Clase n°1: “LA METÁFORA PATERNA Y LOS NOMBRES DEL PADRE”. Docente: Susana Amado

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Presentación a cargo de Gabriela Maidana:

Iniciamos el Seminario Teórico Clínico de este año, que titulamos “El tratamiento de los Síntomas hoy – Estructuras Clínicas y Psicosis Ordinarias”.

El programa del mismo tiene como horizonte el argumento de presentación del  XI Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), que se llevará a cabo en Barcelona el año próximo, con el título “Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia”, del que destacamos lo que J.A. Miller resalta: “Si la ultima enseñanza de Lacan no anula la anterior, después del congreso de Río, es el momento de volver a la clínica estructural para encontrar en ella la solidez clínica con la que nos orientamos, la clínica que nos concierne no es sin ella, sólo germina bajo transferencia”.

El seminario, que se lleva a cabo año tras año, tiene como marco la investigación y docencia del psicoanálisis, motivo de la creación del Instituto Oscar Masotta (IOM) en el año 2000, y de sus Centros de Investigación y Docencia (CID) que están en funcionamiento en todo el país.El IOM2 se hace cargo de la política de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y cuenta con los auspicios del Instituto del Campo Freudiano con sede en Paris y el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Paris VIII.

En nuestra ciudad se funda en el año 2002, primero como delegación del IOM y dos años más tarde nos constituimos como CID, además del Seminario Clínico Anual, se constituyeron diferentes modalidades, taller preparatorio para cada clase de nuestro seminario, grupos de investigación y lectura, seminarios introductorios,  donde son tratados los conceptos fundamentales del psicoanálisis en los distintos momentos de la enseñanza de Lacan. Se llevan a cabo también conferencias públicas, mesas de conversación con otros discursos abordando diferentes problemáticas que generan interés en la comunidad.

Comenzamos hoy con la primera clase de nuestro seminario, y tenemos el gusto de contar con la presencia de nuestra directora Susana Amado, quien es miembro de la AMP y miembro de la EOL (Bs. As.). Con ella trabajaremos “La metáfora paterna y los nombres del padre”.

 

Susana Amado

Buen día a todos, es un placer inaugurar el seminario este año, con un tema que Miller planteo  en el Congreso de Río de Janeiro, trabajar sobre las psicosis ordinarias bajo transferencia. Es un tema que en sí encierra ciertas dificultades porque no es un concepto, sino algo que tiene que ver con un proyecto de investigación, es decir, indagar, preguntarnos qué es la psicosis ordinaria, qué se presenta como manifestaciones hoy en nuestra clínica de arreglos y desarreglos con el goce. Se manifiesta a través de casos que no parecen entrar ni en una ni en otra de las categorías binarias. Tienen que ver con psicosis que aún no han desencadenado, pero como su nombre lo indica, se trata de psicosis y como se trata de psicosis hay que saber qué quiere decir eso, cómo diagnosticar, que es algo fundamental para investigar este campo. De hecho,  nosotros ya trabajamos, una vez que Miller trabajó las conversaciones en Paris, desde el año 1993 hasta 1998 el tema de psicosis ordinaria. Algo que llamábamos los “Inclasificables de la Clínica psicoanalítica”. Una categoría que Miller –a diferencia de de la categoría de bordeline utilizada por la IPA comenzó a iluminar con el término psicosis ordinaria. Sabemos que Psicosis ordinaria no es una categoría clínica, sino un aparato epistémico suplementario.

En esta línea,  es que nos proponemos investigar este campo conceptual, interrogarlo  porque permiten abrir y ampliar el campo de soluciones posibles para el agujero forclusivo.  como se trata de un proyecto de investigación tenemos que en principio saber qué es para nosotros una estructura, qué es para nosotros un diagnóstico, en el psicoanálisis. Habrán leído un trabajo de Miller que se llama precisamente “El ruiseñor de Lacan”, que es un trabajo sobre el arte del diagnóstico. Está en Caldero, también en Google lo pueden encontrar. El diagnóstico sirve para saber, de qué se trata la relación de un sujeto con el goce, su síntoma, aquello que falla; qué es lo que nos encontramos en la clínica cuando nos encontramos con un paciente que se presenta diciendo algo falla, algo no anda, y ese algo falla, ese algo no anda, es singular, nosotros debemos considerar que no tenemos ninguna teoría previa a la entrada de ese sujeto, cuál es su estructura, de qué se trata, cuál es su modo de gozar, cuál es su singularidad, cómo habita este ser el mundo.

Para eso es necesario partir de la estructura, entonces, para entender de qué hablamos cuando hablamos de psicosis ordinaria, vamos a  trabajar los primeros  l textos de Lacan, en los cuales habla de las psicosis, es decir, el concepto de la clínica estructural, el concepto de metáfora paterna. Vamos primero a  entender qué es la estructura.

Sabemos que la estructura está formada por un conjunto de significantes, de elementos que se articulan de alguna manera con dos articuladores, uno que tiene más que ver con los movimientos de la metáfora y la metonimia, que en Freud eran el desplazamiento y la condensación .La metáfora que tiene que ver con el desplazamiento, que son los movimientos estructurales y la fijeza o metonimia.

Ahora, qué pasa en una estructura con estos dos movimientos que se deslizan. Advierte Lacan “hay en la estructura, la aparición de una interrupción de esos movimientos, como en el caso de la alucinación, una interrupción de la cadena, con la aparición de algo que irrumpe ese movimiento, que fragmenta ese movimiento”interrumpe en algo de esa cadena fragmentada. allí él trabaja con las psicosis. La psicosis entra en las estructuras del inconsciente. Antes podíamos encontrar cuatro formas clásicas de las estructuras psicóticas, la paranoia, la esquizofrenia, la melancolía y el autismo. No obstante eso, sabíamos que, en el medio había autores que se preocupaban por manifestaciones que tenían que ver con las psicosis que no acordaban con estas estructuras clásicas, como por ejemplo en la paranoia, donde es muy claro cómo se conforma para un sujeto la paranoia, en el sentido de la hostilidad del Otro sobre el sujeto, hay un Otro hostil amenazante. En el caso de la esquizofrenia, clásicamente pensada como la fragmentación en el cuerpo, la interrupción por algo que viene impuesto desde el Otro y que el sujeto responde o se defiende de esa fragmentación que se produce en el cuerpo, con la estereotipia o con automutilaciones. La melancolía, que es otra manifestación de la psicosis y su envés la manía; la melancolía que es la experiencia de una perturbación y empobrecimiento del sentimiento de si hasta alcanzar una expectativa de castigo y un extrañamiento de la realidad, la negatividad, la pobreza yoica del auto reproche.

El autismo, que todos acá como participan bastante de los talleres de autismo saben,  que se manifiesta  como el repliegue sobre sí mismo que llega prácticamente a la ausencia de relación al Otro. Que excluyen todo lo que no sea estar sumergido en sí mismo.

Ahora qué es lo esencial que determina el diagnóstico de psicosis, qué cosas eran tradicionalmente, las ideas delirantes, las alucinaciones, la confusión de pensamiento, los fenómenos elementales, los fenómenos cenestésicos; esa es la manera tradicional de encontrarse con las manifestaciones de las psicosis. ¿Alcanza con eso?

