Goce, Repetición y Pulsión de Muerte.- Gastón E. Vallé Lipreri

Goce, Repetición y Pulsión de Muerte.- Gastón E. Vallé Lipreri

Goce, Repetición y Pulsión de Muerte, la revisión de estos conceptos resulta pertinente para caracterizar la subjetividad de la época. En un mundo globalizado, en constante «desarrollo», en permanente cambio aparente, la ciencia haciendo uso de la técnica y sus instrumentos de medición propone la homogeneización de los sujetos produciendo un atentado a la singularidad y al orden simbólico que brindaba cierta orientación. Sin embargo, aunque se trate de velar la falta con proliferación de objetos novedosos o construidos en serie, algo del orden de la repetición siempre aparece e insiste, siguiendo la perspectiva de Jacques Alain Miller, «algo que ha proporcionado efectivamente el psicoanálisis es que la vida es fundamentalmente una repetición, que nos damos la ilusión de lo nuevo, pero que de hecho, la vida está constituida por la repetición.» (1986, p. 73). Hay algo del orden de la repetición que insiste, aunque no es más que el retorno del mismo objeto con el disfraz de la novedad, se trata del objeto perdido mítico de la primera experiencia de satisfacción, el denominado objeto a.

En este contexto los sujetos se ven empujados a consumir con la creencia de apresar o reencontrar el ágalma. Esta búsqueda no finaliza nunca, porque se trata de un objeto perdido por estructura y la pulsión se satisface en su recorrido mismo. Por ello, el deseo es siempre insatisfecho, en su búsqueda de repetir el placer original, mientras que la pulsión siempre se satisface.

Lacan decía, «el análisis más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real.» (1964, p. 61). La dirección de la cura apunta a que el sujeto construya su propia respuesta, su sinthome. Es decir, como refiere José Pablo Feinmann (2016) recuperando a Sartre en su programa Filosofía aquí y ahora, “se trata de saber hacer con lo que hicieron de nosotros”. De ese modo, se restituye la responsabilidad del sujeto en lo que le pasa y se ubica su posición, desde la cual contribuye él mismo, de alguna manera, en su padecimiento.

El camino a seguir en la clínica es a través de la palabra, es decir, por vía de lo simbólico, para circunscribir ese real y para acceder al inconsciente estructurado como un lenguaje, para acceder a la dialéctica del deseo. «La regla analítica, para Freud, no consistía sino en recomendar al sujeto dejar venir sus pensamientos y convertirlos de inmediato en enunciados dirigidos a su analista convertidos en mensaje.» (Miller, 1999-2000, p. 242).

Para que el sujeto advenga como tal, hay que seguir la red significante, automatón,

donde uno regresa, vuelve, se cruza con su camino, los cruces se repiten y son siempre los mismos, y no hay en ese capítulo 7 de la interpretación de los sueños otra confirmación sino ésta: Hablen de azar, señores, si les da la gana, yo en mi experiencia, no encuentro en eso nada arbitrario, pues los cruces se repiten de tal manera que las cosas escapan al azar. (Lacan, 1964, p. 53).

Quiere decir que hay un entramado entre los elementos significantes, que tienen leyes que estructuran el discurso, éstas son la metáfora y la metonimia; equivalentes a la condensación y desplazamiento en la concepción freudiana.

En el camino hacia el deseo nos hallamos con un escollo, se podría decir, con un opositor al deseo, éste es el goce. «El goce no es una función dialéctica […] el goce no es el goce de Otro.» (Miller, 1986, p. 149). No tiende al lazo, es del orden auto-erótico, no dialéctico, incluso puede prescindir del Otro.

«El deseo está ligado a la cadena significante y por ende a sus permutaciones, por eso es muy móvil, es dúctil, plástico al significante. Por el contrario, las relaciones del goce con el significante son relaciones de exclusión.» (Miller, 1986, p. 150). Entonces, surge la pregunta ¿cómo incidir sobre el goce mediante el significante?

El goce es una perturbación del cuerpo y el deseo es una defensa contra él. «El goce no proporciona placer, el goce es antinómico con el bienestar, puede incluso confinar con el dolor.» (Miller, 1986, p. 152). Sin embargo, la anulación total del goce implicaría el fin de la vida, no se puede vivir sin gozar. El goce es del orden pulsional, sin medida, sin ley, por ello la propuesta de un análisis es artesanalmente construir diques, acotar el goce y lograr que sea los más vivificante posible.

Se infiere cierto parentesco entre Goce y Pulsión de Muerte a partir de la lectura de Lacan. Freud no empleó el término Goce a lo largo de su obra, e incluso expresa que el concepto de Pulsión de Muerte se le impuso por su práctica clínica, donde captó que su hipótesis de que el aparato psíquico se regía por el principio del placer se refutaba. El síntoma presenta una contracara al placer, una cara de goce, además evidenció la dificultad de algunos pacientes de ceder ante el displacer, ante el goce en el transcurso de la cura lo que lo llevó a teorizar sobre la reacción terapéutica negativa.

En nuestra época también se impone hablar de Pulsión de Muerte, para elucubrar sobre el atentado sobre sí mismos de los sujetos. Freud decía, «[c]ontra el exterior existe una protección […]. Mas contra las excitaciones procedentes del interior no existe defensa alguna.” (1920, p. 2520). Las prácticas suicidas, toxicomanías, el consumo de aparatos tecnológicos, los nuevos monosíntomas, anorexias, bulimias y obesidades, ludopatía. Además, las inscripciones en el cuerpo, tatuajes, cirugías estéticas, aros, etc. dan las coordenadas de la época y los recursos de los que se sirven los sujetos para paliar el malestar, el punto común es el desenganche del Otro y el propio cuerpo como instrumento. Miller denominó la época que asistimos como del Otro que no existe. Ante lo cual el sujeto responde como puede, puesto que los ideales parecen haber caducado o, por lo menos, perdieron su efectividad, a partir de la debilidad de la medida fálica a partir de la pérdida de potencia del Nombre del Padre.

No obstante, no se trata de añorar al padre, ni restituirlo, debemos ir más allá de esa función y valernos artesanalmente de nuevos recursos. Cada uno irá construyendo su solución singular, a partir de encontrar cómo se articula en su economía psíquica su síntoma y qué función en su subjetividad, transferencia mediante con un analista. Los analistas no debemos perder de vista la singularidad de los sujetos y tener en cuenta que el sujeto hace uso de los objetos de un modo particular e inconmensurable.

