Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4  ¿QUÉ NOS SIGUE ENSEÑANDO DORA SOBRE EL SÍNTOMA? LAS PALABRAS Y LOS CUERPOS

APORTE a cargo de Daniela Lescano Dib*

Para realizar un pequeño aporte a esta clase he tomado como eje de análisis, el síntoma, y de este su sentido, la vertiente de sufrimiento por un lado y de satisfacción por el otro, como también he focalizado la causación en la predisposición por fijación libidinal y vivenciar accidental (traumático) del adulto, desde Freud. Para ello me he apoyado en las conferencias de Introducción al Psicoanálisis: N°17 “El sentido de los síntomas” y N°23 “Los caminos de la formación de síntoma”.

Freud, se pregunta ¿Qué sentido, función y causación, tienen los síntomas en la histeria?

Desde Dora en 1900, va encontrando que los síntomas tienen sentidos, que tienen una función, y que su origen responde a múltiples causas. Y algo muy significativo que tienen un abrochamiento con lo orgánico.

Conferencia N°17 “El sentido de los síntomas”

En 1916-1917, va a continuar trabajando su teoría, en relación a:

El sentido y la finalidad del síntoma:

Va a expresar: que el síntoma es rico en sentido y se entrama en el vivenciar del enfermo.

Equipara los síntomas neuróticos, con las operaciones fallidas y los sueños, en que todos tienen su sentido y que además están relacionados con las vidas de las personas.

Cito: “El sentido de un síntoma reside, según tenemos averiguado, en un vínculo con el vivenciar del enfermo. Cuanto más individual sea el cuño del síntoma, tanto más fácilmente esperaremos establecer este nexo. La tarea que se nos plantea no es otra que esta: para una idea sin sentido y una acción carente de fin, descubrir aquella situación del pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin (Freud, 1916-1917, págs. 246-247).

En esta conferencia, comienza describiendo los síntomas en sujetos neuróticos obsesivos para pasar a la histeria.

Muestra que los enfermos histéricos que sufren de agarofobia (topofobia, angustia frente al espacio) repiten en sus cuadros clínicos los mismos rasgos; sienten miedo a los espacios cerrados, a las plazas a cielo abierto, a las largas calles y avenidas) y en cambio hay otros que tienen condiciones individuales, que podrían pensarse caprichosas. Los rasgos típicos, compartidos por varios enfermos le sirve para realizar un diagnóstico (Freud, 1916-1917, pág. 247). Contrariamente a lo que parecería, los síntomas neuróticos individuales, son más pasibles de esclarecerlos satisfactoriamente con las referencias a su vivenciar, que los síntomas típicos requieren un mayor esfuerzo.

Podemos dice Freud, “esclarecer satisfactoriamente el sentido de los síntomas neuróticos individuales por su referencia al vivenciar, pero nuestro arte nos deja en la estacada respecto de los síntomas típicos, con mucho los más frecuentes”, (Freud, 1916-1917, pág. 248). Y refiere lo difícil de la interpretación histórica del síntoma.

¿A que le llama interpretación histórica del síntoma en Freud?

Freud señala que para comprender un síntoma es preciso reconstruir la historia de su formación, remontándose a las vivencias infantiles y a las fijaciones de la libido. El acontecimiento actual que parece desencadenar el síntoma solo adquiere eficacia porque reactiva esas fijaciones infantiles. Por eso, la interpretación histórica no se limita a una causa inmediata, sino que reconstruye la prehistoria del síntoma, mostrando cómo en la neurosis lo infantil retorna y se enlaza con lo actual.

Retomando lo de los rasgos, así como los síntomas tenían variados rasgos, también el contenido manifiesto de los sueños es variado en extremo y diferente según los individuos y hemos mostrado, dice Freud, con prolijidad lo que a partir de él puede obtenerse mediante el análisis. Pero junto a eso hay sueños a los que se llaman también típicos, que aparecen de todas maneras en todos los hombres; sueños de contenido uniforme que oponen a la interpretación aquellas mismas dificultades. Son los sueños de caer, de volar, de flotar, de nadar, de estar inhibido, de estar desnudo, y ciertos sueños de angustia, que en diversas personas reclaman ora esta, ora esta otra interpretación, sin que con ello encuentre esclarecimiento su monotonía y su ocurrencia típica (Freud, 1916-1917, págs. 248-249). 

Conferencia 23: “Los caminos de la formación de síntomas”

Freud está construyendo una oposición entre el discurso del lego, la persona que no tiene estudios específicos en medicina o psicoanálisis y el médico:

  • el lego → ve el síntoma como la enfermedad misma y, por lo tanto, piensa que curar es igual eliminar el síntoma;
  • el médico → distingue entre síntoma y enfermedad: y cree que eliminar el síntoma no significa necesariamente haber curado la enfermedad.

Si pensamos que el síntoma es aquello que hay que eliminar, aparece algo fundamental: si se elimina un síntoma, pero permanece la capacidad de formar nuevos síntomas, entonces no se ha tocado aquello que produce el síntoma.

Pero hay algo muy interesante: Freud dice que va a situarse provisionalmente en el punto de vista del lego.

Y ahí empieza a abrirse el camino propiamente psicoanalítico.

Los síntomas son actos perjudiciales, o por lo menos inútiles para la vida, a menudo las personas se quejan de que lo realizan contra su voluntad y conllevan displacer o sufrimiento. Producen un gasto anímico en sí mismo y además otro para combatirlos. “Los síntomas son el resultado de un conflicto que se libra en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional”. Las dos fuerzas que se han enemistado vuelven a coincidir en el síntoma; se reconcilian, gracias al compromiso de formación de síntoma. Por eso el síntoma es tan resistente, está sostenido desde ambos lados. Sabemos que una de las dos partes envueltas en el conflicto es la libido insatisfecha, rechazada por la realidad, que ahora tiene que buscar otros caminos para la satisfacción. Si a pesar de que la libido esta dispuesta a aceptar otro objeto en lugar del denegado la realidad permanece inexorable, aquella se verá finalmente precisada a emprender el camino de la regresión y a aspirar a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas o por medio de uno de los objetos que resinó antes (anteriores fijaciones) (Freud, 1916-1917, págs. 326-327).

Afinando un poco más, en relación a la causación de la neurosis, Freud plantea que depende de la predisposición por fijación libidinal (Constitución sexual (vivenciar prehistórico) y vivenciar infantil, más el vivenciar accidental (traumático) del adulto.

Los síntomas “Crean un sustituto para la satisfacción frustrada, lo hacen por medio de una regresión de la libido a épocas anteriores, a la que va indisolublemente ligado el retroceso a estadios anteriores del desarrollo en la elección de objeto o en la organización”. “Hace mucho que sabemos que el neurótico quedó adherido a algún punto de su pasado; ahora no enteramos que en ese período su libido no echaba de menos la satisfacción y él era dichoso”. Busca hasta llegar a una época así, aunque tenga que retroceder a la lactancia. “El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia, desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que lo llevó a contraer la enfermedad”. “La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño”. El sujeto siente la presunta satisfacción como sufrimiento y por eso se queja de ella. Lo que en otro momento fue satisfacción hoy le provoca resistencia o repugnancia (Freud, 1916-1917, pág. 333).

Freud descubre que las escenas infantiles, no siempre son verdaderas y en relación a la diferencia entre fantasías del paciente y la realidad, toma el discurso del paciente como realidad psíquica, sin importar si corresponde a la realidad material (Freud, 1916-1917, págs. 334-336).

Para concluir podemos inferir que Freud, en estas conferencias remarca que los síntomas tienen un sentido, al igual que los actos fallidos, los lapsus y el sueño, que tienen una finalidad, una genealogía libidinal.

Referencias

Freud, S. (1901-1905). Sigmund Freud Obras completas. Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora). Tres ensayos de teoría sexual y otras obras (2011 ed., Vol. VII). Bs. As., Argentina: Amorrortu editores.

Freud, S. (1916-1917). Sigmund Freud Obras completas. Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III) (2009 ed.). Bs. As., Argentina: Amorrortu editores.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4

Docente: Mónica Gurevicz, psicoanalista, miembro de la EOL y la AMP.

Reseña

La clase parte de una pregunta que atraviesa la enseñanza de Freud y que conserva toda su vigencia para el psicoanálisis: ¿cómo se articulan las palabras y los cuerpos? Mónica Gurevicz sitúa en la clínica de la histeria una vía privilegiada para interrogar esta articulación, en tanto el síntoma pone en juego una dimensión corporal que no puede reducirse a una causalidad orgánica. Para Freud, la clínica de la histeria resulta decisiva en la constitución del campo psicoanalítico y en la elaboración de conceptos fundamentales como el inconsciente, la represión y la pulsión.

A partir de Freud, se destaca que el síntoma histérico no puede ser pensado exclusivamente desde lo somático ni desde lo psíquico. La noción de “solicitación somática” permite ubicar una condición corporal que, para adquirir estatuto de síntoma histérico, requiere de una significación psíquica. De este modo, el síntoma se constituye en una articulación singular entre cuerpo y representaciones inconscientes. Los giros lingüísticos resultan fundamentales en este punto: Freud encuentra en las palabras, en sus resonancias y asociaciones, una vía para localizar aquello que se expresa en el cuerpo. Como señala Freud, “los giros lingüísticos constituyen los puentes para este nuevo acto de conversión”. La clínica de Dora permite situar cómo la tos y la afonía adquieren valor en la trama de su historia y de sus relaciones.

La cuestión de la temporalidad resulta igualmente decisiva. Las experiencias infantiles vinculadas con la sexualidad no poseen necesariamente desde el comienzo el sentido que adquirirán posteriormente. Freud permite pensar así una significación retroactiva: aquello que inicialmente se presenta sin una significación definida puede adquirirla a partir de nuevas experiencias y articulaciones. No se trata, entonces, de buscar un sentido previamente establecido del síntoma, sino de seguir el modo singular en que este se constituye para cada sujeto.

En este punto, la referencia a Éric Laurent permite actualizar la problemática: en el estado actual del Otro de la civilización, palabras y cuerpos tienden a separarse, mientras que el psicoanálisis se interesa precisamente por el punto de empalme que el síntoma permite localizar. El síntoma constituye así una vía precisa para abordar la articulación entre ambos registros.

Desde esta perspectiva, Gurevicz subraya la importancia de dar un tiempo al síntoma y a la escucha, sin precipitar su significación. La clínica de Dora permite mostrar la importancia del detalle: la tos, la afonía y otros fenómenos corporales adquieren su valor a partir de las articulaciones que pueden establecerse en el discurso. La cuestión no consiste solamente en nombrar un síntoma, sino en localizar su funcionamiento y aquello que puede decir acerca de la posición del sujeto.

La referencia al llamado “rechazo del inconsciente” permite situar uno de los desafíos de la clínica contemporánea. Se trata de sostener la posibilidad, de que el sujeto consienta a interrogar aquello que se presenta como síntoma, es decir, que pueda suponerse que allí hay algo por leer. Frente a las respuestas que ofrecen un sentido ya constituido, el psicoanálisis sostiene una escucha orientada por la singularidad del síntoma.

El caso de una histeria masculina presentado por Lacan a partir de la observación de Michael Joseph Eisler permite continuar esta interrogación. Se trata de un paciente que sufre un accidente y cuyos dolores corporales aparecen posteriormente. Lacan destaca que lo decisivo para el desencadenamiento de la neurosis no se reduce al accidente mismo, sino que adquieren particular importancia las circunstancias posteriores, entre ellas los estudios radiológicos. El caso permite situar que el acontecimiento no explica por sí solo la formación del síntoma: es necesario localizar la función que adquiere en la trama subjetiva. Nuevamente, la clínica del detalle permite interrogar el modo singular en que el cuerpo queda comprometido.