No, no nos alcanza ni a nosotros, porque hoy nos interroga de otras maneras estas manifestaciones, pero tampoco les alcazaba a algunos maestros de Freud y de Lacan que vienen trabajando mucho tiempo antes. Por ejemplo para pensar en un  autor como  Jaspers, (1910)   se preguntaba,  más que por el delirio ya desestructurado, en el que se interesaban fundamentalmente la psiquiatría clásica el delirio para ver, se preguntaba por la lógica del mismo, para elaborar a partir de allí un diagnostico. Jaspers se pregunta qué es lo que hace que un sujeto concluya en esa enfermedad que es lo incurable, qué detiene su ser; es decir, estaba interesado en ese proceso.

Luego está De Clerambault (1926) que también aporta otro elemento fundamental, cuando propuso retomar a Kraepelin el término “fenómeno elemental” (el hecho irreductible que funciona de un modo involuntario, automatismo, como una fuente parasita (externa) de pensamientos, palabras, imágenes, objetos que enajenan y persiguen al sujeto.  Se pregunta por  lo que habita en el cuerpo, lo que parasita en el cuerpo de un psicótico cuando se le impone algo de los pensamientos, pensamiento que son desde el Otro y que él no tiene manera de poder significar, no tiene manera de abrochar, es un fuera de sentido que le aparece al sujeto, que fragmenta algo de su cuerpo porque no sabe de donde proviene, son decires o son objetos que de alguna manera se le imponen al cuerpo.

Ha sido un hombre que ha trabajado años y además ha ido encontrando otros tipos de psicosis, psicosis pasionales, ha trabajado sobre la erotomanía también, con casos muy particulares; tiene una nosografía psiquiátrica riquísima.

Luego está también, alguien que es interesante, se llama  que se llama M Katan refiere al concepto de pre-psicosis. Él considera cuáles son los estados previos al desencadenamiento y le llama trama, es decir, que es lo que se organiza alrededor de eso y que anticipa después el desencadenamiento. Entonces él se sirve del ejemplo de Schreber.

Recuerden que a Schreber antes del desencadenamiento lo convocan, siendo muy joven, 32 años, a que sea presidente de la Corte. Cuando a él se lo nomina como Presidente de la Corte, en ese periodo en el que va a asumir, tiene una serie de episodios corporales intensos. Empieza con fenómenos de cuerpo, episodios de angustia brutales, terrores, fobias, es decir, comienza una seguidilla de síntomas que se expresan en el cuerpo y que fragmentan algo del cuerpo, de lo que él no puede dar cuenta. Katán, se preocupa por la trama allí.

Entonces, ¿qué dice Lacan? “No hay nada más parecido a una neurosis que la pre-psicosis”. (Seminario 3) Así que hay que tener en cuenta cuando un paciente viene angustiado, no siempre la angustia es del orden de lo que no engaña. Ah! Viene angustiado, es un momento para tomarlo en análisis. Hay que estar advertido sobre, de qué se trata ese momento, qué angustia organiza de entrada una trama discursiva. Porque en esta época es mucho más claro que las manifestaciones de angustia de estados confusionales vienen de distintos campos, desde las ingestas hasta las drogas, hay muchas manifestaciones con las que hoy nos topamos en la clínica que nos pueden hacer desvirtuar, o por lo menos, confundir los cuadros.

Más recientemente entre los de la IPA, está Otto Kernberg él en vez de hablar de psicosis ordinaria dice los fenómenos borderline, “estados limítrofes” los llama él. Son, estados caracterizados por la debilidad yoica, tales como la intolerancia a la ansiedad, el control inadecuado de impulsos, el fácil viraje de un pensamiento hacia un proceso primario, el predominio de operaciones defensivas, negación, omnipotencia, proyección. Considera que estos fenómenos vienen para quedarse, es decir, instalan algo de lo incurable, que a veces se quedan allí detenidos en el tiempo, no producen un desencadenamiento, pero son fenómenos de borde, no hay curación para esto; hay que atender esto, porque esto implica cómo se las arregla ese sujeto para soportar o habitar la vida.

En este panorama encontramos a Freud. Voy a leer unos párrafos, porque Freud lo dice mejor de lo que yo lo podría decir. En primer lugar porque se trata del maestro que inventa el psicoanálisis y en segundo lugar por el cuidado y la observación que tiene Freud de la singularidad en esa época.

¿Qué es lo esencial para determinar un diagnóstico clínico? Freud intenta responder a través de dos conceptos, la libido y las identificaciones. Dos ejes que Lacan también tomará durante toda la primera parte de su enseñanza. Dos cuestiones a tener en cuenta y cómo va a responder el sujeto a esas dos cuestiones, cómo responde la neurosis al desplazamiento de la libido y cómo responde la psicosis a eso; cómo responde la neurosis a la identificación y cómo responde la psicosis a su falta. Pero, en la observación que hace Freud descubre una tercera: El narcisismo. Tengan en cuenta esto, porque es desde donde Lacan después va a trabajar el Estadío del espejo y va a ubicar allí el lugar en donde habita la psicosis, en donde se queda detenida se podría decir.

Freud dice en “Introducción al narcisismo”: “El motivo acuciante para considerar la imagen de un narcisismo primario y normal, surgió a raíz del intento de incluir bajo la premisa de la teoría de la libido el cuadro de demencia precoz, el extrañamiento de su interés respecto del mundo exterior, sin sustituirlo por otros objetos en su fantasía”. Es decir, que en cuanto al campo libidinal, lo que dice Freud es que hay un retiro libidinal, sin poder hacerlo pasar por la fantasía como hace un neurótico. Allí donde algo se produce como pérdida, el neurótico tiene el recurso para ir a parar a la fantasía y ordenar nuevamente su discurso, de alguna manera, con lo simbólico. En la psicosis ese retiro libidinal no catectiza nuevos objetos, vuelve al yo, entonces dice Freud, éste retiro, esta vuelta al yo, es lo que puede definir algo del campo de la esquizofrenia. La libido fue conducida al yo, y así surge una conducta que yo llamo narcisista, en la melancolía, a la diferencia del duelo, la pérdida del objeto se trasforma en pérdida del yo, no hay allí una diferencia entre el objeto y el yo.

Tengan en cuenta esto, porque este es el punto respecto de la identificación, en donde el objeto y el yo están confundidos, son uno solo. Uno se lo puede graficar con el fenómeno del doble, donde el otro es él mismo, esa confusión que hay en las sobre identificaciones, en donde se produce una juntura. En la identificación histérica por ejemplo, es un como sí, nunca es el otro soy yo, eso es bien claro, en la histeria la fantasía hace que sea o actúe un como si fuera yo, esa es la diferencia.

Al trabajar el concepto de identificación Freud se da cuenta de que hay identificaciones que preceden la investidura de objeto y a esas las llama primarias o narcisistas. Allí es donde hay que evaluar lo que sucede en los sujetos psicóticos, ellos sustituyen la carga de amor por el objeto, por la identificación; se confunden con el objeto.

Dice Freud en las “Conferencias de introducción al psicoanálisis”, “Es un hecho que en todas las neurosis narcisistas tenemos que suponer unos lugares de fijación de la libido que se remontan a fases anteriores, muy anteriores al desarrollo, por ejemplo en el caso de la neurosis o de la neurosis obsesiva o de la histeria”.