«La sesión analítica […] induce una experiencia de la extimidad, a saber, que en el seno mismo de aquello que es para mí más interior aparecen elementos de los que no puedo responder y, que están allí, que eventualmente se encadenan, me faltan o, por el contrario, afluyen y me despojan, en ese punto, de mi iniciativa.» (Miller, 1986, p. 243). Se trata en la práctica analítica de saber hacer con esos elementos, se trata de poder apropiarse entre saber y verdad de esos significantes e instrumentarlos con una respuesta única e irrepetible frente al malestar en la cultura, se trata de una praxis que incide sobre el sufrimiento.

 

Bibliografía

  • Feinmann, José Pablo. 21 de septiembre de 2016. Programa: Filosofía aquí y ahora. ¿Qué hacemos con lo que hicieron de nosotros? [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=bzzsoMyO_VU
  • Freud, Sigmund (1920), «Más Allá del Principio de Placer». Obras completas -1ª. Ed., 4ª reimpr. – Buenos Aires: Ed. El Ateneo, 2011.
  • Lacan, Jacques, (1964), El Seminario libro 11. -1ª ed. 20ª reimp. – «Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis». Ed. Paidós, Bs. As 2013.
  • Miller, Jacques-Alain, (1986), «Recorrido Lacan» Conferencias Caraqueñas, Cap. IV «La Transferencia de Freud a Lacan”. Ed. Manantial, Bs. As.
  • Miller, Jacques-Alain, (1999-2000), «Los usos del lapso”, Cap. III, V y XII. Ed. Paidós.

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Reseña Clase 1: “El inconsciente y la repetición”.

Reseña Clase 1: “El inconsciente y la repetición”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”.

El día Martes 14 de Abril se llevó a cabo la primera clase del Seminario Teórico-Clínico 2020 La Interpretación en la Dirección de la Cura Seminario 11 de J. Lacan. Esta  clase llamada “El Inconsciente y la Repetición” estuvo a cargo de la psicoanalista Susana Amado directora del CID Santiago del Estero, AME, Miembro de EOL (Bs.As.)

     La docente comenzó refiriéndose al Seminario del año 1964 expresando que se va trabajar a partir de los cuatro conceptos Fundamentales del Psicoanálisis que son Inconsciente, Repetición, Transferencia y Pulsión.

     A continuación, haciendo referencia al primer capítulo del Seminario “La Excomunión”, señalo que el Seminario 11 viene al lugar del Seminario Inexistente Así llamado por Miller, seminario del que sólo se conoce una sola clase, es decir (una operación metafórica) de los Nombres del padre. Al lugar de lo que queda de religioso de reverencial al padre. Pero al mismo tiempo los cuatro conceptos no dejan de ser cuatro nombres del Padre.

  En relación a Los nombres del Padre aclara de que se trata de un Padre en tanto función reguladora y que puede ser ocupada por cualquiera, por ejemplo: un Estado, una institución o un Sujeto. Los Nombres del Padre son los cuatro conceptos fundamentales, a los cuales Lacan va agregar los conceptos de Sujeto y Real. Lo común a los cuatro conceptos es los conceptos de Inconsciente. Que primero lo presenta como sujeto, sujeto del Inconsciente, Después como repetición, El inconsciente repite, luego como emergencia de la transferencia, cuando define a esta como la puesta en acto de la realidad del inconsciente. Y luego la pulsión, cuando otorga al inconsciente la función de pulsación que la homologa a la pulsión. Subrayó que en estos Cuatros conceptos de Freud se van infiltrando los de Lacan: la noción de Objeto a en el binomio Inconsciente -repetición y la alienación-separación con transferencia y pulsión.

 En este tiempo de enseñanza el Inconsciente está estructurado como un lenguaje.  Se sirve de la Antropología filosófica para indicar que existen relaciones pre-subjetivas, que la naturaleza proporciona significantes que organizan de un modo inaugural las relaciones humanas.

Señalo también la diferenciación que Lacan establece con respeto a la lingüística, al subrayar que si el inconsciente funcionara según las leyes de la metáfora y la metonimia sería un inconsciente del cual nada se sabría.  . El Inconsciente  que le interesa a Freud subraya Lacan no es el de la antropología o el de la lingüística, sino el que obliga a una suposición del sujeto.  En otras palabras marcar la diferencia entre inconsciente y sujeto del Inconsciente. Qué clase de sujeto hay que suponerle al goce. pero que solo prueba que existe éste, solo cuando falla, cuando uno se pregunta “no sé donde estoy parado”, “no soy cuando sueño”, “no soy cuando hablo. “

        Lacan va a desplegar cual es el estatuto del Inconsciente y agrega que la primera manifestación es la discontinuidad, una vacilación en cualquiera de las formaciones del Inconsciente. Se trata de un Sujeto indeterminado, que tiene que ver con algo del orden de lo no realizado. Se le otorga un estatuto evanescente, lo cual lo encontramos en las formaciones del Inconsciente, pero no en el síntoma. En un análisis el síntoma es puro desconocimiento al principio, ante lo cual, la interpretación busca generar  un hallazgo, una sorpresa, una discontinuidad.

  El inconsciente busca interrumpir en la consciencia, con una insistencia ligada a marcas, al trauma, a lo  Real. En el retorno de esa huella, algo se repite y algo se escapa. Que algo se escape es lo que comanda la repetición y por ende vela lo real. Siempre hay fracaso de la repetición. La repetición sería lo que no cesa de ser imposible.

   Podemos concluir que  los cuatro conceptos Fundamentales, desde Lacan, tienen que ver con la no relación entre el sujeto y objeto. En la constitución del sujeto siempre queda un saldo, un resto inasimilable.  Un análisis consiste en saber cuál es el goce para ese sujeto, orientará preguntarnos acerca de: ¿Qué sujeto hay que suponerle al Inconsciente? ¿Qué lugar ocupa ese sujeto en el campo del Otro? ¿Con qué goza ese Sujeto? Un análisis concluye cuando un Sujeto puede hacer esa extracción del objeto, de ese lugar que ha funcionado como tapón de alguna falta.

Realizado por: Área de Eventos del CID Santiago del Estero

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Reseña Clase 5: “Alienación y Separación: Afánisis”.

Reseña Clase 5: “Alienación y Separación: Afánisis”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”.

El viernes 14 de Agosto se llevó a cabo la Clase 5 denominada “Alienación y Separación: Afánisis”. Las docentes a cargo de esta clase fueron Inés Contreras (EOL – AMP – Integrante del CID Sgo), Cristina Ruchelli (Integrante del CID Sgo) y Silvia Zarba (Integrante del CID Sgo) quien realizó un aporte en relación a la lógica de la cura.

La apertura del encuentro estuvo a cargo de Inés, quien planteó que Lacan trabaja en el seminario 11, en los capítulos referidos a estas operaciones, cuatro términos: sujeto, S1, S2 y a, atendiendo especialmente a las relaciones del sujeto con el Otro, articulado no sólo al significante sino al objeto a. Al respecto, Lacan dirá que lo que orienta al sujeto en su relación con el Otro es la pulsión parcial.

