Los restos sinthomaticos y el deseo del analista. -María de los Ángeles Amestegui

Los restos sinthomaticos y el deseo del analista*. María de los Ángeles Amestegui**

En el escrito “La Dirección de la cura y los principios de su poder” Lacan nos invita a interrogarnos sobre el ser del analista en cuanto a su propio deseo.

Señala que el deseo se produce en el más allá de la demanda, poda de ella la necesidad, pero también se ahueca en su más acá pues demanda de presencia y ausencia evoca la carencia de ser del sujeto. Pone de ejemplo a Freud diciendo que él siguió su deseo contra su voluntad y así pudo develar el significante impar: el falo. Nos da además una indicación precisa, la cuestión es aceptar tenerlo o no a partir de descubrir que no se lo es vía el corte de la castración. La libra de carne que a raíz del corte se vuelve imposible de restituir, he ahí un resto… ¿con el cual trabajar en análisis?

Plantea que la dirección del análisis sigue el hilo del deseo pues él la mantiene. Otra indicación acerca del deseo es su incompatibilidad respecto a la palabra, siempre está más allá, cada vez que se lo quiere cercar con palabras ya no está ahí. El sujeto redobla la spaltung sufrida por ser hablante, deseo y palabra quedan así escindidos.

Miller en el texto “La Cura analítica” señala que al utilizar Lacan la palabra invisible en la Dirección de la Cura apunta al más allá del lenguaje y está dando lugar al objeto a, aun no teorizado a la altura de este escrito, que designara lo invisible del deseo, un invisible que vehiculiza la palabra y que solamente se puede aislar con la palabra.

En “El Seminario X La angustia” Lacan formaliza el objeto a como resto de la dialéctica entre el sujeto y el Otro y lo vincula a la función del corte, es lo que sostiene y anima el deseo.

Miller en 2012 expresa que el deseo del analista no es un deseo puro, no es pura metonimia infinita, se nos aparece como un deseo de llegar a lo real, de reducir al otro a su real y liberarlo del sentido.

Laurent en “El pase y los restos sintomáticos” nos aporta que el deseo del psicoanalista supone una caída de las identificaciones fálicas, la caída y el reemplazo por otra ligada al discurso analítico. Tal es la metáfora del pasaje del discurso del inconsciente al discurso analítico, tal metáfora no se realiza sin restos. Resto es lo que queda, lo irreductible, lo ineliminable aporta Ana Simonetti. Una cura psicoanalítica no se hace sin restos. Los  restos sintomáticos son restos reducidos a su real despojado de sentido que permiten un uso más sutil, más aliviado, más dispuesto a la dimensión contingente.

¿Por qué tenemos que hacer con los restos sintomáticos? Porque están asociados al goce, como nos señala Gregoret en Resto sintomático y deseo del analista, el goce  es imposible de negativizar, tiene que ver con lo vivo del cuerpo. Hablando del pase dice el programa de goce obtenido a la salida de la experiencia del analista permite estar advertidos, hacer un uso en su práctica.

Causar la división subjetiva del sujeto con la caída del resto, vía el corte, será entonces a la altura de este escrito lo que nos marca Lacan para el deseo del analista.

*Trabajo para el Cartel La Dirección de la Cura. 2019

**Integrante del CID Santiago del Estero

Bibliografía:

La Dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 1  Jacques Lacan 1958 editorial siglo XXI

La Cura analítica  J. A. Miller 1992-1993

Seminario X la angustia Lacan 1962-1963 Paidós

Presentación del tema del IX Congreso de la AMP “Lo real en el Siglo XXI”, J. A. Miller 2012

El pase y los restos sintomáticos Eric Laurent lacaniana nº11 grama ediciones 2011

Desmontaje de la defensa Ana Simonetti. Enigmas del cuerpo Nº 5. 2014

Un resto que se hace vivo, Resto sintomático y deseo del analista Beatriz Gregoret. Enigmas del cuerpo Nº 5. 2014

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Clase n°6: «SÍNTOMA Y LENGUAJE: EL EJE DEL MENSAJE Y EL EJE DEL GOCE.»- Francisco Ruiz y Patricia Soto.

Clase n°6: "SÍNTOMA Y LENGUAJE: EL EJE DEL MENSAJE Y EL EJE DEL GOCE."- Francisco Ruiz y Patricia Soto.

 Francisco Ruiz

Hoy abordaremos la temática del Síntoma, antes de comenzar realizaré un aporte, sobre cuatro conceptos importantes y luego continuará Patricia Soto.

Miller hace un recorrido en el texto “Índice razonado de conceptos principales”, que es una guía argumentativa y conceptual sobre la obra de Lacan (1935- 1965). Por lo tanto esta  obra   tiene que ver con todo lo que se refiere al  significante, porque recién a  partir de 1965  empieza un viraje en Lacan hacia  el  objeto del goce como irrepresentable, hasta aquí el acento esta puesto en la cuestión discursiva y puramente simbólica.

Asimismo por esta vía, figura el término síntoma dentro de uno de los ejes del deseo y su interpretación. De este subtema Síntoma, Miller nos orienta hacia la obra de lacan en donde aparece el concepto sobre el mismo y menciona que: “Al determinar el alcance que repite el discurso prepara la cuestión de lo que repite el síntoma”. Entonces va indicando tres cosas, primero lo que repite es el discurso, es decir, que en el dispositivo analítico hay palabras, discursos y algo que se repite, a su vez vamos teniendo elementos para ir caracterizándolo ya que está en el orden del discurso, es decir, de lo que se habla y enmarcamos al síntoma dentro del orden de lo simbólico.

  Por ejemplo, en la página 108 habla sobre la agresividad, dice Lacan “La experiencia analítica nos permite experimentar la presión intencional, ya que leemos en el sentido simbólico de los síntomas”. Nuevamente tenemos el mismo enmarcado en un orden simbólico y discursivo el cual el analista lee al síntoma. Siguiendo la misma idea en la página 164 planteamos otro ejemplo. “El lenguaje del hombre es instrumento de su mentira, está atravesado parte a parte por el problema de su verdad. El fenómeno de la locura no es separable del problema de la significación porque  tenemos la cuestión del significado y la cuestión del hombre atravesado como sujeto del lenguaje”. Entonces todo este recorrido va siempre en la dirección del síntoma que está en el orden discursivo y que tiene una significación. En la página 227 Lacan plantea también, que desde antes del psicoanálisis hay una dimensión que podría denominarse del síntoma  “Se articula por el hecho de que represente el retorno de la verdad como tal en la falla de un saber”. Esto nos abre todo un campo de estudio, pero lo interesante es el punto de la verdad y el retorno, de la falla de un saber.

El síntoma no se interpreta sino en el orden del significante, el significante no tiene sentido sino en su relación con otro significante, es en esta articulación donde recibe la verdad del síntoma. El síntoma conservaba una borrosidad por representar una irrupción de verdad. Entonces lo que tenemos es una significación, pero esta verdad que retorna es un asunto  que nos conecta con otro discurso.

 A su vez toda la clínica freudiana es de la interpretación, es una lectura de una verdad que retorna y hace trastabillar el saber. Estos puntos son temas principales en la obra de Hegel pensador de la dialéctica. En uno de sus textos “Escritos de juventud”, cuenta que va a un tour con un amigo y resulta que lo que le había prometido el vendedor no se cumple, que era ver una inmensa cascada y solo había un hilo finito de agua. Entonces era la cascada un hilo finito de agua que caía, pero caía sobre una roca. Hegel ve en eso, dos elementos, el agua y la roca, rápidamente uno va captando lo dialéctico, ya que es el encuentro o el choque permanente entre dos fuerzas, una negativiza a la otra, es decir, que para Hegel la vida humana es una constante negatividad de fuerzas. Plantea que el agua cae sobre la roca y la roca se va desgastando por la acción del agua, ejerciendo un efecto contrario con la roca, la va transformando, por lo tanto el elemento del agua niega a la roca, niega su forma porque  la transforma,  actúa sobre ella eso es la negatividad, Hegel lo llama el movimiento y lo vivo.

El pensamiento puede estar lejos de lo vivo pero la naturaleza no, la naturaleza es lo vivo y lo vivo es ese continuo proceso de cambio, de transformación y eso es la dialéctica. Dicho autor menciona, por ejemplo, en la religión, el creyente se convierte en objeto, es decir, el sujeto se convierte en objeto, así como la roca se transforma. La idea de convertirse en otra cosa que no soy, es el pensamiento dialéctico, puedo ser pero también puedo ser otra cosa y si soy otra cosa  ya no soy,  por lo tanto siempre estoy en una falta en ser. Esto quiere decir que si la roca puede transformase en arena,  el sujeto puede ser algo y transformarse en otra cosa, por lo tanto siempre estoy en falta en ser dice Lacan, ya que toda su obra también está basado en el pensamiento dialéctico.

 Hegel aborda que lo vivo se descompone, se dispersa eternamente en proceso y en acción, lo volátil. Esto es la belleza pura, esa cascada que cae, no lo puedo contar después porque tengo que estar ahí, salvo que alguien pinte un cuadro, pero aún así lo que voy a necesitar es un cuadro enorme como para poder captar algo de esa volatilidad, de esa negatividad. Quizás en el futuro podamos adquirir una práctica que nos permita vivir esa experiencia sin estar presentes. Ahí entra un subtitulo que Hegel lo denomina “El límite de lo irrepresentable”,  hay algo que no podemos capturar dialécticamente porque esto es incapturable.

Planteo esto por la razón de la dialéctica, algo que es fundamental en Lacan y porque además uno va leyendo, le va resonando todo el pensamiento de Lacan, porque con la cuestión de la falta en ser marca la diferencia, ya que la dialéctica son dos fuerzas contrarias, salvo dice Hegel en el amor en donde “El amor se indigna ante lo separado”, suprime la diferenciación, “lo separable perturba a los amantes”, en el amor la vida humana es pura diferencia.

 Por lo tanto para  Hegel todo es dialéctico, el saber también lo es,  es negatividad, es decir, algo niega al otro y todo es diferencia que nos conecta con la falta en ser y con Lacan en muchas cosas. Por ejemplo el sujeto en relación con el Otro, siempre es una relación de constante dialéctica, el sujeto necesita ser deseado por el Otro y el Otro marca al sujeto. Lo que plantea Hegel es “Tengo que encontrar un lugar en el otro, pero si yo encuentro un lugar en el deseo del otro, encuentro como él quiere desearme”, esto quiere decir, si yo quiero ser reconocido por el Otro, el Otro me reconoce como él desea, por lo tanto, si el Otro me reconoce a mí, dejo de ser quien soy otra vez, la negatividad. Si el Otro me aloja según el deseo de él, yo pierdo mi deseo, ahora si yo sostengo mi deseo pierdo al Otro. Por ejemplo, el caso del analista  y el paciente.

Retomando el punto de la diferencia Hegel habla sobre el devenir, es un movimiento a una transformación, a ser otra cosa como la cascada. La cuestión de la diferencia es interesante porque hablamos sobre el significante, ya que  el significante se ha convertido en esas palabras que uno usa siempre.

Roland Barthes, autor de literatura, plantea “Todo en la vida puede ser leído”. En su texto “La cocina del sentido” menciona lo siguiente: “un vestido, un automóvil, un plato cocinado, un gesto, una película, música, una imagen publicitaria, un mueble, un titular de diarios, he ahí objetos en apariencia heteróclitos, sin nada común, lo que pueden tener en común es que son todos signos. Cuando voy por la calle o por la vida y encuentro estos objetos, les aplico a todos sin darme cuenta la misma actividad, que es la de cierta lectura, el hombre moderno de las ciudades pasa su tiempo leyendo, lee ante todo y sobre todo imágenes, gestos, comportamientos. Un ejemplo un automóvil, ese automóvil me comunica el status social de su propietario, esa indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo o de excentricidad de su portador, este aperitivo, del estilo vida de mi anfitrión etc.”

Aún cuando se trate de un texto escrito, siempre nos es dado un segundo mensaje. A su vez la cuestión de la diferencia nos lleva al punto del significante, ¿Qué es el significante? El significante es algo que me permite una multiplicidad de sentidos, es decir, escucho el auto que pasa y eso puede ser leído, interpretado, eso es un significante.

  Según  Saussure  un significante tiene una imagen acústica y tiene un concepto,  pero este concepto puede ser infinito. Todo lo que puede ser leído y lo que leo puede ser un concepto, depende quien lo lea, por una parte ese es el significante. Por otra parte el aporte de Saussure, es que las cosas yo las nombro no por las cosas en sí, el nombre no tiene nada que ver con el objeto sino que se vincula con otros nombres, podemos decir  que el significante tiene su valor en diferencia con otro significante. Tanto para Saussure como para  Hegel todo es diferencia. Asimismo  algo de eso también hay en Freud en el sentido de que son conceptos que permiten una dialéctica. En el caso del síntoma, es algo que tiene movimiento, vida, diferencia y tiene elementos que se oponen, los elementos que se oponen por ejemplo es una pulsión libidinal y la represión,  dos elementos que se chocan, que se oponen, que se negativizan. El concepto mismo de inconsciente, ya es un pensamiento del orden de la transformación, del orden de lo que se va a devenir otro, la rectificación subjetiva ya es transformarse en otro cuando hay un interpretación que toca algo del sujeto, el sujeto ya no es el mismo, entonces hay un cambio de posición, por lo tanto hay un devenir otro.

Freud también habla sobre la cuestión de la palabra, lo simbólico y sobretodo la sustitución, el síntoma como algo que se sustituye. Se define al síntoma como el producto, la transacción por la obra de la represión, como si la represión seria el gran elemento de negatividad en Freud, y la castración fundamentalmente. Es decir, no hay elemento que negativice más que la castración. Lacan pone el signo menos en el falo, la negatividad del falo podemos decir, y  la castración es el elemento de la diferencia absoluta. Si vamos a la cuestión de la diferencia, por ejemplo, en la escena donde la niña ve que el varoncito tiene pene, primer punto de negativización lo cual nos hace devenir otros.

Pregunta del público: ¿Será de ahí que Freud plantea la roca viva de la castración? Hablando de la roca de Hegel

Francisco Ruiz: Claro y aquí viene el punto. En Hegel hay una idea de que el sujeto puede progresar hacia un mayor conocimiento de sí mismo, es uno de los que piensa el discurso de la Ciencia, tiene un capítulo llamado “De la conciencia a la Ciencia”. Para Hegel el elemento de progreso, es el autoconocerse científicamente, ahí el sujeto progresa, porque está en una etapa como separándose del medioevo, separándose de dogmas, el saber puede hacer progresar.

 El saber es un término, una preocupación. Lacan todo el tiempo está viendo de donde viene el saber, qué es el saber y problematizándolo. Primero porque es del orden del significante, o sea del orden de algo que no tiene vinculación con el objeto sino con el discurso, con los significantes en sí. Pero lo que no se encuentra en Hegel, es justamente lo que sabemos por Freud, el término de la represión, como si el Psicoanálisis iría diciendo: todo bien con el saber, pero hay un elemento que no nos permite saber, dice Lacan hay un no querer saber, es decir, que lo que Hegel no vio es que  este saber contiene una barra que es la represión, no puedo conocer todo de mi mismo y aunque conozca de mi mismo todo siempre va a estar el síntoma, por ejemplo en donde ya no hay dialéctica posible, es el punto indialectizable . Si para Hegel el saber era lo dialéctico, que puedo conocer algo en contra de lo que ya conozco y eso me hace progresar. En cambio Freud dice No, está la represión y ahí hay un stop, algo de la dialéctica que no se dialectiza y queda una verdad que no es reabsorbida por el saber. Para Hegel la verdad es algo que uno puede saber y para Freud hay una verdad que esta por fuera del saber, reprimido, quiere decir, por fuera del sentido, del significante, entonces hay una verdad que no se dialectiza. 

En conclusión, la cuestión del síntoma es algo del orden de la verdad reprimida, por eso es el eje del mensaje, eje del significante, del eje de un saber pero que contiene una verdad que no entra en el saber.

Hay un libro de Graciela Brodsky, que se llama “La solución del síntoma”, en el que trabaja el caso Elisabeth,  nos muestra claramente como hay una represión o en término de Hegel hay una diferencia, que no lleva a nada cuando el síntoma era no poder caminar, lo que hace Freud es hacerla que hable, que exprese sus significantes, cuando la hace hablar la paciente  va encontrando unos ciertos nexos que le permiten a Freud encontrar un nexo entre el síntoma la parálisis. Entonces tenemos parálisis, represión y un deseo no reconocido por el sujeto ¿Cuál es ese deseo no reconocido? Ella está enamorada de su cuñado  y la hermana esta por morir, pero claro dice Freud, no es deseable que ella quiera que la hermana se muera y quedarse con el cuñado pero era su deseo. Freud dirá es el deseo de dar un mal paso, o sea, parálisis, mal paso, ahí lo que tenemos es el efecto de la represión, es decir, que todo síntoma está estructurado por elementos contrarios,  fuera del saber y  fuera de la conciencia.

 Lo que hace Freud es una tarea dialéctica, interpretar el sueño, que el sujeto reconozca su deseo y el síntoma se levanta, esa es la tarea dialéctica, esa es la cura de Freud, que reconozca su deseo.

Continuamos con Patricia Soto sobre el eje del mensaje y el eje del goce, cómo se articulan estos ejes desde Lacan, partiendo desde la primera enseñanza hasta los conceptos que ya manejamos desde el cuerpo.

Patricia Soto

Para estas articulaciones, del síntoma en el eje del goce,  he tomado el Seminario XI de Lacan y  las enseñanzas de J A. Miller en sus seminarios La experiencia de lo real,  La fuga del sentido  y El partenaire síntoma. Partimos de que, en la primera enseñanza de Lacan, tiempo en el que conceptualiza al inconsciente estructurado como un lenguaje, cuya finalidad es producir sentido, el síntoma    es metáfora, hay en el inconsciente una verdad   reprimida, a descifrar para la resolución del síntoma. 

El síntoma designa una disfunción, hay síntoma cuando algo no funciona como debería, en ese traspaso al  funcionamiento se revela algo verdadero, como nos decía Francisco, este es el momento que en la enseñanza de Lacan apunta al síntoma como una verdad a descifrar, para su resolución. Este es el momento en el que estructura al inconsciente como un lenguaje, el sujeto esta engendrado por la cadena significante, el concepto central que toma en  la formación de síntoma es el de  castración como la anulación del goce. En este tiempo si nos guiamos por los paradigmas del goce, teniendo esa referencia, es el primer tiempo en el cual ubica el  goce como imaginario y Lacan da prioridad en la relación analítica al eje simbólico, es decir, en la relación del sujeto  con el Otro, el   goce,  que Lacan ubica en la relación imaginaria a——-a´ se atraviesa obturando esa relación simbólica.

Asimismo el segundo paradigma plantea la significantización del goce, es el momento de la elaboración de Lacan  del grafo del deseo en relación a la estructura del sujeto  desde el lugar del Otro como tesoro del significante. El sujeto dirige su pregunta por el  valor de los significantes al Otro. En la respuesta del Otro lo que va a estar implicado  son los objetos de la pulsión. Lacan, a esta altura de su enseñanza sitúa al sujeto del inconsciente no a partir del enunciado sino a partir de una localización orgánica, a partir de lo oral, de lo anal, etc. Lacan dirá que eso es la pulsión modelada sobre la palabra. Se trata de  un goce  que está traspasado a través de la palabra por el significante que recibe del Otro, en esos términos está la significantización del goce. En esa línea todavía el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que se desliza en la palaba son las articulaciones del lenguaje, la metáfora y la metonimia. Entonces en el grafo del deseo están los objetos de la pulsión articulados a la palabra.