Ahora qué pasa, que cuando Freud intenta dar esta explicación a nivel clínico él iba a buscar a dónde estaba entonces, es imposible localizar ese lugar de ese narcicismo primario. Entonces cuando, por ejemplo, en el caso del hombre de los lobos, la insistencia de Freud por la escena primaria, por hacerla veraz, lo conduce a la psicosis.

El interés de Freud era intentar localizar el punto del desenganche, para decirlo de alguna manera, el punto de localización del narcisismo, el punto donde se produce esa desinvestidura, punto de fijación.

 Freud advierte: “La iniciación del tratamiento con un periodo de prueba así fijado en algunas semanas tiene además una motivación diagnóstica, muchas veces cuando uno se enfrenta a una neurosis con síntomas histéricos u obsesivos, pero no acusados en exceso y de duración breve. Vale decir, las formas en que se considerarían favorables para el tratamiento, debe dar cabida a la duda sobre si el caso no corresponde a un estado previo de la llamada demencia precoz, a la esquizofrenia, a la parafrenia según mi concepto. Pasado,más o menos un tiempo, puede mostrar un cuadro declarado de esta afección. Pongo en tela de juicio que resulte siempre muy fácil trazar el distingo, sé que hay psiquiatras que rara vez vacilan en el diagnóstico diferencial pero me he convencido de que se equivocan con la misma frecuencia, sólo que para un psicoanalista, el error es mucho más funesto que para los psiquiatras. En efecto, este último no emprende nada productivo ni en un caso ni en el otro, corre un psiquiatra sólo el riesgo de un error teórico y su diagnóstico no tiene ningún interés académico. El psicoanalista al revés, en el caso desfavorable a cometido un yerro práctico, se ha hecho culpable de un gasto inútil, ha desacreditado su procedimiento terapéutico, si el enfermo no padece de histeria o de neurosis obsesiva sino de una esquizofrenia, él no podrá mantener su promesa de curación y por eso tiene unos motivos particularmente serios para evitar el error diagnóstico”.

El problema que se le plantea a Freud en un momento, él lo dice en una conferencia pública en Viena: la esquizofrenia y la paranoia pueden comenzar con un ropaje similar al de la histeria y la neurosis obsesiva, entonces el confiesa allí, en una carta que le envía al pastor Pfister en 1927 casi en sus textos finales, que se equivoca en un caso que se le manifiesta con una envoltura de neurosis obsesiva y se devela después como un cuadro absolutamente paranoico.

Recuerden ustedes la alucinación que tiene el hombre de los lobos siendo aún muy precoz, eso se le pasa a Freud, que lo cuenta al pasar. Pero ahí se podría decir que comienza un episodio, donde él le cuenta a la nana que tiene un dedo cortado y que luego lo ve y que no era un corte. Es una alucinación, un episodio cenestésico, algo que no le puede dar una significación, no lo puede abrochar.Freud dice en ese momento que hay ahí un rechazo a la castración. Esa es la interpretación que hace de ese episodio, esto que quiere decir hoy para nosotros ausencia de una significación fálica.

Después está también Melanie Klein. Hago esta introducción para que vayamos viendo que hay autores que estaban muy preocupados por este tema, M. Klein considera que de alguna manera hay psicosis en la infancia, que la esquizofrenia se manifiesta en la infancia, que allí hay rasgos esquizofrénicos específicos. Piensa que si detectan,  si tenía alguna fantasía, en la infancia podría haber curación, no en todos los casos, pero si lo considera como una posibilidad.

Antes de ella no se hablaba de que en la esquizofrenia los signos aparecieran tan tempranamente, ella lo considera así y hoy está totalmente abalado de hay signos esquizofrénicos muy tempranamente que se pueden advertir. El problema es que conforme avanza esta creencia también avanza la psiquiatría en relación a la medicación. Hoy en el hospital de niños se medica con antipsicóticos desde muy temprana edad, es decir, desde los cuatro o cinco años ya pueden tomar la medicación.

El avance de la neurociencia con una parte de la psiquiatría que ha ido abandonando su posición de observación para transformarse en medicadores, ha ido produciendo estos efectos en donde hay niños y donde luego, no se sabe si producto de la mediación, es que están psicóticos o ya lo eran.

Ahora vamos a ir adentrándonos en el tema nuestro de, porqué Lacan habla de la metáfora paterna y los nombres del padre. Para ver esta cuestión hay que tomar en cuenta los Seminarios 3 y el 5 que es donde va a tomar Juanito y articula la metáfora paterna y la significación fálica.

Es interesante que retomen estos textos, si bien en esta clase no puedo retomar todo eso, voy a desplegar algunas cuestiones para ver si podemos llegar un poquito al tema de las psicosis ordinarias. Lacan ubica como algo del éxtasis la identificación que se produce en el estadio del espejo dice lo siguiente: “El riesgo de la locura se mide por el atractivo mismo de identificación en las que el hombre compromete a la vez su verdad y su ser”. Es decir, es ahí donde se encuentra el éxtasis, en la identificación misma, en la falla de la identificación, en la ruptura que se produce ahí en donde habita la psicosis, y esto es en el estadio del espejo.

Lacan también apela a los recursos ficcionales que Freud necesitaba plantear, es decir, la recurrencia a la mitología, luego va a recurrir a otros discursos, sea la lógica, la matemática; entones va cambiando su despliegue conceptual conforme van dejando de servir para explicar algo de la clínica. El estadio del espejo también forma parte para él de algo que le permite hacer conocer, de algún modo, lo que significa ese momento temprano de inscripción de un sujeto. Entonces dice, que es en el estadio del espejo en donde habita la psicosis, porque la neurosis intenta salir de la imagen especular, hacerse un lugar vía el deseo y no a la adecuación, a hacerse el objeto que al Otro le falta, identificarse a ese objeto, ser ese objeto. ¿Y qué, quien es este primer objeto? Para Lacan como para Freud, es la madre quien encarna este primer objeto por fuera del sujeto cuando este ingresa al lenguaje. ¿Qué quiere decir esa presencia? Es la presencia de la irrupción del goce, eso es la madre, la madre en el sentido de que es por el nacimiento que se produce lo que encarna la presencia de un goce, de algo que se pierde por nacer, de algo que se pierde por acceder al lenguaje, por acceder a la vida. No la palabra, porque la palabra es después, otro movimiento.

Es una primera experiencia que la encarna la madre, pero esa primera experiencia, para exista, volvemos a la operación que Freud nombra la Behajung, la operación de una afirmación primera, una operación de la inscripción de un símbolo primero, una inscripción de ese acceso a lalengua.

Público: Serían dos pérdidas: una que se pierde al nacer; otra que se pierde con el acceso al lenguaje.

Susana Amado: Claro, la pérdida primera es necesario que se inscriba, Freud dice que la Behajung tiene que hacerse sobre el fondo de la ausencia, no puede hacerse sobre el fondo de una presencia, se hace porque algo se pierde. Es necesario que algo se pierda para que algo se afirme. Freud utiliza muchas metáforas, el carretel por ejemplo, a sus nietos, que lo tiraban cuando la madre se iba. Son manifestaciones que tienen que ver con la inscripción de la presencia y de la ausencia. Para que algo se inscriba tiene que haber una afirmación de algo que no estaba, que después llamaremos “reconocimiento del agujero”, de la falta que es estructural. El agujero que es al que uno accede al nacer.