Para Freud la líbido es energía pulsional. Lacan, en cambio, se referirá a ella como un órgano, esencial para comprender la naturaleza de la pulsión. No es real, ni simbólica, ni imaginaria, es irreal, una sustancia que no se deja atrapar, pura vida que se derrama. Se referirá así a la laminilla. Dirá que la líbido es indomeñable, pero que no impide encarnarse en un órgano.

En este proceso, el sujeto se instala en el campo del Otro por la vía de la falta. Esta falta es doble: la que adviene en el sujeto del significante y, una falta real, anterior a su función de ser viviente.

Cristina desarrolló las dos operaciones lógicas que se producen en el advenimiento del sujeto: reunión (alienación) e intersección (separación).  Refirió que sólo a través de la primera, el sujeto produce una articulación al Otro. En esta operación el sujeto se dirige al sentido del Otro, encuentra en el campo del Otro un S1. En la separación, se produce una intersección común: el encuentro de dos faltas: del sujeto y del Otro. En esta segunda operación el sujeto se aísla del sentido del Otro y apunta a su ser (a). En la primera operación, el sujeto busca hacerse significar (sujeto del significante). En la segunda operación, el sujeto busca el objeto.

El significante que se produce en el Otro, sólo funciona reduciendo al sujeto a no ser más que un significante, en el mismo movimiento con que lo llama a hablar como sujeto. Este S1 con el que adviene el sujeto, viene del Otro. Supone la identificación primordial al discurso del Otro, ciñendo la singular posición del sujeto en el campo del Otro. Este significante que habla del sujeto, y desde el cual él se aprehende, está indeterminado, “ahí no hay nada”, siempre es posible adicionarle un significante más. En este sentido, la alienación implica la desaparición (fading) del ser. Si elegimos el ser, caemos en el sin sentido. Si elegimos el sentido, éste aparece recortado, por la desaparición del ser. En la elección algo se pierde.

La separación completa la circularidad de la relación del sujeto con el Otro. Una falta es lo que encuentra el sujeto en el Otro, de allí el “qué me quiere”. El sujeto es aprehendido en su falta. El qué me quiere, refleja aquí el enigma del deseo del Otro. En este encuentro con la Falta del Otro, el sujeto pone en juego esa porción de sí perdida, produciendo una respuesta ante ese enigma que abre el deseo del Otro. El sujeto va a colocar su propia falta para tapar la falta del Otro, colmándola con el objeto.

Separarse de la buena manera no es, entonces, la cancelación de la alienación, sino un retorno a la misma, en donde el sujeto queda alienado al objeto a. Separarse, saber lo que uno es, más allá de la inscripción en el Otro.

Inés tomó a su cargo el desarrollo del capítulo de La afánisis, puntuando que no hay sujeto en lo real, sólo hay sujeto por efecto del significante, no hay nada de él antes del significante. El sujeto no se produce de un solo salto, tendrá que navegar entre S1 (significante unario) – S2 (significante binario), con el S1 sólo no alcanza.

Dirá que la significación es el interjuego entre los significantes que vienen del Otro y los significados. Para Lacan, lo reprimido no es la significación. La interpretación va contra la significación.

Una orientación clínica fue plantear que la paranoia imaginaria se pacifica en lo simbólico, algo pone un orden, está la función sublimatoria. En la psicosomática, hay 2 significantes, S1, S2,, sin embargo, no hay afánisis del sujeto, no hay desaparición: la líbido no busca en el exterior sino que vuelve al cuerpo. Dará el ejemplo de la holofrase, al no haber afánisis, hay un bloque S1-S2 y pasa directamente al cuerpo. Es un defecto de la metaforización, una coagulación en un solo significante. Dirá que no hay movimiento, esta afánisis de poder elegir, por eso se pasa al acto. Concluirá diciendo que la libertad puede pensarse, en relación al final de análisis, al separarse en la transferencia, al decir “soy eso, lo que fui en el deseo del Otro”.

Para concluir, Silvia Zarba tomó una viñeta clínica extraída del texto “Anorexia neurótica: una falla en el uso del fantasma” por B. Horne y C. Sales, publicado en el libro “Púberes y adolescentes. Lecturas lacanianas”. El cual permitió trabajar sobre los conceptos desarrollados.

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Reseña Clase 3: “Transferencia y Pulsión”.

Reseña Clase 3: “Transferencia y Pulsión”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”.

En la mañana del sábado 13 de junio se llevó a cabo la Tercer Clase del Seminario teórico-clínico 2020: “La interpretación en la dirección de la cura” denominada “Transferencia y pulsión” (primera parte) la misma estuvo a cargo de Francisco Ruiz y Gastón Vallé, integrantes del CID Santiago del Estero.

Los capítulos abordados del Seminario 11 fueron el X Presencia del analista y el XI Análisis y verdad o cierre del inconsciente que se encuentran en el eje Transferencia y pulsión.

Francisco Ruiz inició la clase realizando una articulación entre Transferencia e Inconsciente, en el sentido que la transferencia puede ocurrir tanto dentro como fuera de un análisis, en cambio el inconsciente sólo se produce dentro de un análisis. Realizó un exhaustivo recorrido partiendo de conceptos freudianos tales como la rectificación subjetiva, que sería una modificación que se produce en el sujeto en relación con su realidad; abordó las nociones de trauma y síntomas entendidos como resultado de aquellas palabras no dichas que cuando el analizante habla de ello el síntoma cede. Es el tratamiento por la palabra, o talking cure, según lo denominó Ana O. en 1880 y más tarde Lacan dirá que a partir de allí se abrió un surco nuevo que es el Psicoanálisis y va a plantear a la praxis analítica como un tratamiento de lo Real por lo Simbólico.

El docente, puso especial énfasis en la cuestión del lazo amoroso de la transferencia que para Lacan funciona como resistencia o como obstáculo en el análisis; la  resistencia es del lado del analista que produce el cierre del inconsciente, en cambio para Freud el cierre del inconsciente es cuando el paciente dice “no sé”, ahí  Freud ubica una resistencia a decir algo del trauma. Para Lacan el cierre del inconsciente se produce cuando el analista le da sentido a todo lo que dice el paciente.

Para ejemplificar la transferencia amorosa como resistencia al tratamiento se refirió al  caso de Ana O. en donde la dimensión erótica hacia su analista funcionó como obstáculo para el tratamiento.

También hizo referencia a los post-freudianos que privilegiaban una realidad objetiva en cambio Freud privilegió la realidad psíquica, fantasmática, individual, el “teatro privado”, es decir lo que le pertenece al campo singular de cada sujeto. Se trabajaron algunos artículos de Sacha Natch, Ida Macalpine y Franz Alexander.

