el espejo, por eso Lacan utiliza ese recurso de la física, el espejo le hace creer en una unidad. Ahora, esa creencia que se le arma de que es un cuerpo unido, cuando no lo es, porque es un cuerpo fragmentado que depende del Otro en todo sentido, es lo que es un sujeto humano nacido. Devuelve una unidad que es imaginaria, que está sostenida en ese imaginario por un  Otro, digamos el Otro del lenguaje, el Otro que va a habilitar esa entrada en el lenguaje, que va a habilitar después la palabra. Recuerden que Lacan tiene un escrito “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”. Función y campo de la palabra y del lenguaje, es decir, aparece el lenguaje, pero la palabra es otra función, la palabra se habilita, es un segundo tiempo. Para eso, dice, es un padre que inscribe, que permite la afirmación.Así lo de la exterioridad, está adentro y está afuera.

Público: Como una Banda de Moebius…

Susana Amado: Claro, tal cual, está adentro y está afuera. Está adentro porque permite la inscripción, está afuera porque está en el lugar que para que se funde la ley tiene que estar afuera, y está adentro porque, al mismo tiempo, tiene que estar atravesado por la ley, no es que es un padre que dice “yo estoy afuera y ordeno, ordeno y digo que no hay ley para mí”, porque si eso es un padre, no hay ley para mí, es el padre de Schreber, es el padre de los que pululan en este mundo, no es solamente el padre de Schreber. ¡Ojalá!

Me interesa saber chicos si se va entendiendo, porque esta es una clase muy primaria, después van a dar cuestiones más avanzadas en la teoría, Graciela Esperanza va a hablar seguro algo de los nudos, es necesario pensar primero en la estructura, de hecho se llama así: “Clínica estructural”

Público: Lo interesante es que es tal cual como vos lo has marcado al comienzo de la clase, la clínica estructural implica darle todo su valor al diagnóstico estructural, sin perder de vista lo singular. Y que lo singular son estos anudamientos más allá de las estructuras, pero no sin las estructuras.

Susana Amado: Tal cual, no sin las estructuras, esto quiere decir… ¿Qué es lo que la palabra estructura indica? El agujero. La estructura es eso: la aceptación de que hay un agujero inicial. Lo que pasa es cómo se abordó ese agujero, con distintas maneras de transmisión, eso es. Después les voy a comentar lo que dice Miller en “Más allá del Edipo”, lo que dice del padre.

 

2da parte:

Susana Amado: Bueno, les quiero comenzar unas pequeñas cuestiones que Miller trae, porque me parece que ordena, cierra un poco lo que hoy yo les planteaba, les va a articular algunas cosas, muy acotadas, porque me gustaría que haya lugar para preguntas. Ustedes tienen la clínica, quienes puedan poner ejemplos clínicos, me va a venir bien.

Miller sigue con esta pregunta: “¿Ya llegó el psicoanálisis más allá del padre? Frecuentemente se ha reducido la enseñanza de Lacan a un aporte, y a ese aporte se lo redujo en ocasiones a la teoría del nombre del padre, expuesta en el escrito de “de una cuestión preliminar”. Pero muchas veces se desconoce el recorrido que llevó a Lacan a derribar el ídolo que se le imputaba haber elevado, y fueron necesarios los dichos más explícitos, más explicativos de sus últimos seminarios, de los años ‘70, para que se acepte percibir un cuestionamiento efectivo, sin embargo, que se localiza en el ’63, cuando la facticidad, lo fáctico del destino de Lacan en el psicoanálisis, lo condujo a designar como tal el deseo de Freud, a fin de extraerlo. No de sacarlo, de extraerlo, de ponerlo en lugar. “Eso, que desde entonces llamamos entre nosotros el impulso analítico, es el psicoanálisis más allá del Edipo”

“Más allá del Edipo” no quiere decir olvidarse que el Edipo forma parte de la trama familiar, se constata que el padre, la madre, su relación con la demanda, su deseo, su goce, la familia, su configuración en cada caso, son términos y temas electivos de la preocupación de un sujeto. La relatividad antropológica del mito de Edipo y de las sociedades patriarcales no quita nada a lo que Lacan llama su radicalidad. Por el contrario, su relatividad antropológica, valoriza aún más su radicalidad en la experiencia analítica. El más allá del Edipo solo es concebible si el Edipo es situado en su lugar, es decir, primero es necesario situar algo del Edipo para pasar más allá del Edipo. Un sujeto no viene a análisis sin la configuración familiar, sin el nombre, ¿Se entiende?

Público: Sin la novela…

Susana Amado: Sin la novela familiar, sin ese armado, pero es necesario pasar por ahí para extraerlo. Y después dice: “El Edipo no es menos que en Tótem y Tabú, lo que se llama una historia novelada. Los mitos freudianos del padre, el Edipo de Freud, recoge de los griegos, como Tótem y Tabú, que inventa a partir de Darwin, son otros tantos cuentos hechos para novelar la pérdida de goce. Hubo entonces alguien que dijo: de tu goce, eso es mío, y que te lo robó para no devolverlo más, ese es el padre. Así, donde estaba el deseo de la madre, donde estaba ese goce, advino el padre, que lo arrebató. El parricidio no libera pues, el padre se lleva con él, en el mito de la horda primitiva, el goce con él”, es decir, que por más que se mate al padre, se lleva el goce con él. “El parricidio acá no es más que un gaudicidio, aprovechando la palabra latina de donde proviene, pese al uso de Cicerón, nuestro goce, gaudi. Un real responde por esas ficciones, ¿Cómo designar ese real apropiadamente? El objeto perdido también es un mito, y designarlo como objeto a, ¿Es ir más allá del semblante? ¿No es una ficción más que armamos? El esfuerzo por un psicoanálisis, que no fuese más una mitología, un discurso que no fuera de semblante, no podría satisfacerse, ubicando en el lugar del nombre del padre, un significante cualquiera, en función de amo. Pues, eso no es salir del semblante. Ubicar allí el objeto a ¿Es ir más allá? ¿O es continuar con la ficción? ¿Hasta dónde se extiende exactamente el imperio del padre? Es decir, el semblante por excelencia. ¿Qué deja fuera él? La función del nombre del padre responde a un uso práctico, la apuesta de un psicoanálisis más allá del Edipo también, no es menos práctica, ¿Cómo no reconocer la presencia, la incidencia, la virulencia de los nombres del padre? Los semblantes del padre en la experiencia analítica, ¿Y cómo negar el uso? Pero es necesario servirse del padre. Eso no quiere decir rendirle culto a él, por el contrario, reconocer el uso del padre en su dignidad instrumental, como un instrumento que implica arreglárselas sin él, en la teoría, si se quiere, ir más allá de una mitología, de ser algo como una ciencia de lo real”…

Público: ¿Ciencia de lo real?

Susana Amado: Claro, pensar el psicoanálisis como ciencia de lo real es ir más allá del Edipo, vos te podés servir de todos los elementos posibles para tratar el goce, pero lo real existe, el goce sin domesticar. Esa es la ciencia de lo real. Por eso decimos: a lo que la ciencia intenta domesticar, lo real, saber hacer con lo real, creer que puede ordenar algo del mundo, los científicos, lo que elide la ciencia, lo que deja de lado, lo que forcluye, es el sujeto. Lo que queda por afuera de lo real. Nosotros admitimos lo real, la ciencia piensa que lo real existe, pero que es posible de ser domesticado, medicado, controlado. Bueno, hasta acá.

Público: (pregunta inaudible)

Susana Amado: A ver. En ese caso, cuando Freud insiste mucho con el Hombre de los Lobos, él quiere hablar de la escena primaria, entonces quiere fundamentar su teoría, estaba inventándola, y entonces quiere abrochar todo con su teoría, no importó mucho que el Hombre de los Lobos se brotara, también en la neurosis obsesiva, el caso de neurosis obsesiva trabajado por Lacan, el Hombre de las Ratas, ahí también, digamos, hay un pequeño empuje de Freud, pero para corroborar de alguna manera la neurosis obsesiva. Freud se encontró con las dificultades, por eso le escribe al pastor y le dice: “me pasó que me confundí con un caso de neurosis obsesiva, que luego devino una psicosis”, no sé si está hablando del Hombre de las Ratas, pero el advierte. Recuerden que Freud está fundando. No es lo mismo Freud que Lacan, Lacan se topa con una teoría armada, puede ir más allá de esa teoría, maniobrar, incluso aportar muchas cosas, igual que la psiquiatría, el psicoanálisis avanza, no son los mismos tiempos de Freud, pero Freud estaba fundando. Entonces, hasta se legitiman los errores en eso, pero fíjense lo que yo les leí, como él advertía la diferencia y lo necesario del diagnóstico, tomarse el tiempo para diagnosticar de qué se trata, si no lo podemos diagnosticar, porque hoy el caso viene con cierta complicación, por lo menos estar atentos a cómo regular, estar atentos a los desencadenamientos, a la estructura que tiene, no empujar, dejar que los arreglos del goce vengan del sujeto mismo, y  funcionar como secretario del alienado, funcionar apoyando y a veces haciendo de Nombre del Padre, permitiendo esa nominación, nombrando en ese punto, o haciendo de semblante de objeto para que el sujeto se identifique de una manera.

Hace un momento, me comentaban algo de la psicosis, que me parece que es interesante, cómo opera esto en el autismo…

Público: Sí, a mí me llamaba la atención cuando te escuchaba cómo en el autismo se presentifica este estatuto, digamos, del significante, o del S1, como condensador de goce en el propio cuerpo en el autismo, o sea, en ese punto ahí vemos como la repetición, existe la repetición, el autista con su propio cuerpo la ejerce, o con el objeto que toma para eso, tiene otro estatuto. Se ve ahí la teoría de Lacan presentificada en el estadio

Público: La forclusión del agujero

Susana Amado: Claro, porque además el psicótico que porta el objeto que porta, no es un objeto exterior a él, no es el objeto transicional de Winnicott, o el objeto que el niño porta en una neurosis. Ese objeto, en el autismo, está identificado con ese objeto, es como si fuera del cuerpo, no hay diferencia

Público: No. Por eso habla de extracción del objeto, es lo que permite separarlos, porque está pegado

Susana Amado: Ahí no funciona para nada lo que en el estadio funciona como “salir afuera de la imagen especular”, para ir a buscar.

Público: En la clínica se ve como los chicos tienen un mismo comportamiento, sea una repetición constante en cada sesión, lo que hacen con su cuerpo, se ve  como el S1 es condensador de goce, que repite todo el tiempo el mismo goce. Y hay que ver como uno, con mucha prudencia, va pudiendo articular alguito, alguna cuestión nueva, en ese circuito.

Susana Amado: Claro, como tercerizar ahí de alguna manera, es poner algo más en ese espejo, hacer funcionar un operador.

Bueno, ¿Quién más quiere preguntar o si se le ocurre alguna cuestión?

Público: Cuando vos decías Susana el tema del “psicoanálisis más allá del Edipo”, lo entiendo como que no es sin la estructura, primero se va a la estructura para luego localizar los modos de gozar, pero no es una sin la otra…

Susana Amado: No, por supuesto, por eso dice que para eso tiene que estar el Edipo instalado, no es sin la tríada, porque si no queda, como decían, dos en uno.

Público: Además la palabra opera como que vela algo, un circuito del análisis que hay que trazar y transcurrir

Susana Amado: Porque cuando decimos semblante, o velar, todo eso es que ya funcionó una operación, la bejahung, o la afirmación primordial, funciona sobre el fondo del reconocimiento de que hay una ausencia. Entonces, ¿Qué es lo que vela uno frente al agujero, al vacío? Lo vela con objetos, con semblantes, con paradas, con lo imaginario, con las pilchas, que se yo, en el sentido de que todo eso es un velamiento de la falta.