Público: Que Freud llamó identificación primaria

Susana Amado: Claro, ¿Se acuerdan que Freud dice que de eso no se puede decir nada? Eso está, es una primera identificación, primera afirmación, que es la Behajung. Y la otra operación, que Freud llama rechazo, la negación, la Verwerfung, eso es rechazo de esa afirmación, “de eso no quiero saber nada”, porque para que esa afirmación se produzca es necesario que haya dos personas que consientan: la madre y el niño. En esa dupla que Lacan dice, tomando a Freud, que hay tres en realidad, es una tríada: la madre, el niño y el falo. Para que esa operación se produzca tiene que haber un ordenador y ahí ubica al padre. Es decir: la afirmación solo es posible si está ese operador, un operador por sobre esta dupla madre-hijo, este es el que va a inscribir que es posible esta afirmación, lo que nosotros llamamos en el estadio del espejo: el niño se unifica en el espejo, pero para unificarse se mira, hay Otra mirada, una mirada que unifica y permite que esa operación se realice, que se inscriba esa afirmación primera.

Eso es lo que Lacan llama metáfora paterna, porque sustituye, es una operación de sustitución de un significante por otro. Este nombre del padre sustituye el deseo de la madre, que es el deseo de la madre por ese falo, ese hijo. Por eso se llama metáfora paterna.

Para que se entienda bien: recuerden ustedes que en la lógica está el significante, la barra y el significado, por el medio entre el significante y el significado, pasan muchas significaciones, que son enigmáticas. Es como si flotara de distintas maneras el sentido. Para que algo del sentido se configure es necesaria una significación, es decir, que el significante se abroche a algo del significado, para que se produzca el sentido. Lacan le llama “punto de capitoné”, capitonado, que son esos sillones que se abrochan, el botón de los sillones. Esto sería el abrochamiento del significante con el significado, pero no siempre es posible. Pero uno podría decir que es casi imposible: la neurosis muestra que no hay tal adecuación, tal abrochado, entre significante y significado, entre sujeto y objeto, siempre falla. Ahora, en la psicosis, en la esquizofrenia, es la prueba más consistente, falla siempre. Por eso Freud a la operación de repudio, de rechazo a eso, le llama Verwerfrung. No hay allí esa afirmación primordial, hay un rechazo. Lacan ubica eso en el estadio del espejo: ahí queda totalmente sometido a esa dupla el sujeto. Entonces Lacan utiliza el término de Freud, pero le da otra vuelta, y dice que más que repudio, rechazo, voy a hablar de forclusión, utiliza un término del derecho, no se puede volver a apelar. En el derecho es así, hay causas que tienen un tiempo de duración, pasado un tiempo la causa prescribe y no hay derecho a ningún reclamo. Esto lo grafica Lacan para decir que en la psicosis, si no se afirmó no hay ninguna posibilidad de que se afirme. Es lo incurable de la psicosis. O hay un rechazo al vacío central, o hay una aceptación – como en la neurosis. En términos freudianos: hay aceptación a la castración, o hay un rechazo. Son maneras de metaforizar esa forclusión, ese rechazo.

Entonces, Lacan hasta ahí está muy pegado a Freud. Cambia el término rechazo por forclusión. Uno puede pensar que está bien elegido el término, el cual lo grafica de muchas maneras, como una máquina de escribir en “De una cuestión preliminar…”, a la que le falta la letra.

Público: No va a poder apretar el botón y no va a aparecer la letra, porque falta el significante.

Susana Amado: Eso. Falta la letra que daría cuenta del sentido, falta la letra que daría cuenta del abrochamiento, y esa letra que no está. Después, más tardíamente, utiliza una metáfora de la letra que después recupera en la ultimísima enseñanza con que, en verdad, lo que pasa en la psicosis, es por ejemplo en la psicosis ordinaria, y en la desencadenada también, cuando algo se articula, se abrocha en la posibilidad, el recurso que toma el psicótico de abrochar algo como instrumento para después continuar con su vida. Lacan dice que hay maneras de que un sujeto haga con esos trozos de goce una letra, que escriba algo, si bien ha fallado la Behajung, haga una letra, una inscripción.

Público: En la máquina de escribir, en el teclado está la letra, no está lo que va a poner el símbolo en el papel, la letra que falta en el instante de la inscripción. No ingresa, es rechazado, así que la metáfora de la máquina me parece muy buena: está la tecla pero no está la letra que va a imprimirse en el papel.

Susana Amado: El orden simbólico es accesible para todo el mundo, que Lacan lo ubica en un comienzo como algo capaz de domesticar el goce, y que es capaz desde el Nombre del Padre de poner un límite al goce. Cuando digo goce, él al principio lo graficaba desde el Deseo Materno, que puede ser atroz también, el deseo materno, conocemos todos, que hay casos de estrago espantosos que el niño y la madre están totalmente confundidos, ensamblados. Lo que sí sabemos es que el orden simbólico no ordena el goce, ni lo domestica, es imposible. La manera de ordenar al goce hoy es múltiple, desde los tres registros, que tienen después en la enseñanza de Lacan un mismo valor. Se puede ordenar desde la imagen, desde lo real, y desde lo simbólico. Ordenar en el sentido de instrumentar, utilizar un instrumento que permita una pacificación, un modo de complemento, suplemento a eso que está desanudado o que no está.

Público: Ya no sería el nombre del padre como dice en el seminario 5, sino los nombres del padre

Susana Amado: Lacan dice después, cuando va a trabajarlo, en el año 63, después de desplegar el seminario 5, cuando ya está más por el 11, ahí ya advierte en un solo seminario, una sola clase, que se llama “Los nombres del Padre”, en donde dice que no se trata del nombre del padre, sino que hay nombres del padre. El nombre del padre es una predicación. Una manera de nombrar una función. Como cuando decimos respecto de un paciente psicótico que el hospital funciona como nombre del padre. Es decir, como agente regulador del goce. No hay un padre que sanciona, hay un uso, servirse de un nombre del padre, una función que regula, una nominación que puede funcionar como instrumento que aplaque algo del goce que se instala en ese cuerpo, un recurso. Entonces a veces usamos mucho el nombre del padre, porque nunca Lacan dejó de hablar del nombre del padre, pero de los nombres que se pueden usar del padre para servirse de él.

Público: A mí me parece que en paralelo va elaborando una idea del goce y lo real, la posibilidad de pensar lo real fuera de lo simbólico y lo imaginario.

Susana Amado: Claro. El pensaba lo real… ¿Se acuerdan cuando hablábamos de los paradigmas del goce? El pensaba lo real durante mucho tiempo de su enseñanza, hasta el seminario de “La ética”, cuando se topa con La Cosa, que el goce se podía regular, el goce podía regularlo lo simbólico, que el goce era absolutamente posible de ser tramitado. Freud también lo pensaba, apostaba por el padre, era una época en donde la autoridad paterna tenía una consistencia que permitía ciertas regulaciones. Eso no hay. No hay más. Y uno podría decir: “¿En la época esa, que el padre regulaba el goce, no había esquizofrenia?” No, porque no puede regularse, se puede controlar, regular algo, pero el goce no se domestica, siempre escapa, eso falla. Pónganle el nombre que quieran: en Freud “el yo y el ello”, “la pulsión y el cuerpo”. Eso falla, siempre falla, siempre hay inadecuación

Público: Y eso es lo que permite seguir investigando sobre los temas, ¿no? Que es lo que hizo Freud, lo que hizo Lacan y lo que se sigue haciendo ahora dentro del Campo Freudiano, que no nos quedamos repitiendo, o al menos intentamos no quedarnos repitiendo los conceptos ya elaborados, sino ver qué hay, de qué otra manera se pueden decir, pensar e intervenir en la clínica actual. No todo es lo mismo de antes, no todo cambia y no todo es igual

Susana Amado: Claro, totalmente, es así.