Estos recorridos los hace hasta el seminario VII “La ética del psicoanálisis”, en donde el goce se va tratar de otra  cosa. El mismo va a ser alcanzado por transgresión, ubicado en el lugar de La Cosa, a diferencia de lo que es el deseo  articulado a la Ley y al principio del placer, en ese sentido el goce queda del otro lado, ya que  para acceder al goce hay que transgredir el principio del placer.

 Avanzando en el seminario XI cuando habla del cierre del inconsciente, Lacan  menciona que justo en ese momento es en donde se manifiesta el inconsciente, porque va cambiando la concepción del mismo. El inconsciente  no  se trata ya de  algo   oculto a descifrar,  sino de algo que está en la superficie y aparece en ese momento justamente del cierre. En ese momento de cierre del inconsciente se presentifican  los objetos de la pulsión, esos objetos en donde lacan va a situar lo vivo del sujeto a diferencia de la mortificación del significante. 

Más adelante buscando esta articulación entre lenguaje y goce, en la enseñanza de Lacan en el seminario XVII, El reverso del psicoanálisis en el que desarrolla los cuatro discursos, establece  la relación del lenguaje y  goce porque va a decir que la conexión significante, esta articulación S1 S2  produce un efecto de goce, es decir, cuando hay articulación significante hay como producto goce. Por lo tanto elabora los cuatro discursos. El discurso del  Amo que lo ubica como el discurso del Inconsciente.

En el seminario XI, cuando me refería a la articulación de los objetos de la pulsión, ahí es donde articula los objetos de la pulsión con el inconsciente, ya no es la relación del inconsciente entre  el S1 S2 sino que hay en esta  articulación un momento en el inconsciente que es  de cierre del inconsciente donde se presentifica ese objeto de la pulsión  que obtura el deslizamiento de los significantes.

Asimismo, de esa articulación significante S1 S2 de cual el sujeto es el efecto, va a quedar un resto como producto y ese resto lo ubica como el plus de goce, en el mismo hablar, en el mismo discurso aparece ese efecto de goce. En este  tiempo Miller sitúa, cómo en el lugar en el que  Freud   ubicaba al yo como agente de la represión  que da lugar a la formación de síntomas, para Lacan ese lugar en la formación de síntomas lo va a tener el lenguaje, va a decir que el goce como tal está prohibido para el que habla. Dice Miller que para Lacan lo que Freud llama la represión de la pulsión, es una consecuencia necesaria de la estructura del lenguaje, y por esa operación del lenguaje es que el síntoma es necesario. Es decir, como el goce está prohibido para quien habla es a través del síntoma donde está permitido, donde se pueda gozar. Lacan plantea que  el hablante goza de modo sintomático, el goce nunca es el que  debería ser, siempre hay una falla, un error en el gozar, esto quiere decir que  el objeto esta perdido, la castración es por el lenguaje, entonces el modo de gozar va a ser el síntoma.

En este sentido Miller explica que cuando tomamos las cosas por el lado del lenguaje el Otro está desde el comienzo. Con la introducción del concepto de goce, el concepto del Otro se sacude, nos dice.  Por lo tanto, si definimos el goce en esta línea, ¿cómo se va articular el goce del sujeto en relación al Otro, ya que lo que prima es el goce y no la articulación significante?  Miller menciona  en este seminario  “La fuga del sentido”, el hecho de que el goce no sea una relación debe ponerse en el centro de la cuestión, porque el goce es solitario, es autista.

 Entonces qué es lo que hace la relación  con el Otro, porque el goce no abre al lazo con el otro, su modelo es el goce del órgano. Lacan en su última enseñanza dice que el goce del sujeto   no conviene la relación sexual. Miller muestra como Lacan restringe el concepto de sexualidad, va a decir que sexualidad es esencialmente una relación de un ser sexuado con otro ser sexuado, mientras que por el contrario, el goce como tal es una relación que no se abre al Otro. En cuanto a esto, Miller diferencia lo que es el goce y la libido en Freud, porque para Freud la libido circula, inviste los objetos y retorna al yo. Por lo tanto el concepto de goce en Lacan  se refiere a una libido estancada, autoerotismo fálico, es el modelo de goce en Lacan, la parte fálica de la libido. Goce del Uno diferente al Otro. Entonces en este sentido, si la relación sexual,  si la sexualidad es una relación, Lacan va a decir no hay relación sexual, esto quiere decir que no hay una pulsión sexual total, las pulsiones siempre son parciales, por lo tanto lo que pone en cuestión es el cuerpo del otro, el otro como sexuado, al no haber relación sexual  hay falla sexual. Lo que Freud localizó como la sexualidad normal a la que se accede luego de la unificación de las pulsiones parciales, eso hace agujero en lo real, para Lacan eso falla, nunca se alcanza en su totalidad.

A su vez explica Miller, esa dimensión donde falla la relación sexual puede acceder a lo simbólico, en ese goce que es autoerótico, que falla,  podemos incluir al síntoma como modo de fallar, porque falla, se convierte en síntoma. Justamente donde falla esa relación sexual se puede acceder desde ahí a lo simbólico.

Otras de las referencias de Miller sobre el modo de concebir el síntoma en Lacan en la última enseñanza, es cuando toma inhibición síntoma y angustia, desde la satisfacción, no ya como un modo de expresión o solo lo es secundariamente.  Síntoma como satisfacción que escapa al principio del placer, ya que se manifiesta como displacer. Síntoma referido no al inconsciente que querría decir sino a la pulsión en tanto ella quiere gozar.

 Ya en  la última parte de la enseñanza de Lacan se refiere al goce del cuerpo. Miller dice que el goce en términos lacanianos no está antes del significante, no está antes del cuerpo, aunque sea goce del cuerpo. El goce del parlêtre, ese goce del cuerpo se soporta en el lenguaje y Miller se pregunta en esta clase, cómo se conjuga cuerpo y lenguaje para gozar, lo cual responde que se conjuga en el sinthome, el síntoma se presenta como acontecimiento del cuerpo, en el sentido de que el que goza es el ser, pero a través de su cuerpo, habla con el cuerpo.

En todo este recorrido Miller dice que, articular con el cuerpo del sinthome, si entendemos el sinthome como síntoma y fantasma, podemos decir que lo que se moviliza es el fantasma pero el modo de gozar del síntoma no cambia, puede modificarse hacia otra vertiente, pero no varía.

Para ilustrar se utilizó un caso Trabajado por Ricardo Seldes: “El parlêtre entre el goce de la palabra y el goce del cuerpo”, publicado en la Revista Lacaniana n° 19.  

 

*Lic. Francisco Ruiz, Responsable del C.I.D Santiago del Estero

  Lic. Patricia Soto, integrante del Cid Santiago del Estero, Co-coordinadora del    Grupo de lectura “Psicoanálisis con niños”

Clase Dictada en el Colegio de Psicólogos de Santiago del Estero, el día 8 de Septiembre.

Bibliografía:

Miller, Jacques Alain. La Experiencia de lo Real en la Cura Psicoanalítica. Editorial Paidós. 2012

Miller, Jacques Alain. La fuga del sentido. Editorial Paidós. 2003

Miller, Jacques Alain. El partenaire-síntoma. Editorial Paidós. 2008

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Clase n°4: “REGISTROS I.R.S. CLÍNICA NODAL”. Docentes: Inés Contreras y Teresita Ruiz.

Clase n°4: “REGISTROS I.R.S. CLÍNICA NODAL”. Docentes: Inés Contreras y Teresita Ruiz.

Presentación a cargo de Luciana Pereyra:

 

Les damos la bienvenida a esta tercera clase de nuestro seminario anual. En esta oportunidad me toca presentar a dos docentes locales: Teresita Ruiz e Inés Contreras, ambas miembros de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), además de ser asesoras del CID Santiago del Estero. La clase de hoy trata de los tres registros: Imaginario, Simbólico y Real.

Inés Contreras

Muchas gracias por la presentación.

En cuanto a los registros, nos hemos repartido un poco con Tere y voy a arrancar con lo imaginario y lo simbólico.

Rescato algo que repetimos cada tanto de Lacan respecto a que el analista debe estar a la altura de la época o renunciar. Me vino muy bien repasar el texto que nos recomendaron, que está en internet y que trabajaron un poco en el taller (Lacan, J. Lo simbólico, lo imaginario y lo real, 1953). Ahí podemos ver cómo, aunque se trate de una vuelta a Freud, Lacan no deja de tomar lo de la época. Es algo que nosotros, enfrascados por intentar entender a Lacan o a los textos freudianos, a veces nos olvidamos -al menos a mí me pasa- de los valores que tenemos en la cultura de la época. Lacan en este caso, para hablar de lo imaginario, toma lo del narcicismo de Freud y lo enriquece con, por ejemplo, el surrealismo. Entonces, dice que los conceptos de Imaginario, Real y Simbólico no son un invento de él sino que son términos que existían en la época y que se usaban de diferente manera.

Para Lacan no había una patología específica de lo imaginario, una de lo simbólico y una de lo real; sino que los registros se encuentran entrelazados. Lo que sucede es que, lo que a veces nos confunde, es que él va poniendo un énfasis especial en uno de ellos según el momento de su enseñanza. Aquí, por ejemplo, sobre lo imaginario en el estadio del espejo, lo simbólico en instancia de la letra, luego hablará de lo real. Pero muchos de los que leen a Lacan creen que, por cobrar primacía lo real, se deja de lado lo simbólico y lo imaginario. No hay que cometer ese error, simplemente es un énfasis, un subrayado que se hace a medida que él va armando los conceptos de RSI. No es que uno descarta al otro, sino que se entrelazan.

Lacan sitúa que lo que produce efectos en estas cuerdas -aún no habla de nudo- de RSI, lo que las puede recorrer, es el resorte de la experiencia analítica, es la palabra. Es la palabra la que va a producir verdaderamente los cambios que se producen en un análisis personal. En este momento, para Lacan, en el psicoanálisis se trata especialmente de lo simbólico (recuerden que estamos en la primera enseñanza). Lo simbólico va cubriendo todo y la palabra va teniendo una ubicación aquí. Entonces, no nos engañemos, la palabra no es solamente para comunicar, como un lenguaje universal, sino que cada uno va a usar tal o cual palabra. A diferencia de la vida cotidiana, a un análisis se llega con un pedido que muchas veces parecen sólo palabras sueltas; el sujeto sabe que hay algo que solo no puede descifrar y que necesita de un otro. Ya vamos formando un triángulo.

Si en psicoanálisis es tan importante lo simbólico, tenemos que ver cómo se construye. En cuanto a la cuestión del símbolo y el signo, Lacan toma los aportes de Saussure y de Pierce. Del primero rescata lo que llama “el signo saussureano”:

Lacan, incluso cuando lo cambia, lo sigue llamando de ese modo dándole la autoría a Saussure. Este grafico implica que el significado y el significante, en este círculo, muestran una relación fija: que a un significado le equivale directamente un significante, una palabra, es una relación unívoca.

De Pierce toma la definición de signo como algo que representa un objeto –cosa, hecho o idea- para alguien que lo interpreta. Como el ejemplo típico que damos en la facultad: si hay humo, es porque hay fuego. A este signo lo subdivide en: símbolos, índices e iconos.

Lacan va a ir modificando estos aportes. Del signo saussureano crítica que esa relación de significado y significante sea unívoca. Coloca el significante como “S” mayúscula arriba y la “s” de significado abajo; e indica que esto puede variar, elimina la fijeza que implicaba el signo saussureano, no conserva el círculo. Y establece que ante el significante, el significado varía y cambia para cada uno de nosotros.

Entonces, Lacan toma los aportes de la lingüística. Acepta los conceptos de signo y símbolo pero empieza a diferenciarse un poco. Hay algo que no le cierra, a pesar de la universalidad del signo, es decir, si bien nos comunicamos todos, lo que el paciente trae a la consulta es algo muy particular, muy especial. Las palabras que trae no representan lo mismo para el paciente que para el analista que lo recibe. Es otra historia, es como aprender otra lengua.

Como decía antes, rescata de Pierce el concepto de signo como algo que representa un objeto para quien lo interpreta. Lacan lo toma tal cual y enfatiza en la noción de índice para diferenciar entre código –lo que compartimos con los animales- y lenguaje –lo propiamente humano-. Lo que más me llamó la atención al repasar esto es la manera en que Lacan retoma estos saberes de la época y va haciendo esas pequeñas modificaciones que constituyen su aporte al psicoanálisis.

Para Lacan hay un código que funciona también en los humanos, pero no nos alcanza con eso, tenemos un lenguaje. Desarrolla la cuestión del código gracias a los aportes de la etología y acepta que ocurren comportamientos imaginarios. Lo que no quiere decir que se pueda usar en el análisis porque ahí aparecen las identificaciones imaginarias.

Lacan dice en El Seminario 3, página diecinueve, “lo imaginario es sin duda guía de vida para todo el campo animal. Si la imagen juega también un papel capital en el campo que es el nuestro, es un papel que ha sido revisado, refundido, reanimado de cabo a rabo por el orden simbólico. La imagen está siempre más o menos integrada a ese orden, que, se los recuerdo, se define en el hombre por su carácter de estructura organizada”. Entonces, cuando hablamos de lo simbólico hablamos de estructura organizada. Y sigue con un ejemplo: “Uno de nuestros psicóticos relata el mundo extraño en que entró desde hace un tiempo. Todo se ha vuelto signo para él.” -Ojo con eso, lo que es signo para él puede que no lo sea para nosotros-. “No sólo es espiado, observado, vigilado, se habla, se dice, se indica, se lo mira, se le guiña el ojo, sino que esto invade”

 

Público: Cualquier cosa le concierne.

 

Inés Contreras: Exactamente. Y sigue el ejemplo: “Si encuentra un auto rojo en la calle –un auto no es un objeto natural- no por casualidad, dirá, pasó en ese momento.” “Interroguémonos sobre la intuición delirante. Este auto tiene una significación, pero a menudo el sujeto es incapaz de precisar cuál. ¿Es favorable? ¿Es amenazadora? Con toda seguridad el auto está ahí por algo. Podemos tener de este fenómeno, tres concepciones.”

Primero desde la aberración perceptiva. Luego continúa: “Podemos enfocar el encuentro con el auto rojo en el registro de lo que sucede cuando el petirrojo, encontrando a su congénere, le exhibe la pechera que le da su nombre.” Recurre aquí a la etología. Le alcanza la imagen de la pechera roja para la maduración sexual del petirrojo. “El rojo tiene aquí una función imaginaria […] se traduce por el hecho de que ese rojo al sujeto lo hará ver rojo, le parecerá llevar en sí mismo el carácter expresivo e inmediato de la hostilidad o de la cólera.” “Por último, podemos comprender el auto rojo en el orden simbólico, como, por ejemplo, se comprende el color rojo en un juego de cartas, vale decir, en tanto opuesto al negro, como formando parte de un lenguaje ya organizado.”

Entonces, va diferenciando lo que ocurre en los animales, gracias a la etología, de lo que pasa en las psicosis, en los seres humanos.

¿Qué me clarifica esta lectura? Que no sólo el símbolo se arma en un momento mítico, sino también la imagen. A esta intersección no hay que buscarla desde lo evolutivo. No es evolutiva, o se ingresa el símbolo o no se ingresa.

 

Público: En ese sentido, ¿lo que hace signo en este caso, la imagen –lo rojo-, ya es un lenguaje presente en nosotros?

 

Inés Contreras: Claro, “el psicótico habla” dice Lacan. También ingresa en el lenguaje. ¿Dónde está la diferencia entonces? Esa es la tarea nuestra con el diagnóstico diferencial.

Tenemos que ver si podemos encontrar o escuchar en esas frases, palabras, que nos trae el paciente, el punto de almohadillado, los abrochamientos. Tenemos que estar atentos a la metáfora y la metonimia. Lacan dice que a veces escuchamos una metonimia que va y va, pero no hay que apurarse a decir que es una psicosis. Hay que ver en el tratamiento cómo va a trabajar ese símbolo que trae, que a veces puede estar agarrado con un alfiler, para decir de alguna manera.

Por eso, repito lo del principio, no es que se trate de una patología de lo imaginario, una patología de lo real o una patología de lo simbólico. Si nos toca la tarea de hacer el diagnóstico diferencial desde lo que escuchamos, pudiendo ver si esto de la imagen se ha engarzado con el lenguaje, que no ha quedado una imagen pura como en el petirrojo o “el auto rojo quiere decir algo”, hay que ver cuál es la función que está cumpliendo ese rojo para ese sujeto. Si se va apropiando de las palabras, si va tomando posición sobre lo que dice o pronuncia.

No es que si el psicótico, luego de ir de metonimia en metonimia, forma una metáfora y decimos “listo, ya ingresó en lo simbólico”. Es más, nos pregunta Lacan ¿por qué un psicótico no podría decirnos una metáfora? Puede tomar una poesía y repetirnos la metáfora. Pero ¿cuál es la diferencia? Que no puede dar cuenta, no tiene con qué dar cuenta de esa metáfora porque si se le cambia el orden de las palabras él no las puede explicar. No puede dar cuenta del hilo conductor que es el Nombre del Padre, otro concepto simbólico muy importante a la hora del diagnóstico diferencial. Nosotros podemos creer que es una metáfora.

Público: Pero nosotros estaríamos metaforizando por él.

Inés Contreras: Exacto!

 

Teresita Ruiz: Me parece importante el poder ver que no en todas las psicosis es lo mismo esta relación entre el significado, el significante y la significación. Porque es cierto que a veces hay un sentido fijo y ese es el problema en algunas psicosis, cuando tienden a interpretar cualquier signo o cualquier significante en una sola dirección. En la paranoia, por ejemplo, está esto de que todo lo que le pueda decir determinado otro imaginario, otro de los semejantes que lo miran, el psicótico le atribuye el significado de que están complotando, persiguiéndolo. El otro siempre amenazante de la paranoia.

Entonces, esa fijeza de significado en relación al significante es algo que es mortífero y hay que ver si es posible desoldar un poco, que no quede tan fijo.

En otros casos, y es lo que uno escucha mucho en las psicosis desencadenadas y no desencadenadas, no hay significación. Es decir, ellos están hablando o contando algo que les ha sucedido pero no le pueden atribuir a eso, no diría un sentido porque ellos conocen el significado de las palabras que utilizan, habría que distinguir significado de significación. Entonces, ¿qué significa para ellos? Hay algo de la ausencia de significación. Uno pregunta ¿qué quiere decir esto? y ¿por qué esto? y hay como un vacío en ese punto. No pueden dar cuenta de la significación particular que tiene para ellos.

La cuestión es qué es esa significación con la que el sujeto en algunos casos no cuenta. Porque tampoco hay que creer que un psicótico no tiene significaciones de ningún tipo, ni que no pueda elaborar sentidos, puede hasta implicarse, es decir, implicarse en cuanto a qué significa eso para él. Pero en general hay puntos en los que no cuenta o no puede dar una significación porque no cuenta con la significación fálica. Y son con frecuencia estos puntos en donde se desencadenan, por ejemplo, cuando no cuentan con una significación de qué es un padre. Muchos de los desencadenamientos psicóticos ocurren, por ejemplo, ante fenómenos como la paternidad, ante la maternidad, ante la pérdida de un ser querido, ante la separación de alguien significativo. Es decir, frente a acontecimientos ante los cuales, además por excelencia, no tenemos significación, como: ¿qué es la muerte? ¿Qué es la sexualidad? ¿Qué es el encuentro con una mujer para un hombre, o para una mujer un encuentro con un hombre?