En este recorrido, las Conferencias 17 y 23 de Freud permiten precisar dos dimensiones fundamentales del síntoma: su sentido y su formación. En la Conferencia 17, “El sentido de los síntomas”, Freud sostiene que el síntoma está entramado con el vivenciar del enfermo y que su sentido puede ser localizado mediante el trabajo analítico. En la Conferencia 23, “Los caminos de la formación de síntoma”, sitúa el síntoma como una formación en la que convergen el conflicto y una satisfacción sustitutiva, articulados con las fijaciones libidinales y las vivencias del sujeto.

Daniela Lescano retoma estas elaboraciones, poniendo en juego la doble vertiente del síntoma: por un lado, el sufrimiento que lleva al sujeto a consultar y, por otro, la satisfacción que lo sostiene. El acontecimiento actual adquiere eficacia en la medida en que reactiva fijaciones y modalidades de satisfacción anteriores. El síntoma tiene así una historia, pero esta solo puede reconstruirse a partir de las articulaciones que el sujeto produce en el dispositivo analítico.

La clase permite situar, finalmente, que el síntoma no se reduce ni a un fenómeno corporal ni a un sentido que pueda ser establecido de antemano. En él se articulan palabras, cuerpo, sentido y satisfacción. La lectura lacaniana de Freud permite retomar esta articulación para interrogar, en cada caso, aquello que hace singular el modo en que un cuerpo es afectado por las palabras.

La actividad contó con el acompañamiento de Daniela Lescano Dib, la presentación de María Rosa Cantos y el aporte clínico de Mariana Alustiza.

Reseña a cargo del área de Investigación y Docencia.

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1905). “Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora)”. En Obras completas, t. VII.

Freud, S. (1916-1917). “17.ª conferencia: El sentido de los síntomas”. En Conferencias de introducción al psicoanálisis, t. XVI.

Freud, S. (1916-1917). “23.ª conferencia: Los caminos de la formación de síntoma”. En Conferencias de introducción al psicoanálisis, t. XVI.

Lacan, J. (1955-1956). El Seminario, Libro 3: Las psicosis.

Laurent, É. “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”. ENAPOL.

Ciudalitica | 2023

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 3 EL DESEO Y LA DEMANDA EN LA NEUROSIS OBSESIVA.

Clase 3 EL DESEO Y LA DEMANDA EN LA NEUROSIS OBSESIVA. El Historial: El Hombre de las ratas.

Clase 3

Docente: Marisa Morao, psicoanalista, miembro de la EOL-AMP.

Reseña

La clase comenzó de manera virtual con la docente Marisa Morao, quien introdujo el tema mediante la canción de Catupecu Machu “Más deseo, más me alejo”, haciendo referencia al título de la clase.

En primer lugar, plantea la cuestión de la defensa y los movimientos que produce Lacan en el Seminario V.

La idea principal gira en torno al síntoma obsesivo y a cómo el obsesivo se defiende, mediante sus síntomas, del deseo del Otro. Freud distinguió la defensa de la represión desde sus primeros textos. En la neurosis obsesiva se trata de defensa y no de represión, ya que la represión supone un significante que cae y otro que, metafóricamente, lo sustituye.

En relación con el caso Dora, Freud plantea que, al hablar de la histeria, una vez que se descifra el síntoma —en este caso, la tos de Dora—, se levanta la represión y el síntoma desaparece. Freud sitúa allí la satisfacción pulsional sustitutiva del síntoma, ya que hay represión y retorno de lo reprimido.

En cambio, en la defensa no hay represión de un representante o significante, sino una desconexión entre el representante y el goce. No se trata, en este punto, de recordar. Hay una ruptura de las conexiones lógicas: están las representaciones y están los recuerdos, pero sin el afecto. El trabajo del analista sería restablecer esas conexiones, restituyendo algo del orden del afecto.

Lacan va planteando de distintas maneras la cuestión del aislamiento del obsesivo. La defensa también se sitúa a nivel del aislamiento, al que Lacan refiere como una especie de “jaula narcisista” en sus escritos. El sujeto obsesivo se presenta cerrado sobre sí mismo, prisionero de sí mismo. Aunque no lo sepa y crea ser prisionero del Otro, en realidad es prisionero de un Amo.

La docente plantea, en relación con esto, que también puede pensarse la transferencia: ¿cómo coloca el sujeto al Otro del saber en el lugar del Amo? De este modo, el analista puede quedar ubicado en el lugar del Amo, lo que puede producir impasses transferenciales. También menciona la cuestión de estar dentro de una burbuja, encerrado sobre sí mismo.

Lacan hace referencia en sus escritos a la “cápsula narcisista”, como un punto central respecto de cómo hacer frente al deseo del Otro. Habla de “la cápsula narcisista de la conformación obsesiva”, de donde surge el tema de la fortificación.

Lacan compara al obsesivo con aquello que resulta impenetrable. Estas defensas instalan murallas respecto del inconsciente, lo cual marca la dificultad de las entradas en análisis.

“El yo como un todo” es una idea que Lacan desarrolla como un todo cerrado, donde aparece el problema de la contradicción. Esa cápsula narcisista no quiere fallas ni fisuras; busca un funcionamiento cerrado y totalizante. Podemos decir que, en un primer momento, aparece el objeto del deseo y, posteriormente, Lacan da un paso más al sustituir la cuestión del yo por el Otro, planteando el objeto del deseo en términos del objeto a, causa del deseo.

Se presenta entonces el problema de la tensión agresiva. En el Seminario V aparece ya a nivel del fantasma sádico. En relación con la tensión agresiva que el obsesivo genera consigo mismo y con los otros, cuyo exceso responde a esta lógica del funcionamiento obsesivo —todo o nada, verdadero o falso—, puede observarse esta modalidad en distintos casos.

Esta agresividad constituye una defensa de esa unidad narcisista y aparece cuando escuchamos al obsesivo hablar del lazo amoroso y de la obsesión por lo total en el “te amo”, entendido como “el amor por alguien”, como pasión por ese todo. Sin embargo, esto siempre puede tener un giro potencial hacia el “quiero destruirte”.

Resulta interesante pensar este movimiento del todo o nada: “te amo, pero te destruyo”. De esta manera, el obsesivo se defiende del deseo, punto central que no debe perderse de vista en la transferencia.

Respecto de la hipótesis de que el obsesivo se defiende del deseo del Otro, Lacan plantea una multiplicidad de mecanismos: el aislamiento, la reduplicación, la anulación y todos los desplazamientos propios de la neurosis obsesiva. El sujeto se describe dentro de un campo fortificado, dentro de esa cápsula de vidrio, “en su planeta”.

Cuando el obsesivo está en otro lugar, se encuentra dentro de algo que viene a metaforizar al yo y a dar esa idea de conjunto cerrado. Lacan señala que ese funcionamiento del yo apunta a excluir el deseo.

La docente refiere que, desde esta perspectiva, aparece la contradicción entre el yo y el objeto del deseo, entre un todo y el deseo, sin fallas ni fisuras. Entonces, la defensa se produce frente a cualquier incidencia del deseo del Otro, y el asunto es que el deseo del Otro angustia.

Por eso, el aislamiento opera ante la emergencia del deseo mismo, para evitar la angustia frente al deseo del Otro. Clínicamente, esto puede virar hacia efectos depresivos, hacia la tristeza por haber perdido la vida, el tiempo, etc. Son todas formas que pueden presentarse en la clínica de la neurosis obsesiva como efecto de la angustia.

“Cualquier entrada de un tiempo real, que implica la contingencia, sobre todo en un encuentro amoroso, puede causar una catástrofe en la defensa obsesiva”.

La defensa principal aparece como el aislamiento, y Lacan luego articula esto con el goce del espectáculo. Posteriormente, el aislamiento también se articula con el goce sexual y con distintas formas del goce pulsional.

Ya en la época del Seminario V, bastante contemporánea a La dirección de la cura, comienza a aparecer un sesgo diferente, mucho más cercano a lo que posteriormente Lacan elaborará como presencia del analista. Comienza a aparecer una posición distinta en relación con el analista y con el acto analítico: molestar la defensa, introducirse en el fantasma y empujar al sujeto hacia el despliegue de su fantasma.

Si no se construye el fantasma, si no se despliega el fantasma, resulta imposible ubicar estos puntos de vacilación fantasmática.

Por último, en relación con la cuestión del goce del espectáculo, el obsesivo se coloca como espectador de sus propias escenas, evitando así el deseo.

Freud señala, respecto de las fantasías del obsesivo, que este “ve a alguien heroico”. Se construye esa fantasmagoría de lo heroico y, detrás de ella, hay una dedicatoria a alguna dama, pero siempre debe estar camuflada.

El obsesivo coloca al yo, a ese yo cerrado, como defensa para cubrirse de la castración del Otro. Porque cubrirse del deseo es también cubrirse de la castración del Otro.

J.-A. Miller realiza un trabajo en el que plantea los movimientos del goce en la enseñanza de Lacan. Allí ubica, en el Seminario V, el segundo paradigma, denominado “la significatización del goce”: “la significatización del goce, la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”.

Posteriormente, Lilian Carini, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, realizó aportes teóricos sobre La dirección de la cura y los principios de su poder, particularmente en el apartado “¿Qué lugar para la interpretación?”.

Se centró en el debate de Lacan con los posfreudianos. Fundamentalmente, Lacan dialoga con sus colegas, a quienes lee y cuyas publicaciones y casos clínicos toma en consideración. Podemos decir que se ubica allí también en una posición de control. Lo que lo mueve es conocer la clínica de estos autores para interrogar qué aportan al dispositivo y a qué falta responde cada uno de ellos. Cada autor inventa algo para poder responder a esa falta.

La innovación teórica de Lacan, en su retorno a Freud, consiste en intentar comprender de qué manera esas prácticas eran modos de responder a un desconocimiento fundamental. Los analistas posfreudianos no hallaban la interpretación por ningún lado o bien la encontraban por todas partes. Por ese motivo, evitaban interpretar el deseo inconsciente para dirigirse, unos, a las defensas del yo y, otros, a la pulsión.

La transferencia se convierte en la seguridad del analista y la relación con lo real pasa a ser el terreno donde se decide el combate. La interpretación, que había sido pospuesta hasta la consolidación de la transferencia, se vuelve subordinada a la reducción de esta.

Sin embargo, el procedimiento de Freud, tal como se presenta en El hombre de las ratas, resulta llamativo porque procede exactamente en el orden inverso. Comienza por introducir al paciente en una primera ubicación de su posición en lo real, aun cuando ello tuviera que arrastrar una precipitación y una sistematización de los síntomas.

Al finalizar la clase, Eliana Jiménez, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, presentó un caso clínico, el cual fue comentado por Marisa Morao.

Reseña a cargo del Área de Eventos.

Ciudalitica | 2023

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

Reseña

La docente abre la clase a partir de su título, “Estructura e historia” y subraya la actualidad de los historiales freudianos, cuya riqueza clínica y teórica continúa produciendo efectos. Recuerda que Lacan insistió en este punto y que dicha insistencia constituye el fundamento que orienta el trabajo del seminario.