Público: En el caso de “El hombre de los lobos” también hace esa distinción, ¿no? No es que no había padres sino que había muchos padres, había encontrado en el transcurso de todo su tratamiento, y no solo de su tratamiento con Freud, muchos nombres del padre que le permitieron los arreglos con ese goce

Susana Amado: Claro. Exactamente. Y piensen en Juanito incluso que a merced del padre se hubiera brotado seguramente. Con Freud se cruza, aún no estando Juanito bajo tratamiento, se cruza con el padre, y le enseña Freud a ser padre de alguna manera, es decir, que cumpla algún tipo de función de separarlo a él de esta jirafa que se le venía encima  de algún modo, y que Juanito había encontrado como recurso poner a distancia con su fobia. Luego Juanito se encuentra en su vida con otros que funcionan como Nombre del Padre, la música por ejemplo, es un genio de la música, es un gran compositor. Creo que vive, o murió hace poco tiempo, él tuvo un arreglo absolutamente posible con su goce. Incluso Miller dice, en aquella conferencia en la que se pregunta qué hubiera pasado con Schreber,  que por supuesto no fue paciente de Freud, Freud escribe a partir de sus memorias, pero qué hubiera pasado, por ejemplo, en ese episodio cuando Schreber es nominado, a los 32 años. Quizá si se hubiera encontrado con Freud, no hubiera desencadenado. No se sabe, pero quizá, si allí aparecía un Nombre que ajuste algo de eso. Miller cuenta que es interesante porque, en el transcurso de los distintos tratamientos de Schreber, se topa con Flechsig, con quien tiene una transferencia absolutamente negativa, es el momento de la frondosidad absolutamente bruta de su delirio, y luego se topa con un padre excelente. Toma el nombre Freud “padre excelente”, y era un padre como sería el del tercer tiempo del Edipo, un padre real, un padre dador, un padre propiciador, que es, uno puede decir, lo que hoy haría con un psicótico, preguntarse con qué recursos cuenta. Schreber tenía el de escribir, entonces lo conduce este padre dador, que escriba las memorias. No se curó nunca, pero hoy leemos las memorias, que es un texto extraordinario para entender como un sujeto hace algo…

Público: ¿Sería el padre que habilita?

Susana Amado: Claro. Exacto.

Público: Lo habilita a él incluso a reclamar…

Susana Amado: ¡Claro! Tal cual, que pide para salir de ahí. Recuerden que Freud utilizaba, por eso les decía, las metáforas, el padre de la horda primitiva, que Lacan también utilizó para hablar de las fórmulas de la sexuación, lo que está más allá del Edipo, pero él también se sirve en su primer momento, articula de alguna manera, el padre a Edipo y a la castración. En un primer momento utiliza la metáfora, pero habla de los tres tiempos del Edipo, utiliza el primer tiempo, que es un tiempo de la inscripción, del padre operador. Un padre, que dice, es donde se habilita el goce, se inscribe. Después un segundo tiempo, que es el padre privador, imaginario, que prohíbe el goce materno, es el que sustituye el deseo de la madre, que le prohíbe a la madre, ¿Se acuerdan cuando Freud decía “no reincorporarás tu producto”?, ese es el padre privador. Y luego el padre del tercer tiempo, este padre excelente, padre dador, padre real. Lacan grafica estos tres tiempos del Edipo para decir la manera en la que funciona el padre, produciendo un abrochamiento posible del sentido, esto que decíamos, el punto de capitonado, de capitón, punto de basta, el punto del abrochamiento de la significación.

Público: La carretera principal…

Susana Amado: Claro, la carretera principal, el Nombre del Padre, todo el sinnúmero de ejemplos allí, que dan cuenta del abrochamiento de la significación. Para que se produzca ese abrochamiento, para que se produzca una significación, un sentido, tiene que haber una posibilidad de que algo se abroche, no es un abrochamiento total, sino que algo se abroche.

Público: ¿Los nombres del padre son los que habilitan los mecanismos de defensa?

Susana Amado: Claro. Los nombres del padre habilitan ciertos mecanismos con los que el sujeto se defiende, se defiende con la fobia, se defiende con el síntoma, un neurótico se defiende y repite de lo lindo, mucho, todo el tiempo. Por eso Miller dice que cuando uno se topa con un paciente que repite demasiado, piensen que están con un neurótico, en el sentido de que le da una vuelta, le da otra vuelta. Bueno, la histeria es un ejemplo, donde “fulanito me hizo esto, me hizo lo otro, me hizo no me hizo”, digo, puede pasarse una vida reprochándole al otro lo que el otro no le da, es decir, tratando de darle vuelta vía la repetición, defenderse a su manera del goce del Otro, sosteniendo la creencia en un Otro, obviamente, y culpabilizando de lo que el Otro no le da. ¿Se entiende esto, no? En la neurosis es fácil de detectar, el problema es confundirnos, porque ahí no hay retorno, confundirnos y tratar un paciente, interrogándolo como si fuera una neurosis, y producir o promover un desencadenamiento, por eso es tan interesante algo del orden del diagnóstico, y tener en cuenta los arreglos que hace un sujeto cualquiera, algunos son más prolijos que otros, los neuróticos somos a veces un poco más prolijos, no siempre, para hacer los arreglos con el goce, que es singular para cada uno.

Miller utiliza un término en “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, que en vez de decir arreglo, dice la palabra, el concepto que inventa, es “compensatory make-believe”, un hacer creer compensatorio, y dice que es hacer creer algo al otro que lo compensa, es una manera, en vez de decir “make-believe”, se puede decir: “mirá como se las arregló”, “mirá como se las arregla ese psicótico”, porque es un psicótico, ¿no? Tengamos en cuenta que cuando decimos psicosis ordinaria, es una psicosis, que no ha desencadenado, que puede desencadenar, que puede quedar allí, que puede sostenerse en el tiempo de esa manera porque encuentra un arreglo que no lo perturba demasiado con el goce., que el goce no se le viene, de alguna manera, encima.

Miller se pregunta, por ejemplo, qué pasa con esos sujetos que se la pasan repitiendo arreglos, eso es interesante, porque dice “tengan cuidado con esos sujetos que se la pasan repitiendo arreglos”. Por ejemplo, “Yo empiezo una carrera… y la dejé”, no lo sienten como una pérdida, o como algún obstáculo, sino que es como una metonimia infinita de arreglos. Ahí hay que tener cuidado porque se trata de una psicosis que anda buscando los arreglos posibles, y el analista no tiene que interrumpir eso, porque sino, digo, en esa confusión a veces es: “¿Pero por qué tendría usted que andar buscando?”. Hay que tener mucho cuidado con cómo se las arregla cada uno para buscar un modo de acomodar algo de eso que metonímicamente se le desplaza, en términos de fuera de sentido, no lo entiende, fuera de discurso, no lo abrocha, no puede hacer un punto de basta, no puede detener con algún tipo de significación o de sentido. Entonces circula metonímicamente hasta que encuentra algún arreglo de goce

Público: Y uno los ve como errantes, ¿no?