Inés Contreras: Y que es lo que por lo general el neurótico viene a tramitar en la experiencia del análisis.

 

Teresita Ruiz: Lo tramita a través de la significación fálica, entonces, puede dar cuenta y puede inventar un sentido, una significación a eso que no tiene significación.  Porque el sentido y la significación son invenciones que uno hace en las articulaciones. Son esas invenciones las que en el caso de las psicosis sirven para poner un límite a estas irrupciones en el cuerpo, desenfrenadas, que lo invaden. Esa significación que puede inventar lo tranquiliza.

Público: ¿Es algo que él construye o toma de otro?

Teresita Ruiz: No importa, porque todos nos apropiamos de esos significantes, de ese código que es nuestra lengua. Nos apropiamos y hacemos un uso de eso. Que lo tome de otro no importa, lo que interesa es escuchar en eso si se trata de una repetición sin sentido de lo que viene del otro –que puede ser, sobre todo en la alucinaciones donde hay esto de que el significante es un sin sentido que viene a lo real, entonces escucha voces o ve cosas que no tienen sentido-. Después se puede construir, sobre todo en las paranoias, un sentido, pero muchas veces se escuchan frases que no se sabe quién las dice o para qué.

Inés Contreras: Volviendo sobre lo que hacía hincapié al principio, sobre cómo Lacan toma lo de su época, quería leerles algo sobre la influencia del surrealismo. “El surrealismo trabaja en el sentido de crear una lógica de las imágenes en la vida real. Entonces, en el estadio del espejo donde el niño reúne un rasgo de uno, un rasgo de otro, que van unificando pedazos de ideales de distintos Otros simbólicos importantes para el sujeto y que da como resultado esa rara mezcla.” (Rabinovich, D. Lo imaginario, lo simbólico y lo real, 1995).

No hay que ver en el estadio del espejo algo así como una imagen hermosa, perfecta, completa. Son pedazos, un esfuerzo para captarse. Entonces, ahí se rescata lo visual, cómo lo visual va adelante del cuerpo, de toda la maduración del cuerpo. Hay que subrayar que en el estadio del espejo Lacan no dice la mirada, dice lo visual. Todavía no ha agregado la cuestión del goce en la mirada, y cómo esa mirada va a comandar al sujeto. Dice que lo visual le permite captar la imagen por lo que le dice el Otro y demás que va a ir recibiendo. Pero la maduración del cuerpo biológica aún no está, por eso hablamos ahí de prematuración y de momento mítico. En donde algo allí se puede abrochar en ese estado de prematuración o no con los pedazos que toma del estadio del espejo.

También hay otra escuela, “el instituto Warburg, creado por Aby Warburg en Alemania, que se traslada a Inglaterra con la segunda guerra, cuyo representante más conocido es Panofsky, quien trabaja las imágenes en su significación simbólica variable en las determinadas épocas.” (Rabinovich, 1995). Es ahí donde Lacan se separa un poco. “Los famosos estudios de Panofsky sobre el Renacimiento muestran cómo distintas imágenes se repiten, de distintas maneras, en distintos lados, porque forman parte del ordenamiento simbólico de dicha época. Es decir, no se trata de una interpretación de símbolos fijos sino de la ubicación de los símbolos en el contexto de la época y de la cultura en que se producen.” (Rabinovich, 1995).

Entonces, la imagen no es sólo imaginaria, “la imagen tiene además una dimensión simbólica dada por el marco cultural histórico en el que está incluida.” (Rabinovich, 1995) Queda de ese modo la imagen como historizable y no como mera percepción fisiológica, porque ahí es donde va a tomar el concepto de Freud de libido para decir cómo la construcción ésta de lo simbólico se va produciendo. Porque no es sólo por el instinto, como decíamos con la etología. Aquí entra en funcionamiento la libido, va libidinizando las imágenes, las personas, para la construcción de lo que sería lo simbólico.

Eso se va a trasladar al análisis. Es lo que decía antes sobre escuchar ese simbólico un poco flojo o frágil, podríamos decir. Pero si lo escuchamos y como se tramita en el análisis…

Teresita Ruiz: me gustaría agregar algo con respecto a lo visual. En el ultimísimo Lacan he encontrado algo que me ha llamado mucho la atención por cómo lo dice. Rescata la importancia de lo visual, porque esto que dice Inés de lo visual está en los primeros artículos de Lacan donde trabaja el estadio del espejo. Y pareciera que después lo visual ya no tiene tanta importancia y donde lo imaginario, que es ya una articulación más compleja que lo visual, y la mirada además como objeto es posterior. Pero en el ultimísimo Lacan, digo ultimísimo porque es el nombre del curso de Miller, dice que la única manera que encuentra para hacerse idea de lo real es lo visual.

Inés Contreras: Diferenciándolo de la mirada, es lo importante. En el estadio del espejo él subraya esto: ojo que ahí es lo visual y la agresividad. Entonces, está presente lo visual y también esto de lidiar con el semejante, tan actual en la época.

Público: Esta cuestión de lo visual, ¿es lo imaginario? Porque en el texto de Lacan (1953), que hemos estado estudiando, parece haber una relación directa entre imaginario y real.

Inés Contreras: Lacan toma de todas estas teorías, de la lingüística, el surrealismo y demás, pero se corre un poquito ¿por qué? ¿No estará oliendo ya ahí lo real? Él no dice “si todos compartimos un código”. Lacan sabe que hay ahí algo más pero todavía no lo pronuncia.

Público: Justamente, cuando trabajamos el texto en el taller nos reíamos porque cuando lo leímos todos estábamos esperando que hable de lo real, y lo hace recién apenas al final. Y también al principio cuando dice que siempre hay algo que se escapa, que incluso a Freud se le escapaba y no lo pudo aprehender. Pero es curioso como en el texto uno está esperando que nombre lo real y queda como…

Inés Contreras: Alguna vez escuché también que él escribía como había que analizar. Entonces, fíjate el trabajo que nos lleva a hacer. Vamos cercando, aislando, esto no es, esto tampoco.

Teresita Ruiz: Es muy importante poder captar que desde el comienzo de la enseñanza está lo real. Lo que pasa es que le ha ido dado distintos estatutos, tanto que al comienzo es como que apenas lo tocaba. No lo hace jugar o no lo incluye en las elaboraciones que él estaba haciendo en ese momento. Pero eso estaba, había algo ahí, le da un nombre pero todavía no le puede dar un lugar.

 

Inés Contreras: Muy bien, quería terminar con algo que me parece importante con respecto al símbolo. En este texto Lacan habla mucho del tratamiento, de la posición del analista y demás. Dice que el analista ya es un símbolo y que es él el que debe hacer la simbolización del símbolo. Me pareció muy interesante, dice que el símbolo sobrepasa a la palabra, que el análisis es una experiencia privilegiada que se orienta enteramente en un sentido simbólico.

Recuerden que estamos en la primera etapa. Después dice que todo lo que constituye el símbolo, eso que encontramos en la experiencia analítica: los síntomas, la relación edípica, “se trata siempre y esencialmente de los temas más o menos conexos a las relaciones de parentesco, del tema del rey, de la autoridad del amo, y de lo que concierne a la vida y la muerte.” Y dice que todo de lo que allí se trata, son símbolos.

Para Lacan hay una comunidad entre la teoría de lo simbólico y lo del símbolo que toma de la antropología, de la historia del arte, de la lingüística; pero siempre deja un punto de vacilación. Toma todo esto hasta que llega a los desarrollos que Teresita va a hacer ahora.

Teresita Ruiz

Muy bien, como veníamos diciendo la cuestión de lo real está desde el comienzo en la enseñanza de Lacan, no sólo en la última que es cuando desarrolla la teoría de los nudos. Yo voy a hacerles un pequeño rastreo en algunos de los seminarios de Lacan en donde aparece lo real y cómo. No me voy a detener demasiado, pero para que por lo menos ustedes vayan teniendo esa referencia.

En El Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, 1954-5, Lacan plantea lo real como algo externo a la articulación simbólico-imaginaria que él empezaba a hacer en su relectura de Freud.

¿Recuerdan cuando vimos los paradigmas del goce? Bueno, en los primeros paradigmas lo real estaba sin hacerlo operar en la clínica y muy poco en la teoría.

Más adelante, en el seminario de las psicosis, de 1955-6, ahí ya aparece lo real funcionando en el aparato psíquico. ¿Y cómo aparece? a partir de la forclusión del Nombre-del-padre. En este seminario plantea la metáfora paterna para explicar la cuestión de la neurosis y la psicosis. Lacan habla de la metaforización del deseo de la madre y cómo el Nombre-del-padre es el que viene como S2 a sustituir al deseo de la madre y a significarlo, sobre todo diciendo que el deseo de la madre es el falo. Eso permite, a través de esta operación de metaforización, sacar al niño del lugar de objeto de deseo.

Cuando hablamos de deseo de la madre es porque la madre está ya atravesada por la castración, hay algo que a ella le falta y quien viene a colmar esa falta es el niño. Entonces, ¿qué se hace a través de la metáfora? El padre se afirma como portador del falo y lo que la madre quiere es el falo; y aquí el niño es el sustituto del falo. El deseo del hijo, ya lo planteaba Freud, como sustituto del falo, que lo tiene el hombre y ella renuncia o, mejor dicho, acepta a regañadientes el no tenerlo pero se lo procura de otro modo: a través del hombre, es el hombre el que le da, el padre.

Entonces, lo que plantea Lacan aquí es el mecanismo de la forclusión, es decir, que el Nombre-del-padre no opera en la metáfora. Por lo tanto, la sustitución del niño por el falo no es posible y el niño queda como objeto del goce de la madre. Me gusta un término que no se usa, pero que lo he leído en muchos lugares que es la preclusión, que a mí me da una idea mucho más clara de lo que es la forclusión porque el pre indica algo anterior. Entonces, la preclusión implica que no ha sido atrapado, tomado por lo simbólico y lo imaginario. Quiere decir que no ha sido inscripta, a nivel de lo simbólico, la significación fálica que es lo que da el Nombre-del-padre. Si está forcluido quiere decir que no está ni en lo imaginario ni en lo simbólico, está en lo real.

Público: ¿Eso sería que el padre esté en lo real? Porque cuando se habla del padre en Lacan uno siempre lo ubica como simbólico. Cuando se hablaba, en la clase anterior, de un padre real… me sentía un poco descolocado.

 

Teresita Ruiz: Es normal. Quizá sea una forma de nombrarlo, lo que pasa es que son elaboraciones complejas que no se puede simplificar tan rápidamente. En El Seminario 4, La relación de objeto, habla sobre este tema, ahora llego ahí.

Antes quería concluir que en El Seminario 3 y en el escrito de Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan plantea el real de otra manera. Aparece lo real a través de la forclusión del Nombre-del-padre y dice también que lo real es lo que vuelve al mismo lugar, se repite. Plantea que esta repetición de lo real es equivalente a la fijación freudiana. Para Freud fue todo un tema encontrarse con eso que no dejaba de insistir: esa fijación, el goce, el ombligo del sueño. Entonces, Lacan utiliza una metáfora que es la de los astros y plantea que en la antigüedad se dejaban guiar por los astros: uno ve, esté donde esté, que el sol sale, era lo que se repetía, era eso lo real en ese momento. Y cuando algo alteraba esto de los astros se enloquecían –por ejemplo, las profecías del fin del mundo con los eclipses-.

Ya en El seminario 4 plantea tres formas de la falta: privación, frustración y castración; y ahí hace operar al padre real como el agente de la castración. Desarrolla la relación entre la función paterna con cada uno de esos mecanismos: privación, frustración y castración, y concluye que el agente de la castración es el padre real. Y me llamaba la atención porque yo siempre lo pensaba como el padre simbólico. Pero para Lacan es el padre real porque es el padre que nadie puede encarnar, es alguien que puede operar o producir la falta en lo simbólico. La falta en la castración es simbólica porque en lo real no falta nada.

Aquí, a diferencia del seminario 3, ya no restringe la cuestión del Nombre-del-padre sólo a la metáfora y a la forclusión del NP donde aparecería lo real, sino que lo hace entrar al padre como un real.

¿Por qué un padre real? Es difícil para mí explicarlo, pero lo voy a intentar. No hay nadie que pueda encarnar una función tal que haga –y ahí Lacan planteaba que él nunca se conformaba con el mito y trata de despegar al padre de lo mítico y de lo ontológico, nunca se conforma con la simbolización y el lenguaje, había para él algo que todavía no podía formalizar, algo de lo que no podía dar cuenta; y el esfuerzo de él era ir avanzando y forzando las cosas para poder darle otros giros, una especie de avance en espiral o rulo para oponerlo a un avance lineal-, que haga, salvo el padre muerto, de absoluto. ¿Quién puede ocupar ese lugar de absoluto? Entonces, como nadie está al alcance, como nadie puede cumplir acabadamente con la función paterna, le pone real. Es al menos lo que yo entiendo.

 

Público: Yo a la cuestión del padre real lo entendía como el padre de la realidad.

Teresita Ruiz: Esa era una interpretación de muchos analistas y con la que en algún momento se manejaban. Pero cuando se ha ido afinando la lectura de los seminarios de Lacan, han concluido que este padre no era el de la realidad. Pero si se confunde porque ¿cuál es el padre de la realidad? ¿Qué es la realidad? La realidad se plantea a partir de lo simbólico y lo imaginario.

Inés Contreras: Como la cuestión de la percepción-conciencia que se toma desde Freud, en la que se basa mucha gente y generan la teoría del yo. El yo como amo y señor, de que la percepción era lo consciente, pero no era para todos así, no es universal.

Teresita Ruiz: Bien, avanzamos. En El Seminario 5, Las Formaciones del Inconsciente, Lacan habla de los tres tiempos del Edipo. Algo que me resonaba cuando preparaba la clase de hoy era como se repite el número tres: son tres formas de la falta, tres tiempos del Edipo y luego tres registros. Todo parte, como les decía anteriormente, del esfuerzo de Lacan por precisar, rodear, cernir eso que escapaba a lo imaginario-simbólico y que como no se sabía muy bien qué era le dice real.

Se nota el esfuerzo en estos primeros años de la enseñanza en despegarse del mito y pasar a la lógica o a los símbolos matemáticos. Pone mucho esfuerzo en la simbolización pero ya no en la mitologización, que es lo que Freud había encontrado para explicar lo que veía en la clínica. El único modo de tener acceso a lo real o al goce es a partir de la palabra, es decir, de la simbolización y la elaboración que uno va haciendo en el análisis desde el comienzo. Ahora, si uno tiene en el horizonte algo que no pasa por ahí, que no pasa por las historias que nos contamos acerca de nuestros orígenes y de las causas de nuestros sufrimientos, si uno tiene en el horizonte que no es sólo eso, que hay algo que tiene que ver con un innombrable, con cómo uno, en esa insondable decisión del ser, ha tomado del Otro del lenguaje y cómo eso ha impactado en uno. Qué de eso lo toca a uno y qué hace uno con eso. Es decir, no es solo un “me han querido mucho o poco, tonta o inteligente, etc.” sino cómo eso impacta en el cuerpo, lo cual es un misterio. Me encanta esa expresión, porque uno a veces tiene la locura de querer saber todo y no es así, hay cosas que no se sabe por qué. Con el autismo pasa algo de eso, hay puntos donde hay que aceptar, al menos provisoriamente, un “no sé”. Lacan mismo consideraba que había muchas cosas que no sabía y por eso define lo real como lo imposible, es decir que sólo vamos a poder decir algo de eso, no todo.

Público: O como una experiencia.

 

Teresita Ruiz: Exacto, esa es otra forma de nombrarlo, una experiencia. Es como lo explicaba Inés. Lacan, al igual que los genios que conocemos en la cultura, sabía tomar algo de la civilización para hacer algo propio. Lo real es algo que toma de la filosofía, del polaco Émile Meyerson. En esta época los filósofos estaban muy ocupados preguntándose qué era lo absoluto, lo ontológicamente absoluto, la verdadera cosa en sí. Eran los filósofos los que estaban discutiendo sobre lo real, que era para ellos el absoluto ontológico. Yo me preguntaba de dónde saca Lacan el término de real, ¿por qué no usa otro término, por qué elige este que se confunde tanto con realidad? Entonces, rastreando me encuentro que lo toma de Meyerson. Y el sinthome es eso. Una de las definiciones que da Miller del sinthome: “es una tautología de lo singular”, la cosa en sí, lo absoluto o incomparable. Si es incomparable, ¿qué más decir sobre eso más que decir lo mismo? por eso es tautología. Es lo más singular, lo único. Aunque aclaro que el sinthome no es lo real, pero toca lo real, ya lo vamos a ver en la articulación de los nudos.

Por eso toma a Joyce, porque dice que él hace algo único, incomparable. Cada uno tiene su punto de real, cada cultura incluso tiene su punto de real y de incomparable. Y lo incomparable es innombrable porque para nombrar se necesita la lógica de la oposición. Uno debe tener dos elementos para poder hacerlos existir, no es sólo uno sino dos. La lógica del significante es una lógica binaria.

Público: Hay un texto de Freud que ya habla de eso: El doble sentido antitético de las palabras primitivas.

Teresita Ruiz: Tal cual. Después Levi Strauss lo retoma y luego Lacan lo retoma de Levi Strauss. Lo que Levi Strauss decía es ¿cómo podemos decir noche si no existe el día? Es decir, uno necesita la oposición, el par. En cambio, esto es lo que no hay cuando hablamos de lo absoluto e incomparable.

Público: En cuanto a esa discusión entre el padre real y la realidad, y sobre lo que hablaba de dónde saca Lacan el concepto de real, en el nombre de surrealismo se puede tomar el “su” como lo único, como “su real”, y el “ismo” es una tendencia de orientación innovadora, principalmente en las artes, que se opone a lo ya existente.

Teresita Ruiz: Que interesante, porque esto que planteas da pie para seguir por esta misma línea. Los filósofos estaban pensando sobre qué era lo real y había toda una corriente de pensamiento y artística como el surrealismo que ya lo había introducido Inés.

Continuemos. Estábamos hablando del seminario 5 pero vamos a hacer un salto, para que no se extienda demasiado. En El Seminario 10, por ejemplo, Lacan empieza a construir ya lo que él denomina –creo que en El Seminario 11– su propia creación, su propio concepto, que es el objeto a; con lo que empieza a separare de Freud. El objeto a, en este momento, es algo que se acerca mucho a lo real. No es exactamente lo real pero es muy afín, y aparece la angustia como una orientación, una señal o, como digo yo, una vía regia –así como el sueño es la vía regia del inconsciente- hacia lo real.

La angustia, el único afecto que no engaña acerca de lo real. En este vacío de significación y de imagen, lo único que nos guía es la angustia. En este seminario, Lacan va encontrando maneras de cernir o acotar algo de esto que al principio quedaba como excluido de sus elaboraciones y le da el nombre de objeto a. Es otro intento de atrapar eso innombrable.

Hasta El Seminario 20 –así como hasta El Seminario 10 podría decirse que es la primera enseñanza- se puede hablar de la segunda enseñanza, en donde ya lo real está mucho más trabajado con la cuestión del objeto y donde lo simbólico ya no tenía el mismo peso que antes.

Aquí lo que plantea es que hay goce, que lo más importante no es lo simbólico, sino que a lo que hay que atender es a eso que no es simbolizable. Lacan sostiene que lo que hay es el goce y que lo demás son invenciones, por lo tanto casi todo pasa a la categoría de semblante. Es decir, el falo, el Nombre-del-padre, el amor, todo pasa a la categoría de semblante porque lo único que verdaderamente hay es el goce.