Tres puntos orientan el título: el historial, a saber, “el hombre de las ratas”, la escucha y dónde se coloca el acento a la hora de escuchar. Retomando el concepto de constelación familiar trabajado en la clase anterior, la docente la define como la constelación original que presidió el nacimiento del sujeto y marcó su historia. Señala que esta mantiene una relación precisa tanto con lo más contingente como con lo más fantasmático. A partir de ello, propone pensar de qué manera la trama edípica incide en la formación de los síntomas, sin perder de vista el papel de la contingencia y los efectos que esta también produce en su constitución.

A partir del texto de Jacques-Alain Miller, “Estructura, desarrollo e historia”, la docente plantea la necesidad de dar lugar al niño y de no reducir la lectura analítica a una perspectiva exclusivamente estructural. Señala que la oposición entre desarrollo e historia no implica desconocer los procesos de maduración del organismo, sino subrayar que en ellos siempre está implicado un sujeto. La historia no remite únicamente a los acontecimientos vividos, sino al modo en que estos son subjetivados. En este sentido, importa menos el hecho en sí que el sentido que adquiere para quien lo vive y el relato que construye a partir de él. Respecto de la estructura, aclara que no se trata de un estructuralismo puro, sino de una noción estrechamente ligada al Edipo. Los distintos elementos no se ordenan de manera inmediata, sino que van encontrando su lugar progresivamente, en función de las significaciones que se constituyen a lo largo del tiempo. Por ello, advierte sobre el riesgo de que una lectura excesivamente estructuralista termine por dejar de lado al niño y la dimensión temporal propia de su constitución subjetiva. Insiste así en que el tiempo es un factor fundamental, ya que no es lo mismo abordar la posición de un niño que la de un adulto.

En relación con el historial del Hombre de las Ratas, la docente destaca el papel fundamental de la sexualidad infantil. Retoma una referencia de Freud en su correspondencia con Fliess para señalar que, en un primer momento, se produce una irrupción pulsional en el cuerpo que carece de significación. Solo de manera retroactiva aquello adquiere un sentido. En esta perspectiva, el Edipo constituye una de las vías posibles para conferir significación a lo que inicialmente se presenta como irrupción. Para ello, resulta necesaria la intervención del Otro, que posibilita cierta organización de esa experiencia. Lo pulsional aparece, entonces, como algo que llega a destiempo respecto de su significación; sin embargo, la elaboración posterior permite al sujeto hacer algo con aquello que se presentó inicialmente.

En el Seminario 5, Lacan presenta los tres tiempos del Edipo y la metáfora paterna. Se trata de tiempos lógicos y, al referirse a ellos, remite a cuestiones de estructura. Sin embargo, también hace falta tiempo para observar cómo estos elementos se subjetivan. La metáfora paterna se sitúa en el inconsciente; hay un significante que funda al sujeto. Más adelante, en el Seminario 16, afirma lo siguiente: “Su resorte único está siempre, por supuesto, en la manera en que se presentaron los deseos en el padre y en la madre, es decir, en que ellos han efectivamente ofrecido al sujeto el saber, el goce y el objeto a. Consiguientemente, esto debe incitarnos no solo a explorar la historia del sujeto, sino el modo de presencia con el que se le ofreció cada uno de los tres términos. Allí reside lo que llamamos impropiamente la elección de la neurosis, hasta la elección entre psicosis y neurosis. No hubo elección porque esta ya estaba hecha en el nivel de lo que se presentó al sujeto, y que solo es localizable y perceptible en función de los tres términos que acabamos de intentar despejar”. La elección entre neurosis y psicosis no la comanda el yo: la estructura no puede separarse de las condiciones concretas en las que el sujeto recibe esas marcas, ni de la forma en que estas son posteriormente subjetivadas.

Luego, Gabriela Maidana, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, realizó un aporte teórico a lo desarrollado por Mónica. Retoma el historial freudiano, el caso del Hombre de las Ratas, situando que permite seguir la evolución de las elaboraciones de Freud sobre la neurosis obsesiva. En sus primeras formulaciones, éste explica los síntomas a partir de la represión de deseos inconscientes incompatibles con la conciencia, especialmente la ambivalencia afectiva hacia el padre y la persona amada. Los pensamientos obsesivos, los rituales y las prohibiciones aparecen como formaciones de compromiso que expresan de manera disfrazada esos deseos reprimidos. El caso pone de relieve la importancia de la sexualidad infantil y de los conflictos pulsionales temprano, cuyas huellas permanecen activas en el inconsciente y pueden reactivarse en la vida adulta, dando lugar a la formación de síntomas. La fantasía del suplicio de las ratas no constituye el núcleo de la neurosis, sino el punto a partir del cual se ponen en movimiento conflictos inconscientes preexistentes, ligados a la culpa, la ambivalencia afectiva y la relación con la figura paterna. A la luz de las elaboraciones posteriores de Freud, especialmente en “El yo y el ello” e “Inhibición, síntoma y angustia”, el caso adquiere una nueva lectura. La angustia deja de concebirse como una consecuencia de la represión para entenderse como una señal de peligro para el yo, que pone en marcha mecanismos defensivos frente a las exigencias pulsionales y a la severidad del superyó. En este contexto, los síntomas obsesivos aparecen simultáneamente como defensa y como forma sustitutiva de satisfacción pulsional. Freud destaca mecanismos como la anulación retroactiva, el aislamiento y la regresión a la organización sádico-anal, que permiten comprender la presencia de la duda, la culpa, la necesidad de castigo, la agresividad y los rasgos característicos del carácter obsesivo. De este modo, el caso muestra cómo los conflictos infantiles, lejos de desaparecer, continúan ejerciendo sus efectos en la vida psíquica adulta.

Sobre esto, Mónica propone retomar los capítulos 3, 5 y 6 de “Inhibición, síntoma y angustia”. Al final del capítulo 5, destaca la referencia de Freud a un yo limitado, que se ve compelido a buscar tratamiento para sus síntomas. En este contexto, introduce el concepto de parálisis de la voluntad del yo, que se manifiesta en la dificultad o imposibilidad de tomar una decisión, algo muy frecuente en la neurosis obsesiva. En el capítulo 6, aborda el aislamiento característico de la neurosis obsesiva y las dificultades que este plantea para la asociación libre, cuestión que se actualiza en el propio dispositivo analítico. El aislamiento no se reduce a un rasgo de carácter, sino que se pone de manifiesto en el modo mismo de hablar del sujeto: relata sus pensamientos, pero estos no se encadenan asociativamente. El obsesivo permanece adherido a sus enunciados. El síntoma aparece en un primer momento como algo extraterritorial, en tanto formación del inconsciente; sin embargo, el yo intenta incorporarlo a la personalidad bajo la fórmula “yo soy así”. La pulsión, por su parte, no se detiene y encuentra una satisfacción sustitutiva. Finalmente, señala que los casos graves de neurosis obsesiva suelen someterse al tratamiento con menos frecuencia que las histéricas: asisten a análisis como última opción.

El historial de “El Hombre de las Ratas” invita a seguir investigando tanto el ocasionamiento de la consulta como el de la enfermedad. Se trata de dos momentos diferentes: mientras que la consulta se desencadena a partir de un relato, lo que va surgiendo a lo largo de las distintas sesiones permite localizar el momento en que se constituye el síntoma. Las alternativas y soluciones que el sujeto encuentra frente a aquello que le resulta insoportable, así como las coordenadas que se ponen en juego en la consulta, contribuyen a precisar qué adquiere valor traumático para cada quien. En este historial, aquello que desencadena el delirio se encuentra en relación con la deuda, aunque los síntomas se remontan a la infancia. Esto introduce una distinción entre realidad y verdad: una cosa es la realidad de los hechos y otra la verdad del inconsciente. Así, aunque el padre ha muerto, el sujeto continúa temiendo que pueda sucederle algo. La voluntad eterna del padre sigue operando en su inconsciente como si se tratara de una presencia actual.

La docente retoma la cuestión de las asociaciones extrínsecas presentes en el historial y las pone en relación con las soluciones que el sujeto encuentra frente a aquello que le resulta insoportable. En este punto, ubica el actuar obsesivo y la manía de la duda, caracterizada por la imposibilidad de poner un límite al pensamiento. A partir del significante “rata”, Freud sigue una serie de asociaciones que permiten reconstruir la lógica propia del caso. Tal como señala en la página 167, el relato del castigo de las ratas reavivó un erotismo anal que había ocupado un lugar preponderante durante la infancia. Freud se sirve entonces de las resonancias de la lengua alemana para desplegar la cadena asociativa: “Ratten” significa “ratas”, mientras que “Raten” remite a “cuotas”, introduciendo así una articulación con el dinero y la deuda. De este modo, el análisis permite seguir el recorrido de los significantes y precisar las coordenadas singulares del síntoma. En este sentido, la docente subraya que, en el curso de un análisis, no basta con que el paciente adquiera el coraje necesario para hablar; también es preciso poder discernir qué dice en aquello que enuncia.

Finalmente, la docente hace referencia al Seminario 10, La angustia, y a las clases que Lacan dedica a la neurosis obsesiva. A partir del pasaje citado, subraya que el trabajo analítico no parte del síntoma ya constituido en su forma clásica, sino del reconocimiento de su funcionamiento por parte del sujeto. En este sentido, el síntoma solo queda verdaderamente constituido cuando el sujeto puede advertirlo como tal. Lacan destaca que existen formas de comportamiento obsesivo que aún no han alcanzado ese estatuto, en la medida en que el sujeto no las ha reconocido ni formulado como síntomas.

A partir de ello, la docente retoma la cuestión de aquello que permanece no asimilado en el síntoma. Para que este salga de su condición de enigma no formulado, resulta necesario que el sujeto pueda tomar distancia de identificaciones cristalizadas, condensadas en expresiones como “yo soy así”. Solo entonces el síntoma puede convertirse en objeto de interrogación y de trabajo analítico. En esta misma línea, recuerda una formulación de Freud en “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915), donde señala que el carácter forma parte de los destinos de la pulsión, cuestión que permite pensar las modalidades por las cuales determinados modos de satisfacción terminan incorporándose a la personalidad del sujeto.

Al finalizar la clase, Daniela Lescano Dib, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, presentó un caso clínico, el cual fue comentado por Mónica. El público participó con preguntas, comentarios, aportes.

Reseña a cargo del área de libería.

 

Referencias bibliográficas

Freud, S. (201). A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el «Hombre de las Ratas») [1909]. Amorrortu Editores.

Freud, S. (1986). Inhibición, síntoma y angustia [1926]. En Obras completas (Vol. 20). Amorrortu Editores.

Lacan, J. (1994). El seminario: Libro 4. La relación de objeto [1956-1957]. Ediciones Paidós.

Lacan, J. (2006). El seminario: Libro 10. La angustia [1962-1963]. Ediciones Paidós.

Lacan, J. (2008). El seminario: Libro 16. De un Otro al otro [1968-1969]. Ediciones Paidós

 

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SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE 2026-2027 Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA.

Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE  “EL SÍNTOMA EN LA CLÍNICA FREUDIANA LEÍDO POR LACAN”

CLASE 2: Estructura e historia. 

Comentario a cargo de Gabriela Maidana*  

El caso del Hombre de las ratas es reinterpretado por Freud con las elaboraciones que en 1926  publica en “Inhibición, síntoma y angustia” para ello se servirá de conceptos que fue  desarrollando en su enseñanza. 

Freud en 1909 cuando escribe “Notas sobre un caso de neurosis obsesiva” la describe como  una neurosis plena y avanzada. 