Público: Sería que hay eso pero porque no hay

Susana Amado: Claro, ese es el semblante. Son tratamientos respecto de ese agujero. Ese es el borde, Freud lo pone el borde, la pulsión es un tratamiento, de alguna manera, de hacer algo con ese borde, bordear el agujero, digo. El circuito de la pulsión

Público: Lo que sería ir más allá del Edipo, sino ver cómo se constituye de alguna manera el Edipo, cuáles son los arreglos con los cuales que se encuentra al momento de llegar, cuales son los arreglos a los que no está pudiendo llegar y está sufriendo y viene a la clínica, ir más allá de cómo se ha construido como psicótico, neurótico, ver las formas que ha encontrado de arreglarse en un punto

Susana Amado: Claro, lo que importa es eso,lo que dice, tomando lo que habían mencionado respecto de la letra, que tomé yo “El momento de concluir” de Lacan que dice: “el tratamiento del agujero, que marca el campo de imposibilidad, se hace por trazos de goce”, homologa a una letra, y no solamente por el lado de la significación, no es solamente que la significación abrocha, sino esas posibilidades de que hay trozos de goce, donde alguien puede armar con esos trozos de goce algo. Por ejemplo dice “la inhibición, el semblante, el síntoma, la realidad, la angustia, la verdad, no son solamente metáforas, son elementos que están condicionados por el efecto de significación”. Son asumidos hoy como ciframientos de goce, tanto la angustia, tanto el síntoma, y para eso entonces uno va a Joyce. En Joyce, la mujer, el amor en Joyce, que uno podría desalentar en cualquier psicótico. Bueno, Joyce no ha sido paciente de nadie, menos mal, porque hubiera dejado de escribir maravilloso, pero digo, no ha sido paciente de nadie y, sin embargo, en este caso que uno desalienta muchas veces el amor, en el sentido, no sugerís “Ay! Conocete una chica por Tinder” a un psicótico, porque lo podés mandar… manda al neurótico a cualquier lado, a veces, imagínense en un psicótico. Joyce se anudaba con Nora, la esposa, en esa relación escatológica que tenían. Joyce la cuenta, y la cuenta Ellmann, su biógrafo. Las epifanías en Joyce, no sé si lo han leído alguna vez, pero tiene un recurso con el lenguaje impresionante. Pero a las epifanías todo el mundo las consideraba como esos momentos de brillantez de Joyce. En realidad, son brillantes, pero son efectos de que lo abruma el goce, y él le pone una especie de contención a ese modo de exceso que se le viene, entonces es una especie de luz, Joyce encuentra ese recurso. Pero la gente cree que lo escribía, porque es diferente a esa escritura que tiene, esa escritura metonímica, atravesar el lenguaje, romper con el lenguaje, con la lengua materna, todo. Otros ejemplos Wittgenstein, Pessoa, con esos heterónimos. Hay muchos escritores que fueron psicóticos, filósofos, todos han hecho una obra con eso, algunos eran muy brillantes. No todos podemos…

Bueno, hasta acá chicos.

Público: Un comentario nomás, funciona como un sinthome el arte.

Susana Amado: Exacto, es una letra que se abrocha, efectivamente, una manera singular de abrochar el goce, ese es un sinthome, para cualquiera, para psicosis también.

Público: Respecto a la novela familiar, Susana, hay casos que no viene con eso. Caso de toxicomanía, por ejemplo, hay que crearla

Susana Amado: Se puede preguntar eso, porque en realidad ahí eso está obturado. No todos los casos de toxicomanía son psicóticos, se puede preguntar lo que quiere eludir con la ingesta, lo que pone allí, pero yo creo que son recursos absolutamente de, a ver, recursos con respecto al vacío existencial, con respecto al vacío, que hay cierto rechazo a la castración, al agujero, y sobre ese punto pretenden ese vaciamiento de goce, recuperarlo. Algo de eso funciona, yo no tengo una clínica de las toxicomanías, pero me parece que son tratamientos posibles de ese vacío, con lo cual se escucha como escuchas a cualquier paciente, aportando ahí los elementos que son necesarios, cuando percibís que hay algo más cuidado de cómo se arma eso. Hay muchos psicóticos que consumen, se exceden con eso. Se estabilizan si tienen un buen acompañamiento. En general, el recurso es la manía, una especie de metonimia infinita. La adicción genera ese sin límites. Hay que ver cómo se maneja porque es cierto que es irrefrenable, no se domestica, pero se puede tratar, ver en lugar de qué cosa está.

Gabriela Maidana: Muchas gracias Susana por la clase y al público por las preguntas.

Ciudalitica | 2018

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Clase n°3: «PERVERSIÓN Y PSICOSIS. RENEGACIÓN Y FORCLUSIÓN». Docente: Patricia Moraga

Clase n°3: "PERVERSIÓN Y PSICOSIS. RENEGACIÓN Y FORCLUSIÓN". Docente: Patricia Moraga

Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Magister en Clínica psicoanalítica de la Universidad Nacional de San Martín y docente de la Facultad de Psicología de la UBA.

 

El retorno sobre el propio cuerpo, la voz media o refleja y la pasividad es en el hacerse. Lacan dice “recién en el tercer tiempo de la pulsión, en la voz pasiva, el circuito de la pulsión termina su recorrido”. Qué quiere decir. Si bien esto es en la voz pasiva, Lacan resalta siempre -leyendo Pulsiones y destinos de pulsión- que en la pulsión hay un primer tiempo, por ejemplo, pegar. ¿Se acuerdan del texto Pegan a un niño? Bueno, voz activa. En el segundo, tenemos pegarse como voz media o refleja. Es tomarse a si mismo como objeto en el cuerpo. En el tercero se tiene que buscar a otro que ejerza la función de sujeto, dice Freud. El sujeto se coloca en el fantasma en el lugar de objeto, haciéndose pegar por el Otro. Entonces, en el tercer tiempo gramatical, es la voz pasiva, pero Lacan dice que la pulsión no es pasiva, la pulsión siempre es activa y, en lugar de decir como Freud, “soy pegado por el Otro”, que sería el tercer tiempo de la pulsión, dice “hacerse pegar por el Otro”, donde resalta lo activo de la pulsión. Este tercer tiempo, el hacerse pegar, Lacan dice es masoquista.

 Por medio de la pulsión Lacan introduce algo que había dejado fuera de su enseñaza y es que para gozar se necesita tener un cuerpo. El goce es siempre en el propio cuerpo, no es en el cuerpo del Otro, por eso llama a ese goce, autista, porque es en el propio cuerpo. Se goza en el cuerpo, el cuerpo se goza, no es que gozamos del cuerpo, el cuerpo se goza. Este tiempo es fundamental. Pero esto es la pulsión, no es la perversión. La pulsión necesita hacer surgir al Otro por medio del masoquismo, en el hacerse pegar. Lo que hace la pulsión es ir a buscar un objeto en el campo del Otro para luego extraer ese objeto del campo del Otro, dar una vuelta en torno al objeto y satisfacerse en el propio cuerpo. El goce es en el cuerpo. ¿Qué quiere decir? Por ejemplo, hacerse pegar por el Otro, hacerse mirar por el Otro, extraer una mirada del Otro, hacerse chupar por el Otro, todas las pulsiones. Quiere decir que, si no hay Otro, la pulsión no puede terminar su recorrido, entonces necesita hacer surgir el campo del Otro y el modo de satisfacción de la pulsión siempre es masoquista. El modo de satisfacción de la pulsión es masoquista, porque es el hacerse. Esto es la pulsión. Lacan dice, la perversión no es la pulsión, la pulsión no es perversa, su modo de satisfacción es masoquista. ¿Cuál es la diferencia?

Volvamos al significante de una falta en el Otro, esto es, el significante de una falta en el Otro es lo mismo que decir no hay Otro del Otro, o el Otro no existe. Porque si existiese el Otro del Otro seria completo, pero si en ese Otro hay una falta eso instaura que el Otro no es completo, pero, además, que no existe. Cuál es el significante que Lacan había dicho que era el significante que hace existir a la batería de los significantes: el Nombre del Padre. Después va a decir, el significante de la falta en el Otro pone en cuestión al Nombre del Padre, no es que el Nombre del Padre es el Otro del Otro, o la garantía. Entonces el Otro no existe, esto es una barra (pizarrón) en el Otro, estructuralmente, hay una falta. Lo que distingue a las estructuras clínicas, a la psicosis no, pero a la neurosis y a la perversión, es qué solución o qué tratamiento se hace, cuál es la respuesta que las estructuras, dan a esta falta en el Otro.

La perversión. Hay dos momentos, el momento en que Lacan trabaja en el Seminario 10 donde él lee la perversión al mismo modo que lo hace Freud. Dice, en el encuentro con la castración del Otro, en el encuentro con la castración materna, el perverso lo que hace es obturar esa castración materna, desmentir esa castración materna, por medio de fijar una imagen que intenta colmar la castración del Otro desmintiéndola: el fetiche. Entonces dice, el menos phi de la castración, como lo escribe Lacan, es colmado para obturar la falta con un objeto a que cumple la función de fetiche. Pero lo gracioso del asunto, esto es, desde el punto de vista del falo, es que ese objeto que va a ir a decir “no, no esta castrado” o “ahí no hay falta”, al mismo tiempo que intenta colmarla resalta que hay castración. Tiene ese doble juego. Pero es una imagen, eso es lo interesante. Es como si el perverso se quedase detenido en un momento anterior dice Freud. Antes sabe que está la castración, no es que no lo sabe, lo sabe, pero lo desmiente y se queda detenido un momento antes, preñado de una imagen que va a venir a ese lugar. Entonces, en el Seminario 10 Lacan sigue a Freud y dice el objeto a, el objeto fetiche, viene al lugar de la falta, viene a tratar de obturar la falta, pero no la colma. En el Seminario 11 Lacan da una vuelta más a la perversión y en el Seminario 16 hay un capítulo que se llama la clínica de las perversiones, que es precioso y fundamental sobre el tema.

En el Seminario 11 Lacan, va a analizar la perversión, pero no la articula con el falo. Va a situar la diferencia con la neurosis, porque si ustedes ven el matema: el menos phi y arriba el a, esto es, la condición neurótica de elección de objeto. Digo, un hombre elije, porque la condición fetichista es del lado masculino, no es del lado femenino, Lacan lo señala, un hombre elije a una mujer por un rasgo, no la elije en su totalidad, la elije por un rasgo. Ese rasgo es lo que determina la elección de objeto. Entonces, en el fantasma se comprueba, del lado masculino, cómo el objeto, que es colocado acá, es colocado en tanto que tiene algo en sí, el falo, que lo hace deseable. Pero este objeto es la condición de deseo y de goce para un hombre. Esto es general, es la condición fetichista general. Un rasgo que tiene que tenerlo, que desencadena el deseo del lado masculino y la condición de goce, pero que tiene que estar presente. Si no esta presente, desaparece el deseo y desaparece el goce del lado masculino. Entonces Lacan dice que lo que caracteriza a la perversión, es la voluntad de goce. Eso es lo principal, que en el perverso hay voluntad de goce.

Lo que me interesa señalar, acá hay una falta (pizarrón), Lacan va a decir que ésta falta que hay acá es como la estructura misma, topológica, que lo que produce es una atracción de goce. Lo que va a ir a este lugar es el objeto a, para tratar de colmar esa falta en el Otro. La diferencia, entre la pulsión y la perversión, es que la posición del sujeto está en el lugar del objeto, él se hace objeto para producir la división en el Otro, para llevar el objeto a, al campo del Otro. Esa es la diferencia. Es la instrumentalización que el perverso hace del objeto.

Los perversos en general no van a análisis primero, si van a análisis duran dos o tres sesiones, porque el perverso sabe como alcanzar el goce, no esta desorientado como el neurótico. Su pregunta no es qué deseo, qué quiero, cómo lograrlo, no. Él sabe cómo lograrlo, sabe cómo alcanzar el punto. Pueden ir a análisis, pero porque tal vez su perversión le ocasiona demasiados problemas, cuando de repente se descubre algo en relación a la mujer, los hijos y demás, en lo social. Pero no van a ir a cuestionar su perversión. Si van a cuestionar su perversión no es un perverso. Seguramente el que se va a cuestionar y se va a angustiar es el analista, no el perverso. Entonces, hay una orientación de Lacan y es que, en la perversión, si uno tiene un encuentro con un perverso, no hay que ir por el lado de señalarle el goce porque eso ya lo sabe, lo sabe mejor que uno, nos puede dar una lección. Sino ir por el lado del deseo y por el lado de la falta, tratando de ubicar lo que no sabe, no el lado del goce, no orientarse por el goce. Lacan dice hay que orientarse por el goce, siempre hay que orientarse interpretando el goce. En el caso de la perversión no, sino nos puede dar la clase y no se modificaría nada.