Se puede ver como a lo largo de toda su enseñanza va intentado precisar esto. El Seminario 20, al igual que el 11 son bisagras en este sentido. Y en especial el 20, porque hasta el 17, por ejemplo, estaba articulado el goce con los discursos. El goce era un goce discursivo, había relación entre lo simbólico y lo real. Pero en El Seminario 20 ya no hay relación.

Público: La relación que se ve en El seminario 20 es la del goce sentido, en el propio cuerpo. Cómo el significante muerde el cuerpo y hace signo en un goce particular, circular.

Teresita Ruiz: Claro, pero el goce-sentido, hay que tener presente, es porque se siente en el cuerpo, no es el sentido de la significación o el sentido de lo simbólico.

Público: Se ve mucho de esto en el autismo, donde hay un goce sentido, una mordedura del significante. Y de lo que se trata, entonces, es que se pueda mover algo de ese goce-sentido por otros y articular algo que sólo se puede a través de lo simbólico.

Público: En este sentido, ¿se puede decir que la angustia es el goce? Por lo que decías de que todo lo demás es semblante ¿qué es lo que no sería un semblante, la angustia?

Teresita Ruíz: Lo real no es semblante. La angustia es un afecto que indica que ahí hay un real que no ha sido elaborado o atrapado por lo simbólico y de lo que uno no puede decir nada. Entonces, sí tienen que ver, pero no podríamos decir que la angustia es lo real. La angustia está muy en el cuerpo, para mí la angustia está entre lo imaginario y lo real. Indica que ahí está lo real pero se siente en el cuerpo, que es lo imaginario. Por lo tanto, la angustia es lo que nos va a ir acercando a lo traumático, a lo que hace sufrir al sujeto, porque lo hace sufrir eso que no ha podido ser atrapado.

Hasta aquí El Seminario 20. En El seminario 22, RSI, parte ya de la ultimísima enseñanza junto con el 23 y La tercera que es una ponencia de Lacan. Aquí ya se plantea la cuestión del nudo borromeo. Entramos primero al nudo de tres.

Pero antes de avanzar, me gustaría decir algo más sobre lo que venimos diciendo de lo real. Primero, que hay una equivalencia entre los tres registros, lo cual es fundamental. Ya no hay una primacía de lo simbólico, como en la mayor parte de su enseñanza, sino que los tres registros tienen un mismo valor. Y los registros son las formas con las que uno estructura su percepción del mundo, la realidad. Es el modo de enmarcar todo lo que existe. Yo lo entiendo como las tres dimensiones del espacio: profundidad, ancho y largo. Sin esto este mundo, que es tridimensional, no existiría, no sería posible captar o decir algo de la realidad humana. Todo lo que tiene que ver con la realidad es virtual o, como él lo dice, ilusorio, ficcional.

Otra cosa que quería mencionar, aunque creo que ya lo había dicho Inés, es que lo imaginario tiene que ver con la consistencia y con el cuerpo. Y una noción, que no he podido rastrear muy bien para explicarla pero veamos si lo podemos trabajar juntos, la de lo simbólico que muchas veces es planteado como un agujero o falso agujero ¿Por qué un agujero? Lo simbólico que es el registro del universo de los significantes, de las palabras, del lenguaje y sin embargo en algunos lugares se habla de lo simbólico como falso agujero. Me parece que puede tener que ver este agujero con la falta, es decir, tenemos todo este universo simbólico y sin embargo algo siempre falta, algo que no se puede decir.

Inés Contreras: Quizá tiene que ver con cómo él viene avanzando desde la teoría freudiana. Es como que el sueño de los científicos de la época era llegar a algo, a un punto que sirva para todos. En cambio Lacan siempre va a dudar de ese para todos que quiere la ciencia, siempre hay algo más.

Público: ¿No tiene que ver con el ingreso del lenguaje que siempre deja un agujero?

Teresita Ruíz: Yo también intentaba pensarlo así, pero el agujero que hace es un agujero en lo real, introduce una falta en lo real. Pero al mismo tiempo es cierto que no está todo simbolizado. Y cuando veamos la intersección de los registros vamos a ver que hay en lo simbólico una intersección con lo real. Es raro, tampoco es lo mismo falta que agujero.

Público: Es raro lo simbólico como agujero, porque siempre lo simbólico es lo que bordea al agujero.

Público: Puede tener que ver también con cómo lo simbólico siempre hace agujero en el cuerpo, agujerea el cuerpo.

Teresita Ruíz: Si, esa es la función de lo simbólico, agujerear. Pero ¿por qué lo simbólico como agujero? Es algo que me queda en suspenso.

Bien, ahora me gustaría darles algunas definiciones sobre lo real. ¿Qué más es lo real? Es la pérdida de la naturalidad entre los sexos, es decir, que no hay una complementariedad como en los animales. El animal sabe muy bien cómo relacionarse con el otro sexo, en cambio los humanos no sabemos y vamos tomando de los otros orientaciones, construcciones, pero nunca se logra la complementariedad, siempre algo va a fallar.

Son modos de nombrar lo real: la no complementariedad entre los sexos, el no hay relación sexual. Es un modo de decir lo real en un sentido universal, porque para todos los seres hablantes hay una pérdida de naturalidad entre los sexos.

Un modo más particular de decir lo real es tomando las estructuras clínicas donde siempre hay un real en juego. Hay que ver cuál es ese real en juego de un modo más particular. Y lo más singular, por supuesto, es el sinthome. También aquí hay que aclarar que el sinthome no es lo real, pero articula.

¿Por qué histeria, obsesión, psicosis? ¿Por qué tienen que ver con lo real? Lo más interesante en cuanto a los registros es que a través de ellos uno puede releer todo, por eso son tan operativos. Nos sirven para leer todo lo que sucede, por eso hacía referencia a lo del espacio, donde uno no puede hacer referencia sin tener en cuenta la altura, el ancho y la profundidad.

Inés Contreras: Y además que están presentes desde el inicio de la enseñanza hasta el final.

Público: En cuanto a lo más singular de un sujeto se puede pensar la huella dactilar.

Teresita Ruíz: ¡Claro! Podríamos decir, entonces, que en un análisis lo que uno busca es la huella más singular de cada sujeto. De todos modos, la huella y el sinthome recorren los tres registros, tienen algo de real, algo de imaginario y algo de simbólico. Es pertinente, sin embargo, decir que se trata de lo más propio.

Se darán cuenta que mientras más intentamos decir qué es lo real, más decimos lo que no es. La muerte, el trauma, son los reales con los que siempre nos confrontamos y es lo que uno, en el análisis, intenta siempre bordear desde las palabras.

Otra definición es la de lo indeterminado o incontrolable, como el azar. La paradoja es que es un “no fundamento” inmanente al lenguaje, es decir, para que tengamos el lenguaje tiene que haber algo que no exista. Porque si no hay algo que no exista, no habría la existencia.

Pasemos a la teoría de los nudos. Lacan la plantea para decir: los sujetos se sostienen de estos anudamientos entre los registros simbólico, imaginario y real, de lo contrario no podríamos sostenernos en este mundo. Estamos articulados por esto: imagen (cuerpo), simbólico (lenguaje) y real (sin lo cual no existiría lo demás).

Entonces, ¿cómo representar esta unidad –no sé si sería la palabra adecuada-, esta articulación impuesta por ser seres hablantes? Bueno, Lacan toma los anillos borromeos. Estos anillos existían desde hace mucho.

Se lo vincula al uso que le daban los vikingos. También se lo usaba para representar a la santísima trinidad. Estos nudos borromeos era un tema que ha desvelado tanto a filósofos como a matemáticos por lo operativo que eran. De hecho, en el 2003, unos químicos crearon una molécula de 2,5 nanómetros –nanómetro es la millonésima parte del metro- y la pudieron hacer uniendo las moléculas de modo borromeo. Actualmente se investiga la aplicación del modelo borromeo en la electrónica. Todo esto es para que vean lo vigente que se ha mantenido el tema.

¿Cuál es la propiedad del nudo borromeo?  El nudo borromeo es indisoluble, salvo que se corte uno. Si se corta uno se sueltan todos. La unión hace a la fuerza. Se la llama propiedad bruneana, por ser Borromi quien descubre que lo característico es ese anudamiento indisoluble. Lacan plantea este modelo, en el seminario RSI, para la estructura de las neurosis como algo indisoluble, nudo irrompible. Es decir, en los neuróticos los registros no se nos sueltan, es esta articulación una armadura que nos sostiene en este mundo.

En El Seminario 23 ya no plantea los nudos como anillos rígidos, sino que son flexibles. Estos anillos como tales, no existen en la realidad. Son una ficción, porque los anillos no pueden intersectarse como éstos que nos muestra Lacan en el seminario del sinthome. Aquí ya no plantea a los tres registros en las neurosis como indisolubles, porque además en esta última enseñanza la cuestión de las neurosis, las psicosis y la perversión ya no son categorías con una relevancia importante. En este momento él intenta mostrar la articulación de estos tres registros en el ser humano. Y la forma en que se van a presentar las psicosis tiene más bien que ver con cómo se van anudando. ¿Por qué? Aquí los anillos aparecen como superpuestos, ya no anudados al modo borromeo. En el modo borromeo están todos intersectados, ahora están apilados, superpuestos, y aparece el sinthome como un equivalente a lo que en un momento era el Edipo o los nombres del padre.

Vemos que hay una reubicación de muchos de nuestros conceptos. Por ejemplo, el cuerpo sigue en lo imaginario pero intersectado por los otros registros, ya no se lo puede pensar desde una sola dimensión. El sentido también se relocaliza entre lo imaginario y lo simbólico, etc.

En fin, los tres registros nos sirven para poder ubicar toda la enseñanza, es lo que los vuelve tan interesantes. Es importante observar cómo sigue presente este esfuerzo, por parte de Lacan, por ir atrapando a través de esquemas, gráficos, nudos, algo de esto innombrable. Si antes se trataba de anillos, ahora de lo que se trata es de cuerdas; y el sinthome se ubica ahora como la cuarta cuerda, como el que anuda a los tres registros. El sinthome no es lo real, ni lo imaginario, ni lo simbólico, sino los tres. Lacan plantea que la estructura de este anudamiento es real. ¿Qué quiere decir con esto? Que no existe como consistencia o como materialidad. Nosotros usamos anillos, cuerdas, etc. para poder estudiarlo o ponerle palabras, pero no deja de ser una representación. La estructura de ese anudamiento es real. Entonces, lo que uno hace en el análisis fundamentalmente es captar primero el goce y el objeto a que está atrapado. Por eso uno, a partir de las palabras y del cuerpo –porque no es sin el cuerpo que uno va al analista-, intenta apresar algo, poder nombrar algo, poder decir cuál es el modo de goce pulsional. Ese goce pulsional, como está en intersección, participa o tiene algo de simbólico, algo de imaginario y algo de real.

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Notas sobre el Seminario X. Francisco Ruiz

Notas sobre el Seminario X (Reseña, comentario y preguntas)*.- Francisco Ruiz

“Este objeto a no está tranquilo

¿o habrá que decir mas bien: pudiera ser

que no les dejase tranquilo?”

(J. Lacan, 1965)

Dictado en el año 1964, este seminario sale bajo el establecimiento de Miller en el 2004. ¿Qué sucedía en los años 2003 y 2004 en Francia? Lo que nos dicen estos artículos seleccionados es que la Dirección General de Salud solicita al INSERM (Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica) la realización de una evaluación de diferentes psicoterapias aplicadas al cuidado de los trastornos mentales. El propósito es evaluar la eficacia de los tres grupos de psicoterapias: psicoanálisis, terapia cognitiva comportamental y terapias de parejas. El estudio da como resultado, entre otras cosas, la escasa y ninguna eficacia del psicoanálisis.

También tenemos en estos dos años, la “enmienda Accoyer”, que implica un plan de acción global que pretende imponer un orden en la Salud Mental en Francia, en beneficios de las clínicas privadas.

Ambos propósitos de imponer un orden en salud mental, por parte del INSERM y de la enmienda Accoyer, implican según lo referido en estos artículos la clara intención de  impedir la práctica del psicoanálisis, y a favor de intereses económicos en conjunción con determinadas ciencias.

Durante esos dos años, 2003-2004, Miller dedica su curso anual de Orientación Lacaniana al estudio de estos acontecimientos, impulsando los debates a nivel público y liderando al mismo tiempo el foro de los psi, formado por psicoanalistas, psicólogos y psiquiatras. “Psicoanálisis y política” constituye una compilación de las clases 6ª, 7ª y 13ª de las veinte clases que componen dicho curso. Es en la clase 15ª en donde Miller muestra a los asistentes un ejemplar del Seminario X.

La respuesta de Miller ante este contexto de evaluación se hace escuchar en un diario de Francia: “…el síntoma en sentido analítico no es objetivo, y no puede ser apreciado desde el exterior; la evaluación misma de la curación es también tributaria del testimonio del paciente”. Entonces, el establecimiento del seminario es la respuesta desde el psicoanálisis a la demanda de evaluación.

A partir de esta reseña surgen preguntas:

¿De qué se habla en el Seminario X, La angustia? Lacan en el cap. VIII dice que la angustia nos conduce hacia un objeto, el objeto a (1). Solo es posible hablar del objeto a partiendo de la angustia. La angustia, dice Lacan, es la única traducción subjetiva del objeto a.

 

¿Qué es el objeto para el psicoanálisis? O bien, ¿qué era el objeto en psicoanálisis antes del Seminario X? ¿Es el Seminario X, dictado allá en 1964 una respuesta ante algo? ¿Cuál es la concepción de objeto que se reelabora en el Seminario X?

La noción de “objeto”, es decir, aquello que definimos como un “objeto” es distinto según el lugar desde lo consideremos. Podríamos tener una noción si estamos en psicoanálisis. Podríamos tener otra noción distinta si estamos en el sentido común. Desde el sentido común podríamos decir: “…puedo conocer las cosas como son,…puedo entender lo que dices,….puedo saber qué tiene que tener una persona para que sea mi objeto de amor,…etc.”

Pero el psicoanálisis tiene otra consideración del objeto. Dice Lacan en el Seminario IV, Las relaciones de objeto, que para Freud el encuentro del hombre con el “objeto” es una continuación de una tendencia vinculada a un objeto perdido, un objeto que hay que volver a encontrar. Sujeto y objeto entonces se unen por una nostalgia y entre ambos habrá siempre una tensión, una relación profundamente conflictiva del sujeto con su mundo.

Esta consideración de Lacan sobre el objeto ya establece de por sí una ruptura con la teoría de las relaciones de objeto ideal, perfecto, que se venía manejando en la época de este seminario IV. Lacan critica esta noción de objeto ideal ya que nos conduciría a una fase de normalización del sujeto. La relación entre el sujeto y el objeto, por el contrario, está marcada siempre por una brecha, por una hiancia que impide la normalización de esta relación.

Este seminario IV es de 1957. El seminario X, de 1964. Sin embargo ya en el primero está el objeto y el sujeto en una tensión estructural. Ya ahí el psicoanálisis se desprende de toda práctica de normalización y por lo tanto de evaluación.

Notas:

-1º Miller, en Recorrido de Lacan, articula el objeto a al goce. Goce entendido como satisfacción de la pulsión, diferente del placer y que implica también al dolor.

-Boletín nº 1 del Foro Psi Americano – G. Brodski (NEL)

-Manifiesto Psy, Noviembre del 2003 – JAM (psicomundo.net)

-De la utilidad social de la escucha – JAM (AMP)

-Seminario X. Pag. 113

-Notas introductorias al estudio del objeto a en el Seminario X –  Carmelo Licitra Rosa

 (AMP)

– Psicoanálisis y política – JAM

 

*Aporte realizado en 2007 en ocasión del seminario anual del CID Sgo del Estero.

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RIEN. -María Amesteguí

RIEN. -María Amestegui

Quisiera detenerme en ese que Lacan aísla, en el caso el hombre de los sesos frescos  trabajado en La Dirección de la Cura, al respecto nos dice: «no es que el paciente no robe lo que importa…es que roba nada… no es su defensa contra la idea de robar lo que le hace creer que roba. Es que pueda tener una idea propia de lo que no tiene ni la menor idea o apenas…”.  Clasifica al caso como anorexia mental en cuanto al deseo del que vive la idea.

            En este caso el robar el objeto nada le permite al sujeto no tener una idea propia donde ponga en juego su deseo, ya que rien es el único objeto a que no es causa de deseo, por esa vía le posibilita al sujeto seguir alienado al Otro, rechazando el destete como trauma inasimilable.

*Integrante del CID Santiago del Estero

Bibliografía

-Lacan, Jaques. “La dirección de la cura y los principios de su poder”. 1958. Escritos 2. Editorial Siglo XXI.

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Un cuerpo, un afecto. – Ibañez Carlos Sebastián

Un cuerpo, un afecto. - Ibañez Carlos Sebastián

En reiteradas ocasiones nos encontramos en nuestra práctica clínica, en  presencia de cuerpos con sus distintas manifestaciones: cansados, adormecidos, doloridos, afectados por fenómenos psicosomáticos etc. Siendo el rasgo más común, que los sujetos no logran asociar o relacionar  dichas manifestaciones  con nada de lo que les sucede en su vida, en su acontecer psíquico, en su historia singular, tornándose el mismo en algo enigmático y padeciente, muchas veces encallados solamente en la queja por el dolor físico y orgánico.

Pero las preguntas que nos interpela son ¿Cuál sería la apuesta del psicoanálisis frente a estos cuerpos? ¿Qué nuevo estatuto para estos cuerpos?

En primer lugar  el psicoanálisis nos enseña de la importancia  de hacer  advenir allí un sujeto, es decir, que  esta noción de sujeto no es algo que esté dado de entrada, no va de suyo, sino más bien es algo a construir, a hacer existir. ¿Qué es un sujeto? El sujeto del que hablamos en psicoanálisis es un sujeto  dividido, entre lo que dice y lo que hace, entre lo que enuncia y su enunciación, un sujeto que dice cosas más allá de lo que cree decir.  Jacques Alain Miller psicoanalista francés dirá al respecto (…) El sujeto es esa caja vacía, es ese lugar vacío donde se inscriben esas modalizaciones. Ese vacío encarna ese lugar de su propia ignorancia (…), (…) Y en este sentido el lugar de la enunciación es el propio lugar del inconsciente (…).

No obstante la apuesta de un análisis no es únicamente la de hacer advenir un sujeto dividido, barrado, afectado por algo de lo cual no sabe sino también, tal vez en un momento posterior y según la lógica de una cura, la de conectar un sujeto  a un saber supuesto, es decir, que pueda construir un saber, allí donde desconoce. Un saber sobre ese cuerpo afectado seria la apuesta de un análisis, afectado por el significante y sus consecuencias como marcas de goce.

 En relación a esto se abren otros interrogantes ¿Cómo posibilitar el pasaje de un dolor orgánico: dolor en pecho, sensaciones de asfixia, dolores de cabeza variados, reacciones en la piel y otros innumerables síntomas físicos, a “un decir” en el cuerpo?, ¿Cómo hacer de esos dolores  signo de otra cosa? ¿No es acaso ese displacer, como lo nombró Freud,  y que conocemos en psicoanálisis como angustia lo que hace de ese organismo un cuerpo Otro? ¿Acaso no estamos llamados en nuestra ética, que es la ética del psicoanálisis, a diferenciar, discriminar el dolor físico, de la angustia en la clínica de estos cuerpos?, ¿Acaso un análisis no nos enseñaría a aprender a leer  esos cuerpos y sus acontecimientos?