Los síntomas obsesivos se explican principalmente a partir de conflictos entre deseos  inconscientes reprimidos, en particular sentimientos simultáneos de amor-odio hacia la  persona del padre y hacia la persona amada. A esta coexistencia de afectos Freud la denomina  ambivalencia afectiva que tiene sus raíces en la ambivalencia afectiva infantil. Freud sostiene  que el niño ama intensamente a su padre, pero al mismo tiempo alberga hacia él deseos  hostiles inconscientes. Estos sentimientos hostiles resultan incompatibles a su deseo filial y a  las exigencias morales que progresivamente se constituyen en el sujeto. Como consecuencia  dichos deseos son reprimidos. Los deseos reprimidos continúan actuando desde el  inconsciente y retornan de manera disfrazada bajo la forma de síntomas. 

En este momento de sus elaboraciones Freud cuenta fundamentalmente con el concepto de  represión del representante psíquico por ser inconciliable con las tendencias morales o  afectivas opuestas. Sin embargo, la represión fracasa parcialmente, y lo reprimido retorna en  forma disfrazada a la consciencia bajo la forma de síntoma obsesivos, pensamientos  obsesivos, rituales y prohibiciones autoimpuestas. Estos síntomas se constituyen como  formaciones de compromiso entre las fuerzas represoras y lo reprimido, cumple con la  función de mantener a raya los deseos inconciliables, de proteger al sujeto del conflicto  psíquico que estos generan y simultáneamente evitar el surgimiento de angustia; se produce  cuando parte de la libido queda desligada de la representación. 

En el “hombre de las ratas”, Freud localiza este conflicto cuando el paciente imagina que una  desgracia terrible podría sucederle a su padre o a su amada. Estos pensamientos despiertan una intensa angustia que Freud interpreta como ligada al retorno disfrazado de sus deseos  inconscientes incompatibles con la consciencia. La angustia y la culpa son el testimonio de la  persistencia del conflicto entre el amor consciente y la hostilidad reprimida. 

Lo que Freud busca subrayar es la importancia decisiva del factor infantil en la causación de la  neurosis. Los conflictos pulsionales que se presentan en la infancia movilizan  tempranamente mecanismos de defensa destinados a tramitar deseos y afectos  incompatibles para el sujeto. Sin embargo, estos conflictos no desaparecen por efecto de la represión primaria; por el contrario, dejan huellas duraderas bajo la forma de fijaciones  libidinales que permanecen activas en el inconsciente. 

Más tarde en determinadas circunstancias de la vida adulta, estas fijaciones pueden  reactivarse y proporcionar el punto de apoyo para la formación de los síntomas neuróticos. El  factor infantil constituye así el fundamento de la neurosis, ya que permite comprender que el  síntoma no surge de manera azarosa y accidental, sino que posee una historia. El síntoma  constituye una reedición deformada y sustitutiva de los conflictos infantiles reprimidos que  continúan ejerciendo sus efectos en la vida psíquica del sujeto. 

El síntoma de la obsesión nos dice Miller en el texto H2O” (1) se distingue por la evidencia  fenoménica del rasgo que en alemán se llama Zwang que significa coacción, forzamiento,  compulsión, que se manifiestan en el pensamiento y en los actos del sujeto” se trata de una  modalidad de funcionamiento de la represión característico de la neurosis obsesiva. 

En el caso del Hombre de las ratas observamos que el sujeto apela a rituales mentales y  conductas compulsiva para neutralizar sus pensamientos que le resultan insoportables. La  intensa culpa que experimenta, difusa y aparentemente inmotivada, así como el temor persistente de que algo terrible pueda sucederle a su padre o a la mujer amada encubren la  emergencia de deseos hostiles inconscientes incompatibles con la conciencia moral. 

Para defenderse de estos deseos el sujeto se impone prohibiciones, ceremoniales y conductas  compulsivas que a lo largo de su vida fueron propiciando la disminución temporal de la  angustia en tanto estas conductas fueron incorporándose a su personalidad. Sin embargo, lejos  de resolver el conflicto terminan organizando una economía psíquica cada vez más rígida, hasta  que en determinado momento de la vida adulta sobreviene una crisis de angustia que precipita  la consulta con Freud. (el famoso relato del suplicio de las ratas penetrando en el cuerpo de la  víctima, a partir de ahí lo invade una intensa angustia y la idea obsesiva de que dicho castigo  puede recaer sobre dos personas que ama profundamente) alrededor de este núcleo se  organizan sus fantasías asociadas a la idea mortificante de que si no realiza ciertos actos o  rituales ocurriría dicha catástrofe. 

Freud destaca que si bien esta idea domina sus fantasías no constituyen la situación traumática  en sí. Su importancia radica en que reactiva y pone en movimiento conflictos inconscientes  preexistentes. 

El relato del suplicio entonces encuentra un terreno ya preparado por la historia infantil del  sujeto, sus fijaciones libidinales, sus sentimientos ambivalentes hacia el padre y la intensa  culpa inconsciente que lo habita. 

A esto se añade otra cuestión fundamental, una deuda económica vinculada al extravío de sus  lentes en la misma jornada que le relatan el episodio de las ratas. El paciente queda atrapado  en una serie de dudas, obligaciones y razonamientos compulsivos relacionados con el pago de  la deuda. Freud advierte que estas conductas defensivas se enlazan asociativamente con la historia de su padre, quien antes de contraer matrimonio había tenido problemas económicos  y deudas que marcaron su matrimonio.

En el transcurso del análisis Freud reconstruye una compleja red de asociaciones en las que se  articulan representaciones tales como: dinero, deuda, padre, matrimonio, amor, castigo y ratas,  trama que permite poner de manifiesto los núcleos fundamentales del caso: la ambivalencia  afectiva, la culpa inconsciente, el conflicto en torno a la elección amorosa respecto de la  mujer y la necesidad inconsciente de castigo que caracteriza a la neurosis obsesiva. 

Este es el núcleo de la neurosis para Freud, no la fantasía de las ratas en sí misma sino el  conflicto inconsciente que dicha fantasía viene a expresar. El punto central es la intensa  ambivalencia afectiva sobre todo respecto a la figura paterna. Junto al amor y la admiración  hacia el padre subsisten poderosos sentimientos hostiles reprimidos. Freud reconoce en estos  deseos hostiles la expresión de una rivalidad vinculada a la vida amorosa y sexual del sujeto, así  como una querella contra la voluntad paterna, especialmente en lo concerniente a la elección  de objeto amoroso y al mandato familiar respeto del matrimonio. 

El caso releído por Freud a la luz de sus elaboraciones posteriores lo llevan a plantear  modificaciones sustanciales sobre todo respecto de la angustia. 

Para llegar al escrito “Inhibición síntoma y angustia “de 1926 debemos tomar como  antecedentes lo que plantea en “Más allá del principio del placer” de 1920 sobre la pulsión de  muerte y su relación con la compulsión a la repetición, para entender lo que Freud ubicará  respecto del síntoma como retorno de la pulsión.  

Otro texto esencial para avanzar hacia los planteos que hace en “Inhibición, síntoma y  angustia” es el que introduce con la publicación del “Yo y el Ello” en 1923, texto que marca un giro decisivo en su enseñanza: en este tiempo elabora su 2° tópica del aparato psíquico, Yo,  ello, superyó, muestra que el yo no es una instancia psíquica independiente, por el contrario nos plantea que el yo se desarrolla a partir del ello es decir, lo pulsional, y cuando surgen  contradicciones entre ambos el yo siempre se debilita, lo que demuestra su dependencia de  las exigencias pulsionales del ello. Lo mismo sucede en la relación superyó-yo, cuando hay un  conflicto entre ambos el yo es una instancia relativamente débil que está constantemente  amenazada por el superyó. El yo entonces se encuentra sometido a una triple dependencia: de  las exigencias pulsionales, de los imperativos y reproches del superyó y de las demandas del  mundo exterior. Esta concepción de un Yo relativamente débil y permanentemente amenazado  resulta fundamental para comprender los desarrollos posteriores en “Inhibición, síntoma y  angustia”. 

Especialmente en el capítulo 5 Freud se interesa por la formación de los síntomas y las  defensas secundarias del yo desplegadas frente a las exigencias pulsionales. Allí reformula el estatuto de la angustia. Mientras en sus primeras elaboraciones la angustia era concebida fundamentalmente como una consecuencia de la represión, ahora pasa a ser entendida como una señal en el yo, frente a una situación de peligro; adquiere una función protectora que  advierte al yo de un peligro y pone en marcha los mecanismos defensivos para evitarla. De esta  manera la represión pasa a ser una de las respuestas que el yo organiza a partir de la señal de  angustia.

En la neurosis obsesiva el peligro está ligado a las exigencias pulsionales del ello y a las  consecuencias que su satisfacción tendría para el yo, especialmente bajo la amenaza del  superyó y la pérdida de amor. Estas nuevas elaboraciones abren la puerta para la reformulación  del “Hombre de las ratas”. 

Un pasaje fundamental para ilustrar este cambio teórico es la escena relatada por Ernest  Lanzer en la que muchos años después de la muerte de su padre, se sorprende abriendo la  puerta a medianoche como si lo estuviera esperando, y luego se contempla al espejo experimentando una erección. Freud volverá sobre esta escena para mostrar que los conflictos  infantiles conservan toda su eficacia en la vida psíquica adulta. 

Esta escena pone de manifiesto la persistencia de los deseos edípicos y de la ambivalencia  afectiva hacia la figura paterna. La excitación sexual que se manifiesta en la erección testimonia  la reactivación de deseos inconscientes ligados a la sexualidad infantil. Sin embargo, junto a  esta reactivación aparece la figura del padre como instancia de prohibición y límite respecto de  esas aspiraciones. 

En este contexto el peligro fundamental es el de la castración. Durante el Complejo de Edipo, el  niño se enfrenta a la incompatibilidad entre sus deseos amorosos y sexuales y la prohibición  encarnada por la función paterna. La angustia de castración surge como respuesta a esos  peligros anticipados por el yo.  

Por tal motivo, Freud destaca que la castración ocupa un lugar central en la constitución del  sujeto neurótico, en tanto introduce una renuncia estructurante respecto de los deseos  edípicos, entonces la angustia de castración se convierte en una referencia fundamental para  comprender la formación de los síntomas y las defensas, aunque su modo de presentación  difiere según se trate del niño o la niña. 

Este escenario deja ver claramente que los deseos hostiles y amorosos dirigidos al padre no  desaparecen, sino que permanecen reprimidos y retornan bajo formas indirectas: sentimientos  de culpa, escrúpulos morales excesivos, dudas interminables y síntomas obsesivos. Por eso, la  castración es traumática más allá de la novela del neurótico, porque se constituye en la  amenaza paterna, que obliga a renunciar a ciertos deseos edípicos. De ese encuentro con la  castración surge la angustia de castración (que como sabemos se desarrolla de modo diferentes para el niño que para la niña). 

Los síntomas obsesivos se constituyen como formaciones de compromiso en las que articulan  simultáneamente la defensa y una modalidad sustitutiva de satisfacción pulsional. El yo mantiene una lucha constante contra esas exigencias pulsionales porque le resultan peligrosas  y pone en marcha la represión; sin embargo, esta defensa nunca resulta completamente eficaz.  Lo reprimido insiste y retorna, obligando al yo a desplegar nuevos recursos para mantener el  control de dicho conflicto. 

Por eso el síntoma no es únicamente el resultado de la represión, sino también una forma  paradójica de satisfacción. Lo que quiere decir que la pulsión logra encontrar vías indirectas para expresarse mediante desplazamientos, sustituciones, falsos enlaces que le permiten eludir  las defensas. 