Lacan sitúa cuatro pulsiones. La pulsión oral con el objeto, siempre es un semblante, un representante, que es el pecho porque como el objeto primero se perdió todo lo que viene después son representantes. Segundo, la pulsión anal -estas dos están en relación a la demanda del Otro-, con las heces como objeto. Tercero, la pulsión escópica, la mirada. Y la pulsión invocante, la voz, el objeto voz.

La mirada, la pulsión escópica, se divide en dos según el tratamiento que se haga del objeto: hacerse ver por el otro, es decir, hacer surgir la mirada en el campo del Otro exhibicionismo, o mirar. Mirar lo imposible de ver, porque el objeto está perdido, imposible de ver, voyeurismo. Esta tiene como objeto la mirada y se trata siempre de, por un acto exhibicionista, por ejemplo, hacerse ver por el otro, hacer surgir la mirada del Otro es hacer surgir el objeto en el campo del Otro. En el mismo lugar donde está la falta en el Otro se hace surgir ese objeto. El exhibicionismo lleva la mirada al campo del Otro, haciéndola surgir. Se podría decir que lleva el goce al campo del Otro. No es una ficción, no es que el Otro goza, el hace surgir la división en el campo del Otro y hace surgir el objeto a mirada en el campo del Otro. Si el Otro no se barra, si el Otro cuando ve un exhibicionismo no hace nada, el perverso exhibicionista fracasa. Es importante el efecto de sorpresa, porque si uno ya sabe que va a pasar eso fracasa. Él es el efecto de sorpresa que produce en el Otro y lo barra. La división es del Otro y el objeto aparece en el campo del Otro.

En la pulsión invocante tenemos dos, como en el objeto voz, el sadismo y el masoquismo como estructura perversa. Lacan introduce una ironía, una ironía terrible y una ironía que interpreta cuando dice que Kant es un perverso, cuando lee el imperativo categórico kantiano que es la ley universal, la ética kantiana. Para Kant hay una ley universal que rige para todos sin excepción, el único que se salva de esta ley es la voluntad santa o la voluntad buena, es una ficción. Pero para Kant para que esta ley se cumpla hay que dejar por fuera, y este es el punto, todo lo que es del orden de lo patológico. La ley no se puede determinar por lo patológico. Pero qué es lo patológico, es el deseo. O, determinar la ley “bueno voy a hacer una ley universal ahora” tiene que ir en contra de eso. No voy a robar, por ejemplo. El imperativo categórico dice que no voy a robar, podría robar en esta situación, pero esta situación se va a convertir en una cuestión universal, voy a hacer una ley de esto “no robaras” y demás. Kant dice no, la ley no puede estar determinada por el gusto, por el placer, por lo estético. Eso es del orden de lo patológico. La ley se determina en sí misma. Entonces Lacan dice que el imperativo categórico kantiano es un imperativo de goce, es a todos el mismo goce, voy a aplicarles a todos la voluntad de goce. Interpreta la voluntad kantiana como voluntad de goce. Porque en especial, esto lo dice en relación al sadismo, cuando uno lee el marques de Sade, Sade escribía y era un teórico, lo libros que escribe son muy aburridos. Bueno, los libros que escribe son sádicos, es más, Krafft-Ebing que es un psiquiatra, clasificó, inventó una perversión y a esa perversión le dio el nombre de sadismo, le puso el nombre del Marqués de Sade; así como a otra perversión le puso masoquismo, y ese masoquismo viene de otro escritor que se llama Leopoldo Sacher-Masoch, que es quien escribió La Venus de las pieles y después se hizo una película. Sacher-Masoch es mucho más divertido porque es otra literatura, es otro el modo de decir, porque son dos estructuras diferentes. Pero Sade, en la vida, como sujeto, no era un sádico, era un masoquista. Estuvo encerrado, pobre, su obra se quemo, desapareció, y fue encerrado por la suegra. Fue una tragedia la vida de Sade.

Lacan dice que el sádico produce la división en el campo del Otro, produce el cuerpo dividido en su existencia en el cuerpo de la victima que es aquel que sufre todos los actos del libertino sadeano. Pero todas las torturas que el libertino realiza sobre sus victimas tienen que ser dichas. El goce que alcanza el sádico no está en el hecho mismo de pegar o de hacer sufrir al Otro, está en el razonamiento que acompaña todos los actos. Por eso lacan dice que el sádico es frío, es analítico, como Kant. Es frío y es analítico porque si hay un goce, es el goce en el pensamiento, es el goce en el razonamiento. Todos los actos violentos, todos los actos que se ejercen, de tortura sobre las victimas, tienen que ser hablados, razonados, tienen que ser justificados. No puede haber ningún goce que esté implicado en hacer la tortura en sí misma, tiene que tratar de vaciar eso del objeto, no tiene que haber nada, no tiene que haber un goce, no tiene que haber un placer, la cuestión está en el razonamiento, en lo analítico de la demostración. Por eso Lacan dice “lo propio del sadismo es la apatía”, uno se aburre, hay un momento en el que uno se aburre, es apático, el texto es apático. Lo propio del sádico es la ironía. Un sádico, dice Lacan, no temería que aquellos sufrimientos o torturas que ejerce sobre el Otro sean ejercidos sobre sí mismo, porque seria alcanzar el colmo de la realización.

George Bataille, que tiene un texto que se llama El erotismo. Bataille decía el Marqués de Sade nos enseña el exceso que nos funda en tanto sujetos, que siempre el goce se presenta bajo la forma del exceso. Dice que no hay ninguna relación entre el lenguaje de los victimarios y el lenguaje de las victimas. En el nivel del goce, esto lo dice Bataille, no hay comunicación posible. Una cosa es lo que dicen los victimarios y otra cosa es lo que dicen las victimas. No hay relación. Lacan señala que la perversión que llega más lejos es el masoquismo. El masoquista, la perversión masoquista nos enseña la importancia que para el masoquista tiene el partenaire, el Otro. El masoquista, como Sacher-Masoch, tiene que encontrar a un partenaire al cual él enseña lo que tiene que hacer, las torturas que le tiene que aplicar a él mismo. Tiene que ser una mujer que se presente como débil, como que no sabe mucho, y él hace de esa mujer débil una mujer poderosa, la convierte en un tirano. Le da el objeto a ella, traslada el objeto al campo del Otro. Cuál es ese objeto, la voz. Y cómo lo hace. Deleuze, en Lo frío y lo cruel, dice que el masoquista es un pedagogo porque tiene que educar a la mujer que va a ser su partenaire. No es que la mujer que es su partenaire es sádica en su naturaleza o tiene un gusto en pegar, no. Él la educa, la convence, le sugiere de tal modo que ella actúe como partenaire de él. Wanda la heroína, de La venus de las pieles, de Sacher Masoch, lo tenía que mantener como mayordomo en su propia casa durante seis meses, pero por contrato, le tenía que dejar dos horas para trabajar, para escribir. El segundo contrato era más estricto, tenía que estar como un perro, iba a dormir al establo, tenía que comer en el piso.

Entonces, en resumidas cuentas, Lacan lo que dice es, el masoquista le da el objeto voz al Otro, lleva el objeto voz al campo del Otro, se queda sin palabras, es ella la que habla y ordena, pero toda la operación es del masoquista. Es ella la que habla y la que ordena y él obedece como un perro, como Sacher-Masoch. La perversión parte de que en el Otro hay una falta y a partir de eso lo que hace es completar al Otro, introduciendo en el Otro un goce por medio del objeto a. Es decir, que hace existir al Otro, le da consistencia. Pero lo que no sabe el perverso y es lo que señala lacan, es que el perverso cree que goza cuando en realidad trabaja para el Otro, trabaja para producir la barradura y el goce en el Otro. Y eso es lo que el perverso desconoce. Lo que desconoce es que es él un objeto, un instrumento del goce del Otro, trabaja para hacerlo gozar y dividirlo, para que el Otro se angustie.

Si el significante del Nombre del Padre es el significante, como decía Lacan en el Seminario 5, es el significante del Otro, es el significante que hace existir al Otro de los significantes. El significante del NP, es el Otro, del Otro.  Si hay forclusión del significante del NP, entonces, lo que hay de entrada es la inexistencia del Otro, el Otro no existe, como lugar del saber. La psicosis no consiente a la impostura paterna, no consiente al semblante del Nombre del Padre. Uno cuando escucha a los psicóticos, escucha una versión del padre delirante, pero no escucha la versión, de que él crea en el padre. El no cree en el padre porque no el significante del NP no opera, no cree en él, y tiene razón, porque está forcluido. No cree en el saber del Otro, de ahí toda la ironía del psicótico, pero sí cree en su voluntad de goce, ese es el problema. No cree en el Otro como saber, no cree en la infatuación del padre. Lo que dice Joyce de su padre. Su padre era carente, era impotente, no le transmitió nada, eso lo dicen los psicóticos, no me dio herramientas, no era un padre, y tiene razón, porque no funciono así, el Nombre del Padre. Pero sí, el goce aparece en el campo del Otro para la psicosis y el sujeto puede quedar como un mero objeto a merced a ese goce. En la psicosis no hay un no querer saber, porque un no querer saber es la neurosis, no hay nada ahí, el psicótico al no tener el NP tiene que inventarlo. Entonces mucho más rutinario es el neurótico, porque el psicótico, al no tenerlo, tiene que inventar las respuestas, las soluciones.

El analista se orienta tratando de ubicar si hay signos forclusivos o no, no lo sabe de entrada. Pero si notas que hay signos forclusivos no hay que seguir por esa vía porque él te lo dice. Vos le haces un equivoco y te mira “¿y qué?” y hay que detenerse porque ahí hay un agujero, no es el no querer saber de la neurosis. Hay que tener cautela, porque el analista con la psicosis, pero también con la neurosis, tendría que ser la posición del analista, dejarse enseñar sobre eso, sobre cuáles fueron los recursos que encontró y acompañarlo de una manera activa en esas soluciones, pero no forzar porque detrás no hay nada.

Al no haber NP lo que hay es el Ideal, funciona el Ideal del yo pero que no es el NP. Entonces, el analista si esta en lugar del Ideal del yo, el peligro es que rápidamente puede virar a la erotomanía, “el Otro me ama”, como en el caso de Schreber, “el Otro quiere tener algo conmigo”, o a la persecución, el analista lo persigue. Y entonces es complicado cómo maniobrar en la transferencia, a qué lugar nos convoca el analizante, porque hay que ir al lugar que nos convoca el analizante, pero sabiendo no caer en el lugar del Otro del saber, porque si no puede aparecer la erotomanía o la paranoia.

Yo había pensado cuando tenía que preparar lo de psicosis, hacer la distinción entre lo que es la psicosis ordinaria y la extraordinaria y lo que me intereso investigar es el concepto de enganches y desenganches. Primero voy a contextualizar el problema.

La investigación de la psicosis ordinaria se inscribe en un programa de investigación que tiene una temporalidad. En 1997 hubo un encuentro clínico que es en Arcachon, que se llamó la conversación de Arcachon y un año antes el conciliábulo de Angers que es de 1996. Esos dos encuentros, que son conversaciones clínicas están agrupados en un libro que se llama Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. El tercero que fue en 1998 en Antibes, es de donde proviene el titulo de otro libro que continua estas conversaciones anteriores y que se llama Psicosis ordinaria. En estas dos conversaciones -la de Arcachon y la de Angers- de lo que se trataba era de investigar nuevas formas de presentaciones clínicas que aparecían como siendo atípicas y difíciles de clasificar, eran casos raros. Estaban clasificados como casos raros y que presentaban un problema de diagnóstico para el analista. Esos casos, que eran casos raros, pasaron a ser casos frecuentes. Cuando se empezó a investigar sobre estos casos, lo que se encontró fue que había muchos casos que eran difíciles de diagnosticar, si se trataban de una psicosis o si se trataba de lo que el DSM clasificaba como categorías clínicas difusas, si eran neurosis, si eran borderline.