Pero para aprender a leer el cuerpo, en los trazos y caminos de un análisis será condición de que un sujeto, se percate que ese dolor como mera queja de un disfuncionamiento físico y/u orgánico, es signo de la presencia de angustia. Realizar ese pasaje, ese viraje será una apuesta en un análisis. Digo trazos haciendo alusión a lo que se “traza”, a lo que se “contornea”, a lo que está “entre bordes”, es decir, que desde esa marca de un sujeto, marca que inscribe una modalidad de  goce, desde ahí se pueda trazar un borde al mismo.

Freud nos dice que la angustia es lo difícil de “aprender”, con Lacan comprendemos de que  solo se la bordea, no se la puede eliminar.

Lacan nos dirá que la angustia se siente en el cuerpo, es a través del cuerpo que tenemos registro de la angustia,  por ejemplo la relación de causalidad es inmediata entre un nudo en la garganta y una situación de examen, pero en el caso de las enfermedades físicas la relación tal vez es menos evidente. Con Freud  se descubrió que el cuerpo habla  y “donde eso habla goza”. El cuerpo humano está hecho de “sustancia gozante”,  con Lacan asistimos a la idea de que “un cuerpo se goza”, es decir, que gozamos porque tenemos un cuerpo y la angustia es signo de ese cuerpo gozante. Este cuerpo que habla, por el solo hecho de hablar ya supone una relación desde el momento que alguien viene a consultarnos, habla de una relación que ya no es solamente a nivel del cuerpo anatómico,  si alguien viene a contarnos sobre los malestares en su cuerpo es porque  partimos de la base y suposición de que hay allí una relación de ese cuerpo a un Otro, algo está puesto en palabras en ese cuerpo y se dirige a un Otro.

 Para hacer advenir en el horizonte del discurso de un sujeto la presencia de la angustia, es condición sine qua non introducir la presencia y la relación al Otro en ese malestar físico del que se queja, hacer de ese dolor físico el efecto de las marcas del Otro, incidencias de las palabras sobre el cuerpo. Para ilustrar esto, tomaré un fragmento del testimonio del pase de Mauricio Tarrab, analista de  la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana), el cual comenta que  a propósito de “una angustia ligada al temor de morir joven, de un ataque al corazón y dejar huérfana a su hija”,  angustia que lo llevo a su primer análisis, del cual dirá (…) De inmediato un recuerdo precipita la construcción del fantasma. Es el recuerdo de un episodio de la vida de mi padre, quien en su infancia estuvo a punto de morir por una enfermedad pulmonar y que para recuperar el uso de  sus pulmones debía inflar con su soplido la cámara de una pelota de futbol (…). (…) Ser el soplo que le faltaba al padre. La fórmula identifica el ser del sujeto y define el objeto (…). (…) Un recuerdo lo mostraba casi a la letra: cuando el padre dormía la siesta el niño se acostaba a su lado atento a su respiración, en un juego donde se trataba de igualar su respiración a la del padre vigilando que la de este, no se interrumpiera (…) Se puede observar que esta fórmula de identificación, que como lo menciona el testimoniante le acarreaba una serie de síntomas como parálisis,  sensación de asfixia, y fobia en su infancia, ubicando un decir en su cuerpo.

Efectos  que como vemos, tienen como consecuencias un afecto que es la angustia, afecto que como dice Lacan “no engaña” y por lo tanto señal de lo real. Lo real en psicoanálisis es lo que no se deja tramitar ni dominar por el mundo simbólico de un sujeto, se presenta en la vida de alguien como una suerte de “palo  en la rueda” para que las cosas “no anden”, tiene la característica de una exigencia pulsional que produce una variedad de síntomas, inhibiciones, malestares y sobre todo angustia.

 Por lo tanto bordear esa angustia en un análisis, tramitarla, tendrá consecuencias en ese cuerpo gozante.

  • Integrante de CID Santiago del Estero.

 

Bibliografía

 

  • Jacques Alain-Miller, Introducción al método psicoanalítico. “Diagnostico psicoanalítico y localización subjetiva”. Paidós , 2012
  • Jacques Lacan, seminario “A Jakobson” .Paidós, 1975
  • Jacques Lacan, seminario La angustia, “Lo que no engaña” .Paidós, 2007
  • Mauricio Tarrab, Entre relámpago y escritura, testimonios de pase y otros textos. “Y el soplo de vuelve signo”. Grama, 2017

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Clase n°2: «NEUROSIS, REPRESIÓN Y DEFENSA» Docentes: Gabriela Agostinelli, Sabrina Romera, Sebastián Ibañez.*

Clase n°2: "NEUROSIS, REPRESIÓN Y DEFENSA" Docentes: Gabriela Agostinelli, Sabrina Romera, Sebastián Ibañez.*

1° parte

Por Sabrina Romera

La primer referencia al tema se hará en relación a Freud, tomando un texto perteneciente al tomo Estudios sobre la histeria de 1893, llamado Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar. En este texto Freud se halla investigando, junto a Breuer, qué es lo que ocasiona las formas y los síntomas histéricos, lo que lo lleva a desarrollar una primera noción de trauma, constituyéndose esto como una primera etapa en Freud. En relación a los desencadenantes de los síntomas histéricos, dirá que “suelen tratarse de vivencias que al enfermo le resultan desagradables comentar, pero principalmente, a que en realidad no las recuerda, y hartas veces ni vislumbra el nexo causal entre el proceso ocasionador y el fenómeno patológico”.

Hay un factor accidental, un trauma psíquico, que comanda la patología de la histérica y establece una analogía con las neurosis traumáticas, en cuanto al afecto de horror, de angustia, vergüenza, dolor psíquico que puede ocasionar una vivencia.

El trauma psíquico, entonces, sería el agente provocador que desencadenaría el síntoma. El trauma, o su recuerdo, dirá Freud que “obra al modo de un cuerpo extraño que aún mucho tiempo después de su intrusión tiene que ser considerado como de eficacia presente”.

En este período, Freud se encuentra aún experimentando con el método de la hipnosis, a la cual le da todo su valor sosteniendo que “los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida y sin retornar cuando se conseguía despertar el recuerdo del proceso ocasionador, convocando al mismo tiempo el afecto acompañante, y cuando luego el enfermo describía ese proceso de la manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto. Un recordar no acompañado de afecto es casi siempre totalmente ineficaz”.

Este recuerdo que Freud quiere despertar a través de la hipnosis, ese nexo, corresponde a esos traumas que, dice, no han sido suficientemente abreaccionados. No se lo abreaccionó o no ingresó a la cadena asociativa.

¿De qué depende la pérdida de afectividad de un recuerdo? Depende de muchos factores, pero lo que más importa, dice Freud, es si frente al hecho se tuvo o no reacción, si frente a una determinada vivencia el afecto fue sofocado, ya sea por la naturaleza del trauma –por ejemplo, la muerte de un persona amada– o por el estado psíquico en el cual sobrevino la vivencia -por ejemplo, un estado paralizante, de terror, que imposibilitó reaccionar frente a lo que sucedía-. “Ambas clases de condiciones pueden desde luego conjugarse, y lo hacen a menudo”.

En el primer caso, cuando se tuvo reacción frente al hecho, dirá Freud que también puede tratarse de cosas que el enfermo, por la naturaleza misma del trauma, quería olvidar y por eso “adrede” las reprimió, desalojó, de su pensar consciente, las inhibió y sofocó. Es la primera vez que aparece el verbo reprimir con el sentido que luego tendrá para el psicoanálisis, pero es un período en que represión es empleado como equivalente de defensa. Hasta aquí entonces, represión y defensa son equivalentes, y el verbo reprimir va acompañado por un adverbio en sentido de “adrede”, “intencionalmente”. El acto de represión es introducido por un empeño voluntario, hay un motivo, lo que no implica que haya una intención consciente. La represión entonces es entendida más bien como un “querer olvidar”.

Respecto al segundo caso, el estado psíquico en que sobrevino el trauma, lo lleva a diferenciar en la histeria un estado de conciencia normal y otro patológico. Lo cual le permite hablar de una escisión de la consciencia, una doble consciencia, que existe de manera rudimentaria en toda histeria. El fenómeno básico de toda histeria entonces es la inclinación hacia la disociación.

Pasamos ahora al siguiente texto con el que se trabajó, titulado Sobre la psicoterapia de la histérica del año 1895, también en el mismo tomo, donde Freud se va a referir a la noción de defensa concretamente, sin distinguir claramente este concepto del de represión.

Respecto de la defensa dirá que surge frente a una representación que resulta inconciliable para el enfermo. Son representaciones patógenas, “de naturaleza penosa, aptas para provocar los afectos de la vergüenza, el reproche, el dolor psíquico, la sensación de un menoscabo, todas ellas de tal índole que a uno le gustaría no haberlas vivenciado, preferiría olvidarlas”. ¿De qué se defiende el enfermo? De una representación inconciliable, dirá, que provocó una fuerza de repulsión del lado del yo.

Luego, esta defensa prevaleció de hecho y la representación correspondiente fue esforzada afuera de la consciencia y del recuerdo. Así, en apariencia, era ya imposible pesquisar su huella psíquica. La representación entonces se habría vuelto patógena a causa de la expulsión y represión, -dirá, esfuerzo de desalojo-. Y más adelante agrega que el no saber de los histéricos era en verdad un “no querer saber, más o menos consciente y la tarea del terapeuta consistía en superar esa resistencia de asociación mediante un trabajo psíquico.”

Si en el texto anterior entonces se hablaba de un querer olvidar, aquí podemos nombrarlo como un “no querer saber”.

Más adelante en su texto, estamos ahora en la página 286 donde se refiere a estas resistencias, especialmente a los casos en que aparece bajo la forma de un menosprecio, en el sentido de “ahora se me ha ocurrido algo pero no vale para nada”, esto no es importante, etc. Dirá que en estos casos siempre se debe agudizar de manera especial el oído, ya que es, en efecto, signo de “una defensa lograda” y agrega: “De ahí que uno pueda inferir en qué consistió el proceso de la defensa: en tornar débil la representación fuerte, arrancarle el afecto”.

Tenemos entonces hasta aquí el “no querer saber” y esto último que agrega, “arrancarle el afecto” a la representación como el proceso de la defensa.

Vamos ahora al texto Representaciones inconscientes e insusceptible de consciencia. Escisión de la psique. Este texto tiene su importancia ya que aquí va a plantear una diferencia con respecto a lo que se vio en la Comunicación preliminar, donde hablaba de una doble consciencia en los casos de histeria. Lo importante de este texto es cómo Freud detenta que existe esta escisión, pero que la misma no es con respecto a la consciencia sino a la psique. Es la psique la que está dividida, por eso algunas representaciones son inconscientes y otras insuceptibles de consciencia. Con respecto a estas representaciones insusceptibles de consciencia, que lo trabaja ya en Psicoterapia de la histérica, dirá que son patológicas:

la actividad psíquica representadora se les descompone en consciente e inconsciente, y las representaciones en susceptibles y insusceptibles de consciencia. No podemos entonces hablar de una escisión de la conciencia pero sí de una escisión de la psique.

El pensar consciente no pude influir sobre las representaciones subconscientes ni rectificarlas. Sin embargo, estas representaciones subconscientes provocan fenómenos somáticos, es decir que tienen una incidencia actual.

¿Por qué está condicionada esta escisión de la psique? Dice Freud que puede ser debido a la defensa:

el voluntario extrañamiento de la consciencia respecto de unas representaciones penosas. Pero ello sólo sucede en ciertas personas, a quienes por eso debemos atribuir una peculiaridad psíquica. El hombre normal consigue sofocar esas representaciones, y entonces ellas desaparecen por completo; o no lo consigue y entonces le vuelven a aflorar una y otra vez en la consciencia.

Y conjetura la posibilidad de que la defensa no sólo haría inconsciente unas representaciones singulares sino que consumaría una real y efectiva escisión de la psique.

 

2° parte 

Por Sebastián Ibañez

Los textos de Freud que se trabajarán en esta parte de la clase, son: Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa  (1896), Las neurosis de defensa (1896), La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898), La represión (1914)

Durante este periodo de investigación y de elaboraciones teóricas, comprendido entre 1896 hasta 1914, Freud va diferenciando y cerniendo más aún sus  conceptos a medida que se va encontrando con los impasses y dificultades en la práctica y campo clínico. Asimismo, además de ir estableciendo diferenciaciones, va otorgando más valor y sentido a ciertos descubrimientos y va dejando de lado otros.

Especifica los mecanismos psíquicos de las neurosis, en su escrito Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa del año 1896, donde afirma: “he reunido la histeria, las representaciones obsesivas, así como ciertos casos de confusiones alucinatorias aguda, bajo el título ‘neuropsicosis de defensa’”, porque “se había obtenido para estas afecciones un punto de vista común a saber – ellas nacían mediante el mecanismo psíquico de la defensa (inconsciente) […]”.

Defensa que, como lo menciona Freud, sería la encargada de desligar el afecto de la representación. Dicho afecto emprendería los caminos del cuerpo en la histeria, o bien se mudaría en reproche en la obsesión. La noción de defensa constituye el centro nodal y alrededor del cual irá desplegando sus elaboraciones. Si bien en escritos anteriores la menciona, aquí logra otorgarle su justo lugar.

De este modo va ampliando los mecanismos desde la histeria hacia la neurosis obsesiva,  hasta llegar a la neurosis de angustia. Confiere un valor fundamental y un lugar esencial a lo sexual como etiológico y constitutivo de las neurosis. En su escrito La sexualidad en la etiología de la neurosis del año 1898, afirma: “He llegado en los últimos años al discernimiento de que unos factores de la vida sexual constituyen las causas más próximas y de mayor sustantividad practica en todos los casos de afecciones neuróticas […]”.

Tal como se mencionó, le confiere una alta importancia a lo sexual, en tanto que a esta altura Freud sentenciaba que para la constitución de las neurosis era necesario y de fundamental presencia la existencia de unas “vivencias sexuales traumáticas” de la “primera  infancia” y por tanto no sabidas por los pacientes. De este modo, circunscribe elementos y tiempos lógicos que le permiten poder avanzar en la teorización de las neurosis y sobre todo en su causación. Menciona que no bastaría un momento cualquiera para despertar la neurosis sino que, “es preciso que estos traumas sexuales correspondan a la niñez temprana”, dando lugar  a la noción de dos tiempos para la causación de la histeria: uno que tiene que ver con una vivencia en un tiempo posterior a la pubertad, y que dicha vivencia reanime o despierte la “huella mnémica” de un primer tiempo de la infancia. Es decir que no bastaba con un momento actual para que se despierte la neurosis sino que era necesario este momento anterior de la temprana infancia.

Si bien aún no cuenta con la noción de pulsión como concepto en sí mismo, ya Freud empieza a hablar de “influjos sexuales nocivos”, de “representaciones inconciliables”. Al respecto dirá: “no puedo indicar con seguridad el límite máximo de edad hasta el cual un influjo sexual nocivo entra en la etiología de la histeria”. A lo largo de todos sus escritos cobra un valor fundamental el factor “quantum”, en relación con la cantidad de energía psíquica. En efecto, definirá al trauma como una cantidad de energía que no ha sido ligada psíquicamente. A la par que va situando los mecanismos constitutivos de las neurosis a partir de la histeria, va ampliando su horizonte y especificando hacia la neurosis obsesiva dando cuenta de sus particularidades y diferencias con la histeria.

Sitúa una pasividad en la histeria respecto a cómo fue vivida esa “vivencia traumática”, sosteniendo lo siguiente: “halle cumplida esta condición especifica de la histeria –pasividad sexual en periodos pre sexuales- en todos los casos de histeria analizados (entre ellos hombres) […]”. Y del lado de la neurosis obsesiva sitúa una diferencia sustancial con respecto a esta, ya que menciona en la misma unas “[] agresiones ejecutadas con placer y de una participación que se sintió placentera”. Es decir, que lo que se vivió placenteramente, una vez pasada la pubertad, retorna a modo de “reproche”, “punición” y culpa. De este modo, para Freud las representaciones obsesivas serian siempre “reproches” que retornan de la represión.

Hasta estos escritos empieza a mencionar la represión no aun como un mecanismo psíquico especifico en sí mismo sino como un modo de defensa.  A esta altura de sus elaboraciones represión y defensa son sinónimos. Pero esto sería hasta su escrito La represión del año 1915, escrito que le permite avanzar hasta llegar a una conceptualización propia de la represión como mecanismo psíquico en sí mismo, que fue desarrollado unos meses posterior a Las pulsiones y sus destinos en donde logra definir la pulsión.

Es decir, que para poder especificar la represión como un mecanismo psíquico en sí mismo, mecanismo que recaería exclusivamente sobre la moción pulsional y el cual tendría como objetivo fundamental “rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella”, era necesario primero poder definir la  pulsión y, a su vez, tener una nítida separación entre consiente e inconsciente, que hasta esta altura no lo tenía como sistema tópico.

En este mismo escrito supone la existencia de una represión primaria y fundante que, tal como lo menciona Freud, “consiste en que a la agencia representante psíquica de la pulsión se le deniegue la admisión en la conciencia, estableciéndose una fijación” y luego “una segunda etapa de la represión, la represión propiamente dicha recae sobre los retoños psíquicos de la agencia representante reprimida .o sobre otros elementos que han entrado en un vínculo asociativo con ella”.

Así, la noción de defensa se ubica como anterior a la de represión. Ya no son dos términos indistintos, como Freud los usaba antes de este escrito.

Desarrollará también conceptos fundamentales como “Formación de compromiso”,  una suerte de nuevo “compromiso” o pacto para que estas representaciones inconciliables ingresen a la conciencia, con la condición de que ingresen de manera “desfigurada”. En Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa dirá que:

los recuerdos reanimados y los reproches formados desde ellos nunca ingresan inalterados en la conciencia, lo que deviene consiente como representación y afecto obsesivo, sustituyendo al recuerdo patógeno en el vivir consiente, son unas formaciones de compromiso.

El  ejemplo de ello serían las representaciones obsesivas, que serían “reproches” mudados, y los síntomas histéricos, inervaciones, parálisis etc.

Formación de compromiso, represión y defensa parecen ser conceptos que van iluminando el camino que va trazando Freud en la búsqueda de un sentido, trazando trozos de saber, piezas sueltas, ya que a medida que avanza en un sentido, se encuentra con un agujero en el saber por el otro.

 

3° parte  

Por Gabriela Agostinelli

Para el desarrollo de esta parte retomaremos los siguientes textos: Lo inconsciente de 1915, la Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma de 1915-1917, Neurosis y Psicosis de 1924, Conferencia 31: la descomposición de la personalidad psíquica de 1932,

Se tomará como primera referencia el texto Lo inconsciente (1915). El antecedente del presente texto es La interpretación de los sueños de 1900. En él desaparece por completo la explicación neurológica de la psicología y queda establecido de una vez para siempre el inconsciente, mostrando como este trabaja. En el texto Lo inconsciente Freud retoma y amplia esta conceptualización.

De la represión dirá que “no consiste en cancelar, en aniquilar una representación representante de la pulsión, sino en impedirle que devenga consciente”. Aquí, el rechazo está del lado de la conciencia, quedando ésta en el estado de lo inconsciente como una cualidad. A partir de esto dirá que lo reprimido es sólo una parte del inconsciente, pero no recubre todo lo inconsciente. Se hace la pregunta acerca de cómo podemos llegar a conocer lo inconsciente, y dirá que conocemos a lo inconsciente sólo como consciente a partir de una traducción que el trabajo analítico hace posible.