Otro tema que desarrolló fue el concepto de inconsciente como pulsación y señaló que cuando se produce una interpretación, en ese movimiento de pulsación, la interpretación queda del lado del analizante y opera como apertura del inconsciente; citó lo que Lacan dijo en 1958 acerca de la interpretación como aquello que descifra la diacronía de las representaciones inconscientes.

La interpretación es aquello que el analista dice y que produce un efecto en el sujeto, no se puede calcular totalmente sus efectos; ese efecto no es dar un sentido sino producir un efecto de sentido.

Lacan propone lo que es del orden del Deseo del analista que se agrega al nudo Inconsciente, Transferencia e Interpretación y retoma lo que Freud había comenzado a plantear a partir de  escuchar a las histéricas. Allí interviene un deseo que no es solamente terapéutico sino que es un deseo del orden del enigma. Miller al respecto se pregunta ¿qué es un analista? Y esa pregunta no tiene una respuesta universal.

Luego continuó la exposición Gastón Vallé el cual trabajó un caso clínico de la revista Mediodicho N° 31 de Hilda Vittar, para ilustrar la articulación de los conceptos desarrollados en donde fue puntuando claramente los diferentes momentos de la transferencia y el efecto de las interpretaciones en el marco analítico.

Luego de la Clase se abrió un espacio para las preguntas que produjo un intercambio muy enriquecedor con valiosos aportes de los presentes. Los aportes de los integrantes del CID y de los asistentes permitieron profundizar en la comprensión de lo expuesto.

La clase se desarrolló por la plataforma Zoom.

 

                                                                                                     Área de Difusión

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Reseña Clase 4: “Bordes: Inconsciente, transferencia, pulsión”.

Reseña Clase 4: “Bordes: Inconsciente, transferencia, pulsión”. Seminario Teórico - Clínico 2020 “La interpretación en la dirección de la cura”

El día Viernes 17 de julio se llevó a cabo la cuarta clase del Seminario Teórico-Clínico 2020 La Interpretación en la Dirección de la Cura Seminario 11 de J. Lacan. Esta  clase llamada “Bordes: inconsciente, transferencia, pulsión” estuvo a cargo de la psicoanalista Marita Salgado, miembro AP de la EOL (Bs.As.) y de la AMP.

La docente refiere al seminario 11, como una extracción, condensación notable de la obra freudiana; y toma las palabras de Graciela Brodsky, para referirse al Inconsciente en la obra de Lacan, “… la existencia misma del inconsciente depende del analista, como si este fuera el que lo hace nacer…”. Lacan se encuentra en el dilema de cómo articular la pulsión, la realidad sexual con el significante. Sobre el concepto de realidad sugiere tener en cuenta, que Lacan siempre se refiere a la realidad en acto, que se produce en la transferencia. Estos dos conceptos (realidad sexual y significante) son bordes, no hacen uno, por eso es una verdad insostenible.

Haciendo referencia a lo sexual en Lacan, explica como va a  introducir lo sexual por la vía del deseo del analista, deseo muy especial que no es deseo que se decanta en la demanda ni del desplazamiento de los significantes. No es un deseo puro, proviene del goce. Para que los dos campos (de la pulsión y del significante) se unan, nombra el Deseo del analista. En la articulación de estos conceptos, Lacan recurre a Freud, sobre el texto “Las pulsiones y sus destinos”.

“Lo qué pasa a primer plano es que el inconsciente si está estructurado como un lenguaje es goce de la repetición. Es decir que la reconsideración de la pulsión a la que asistimos trae como consecuencia la promoción posterior del término goce que se introduce en la estructura misma del Icc.”(Lacan, pag  114). Se refiere a la pulsión, como un concepto límite entre lo somático y lo psíquico, la cual recorta un agujero del cuerpo a partir de la pérdida del objeto a. Para que haya un agujero, un borde, algo se debe haber perdido. La pulsión erotiza una zona del cuerpo y las demás quedan desexualizadas. También  va hablar de la pulsión como un montaje, compuesta por elementos. Hay un circuito en la pulsión que  va y viene, no cesa. Es siempre  la constancia de esos elementos.

 

Entre el sujeto y la pulsión hay un punto de apoyo que es el amor. La pulsión recorta, despedaza el cuerpo y el narcisismo es el que va a otorgar una imagen de unidad. 

La docente se pregunta ¿Cómo están ligados el sujeto y la pulsión? Están ligados  por una cuestión topológica. Hay comunidad topológica. La imagen o gráfico del ocho interior sirve para explicar que en el circuito mayor están las demandas y en el circuito más chico el deseo. La libido estaría entre estos, en el cruce, pero no en la intersección. Además conceptualiza el  concepto libido.  La laminilla como un órgano de la libido. Esa parte que se escapa y se pierde al nacer. También la  libido  como puro instinto de vida. La libido sería pura vida sin muerte.

 

                                                                         Área de Eventos. 

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Clase nº2: «EL SUJETO SE HACE MANCHA AL ENTRAR EN EL CUADRO.»- Cesar Mazza.

Clase nº2: "EL SUJETO SE HACE MANCHA AL ENTRAR EN EL CUADRO."- Cesar Mazza*

Presentación por Gabriela Agostinelli: Buenas tardes a todas y a todos, doy inicio a este encuentro de nuestro CID, Santiago del Estero, que cuenta hoy con la transmisión de nuestro estimado colega Cesar Mazza, de la EOL sección Córdoba. Tal como lo adelantó, Cesar va a trabajar, en esta ocasión, en torno a tres puntos. El primero es la entrada en juego de la esquizia, con la repetición y el mal encuentro. Lo real es lo más cómplice de la pulsión. El segundo punto, la función de la mancha en apólogo de Chuang Tzu y en el Hombre de los Lobos. El tercer punto, el gesto del pintor, un antecedente de la operación del semblante. Ahora sí, le doy la palabra a Cesar.

Cesar Mazza: Buenos días, muy agradecido por compartir con ustedes este espacio y vamos a arrancar directamente con el intento de entrar al texto de Lacan, su Seminario 11. Obviamente, en un punto es un imposible, porque no sé si vamos a poder lograr exhaustivamente recorrer los cuatro capítulos dedicados a la esquizia del ojo y la mirada. En un punto, consideremos que, como dice Eric Laurent, la enseñanza de Lacan es por trozos, son trozos de real. Es decir, si alguien intenta tomar, vamos a decir, intenta llegar a una unidad, llegar a una síntesis, o llegar a un todo, por supuesto que no va a captar absolutamente nada de la enseñanza de Lacan. Son trozos de real y justamente esta perspectiva tiene que ver con el encuentro, el mal encuentro. Con lo que, ya metiéndonos en estos capítulos de Lacan, con lo que va a diferenciar, tomando a Aristóteles, entre el automaton y la tyche. La tyche definida como el accidente, el mal encuentro. Ella es un punto clave para dilucidar el concepto fundamental de la repetición. Me parece importante subrayar que la repetición en términos de la tyche es un mal encuentro y nos va a dar el horizonte de lo real a esta altura de la enseñanza de Lacan.