El concepto de psicosis ordinaria, que no es una categoría clínica, intenta precisar el diagnostico estructural entre neurosis y psicosis, es decir, salir de la nebulosa. Y es además una respuesta política de la AMP en relación a los DSM y a las clasificaciones diagnosticas propuestas por las neurociencias. Entonces, es una cuestión ética y es además una cuestión política porque exige de parte del clínico un esfuerzo por diagnosticar la presencia o ausencia del Nombre del Padre cuando se encuentra con un caso clínico raro. Esto tiene un antecedente. Las formas raras clínicas se las trato de investigar a la luz de dos conceptos, el concepto de sinthome y el lazo social, el problema del lazo social. El antecedente es Joyce porque en el Seminario 23 Lacan dice que la forclusión del NP en el caso de Joyce está probada, pero que sin embargo Joyce no presenta una psicosis clínica, no está desencadenado; como si presenta su hija Lucia que era una esquizofrénica que estuvo internada. Pero es el caso Joyce el que permite investigar la diferencia entre un diagnostico de psicosis estructural y una psicosis desencadenada, porque en el caso de Joyce no esta desencadenado porque hay algo que viene a suplir -estamos en la clínica nodal- la falla en el anudamiento de los tres redondeles. Lo que suple en Joyce, es un invento de Joyce, es la falla en el anudamiento, es el sinthome que inventa Joyce, que es hacerse un nombre, en el lugar de la forclusión del NP, y se hace un nombre por medio de la escritura, ese es el punto en Joyce. Entonces, el sinthome en Joyce es una suplencia del Nombre del Padre que se muestra sólida, se muestra solida porque en Joyce no hay desencadenamiento, no se produce la separación de los nudos, se mantienen unidos por este cuarto que suple la función del NP.

En esta investigación se retoman conceptos lacanianos y se ubica que lo que determina la diferencia entre la neurosis y la psicosis, ya no la perversión, es si hay o no hay inscripción del NP. Si no hay inscripción del NP lo que hay es forclusión, y la forclusión del NP es el diagnostico estructural de psicosis. Lacan en De una cuestión preliminar a todo tratamiento de la psicosis de 1958 dice que el diagnostico de psicosis se comprueba con la forclusión del NP. Y cómo se comprueba. Ubica el desencadenamiento de la psicosis que él llama típico. El desencadenamiento típico es que hay una relación especular imaginaria entre el yo y el otro, a y ‘a, y aparece en posición tercera el un padre. Aparece el un padre en la psicosis -es llamado en esa posición tercera el significante del NP- como hay un agujero que es forclusivo del NP lo que responde en ese lugar es el un padre. Este desencadenamiento es lo que Lacan denomina desencadenamiento típico por el encuentro con: un padre. En el lugar donde es llamado el NP al estar forcluido, aparece, un padre en lo real.

Pero en los casos que se presentan en Los inclasificables de la clínica se constata el agujero forclusivo, que no está inscripto el NP, pero sin embargo en muchos casos no se puede ubicar en la clínica esta forma típica de desencadenamiento. Se produce un desencadenamiento muchas veces por el encuentro con un goce, por ejemplo, ante un encuentro sexual, que se presenta sin poder ser simbolizado para el sujeto. Entonces, Lacan dice, si no puede ser simbolizado por el sujeto, el sujeto no puede significar ese encuentro sexual dándole una significación fálica.  Entonces ubica dos tipos de desencadenamiento, pero los dos son de psicosis. El desencadenamiento típico, que es Po (Pi sub cero) porque lo que está forcluido es el NP, y el segundo desencadenamiento que es el encuentro con el goce, que se presenta como otro goce y que no puede ser significado por el falo porque esta forcluido, y denomina Fi sub cero. Estos dos desencadenamientos producen síntomas diversos.

El desencadenamiento por Po, la forclusión del NP, dice lacan, lo que produce son alucinaciones auditivas, pero además lo que se encuentra como presente es la significación personal, me quiere tal cosa, pero lo que aparece en primer termino son los trastornos del lenguaje, los neologismos. Mientras que en el encuentro con Fi lo que aparecen son los fenómenos en el cuerpo y otros tipos de síntomas que son más difíciles de localizar porque aparecen en otras estructuras que uno no puede comprobar que sea una psicosis, como por ejemplo las alucinaciones visuales, olfativas y demás, que no solamente aparecen en la psicosis, pueden aparecer en otras estructuras. Pero lo propio de este segundo desencadenamiento por Fi es que lo que aparece es una experiencia en el cuerpo que no puede ser localizado, aparece un goce en el cuerpo deslocalizado, los fenómenos de cuerpo. Además, en los relatos que hacen los sujetos, se localiza ese momento por ejemplo de separación del cuerpo, de despersonalización, de verse como separado del propio cuerpo o una invasión de goce que no tiene limites y que no puede ser localizado cuando está el desencadenamiento por Fi, la forclusión del falo.

Ahora bien, cuando Lacan conceptualiza la forclusión del NP está hablando al nivel de los matemas, porque lo que toma como referencia es la metáfora paterna. La metáfora paterna: está el deseo de la madre que es un significante y no se sabe el valor de ese deseo de la madre, es un enigma, es una x que hay que descifrar. Lo que responde por este deseo de la madre es el significante del NP que sustituye al significante del deseo de la madre y significa éste deseo como deseo de falo, le da una significación fálica al deseo. Quiere decir que el Nombre del Padre tiene dos funciones ya en 1958. Por un lado, abrocha el significante y el significado, detiene la significación, y toda significación va a ser fálica, y por el otro lado, significa el goce dándole un valor fálico, es decir, la parte de goce, que puede ser significada como goce fálico.

En 1970 Lacan produce un viraje porque va a pasar de la estructura lingüística a la estructura nodal o topológica. Va a pensar la estructura a partir de los nudos. Va a ubicar tres redondeles de cuerda que son real, imaginario y simbólico. Ya no se trata de la primacía de lo simbólico sobre el registro de lo imaginario y lo real, los tres son unos, los tres tienen existencia y consistencia. Entonces va a decir que en la neurosis el nudo es borromeo. Los tres redondeles están sueltos y lo que los anuda es un cuarto, este cuarto que anuda los tres en la neurosis es el NP. Si se corta el NP los tres se sueltan. En la psicosis el nudo no es borromeo. Qué significa. Que pueden estar dos nudos, dos redondeles de cuerda anudados entre si y un tercero suelto, por ejemplo, como en el caso de Joyce, está anudado el simbólico con el real pero el imaginario está suelto, y lo que anuda, engancha el imaginario a los otros dos es el sinthome como cuarto nudo. Sinthome es lo que remeda el lapsus en el nudo, lo que no está anudado, va a ir al lugar exactamente de la falla en el nudo, del anudamiento.

Cuando Lacan plantea la clínica nodal parte de una forclusión, que no es la forclusión del NP. Lacan dice que hay una forclusión, que es una forclusión generalizada, que vale para todo ser hablante. Esa forclusión generalizada es que la relación sexual no puede escribirse en el inconsciente. No hay escritura de la relación. Esto lo dijo siempre, lo único es que en 1970 dice está es la forclusión generalizada. Porque Freud también lo decía “en el inconsciente solo hay un termino que es el falo”, no hay escritura de lo femenino en el inconsciente, la oposición es fálico-castrado, pero no hay escritura de lo femenino. Si hay escritura de lo femenino podríamos tener la relación escrita pero no la hay, y Lacan viene sosteniendo esto de entrada. Ya en el Seminario 4 dice “para constatar que no hay relación sexual no hace falta más que escuchar las peleas de pareja o lo que hablan las mujeres o los hombres en relación a las parejas, el malentendido es estructural”. Ahora va a decir hay algo que es una forclusión generalizada, se parte de una forclusión generalizada, que es que no se puede escribir la relación sexual. Eso es lo que Lacan denomina lo real como lo imposible de escribir. El NP, por ejemplo, en relación a lo real, “no hay relación sexual”, es un semblante, esto es un cambio.

El NP es el modo en que el neurótico trata lo real. El modo en que significantiza el goce es por medio del NP. Pero no es el único. Lacan va a establecer una equivalencia entre el NP y el sinthome. El sínthoma cuando anuda, cuando cumple una función de anudamiento, es equivalente a la del NP. En la función de anudamiento -yo dije el NP anuda significante y significado- ahora el NP o los síntomas anudan los redondeles de cuerda, abrocha, cumplen una función de broche. Entonces Lacan dice que hay equivalencia entre el significante del NP y el sinthome. Que el sinthome como cuarto tiene una función de anudamiento de los otros tres y que este sinthome en la neurosis es el NP y en la psicosis hay invención. El psicótico nos enseña qué invento para anudar esos tres a falta del NP.  

Y aquí nos encontramos con un pequeño problema porque Lacan en el Seminario 23 dice el sinthome tiene una función de anudamiento y también enlaza, anuda al ser hablante con el Otro sexo, quiere decir que el Otro sexo es puede ser un síntoma para el ser hablante. Miller dice la psicosis ordinaria es una psicosis, es una distinción que hacemos en el interior del campo de la psicosis. ¿Cómo se hace esa distinción? En base a la presencia o ausencia del punto de basta, o a la presencia o ausencia del NP. Pero en el caso de la psicosis ordinaria el asunto es si hay o no hay un síntoma que haga de punto de capitón, que abroche. Entre que haya y no haya, hay toda una gradación. Dice, si no hay punto de basta estamos en la nebulosa. Entonces, si alguien quiere saber lo que es una psicosis ordinaria, lean en Los inclasificables. La nebulosa, un texto que se llama La nebulosa, un paciente que se nombra como tengo una nebulosa, que es de Castanet o De Georges.

Entonces Miller dice el sinthome es el lazo al Otro, nombra a ese Otro como un Otro social, el sinthome anuda y es el lazo al Otro social. Y uno acá puede decir ¿es lo mismo el Otro social que el partenaire, el Otro sexo? Acá empiezan las investigaciones. ¿Es equivalente lo que dice Lacan a lo que dice Miller? Cuando uno dice anuda al Otro social está metiendo un término que es de la primera enseñanza de Lacan, está el sujeto y el Otro; entonces, ¿es lo mismo decir anuda al Otro sexo? ¿Qué es el partenaire sinthome? ¿Qué es el Otro social? No tengo la respuesta. Esto es una investigación.

A partir de considerar que el sinthome permite un lazo al Otro social entonces se puede decir que con el sinthome el ser hablante está en relación a los discursos, hace lazo con el Otro social. Lacan solamente nombró el discurso universitario, el discurso de la histeria, el discurso del amo y el discurso del analista. Dijo que la psicosis no estaba en los discursos, estaba cortado del lazo al Otro. Entonces la psicosis no hacía discurso -y tenía su razón-. Si uno nombra al sinthome como lazo al Otro social, cuando hay sinthome, entonces, hay lazo al Otro y es cierto que sirve. Podemos ponernos rigurosos para pensar si es o no lo mismo, pero es cierto que Joyce estaba en el discurso. Joyce escribía, era escritor, se hizo leer por todos y siguen leyéndolo. No se podría decir que no está en el discurso.

