2do Congreso Regional de Psiquiatría y Salud Mental - Ibañez Sebastián*

El  cuerpo de la salud mental

Con este concepto intento hacer referencia a la salud mental como un cuerpo, un “corpus teórico”, compuestos por múltiples y variadas perspectivas, cuya característica principal es estar atravesado por distintas practicas tanto teóricas como clínicas a la hora de abordar lo que llamamos salud mental. Un campo por cierto poli semántico, que no acaba en un sentido único sino que abre a la variedad de sentidos posibles, en el cual conviven y coexisten distintos paradigmas.

El cuerpo como sabemos está compuesto por múltiples y variados órganos y miembros que se relacionan y articulan entre sí. Pero para que sea posible dicha relación es de suma importancia  un sujeto que lo habite. Sin ese sujeto que habite el cuerpo, el mismo sería un mero aglomerado de partes fragmentadas y disociadas una de la otra. Sujeto que por el solo hecho de  portar ese cuerpo es  parlante, efecto y afectado por el lenguaje, pero que no es solo hablante sino también hablado, deseado, nombrado por otros. La existencia humana es inseparable de la presencia de ese otro que nos  significa antes de nuestra llegada biológica al mundo. Ex-sistimos antes de existir, en el deseo de los otros.

 Cuando nacemos lo que tenemos es un organismo, pero para que se convierta en un cuerpo son necesarias ciertas operaciones subjetivas. El estadio del espejo es una ellas, operación constitutiva fundamental en todo ser humano, que se caracteriza por que el niño jubiloso reconoce su imagen en la imagen y la mirada del Otro, en ese Otro materno primordial cuando lo levanta, lo mira, lo acaricia se ríe etc., posibilitándole al niño apropiarse de su propia imagen y de su cuerpo, en tanto adquiere forma de cuerpo humano, brindándole una unidad al cuerpo, ya que el bebé humano es un manojo de pulsiones desestructuradas sin unidad, en donde se supone una vivencia de fragmentación corporal inherente a todo lactante, de modo tal que este estadio es importante para la constitución del psiquismo.

Si hiciéramos una analogía con el cuerpo de la salud mental diríamos que también es de suma importancia un ordenador que de sentido y unidad a las distintas visiones, concepciones, paradigmas, más allá de las diferencias que habitan el campo de la salud mental. Encuentros como este II Congreso de Psiquiatría y Salud Mental, Integración de visiones,  nos permiten ir en ese camino.

Como profesionales de la salud mental nos encontramos en nuestra práctica clínica  tanto individual como institucional con la presencia de cuerpos mutilados, autolesionados, agitados, tomados por sustancias, en ocasiones aquietados por estas, cuerpos con sobrepeso o en su vertiente anoréxica, cuerpos incontrolables, con intervenciones quirúrgicas  de modos compulsivos como si el cuerpo solo ordenara,  afectados por fenómenos psicosomáticos, asistimos a numerosas consultas por gastritis, reacciones  en la piel, fibromialgias que “aparecen” y “desaparecen” sin que el sujeto se percate de ello.

Pero ¿con que estatuto del cuerpo nos encontramos cuando hablamos de esto? Podemos corroborar en nuestro trabajo clínico personas que vienen  a consultarnos por la presencia de cuerpos padecientes, doloridos, sintomáticos, con irrupciones que se expresan en una variedad de enfermedades, pero que el rasgo más común es que los mismos no logran asociar o relacionar  dichas enfermedades  con nada de lo que les sucede en su vida, en su acontecer psíquico, en su historia singular, dejándolos sin palabras , sin posibilidad de subjetivar el mismo y al  asecho de un cuerpo que padece en  silencio, tornándose el mismo en algo enigmático y padeciente.

Pero ¿qué sucede si abordáramos estos fenómenos en el cuerpo únicamente como fenómenos de un cuerpo biológico­? ¿o si hiciésemos una lectura de los mismos solamente como determinado por procesos neurobiológicos ?¿y el otro cuerpo?

El psicoanálisis nos enseña que hay la diferencia entre el cuerpo y el organismo. El cuerpo no es algo dado, no va de suyo, sino más bien implica una construcción constante desde nuestra llegada al mundo. Y ¿qué es lo dado?, diría simple y sencillamente que es el organismo y sus necesidades biológicas  tales como el dormir, el respirar, el comer, el defecar etc., ¿Pero qué sucede cuando no es la comida lo que satisface al organismo? o ¿cuándo no hay el hambre sino la devoración?, o más aun ¿cuándo la devoración no sólo se encuentra  en relación a la alimentación sino en otros aspectos de la vida de un sujeto tales como sus vínculos interpersonales, en su familia, pareja etc.?

El cuerpo del que se ocupa el psicoanálisis es un cuerpo marcado por satisfacciones inconscientes, que escapan al saber médico, y que en ocasiones lo ponen en jaque. Satisfacciones que tienen la paradoja de hacer sufrir ahí donde se goza y que le imprimen su marca singular. Poner a hablar a ese cuerpo  en su singularidad será la apuesta del psicoanálisis, para que el sujeto se percate de que en su sufrimiento, más allá de los etiquetamientos y de los rótulos,  habita una satisfacción que le compete al sujeto, posibilitando de este modo la responsabilidad subjetiva necesaria  y de vital importancia  para el trabajo terapéutico.

En tal sentido el aporte del psicoanálisis al campo de la salud mental será el de poder orientar en la escucha  de ese “otro cuerpo” presente en quienes nos consultan, y por otro, y en una labor más institucional  hacer resonar que  ante el “para todos” de la medida universal que promueve el discurso de la ciencia, desde el psicoanálisis respondemos desde el uno por uno, haciendo emerger en cada caso la dimensión subjetiva.

Bibliografía

 

*Lic. en Psicología. Especialista en salud social y comunitaria. Miembro del CID Sgo del Estero. Coordinador del grupo de investigación «Psicoanálisis y Cuerpo».

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