Va a decir que tanto en sanos como en enfermos hay actos psíquicos de los que la conciencia no es testigo, declarando que los procesos anímicos son inconscientes. La condición de inconsciente como marca de lo psíquico no es suficiente para establecer su característica. A partir de esto sustituye en un sentido sistemático conciencia por Consciente, inconsciencia por Inconsciente y le agrega el aspecto dinámico.

Un acto psíquico pasa por dos fases, entre las cuales opera una censura: en la primera es inconsciente, pertenece al sistema Inconsciente y si no pasa la censura se llamara reprimido; y si sale airoso susceptible de conciencia a esto lo llama preconsciente y en el sentido sistemático Preconsciente. Con estos sistemas tópicos más lo dinámico de los procesos anímicos se separa el psicoanálisis de la psicología descriptiva de la conciencia. Ubica estos sistemas no en un sentido anatómico, no en la anatomía, pero si en el cuerpo.

Si bien hay un divorcio tópico entres los 3 sistemas, una representación puede estar presente al mismo tiempo en dos lugares del aparato psíquico. “Transcripciones diversas y separadas en el sentido tópico pero de un mismo contenido”.

La cancelación de la represión sobrevendrá si la representación consciente, tras vencer las resistencias, entra en conexión con la huella mnémica inconsciente, y cuando esta se haga consciente, he ahí el éxito. Esto se logra si el analista le comunica la representación que reprimió.

Posteriormente, en la Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma (1915-1917), con lo primero que nos sorprende Freud es con la afirmación de que “todos somos neuróticos”, “puesto que las condiciones para la formación de síntomas pueden pesquisarse también en las personas normales”. Estos síntomas neuróticos son el resultado de un conflicto que se libera “en torno a una nueva modalidad de satisfacción pulsional”: las dos fuerzas enemistadas se reconcilian por medio de la formación de síntoma, por eso es tan resistente.

Aquí introduce el concepto de libido, su funcionamiento y cómo colabora en quebrantar la represión. Entonces, lo que causa la neurosis es que la libido insatisfecha, rechazada de la realidad, busca otros caminos para la satisfacción respondiendo al principio de placer: emprende la regresión a los puntos de fijación. Si esta regresión despierta contradicción en el yo, pues habrá neurosis.  Habla de una libido nostálgica: “todo tiempo pasado fue mejor”, por esto su carácter inmutable. Esta transfiere su energía a las representaciones pertenecientes al sistema inconsciente y está sometida a los procesos de condensación y desplazamiento.

Se preguntará: ¿Dónde halla la libido las fijaciones que le hacen falta? La respuesta la encontrará en las vivencias de la sexualidad infantil. Su importancia es que por primera vez despiertan las orientaciones pulsionales que el niño trae consigo en su disposición innata, por pertenecer a la raza humana, por ende un ser sexuado y, a su vez, por vivencias “puramente contingentes” de la infancia -ya no habla aquí de la teoría de la seducción-, que son capaces de dejar como secuelas fijaciones de la libido.

Entonces, la neurosis es efecto de Constitución Sexual (vivenciar prehistórico) sumándole el Vivenciar infantil, que darán como resultado la predisposición por fijación libidinal. A esto se le suma el Vivenciar accidental traumático del adulto. Lo interesante es que Freud se plantea si estas vivencias libidinales no tuvieron importancia en ese momento y si solamente adquiere relevancia por regresión. Hablará de las neurosis infantiles: se contrae la enfermedad como consecuencia directa de las vivencias traumáticas. Si estalla la neurosis más tarde, vía el análisis se descubre es la continuación directa de esta neurosis infantil que estaba velada. 

Así hace presente que entre la intensidad y la importancia patógena de las vivencias infantiles y las más tardías existe un carácter de complementariedad.

Sostiene Freud, posterior a esto, que el neurótico queda adherido a un punto de su pasado y que el síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de la infancia, que al ser desfigurada por la censura nace el conflicto y aparece el sufrimiento. El síntoma, entonces, aparece como algo irreconocible.

Hay hechos de la infancia que pertenecen al “patrimonio indispensable de la neurosis”, que él escuchaba en el historial juvenil: la observación del comercio sexual entre los padres, la seducción de una persona adulta (sobre esta terminará diciendo que en realidad es la manera de encubrir el periodo autoerótico del quehacer sexual) y la amenaza de castración, con la prohibición de la satisfacción autoerótica. 

Continúa diciendo que estas escenas infantiles no siempre son verdaderas sino que son parte de la realidad psíquica, en oposición a una realidad material y dirá que “en el mundo de las neurosis la realidad psíquica es decisiva”.  Toma aquí a la fantasía: su fuente viene de las pulsiones y, por medio de estas, se logra una satisfacción. Aspiran al placer, no sólo sexual. Al respecto, dirá que “los objetos y orientaciones de la libido resignados no lo han sido por completo, son retenidos con cierta intensidad en las representaciones de la fantasía, encuentra en ella el camino a cada fijación reprimida”.  Posteriormente, declarará que la retirada de la libido a la fantasía es un estadio intermedio del camino hacia la formación del síntoma: colabora con la libido para quebrantar las represiones.

A partir de lo cual sostiene que no sólo hay que tener en cuenta el aspecto dinámico en el desencadenamiento etiológico, sino que se le debe sumar lo económico. “El conflicto entre dos aspiraciones no estalla antes que se hayan alcanzado ciertas intensidades de investidura, por más que preexistieran las condiciones de contenido”. En relación a esto último, dirá que las disposiciones de todos los seres humanos son de igual genero cualitativo y solo se diferencia por proporciones cuantitativas.

En Neurosis y Psicosis (1924) aparece la novedad de que la neurosis es el resultado de un conflicto entre el Yo y el Ello. Aquí, el Yo se defiende de las mociones pulsionales provenientes del Ello por medio del mecanismo de represión. “Lo reprimido se revuelve contra ese destino y siguiendo caminos sobre los que el yo no tiene poder alguno, se procura una subrogación sustitutiva que se impone al Yo por vía del compromiso el síntoma”. Da otro giro y va a sostener que el Yo responde a los dictados del Superyó. Del cual dirá que sus reclamos poseen más fuerza que las exigencias pulsionales del Ello. 

Así, tanto la neurosis como la psicosis son generadas por un malogro de la función del Yo. Esto dependerá de las constelaciones económicas, de las magnitudes puestas en juego. Empieza a sospechar que hay un enlace del Superyó y el Ello, pero aun no puede precisarlo.

En la Conferencia 31: la descomposición de la personalidad psíquica (1932), Freud gira su atención de lo reprimido a lo represor. Lo llamará Superyó y tendrá como función la conciencia moral y la observación de sí, con un patrimonio energético autónomo del Yo. Lo cualifica como severo y hasta cruel. Va a decir que este no está desde el inicio como la vida sexual, porque el niño es amoral, no posee inhibiciones: solo quiere alcanzar el placer. Así es como afirma que el Superyó es desempeñado primero por la autoridad parental y que, de manera secundaria, en ese lugar de la instancia parental aparece el Superyó. Esta trasmutación se realiza por identificación, a la cual diferencia de la elección de objeto. No es lo mismo querer ser como el padre que querer poseerlo. Le va a agregar que es también el portador del Ideal del yo con el que el yo se mide. Va a sostener que en realidad el Superyó se construye no sobre los progenitores sino sobre el Superyó de ellos. Así el superyó aparece como heredero del complejo de Edipo.

Continuando, referirá que “toda la teoría psicoanalítica esta edificada sobre la percepción de la resistencia que nos ofrece el paciente cuando intentamos hacerle consciente su inconsciente”. El paciente no sabe nada de ella sólo que traba sus ocurrencias, su resistencia era inconsciente, tan inconsciente como lo reprimido, no sabe de sus contenidos y para saber necesita de cierta labor. Entonces, “a lo reprimido tenemos que atribuirle más bien una intensa pulsión aflorante, un esfuerzo por penetrar en la conciencia”. Con lo cual, sectores del Yo y del Super yo son inconsciente. A partir de esto, no llamará sistema inconsciente al ámbito ajeno al yo sino que empieza a nombrarlo en el sentido sistemático como Ello: parte oscura, inaccesible, lo que sabemos de él es por medio de los sueños, los síntomas neuróticos. En su extremo está abierto a lo somático: ahí acoge las necesidades pulsionales, se llena de energía de las pulsiones, busca la satisfacción de ellas según el principio de placer. En él no hay nada equiparable a la negación, es atemporal y lo componen mociones de deseo que nunca salieron de allí, tanto como aquellas que fueron hundidas por la represión, que no continúa en el Ello sino que lo reprimido confluye en él. Son virtualmente inmortales y se comportan aun por décadas como acontecimientos nuevos. En cuanto al factor económico, la energía de las mociones pulsionales es movible y susceptible de descarga, por eso se producen aquí los desplazamientos y condensaciones y prescinden completamente de la cualidad de investido.

El Yo entonces se constituye como aquella parte del Ello modificada por el mundo exterior, sustituyendo el principio de placer por el de realidad. Tendencia a la síntesis y unificación (estadio del espejo). El tiempo, la razón y la prudencia en lo dinámico son endebles, toma prestado del Ello sus energías. El Superyó se sumerge en el Ello como heredero del complejo de Edipo, y el Ello comercia con el mundo exterior solo a través del Yo. No se deben entender como fronteras tan tajantes.

Se podría sintetizar diciendo que para Freud la neurosis surge del conflicto entre pulsión y defensa, cuando esta fracasa la pulsión logra cierta satisfacción, que es lo que Lacan llamará goce.

El Síntoma, entonces, logra satisfacer a la vez la pulsión y la defensa. Logra satisfacer a la pulsión a pesar de las prohibiciones y a través de ellas al Superyó y aparece el síntoma aquí como conflicto.

Llegados hasta aquí, en lo que sigue se trabajará, a partir del primer y último Lacan,  algunos mojones y puntuaciones en torno a neurosis, represión y defensa. Veamos.

En un primer tiempo, Lacan sigue más de cerca a Freud, se podría decir al modo de un traductor. En el seminario 4 formaliza el concepto del falo y en el 5 aparece el Nombre del Padre como concepto principal para la neurosis. Si bien estos conceptos estaban ya esbozados en Freud, son diferentes a como los formula Lacan porque introduce una nueva relación entre estructura clínica y estructura del lenguaje. Esta última aparece a partir de las elaboraciones de Jakobson en torno a la metáfora y la metonimia, fundamentadas en la diferencia entre significante y significado, y de Levi Strauss, en relación al padre, con la estructura clínica que con Freud conocemos como la relación Edipo–Castración. Su modo de entrada fue la incorporación del lenguaje a partir del efecto de sentido. A esta altura introduce también el grafo del deseo para poder pensar la neurosis, para continuar trabajando en el Seminario 6 El deseo y su interpretación en relación a sus consecuencias. En definitiva, podría decirse que la primer clínica es una clínica del deseo, existiendo una  tajante diferencia entre psicosis y neurosis: las dos maneras en que aparece el Otro, barrado y sin barrar.

En su libro Clínica de las neurosis Mónica torres se pregunta si Lacan era estructuralista. Al respecto, la autora responde, por un lado, que sí, en tanto Lacan toma la noción de estructura, sin embargo, es el único que habla y piensa en la estructura del sujeto, es decir, que elabora una teoría del sujeto compatible con el concepto de estructura. Por otro lado, la autora sostiene que no, ya que los estructuralistas tienden a que los conceptos cierren. Por el contrario, todo en Lacan, en su enseñanza, fue un esfuerzo para que la estructura no cierre sino que permanezca siempre abierta. Retomando la palabra enseñanza, es Miller quien advierte que Lacan usa esta palabra como siempre haciéndose.

María Esther Novotny, en el seminario de otoño del CIEC La forclusión generalizada: neurosis y psicosis, va a referirse a esta enseñanza  como algo que “supone transferencia, el dicho del que enseña, del que discute, del que practica, el cuerpo vivo de la escuela, de los institutos […]”

Volviendo a Lacan, en relación al concepto de sujeto dirá que no es un dato inicial sino que de entrada está el Otro que lo preexiste, el Otro de la estructura del lenguaje, el lugar del código, del tesoro de los significantes, que incide con un significante que tiene un efecto mortificante en el sujeto. Otro que lo marca, la madre, el padre, el Otro social. El síntoma aquí también se goza de manera negativa, como en Freud.

Este sujeto entonces se construye en una pérdida, por eso Lacan lo escribe tachado por la estructura del lenguaje y el Otro. El sujeto se constituye como lugar vacío, la falta en ser que define a la neurosis. Si es neurótico, no podrá convertirse en psicótico. Tomando como ejemplo el caso Schreber, tiene acceso a la palabra, se realiza en la estructura del lenguaje pero no en la estructura clínica. Lacan usa el Nombre del Padre para hacer esta diferencia. Quiere decir que en el lugar del Otro del significante sin barrar, se tiene que inscribir el Otro como lugar de ley barrado. Sólo pasando por el Otro barrado el sujeto logra constituir las formaciones del inconsciente: sus síntomas, sus lapsus, sus sueños, chistes. Esta existencia de una falta en el Otro, da fundamento a que la estructura nunca cierra. Lo que permite mostrar a Lacan que desde el inicio hay algo que se va a escapar a la verificación.

En cuanto a la represión, tomando la Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud, y La respuesta Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud y  el Seminario 3 Las psicosis, diremos que en el inconsciente tenemos lo reprimido, lo desconocido por el sujeto una vez que fue afirmado primordialmente la Bejahung, afirmación de lo simbólico que puede fallar. Por ejemplo, en la psicosis se experimentó el mundo de lo simbólico, pero no fue afirmado primordialmente, no quedó inscripto para él. Es necesaria esta inscripción para que luego recaiga sobre eso la represión y retornen como formaciones del inconsciente. En la psicosis lo que no ha sido simbolizado, retorna en lo real, alucinación, forclusión.

En la neurosis la castración ha sido simbolizada, queda inscripta aunque no puede ser reconocida, retornando por vía de lo reprimido. Aquí la represión aparece como un modo de saber no sabido, no sabe que sabe, sobre la falta en el Otro.  Da como ejemplo clínico el mecanismo de denegación, para hacer una afirmación se pone el no adelante. Freud en el texto La negación de 1925, plantea que si al sujeto nadie le preguntó y dice “no es mi madre”, es la madre.

El punto de capitón está dado por la presencia del significante del padre. Lo que transforma a un sujeto en neurótico es la relación entre el Nombre del Padre y el Deseo de la Madre. La Metáfora Paterna sería que el significante del Nombre del Padre va a sustituir al Deseo de la Madre, que no lo nombra todo, produciendo la significación fálica. Se observa una predominancia de lo simbólico y de lo imaginario sobre lo real.

En la clínica del Nombre del Padre la condición de neurosis o psicosis depende de algo que sucede en el campo del Otro. Resulta crucial aquí puntuar los tiempos del Edipo. Veamos. En un primer tiempo, el niño se identifica al falo de la madre, como objeto de deseo. Deseo de deseo. Se juega el ser o no ser. En el segundo tiempo, aparece el padre en la interdicción que permite separar al niño de la madre, no reintegraras tu producto, y prohíbe al niño el acceso a la madre. Padre interdictor, que dice no. Esto es mediado por la madre que es quien lo establece como quien le dicta la ley. En el tercer tiempo, el padre se constituye en donador, positivo, un padre que dice que sí, que le permite al niño identificarse con él, guardarse el falo en el bolsillo. El que lo tiene es el padre y el niño podrá llegar a tenerlo. Identificación al Padre, Ideal del yo y Superyó. Se trata aquí de tener. Es diferente en el caso de la niña que no tiene esta identificación viril, sino que ella sabe dónde está, donde buscarlo y se dirige ahí.

Podemos sintetizar al Nombre del Padre como metáfora, y la metonimia en lo referente al deseo, a la falta en ser. El neurótico es alguien que tiene pasión por su falta en ser.

Se podría decir que la neurosis se establece aquí como una clínica de la pregunta: ¿Quién soy yo para el Otro? El grafo del deseo nos muestra todas las preguntas del sujeto sobre el sexo en la histeria y sobre la existencia en la neurosis obsesiva.

 

HISTERIA

Por Sabrina Romera

En lo que vamos desarrollando pudimos ver cómo pensaba Freud a la histeria, pasando por el mecanismo de conversión mudando el afecto en el cuerpo, como mecanismo para la formación de síntomas, hasta su etiología, donde una vivencia sexual prematura vivida de forma pasiva e insatisfactoria marcará para siempre su desarrollo.

Pero además del mecanismo psíquico de conversión, hay en Freud otros aspectos que irá desarrollando a lo largo de su teorización con respecto a la histeria y que serán retomadas por Lacan para su desarrollo.

  • Deseo insatisfecho y la pregunta histérica
  • Identificación
  • El goce de la privación

Deseo insatisfecho:

La cuestión del deseo insatisfecho, podríamos decir que es el paradigma de la histérica, es un dato estructural. Esto es algo que descubre Freud y que Lacan lo trabaja en el Seminario 5, donde desarrollará la diferencia entre demanda y deseo, subrayando que el deseo no tiene que ver con un objeto sino con su relación a otro deseo. El deseo, dirá Lacan, es deseo de deseo porque no apunta a un objeto de satisfacción como en la demanda. “En efecto, el deseo de la histérica no es deseo de un objeto sino deseo de un deseo, esfuerzo por mantenerse frente a ese punto donde ella convoca a su deseo, el punto donde se encuentra el deseo del Otro.”

De este modo, la insatisfacción pone de relieve también su relación con la falta. El sujeto histérico está siempre dispuesto a encontrar la falta en el Otro, a castrar al amo, que es por un lado una manera de sostener vivo el deseo del Otro, pero también, por el otro, es la condición del sujeto histérico para poder desear.

Ejemplo: La bella carnicera llega a Freud en los tiempos en que había escrito La interpretación de los sueños. Se suponía era un especialista en el tema. Llega para mostrarle que ella tenía un caso que contrariaba su teoría, es decir, llega y lo pone en falta. Cito del Seminario 5:

Quiero dar una cena, pero como provisiones sólo tengo un poco de salmón ahumado. Quisiera ir de compras pero me acuerdo que es domingo por la tarde y todas las tiendas están cerradas. Pienso en telefonear a algunos proveedores, pero el teléfono está averiado. De manera que he de renunciar al deseo de dar una cena.

Freud a esto va a responder que en verdad se realiza un deseo en el sueño que es el de tener un deseo insatisfecho. A partir de las asociaciones con el sueño, sabemos que la bella carnicera quiere caviar y el marido quiere dárselo. Sin embargo, le pidió que no se lo dé porque sabe cómo mantener el deseo del Otro en vilo, sabe que lo que demanda no es lo mismo que lo que desea.

Es por esta relación al deseo del Otro que Lacan va a ubicar la pregunta que subyace en el sujeto histérico y que está en relación a ¿qué lugar ocupo en el deseo del Otro? Pero ya en el seminario 3, Lacan sostiene que lo que un sujeto histérico se pregunta es del orden del ser, es decir, ¿Qué es ser una mujer?, ¿Soy un hombre o soy una mujer?

En  el Seminario 3 – donde se aborda a la histeria en función de la pregunta que abre sobre lo femenino –, Lacan sostiene que «volverse mujer y preguntarse qué es una mujer son dos cosas esencialmente diferentes (…) aún más, se pregunta porque no se llega a serlo y, hasta cierto punto, preguntarse es lo contrario de llegar a serlo.»