Entonces, cuando Lacan sitúa la forclusión generalizada, el sinthome viene a cumplir la función de anudamiento, como el NP, uno puede decir que se pasa del matema, que es la fórmula de la metáfora paterna, a los nudos. Entonces en este sentido, desde este punto de vista, hay continuidad entre la primera clínica y la segunda. Lo que Miller y todos los clínicos discuten en Los inclasificables y en La psicosis ordinaria es que hay en principio dos clínicas. Una clínica que es discontinuista, que es la clínica estructural, hay o no hay nombre del padre inscripto, esa es discontinuista porque nos da neurosis o psicosis, porque perversión esta con la neurosis, en el sentido que tiene NP-; o es una clínica continuista como es la clínica nodal. Y qué quiere decir que es continuista, no es que se puede pasar de la neurosis a la psicosis, eso no -no piensa nunca que se trate de eso, ni nadie lo piensa-. Lo continuista está dado por el concepto mismo de sinthome, porque si el sinthome es lo que anuda, a veces, el sinthome puede fallar y se produce el desanudamiento y, otras veces entonces, hay que encontrar otras formas de anudamientos. Entonces, es una clínica que permite pensar los sucesivos anudamientos y desanudamientos, o los posibles arreglos y desarreglos que va encontrando un sujeto. En este sentido es continuista, pero no es continuista en el sentido de que no se pasa de una neurosis a una psicosis. Para hablar de psicosis hay que comprobar que haya forclusión del NP. En esta conversación dice, está bien, en la neurosis la forclusión generalizada se suple con el NP, así que el NP es lo que anuda. Cuenta con el Nombre del Padre. Mientras que en la psicosis lo que viene a ese lugar es el sínthoma. Es verdad, hay equivalencia como función entre el NP y el sínthoma. Pero Miller dice, esto no exime al analista de hacer la precisión y la diferencia entre anudamiento por el NP, de una suplencia que no cuenta con el NP, que es otra clase de suplencia. Cómo mantener la rigurosidad, sino entramos en el DSM, dónde tenemos los border. Entonces, en esta conversación surgen términos que tienen que ver con esta definición del sínthoma como lazo al Otro social. Surgen nuevas definiciones. Por ejemplo, hablan de desarraigo-arraigo, en relación con el Otro social, inserción, desinserción, reinserción. Son términos que surgen para tratar de hacer el diagnostico de psicosis y fundamentalmente pensar el tratamiento en cada caso. La clínica es quien lo exige, por eso es investigación.

Surge entonces un concepto que muestra sus frutos, pero también sus problemas, que es el concepto de enganche. El concepto de enganche se puede pensar que es lo mismo que el sinthome porque engancha los tres. Cuando uno empieza a trabajar los textos, estos textos, no es exactamente lo mismo enganche que sinthome. El enganche cumple la función de sinthome, pero el sinthome muestra ser, como en el caso de Joyce, mucho más sólido y firme que un enganche. Cuando es un sínthoma lo que cumple esa función de enganche la estructura se muestra firme. Joyce no se desencadena. Entonces, junto con el enganche surge otro concepto que es desenganche. Y hay un sinónimo que es trabajado en la conversación de psicosis ordinaria que es el neodesencadenamiento. Porque no es el desencadenamiento típico. Estos neodesencadenamientos son sinónimos de desenganche.

 

Enganche

Voy a dar mecanismos de compensación: enganche.

Miller en 2008 presento un texto en un encuentro de la NLS, el texto es muy interesante, es el texto que se va a trabajar y se esta trabajando, en relación al próximo congreso en Barcelona que se llama Efectos retorno sobre la psicosis ordinaria. Es sumamente importante porque cuando ustedes lo lean van a encontrar que hay muchas de las definiciones que trabaja Miller en ese texto, que les va a servir para las nuevas presentaciones clínicas. Se presenta un caso clínico para uno, siempre es la clínica bajo transferencia, y entonces uno duda en el diagnostico. Es una histeria, después dice no es una histeria, para mi es una psicosis, pero no puedo ubicar el desencadenamiento y entonces, no hay fenómenos elementales explícitos, no hay trastornos del lenguaje explícitos, y entonces qué hacemos, es una psicosis, es una neurosis, y estamos todo el tiempo dando vueltas sobre eso. Miller en ese texto trabaja eso exactamente, que son estas nuevas formas de presentaciones clínicas atípicas.

En la conversación del texto de La psicosis ordinaria, un analista por ejemplo presenta un caso de histeria de cinco años. En la conversación surge que eso no es un caso de histeria, sino que es un caso de psicosis ordinaria diagnosticado, y tienen que dar las pruebas de por qué. Pero hay otro caso, por ejemplo, de alguien que atiende a una persona y no puede hacer el diagnostico y dice dudo todavía el diagnostico. Miller le pregunta hace cuánto que lo atiende, cinco años. Dice ya es raro, si cinco años atendiendo a alguien y duda del diagnostico es porque podemos pensar que es una psicosis ordinaria. Entonces, se trata de buscar en el caso los signos de la forclusión, cernir los agujeros, cernir los signos de la forclusión y una vez hecho el diagnostico de psicosis ordinaria -que no es como el de las extraordinarias- una vez hecho el diagnostico ya sea por fenómenos en el cuerpo o por constatar la forclusión, aunque no sea un desencadenamiento, hay que, hacer el diagnostico de psicosis. No sólo lo dice Miller, lo dicen todos, Castanet, De Georges, Maleval, que tienen muchísima clínica. Hay que hacer el diagnostico de qué psicosis se trata, si es una paranoia, una esquizofrenia y demás. Porque podemos pensar que si no se produce un desencadenamiento es porque es una psicosis compensada, es una psicosis sintomatizada. Hay un arreglo que permite el no desencadenamiento. Son psicosis bajo transferencia, o psicosis analizadas o medicalizadas. Son psicosis que se presentan como compensadas.

En ese texto Miller habla de un mecanismo de compensación. Dice, podemos pensar que hay un mecanismo de compensación que evita el desencadenamiento, o que inhibe la producción de los síntomas psicóticos, las alucinaciones, los fenómenos elementales. Lo llama make believe. Encontramos los antecedentes de ese mecanismo en Lacan.

 En el Seminario 3 de la psicosis Lacan analiza, toma los casos que había trabajado Helene Deutsch, donde ella dice que son casos que se presentan como compensados. Lacan habla de identificaciones conformistas. Dice que hay identificaciones que son conformistas, en 1956, la falta en lo simbólico produce un desorden en lo imaginario. Cuando falta no la imago paterna, sino el significante del NP el sujeto tiene que compensar esta falta por medio de una identificación imaginaria. Para esto dice que Helene Deutsch aisló un mecanismo que es el “como si”. Ciertos sujetos que no tienen la virilidad que hubieran recibido por parte del padre, por los emblemas simbólicos, y remedian esa falta por medio de una identificación imaginaria, se identifican con un semejante que le da el “como si”, de lo que tienen que hacer para asumir la virilidad. Es una muleta imaginaria. Encontramos esto en la página 275: “así el mecanismo del como sí que Helene Deutsch destacó como una dimensión significativa de la sintomatología de las esquizofrenias” -él está hablando de un caso de esquizofrenia-, “es un mecanismo de compensación imaginario. Verificaran la utilidad de la distinción de estos tres registros, compensación imaginaria del Edipo ausente”.

 Lacan porque interpreta estas identificaciones imaginarias como compensatorias, del significante del NP que les falto. Entonces, dice, esta falta del significante del NP, es algo que el sujeto deberá asumir largamente en su vida -en el mismo texto- a través de una serie de identificaciones puramente conformistas a personajes que le darán la imagen de qué hay que hacer para ser hombre. Encontramos en muchos casos, cómo la identificación al otro es una identificación que resulta compensatoria para el sujeto, y que le funciona durante un tiempo.

Lacan dice, que se puede producir un cataclismo en el sistema significante, y en lo imaginario por el encuentro del sujeto -esta es la forma de decirlo que tiene en 1956- con un significante que para él es inasimilable, que es el significante del Nombre del Padre. Y dice así, en el mismo Seminario 3, en la página 292, el psicótico vive compensado, tiene comportamientos aparentemente normales y ordinarios y de golpe se descompensa, es decir que eso que le funcionaba como enganche, la identificación imaginaria, en un momento deja de funcionar. Qué vuelve súbitamente insuficientes las muletas imaginarias que permitían al sujeto compensar la ausencia del significante. Cómo interroga o interviene lo que le faltó al sujeto. Cuando tiene que confrontarse con ese significante del NP y no está, eso que le podía funcionar como mecanismo de compensación deja de funcionar. Entonces, las identificaciones imaginarias funcionan como mecanismo de compensación.

En 1974 Lacan responde a esta pregunta de otro modo. ¿Qué es lo que puede funcionar como muleta imaginaria, como compensación? En el seminario 21, Lacan interpreta la civilización del momento, como una época del Otro que no existe. Hay una declinación del padre y lo social puede cumplir una función de anudamiento para el sujeto. Quiere decir que lo social puede cumplir la función para un sujeto de compensación, de mantenerlo sin desencadenarse. Dice, constatamos en la época actual una modificación en lo que hace al modo en que la época vive el amor. Estamos, en un régimen del amor que podríamos decir un régimen de hierro. Se constata la forclusión del NP en el nivel de lo social, en el nivel del discurso, dice, un modo de vivir el amor como un régimen de hierro, es signo de una degeneración catastrófica, porque es signo de la forclusión del NP.

Y entonces uno se encuentra con esto en la clínica. Sujetos que dicen, que no entiende nada cuando el Otro pide cosas en el nivel amoroso, no puede metaforizar, no puede entender, son pequeños signos, tienen que cuidar al hijo de una determinada manera, tienen que levantarlo de una determinada manera, todo lo que es higiénico, todo lo que es del orden de los ideales ellos pueden cumplirlo, pero no pueden ir más allá de los ideales. Si se rompe la relación al ideal, que ordena de manera rígida, se angustian con un goce que les vienen en exceso y no encuentran que hacer, como ser útiles.

Lacan dice: ¿qué es lo que suple esta degeneración catastrófica, que es la forclusión del Nombre del Padre en el nivel de la civilización, no sólo en el nivel del sujeto? Lo que suple, lo que puede suplir esa forclusión es un “ser nombrado para”. Este “ser nombrado para” no proviene del significante del NP, sino que es un ser nombrado que proviene del deseo, solo de la madre. Dice, se constata en una serie de casos donde el sujeto fue nombrado para, “fui nombrado para ser médico, mi madre quería que fuera médico, soy médico, no puedo salir de ahí”. Si el sujeto pierde la profesión de médico se puede producir un desencadenamiento, y así un montón de cuestiones. Entonces dice, es la madre sola, el deseo de la madre el que transmite, el “ser nombrado para” al hijo. Ese “ser nombrado para” cumple una función de suplencia. Lo señala con un detalle: en el caso del amor como régimen de hierro, el “ser nombrado para” es sin el NP.

La madre transmite el NP con el “no”, en el decir “no” con su pequeño cabeceo, al hijo. Y en ese decir no, amoneda, abrocha, el significante del NP y el amor. Entonces hace del amor, un amor vivible. En la clínica con los niños, lo que aparece muchas veces, es esa falta del “no”, que abrocha el NP, y nos encontramos con un amor mortificado, el régimen de hierro.

 

Maleval en un texto dice que las identificaciones imaginarias pueden funcionar como compensación, evitando el desencadenamiento, si están articuladas al ideal. Cuando se articulan al ideal demuestran ser sólidas, pero pueden duran un tiempo. Se produce un desenganche y después hay que buscar otra vez el enganche. Es importante clínicamente tratar de ubicar qué produjo el desenganche. Porque si uno puede ubicar el desenganche, puede orientar el tratamiento en relación con un enganche nuevamente.

Ejemplo de esto, de cómo la identificación imaginaria, articulada al ideal, permite localizar un goce. Les doy un ejemplo de Rousseau. Rousseau se desencadena como una psicosis paranoica, un delirio paranoico persecutorio mucho tiempo después, un primer enganche encontramos que es compensatorio y es mucho anterior al desencadenamiento. Rousseau no sabía qué hacer con su vida, andaba por todos lados, había sido relojero, carpintero, copista de partituras.

Tenía un amigo -en esa época se tenían amigos importantes- que era Diderot. Diderot había sido encarcelado. Lo va a ver a Diderot a la Bastilla, estaba encarcelado. Se angustia mucho por Diderot, el dice en su texto Las confesiones, que había sido encarcelado injustamente. Cuando regresa caminando –hasta ese momento él no sabia qué hacer con su vida–, dice tener una revelación.

Lo que se le impone como revelación es que él va a ser escritor. Esa es su revelación. Había encontrado qué hacer con su vida. Cómo es que se produce esto. Rousseau se identifica con Diderot, el otro imaginario es Diderot. Diderot era victima del Otro, de la maldad del Otro. Quiere decir que Diderot era el objeto de la maldad del Otro. Eso le permite a Rousseau localizar el objeto de goce en el campo del Otro. Y eso desencadena una identificación con Diderot, pero porque estaba articulado a un ideal.