Y, volviendo un poquito atrás, la operación de lectura que nos podemos proponer, obviamente, va a depender también de la tyche y del mal-encuentro en cada uno. Es decir, que la lectura es un acontecimiento singular. Esto es, evidentemente, una apuesta colectiva, sabiendo que justamente va a fracasar. Es decir que el asunto es cómo cada practicante, cada analizante, digamos, continúa su análisis en extensión, va a ubicarse respecto de ese mal encuentro con el texto, la enseñanza de Lacan. Porque si no se tiene en cuenta esta perspectiva, no estamos en la enseñanza de Lacan. Estamos en otra cosa, que se yo, en otro discurso. Entonces, la apuesta es que consideremos que los enunciados del texto se captan en función de la enunciación, y en la enunciación vamos a ubicar estos accidentes en cuanto a la transferencia que vamos a tener con la enseñanza de Lacan.

Bien, les decía que en el capítulo VI del Seminario 11, que se llama “La esquizia del ojo y la mirada”, vamos a ubicar en primer lugar esta diferencia, que hay una red de significantes y el retorno de esa red, eso es lo que Lacan ha distinguido como el automaton, pero la tyche no es el retorno de lo ya escrito, el retorno de lo que aparece en la red. La tyche aparece como algo del orden de lo accidental, del accidente, y en este punto, va a ser clave para introducir el término de la esquizia. Es decir que la esquizia la introducimos en función de la tyche, del mal encuentro. Lacan está tomando de La interpretación de los sueños de Freud, el sueño llamado “el sueño de los sirios” donde está en juego la situación de un padre que ha perdido un hijo, y en algún momento, en el contexto de estar velando ese hijo, se duerme y sueña que el hijo lo toma y le dice: padre, ¿no ves que ardo? Y eso es una conexión con una situación en la realidad, y esta situación en la realidad es que en el momento en que el padre está soñando en el velatorio, el hijo estuvo al cuidado de un anciano que se había dormido y parece ser que unas velas estaban quemando o estaban a punto de quemar la mortaja, toda la escena.

Lo que a Lacan le va interesando es este momento de despertar, donde fíjense que lo que se pone en juego como dimensión de lo real es lo imposible de la función del padre. Es decir que hay algo de una perspectiva de que el padre está ubicado respecto de lo real y eso es lo imposible. Esto es, hay algo que aparece demasiado tarde o demasiado pronto y eso es la dimensión de la tyche, del mal-encuentro. Y al mismo tiempo hay una invocación a una idealidad, hay una invocación a un padre ideal. Toda la operación de un análisis se puede ubicar con ese sueño. Que ese “padre, no ves…” es una invocación a una idealidad del padre, como si el padre tendría que haber visto algo que el padre no pudo ver. Es la dimensión del padre ideal. Ahora, el padre real es el padre, digamos, que no pudo estar, vamos a decir, a la altura de las circunstancias. En torno a este problema de lo real, de la tyche y de la esquizia, Lacan va dialogando con otros discursos y con una perspectiva actual en ese contexto de lo que era el psicoanálisis. Y, por supuesto, eso es algo que no está superado y eso retorna permanentemente y es el idealismo.

El psicoanálisis no es un idealismo, es un tratamiento respecto del ideal. Fíjense en el contexto del Seminario 11, que es el primer seminario que Lacan da luego de lo que él denominó su “excomunión”. Es decir, una proscripción que le llega de la internacional, de la IPA, donde él era un analista didacta, le llega la proscripción de oficiar como didacta, no seguir enseñando como venía enseñando. Entonces, eso ocurre fundamentalmente a la altura de la clase del 20 de noviembre del 1963, cuando él empieza a dar un seminario que iba a ser titulado Los Nombres del padre, y lo tiene que interrumpir. Da una única clase porque le llega la proscripción de la junta directiva de la IPA. Entonces, este seminario de los cuatro conceptos fundamentales del año 1964, es el primero que inaugura luego de ser excomulgado. Este comienzo del seminario tenemos que contextualizarlo, porque si no no entenderíamos, justamente como dice Eric Laurent, la enseñanza de Lacan como trozos de real, sino que entenderíamos a Lacan en una perspectiva idealista. Es decir, que hay siempre un emplazamiento de la palabra. En este contexto del Seminario 11, Lacan funda una nueva lógica colectiva que ya no va a ser una asociación, sino que va a ser la escuela. Por eso es que los conceptos están absolutamente marcados por este contexto.

Entonces, siguiendo un poquito más y avanzando, hay dos párrafos en lo que me quiero detener -de la página 77- donde me parece que es importante hacer un mínimo subrayado de esto. El párrafo se refiere a lo que Lacan dice en relación a la llamada actualidad de la situación de la transferencia. Me parece muy importante volver a ubicar, siguiendo un texto de Jacques-Alain Miller -que ayer lo cité, Hacia PIPOL N° 4 o 5 del año 2007, 2008-, donde dice que el psicoanálisis es una instalación móvil y el analista es un objeto nómada susceptible de desplazarse en distintos contextos. Entonces, entre otras cosas, lo que Miller está ubicando es la diferencia entre la instalación y el encuadre. Es decir que, en la orientación lacaniana, en la enseñanza de Lacan, y por supuesto esto está extraído de Freud, no se trata del encuadre o de la situación. Se trata de la instalación del dispositivo. En este párrafo, lo voy a leer de forma exhaustiva, porque me parece necesario ir respirando el texto, ir deteniéndonos. En la página 77, Lacan dice: “El aspecto cerrado de la relación entre el accidente, que se repite […].” Es decir, hay algo que se repite y no es el retorno de la red de los significantes. Se repite el accidente, lo que ya dilucidó en el capítulo anterior entre automaton y tyche. Bien, “y el sentido velado, que es la verdadera realidad y nos lleva hacia la pulsión, nos proporciona justamente la certeza de que la desmitificación de ese artificio del tratamiento que se llama la transferencia no consiste en reducirla a la llamada actualidad de la situación.”