En el caso, por ejemplo, se presenta conscientemente bajo la forma de prohibiciones  autoimpuestas, verificaciones, ceremoniales y razonamientos interminables en el complejo  circuito que el paciente construye alrededor del pago de la deuda por los anteojos a la  empleada del correo postal. 

Freud destaca que estos fenómenos revelan también la presión ejercida por el superyó extremadamente severo, se constituye como un peligro interno para el yo. Entonces podemos  definir el síntoma obsesivo a esta altura de los desarrollos freudianos como un  funcionamiento que simultáneamente se presenta como defensa frente a la pulsión y como  respuesta a las exigencias del superyó por lo tanto se trata de una satisfacción sustitutiva de  aquello que permanece reprimido. 

Así mismo observa Freud que muchos síntomas obsesivos presentan una estructura en dos  tiempos; al acto que ejecuta el mandamiento de represión ligado a la defensa o a la  prohibición le sigue un segundo acto destinado a suprimir o deshacer el acto anterior. Lo llama  anulación retroactiva, un ejemplo claro lo vemos, cuando el paciente de Freud encuentra una  piedra en el camino por donde iba a pasar el carruaje de su amada, decide sacar la piedra  porque piensa que podía provocarle un accidente y él quería protegerla. Poco después le  invade la duda y la angustia. Regresa y vuelve a colocar la piedra donde estaba, para finalmente  volver a cuestionar su acción. Actos obsesivos que permiten verificar la lucha entre una  corriente amorosa que busca proteger a la mujer y una corriente hostil inconsciente que da  cuenta de que le desea el daño. 

Otro mecanismo obsesivo es el aislamiento cuando se produce una desconexión entre la idea y  el afecto. Es decir, el pensamiento se conserva, pero se aísla el afecto. En efecto, Freud nos  muestra como su paciente expresa un amor intenso hacia el padre, mientras que sus deseos  hostiles aparecen indirectamente como las agresiones hacia el padre, lo que indica que la  hostilidad no se integra conscientemente al vínculo afectivo, más bien queda separada o retorna por otras vías como ser la agresividad. 

La desintrincación pulsional, ocurre cuando se separan las pulsiones de vida de las pulsiones de  destrucción, que generalmente actúan mezcladas. Al romperse parcialmente esa mezcla, el  componente destructivo queda más libre. 

Entonces la agresividad aparece relativamente desvinculada de los vínculos amorosos y  emergen como necesidad de castigo, temores obsesivos, fantasías de castigo a su padre y a la  mujer amada. También al analista en la escena en que quería expresarle sus condolencias a  Freud por la muerte de su madre, sin embargo, cuando va a redactar el mensaje se sorprende  porque le viene la fórmula contraria: “felicitaciones, en lugar de pésame”. 

La agresividad no solo se dirige a los objetos amados, sino que también vuelve contra el propio  sujeto (someterse una dieta estricta y rigurosa que fundamentalmente tiene el valor de una mortificación), hay varios episodios de sufrimientos autoimpuestos o sometimientos a  exigencias imposibles en el caso. 

Otra cuestión que Freud trabaja en este texto se refiere a la relación entre fijación pulsional y  regresión genital del aparato psíquico, ambas se dan juntas. La fijación se refiere a la libido que queda ligada a modos de satisfacción infantil. La existencia de tales fijaciones constituye una predisposición necesaria para la formación de la neurosis a la vez, propician la regresión de  la organización sexual infantil de la fase fálica a la fase sádico-anal. 

En ese proceso defensivo que produce el yo contra las exigencias libidinales del Complejo de  Edipo, Freud señala una particular fragilidad de la organización genital entonces se produce la  regresión de la libido total o parcial desde la organización fálica hacia la organización sádico anal. Esta regresión reactiva modalidades infantiles de relación con el deseo, con el amor, la  agresión y la culpa.  

Adquieren relevancia las reiteradas asociaciones que, en el caso, se establecen en relación con  el dinero, la deuda, la obligación, el pago que se presentan excesivamente profundizadas:  Freud relaciona esto con rasgos característicos de la organización sádico- anal tales como la  retención, el control, el intercambio y la escrupulosidad. Del mismo modo la fantasía del  castigo con las ratas integra componentes sádicos muy intensos. 

La regresión sádico-anal tiene consecuencias decisivas en la economía psíquica del sujeto, por  eso Freud señala que la agresividad adquiere un lugar central y mayor autonomía en la  neurosis obsesiva. Esta impregna todos sus lazos amorosos, también se presenta como culpa y  necesidad de castigo. La problemática de la deuda expresa simultáneamente una obligación,  una culpa y una exigencia de reparación. Es decir, que la agresividad es captada por el superyó, que se presenta con mucha severidad convirtiéndose en una fuente de constante sufrimiento  para el yo. 

La regresión también da lugar a rasgos relativamente estables que son incorporados al yo como  funcionamientos habituales a los que Freud denomina rasgos del carácter obsesivo, entre ellos  podemos citar: el orden severo, la escrupulosidad, la obstinación, la tendencia al control,  avaricia, la indecisión y la duda. Mientras que la aparición de la angustia como señal da cuenta  de la persistencia del conflicto psíquico entre deseo y defensa, por eso el síntoma suele vivirse  como algo extraño al yo porque le genera sufrimiento. 

Citas: 

(1) Jacques Alain Miller. (1988). MATEMAS II: H2O. pág 139. Buenos Aires. Ed Manantial.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM3

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 1 INCONSCIENTE Y SÍNTOMAS OBSESIVOS EN LA SESIÓN ANALÍTICA

Clase 1 INCONSCIENTE Y SÍNTOMAS OBSESIVOS EN LA SESIÓN ANALÍTICA

Reseña

La clase inicia con el aporte de Inés Contreras*, que realiza un recorrido del historial del Hombre de las ratas, extrayendo fragmentos centrales sobre la sexualidad infantil, el deseo y el gran temor obsesivo.

Posteriormente, Marisa Morao* ubica que la obsesión es un problema clínico y que nuestra clínica tiene una lógica específica, no es narración, ni recopilación de hechos. Ubica que cada caso debe ser leído por su singularidad, despojándose de la teoría. Es una apuesta y una orientación por lo que no se sabe. Podemos recorrer con esa brújula el programa de este Seminario de Formación Permanente en torno al síntoma. Pues refleja el movimiento de Freud, que va  del sentido del síntoma al síntoma como satisfacción sustitutiva. Se subraya en este punto que cuando escribe el historial clínico del hombre de las ratas (1909), ya contaba con el concepto de pulsión.

La docente retoma Psiconeurosis de defensa, dónde Freud sitúa que en la neurosis, si no está la conversión (histeria), el sujeto para defenderse de una representación inconciliable para el yo por su carácter sexual, separa el afecto de dicha representación. El afecto desprendido se adhiere a representaciones nimias, estableciendo un falso enlace: las representaciones obsesivas. Se provoca así un desgarramiento de nexos causales, por la sustracción del afecto y se desencadena la neurosis obsesiva. De este modo, el sujeto despoja al trauma de su carga afectiva, solo queda en la conciencia un contenido banal. Este desgarramiento tiene una incidencia en la clínica de la neurosis obsesiva y se articula a un modo particular de defensa, a diferencia de la histeria en la que la represión se produce por amnesia.

En esta época, Freud va a sostener que en la neurosis obsesiva hay un exceso de placer ante una vivencia prematura sexual infantil y traumática, a diferencia de la histeria donde hay un menos vivido como displacer.

La docente sitúa así una pregunta clínica, ¿cómo en la neurosis obsesiva perturbar la defensa, sin promover la relación imaginaria con el paciente?¿ como se toca eso que hace a la mortificación del obsesivo en un análisis?

En efecto, el obsesivo anuda el exceso por la conciencia, por el desplazamiento a representaciones nimias del afecto. Al tiempo que desconoce de este divorcio y aparece ese goce por el control y los cálculos, cuestión clave en la transferencia. El hombre de las ratas nos enseña eso, desplaza por falso enlace el afecto a una zona controlable, dejando como saldo un desierto de goce y la transferencia de goce al campo de la satisfacción escópica.

En este punto, Marisa extrae de Miller la lógica del zwang para leer el síntoma en la obsesión, manifiestos en los fenómenos de coacción, de forzamiento, los pensamientos (intrusivos) y actos obsesivos. En el hombre de las ratas es todo el circuito de la devolución del dinero. Al respecto, la docente subraya la importancia en la clínica de diferenciar el pensamiento paranoico del pensamiento obsesivo.

A partir de este recorrido, puntúa que se puede diferenciar la posición del paciente en cuanto a la división subjetiva, dos posiciones visibles en las modalidades de la defensa. En la histeria, el modo más puro de la división subjetiva, angustia, vergüenza, un no saber qué le pasa. En el obsesivo el sujeto tapa la división subjetiva, intenta aislar (punto clave, el síntoma de aislamiento) la huella de la división conectando y sacrificando los significantes en el zwang. Se destaca el  término sutura usado por Miller, como contrapunto en histeria y obsesión. el zwang captado como compulsión que intenta suturar, representando el rechazo del sujeto del inconsciente.

Entonces, ¿qué leemos? ¿Qué interpretamos? ¿Cómo operar con estos sujetos que no son sensibles a la división subjetiva, ni al inconsciente?

El caso nos enseña sobre la pulsión. Freud ubica ahí una prevalencia de lo anal y lo escópico. Sin embargo lo prevalente no es lo pulsional, sino la ambivalencia amorosa y la constelación familiar. Muestra que el obsesivo necesita de la posibilidad de la muerte para resolver (acotar) conflictos, por su incapacidad para decidirse, sobre todo en asuntos del amor, presentándose como problemático. Ubicándose esto en el caso en la oscilación entre la dama y el padre, una querella entre amor y odio.

La docente dirá que el hombre de las ratas es el caso princeps, de él proviene todo lo que sabemos de la neurosis obsesiva. Lacan dice que el caso de Freud toma el estatuto de un fantasma fascinante para el sujeto, que lo lleva a buscar a un psicoanalista, le fascina sin saberlo, el relato del suplicio, de horror fascinado que no desencadena la neurosis, pero si causa angustia. En cuanto a las construcciones delirantes, en Freud, delirio o formación delirante, refiere en el hombre de las ratas que los padres sabían de sus pensamientos, porque él los había declarado sin oírlo. Hay deseo no obsesivo y su temor obsesivo. Hay afecto penoso y su defensa. La docente se pregunta si esto de que él sabe que el Otro sabe seria lo que luego desarrolla como Superyó.

Ubicará que el desencadenamiento de la neurosis obsesiva (no es el desencadenamiento como en la psicosis pero si atañe a la cadena, quizás se adelante a la complejidad del significante mismo), no es en el suplicio, sino en la constelación. Lacan en relación a las constelaciones psicológicas dirá que son esas relaciones fundamentales que estructuraron el encuentro entre un hombre y una mujer, tal como pueden rastrearse en el historial de este caso, pertenecientes a la prehistoria del sujeto. Marisa ciñe el problema que sitúa Miller respecto de la constelación y su diferencia con la cadena significante, para decir que la constelación compone un modo de agrupamiento diferente a la cadena, en la que puede inscribirse un significante sin par, no articulado.

Surge entonces la pregunta ¿en qué agujero entre amor-deseo-goce cae el infans en su llegada al mundo? Hay que seguir la correspondencia entre la constelación y lo fantasmático. El problema del amor y el goce en este historial. ¿Por qué los pacientes hablan de los parientes más próximos? Porque hay algo de lalangue que se trasmite. No hay que dar en el obsesivo nada por sobrentendido, el falso enlace en la neurosis indica que algo se pierde, está perdido.