¿Cuál es el ideal? El ideal es que Rousseau se va a convertir en el virtuoso que le va a dictar las leyes al Otro: escribe El contrato social en Francia, para regular la maldad del Otro, para regular el goce del Otro. Esta compensación, que es imaginaria articulada con un ideal, le dura un tiempo. Después se produce un desenganche. Va a dejar toda la ropa que tenía, todo lo que le daba un prestigio, un estatus en lo social y se va a vivir al campo.

Entonces, vuelve al estado de naturaleza y escribe el texto Sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

Rousseau desencadena un delirio paranoico, muchos años después, es muy interesante ver el contexto del desencadenamiento.

Rousseau se desencadena cuando es tocado su lugar de ser el virtuoso que le dicta las leyes al Otro. Él tenía el lugar ideal de dictar las leyes al Otro. El Otro para Rousseau no sabía nada, él le tenía que dar las leyes. Para Rousseau el Otro tenía una voluntad mala. Pero encontraba una forma de tratamiento con la literatura y en especial con la política. Escribe un libro que es su libro más preciado y querido que es el Emilio. Él dice que es su hijo ese libro. Hay una referencia al padre ahí. Ese libro, no es un delirio paranoico, sucedió de verdad, cuando ese libro sale publicado es censurado, no se permite su publicación, por los padres jesuitas. Segundo, se le cuestiona a Rousseau, el estatuto que Rousseau tenía en lo social, como virtuoso. En ese mismo momento se denuncia que Rousseau -que estaba escribiendo un libro sobre pedagogía, que era cómo educar a los niños, que era el Emilio-, había dejado a sus cinco hijos en un orfanato. En ese momento tiene el desencadenamiento. Desencadena un delirio paranoico que es perseguido por los jesuitas y además tiene que abandonar Paris. Es decir, desencadena un delirio paranoico, dice “estoy sometido a la mirada del Otro, tengo que dar continuamente testimonio de todo lo que soy por temor a que el Otro me juzgue, el Otro es un malvado que tiene malas intenciones, yo soy puro e inocente”.

Pero como muchos paranoicos, tiene razón. Digo, tiene razón de que el libro fue censurado, se prohibió su publicación y además se le ordena a Rousseau que debía abandonar Paris, y Francia. Recién puede volver a Francia muchos años después con una condición: no publicar más. Desde ese momento vive desencadenado porque la escritura sola, no le sirve.

Hume lo invita a su casa en Inglaterra. Hume, se vuelve su perseguidor. Al que llamaban el bueno de Hume, porque era correcto, generoso. Pero claro, Hume le da su lugar en el escritorio, que Rousseau llena todo con sus escritos. Hume dice, que en un momento que Rousseau no estaba, y teniendo alojado en su casa, a la pluma más importante de este siglo, no pudo controlar la tentación de entrar y mirar los papeles –no tocó nada–, mirar lo que había ahí. Rousseau se da cuenta de que habían entrado y dice, “Hume quiere perjudicarme”.

En ese momento, cuando está en el escritorio, Hume dice que lo notó a Rousseau sumamente angustiado, que de repente Rousseau se sube a upa de Hume, lo abraza llorando y le pide perdón. En ese momento tenemos, la única alucinación auditiva comprobada en el caso de Rousseau. Rousseau dice que lo que escucha de Hume -es una alucinación auditiva-, es tengo a Jean-Jacques Rousseau. En ese momento en la angustia, lo abraza a Hume y luego se va.

Entonces, en este caso se puede ver bien cómo una identificación al lugar de la victima de la maldad del Otro sirve como compensación en Rousseau y cómo esa identificación sirve en tanto esta articulada con un ideal, él es el virtuoso que va a dictar las leyes, va a hablar sobre la moral y las costumbres, la pedagogía al Otro, porque el Otro no sabe. El Otro no sabe, pero de lo que no duda, es de la maldad del Otro, o sea, no duda del goce del Otro, duda del saber del Otro.

Ciudalitica | 2018

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Clase nº 5 «LA TRANSFERENCIA». Docente: Roxana Chiatti (Cba)

Clase nº 5 LA TRANSFERENCIA. Docente: Roxana Chiatti (Cba)

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Silvia Zarbá

Buenos días a todos, hoy damos inicio a la 5° clase “La transferencia” de nuestro seminario teórico clínico “El tratamiento de los síntomas hoy. Estructuras clínicas y psicosis ordinarias”. Desde ayer tenemos el placer de contar como disertante a Roxana Chiatti, Miembro de la AMP, Miembro de la EOL, directora de la EOL Sección Córdoba y Co-responsable del Departamento de Estudios de Psicoanálisis y cuerpo. Docente del programa de enseñanza del CIEC.

 

Roxana Chiatti

Un placer, muchas gracias. El tema que me ha tocado en suerte voy a decir, me gusta mucho, el tema de la transferencia se puede tomar desde muchísimas aristas, pero les digo que, leyendo a Freud, leyendo a Lacan, leyendo a Miller, sobre todo con Freud situé que finalmente la transferencia es la posición del analista. Podemos explicar el mecanismo de la transferencia, cómo funciona, pero el punto importante de eso es la posición del analista, es decir el lazo del analista y el analizante. Qué hacemos con ella, cómo maniobramos con ella desde ese lugar.

 

En el texto de Freud “Sobre la dinámica de la transferencia”, vieron que hay una serie de textos sobre el tema que tiene Freud, me voy a detener en este. Freud, ¿qué nos adelanta ahí? Fundamentalmente está preocupado, porque dice que parece un gran inconveniente del psicoanálisis el hecho de que la transferencia, la palanca más poderosa del éxito se transforme en el arma más fuerte de la resistencia. Pero inmediatamente nos aclara que no debemos atribuir esos obstáculos a la transferencia sino a la neurosis misma, es la neurosis la que engendra esos caracteres en la transferencia a partir de la resistencia que, para Freud, si lo recuerdan, tiene dos fuentes: la introversión de la libido por un motivo externo. Lacan dice no es externo, es interno. Y por el levantamiento de la represión que más adelante Miller dirá, o Freud también lo dice de un modo menos claro, se paga un precio, el analista paga un precio por el levantamiento de la represión que es la transferencia negativa. Freud dice que el levantamiento de la represión no es sin consecuencias en el lazo.

Sigo con Freud: “Mientras más claramente se prolonga una cura y más claramente el enfermo va viendo que la deformación del material patógeno no constituye por sí sola una protección contra el descubrimiento del mismo, más se servirá de la transferencia donde captará que todos los conflictos han de ser combatidos sobre ese terreno”. Es decir que anticipa que sólo bajo transferencia es posible una rectificación subjetiva.

Ahí mismo, en ese texto propone que, si bien el mecanismo de la transferencia queda explicado por la referencia a la fijación de la libido, la explicación de su actuación en la cura no la conseguimos hasta examinar sus relaciones con la resistencia. Entonces la pregunta que recorre ese texto y   que Freud está como tratando de elucidar es ¿cómo resulta la transferencia tan adecuada para constituirse en un arma de la resistencia? Tiene un desarrollo extensísimo esa pregunta que él se hace en ese texto y ¿qué podríamos decir respecto de eso? ¿a qué alude Freud con la resistencia? Nosotros, con la enseñanza de Lacan tenemos elementos para decir que Freud alude con eso a que la transferencia es repetición en acto de las imago de la infancia.

Pero Lacan, si hemos leído el Seminario 11, despega la repetición de la transferencia y la liga al objeto a. Más bien hace un binario de la transferencia con el inconsciente. En los cuatro conceptos él dice vamos a anudar la transferencia con el inconsciente y la repetición a lo real que es el objeto a en ese momento. También Lacan va a decirnos que la detención en las asociaciones a las que Freud alude en ese texto se produce por el cierre del inconsciente, y éste se cierra por la presencia del objeto a, la presencia del analista en tanto objeto a que tapa el hueco, que tapa la hiancia de la apertura del inconsciente. Pero también es el momento de la transferencia, es decir, eso tiene que ocurrir para volver a destaparse.

Entonces, primera aproximación del tema. Lacan también trabaja ampliamente los textos de Freud sobre la transferencia y hay un texto que está en los Escritos 1, que se llama “Intervención sobre la transferencia” donde Lacan toma exclusivamente el tratamiento del caso Dora transmitido por Freud, es decir, apunta más bien a la posición de Freud en el caso. ¿Qué va haciendo en ese texto? Y lo toma ¿por qué? Lacan reconoce que el caso Dora es el primer caso en que Freud reconoce que la transferencia tiene mucho que ver en el análisis. Si no hay transferencia, no hay análisis. Entonces va recorriendo una a una las intervenciones de Freud situando como él dice »varios puntos de falla» en la posición del analista, construyendo –digo yo- una especie de consejos al médico lacaniano. Entre ellos nos habla, por ejemplo, »del error fatal de posponer una interpretación», siempre en referencia al caso Dora, yo les estoy extrayendo las puntuaciones. El error fatal de posponer una interpretación porque sabemos, el león salta una vez, si lo dejamos pasar, pasó. No sabemos si habrá otra oportunidad en ese punto. También del “prejuicio sobre la homosexualidad» que lo hizo incapaz de actuar satisfactoriamente sobre ese punto, el prejuicio, vamos anotando. También nos advierte del error de dejarnos llevar por la contra transferencia desoyendo las variadas respuestas de la paciente, Dora. Lacan dice que Freud actuaba tratando de quedar bien con su amigo, el padre de Dora, mas que escuchando la enunciación de la paciente. La transferencia, dice Lacan en este texto, es un aspecto que» toma su sentido del momento dialéctico en que se produce». Esto es textual: “Momento que traduce un error del analista, aunque sólo fuese querer demasiado el bien del paciente” cuyo peligro Freud mismo ha denunciado en su texto Consejos al médico, el furor curandis.

Finalmente, para concluir ese texto, vuelve a indicarnos nuestra responsabilidad respecto del lugar que ocupamos allí y dice que “La transferencia tiene siempre el sentido de indicar la errancia y también la orientación del analista”. Es decir, es un termómetro que mide cómo va el caso. También el valor de volvernos a llamar al orden de nuestro papel: “un no actuar positivo, con vistas a la ortodramatización que quiere decir el inicio de la subjetividad del paciente”, un no actuar positivo con vistas a que la subjetividad del paciente emerja.

En el Seminario La angustia, creo que es en el capítulo de acting out y pasaje al acto, Lacan habla de Freud en este caso, de la intervención de Freud y lo pone en este capítulo porque él dice que Freud soltó el caso porque se angustió, pasó al acto soltando el caso, porque no soportó ocupar el lugar del objeto causa del deseo de la paciente. No se advino a ese lugar de objeto, seguía en la posición del padre, entonces ocupar ese lugar que hay sostener, soportar, formarse para eso, Freud no lo soportó y en lugar de angustiarse o ubicarse ahí soltó el caso y la paciente interrumpe el análisis. Es una enunciación fuerte la de ese texto que pone al analista en el banquillo, como es costumbre de Lacan.

Para retomar un poquito lo que les decía al principio, quería insistir en algunos puntos que refieren a la posición del analista en la cura, posición que no es sin la transferencia. Lo veamos desde la perspectiva de la transferencia negativa ¿lo leyeron al texto de Miller La transferencia negativa? Yo los leí especialmente para transmitírselos a ustedes ¿qué dice ahí? Nos habla de que hay un motivo de análisis que podríamos pensar que es bastante frecuente en la actualidad que es la falta de autoestima. Algo que se sitúa en una zona de evaluación que hace el sujeto sobre sí mismo respecto de un ideal, como en déficit respecto del ideal con el que sujeto se mide. La confusión, un poco lo que hablábamos anoche, contemporánea respecto de los ideales no impide que la función del ideal sea insistente. Más bien parece constituyente del síntoma pues el sujeto ubica lo que él considera su síntoma en relación a un ideal de buen funcionamiento, así debería funcionar. Ahora, lo que subyace dice Miller a la cuestión del ideal de autoestima es el agalma, la función, la noción de agalma. En la autoestima referido a un ideal está en juego la causa del deseo, pero, nos aclara Miller, un sujeto puede entrar en análisis por el lado del agalma o por el lado del palea, que es el desecho. Lo más habitual es que entre por el lado del deshecho, pero hay sujetos que entran con un exceso de agalma, gente que sufre por ser demasiado convocada, por ejemplo, demasiado admirada, que puede leerse también por el lado del desecho en algún punto, pero que provoca sufrimiento. La noción de agalma es un término de la filosofía. También cuando Lacan habla del deseo de Sócrates, para decir Sócrates es un histérico, en el Seminario de La trasferencia, Seminario 8.