Así Lacan va ubicando ese punto, nosotros podemos extrapolar el asunto, de la actualidad de la situación, donde podemos ubicarnos en términos de lo que es una versión del imaginario y en esa versión del imaginario está en juego la relación, digamos, dual, entre el yo y el otro, entre el yo del analista y el otro del sujeto analizante. Sería ese espacio de la realidad que distintos autores posfreudianos han entendido que es el dispositivo y que lo han llamado encuadre. Que, por supuesto, es moneda corriente en los ámbitos psi, equipos de salud mental, en fin, hay algunas personas que no dejan de sorprenderse cuando un practicante de psicoanálisis está en un hospital y se da que tiene una sesión en el pasillo o en el patio del hospital. Es decir, si está ubicado analíticamente, ahí transcurre una sesión, tyche. Es decir, salgo del consultorio, me cruzo con alguien en el pasillo y me empieza a hablar, o llega una paciente sin turno y por supuesto la secretaria, el orden medico va a decir “bueno, no, tiene que volver cuando pase la cuarentena -qué se yo- cuando sobreviva, cuando sobrevivamos”. Pero no, me lo encuentro y le digo cuénteme que le pasa, y tiene lugar, en el pasillo, un encuentro. Y eso es la presencia del analista y eso es la perspectiva de la tyche. No es que, no, el encuadre. Tiene que sacar turno y cuando pueda lo voy a atender. Bueno con algunos pacientes si se puede hacer eso, es el caso por caso. Estoy haciendo un poco una caricatura para ubicar que aquello de la actualidad de la situación dio lugar a entender que la transferencia se reducía solamente al registro imaginario, y aquí Lacan va a ubicar que está en juego en la transferencia el orden de la tyche, del mal-encuentro, del accidente y que esto nos lleva hacia la pulsión, nos abre la perspectiva de la pulsión.

Bueno, continuo con ese párrafo. Lacan dice: “La dirección señalada por esta reducción a la actualidad de la sesión, o de la serie de sesiones, no tiene siquiera un valor propedéutico. El concepto exacto de la repetición ha de obtenerse en otra dirección que no podemos confundir con el conjunto de los efectos de transferencia. Cuando abordaremos la función de la transferencia, nuestro problema será el de saber cómo la transferencia puede llevarnos al meollo de la repetición.” Entonces, va haciendo un nudo entre la transferencia, la repetición en tanto tyche o accidente y la pulsión.

Bien, en el párrafo siguiente entra en juego el término esquizia. “Por eso mismo -dice Lacan- es necesario fundamentar primero la repetición en la propia esquizia que se produce en el sujeto respecto del encuentro.” Es decir que una cosa es el sujeto del significante, el sujeto del retorno de la red del significante, del automaton, y otra cosa es cómo se produce la esquizia en el sujeto con la repetición, tyche. Dice: “Esta esquizia constituye la dimensión característica del descubrimiento y de la experiencia analítica, que nos hace aprehender lo real, en su incidencia dialéctica, como algo que llega siempre en mal momento.” Brevemente, voy a subrayar que hay una incidencia dialéctica cuando se pone en juego la esquizia y cuando nos abre el camino para ubicar lo real a la altura de este seminario.

Vamos a decir que hay, por un lado, una perspectiva que es la dialéctica, en Lacan, muy subsidiario de la enseñanza de Alexander Kojève -que fue el introductor de Hegel en Francia-, que no es una influencia más en Lacan. Lacan concurre en los años 30, aproximadamente ocho años, al seminario de Alexander Kojéve, que estaba enseñando Hegel. Entonces, es una impronta, una relación muy del orden del encuentro, de lo que años posteriores Lacan va a llamar la resonancia, entre Lacan y Kojève. Lo menciono porque siempre hay un pensamiento idealista y romántico en juego en el psicoanálisis, que considera que algunas personas son geniales, es el mito individual que la genialidad nacería solamente de un talento individual. En un punto eso es no entender nada. Obviamente que es una mentalidad, la mentalidad se impone, es un lugar de enunciación. La cuestión es que si nosotros no consideramos cómo están dichas las cosas, cómo está instalado el discurso, no estamos en el discurso analítico, estamos en otro discurso. El asunto es que nosotros usemos los otros discursos para siempre volver a instalar el discurso analítico.

Bueno, entonces, la dialéctica, la esquizia, la tyche, la repetición. Es decir que va a incidir en el proceso dialéctico, porque en algún momento Lacan, en los años 50, entendía que la transferencia era un proceso dialéctico. Mejor dicho, el tratamiento analítico era un proceso dialectico y la transferencia se subsumía a una transferencia simbólica, entendiendo lo simbólico como una dialéctica que iba a poner en juego el progreso de la verdad. Eso es un texto del año 1948, que se llama Intervención sobre la transferencia que está en Escritos 1. También entendía que hay otro tipo de transferencia que planteaba una inercia. La transferencia imaginaria planteaba una inercia a este proceso de la dialéctica. Acá va a ubicar lo real y cómo lo real va a incidir en esta dialéctica. También, entendamos que la dialéctica en el Seminario 3, dedicado a la psicosis, del año 1956, ocho años antes del Seminario 11, él menciona cuestiones que se oponen a la dialéctica. Supongamos, algo que aparece en términos del goce, algo que aparece en términos del fenómeno elemental, hablando estrictamente de la psicosis, que aparece sin dialéctica.

Por eso es muy importante el análisis personal para la lectura y para aprender psicoanálisis. Porque en un punto, podemos decir “no puedo avanzar de la página 77, porque encuentro un término que me remite a otro término.” ¡Si, por supuesto! En un punto la parte hace al todo, con que logremos captar un trozo de una página de Lacan, ya estamos. La posición neurótica es buscar una unidad, y después una síntesis, y después una comprensión, pero eso es justamente salirse de la enseñanza de Lacan. Por eso es muy importante el análisis personal en la formación. No es un cursito más que alguien puede hacer. Por eso es muy importante esta red del IOM, que apuesta a instalar el discurso analítico bajo estos medios, por este procedimiento.

Entonces, pasamos a la página 78. Les prometo que luego voy a tomar otro camino, no tanto lo que sería este ejercicio. Porque este ejercicio se llama disciplina del comentario. Hay otro tipo de procedimiento que es la perspectiva del concepto. Voy a ensayar ambos. Ahora, la otra frase que está en ese párrafo y que da pie a la vuelta de página, dice: “Precisamente por ello lo real, -fíjense que va ubicar lo que es lo real en este momento- lo real en el sujeto resulta ser lo más cómplice de la pulsión, a la cual llegaremos en último término, porque sólo el recorrido de este camino nos permitirá concebir de qué se trata.” Esta frase uno la puede aislar, porque ahí encontramos toda una cuestión que hay que entender, como señala Jacques-Alain Miller en un texto de los matemas, que en Lacan tenemos siempre una perspectiva, vamos a decir, retórica donde una de las construcciones que utiliza son los aforismos y lo interesante es que esta perspectiva retórica, aforística, está enlazada lógicamente. Hay una lógica que está en juego entre líneas, en determinados aforismos de Lacan. Por ejemplo, uno puede tomar determinados aforismos y ubicar que hay una lógica en juego.