Reseña a cargo del Equipo de Publicaciones

* Psicoanalista Miembro de EOL y la AMP

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 «El síntoma en la clínica freudiana leído por Lacan».

Seminario de Formación Permanente 2026-2027 "El síntoma en la clínica freudiana leído por Lacan".

A partir de las Conferencia freudianas 17 y 23, tomando el síntoma como eje de trabajo abordaremos en el programa la clínica freudiana desde los 5 grandes historiales a los casos que se presentan a lo largo de su obra.

(Conferencias de introducción al psicoanálisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1991, vol. 16, p, 235 y 326)

Lacan decía que si alguna vez hiciera falta probar que Freud existió estaría su texto “El sentido de los síntomas”.

Esta referencia no es menor, los síntomas tienen un sentido y eso los hace sensibles a la interrogación subjetiva.

Si bien la época y el discurso que habitamos, el discurso del mercado y del rechazo del inconsciente anhelan dejar por fuera la división subjetiva, la separación sin remedio entre cuerpo y palabra, y para ello inundan lo humano con los objetos de la tecnociencia, “no conseguiremos que el gadget no sea un síntoma. Por ahora lo es con toda evidencia” (La tercera, Rev. Lacaniana 18, p. 31) Esto que leemos en Lacan en La tercera es la vía de acceso que tiene el psicoanálisis frente a los síntomas contemporáneos.

No lograremos hacer que no sean un síntoma, “porque el sentido del síntoma es lo real, en la medida en que se interpone para impedir que las cosas marchen, en el sentido de que estas den cuenta de sí mismas de manera satisfactoria”. (Ibíd., p. 16)

Entonces la orientación por lo real como tratamiento vía el sentido de los síntomas, que se interpone para que las cosas marchen.

De este modo, en Dora por ejemplo su rechazo a reducir su síntoma a la norma macho, hizo posible la rectificación freudiana en su lectura a posteriori. En la joven homosexual, lo real es abordado mediante el actingout y el pasaje al acto que, a diferencia del síntoma, no requieren interpretación.

Proponemos una lectura de los casos freudianos a la luz de la enseñanza de Jacques Lacan esclarecida por J.-A. Miller.

PROGRAMA IOM3 AÑO 2026

Año 2026 – Programa:

  • Clases 1, 2 y 3: El hombre de las ratas desde la lectura de Lacan
  • Clases 4 y 5: El caso Dora desde la lectura de Lacan
  • Clases 6 y 7: La joven homosexual desde la lectura de Lacan

 CLASE 1, 2 3: HOMBRE DE LAS RATAS DESDE LA LECTURA DE LACAN

 Clase 1: Inconsciente y síntomas obsesivos

 El estatuto del Inconsciente: Zwang / Saber. La fuerza disruptiva (Kraft) en la acción obsesiva. La coacción sin compromiso. Sutura del sujeto. Conversación consigo mismo. Rechazo del sujeto del inconsciente (“yo no pienso”). Ceremonias expiatorias. Pulsión y defensa. Ideación obsesiva.

El tormento de las ratas. El capitán cruel: desencadenante de la zozobra obsesiva. Disyunción del ideal y del Otro [I/A]

Bibliografía:

[Lectura del historial clínico: Sigmund Freud. “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1909) en OC, T. X, Amorrortu editores, Buenos aires, 1976, págs. 121- 194.

Un caso de neurosis obsesiva: El “Hombre de las Ratas” (1909) [Ernst Lanzer (1878-1914]

Cf.: parágrafo B. La sexualidad infantil. C. El gran temor obsesivo]

Bibliografía:

Jacques Lacan: “El mito individual del neurótico” en Intervenciones y Textos.

Manantial, Buenos Aires, 1985.

Jacques-Alain Miller. Los usos del lapso. Paidós. Buenos Aires, 2004. Cap. III: El inconsciente en la sesión analítica y Cap. V: El estatuto del inconsciente.

“H2O” en Matemas II, Manantial, Buenos Aires, 1988, págs. 137-145.

Clase 2: Edipo y síntomas

Estructura y desarrollo. Constelación familiar del sujeto. Argumento fantasmático del mito. Padre muerto y mujer idealizada. La mujer rica en la construcción delirante. El simulacro de redención. La deuda impaga. Permiso. Prohibición. Hazaña. Domesticación de la angustia. Trauma y sustracción del afecto: desplazamiento de afectos y significantes. Aislamiento del fantasma. La duda (Zwang-Zweifel). Mandamientos y conjuros.

[Lectura del historial clínico: Cf.: parágrafos C. El gran temor obsesivo (cont.); D. La introducción en el entendimiento de la cura; D. Algunas representaciones obsesivas y su traducción; F. El ocasionamiento de la enfermedad]

Bibliografía:

Jacques Lacan:

  • “Variantes de la cura-tipo” en Escritos 1, Siglo veintiuno editores, México, 1984, págs. 340-341.
  • “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1, Siglo veintiuno editores, México, 1984, págs. 290-292.
  • “El mito individual del neurótico” en Intervenciones y Manantial, Buenos Aires, 1985. Cap. II (págs. 41-51)

Jacques-Alain Miller:

  • “Estructura, desarrollo e historia (1998)” en Seminarios en Caracas y Bogotá.

Buenos Aires, Paidós, 2015, págs. 318-323.

  • “H2O” en Matemas II, Manantial, Buenos Aires, 1988, págs. 137-145.

Clase 3: Deseo y demanda

La dialéctica del deseo y la demanda. Reducción del deseo a la demanda. Anulación del deseo. Una tentativa de solución: el Actingout.

Relación narcisista con el otro [la lucha a muerte por el puro prestigio]. Guiones sádicos. El lugar del padre muerto en la estructura. Padre absoluto. La destrucción del Otro. El casamiento con la muerte. Fórmulas de anulación y blasfemia. La exigencia compulsiva de no perder nada. La contabilidad significante del goce. Sacrificio del goce. El goce del Otro malvado (el capitán cruel). Un goce insituable en el lugar del significante: la rata fuera de la cuenta.

[Lectura del historial clínico: Cf.: parágrafos E. Algunas representaciones obsesivas y su traducción (cont.); G. El complejo paterno y la solución de la idea de las ratas]

Bibliografía:

Jacques Lacan:

  • El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente 1957-1958 [Cap. XXIII El obsesivo y su deseo; Cap. XXVI Los circuitos del deseo].
  • “La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 2, Siglo veintiuno, México 1999. Cap. II: ¿Cuál es el lugar de la interpretación?, págs. 576-578.
  • “El mito individual del neurótico” en Intervenciones y Manantial, Buenos Aires, 1985. Cap. II (págs. 41-51)

Jacques-Alain Miller.

  • Buenos Aires, Paidós 2025, Cap. III Relación de la interpretación con la pulsión, págs. 53-55.
  • “La contribución del obsesivo al descubrimiento del inconsciente” en Introducción a la clínica lacaniana. Conferencias en España. Barcelona, ELP-RBA Libros, 2006, págs. 187-198.

Clases 4 y 5: DORA DESDE LA LECTURA DE LACAN

 Clase 4: La construcción del síntoma histérica

Recorrido sobre la construcción del síntoma en Freud y Lacan.

En Freud, ubicar cómo el síntoma histérico resulta de la soldadura entre el cuerpo, la pulsión y el fantasma -fantasía en la traducción Amorrortu-. Ubicar el valor de repetición de la pulsión articulada a las variaciones del fantasma -metáfora del odre viejo y el vino nuevo-.

Situar la ganancia primaria y secundaria del síntoma.

En Lacan, ubicar tres dimensiones del síntoma: en su valor de mensaje, en su valor de goce, y en su valor fantasmático. Para esta clase, se podrá trabajar sólo con el valor de mensaje, dejando los restantes para la clase 5.

Freud:

  • soldadura entre la solicitación somática -cuerpo-, la precondición somática -pulsión- y el sentido -fantasma-.
  • ganancia primaria y secundaria del síntoma.

Lacan:

El síntoma histérico con valor de mensaje, dirigido al Otro, en relación a la pregunta por lo femenino. La no inscripción de lo femenino y el S(A/). La identificación viril.

Bibliografía:

Freud, S., “Fragmento de análisis de un caso de histeria” [“Dora”]. En Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires,

1986, t. VII. Principalmente: páginas 36 a 48, página 73.

Freud, S., “17ª conferencia: El sentido de los síntomas”. En Obras Completas, op. cit.,

  1. XVI.

Lacan, J., El Seminario. Libro 3: “Las psicosis”, Paidós, Buenos Aires, 1984, cap. VII: par.1, cap. XII: par.3, cap. XIII:par.1 y 2.

Clase 5: Síntoma y fantasma en la histeria.

Continuación de las tres dimensiones del síntoma en la histeria: el síntoma en su valor de mensaje, el síntoma en su valor de goce y el síntoma en su valor fantasmático.

Lacan:

El síntoma con valor de mensaje, dirigido al Otro, en relación a sostener al padre idealizado y el falo.

El síntoma con valor de goce pulsional, ligado a la repetición de la pulsión oral. El síntoma articulado al fantasma como fantasma fundamental.

Las fallas del fantasma: acting out y pasaje al acto en la histeria.

El síntoma histérico en relación al goce femenino: el goce de la privación como imposibilidad de acceso al goce femenino.

Bibliografía:

Lacan, J., “Intervención sobre la transferencia”. En Escritos 1, Siglo Veintiuno, México, 1984.

Lacan, J., El Seminario. Libro 4: “La relación de objeto”, Paidós, Buenos Aires, 1984, cap. VIII: Dora y la joven homosexual, par.1 y 2.

Lacan, J., El Seminario. Libro 10: “La angustia”, Paidós, Buenos Aires, 1984, cap. IX, parágrafo 1.

Lacan, J., El Seminario. Libro 17: “El reverso del psicoanálisis”, Paidós, Buenos Aires, 1984, cap. VI, parágrafo 2.

Clases 6 y 7: LA JOVEN HOMOSEXUAL DESDE LA LECTURA DE LACAN

 Clase 6: Falo – Identificación – Amor – Escollos en la transferencia

En esta clase se trabajará sobre el caso freudiano de la joven homosexual, tomando la lectura que hace Lacan del caso.

Bibliografía:

Freud, S., “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina” (1920), en

Obras Completas, tomo XVIII, Argentina, Amorrortu Editores, p.137

Lacan, J., El Seminario, Libro 4, La relación de objeto, clase 6 “La primacía del falo y la joven homosexual”, Buenos Aires, Paidós, 2020, p.97

Lacan, J., El Seminario, Libro 4, La relación de objeto, clase 7 “Pegan a un niño y la joven homosexual”, Buenos Aires, Paidós, 2020, p.113

Lacan, J., El Seminario, Libro 4, La relación de objeto, clase 8 “Dora y la joven homosexual”, Buenos Aires, Paidós, 2020, p.133

Rieder, I. /Voigt, D., Sidonie Csillag, la “joven homosexual” de Freud, Ed. El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2004

Clase 7: Acting-out y pasaje al acto

En esta clase se trabajará sobre la diferencia entre ambos conceptos, articulándolos al caso de la joven homosexual y la lectura que hace Lacan del mismo.