En relación a la entrada por el lado del desecho, en este caso, pensando en el lazo transferencial, el riesgo es que toda palabra que le venga del analista -seguro tienen casos donde están amordazados para decir algo-  apunta al sujeto como desecho. A veces, dice Miller, esto se encuentra de una manera muy pura por lo cual el analista se encuentra reducido a no decir una palabra, a no poder decir nada dado que toda palabra puede ser interpretada por el paciente como una referencia a su estatuto de desecho. Hay varios ejemplos ahí, el error fatal que cuenta Miller de un caso suyo como analista, donde había una mujer que se deshacía en explicaciones para justificar que ella todo lo que hacía no era por maldad, nunca nombró la palabra maldad, pero le daba a entender, se leía bajo la barra, que ella le explicaba que era una buena persona, entonces Miller le interpreta “Ud. No es mala para nada”, y la paciente le dice “¿Por qué me dice mala? Yo no pienso que yo soy mala, usted es el que piensa que yo soy mala”. Es decir, empezando por la negación, usted no es mala para nada, qué enseñanza nos transmite, no devolverle al sujeto, no nombrar en el análisis esos significantes que son del orden de lo peyorativo, aunque él mismo lo nombre, usted no es un estúpido, usted no es mala, usted no es un tarado, soy un boludo, entonces “eso que usted dijo”, pero hacer existir, que el analista lo nombre y se lo devuelva al sujeto, tiene otro peso a que lo diga él. Aquí la respuesta al mensaje de desvalorización que le viene del Otro es la sospecha. La transferencia negativa dice Miller es cuando el analista está bajo sospecha. Todo lo que diga o haga puede ser mal interpretado. Que le tienen ojeriza el analizante al analista. Pero no nos olvidemos que la transferencia negativa, es necesario que haya, porque si vamos a transcurrir un análisis sólo con la transferencia amorosa no va a pasar nada, pero, una dosis, porque el amor vela. Entonces, el odio en la transferencia negativa se dirige al ser, desupone el saber en el Otro, entonces eso dosificado hace funcionar el análisis, si es puro amor… no está pasando nada.

¿Cuál es el punto al que quiere llegar con esto? Si toda interpretación puede comunicar un mensaje de desvalorización, es en tanto que una interpretación es decirle al sujeto “Usted no sabe”, de alguna manera es decirle eso, entre líneas, “tú no sabes lo que dices”. De esto se deduce, que toda interpretación en estas coordenadas puede tener el valor de desuposición de saber y aunque el analista quede en silencio puede producirse la significación de desvalorización igual porque en el análisis se respira un aire de interpretación, todo está bajo el ejido de la interpretación.

En ese tú no sabes, que es casi constitutivo de la posición del analizante, tenemos que acompañar al sujeto para que llegue a ese punto, para que desuponga, puede deconstruir toda una historia basada en malos entendidos, hace falta que acompañemos a que llegue a ese punto, el tema es cómo llega a ese punto de no sé lo que digo.

Entonces, ese momento, es el momento en que la transferencia negativa se constituye como el drama inaugural, hay algo de inaugural, de la experiencia analítica. ¿Cómo se ve la transferencia negativa en la psicosis, en la histeria y la obsesión? En la psicosis depende del caso, esta es una generalización que hago, pero ustedes verán el caso por caso. Captar que apenas se establece la relación analítica que es una relación de supuesta confianza, esto, en la psicosis, el analista se vuelve inmediatamente sospechoso, un sujeto psicótico embarcado en la experiencia analítica puede reaccionar con la transferencia negativa en consonancia con lo que Freud decía que los sujetos psicóticos no son pasibles de transferencia ,en referencia al narcicismo que no son pasibles de colocar la libido en otro objeto que no sea en sí mismo, no invisten un objeto libidinalmente que a sí mismo, había una dificultad en la transferencia después sabemos que es Freud que rechaza la psicosis y es Freud el que no quiere saber de eso.

Pero la paranoia por ejemplo presenta el estado más desarrollado de la transferencia negativa porque no solamente comienza el Otro por ser sospechoso, sino que el sujeto concluye con la certeza de que el Otro tiene malas intenciones para con él, entonces es bastante difícil el lazo transferencial en la paranoia. En esos casos cuando eso se desmadra ya no hablamos más de transferencia negativa, sino que podemos decir que hay la presencia de un delirio de persecución.

En la histeria, cuando Lacan habla de histerización del paciente, es cuando el analista logra comunicar al paciente a través de sus dichos la cosa preciosa que es, el análisis al principio agalmatizamos un poco la cosa, lo volvemos al sujeto un poco amable para el Otro, hasta que luego podemos maniobrar de otra forma. Pero dice Miller también puede ser que le comuniquemos la cosa mala que es, eso también es histerización y aclara este punto “cuánto más idealizado se encuentre el analista el sujeto se encuentra al inicio como reducido a cero ante su presencia, capturado en un no soy nada en comparación con usted”.

La estructura de la transferencia negativa, esto es importante, en que el sujeto entra en la experiencia como falta en ser, por el contrario, el analista entra en tanto que ser, ser supuestamente colmado de su falta en ser, entonces la transferencia negativa se sustenta a este nivel primario en el cual el analista se presenta como ser, como objeto agalmático, el sujeto supone que el analista tiene lo que a él le falta. Lacan ¿cómo definió este ser del analista? No como un ser de saber, como un ser fálico, sino como portando algo de lo que el sujeto se encuentra a la vez privado. Eso convoca al odio, puede convocar al odio, el odio como pasión que se dirige al ser, a diferencia del amo que se dirige a la imagen, a la forma.

¿Qué pasa en el obsesivo, en el registro de la demanda, con la transferencia negativa? Lo que se observa que el solo hecho de pedirle produce un odio terrible, y a veces uno puede estar tentado de darle la cosa para pacificar el odio que le despierta el hecho mismo de pedir, aunque también a veces el hecho de dar puede ser interpretado como un insulto ya que esa sería la prueba de que uno tiene lo que a él le falta.

Entonces ¿cuál es la manera que conviene al analista para abordar la transferencia negativa? Cuando se desencadena, uno no puede dejar de preguntarse si ha cometido algún error, lo cual no quiere decir que uno sea el amo de todo lo que pasa en el análisis, que uno es responsable de todos los acontecimientos de la vida del sujeto porque sólo somos un servidor de un dispositivo. Pero salvando ese punto, sí es necesario preguntarse si hubo algún error en juego o qué tipo de responsabilidad le cabe al analista en el asunto.

Intervención del público: Lacan en “La agresividad y el psicoanálisis” da varios ejemplos de transferencia negativa. Llegar tarde, los cambios de horario, el tema del pago…

Roxana Chiatti: Sostener el pago, los cambios de horario. Sí, la tesis número 3, las 5 tesis sobre la agresividad, en la tesis 3 habla de eso.

Hay muchos elementos que hacen que la transferencia negativa se desencadene pronto. Sería usar el semblante adecuado para que eso se dosifique un poco. Hay pacientes que entran como que están súper enamorados de su analista, bueno con ellos es más fácil. Pero hay otros que entran directamente al choque, por su propio estilo, por su propio síntoma, por su propia cosa.

Intervención del público: Cuando al paciente se le dice “usted no sabe”

Roxana Chiatti: Llegar al “usted no sabe”, no es un empuje, eso es estructural a la situación analítica, eso se produce naturalmente cuando uno interpela, interroga, cambia de rumbo los dichos del paciente, eso es una cosa que cae por su propio peso, no es que uno lo produce, no se le dice usted no sabe nada, se produce por la propia estructura de la experiencia analítica.

Entonces, avanzo un poquito con el texto “Sutilezas analíticas”, Miller ahí nos invita a retomar lo que él llama El principio freudiano del infinito, se refiere al análisis interminable, la interpretación interminable, porque hay que estar en relación a nuestro “yo no quiero saber nada de eso”, no hay que soltarse. Que uno debe elucidar su inconsciente, pero hay lo que ya sabemos, la represión primordial. Es decir que no todo puede elucidarse, no todo puede saberse, el propio caso, no todo puede vaciarse; y ese núcleo de represión originaria funciona, es decir, hay un resto que es ineliminable en ese punto, que son los puntos ciegos que dice Freud, pero se supone que nuestra relación a ese punto ciego es estar advertidos de eso. Uno puede conocer su “yo no quiero saber nada de eso”, Miller nos invita a no desanudarnos de eso, advertidos de que eso funciona, pero además él nos invita a pensar que eso tiene una función positiva en el punto en que causa la pregunta, causa el estudio, causa el interés. Entonces, el principio del infinito ¿por qué lo dice así? Porque es algo que nunca se agota, el “no quiero saber nada de eso”. Nos invita a que sigamos en relación a eso cuando enseñamos, cuando pensamos como psicoanalistas, preservar el “yo no quiero saber nada de eso” es una disciplina. Me parece, para pensar en la formación.

Hay una carta en Freud, que recibe de un colega que abrió una institución para enfermos mentales, un hospicio, muy contento de su logro, en donde Freud se demora en responderle, a alguien que le caía bien y que estaba contento de lo que había hecho. Pero él se pregunta, en relación a su yo no quiero saber nada de eso ¿por qué se había demorado? Entonces él piensa que “esos enfermos a mí no me gustan demasiado”, el rechazo por la psicosis que Freud tenía. Entonces Miller se toma de eso para decir eso es causa, no sólo es un obstáculo, una dificultad, si uno se disciplina en eso, causa.

¿Qué se pregunta Miller en el capítulo 3 de Sutilezas analíticas? ¿Cuál es el afecto que favorece a la posición del analista? Luego de un extenso recorrido por muchos afectos concluye en el desapego. No el hastío, no el entusiasmo, no la frialdad ni la indiferencia. Tampoco la apatía ni el hartazgo, sí la curiosidad, pero manteniéndonos al abrigo del “me gustas”. Cuando un paciente nos gusta mucho, que eso se pesca cuando uno controla los casos, uno puede decirle “a usted ese paciente le cae muy bien”, índice de una dificultad. Hay que mantenerse un poco a distancia del “tú me gustas demasiado” porque hay pacientes que nos encantan, ¿no? Que todo tiene efectos, y asocian libremente y no faltan y pagan y se bancan los aumentos de honorarios, nos encantan esos pacientes, el paciente perfecto.

De todos los términos recorridos él prefiere el modesto desapego que acompaña el sentido que Lacan le dio al personaje de Jean Paul como una referencia identificatoria o imaginaria para el psicoanalista, que es el guerrero aplicado. Hace lo que hay que hacer, trata de hacerlo bien, pero con apatía, alejado de las pasiones. Entonces el desapego es la posición que conviene al psicoanalista en la medida en que también su acto consiste en despegar significante y significado y reconducir ese significante a donde no se sabe lo que eso quiere decir para poder tratarlo. Tenemos que tener una gran prudencia ante las palabras que podemos pronunciar cuando estamos en esa posición porque como hablamos las lecciones son duras.

Quería un poco avanzar en la enseñanza de Lacan, en bucle, es decir que no descartamos ninguno de sus tiempos de elaboración, pero quería que trabajemos un poco el tema de la actualidad de la transferencia, que no es sin consecuencias en la práctica. La época y sus consecuencias hace que debamos aggiornarnos en la práctica y en el lazo transferencial. Los sujetos que recibimos ahora no son los sujetos que recibíamos antes, por lo tanto, no podemos seguir en la misma posición. Hay un texto muy interesante, que es de Xavier Esqué que es el presidente del próximo XI Congreso de la AMP, que se llama “Por una suposición”, me sirvió mucho para orientarme en lo que quería transmitirles.