Lacan señala que en la histeria se responde a la pregunta por lo femenino a partir de la identificación viril: la histérica se identifica con un hombre, al tiempo que cede la posición femenina a alguna otra mujer que encarna para ella el misterio de la feminidad. Esto es algo que lo pueden encontrar desarrollado en el texto Intervención sobre la transferencia de Escritos 1, donde muestra a partir del caso Dora cómo los celos que ella mantenía por la Sra. K encubrían una pregunta acerca de su propia sexualidad. En el sentido que se supone esta señora sabía qué es ser una mujer, sosteniendo el deseo por dos hombres, el padre de Dora y el Sr K.

En el seminario 17, Lacan caracterizará al deseo insatisfecho de la histérica como goce de la privación. Pasamos así del deseo al goce. Sostiene que la histérica goza de estar privada, ¿de qué? Del falo. Dirá Mónica Torres que “[e]s en este punto que Freud se confundió con Dora, con Irma y con Isabel, al mandarlas a gozar del órgano: la histérica goza de que haya Otra que la prive de él”.

Esto se encuentra desarrollado en el capítulo “El Amo Castrado” donde Lacan sostiene que la histérica

[t]iene el mérito de mantener en la institución discursiva la pregunta por lo que constituye la relación sexual, a saber, cómo un sujeto puede sostenerla o, por el contrario, no puede sostenerla. En efecto, la respuesta a la pregunta por saber cómo puede sostenerla es la siguiente – dándole la palabra al Otro y precisamente como lugar del saber reprimido.

La verdad, dirá aquí Lacan, la constituye el saber sexual que se presenta como extraño al sujeto, es decir, lo que para Freud sería lo reprimido.

En este seminario Lacan dará todo su valor al padre con respecto a la histeria, especialmente al padre idealizado. Retoma el caso Dora planteando que su padre es un excombatiente, está en falta, “es evidente que está en las últimas, muy enfermo”. Tiene impotencia sexual. Es el hombre del deseo, está castrado. Entonces se pregunta para qué un tercer hombre, el Sr K. “Su valor reside en el órgano, pero no para que Dora sea feliz con él, si puede decirse así, sino para que otra la prive de él.”

Cuando el Sr. K le dice: mi mujer no representa nada para mí, dirá Lacan que en ese momento se le ofrece el goce del Otro y ella no lo quiere. La Sra. K, por su parte, es la que sabe sostener el deseo por su padre idealizado y, a la vez, privar a Dora. Dora no quiere acceder al hombre del goce, goza siendo privada; o lo que dirá “quiere el saber como medio de goce”. No quiere encontrarse con el hombre del goce, ni acceder al goce del Otro. Hay un rechazo al cuerpo.

Miller, en Introducción al método psicoanalítico, se referirá a los fenómenos corporales de la histeria para marcar la distinción con la psicosis, y dirá que esta “distancia tomada con relación al cuerpo o sentimiento del cuerpo como otro” dificulta muchas veces el diagnóstico diferencial.

Lo importante aquí es que esta cuestión del goce de la privación pasa a ser un antecedente de lo que desarrollará en el Seminario 20 Aún, sobre el goce femenino. Es decir, la histérica ubicada en el lado macho de la tabla, goza de la privación en tanto hay un goce que va más allá del falo.

Si hasta antes de este seminario estábamos aún en la clínica de las preguntas, acerca de qué soy, hombre o mujer, aquí se inaugura la clínica de las respuestas. La histeria pasa a ser un modo más de responder al No hay de la relación sexual.

 

NEUROSIS OBSESIVA

Por Sebastián Ibañez

De la neurosis obsesiva tal como la sitúa Freud en su primera época, en términos estructurales y de mecanismos psíquicos fundantes, dando cuenta de la particularidad de cada estructura, hallamos en la última enseñanza de Lacan un cambio de perspectiva. No basta con la estructura o con los síntomas “típicos”, como los refería Freud, sino que además es necesario poder avanzar a un más allá de la estructura, encontrando la “singularidad” de los modos de gozar de un sujeto llamado obsesivo, histérico, fóbico.

Del obsesivo encontramos como principal elemento de la estructura un sujeto que “padece del pensamiento”. “Pensar de más” es un rasgo de los sujetos obsesivos, convirtiéndose en algunos casos en un síntoma. El sujeto obsesivo sufre de su pensamiento, lo estorban. Lacan define en su escrito Televisión del año 1973 al síntoma obsesivo como siendo del orden de “un pensamiento que estorba el alma”. Un pensamiento que muchas veces inhibe la acción, quedando en una rumiación del mismo pensamiento que reviste características de una imposición. Pero no es una imposición como lo sería en la psicosis, como un real no simbolizado que se impone. En la obsesión ese pensamiento puede ser significantizado: el sujeto obsesivo puede apelar a otro significante para darle sentido y desplegar así la cadena significante. En la psicosis, en cambio, este pensamiento adquiere estatuto de una certeza.

Asimismo, el obsesivo, que al igual que la histérica tiene necesidad de un deseo insatisfecho, a diferencia de esta, resuelve la evanescencia de su deseo produciendo un deseo prohibido. Su deseo se presenta como  siendo imposible, en tanto que siempre hace existir una imposibilidad para realizar lo que desea. Ello consiste  en alejarse de los momentos y situaciones donde su deseo se pone en juego, desplegando una serie de prohibiciones, restricciones. Ejemplo de ello es un sujeto que en sesión dice: me di cuenta que si llegaba con las cuentas para realizar el viaje que tanto anhelaba. Hace años que lo quiero realizar y por una cosa y la otra no lo realizo. Me di cuenta que yo genero las complicaciones, es más lo que uno se hace la cabeza que la realidad”.

El obsesivo no quiere saber nada de su deseo, por lo que se transforma en deseo imposible. Necesita plasmarlo como imposible, ya que en el momento en que el obsesivo accede a su deseo, este se anula, paradojas del deseo. A su vez, no se plantea como la histérica el deseo como deseo del otro, sino más bien lo establece como: o su deseo o el Otro. Mónica Torres en su libro Clínica de las neurosis dirá que “el obsesivo se plantea una especie de opción: o el deseo o el Otro. Cada vez que él dice yo quiero se afirma en un querer que, en general, es contra el otro. Le parece que lo que si él quiere, también lo quiere el Otro, entonces, ya no se trata exactamente de su propio deseo, ya no le es tan propio”. En eso radica la obcecación o el capricho obsesivo, no es ni uno ni el otro. El obsesivo confunde la demanda con el deseo: lo que él supone de la demanda del otro es su interpretación.

Jaques Alain Miller, en su escrito “Síntoma y fantasma”  del libro Conferencias porteñas, dirá que “el  obsesivo a diferencia del sujeto histérico que se ubica como Amo (produce un saber),  se ubica voluntariamente como esclavo”.  En el sentido de lo que tiene que hacer, tiene que hacer esto, aquello, siendo esclavo de sus propios mandatos. Por ejemplo, un sujeto que en sesión, quejándose de su padre, dice: “la gente es muy déspota, quieren que el otro haga todo, ya estoy cansado de cargarme con cosas de los demás, ahora tengo que ir a ver a mi padre, dejar en el colegio a mi sobrino al colegio, tengo que hacer tantas cosas”. Intervengo diciéndole que no hay peor déspota que uno mismo, intervención a partir de lo cual hablara en la próximas sesiones del déspota que lleva dentro. Esclavo de su pensamiento, incluso puede llegar a serlo de una mujer, como un sujeto que en varias sesiones comenta: “no sé qué hacer con esta mujer me hace pensar, no sé qué quiere, me dice una cosa pero yo entiendo otra, me hago preguntas y preguntas, por eso fue que consulto”.

Otro rasgo de estructura en la obsesión es el problema que tiene el obsesivo con el tiempo. En la última enseñanza de Lacan, este problema del tiempo del obsesivo  se traduce en un “gozar de la postergación del goce”. Hay un goce que se puede posponer, que es muy fácil de escuchar por ejemplo cuando dicen “lo voy a pensar”, “mañana lo resolvemos”. Todos estos rasgos de estructura constituyen en sí mismos modos de hacer con lo que hay, constituyéndose en modos defensivos frente con ese agujero en lo real.

 

 

ULTIMO LACAN

Por Gabriela Agostinelli

Hay que tener en cuenta que los desarrollos de Lacan coinciden necesariamente con la  época que se caracteriza justamente por la caída del orden Simbólico, del Nombre del Padre y con cómo va cambiando su concepto de goce.

De la falta al agujero, concepto que plantea Miller en el Real y el sentido, donde además establece la diferencia entre el primer y el último Lacan.  María Esther Novotny planteará que “ser Lacaniano supone atender al concepto de defensa, la orientación es por el agujero real”.

Se podría casi decir represión como lo que está en menos, lo deficitario; o defensa, trabajo de defensa contra lo real.

El lugar en que Freud pone a prueba el concepto de represión es el texto El malestar en la cultura (1929), al hablar de la batalla entre las exigencias instintivas y las restricciones culturales, Eros vs Tánatos, y el amor como un intento de ligar. Lacan ubica la defensa, sosteniendo que la cultura es un dispositivo de defensa frente a lo real y no el sujeto contra sí mismo.

¿Frente a qué nos defendemos? Freud dirá frente a las representaciones intolerables, mientras que Lacan dirá que frente a un real fuera de sentido, forclusivo, es el real del inconsciente.

Lacan en su seminario 20 referirá que el dato primero es lalengua, el lenguaje es un semblante, “es lo que procura saber sobre la función de lalengua”. Se observa así el privilegio del goce por sobre lo simbólico, el pasaje de la dominación del Nombre del Padre por el anudamiento: la clínica de los nudos.

Para Freud, está la falta – castración, en el sentido clínico tratamiento del Nombre del Padre, hay solidaridad entre el padre y el falo. Esta falta supone una falta en el saber, lo que hace al concepto de represión. Miller dirá en Los signos del goce, que “la operación del padre es un no querer saber sobre ese goce que no está satisfecho por la función fálica”. La falta, entonces, implica la ausencia de un lugar, que en ausencia se conserva. Mientras que el agujero es la desaparición de los lugares, hay un agujero en el lugar del Otro, un agujero en el universal. Se podría pensar entonces que primero está el agujero y la castración como un intento de sutura del mismo. 

En el seminario 20 de Lacan, aparece el “no hay”, no hay relación sexual,  es un para todos pero en negativo, falta algo que permite inscribir la proporción adecuada a la relación sexual. Esto hace al ser hablante diferente a la especie, abierto a las variaciones, a la contingencia y a la invención.  Entonces, siguiendo a Mónica Torres podríamos decir que es la clínica de las respuestas, las fórmulas de la sexuación son el modo en que cada cual responde a la pregunta por la elección del sexo, independientemente del sexo biológico, se puede inscribir del lado hombre o mujer.

Miller plantea que este modo de relación inventado, particular y fallido es lo que se va a nombrar síntoma. Aquí vemos como el síntoma no es un conflicto sino que aparece como un funcionamiento. El goce aquí no aparece como mortificante, sino a partir del imperativo “goza tu síntoma”. Se podría decir un modo de gozar más del lado de la vida, más vivificante.

¿Por qué Lacan habla de un real forclusivo? Para Freud la histeria fue el punto privilegiado para fundar su teoría, un saber que llamo reprimido y un amor que llamo transferencia. Para Lacan su punto de privilegio fue la psicosis, allí se encontró con lo forcluido: “hay un rechazo, hay un indomable, un indecible no solo para el psicótico, es lo que llamamos la generalización de la forclusión… todos psicóticos”.

Miller en Los signos del goce, sostiene que todo goce se rige en relación a un agujero, que hay un carácter activo del rechazo al goce, diferente a no querer saber o decir. Entonces, primero estaría lo real y luego aquello que hace el sujeto para defenderse.  María Esther Novotny  sostendrá que  “[p]or el lenguaje el sujeto del significante está muerto. Hay que trabajar más con el sujeto vivo, con el parletre, con el síntoma donde nos encontramos con el goce”. Este goce necesita un soporte vivo, un cuerpo, gozar es cosa de cuerpos que incluye un real fuera de sentido. Entonces, no se trata del saber como memoria subjetiva de Freud y en el primer Lacan, sino de “orientarnos por cuales son los significantes productores de goce hoy en la realidad viva del sujeto”.

Se llama entonces la clínica del funcionamiento, lo que hay, hay goce, hay semblantes que producen efectos en lo real que funcionan, que son efectivos como lo es el Otro como tal. El síntoma aparece aquí entonces como un tratamiento, como una defensa más o menos estable. No partimos de la falta justamente porque hay un rechazo al goce y una defensa más o menos efectiva en esto de localizar al goce. Hasta ahora, entonces, se puede nombrar a la cultura, la existencia del Otro, la castración, el inconsciente, la Metáfora Paterna, como modos de anudamiento de lo real, dispositivos de defensa. A esto le agregamos que neurosis, psicosis y perversión también lo son. 

¿Esto significa que hay que dejar la estructura de lado?  Novotny dirá que poner distancia a la estructura no es desestimarla, sino advertir la posibilidad de otra cosa, que es el goce. Existe la estructura pensada desde la Metáfora Paterna, pero también la estructura del Nudo. Lacan en el Seminario 23 planteará que “es mi nueva metáfora, es decir, el nudo es una metáfora, algo tiene que abrochar arriba, abajo, algo tiene que estabilizarse, la metáfora es una modalidad”.

Entonces, es factible pensar la estructura como defensa, pero una defensa que nos orienta para saber qué consecuencias tiene este consentimiento que da el sujeto a que el Otro exista. Mónica Torres indica que hay que vascular entre esto de la estructura que tiene su valor, porque refiere a la invención del Otro, y ubicar el uno por uno, el modo de gozar del sujeto, su singularidad

El valor que le da Miller en Introducción al método psicoanalítico a las estructuras es situado en torno a la importancia en las entrevistas preliminares de que el analista pueda responder de que estructura se trata.

Puede ubicarse como indicación en esta última enseñanza el acto de perturbar la defensa, no sin tener en cuenta estas estructuras.

Ahora, frente a esto de la clínica del funcionamiento, surge el interrogante entonces de por qué alguien consulta.  Creemos que la respuesta es lo económico desde Freud a Lacan, ese plus que escapa y, en este último Lacan, se podría decir, ese real que irrumpe y que hace padecer al sujeto.

 

*Integrantes del CID Santiago del Estero.

Clase Dictada en el Colegio de Psicólogos de Santiago del Estero.

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La “elección” del sexo y las coordenadas de la sexualidad en el siglo 21 – Sebastián Ibañez

La “elección” del sexo y las coordenadas de la sexualidad en el siglo 21 Sebastián Ibañez*

El descubrimiento Freudiano no radicó esencialmente en el descubrimiento de la sexualidad humana sino más bien en su carácter indomeñable, ineliminable  para el yo. Sexualidad que no es del orden de una programación biológica ni instintiva, en tanto que el instinto está regido por un saber a priori por ejemplo el animal sabe cuándo aparearse, sabe cómo regular su organismo etc. En cambio la sexualidad humana se encuentra habitada por el mundo de las pulsiones que es de otro orden.  Freud definirá a la pulsión en su escrito Pulsiones y destinos de pulsión (1914)  como (…) un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma (…)  pulsiones que signaran la sexualidad humana como un terreno paradojal e imprevisible,  y por lo tanto del orden de lo indomesticable, en este mismo escrito Freud dirá respecto de la pulsión (…)  La pulsión en cambio, no actúa como fuerza de choque momentánea, sino siempre como una fuerza constante (…). Podríamos agregar una fuerza que no tiene ni alza ni baja,  ni son ni ton.

También establecerá que dicha pulsión es acéfala, asexuada, no tiene sexo, lo que hará que cada ser que habla tenga que “elegir” su sexo,  en tanto este no está “dado de antemano”. Elección que no es consciente, sino que es  del orden de lo inconsciente, Elecciones que marcaran e imprimen modos de goce distinto.

Jacques Lacan psicoanalista francés, a través de las llamadas “formulas de la sexuación”, planteadas en su seminario 20 “Aun” indica que, cualquiera sea su sexo (…) Todo ser que habla se inscribe en uno u otro lado (…). Del lado masculino tenemos un goce marcado por una lógica fálica y por una forma fetiche de amor, en cambio  del lado femenino tenemos por un lado el No –todo, es decir, que no todo en la mujer está regida por una satisfacción fálica, sino que hay una parte de ella que escapa a esta satisfacción, que es del orden de lo ilimitado, de lo que no se contabiliza, y su forma de amar adquiere la forma erotómana. Por lo tanto como vemos, no es lo mismo una posición de goce femenino que una posición de goce masculino, modalidades distintas que anudan en cada ser parlante el amor, el deseo y la  pulsión de un modo peculiar. Todo ello, independientemente del órgano genital, en tanto que la sexualidad excede lo genital, va más allá de él. No obstante tenemos un cuerpo, hay órganos genitales que imprimen satisfacciones distintas, Sigmund Freud dirá en su escrito “Sobre una degradación general de la vida erótica” (1912) (…) la anatomía  es el destino (…)

En el marco de esta perspectiva, la sexualidad transciende al género. La denominada “identidad de género”, plantea un identidad sexual como algo inherente a una suerte de “esencia humana”, fundamentalmente en relación a como uno ser percibe , que imagen capta de ello, como  se nombra y /o nomina, el psicoanálisis en cambio nos enseña que para el ser que habla no hay identidad, en el sentido de “uno mismo” de un “yo soy”, ya que el yo siempre está marcado por una profunda alteridad, es siempre un “yo-Otro” en tanto que,  en la constitución más temprana del niño, para que su yo se constituya, es necesario y fundamental que esta imagen del yo sea antes que nada una imagen que venga del Otro.

 En tal sentido allí donde se espera una identidad siempre habrá un vacío, y como tal el ser humano necesita identificarse a algo de afuera de sí mismo, es decir, que este vacío estructural hará que el ser que habla tenga que resolverse en algo que venga de afuera.

El psicoanálisis nos advierte que toda identidad es fallida, en tanto que desconoce de la alteridad y de la imposibilidad que la habita.  Vemos como en la actualidad los distintos modos de nombrar la sexualidad, de la mano del derecho y de la llamada identidad de género promulgada por éste,  han hecho existir una serie de nominaciones tales como: trans, neutro, queer, asexuado etc. Nominaciones que implican modos de gozar tomados en su singularidad y que ya no refieren a la norma fálica que estipula el nombre del padre, es decir, que no podemos pensar la sexualidad sin las coordenadas simbólicas de la época actual y sus consecuencias en la misma.

 La tradición como un modo de goce ya no opera, ya no está la tradición para poner límite a lo sintomático de cada uno, en tal sentido si el Otro de la tradición que regulaba los goces individuales ya no es lo que era, ya no opera, tomando las palabras  de Jacques Alain- Miller psicoanalista francés el “Otro que no existe”, signo de esta época, entonces será  lo de “uno mismo” lo que hará de síntoma para velar  la propia realidad psíquica de cada sujeto.

 En la época actual impera cada sujeto con su goce identificados a estos grupos. Podríamos pensar que son respuestas  a la imposibilidad de identificare con el sexo, de poder entablar ahí una adecuación, sin embargo un sujeto puede identificarse con una mujer pero su goce  puede seguir siendo masculino o viceversa. El psicoanálisis nos enseña la disyunción que hay entre la imagen y el goce, entre  lo que se dice y lo que es, entre la palabra y las cosas.

En tal sentido hay un empuje a  la singularidad que el derecho promueve “se puede gozar como quiera, cada uno a su manera”, sin embargo estamos advertidos que el querer de un ser humano no se corresponde con lo que desea, en ese punto la sexualidad humana se encuentra signada por una profunda inadecuación, por lo tanto habría una disyunción entre el deseo y el derecho.