“Lo real, lo más cómplice de la pulsión”. Esta frase es muy potente. Lo real en el sujeto resulta ser lo más cómplice de la pulsión. Acá dejo abierto, y en una de esas lo podemos retomar, lo que está en juego, fíjense, hay algo que pasa de una forma muda, en una complicidad solapada. El término complicidad es una categoría ética, es un término tomado del discurso jurídico, cuando alguien dice “es cómplice”, “es cómplice de un delito”. Hay algo en juego de la complicidad sin dialéctica, que se pone en juego con la pulsión.

Avanzando, lo que vamos a tener después es, vamos a decirlo así, una sustitución que hace Lacan de términos que daban lugar a un fenomenal malentendido. Pero no el malentendido provechoso, sino el malentendido en términos de desviación, en el contexto de la producción posfreudiana, que es lo que Lacan va a plantear a partir de la pregunta por lo traumático de la escena primaria, especialmente del hombre de los lobos. Va a sustituir el término de lo psíquico, por el termino de lo tíquico. Entonces, dice en la clase posterior que recibió el acuse de recibo de su audiencia, de que consideró que este término resultó disonante en muchos de los que estaban escuchando a Lacan, como si fuese inclusive un exabrupto. Y entonces, dice Lacan, por qué se asombran, si psíquico es el adjetivo de psique, tíquico es el adjetivo de dystychia, tyche. El punto es que él va a sustituir el malentendido de la realidad psíquica, por lo tíquico que es el adjetivo de la tyche.

Fíjense esta operación. Les había hablado antes sobre la situación de la transferencia, algo que dio lugar a ese malentendido de entender la situación de la transferencia como una situación de la realidad, y que, a su vez, a esa realidad se oponía la realidad psíquica, que es un término que está en el mismo Freud. Lacan va a ubicar un desplazamiento de los términos y dice: “de lo que se trata no es de la realidad psíquica, se trata de lo tíquico, respecto de la tyche, del accidente, dystychia, mal encuentro. Es la perspectiva que nos va a ubicar en la repetición y, obviamente, va a abrir las vías de la pulsión como lo más cómplice del sujeto en la transferencia.

El término que va a emplear es, dice en la página 78, “hay un hecho facticio” en la experiencia del hombre de los lobos contemplando la escena primaria. Este hecho facticio es la experiencia de extrañeza en la percepción y esa posición del sujeto de extrañeza cuando contempla la aparición y desaparición del pene en la escena primaria. Dice, es un hecho facticio. Es muy importante esto, porque alguien que está demasiado apurado por aprender a Lacan, se pasa de largo todas estas cosas, no se detiene a dilucidar este término. Como dice Jacques Alain Miller, dilucidar la enseñanza, el texto de Jacques Lacan. Obviamente, se necesita un poco de humor y entrarle por distintos lados. No apurarse, soportar no entender, es la disciplina que Lacan mismo señala en el Seminario 3, no comprender para poder dar lugar al golpe de la palabra, en este caso a la lógica del texto. Dejarse sorprender, digamos. Que es un término que Lacan va a utilizar en los años 70, respecto de “incautarse”. Es decir que los no incautos siempre yerran. Entonces, incautarse del texto de Lacan, va a implicar esta operación de que uno puede siempre volver por primera vez al texto de Lacan. Es una posición que tiene que ver con el uno de Heráclito, y no con una entelequia. La entrada al texto implica algo de lo que señala la frase de Heráclito, “nadie puede bañarse en el mismo río dos veces por igual”. Esto supone que hay algo que está en juego, algo nuevo que es una tyche en esa operación, no es el uno de la entelequia. Esto yo ya lo sé. No. El que no se deja incautar por el texto de Lacan, no puede leer Lacan. Por eso insisto en que la lectura tiene que ver con el análisis personal. A medida que uno avanza en el análisis personal, puede dejarse incautar por el texto de Lacan.

Volviendo a este punto, es un hecho facticio porque no se trata de la realidad del hecho, hay una diferencia y una extrapolación en la lectura que hace Lacan de lo que dice Freud, de lo que hace Freud. Una de las traducciones de facticio es artificial. No se trata de que en la escena primaria el sujeto reconstruya la realidad de los hechos, no se trata de eso. Lo tíquico no tiene que ver con reconstruir algo vivido por el sujeto. Es del orden de la experiencia, por la extrañeza que causó, pero eso no quiere decir la realidad de los hechos.

Esta posición es muy importante tenerla en cuenta porque lo que Lacan va a decir, va a poner de ejemplo para la tyche, en el capítulo anterior, es la búsqueda afiebrada de Freud como si lo real estuviera consignado en una realidad de los hechos. La búsqueda afiebrada de Freud por encontrar la escena primaria, porque con ese descubrimiento Freud, con este caso del hombre de los lobos, iba a contribuir al progreso del psicoanálisis. Lo que plantea Lacan, es que esa búsqueda afiebrada de Freud, esa tyche, provoca un mal encuentro. Hay que considerar que esa búsqueda afiebrada de Freud lo lleva, entre otras cosas, a bancar al paciente. Es decir, a organizar una colecta entre analistas para sostener económicamente al paciente, porque este supuestamente iba a contribuir a la ciencia analítica, en términos de Freud. Freud quería encontrar una realidad de los hechos, en el orden de los hechos y no en el orden de lo facticio, diríamos con Lacan, en la escena primaria.

-Hay una pregunta en el auditorio: Me gustaría preguntarle, ¿Cómo es eso de la complicidad de la pulsión sin dialéctica? ¿O la complicidad sin dialéctica de la pulsión?

Cesar Mazza: Esta pregunta es muy importante. Lo que podemos considerar como fenómeno clínico en esa complicidad es, por ejemplo, el acting out. Es decir que hay una complicidad que no entra en análisis y que, sin embargo, es transferencia, y donde la pulsión actúa, en ese destino fijado, encuentra una forma de montaje que es el acting out. Eso sería ubicar que hay una complicidad sin dialéctica. El asunto sería cómo el analista se las va a arreglar, es una transferencia salvaje, para que ese montaje vaya entrando nuevamente, o entre por primera vez, en una dialéctica.