¿Qué plantea ahí él? Por qué “Por una suposición”, ¿con qué asociamos rápidamente? Con la sospecha, o con el supuesto saber, la interpretación, todo eso. Él plantea que el psicoanálisis es una práctica que por una suposición llega a deshacer por la palabra lo que es hecho por la palabra, es una cita de Lacan del Seminario “El momento de concluir”, que es inédito. Lo hecho por la palabra, lo que a uno lo lleva al encuentro con un psicoanalista, es un síntoma, un impedimento que lo hace sufrir. Por lo tanto, un psicoanálisis desmonta por la palabra un obstáculo producido también por la palabra. El fin terapéutico del análisis es revelar la causa y la satisfacción de este síntoma, identificar eso es curarlo, no obstante, sabemos que cada analista está lo suficientemente advertido de que dicha curación opera la castración, es decir que el síntoma no se cura de manera absoluta, no se elimina, resta algo incurable. Por otra parte, como ya hemos hablado antes, la finalidad de un análisis no es curar. El analista debe abstenerse de caer del lado del furor sanandis. Un análisis es posible entonces por una suposición. He aquí el pivote como dice el Seminario 11 de la transferencia simbólica, el sujeto supuesto saber. En esta fórmula tenemos por una parte al sujeto, siempre tachado, es decir supuesto, lo que dijimos antes del sujeto falta en ser y por otra parte para poner en marcha la suposición de saber hace falta el amor, se ama a aquel que sabe de mí dice Lacan, amor que luego se transfiere al inconsciente. Cada análisis comienza como una búsqueda de la causa y de la satisfacción del síntoma, se parte de una suposición de no saber, el síntoma es un querer decir y el sujeto no sabe qué le pasa, no sabe qué es lo que eso le quiere decir. En este no sé, ya está implícita la suposición de saber, saben todos que el sujeto supuesto saber no es el analista, él sólo está investido en esta función, pero este vestido es un disfraz, el analista es el hombre de paja, el testaferro de la función sujeto supuesto saber, dice Lacan. Si el analista piensa que el traje es suyo, estamos en la infatuación. Muy lejos de la pregunta que la Escuela trabaja infinitamente que es ¿Qué es un analista? Es un semblante para permitir al sujeto llegar a la posición de no sé para saber.

Para pensar la actualidad de la transferencia, debemos tener en cuenta la distinción que hace Lacan en su última enseñanza respecto del inconsciente transferencial y el inconsciente real. Ese último, representa una sacudida en los fundamentos teóricos y prácticos del psicoanálisis, pues éste corta el familiar lazo entre inconsciente e interpretación. Existe ahora una disyunción entre inconsciente e interpretación. En el inconsciente real hay un corte, una barrera, no hay conexión, no hay relación entre S1 y S2. Nosotros sabemos que precisamente esta conexión es el fundamento de la transferencia y de la práctica misma del psicoanálisis, el mismo sujeto supuesto saber es el resultado de esta conexión entre S1 y S2, embrague necesario para producir sentido y para que se despliegue el saber supuesto de los significantes en el inconsciente, queda latente el goce y el objeto a.

Entonces ¿cómo la instalamos a la transferencia? ¿Qué queda del modo de establecerla hoy? A lo largo de un análisis el estatuto del inconsciente es transferencial, la cosa cambia desde el punto de vista del inconsciente real donde la suposición de saber no está más. El inconsciente del Seminario 11, es un inconsciente sin ser, no realizado que está por realizarse. El psicoanalista precisamente tiene la tarea de ayudar al analizante a que pueda realizarlo, él dice ahí el analista forma parte del concepto de inconsciente. Es decir, que se trata ahí de que el inconsciente se realice como saber, aunque antes de ser saber realizado es saber supuesto. Esta es la dinámica del inconsciente, es un querer ser. Ahora bien, si seguimos los desarrollos de la última enseñanza veremos que, desde otro punto de vista, podemos decir que el inconsciente ya está allí, que no es a producirse o a realizarse, no nato, desde otra perspectiva podemos decir que ya está allí, que funciona, pero gobierna a título de amo y es cierto, es así, el inconsciente que programa ya está allí, pero el que descifra y busca realizarse como saber descifrado no está en el punto de partida. Entonces un análisis va de la suposición a la realización o, dicho de otro modo, del inconsciente transferencial al inconsciente real. El inconsciente operativo, es decir, ese que se descifra sólo surge si se le agrega una finalidad significante, es decir, si se le agrega una significación, si entra en el registro de la “comunicación”, en un querer decir. Pero para eso el analista debe suponerle una intención significante, debe suponerle una significación cuando pescamos un lapsus, lo tomamos suponiendo que eso quiere decir algo, eso es una operación del analista, salvo en aquellos analizantes ya avezados en el análisis, lo toma, se escuchan, lo interpretan. Si el inconsciente del seminario 11 se quería realizar como saber, en la última enseñanza lo que tenemos en lugar del saber es la satisfacción. Dar esa satisfacción es la urgencia que preside el análisis, dice Lacan, es decir, se va por eso.

Entonces, más que demanda de saber hay pedido de satisfacción, hay exigencia de la pulsión, el saber lo añadimos a partir de la suposición, asignándole una intención al inconsciente, eso lo hacemos nosotros, los analistas hoy, siempre pero hoy más que nunca. Anoche hablaba de eso, hay una dificultad de hacer existir al inconsciente, los sujetos llegan pidiendo respuestas, en la urgencia de qué hago con esto, cómo me separo de mi pareja, la urgencia preside el análisis. Bueno, no hay otra forma de tratar eso si no es haciendo existir el inconsciente, es decir incluyendo la suposición de saber que lleva ahora más tiempo que antes, no debemos retroceder en la posición de hacerlo existir, en la urgencia no vamos a resolver nada. Además, qué dice Lacan de la urgencia subjetiva, es la intuición de un sujeto de que está al borde del agujero. Entonces cómo se trata un agujero, bordeando con lo simbólico y si no hacemos existir el inconsciente estamos fritos. Pero les subrayo que hoy más que nunca eso lleva tiempo. En la última enseñanza Lacan dice que la urgencia está siempre, más intensa menos intensa, más soportable, menos soportable, porque si lo pensamos desde esta perspectiva la intuición de que el sujeto está cerca del borde del agujero, es siempre. Pero más intensa en algunos momentos, pero no cedemos en eso. Trabajamos las dos cosas. Insisto, tenemos que llegar a que el paciente diga no sé qué hacer subjetivamente, porque una cosa es no sé qué hacer dígame qué hago, y otra cosa es no sé, no puedo con esto, del orden del síntoma es ese no sé. En la demanda de satisfacción no está en juego la castración.

Siendo nuestro artefacto la transferencia y tratándose de satisfacción más que de saber, el tema es cómo agregar el cuerpo a la transferencia. Vieron que ahora trabajamos con esa idea del cuerpo del analista en la cura. Más que poner el cuerpo hacer uso en el sentido quizá que siempre lo hemos hecho pero que hoy tiene una función más eminente, trabajar con la voz, con la mirada, con el cuerpo haciendo de límite al sujeto, es decir, una interpretación que no es por lado de la suposición del saber sino de poner… tómenlo con cuidado, pero imaginarizar, hacer visible lo no simbolizable del goce. El uso del semblante en el cuerpo. Pero, este es un tema que se puede abrir para todas partes, es una dimensión de la transferencia que es libidinal, no simbólica. Es decir que el analista pone su cuerpo a favor del trabajo así, su cuerpo, trozos o los objetos que tienen que ver con el goce de ese sujeto, no hacemos con todos lo mismo. El trabajo con la mirada y con la voz no es algo nuevo, pero en este momento tiene un estatuto de utilidad mayor, es lo que hay porque no hay demanda de saber. Hay que causarla, eso es trabajo.

Voy a transmitirles un texto que titulé “Agregarle cuerpo a la transferencia”, para decir que lo nuevo en la transferencia lo podemos constatar en la clínica y plantear algunas demandas como ejemplo.

Las prácticas de goce, son aquellas que implican un esfuerzo enorme del sujeto para encontrar una satisfacción. No era una demanda de líbreme de esto, sino de cómo lo regulo para no sufrir tanto (Publicación en Lacaniana 10, caso clínico).

En relación a la elección de objeto sexual, habrán recibido pacientes que dicen mi último novio fue un hombre, pero no me gustó cómo me trató así que ahora estoy de novia con una mujer porque me trata bien, es dulce conmigo.

Las demandas actuales, donde escuchamos cierta ausencia de represión, de sublimación, más bien cierta cuestión de demanda de satisfacción. No se trata de un saber producto del inconsciente lo que prima sino de una pragmática a favor de la satisfacción, es decir, eso se practica, se hace, del orden del verbo. Freud ya había pensado en esto cuando elaboró su texto sobre el fetichismo ¿qué dice ahí del fetichismo?, ¿qué distingue a la forma fetichista?  que Lacan lo anticipa en el Seminario 20, en la pág. 173 – 174. Dice que el objeto fetiche es un objeto que satisface prescindiendo de la palabra. El objeto fetiche por excelencia es el objeto que no habla, inerte, objetivado, objetalizado si puede decirse y coherente con una exigencia de goce que permite que la palabra quede fuera de juego. Esto dice Lacan en el Seminario 20 porque el objeto fetiche es una lectura freudiana, lo toma de Freud para decirlo.

Entonces respecto de estos nuevos goces, podríamos decir, hay una necesidad de una puesta al día que incluya lo nuevo en la práctica, empezando por librarnos de los prejuicios. Pensar que el sujeto no viene a librarse de eso, que, aunque ese no es su síntoma no viene a querer sacarse eso de encima.

Público: ¿En el caso de las drogas?

Roxana Chiatti: Es en el mismo sentido, nosotros no le decimos al sujeto deje de drogarse, pero qué hacemos, lo responsabilizamos de su consumo, que se regule, que sepa que lo que hace tiene consecuencias y que lo registre, lo responsabilizamos de su goce. No va por la prohibición ni por la regulación del consumo en ese sentido del orden sino responsable de su goce. Perdí toda la guita porque… que sepa que tiene consecuencias y que las registre, para que dosifique, regule, mientras tanto en ese caso con los toxicómanos, más que nunca, más que en todos los casos, hay que hacer existir el inconsciente, porque hay un rechazo al inconsciente que insiste.

Vuelvo sobre lo último, la dimensión libidinal se impone cada vez más para abordar estos fenómenos donde el cuerpo del analista encarna lo no simbolizable del goce, lo que no aparece en la palabra ni aparecerá. Modesto, en su intervención sabe leer lo libidinal lo que se decanta en el decir lo usa, su mirada, su voz, sus gestos, su tono, el saber del analista sobre dicho instrumento, es un instrumento.

A modo de concluir mi clase, tenemos la responsabilidad de acompañar a quienes nos consultan a regular el exceso del empuje al goce porque eso es de lo que sufren, hasta cierto punto esto es una cita del Seminario 11 que es muy enseñante para mí, siempre lo tengo presente, dice Lacan “hasta cierto punto, este penar de más es la única justificación de nuestra intervención”, es decir que ubicándonos en esta demanda de satisfacción y de esta clínica que es mucho más modesta, que no se espera de uno grandes interpretaciones geniales, si no apuntar al exceso de goce, es lo único que justifica nuestra intervención, ese penar de más del sujeto que es el sufrimiento. Esa es una anticipación de Lacan en el ’60 que es muy actual, nunca más apropiado. Entonces parafraseando lo que les decía al comienzo, en el momento de concluir, debemos saber cómo deshacer por la palabra lo que se hizo por la palabra sobre todo en una época donde reina el acto.

Muchas gracias por haberme escuchado y por sus intervenciones.

 

* Roxana Chiatti es Licenciada en Psicología (UNC); Psicoanalista; Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis; Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana; Directora de la EOL Sección Córdoba (gestión 2015 – 2017); Adherente al CIEC – Centro de investigación y estudios clínicos; Responsable del Departamento de investigación Psicoanálisis y cuerpo del CIEC; Docente del NPE (Nuevo programa de Enseñanzas), CIEC.

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