Susana Amado. ¡Exactamente! La errancia…

Público: Carrera, trabajo, familia, ciudad, país incluso, en esta búsqueda…

Susana Amado: Y la errancia es un signo que hay que tener en cuenta, y no hay que detener, desde uno detener, pero es para considerar que la errancia es algo del orden de lo metonímico, de un goce que se filtra, una y otra vez, que hace que un sujeto esté errando, porque no puede detener el goce que irrumpe, entonces se sale de la norma. Ahí uno podría decir si es incauto, y no, no puede serlo como nosotros, neuróticos, a veces somos bastante incautos. No son incautos, hay como una dispersión del sentido, de lo que parece, pero encuentra recursos para errar.

Público: La errancia es un recurso…

Susana Amado: Puede ser un recurso y puede ser demoledor, pero sí es signo que ahí hay algo

Público: No logra tener consistencia…

Susana Amado: Que no consiste en algún lugar. A veces consiste. Es interesantísimo pensar que a veces tienen más recursos que cualquier neurótico, inventan más recursos, lo que no quiere decir que no padezcan tremendamente. No estoy haciendo una panacea de esto, pero tienen recursos, no les impide ser brillantes. Lacan cuando le preguntaban decía “yo soy psicótico”, se sentía identificado más con la psicosis que con la neurosis. A veces también es interesante pensar como uno, en el cuidado, piensa que va a desbaratar, quiero decir, la demasiada mesura o el demasiado control superyoico que puede pensar en la protección, también es limitativo.Cuando un psicótico se presenta y dice de la errancia, ese deslizamiento no es un signo que va a parar a un delirio, así como uno no está hoy sosteniendo el delirio al modo que lo pensaba Freud en algún momento, el delirio es estabilización. No siempre. Van a ver el texto que les dejé, de Eric Laurent también, es interesante el punto de qué se interpreta ahí.

Público: Lo más interesante es el reverso, en la época de Freud se pensaba qué hacía un desencadenamiento, y aquí lo importante es pensar qué anuda.

Susana Amado: Por supuesto, exactamente, en lugar de andar preocupado por el delirio, interesarse en la trama, por un lado, para tener idea qué fue lo previo, la pre psicosis, lo que acontecía antes, sí de eso poder saber, pero fundamentalmente los arreglos que tiene un sujeto para el goce, ¿no? Cómo se las arregladice Miller, hay tres externalidades, una es subjetiva, la otra es corporal, y la otra social. Entonces, dice, ¿cómo se las arregla un sujeto con esas externalidades? Y lo que es muy interesante es, bueno, que no se las arregla solamente con el orden simbólico que va a determinar y regular, sino que puede regular con un objeto, puede regular desde lo real, puede regular desde lo imaginario, por ejemplo, si un psicótico va, o una psicótica va, se inscribe en los grupos emo y sale rey o reina de los emo.

Público: Su propia lengua.

Susana Amado: Es decir, ese es un recurso de apelación a ese imaginario roto que puede haber en la psicosis y el armado, que no es lo mismo que el orden de hierro del superyó, no es lo mismo que nombrarse como las histéricas que dicen “formo parte del grupo que están todas cortadas”, que son modos de identificación que no son identificaciones, sino que son comunidades de goce. Buscar comunidades de goce que permiten nombrarte como, nombrarte en la pertenencia a una comunidad. Pero si un paciente viene, un psicótico, uno puede decir que los grupos lo van a desestabilizar. ¿Por qué? A veces funciona como regulador.

Público: Quiero preguntarte por lo de Freud, que no se preocupaba tanto porque el paciente fuera a desencadenar sino por…

Susana Amado: No, sí se preocupaba, no es que no se preocupaba porque iba a desencadenar, sino no estar atento a que pudiera desencadenar. El dice que la psiquiatría allí no atendía, a veces, el desencadenamiento. Freud se preocupa por el diagnóstico, esto es interesante, piensen que pasaron muchos años de eso, hoy estamos en otro momento, lo que llega a la clínica es más bien algo de este orden de esta psicosis ordinaria, uno no sabe qué es este sujeto que se presenta, que nos interroga todo el tiempo y necesitamos ir a supervisar, contarle algo y decir: “no entiendo que es, de qué se trata”

Público: Muy impregnado de lo imaginario…

Susana Amado: ¡Muy impregnado de lo imaginario! Por eso Lacan dice que habita el estadio del espejo, y es cierto

Público: Respecto al estadio del espejo, Lacan habla ahí la edificación del tronco de la demanda, lo toma como agresiva, ¿por qué?

Susana Amado: Porque del estado, uno podría decir, anterior a la unidad, porque hay que pensar que en el estadio del espejo hay dos momentos, uno del que no se puede hablar, que es el estado más gozoso, es lo que podría uno decir el trauma mismo, del que nadie puede decir nada, se puede abordar, ponerle un borde, de alguna manera, pero de ese, que es el agujero, no se puede hablar. El espejo sirve para pasar a ese otro lugar donde lo imaginario le hace creer, el espejo, por eso Lacan utiliza ese recurso de la física, el espejo le hace creer en una unidad. Ahora, esa creencia que se le arma de que es un cuerpo unido, cuando no lo es, porque es un cuerpo fragmentado que depende del Otro en todo sentido, es lo que es un sujeto humano nacido. Devuelve una unidad que es imaginaria, que está sostenida en ese imaginario por un  Otro, digamos el Otro del lenguaje, el Otro que va a habilitar esa entrada en el lenguaje, que va a habilitar después la palabra. Recuerden que Lacan tiene un escrito “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”. Función y campo de la palabra y del lenguaje, es decir, aparece el lenguaje, pero la palabra es otra función, la palabra se habilita, es un segundo tiempo. Para eso, dice, es un padre que inscribe, que permite la afirmación.Así lo de la exterioridad, está adentro y está afuera.

Público: Como una Banda de Moebius…

Susana Amado: Claro, tal cual, está adentro y está afuera. Está adentro porque permite la inscripción, está afuera porque está en el lugar que para que se funde la ley tiene que estar afuera, y está adentro porque, al mismo tiempo, tiene que estar atravesado por la ley, no es que es un padre que dice “yo estoy afuera y ordeno, ordeno y digo que no hay ley para mí”, porque si eso es un padre, no hay ley para mí, es el padre de Schreber, es el padre de los que pululan en este mundo, no es solamente el padre de Schreber. ¡Ojalá!

Me interesa saber chicos si se va entendiendo, porque esta es una clase muy primaria, después van a dar cuestiones más avanzadas en la teoría, Graciela Esperanza va a hablar seguro algo de los nudos, es necesario pensar primero en la estructura, de hecho se llama así: “Clínica estructural”

Público: Lo interesante es que es tal cual como vos lo has marcado al comienzo de la clase, la clínica estructural implica darle todo su valor al diagnóstico estructural, sin perder de vista lo singular. Y que lo singular son estos anudamientos más allá de las estructuras, pero no sin las estructuras.