 La pregunta que nos hacemos seria ¿Qué sucede  cuando el deseo se vuelve derecho? El deseo refiere a lo más singular de cada sujeto, es lo más individual de cada quien, el derecho en cambio es homogeneizante, dictando un “para todos por igual”. La paradoja que habita  las llamadas elecciones de género es que se tiene derecho a “ser individual” pero para caer automáticamente en una clase: queer, trans, neutro etc., un doble movimiento que nombra lo individual para rápidamente borrarlo. En tal sentido vale aclarar que este empuje a la singularidad de la época no es la misma “singularidad” que persigue el psicoanálisis, en tanto que la “singularidad analítica” por llamarla de algún modo, tiene que ver con el modo de gozar  más individual de un sujeto, lo que no se compara con ningún otro, ese  que no hace clase con otro.

Tal vez el psicoanálisis nos enseñe, en un dialogo con otros discursos, dos aspectos: por un lado que estas nominaciones constituyen “soluciones” o “salidas”, “semblantes”, “modos de hacer”  con el agujero que habita todo ser humano, el de la imposible relación sexual, de la imposible inadecuación con su sexo. Por otro, encontrar una solución a sabiendas de que no hay solución posible, solo hay modos de hacer, frente a un incurable propio de la realidad humana.

Bibliografía

  • Sigmund Freud Volumen XIV .Trabajo sobre metapsicologia y otras obras Pulsiones y destinos de pulsión. Editorial Amorrortu .Pag114
  • Sigmund Freud Obras completas 2. Sobre una degradación general de la vida erótica. Editorial El ateneo. Pag. 1716
  • Jacques Lacan Seminario XX Aun Una carta de Almor. Editorial Paidos. Pag. 96
 
 
*Trabajo inspirado en las XIV Jornadas regionales de los CID.

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2do Congreso Regional de Psiquiatría y Salud Mental – Ibañez Sebastián

2do Congreso Regional de Psiquiatría y Salud Mental - Ibañez Sebastián*

El  cuerpo de la salud mental

Con este concepto intento hacer referencia a la salud mental como un cuerpo, un “corpus teórico”, compuestos por múltiples y variadas perspectivas, cuya característica principal es estar atravesado por distintas practicas tanto teóricas como clínicas a la hora de abordar lo que llamamos salud mental. Un campo por cierto poli semántico, que no acaba en un sentido único sino que abre a la variedad de sentidos posibles, en el cual conviven y coexisten distintos paradigmas.

El cuerpo como sabemos está compuesto por múltiples y variados órganos y miembros que se relacionan y articulan entre sí. Pero para que sea posible dicha relación es de suma importancia  un sujeto que lo habite. Sin ese sujeto que habite el cuerpo, el mismo sería un mero aglomerado de partes fragmentadas y disociadas una de la otra. Sujeto que por el solo hecho de  portar ese cuerpo es  parlante, efecto y afectado por el lenguaje, pero que no es solo hablante sino también hablado, deseado, nombrado por otros. La existencia humana es inseparable de la presencia de ese otro que nos  significa antes de nuestra llegada biológica al mundo. Ex-sistimos antes de existir, en el deseo de los otros.

 Cuando nacemos lo que tenemos es un organismo, pero para que se convierta en un cuerpo son necesarias ciertas operaciones subjetivas. El estadio del espejo es una ellas, operación constitutiva fundamental en todo ser humano, que se caracteriza por que el niño jubiloso reconoce su imagen en la imagen y la mirada del Otro, en ese Otro materno primordial cuando lo levanta, lo mira, lo acaricia se ríe etc., posibilitándole al niño apropiarse de su propia imagen y de su cuerpo, en tanto adquiere forma de cuerpo humano, brindándole una unidad al cuerpo, ya que el bebé humano es un manojo de pulsiones desestructuradas sin unidad, en donde se supone una vivencia de fragmentación corporal inherente a todo lactante, de modo tal que este estadio es importante para la constitución del psiquismo.

Si hiciéramos una analogía con el cuerpo de la salud mental diríamos que también es de suma importancia un ordenador que de sentido y unidad a las distintas visiones, concepciones, paradigmas, más allá de las diferencias que habitan el campo de la salud mental. Encuentros como este II Congreso de Psiquiatría y Salud Mental, Integración de visiones,  nos permiten ir en ese camino.

Como profesionales de la salud mental nos encontramos en nuestra práctica clínica  tanto individual como institucional con la presencia de cuerpos mutilados, autolesionados, agitados, tomados por sustancias, en ocasiones aquietados por estas, cuerpos con sobrepeso o en su vertiente anoréxica, cuerpos incontrolables, con intervenciones quirúrgicas  de modos compulsivos como si el cuerpo solo ordenara,  afectados por fenómenos psicosomáticos, asistimos a numerosas consultas por gastritis, reacciones  en la piel, fibromialgias que “aparecen” y “desaparecen” sin que el sujeto se percate de ello.

Pero ¿con que estatuto del cuerpo nos encontramos cuando hablamos de esto? Podemos corroborar en nuestro trabajo clínico personas que vienen  a consultarnos por la presencia de cuerpos padecientes, doloridos, sintomáticos, con irrupciones que se expresan en una variedad de enfermedades, pero que el rasgo más común es que los mismos no logran asociar o relacionar  dichas enfermedades  con nada de lo que les sucede en su vida, en su acontecer psíquico, en su historia singular, dejándolos sin palabras , sin posibilidad de subjetivar el mismo y al  asecho de un cuerpo que padece en  silencio, tornándose el mismo en algo enigmático y padeciente.

Pero ¿qué sucede si abordáramos estos fenómenos en el cuerpo únicamente como fenómenos de un cuerpo biológico­? ¿o si hiciésemos una lectura de los mismos solamente como determinado por procesos neurobiológicos ?¿y el otro cuerpo?

El psicoanálisis nos enseña que hay la diferencia entre el cuerpo y el organismo. El cuerpo no es algo dado, no va de suyo, sino más bien implica una construcción constante desde nuestra llegada al mundo. Y ¿qué es lo dado?, diría simple y sencillamente que es el organismo y sus necesidades biológicas  tales como el dormir, el respirar, el comer, el defecar etc., ¿Pero qué sucede cuando no es la comida lo que satisface al organismo? o ¿cuándo no hay el hambre sino la devoración?, o más aun ¿cuándo la devoración no sólo se encuentra  en relación a la alimentación sino en otros aspectos de la vida de un sujeto tales como sus vínculos interpersonales, en su familia, pareja etc.?

El cuerpo del que se ocupa el psicoanálisis es un cuerpo marcado por satisfacciones inconscientes, que escapan al saber médico, y que en ocasiones lo ponen en jaque. Satisfacciones que tienen la paradoja de hacer sufrir ahí donde se goza y que le imprimen su marca singular. Poner a hablar a ese cuerpo  en su singularidad será la apuesta del psicoanálisis, para que el sujeto se percate de que en su sufrimiento, más allá de los etiquetamientos y de los rótulos,  habita una satisfacción que le compete al sujeto, posibilitando de este modo la responsabilidad subjetiva necesaria  y de vital importancia  para el trabajo terapéutico.

En tal sentido el aporte del psicoanálisis al campo de la salud mental será el de poder orientar en la escucha  de ese “otro cuerpo” presente en quienes nos consultan, y por otro, y en una labor más institucional  hacer resonar que  ante el “para todos” de la medida universal que promueve el discurso de la ciencia, desde el psicoanálisis respondemos desde el uno por uno, haciendo emerger en cada caso la dimensión subjetiva.

Bibliografía

 

*Lic. en Psicología. Especialista en salud social y comunitaria. Miembro del CID Sgo del Estero. Coordinador del grupo de investigación «Psicoanálisis y Cuerpo».

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2do Congreso Regional de Psiquiatría y Salud Mental – Romera Sabrina y Agostinelli Gabriela

2do Congreso Regional de Psiquiatría y Salud Mental - Romera Sabrina y Agostinelli Gabriela

¿Cuáles son las coordenadas de nuestra época y cómo influyen en la producción de subjetividades? ¿Por qué decimos que el sujeto toxicómano es quien mejor representa la época?

  1. Freud escribe un texto en el año 1929 titulado El malestar en la cultura, para dar cuenta de que el malestar es inherente a la existencia humana. Este malestar que se encuentra en cada cultura, en cada sociedad, dirá que es estructural e ineliminable. Ensaya entonces diferentes recursos que las culturas han ido inventando para hacer con él, y nombra: el amor, la religión, el arte, incluso el consumo de narcóticos, pero nos advierte al final que no hay un modo mejor o único de hacerlo, sino que cada sujeto deberá encontrar su solución.

En la época freudiana el malestar social, el sufrimiento, se encontraba vinculado a las renuncias que la vida en sociedad exigía. Época en que la familia, las prohibiciones y el amo funcionaban como ordenadores. Como reverso, en la actualidad nos encontramos con un imperativo: un empuje a gozar cada vez más, sin límites.

Aquí es importante aclarar de qué hablamos cuando decimos goce en psicoanálisis, ya que no se refiere al uso habitual que solemos hacer de él. Esto tiene que ver con algo que descubre Freud, y es que el sujeto no siempre busca su bien. Más bien, nos dice, del sufrimiento se puede obtener una satisfacción, que no es lo mismo que el placer. Esta idea de cierta satisfacción en el sufrimiento, es lo que Lacan denominará goce.

Entonces decíamos que en la actualidad, y agregamos, como un efecto del discurso capitalista, nos encontramos con un sin freno, un imperativo a gozar que resulta mortificante. Se trata entonces de tener cada vez más, de consumir más, de ser más feliz, de rendir más y mejor… El discurso capitalista produce lo que Lacan denominó “la caída del Nombre del Padre”, es decir, de ese punto de amarre que ordena y organiza un discurso. Implica la caída de los grandes relatos, de aquellos ideales que antes orientaban los modos de vivir. Se trataría de una crisis con respecto a la autoridad simbólica y a su credibilidad.

Estamos en la época hipermoderna; el prefijo hiper da cuenta ya de este exceso donde en principio, y cabría preguntarse si es así, pareciera no haber frenos ni cortes.

El modo de hacer con el malestar propuesto en esta época, es por la vía del objeto de consumo, un modelo de vida igual para todos, con la promesa de que así se lograría alcanzar la tan anhelada felicidad. Estos objetos tienen la característica de proveer una satisfacción fugaz que reanima de inmediato la insatisfacción, es un círculo. Entonces, quien no alcanza este ideal, no pone en cuestión este modelo sino que se cuestiona a sí mismo: no se esmera lo suficiente, debe esforzarse más, aparece la exigencia. Aunque este ideal sea imposible de alcanzar, comanda las subjetividades y como consecuencia encontramos su contracara: la depresión, el cansancio, el consumo de psicofármacos, ciertas patologías del acto como anorexia, bulimia, obesidad, ataques de pánico, entre otras. Pocas veces nos percatamos que en este circuito el sujeto ha devenido un objeto más del mercado, o como dirá J. A. Miller en “consumidores consumidos”.

Ahora bien, con este panorama ¿Cómo traducir esta problemática del consumo a nuestra práctica profesional? ¿Cuáles son los paradigmas y leyes vigentes en relación a las adicciones? Nos encontramos en la actualidad con un debate que gira en torno a dos grandes ideas: el de la “tolerancia cero” y el de “reducción de daños”.

El paradigma de la tolerancia cero tiene como objetivo la abstinencia total del sujeto, donde el acento está puesto en el objeto droga, desconociendo los efectos que tal prohibición puedan tener para cada sujeto en particular. Estamos ya advertidos de que esta vertiente prohibitiva en muchos casos empuja al sujeto a un consumo aún más feroz. Se habla entonces de “guerra contra las drogas” como si el problema, el mal, estuviera en el objeto.

Por su parte, el paradigma de reducción de daños es solidaria con la Ley de Salud Mental y Adicciones 26.657, que especifica en el artículo 4 que “Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de la salud mental (…)”. Vemos en este punto, que se produce un pasaje que permite desligar al sujeto consumidor del estereotipo del delincuente.

Podría decirse que este paradigma se encuentra más próximo a la lectura que desde el psicoanálisis podemos hacer. Se habla aquí de “uso” problemático, de reducción de daños, lo cual ya nos da la pauta que implica un trabajo de escucha, para precisar cuál es el daño en cada quien, en cada uso de sustancias, en cada cultura.

Pero entonces ¿qué es lo que el psicoanálisis en su especificidad puede aportar al tratamiento de las toxicomanías?

Vamos a empezar a adentrarnos en las coordenadas de la posición del psicoanálisis en la clínica con esta problemática.  La palabra Pharmakon, de la que deriva fármaco, que viene de la cultura grecorromana, en su etimología encontramos  un doble sentido: de remedio y de veneno, una cara tóxica o benéfica. Debatían en ese entonces, aquí  en relación al vino, si el problema estaba del lado del sujeto o del lado de la sustancia. Debate aún actual. Con relación a esto diremos que la posición del psicoanálisis es que la problemática está del lado del sujeto.

Lo primero que habría que ubicar es que, hablamos de fenómeno toxicómano, éste no es una categoría clínica, sino que es transclínico, esto quiere decir que puede presentarse en lo que conocemos como estructuras psíquicas a saber: neurosis, psicosis y perversión, cumpliendo una función diferencial en cada una de ellas.

Desde el psicoanálisis utilizamos la palabra toxicomanía, es una palabra que al descomponerla ya nos da un indicio de lo que se pone en juego: por un lado la manía que hace referencia a un sin freno, un exceso, un no poder parar, y por el otro el tóxico. ¿Qué es lo tóxico? Se habló de goce, hay algo tóxico ahí por no ser un bien para el sujeto. Pero ¿es eso suficiente para hablar de toxicomanía?

Esto nos lleva a ubicar un concepto, que no tiene solo importancia epistémica sino clínica, el de la función del tóxico, que se refiere a la relación particular de un sujeto con el objeto droga. Y podemos agregar, sus efectos en la economía psíquica. Hacemos una aclaración, es relevante el objeto droga, las cantidades, la frecuencia, de hecho Freud hablaba en malestar en la cultura como característica del uso de narcóticos, que estos tenían la capacidad de influir en el quimisimo, esto significa que no se pueden negar los efectos del objeto droga, de algo externo que produce sensaciones en el cuerpo del sujeto. Si bien esto está, pero no es desde ahí desde donde trabajamos.

No todo aquel sujeto que consume sustancias es un sujeto toxicómano, retomando función y economía psíquica vamos a hacer una diferencia. Un consumidor: es un sujeto que usa el objeto droga, para paliar el malestar, para aliviar el sufrimiento, para estar a la altura de la época y rendir más o ser feliz, como un recurso entre otros. Este consumo no rompe lazos, de hecho a veces los favorece, el acto del consumo es dentro del campo del Otro. Regulado, acotado con medida. Si pensamos en el pharmakon sería en su vertiente de remedio, como una muleta. Ahora bien, cuando esta muleta que antes se podía manejar, se vuelve siniestra, camina sola, es inmanejable, aquí podríamos decir, se produce un desencadenamiento a la toxicomanía, quedando por fuera del campo del Otro simbólico, también del otro, del par (familia, pareja, amigos), su trabajo, su estudio etc.  Dejando afuera hasta el sujeto como sujeto mismo, en el sentido de que nada falta, se produce un rechazo al inconsciente, lo único que parece importarle es su pasión por el objeto droga. En esta pasión podemos ubicar el aspecto económico, el sin freno, sin límite y el cada vez más, quedando el sujeto reducido al acto de intoxicación, del cual se obtiene una certeza de goce, es decir, el saber sobre el objeto droga y sus efectos en el cuerpo: “Yo tomo esto y me produce esto”. Acto silencioso, sin dudas, sin preguntas, sin palabras, porque hablar ya significa restituir algo de lo simbólico que este sujeto rechaza.  Acto que no puede parar de hacer.

Lo visible entonces en la toxicomanía es este cuerpo, ubicado en un lugar central en el acto de intoxicación, que se muestra agitado, transportado, marcado, caído. Es un cuerpo que sigue el camino de la pulsión de muerte.

Con este panorama ¿Cómo llegan a consulta? Una de las modalidades puede ser por sobredosis. Cuando llegan a las instituciones, éstas funcionan como límite. Al decir de Silvia Botto, “Las intervenciones van en el sentido de instalar un No desde lo real, en las intervenciones en el cuerpo, impidiendo lesiones, intoxicaciones”. Agregaré evitando la muerte. Este tratamiento es preliminar y se resalta la importancia del abordaje entre varios, en equipo, para asistir en esta urgencia.

Otra manera en que llegan a la consulta es por sus padres, parejas, amigos, personas significativas, ahí sí encontramos la preocupación, la pregunta en el no saber qué hacer. Esto deja claro cómo esta problemática afecta al entorno del sujeto, también necesitan contención, implica un abordaje también con ellos, por supuesto.

¿Pero cómo se hace con este sujeto toxicómano? Lo primero que queremos ubicar es el caso por caso, porque no hay reglas para todos igual. Sí podemos decir, que lo primero es hacer existir un Otro, encarnado por el practicante analista, desde un lugar que no implique el saber absoluto. Un Otro incompleto, reverso a la posición de certeza de goce que el sujeto toxicómano obtiene en su acto. Cuando nos ubicamos ahí, es posible que permitamos que advenga un sujeto, orientándolo a que hable de otra cosa que no sea del objeto droga, tan certero para él, porque lo que no sabe es por qué lleva adelante este acto. Se trata de restituir la palabra, para que aparezca este sujeto cuya problemática es anterior al objeto droga con el cual busca taponarla. Una dirección posible en la neurosis, sería ir en contra de la identificación “soy drogadicto”, que provocaría como consecuencia, que el sujeto culpe a los otros. Una vez destituida esta ficción, se trata de que la responsabilidad recaiga en el sujeto.

 En definitiva, ir más allá de la droga, para descubrir las coordenadas de los verdaderos conflictos que atraviesan su subjetividad, a partir de lo cual podría encontrar modos de satisfacción más vivificantes.

BIBLIOGRAFÍA

Freud, Sigmund. (1929) El malestar en la cultura en Obras completas, tomo XXIII, Amorrortu

Freud, Sigmund (1920) Más allá del principio de placer en Obras completas, tomo XVIII, Amorrortu

Lacan, Jacques (1938) La familia, Ed. Argonauta.

Lacan, Jacques (1972) Conferencia de Milan, inédito.

Ley Nacional de Salud Mental  y Adicciones N° 26.657 (2011)

Andreani, Natalia (2014) Apostillas TyA Córdoba: Efectos tóxicos de la tolerancia cero, Publicación del CIEC.

Miller, Jacques Alain (1993) Para una investigación sobre el goce autoerótico en Sujeto, goce y Modernidad, Ed. AtuelTyA.

Naparstek, Fabián (2005) Introducción a la clínica con toxicomanías y alcoholismo I, Ed. Grama.

Botto, Silvia (2003)El psicoanálisis en las instituciones. Un tratamiento de las Toxicomanías en El psicoanálisis aplicado a las toxicomanías, Ed. TyA Buenos Aires.

AUTORAS

AGOSTINELLI, GABRIELA: Lic. en Psicología. Integrante del CID-SGO DEL ESTERO. Docente en Licenciatura en Psicología de UCSE. Coordinadora del grupo de investigación «Las toxicomanías» perteneciente al CID -SGO. DEL ESTERO.

ROMERA, SABRINA: Lic. en Psicología. Integrante del CID-SGO DEL ESTERO. Integrante del grupo de investigación «Las toxicomanías» del CID-SGO. DEL ESTERO. Psicóloga en Dirección de género perteneciente a la Secretaría de DDHH de la provincia.

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