Bibliografía:

Freud, S., “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina” (1920), en

Obras Completas, tomo XVIII, p.137, Argentina, Amorrortu Editores

Lacan, J., El Seminario, Libro 10, La angustia, clase 8 “La causa del deseo”, Buenos Aires, Paidós, 2004, p.113

Lacan, J., El Seminario, Libro 10, La angustia, clase 9 “Pasaje al acto y acting-out”, Buenos Aires, Paidós, 2004, p.127

Lacan, J., El Seminario, Libro 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidós, clase 4 “De la red de significantes”, p.50 Miller, J.-A., “Relación de la interpretación con la pulsión”, enSilet, Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller, Buenos Aires, Paidós, 2025, p.39 Miller, J.-A., “Jacques Lacan: observaciones sobre su concepto de pasaje al acto

(1988)”, en https://travesiaslacanianas.com.ar/edicion-1/texto-de-orientacion/jacques- lacan-observaciones-sobre-su-concepto-de-pasaje-al-acto-1988/

PROGRAMA IOM3 AÑO 2027

 Año 2027- Programa:

  • Clases 1, 2 y 3: El pequeño Hans desde la lectura de Lacan
  • Clases 4 y 5: El caso Schreber desde la lectura de Lacan
  • Clases 6 y 7: El caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica desde la lectura de Lacan

Clases 1, 2 y 3: EL PEQUEÑO HANS DESDE LA LECTURA DE LACAN

 CLASE 1: El falo y la falta

El objetivo de esta clase es transmitir las tres formas de la falta de objeto: frustración, castración, privación. Del falo como objeto imaginario al falo como significante de la falta. La “carencia” paterna en el caso del pequeño Hans.

Bibliografía:

Freud, S.: Análisis de la fobia de un niño de cinco años, Amorrortu, tomo X Lacan, J.: El Seminario libro 4, La relación de objeto

Lacan, J: El Seminario libro 5, Las formaciones del inconsciente, clases IX, X, XI Lacan, J: Conferencia en Ginebra sobre el síntoma

Miller, J.-A.: Donc. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Clases IX a XI La lógica de la cura.

CLASE 2: Desencadenamiento, angustia y síntoma

El propósito de esta clase es transmitir las coordenadas del desencadenamiento de la fobia. Irrupción de la angustia: Goce fálico y/o Deseo del Otro. La fobia como síntoma, su ubicación en el lugar del Nombre del Padre

Bibliografía:

Freud, S.: Análisis de la fobia de un niño de cinco años, Amorrortu, tomo X Lacan, J.: El Seminario, Libro 4, La relación de objeto

Lacan, J: El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, clases IX, X, XI

Lacan, J: Conferencia en Ginebra sobre el síntoma

Miller, J.-A.: Donc. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Clases IX a XI La lógica de la cura.

Clase 3: La fobia como síntoma, la fobia como solución

El objetivo de esta clase es trabajar sobre la fobia como solución. El trabajo inventivo de Hans con su síntoma: su “creación imaginativa”. La resolución de la fobia. La fobia como antecedente de las últimas elaboraciones de Lacan sobre el síntoma.

Bibliografía:

Freud, S.: Análisis de la fobia de un niño de cinco años, Amorrortu, tomo X Lacan, J.: El Seminario, Libro 4, La relación de objeto

Lacan, J: El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, clases IX, X, XI Lacan, J: Conferencia en Ginebra sobre el síntoma

Miller, J.-A.: Donc. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Clases IX a XI La lógica de la cura.

CLASES 4 Y 5: EL CASO SCHREBER DESDE LA LECTURA DE LACAN

Clase 4: Quiebres, rupturas, puntos de comienzo. La noción de Verwerfung.

Bibliografía:

Lacan, J. Mecanismo, en El Seminario, Libro 3, Las Psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1988, p. 22-28.

Lacan, J. Rechazar un significante primordial, El Seminario, Libro 3, Las Psicosis

(1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1988, p. 216-218.

Lacan, J. La alusión, El Seminario, Libro 3, Las Psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1988, p. 361-363.

Lacan, J. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis,

Escritos 2, Buenos Aires: Siglo XXI, 2009 p.555.

Lacan, J. Verwerfung de hecho, El Seminario, Libro 23, El Sinthome (1975-1976). Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 86.

Miller, J-A. Itinerario de Schreber. En: Del síntoma al fantasma y retorno. Buenos Aires: Paidós, 1ª Ed, 2018, pp. 57-63.

Coyuntura dramática y desencadenamiento

Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Las Psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1988, p. 49.

Lacan, J. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”,

Escritos 2, Buenos Aires: Siglo XXI, 2009, pp.554, 559.

Clase 5: Causas y consecuencias

 El empuje a la mujer

Bibliografía:

Lacan, J., “El atolondradicho”, en Otros Escritos, Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 490. Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Las Psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1988,

p.94, 362, 418-419.

Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, en

Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, p.541.

El cuerpo fragmentado 

Bibliografía:

Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Las Psicosis (1955-1956). Buenos Aires, Paidós, 1988, pp.61, 81, 86, 103

Lacan J., Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, pp. 50, 77, 100, 102-103, 109-

110, 149, 152, 158, 179, 254-255, 270-271, 289, 391, 480

Lacan J., Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, pp.528, 581-582, 619-620, 627,

675-676, 690-691, 710-711, 764-765, 777-778, 805-806

Miller, J-A., “ De Schreber a Joyce”, en El Seminario, Libro 23, El sinthome (1975- 1976), Buenos Aires, Paidós, 2006, p.206

CLASES 6 y 7: UN CASO DE PARANOIA CONTRARIO A LA TEORÍA PSICOANALÍTICA DESDE LA LECTURA DE LACAN

 CLASE 6: El objeto voz – El objeto mirada – Restitución psicótica – La perplejidad como encuentro con el S1 sólo y la forclusión – Significación

 En esta clase se trabajará sobre “Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica”. Un interés de Freud más allá del diagnóstico le permite avanzar a pesar de la contradicción con su teoría.

Bibliografía:

Freud, S., “Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica”, en Obras Completas, Biblioteca Nueva. Tomo 2, p. 2010

1)  El objeto voz, el objeto mirada

Palomera, V., VI Congreso de la AMP “Los objetos a en la experiencia analítica”. “Una voz que sonoriza la mirada”, en Revista El caldero de la Escuela No. 4 Nueva Serie, Grama, Buenos Aires, 2008.

“Otro tanto ocurre en el caso que Freud publica en “Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica”; donde el ruido de un clic (das Geräusch des Abdrückens), desencadena la sospecha de que detrás de la cortina está oculto alguien que espía. La vergüenza por la desnudez de “la belleza expuesta”; retorna en el sentimiento de ser atrapada por la mirada del otro”.

Miller, J.-A., “Escansiones en la enseñanza de Lacan”, clase del 24/2/82, Inédito, en https://jonathanleroy.be/wp-content/uploads/2016/01/1981-1982-

Scansions-dans-lenseignement-de-Jacques-Lacan-JA-Miller.pdf

“…esta voz, es muy delicada, porque si perdemos el soporte de la sustancia fónica, ¿qué es lo que va a diferenciar el objeto voz del objeto mirada? Hay que ver que lo que Lacan llama la mirada – lo desarrolla en el Seminario 11 – no es esencialmente del orden visual. La mirada, tal como demuestra su función, también puede ser un ruido, es decir depender de otro sensorium, de otro

sentido que el sentido de la visión”.

Lacan J., seminario RSI, Clase del 8 de abril de 1975, inédito

“La paranoia…es un pegoteo imaginario. Lo prevalente es una voz que sonoriza la mirada, es un asunto de congelamiento del deseo”.

2)  Restitución psicótica

Freud, S., “La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis”(1924), en Obras Completas, Biblioteca Nueva, Tomo 3, p. 2745, 2746.

“…observamos en la psicosis dos avances, el segundo de los cuales tiene un carácter de reparación”.

3)  La perplejidad como encuentro con el S1 solo y la forclusión. Significación

 Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Buenos Aires, Paidós, 1988, Capítulos “La significación del delirio” y “El Otro y la psicosis”, p.37 y pp.52 y 53

“El fenómeno está cerrado a toda composición dialéctica”

“…es una significación que no remite más que a sí misma, que permanece irreductible”

“La intuición delirante es un fenómeno pleno que tiene para el sujeto un carácter inundante, que lo colma…en el extremo opuesto tenemos la significación cuando ya no remite a nada…es una plomada en la red del discurso…”

Miller, J.-A., Piezas sueltas. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller,

Buenos Aires, Paidós, 2013, p.73

“Tras la pista de Joyce lo primero que hallamos es e enigma…que implica que entre lo simbólico y lo real hay cierta conjunción que en lo imaginario se traduce como perplejidad”

Clase 7: De la restitución al sinthome. Consecuencias para clínica de la psicosis del más allá del Edipo

 En esta clase se trabajará sobre “Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica”. Un interés de Freud más allá del diagnóstico le permite avanzar a pesar de la contradicción con su teoría.

Bibliografía:

  • De la restitución al sinthome

Freud, S. “Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica”, en Obras Completas, Buenos Aires, Biblioteca Nueva, Tomo 2, p. 2010

“La homosexualidad como condición de la paranoia”, p.2011

Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Buenos Aires, Paidós, 1988, Capítulo “El fenómeno psicótico y su mecanismo”, pp.121 y 122

“La ley está ahí ab origine. la Ley está ahí desde el inicio y la sexualidad humana debe realizarse a través de ella. Esta ley es el Edipo”.

Lacan, J., “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la “Verneinung” de Freud”, en Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI Ed., p.372

“La Verwerfung pues ha salido al paso a toda manifestación del orden simbólico, es decir a la Bejahung que Freud establece como el proceso primario en que el juicio atributivo toma su raíz, y que no es otra cosa sino la condición primordial para que de lo real venga algo a ofrecerse a la revelación del ser o, para emplear el lenguaje de Heidegger, sea dejado-ser.

Porque es sin duda hasta ese punto alejado adonde nos lleva Freud, puesto que sólo ulteriormente una cosa cualquiera podrá encontrarse allí como ente”.

Laurent É., “Disrupción del goce en las locuras ordinarias bajo transferencia”, en Virtualia 36 https://www.revistavirtualia.com/articulos/818/destacado/disrupcion- del-goce-en-las-locuras-bajo-transferencia

“El odio está del lado de lo real, y aunque el Otro no exista, el odio es primero en relación al amor. Es un punto de rechazo, de expulsión del (de lo) Otro que se remonta a la Ausstossung, a la expulsión primordial que sitúa al sujeto frente al Otro. Algo que Lacan había extraído de la lectura de la Verneinung de Freud ya en la fase clásica de su enseñanza”.

“Pues así es como hay que comprender […] la AusstossumgausdemIch, la expulsión fuera del sujeto. Es esta última la que constituye lo real en cuanto que es el dominio de lo que subsiste fuera de la simbolización”.[24] Sobre este fondo es como hay que leer la introducción por Lacan, en contrapunto a la separación de los Unos, del lugar del sentimiento que incluye en su nueva definición el odio y el amor”

2)     Consecuencias para la clínica de la psicosis del más allá del Edipo:

 Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 1992, p 90

“Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso sí lo sabe”.

Miller, J.-A., La psicosis ordinaria, Buenos Aires, Paidós, Buenos Aires, 1999, pp17-28 y p.201

“De la clínica continuista a la clínica de los desenganches. Polaridad sujeto del goce, sujeto del significante”

“Pasamos de la sorpresa a la rareza y de la rareza a lo frecuente, hablamos de psicosis ordinaria”

3)  Inconsciente transferencial, inconsciente real

 Lacan J., “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos,

Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 599-600

“Ahora es decir en el ocaso pongo mi grano de sal: hecho de historia o lo que es lo mismo, de histeria: la de mis colegas…pero en el que fui captado casualmente por haberme interesado en alguien que hizo que me deslizara hasta ellos imponiéndome Freud: la Aimée de mi tesis.”