Susana Amado: Tal cual, no sin las estructuras, esto quiere decir… ¿Qué es lo que la palabra estructura indica? El agujero. La estructura es eso: la aceptación de que hay un agujero inicial. Lo que pasa es cómo se abordó ese agujero, con distintas maneras de transmisión, eso es. Después les voy a comentar lo que dice Miller en “Más allá del Edipo”, lo que dice del padre.

 

2da parte:

Susana Amado: Bueno, les quiero comenzar unas pequeñas cuestiones que Miller trae, porque me parece que ordena, cierra un poco lo que hoy yo les planteaba, les va a articular algunas cosas, muy acotadas, porque me gustaría que haya lugar para preguntas. Ustedes tienen la clínica, quienes puedan poner ejemplos clínicos, me va a venir bien.

Miller sigue con esta pregunta: “¿Ya llegó el psicoanálisis más allá del padre? Frecuentemente se ha reducido la enseñanza de Lacan a un aporte, y a ese aporte se lo redujo en ocasiones a la teoría del nombre del padre, expuesta en el escrito de “de una cuestión preliminar”. Pero muchas veces se desconoce el recorrido que llevó a Lacan a derribar el ídolo que se le imputaba haber elevado, y fueron necesarios los dichos más explícitos, más explicativos de sus últimos seminarios, de los años ‘70, para que se acepte percibir un cuestionamiento efectivo, sin embargo, que se localiza en el ’63, cuando la facticidad, lo fáctico del destino de Lacan en el psicoanálisis, lo condujo a designar como tal el deseo de Freud, a fin de extraerlo. No de sacarlo, de extraerlo, de ponerlo en lugar. “Eso, que desde entonces llamamos entre nosotros el impulso analítico, es el psicoanálisis más allá del Edipo”

“Más allá del Edipo” no quiere decir olvidarse que el Edipo forma parte de la trama familiar, se constata que el padre, la madre, su relación con la demanda, su deseo, su goce, la familia, su configuración en cada caso, son términos y temas electivos de la preocupación de un sujeto. La relatividad antropológica del mito de Edipo y de las sociedades patriarcales no quita nada a lo que Lacan llama su radicalidad. Por el contrario, su relatividad antropológica, valoriza aún más su radicalidad en la experiencia analítica. El más allá del Edipo solo es concebible si el Edipo es situado en su lugar, es decir, primero es necesario situar algo del Edipo para pasar más allá del Edipo. Un sujeto no viene a análisis sin la configuración familiar, sin el nombre, ¿Se entiende?

Público: Sin la novela…

Susana Amado: Sin la novela familiar, sin ese armado, pero es necesario pasar por ahí para extraerlo. Y después dice: “El Edipo no es menos que en Tótem y Tabú, lo que se llama una historia novelada. Los mitos freudianos del padre, el Edipo de Freud, recoge de los griegos, como Tótem y Tabú, que inventa a partir de Darwin, son otros tantos cuentos hechos para novelar la pérdida de goce. Hubo entonces alguien que dijo: de tu goce, eso es mío, y que te lo robó para no devolverlo más, ese es el padre. Así, donde estaba el deseo de la madre, donde estaba ese goce, advino el padre, que lo arrebató. El parricidio no libera pues, el padre se lleva con él, en el mito de la horda primitiva, el goce con él”, es decir, que por más que se mate al padre, se lleva el goce con él. “El parricidio acá no es más que un gaudicidio, aprovechando la palabra latina de donde proviene, pese al uso de Cicerón, nuestro goce, gaudi. Un real responde por esas ficciones, ¿Cómo designar ese real apropiadamente? El objeto perdido también es un mito, y designarlo como objeto a, ¿Es ir más allá del semblante? ¿No es una ficción más que armamos? El esfuerzo por un psicoanálisis, que no fuese más una mitología, un discurso que no fuera de semblante, no podría satisfacerse, ubicando en el lugar del nombre del padre, un significante cualquiera, en función de amo. Pues, eso no es salir del semblante. Ubicar allí el objeto a ¿Es ir más allá? ¿O es continuar con la ficción? ¿Hasta dónde se extiende exactamente el imperio del padre? Es decir, el semblante por excelencia. ¿Qué deja fuera él? La función del nombre del padre responde a un uso práctico, la apuesta de un psicoanálisis más allá del Edipo también, no es menos práctica, ¿Cómo no reconocer la presencia, la incidencia, la virulencia de los nombres del padre? Los semblantes del padre en la experiencia analítica, ¿Y cómo negar el uso? Pero es necesario servirse del padre. Eso no quiere decir rendirle culto a él, por el contrario, reconocer el uso del padre en su dignidad instrumental, como un instrumento que implica arreglárselas sin él, en la teoría, si se quiere, ir más allá de una mitología, de ser algo como una ciencia de lo real”…

Público: ¿Ciencia de lo real?

Susana Amado: Claro, pensar el psicoanálisis como ciencia de lo real es ir más allá del Edipo, vos te podés servir de todos los elementos posibles para tratar el goce, pero lo real existe, el goce sin domesticar. Esa es la ciencia de lo real. Por eso decimos: a lo que la ciencia intenta domesticar, lo real, saber hacer con lo real, creer que puede ordenar algo del mundo, los científicos, lo que elide la ciencia, lo que deja de lado, lo que forcluye, es el sujeto. Lo que queda por afuera de lo real. Nosotros admitimos lo real, la ciencia piensa que lo real existe, pero que es posible de ser domesticado, medicado, controlado. Bueno, hasta acá.

Público: (pregunta inaudible)

Susana Amado: A ver. En ese caso, cuando Freud insiste mucho con el Hombre de los Lobos, él quiere hablar de la escena primaria, entonces quiere fundamentar su teoría, estaba inventándola, y entonces quiere abrochar todo con su teoría, no importó mucho que el Hombre de los Lobos se brotara, también en la neurosis obsesiva, el caso de neurosis obsesiva trabajado por Lacan, el Hombre de las Ratas, ahí también, digamos, hay un pequeño empuje de Freud, pero para corroborar de alguna manera la neurosis obsesiva. Freud se encontró con las dificultades, por eso le escribe al pastor y le dice: “me pasó que me confundí con un caso de neurosis obsesiva, que luego devino una psicosis”, no sé si está hablando del Hombre de las Ratas, pero el advierte. Recuerden que Freud está fundando. No es lo mismo Freud que Lacan, Lacan se topa con una teoría armada, puede ir más allá de esa teoría, maniobrar, incluso aportar muchas cosas, igual que la psiquiatría, el psicoanálisis avanza, no son los mismos tiempos de Freud, pero Freud estaba fundando. Entonces, hasta se legitiman los errores en eso, pero fíjense lo que yo les leí, como él advertía la diferencia y lo necesario del diagnóstico, tomarse el tiempo para diagnosticar de qué se trata, si no lo podemos diagnosticar, porque hoy el caso viene con cierta complicación, por lo menos estar atentos a cómo regular, estar atentos a los desencadenamientos, a la estructura que tiene, no empujar, dejar que los arreglos del goce vengan del sujeto mismo, y  funcionar como secretario del alienado, funcionar apoyando y a veces haciendo de Nombre del Padre, permitiendo esa nominación, nombrando en ese punto, o haciendo de semblante de objeto para que el sujeto se identifique de una manera.