Miller J.-A. El ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller,

Buenos Aires, Paidós, 2013, p.33, p.39, p.43

“Lo simbólico como condición de existencia, lo real está en suspenso, en suspenso de existencia”

“…Pero si bien no hay con lo forcluido retorno de lo reprimido…se puede decir sin embargo que lo forcluido está animado por algún movimiento. Algo adviene de lo forcluido para el sujeto”

Historia y psicosis: “Lacan dice en Función y campo de la palabra… que lo que enseñamos a reconocer como su inconsciente es su historia”,

“Como vemos, la teoría del inconsciente y de la historia tiene mucho a su favor.

No es pensable olvidarla. No hay que considerar los términos primer Lacan y último Lacan…se trata de la formación que evoca Freud acerca de la neurosis… una superposición de teorías distintas de alguna forma co-presente”,

“La teoría del inconsciente del último Lacan…es una teoría que no se elabora desde la histeria o la historia, sino más bien de la psicosis”.

Consejo Académico IOM3:

Silvia Baudini, Patricio Alvarez Bayon, Esteban Klainer, Marina Recalde, Carlos Rossi, Adriana Testa

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Seminario de Formación Permanente 2025. Módulo 6 Pulsión-Trauma. Clase 10 Repetición: signo distintivo de la nueva técnica.

Módulo 6 Pulsión-Trauma. Clase 10 Repetición: signo distintivo de la nueva técnica.

Clase 10 Repetición signo distintivo de la nueva técnica. 

Docentes: Teresita Ruiz y Gabriela Maidana.*

En el seminario 11, Lacan dice que el inconsciente se define a través de la transferencia.

La transferencia es la puesta en acto de la realidad de lo inconsciente. A partir de este seminario Lacan realiza ciertos cambios con relación al concepto de repetición, define al inconsciente como saber (automatom).

En cambio, el inconsciente como Sujeto es algo que se manifiesta, es un acontecimiento, una irrupción que puede aparecer en sesión o fuera de sesión. Es como si el sujeto perdiera el pie. El inconsciente como inmutable pierde consistencia. El inconsciente es como un relámpago, es una pulsación que se abre y se cierra.

La repetición, antes del Seminario 11, tiene una pregnancia de Freud, del lado del significante, algo insiste, es lo que se denomina como automatom. Son los significantes que se repiten, inherente a la estructura del lenguaje y allí se agrega la imposibilidad de la relación sexual. Esa repetición es afín al inconsciente estructurado como un lenguaje, hay el retorno del mismo significante que viene del otro, es la repetición simbólica que es necesaria para que sea posible el Sujeto del inconsciente. El significante anula al objeto. El significante domina al objeto sin resto. Estas son las nuevas elaboraciones de Lacan con pregnancia de Freud.

El significante mortifica al objeto. El objeto mata la cosa. Es el primer tiempo de Lacan.

En el Seminario 11 va a dar otra vuelta al concepto de repetición. Va a decir que hay repetición simbólica pero también repetición de lo real. La repetición queda articulada al trauma. El trauma como choque de lalangue en el cuerpo del ser hablante y se deposita como algo indeleble. La repetición no es sólo con relación al objeto, es decir no ya del lado del automatom sino del lado de la thyché, la ubica como una cadena significante que a la vez evita y atrae al objeto, va en busca del objeto fallido y va en busca de la relación sexual y de allí queda un resto. La repetición simboliza goce y pérdida de goce. Se transforma en un goce cifrado, se cifra el goce en un objeto y eso se repite. El inconsciente es un saber articulado al significante que produce un goce cifrado, el objeto a insiste y se resiste al saber.

La transferencia va a presentificar al objeto por un atajo, el analista debe buscar ese camino, que es el fantasma, allí le toca al analista ver cómo se vincula en la transferencia.

El significante introduce goce en el cuerpo y lo vivifica. La interpretación hace uso de la repetición, hace resonar al S1 solo.

Reducir las historias a la repetición, para construir los S1, para arribar a los S1.

 

* Teresita Ruiz es miembro de la EOL e integrante del CID Santiago del Estero, IOM3. Gabriela Maidana es integrantes del mismo CID, IOM3.

Reseña a cargo del área de biblioteca.

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Seminario de Formación Permanente 2025. Módulo 6 Pulsión-Trauma. Clase 9 Recuerdos encubridores.

Módulo 6 Pulsión-Trauma. Clase 9 Recuerdos encubridores.

Clase 9 Recuerdos Encubridores

Docente: Daniela Fernández

La clase del 27/9 tuvo como docente a Daniela Fernández. Acompañaron en esta instancia, Agustina Luque con su lectura de “Las hermanas” de J. Joyce y en la presentación clínica, Luciana Rojas.
La docente propuso una consigna con la que orientó la lectura de Joyce, apuntando a que cada lector haga su experiencia, que localice los efectos y resonancias que el texto le causaron, el real del texto en cada quien; al mismo tiempo que a extraer del cuento y su singular escritura lo que puede enseñarnos en tanto psicoanalistas: “la operación Joyciana”. Operación que rompe el relato, lo agujerea, desagarrando la narración lineal y la dimensión del sentido. En la experiencia analítica esta operación nos interesa especialmente, dado que deja al desnudo el real de la palabra.

Por otro lado, Daniela F., puso en interlocución el escrito de Freud “Recuerdos encubridores”, texto que permite advertir el estatuto de ficción del recuerdo y su función para los seres hablantes. En el recuerdo no se trata de lo que efectivamente sucedió, sino que constituye una versión y sobre todo una “construcción encubridora”. ¿Qué encubre el recuerdo ?, encubre un real, un agujero que como tal no tiene imagen ni representación, que solo puede ir circunscribiéndose en las ficciones, en los recuerdos. Develar lo encubridor del recuerdo, constituye una verdadera pista para el analista, en tanto que señaliza un real.

Reseña a cargo del área de difusión

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Seminario de Formación Permanente 2025. Módulo 5 La dirección de la cura – Acto analítico. Clase 8 ¿Cómo nace el deseo del analista?

Módulo 5 Dirección de la cura - Acto analítico. Clase 8 ¿Cómo nace el deseo del analista?

Clase 8 ¿Cómo nace el deseo del analista? 

Docente a cargo Daniela Fernández*

Reseña

En la clase, que tuvo lugar el sábado 23 de agosto, Daniela Fernández partió de una indicación: no hay otra forma de producir un analista si no es a partir de la experiencia de un análisis. En este contexto, nace el deseo del analista. Y es algo que debe encarnarse en tanto función.

La docente hizo referencia al Seminario 11 de Lacan, el primero que escribió luego de su expulsión de la IPA, en el año 1964. Y al poco tiempo introduce en su Escuela la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista en la Escuela”, en la que propone el dispositivo del pase. Por lo que el Seminario 11 implica un punto de viraje.

Resalta que Miller, al establecer este seminario de Lacan, lo dividió en 4 partes. Comienza por la excomunión, en la cual Lacan se aleja de toda rivalidad imaginaria por haber sido expulsado de la IPA, y esto ya es una elucidación.

Lo novedoso del 11 es que Lacan formula estos cuatro conceptos fundamentales, a la luz de su objeto a. Inconsciente, repetición, transferencia y pulsión son trabajados en este seminario a partir del objeto a. Dichos conceptos fundamentales no son una invención de Lacan, lo novedoso es la lectura que realiza de éstos a partir de su objeto a, y de toda esta reformulación surgirá el deseo del analista. Previo al dictado del Seminario, Lacan escribió “Del Trieb de Freud y el deseo del psicoanalista”, donde ya se aproxima la relación entre este concepto fundamental y el deseo del analista que luego profundizará. Es decir, no llega para borrar a Freud, sino para prolongarlo. Esa es la propuesta milleriana cuando lee a Lacan y establece su seminario.

La docente planteó la pregunta: ¿Qué encontramos de la pulsión en el deseo del analista?, y propone pensarla a partir de la articulación entre ambos propuesta por Lacan, que también orientará la distinción entre psicoanálisis y psicoterapia. Punto crucial este para entender el deseo del analista.

Para Lacan, y también para Freud, pulsión no es sinónimo de instinto. Es del ser hablante. Y el deseo, Lacan lo repite en diversas ocasiones, es deseo del Otro. El campo del Otro es la batería de significantes, donde se ubica el deseo. Y por otro lado, se encuentra el campo de la cosa, das ding, es decir, del goce.

Y aquí Lacan se encuentra con un primer problema: el deseo del analista no es cualquier deseo. El gran cambio en la enseñanza de Lacan es el cambio en la posición del analista: al principio de su enseñanza, el analista se ubica como Otro, y al final de la enseñanza de Lacan, el analista se encarna como objeto a, desecho de la transferencia. Es decir, posición contraria a la inicial.

Al comienzo, para sostener el deseo del paciente, el analista debe ser el soporte del deseo del otro en tanto tal, porque si el deseo es el deseo del Otro, quien tiene que ser el soporte es el analista, para que emerja el deseo del lado del sujeto. Se trata de enganchar al paciente. Durante toda una parte de su enseñanza, la pasión del significante fue llamada por la ciencia del Otro. Pero en un momento comienza a llamarlo el goce del Otro. Ese pasaje abre la puerta a la identificación del analista como objeto a en la experiencia analítica.

Hay algo de impuro en el deseo del analista. El analista está presente en el campo del Otro en tanto que falla. En el mencionado escrito del Trieb de Freud, Lacan se pregunta cuál es el deseo del analista y diferencia la posición del analista del sacerdote, en tanto que no efectúa un sermón ni da lecciones. Hay algo que no se gobierna, no se cura, no se educa, que tiene que ver con el goce de cada individuo. Y la segunda pregunta que Lacan se hace es, ¿cuál es el final del análisis más allá de la terapéutica? Porque en definitiva en el horizonte, a lo que Lacan apunta es que lo expulsaron de la IPA y va a intentar demostrar que toda esta gente hace psicoterapia. Para eso tiene que conceptualizar su deseo del analista y un posible final de análisis. ¿Por qué un posible final de análisis? Para que lo que produce el análisis no sea un reconocimiento, como era en la IPA y sigue siendo. Consagrarse analista no tiene que ver con un título, y esa es la diferencia que estableció Lacan con la creación de su Escuela y del pase.

Luego de insistir en esta diferenciación del psicoanálisis y la psicoterapia, Inés Contreras, integrante del CID Santiago, miembro de la EOL y la AMP, realizó un aporte teórico alrededor del capítulo 20 del seminario 11, el cual gira alrededor de la transferencia, la presencia del analista y su dimensión amorosa. Pero este amor tiene una dimensión de engaño: el analista no viene a completar al paciente, y ahí reaparece esta posición en el lugar de objeto a. Pero este capítulo agrega que el deseo analista conduce la demanda a la pulsión, es decir, al goce, a la cosa. El paciente demanda, y el deseo del analista reconduce esta demanda. Conduce al sujeto a atravesar el fantasma y vivir la pulsión sin tanto sufrimiento. Atravesar el fantasma porque éste es un desconocimiento de la pulsión. Lo colma, lo tapa, es un velo. Por eso hay que atravesarlo. Y al final del análisis hay satisfacción.

*Lic. en Psicología. Analista Miembro de la EOL-AMP.

Reseña a cargo del área de Librería.

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