Hace un momento, me comentaban algo de la psicosis, que me parece que es interesante, cómo opera esto en el autismo…

Público: Sí, a mí me llamaba la atención cuando te escuchaba cómo en el autismo se presentifica este estatuto, digamos, del significante, o del S1, como condensador de goce en el propio cuerpo en el autismo, o sea, en ese punto ahí vemos como la repetición, existe la repetición, el autista con su propio cuerpo la ejerce, o con el objeto que toma para eso, tiene otro estatuto. Se ve ahí la teoría de Lacan presentificada en el estadio

Público: La forclusión del agujero

Susana Amado: Claro, porque además el psicótico que porta el objeto que porta, no es un objeto exterior a él, no es el objeto transicional de Winnicott, o el objeto que el niño porta en una neurosis. Ese objeto, en el autismo, está identificado con ese objeto, es como si fuera del cuerpo, no hay diferencia

Público: No. Por eso habla de extracción del objeto, es lo que permite separarlos, porque está pegado

Susana Amado: Ahí no funciona para nada lo que en el estadio funciona como “salir afuera de la imagen especular”, para ir a buscar.

Público: En la clínica se ve como los chicos tienen un mismo comportamiento, sea una repetición constante en cada sesión, lo que hacen con su cuerpo, se ve  como el S1 es condensador de goce, que repite todo el tiempo el mismo goce. Y hay que ver como uno, con mucha prudencia, va pudiendo articular alguito, alguna cuestión nueva, en ese circuito.

Susana Amado: Claro, como tercerizar ahí de alguna manera, es poner algo más en ese espejo, hacer funcionar un operador.

Bueno, ¿Quién más quiere preguntar o si se le ocurre alguna cuestión?

Público: Cuando vos decías Susana el tema del “psicoanálisis más allá del Edipo”, lo entiendo como que no es sin la estructura, primero se va a la estructura para luego localizar los modos de gozar, pero no es una sin la otra…

Susana Amado: No, por supuesto, por eso dice que para eso tiene que estar el Edipo instalado, no es sin la tríada, porque si no queda, como decían, dos en uno.

Público: Además la palabra opera como que vela algo, un circuito del análisis que hay que trazar y transcurrir

Susana Amado: Porque cuando decimos semblante, o velar, todo eso es que ya funcionó una operación, la bejahung, o la afirmación primordial, funciona sobre el fondo del reconocimiento de que hay una ausencia. Entonces, ¿Qué es lo que vela uno frente al agujero, al vacío? Lo vela con objetos, con semblantes, con paradas, con lo imaginario, con las pilchas, que se yo, en el sentido de que todo eso es un velamiento de la falta.

Público: Sería que hay eso pero porque no hay

Susana Amado: Claro, ese es el semblante. Son tratamientos respecto de ese agujero. Ese es el borde, Freud lo pone el borde, la pulsión es un tratamiento, de alguna manera, de hacer algo con ese borde, bordear el agujero, digo. El circuito de la pulsión

Público: Lo que sería ir más allá del Edipo, sino ver cómo se constituye de alguna manera el Edipo, cuáles son los arreglos con los cuales que se encuentra al momento de llegar, cuales son los arreglos a los que no está pudiendo llegar y está sufriendo y viene a la clínica, ir más allá de cómo se ha construido como psicótico, neurótico, ver las formas que ha encontrado de arreglarse en un punto

Susana Amado: Claro, lo que importa es eso,lo que dice, tomando lo que habían mencionado respecto de la letra, que tomé yo “El momento de concluir” de Lacan que dice: “el tratamiento del agujero, que marca el campo de imposibilidad, se hace por trazos de goce”, homologa a una letra, y no solamente por el lado de la significación, no es solamente que la significación abrocha, sino esas posibilidades de que hay trozos de goce, donde alguien puede armar con esos trozos de goce algo. Por ejemplo dice “la inhibición, el semblante, el síntoma, la realidad, la angustia, la verdad, no son solamente metáforas, son elementos que están condicionados por el efecto de significación”. Son asumidos hoy como ciframientos de goce, tanto la angustia, tanto el síntoma, y para eso entonces uno va a Joyce. En Joyce, la mujer, el amor en Joyce, que uno podría desalentar en cualquier psicótico. Bueno, Joyce no ha sido paciente de nadie, menos mal, porque hubiera dejado de escribir maravilloso, pero digo, no ha sido paciente de nadie y, sin embargo, en este caso que uno desalienta muchas veces el amor, en el sentido, no sugerís “Ay! Conocete una chica por Tinder” a un psicótico, porque lo podés mandar… manda al neurótico a cualquier lado, a veces, imagínense en un psicótico. Joyce se anudaba con Nora, la esposa, en esa relación escatológica que tenían. Joyce la cuenta, y la cuenta Ellmann, su biógrafo. Las epifanías en Joyce, no sé si lo han leído alguna vez, pero tiene un recurso con el lenguaje impresionante. Pero a las epifanías todo el mundo las consideraba como esos momentos de brillantez de Joyce. En realidad, son brillantes, pero son efectos de que lo abruma el goce, y él le pone una especie de contención a ese modo de exceso que se le viene, entonces es una especie de luz, Joyce encuentra ese recurso. Pero la gente cree que lo escribía, porque es diferente a esa escritura que tiene, esa escritura metonímica, atravesar el lenguaje, romper con el lenguaje, con la lengua materna, todo. Otros ejemplos Wittgenstein, Pessoa, con esos heterónimos. Hay muchos escritores que fueron psicóticos, filósofos, todos han hecho una obra con eso, algunos eran muy brillantes. No todos podemos…

Bueno, hasta acá chicos.

Público: Un comentario nomás, funciona como un sinthome el arte.

Susana Amado: Exacto, es una letra que se abrocha, efectivamente, una manera singular de abrochar el goce, ese es un sinthome, para cualquiera, para psicosis también.

Público: Respecto a la novela familiar, Susana, hay casos que no viene con eso. Caso de toxicomanía, por ejemplo, hay que crearla

Susana Amado: Se puede preguntar eso, porque en realidad ahí eso está obturado. No todos los casos de toxicomanía son psicóticos, se puede preguntar lo que quiere eludir con la ingesta, lo que pone allí, pero yo creo que son recursos absolutamente de, a ver, recursos con respecto al vacío existencial, con respecto al vacío, que hay cierto rechazo a la castración, al agujero, y sobre ese punto pretenden ese vaciamiento de goce, recuperarlo. Algo de eso funciona, yo no tengo una clínica de las toxicomanías, pero me parece que son tratamientos posibles de ese vacío, con lo cual se escucha como escuchas a cualquier paciente, aportando ahí los elementos que son necesarios, cuando percibís que hay algo más cuidado de cómo se arma eso. Hay muchos psicóticos que consumen, se exceden con eso. Se estabilizan si tienen un buen acompañamiento. En general, el recurso es la manía, una especie de metonimia infinita. La adicción genera ese sin límites. Hay que ver cómo se maneja porque es cierto que es irrefrenable, no se domestica, pero se puede tratar, ver en lugar de qué cosa está.

Gabriela Maidana: Muchas gracias Susana por la clase y al público por las preguntas.

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