Pasemos a otro punto donde hay una referencia que Lacan toma de un filósofo muy importante en este contexto, Maurice Merleau-Ponty. En este contexto acaba de publicarse Lo visible y lo invisible de él, y es, también, una conexión importante de Lacan con este filósofo. De casualidad, porque estaba leyendo otra cosa, hace poco encontré una clase del Seminario 8 que tiene lugar en el momento de la muerte de este filósofo, y Lacan le dedica un breve párrafo, respecto a la posición, lo que nosotros diríamos, del enseñante. Me parece que vale la pena ubicar eso. ¿Por qué? Porque no es lo mismo un autor que esté vivo, a uno que esté muerto. Nosotros no tendríamos por qué caer en un cinismo de otros discursos, donde me importa solamente la conveniencia, cumplo con esto y bien. Esta posición canalla, especialmente soy sensible a eso, no me gusta, no la comparto y justamente creo que no tiene nada que ver con el discurso analítico. Hay una separación, hay una posición muy fuerte de Lacan respecto de lo que es la posición canalla, cuyo partenaire es siempre el tonto. Incluso, habitan las dos posiciones en una sola persona. Es tonto y es canalla, cíclicamente, sin dialéctica diríamos. Por citar un juego de esa dialéctica, tendríamos una negatividad de ese goce, tendríamos una posibilidad de vaciamiento de ese goce. Justamente, en esa cuestión cíclica entre la tontería y la canallada, está planteado por Lacan en el Seminario 7, no tenemos una dialéctica.

Bien, entonces, lo que dice de Merleau-Ponty, está en la página 317 del Seminario 8 capítulo XX que se llama La abyección de Turelure -que es un personaje de la tragedia de Claudel-, es lo siguiente: “Me disculpo si, en este lugar abierto a todos, pido a aquellos que están unidos por la misma amistad que dirijan un instante su pensamiento hacia un hombre que fue su amigo, mi amigo, Maurice Merleau-Ponty, que nos fue arrebatado el último miércoles, el día de mi último seminario por la noche, en un instante, y cuya muerte nos hicieron saber algunas horas después. La recibimos en pleno corazón.” Me interesa subrayar esto, “Merleau-Ponty seguía su camino, proseguía su investigación, que no era la misma que la nuestra. Habíamos partido de puntos distintos, y yo diría incluso que aunque ambos nos encontrábamos en la posición de enseñar, era por objetivos diferentes. Él siempre había querido enseñar, y yo puedo decir que ocupo esta cátedra muy a mi pesar.”

En un punto, Lacan no es un profesor, nunca tuvo una cátedra, utiliza el semblante de profesor. Bien, eso para no confundir las cosas. Alguien puede ser profesor, pero es muy importante que no se la crea. La práctica analítica es otra cosa, ya sea como enseñante, como lector, como analista.

“Puedo decir que nos habrá faltado tiempo, debido a esta fatalidad mortal para acercar más nuestras fórmulas y nuestros enunciados. Su lugar, respecto a lo que yo les enseñó, habrá sido de simpatía. Y, créanme, durante estos ocho días, el duelo profundo que he experimentado por su desaparición me ha hecho interrogarme sobre el nivel en el que puedo ocupar este lugar, y ocuparlo de tal forma, que puedo ponerme, ante mí mismo, en cuestión.” Es una reflexión de su posición enunciativa. “Al menos me parece que de él recojo -por su respuesta, por su actitud, por su palabra amistosas cada vez que vino aquí- es una ayuda […]”. O sea que no es una fascinación idealizante, respecto de lo que puede ser un maestro o alguien que puede enseñar algo. Habla de una ayuda, es una posición humilde. Yo creo que falta mucho en el psicoanálisis esta posición. La posición del enseñante, que de alguna forma redobla por otros medios la posición del analizante.

Entonces, “[…] es una ayuda, lo cual satisface la idea que creo que teníamos en común sobre la enseñanza. Una idea que aparta lo más lejos posible toda infatuación por principio, y para decirlo todo, cualquier pedantería.” Me parece digno de subrayar esto, porque no es que Lacan cita a un autor solamente para hacer un alarde, un coqueteo intelectual; “mira lo que se”, “te lo refriego en la cara”, “me pavoneo con todo lo que se”. No, hay una transferencia en juego, donde él combate en esta amistad, con Maurice Merleau-Ponty, es el combate contra la infatuación y la pedantería. Me parece algo que no es menor y vale la pena la digresión. La cuestión que toma de Merleau-Ponty, es ya una diferencia porque, dice, no se trata de que el asunto sea entre lo visible y lo invisible, es un cuestionamiento a lo que se entiende por la forma en la tradición filosófica.

-Hay una pregunta del auditorio: Cesar, buenos días, ¿cómo estás? Lo que te quería preguntar es, cuando hablaste sobre lo tíquico y la tyche, si eso es posible entenderlo cuando, por ejemplo, Freud en los primeros historiales clínicos va captando cómo se forma el síntoma. Él habla sobre la importancia de que el sujeto empiece a sentir como una incompatibilidad, entre lo que el yo puede tolerar y un afecto. Entonces, eso produce el síntoma porque produce la censura, dice Freud, y después va a venir la represión. Esa incompatibilidad de lo que el yo puede tolerar, me parecía a mí que puede ser algo de la tyche. No sé si está clara mi pregunta.

Cesar Mazza: Sí, está clarísimo. Tal cual, va por ahí el asunto. Ahí tendríamos la dimensión de lo que, en algún momento, inclusive Freud cuando habla del fetichismo habla del escotoma, de la división que está en juego en la percepción, pero es, en términos de Lacan, la esquizia, en eso tíquico. Ahí tenemos esa dimensión de la esquizia en juego. La esquizia en juego y el camino del síntoma respecto de la esquizia. Eso podemos subrayar.

Público: Justamente, hay una división del sujeto en esta producción sintomática. Creo que también la división del sujeto es producida por Freud, cuando hace que el paciente empiece a asociar. Ahí también hay una división y me parece que ahí también hay algo del encuentro del sujeto con esto tíquico. Gracias Cesar.

Cesar Mazza: Si, tal cual. Vamos a considerar que tenemos la división del sujeto y, a su vez, tenemos la esquizia. Este es un punto del giro que va a plantear Lacan en este seminario. La división del sujeto la podemos ubicar respecto del Otro, del significante que está reprimido y retorna en el síntoma. Pero, a su vez, podemos ubicar esta dimensión de la tyche, de la esquizia donde nos abre otra perspectiva respecto de lo que es, ya no el Otro, sino lo que en años posteriores en Lacan va a ser el tema del cuerpo, que obviamente no es el cuerpo imaginario. Haciendo una extrapolación bastante brutal, haciendo este juego dialéctico. Bien, me parece muy bueno el aporte. Es la forma de aprender y estudiar el psicoanálisis, no tengan miedo a pifiarla, en pensar algo y plantearlo, no es un examen esto. Como plantea Jacques-Alain Miller, es una conversación, no es un examen en donde hay un profesor que te va a decir aprobado o desaprobado. Déjenlo para otra cosa, no sé.

-Hay una pregunta en el auditorio: Quisiera saber bien si la posición del canalla, que lo había nombrado, ¿tiene que ver con el analista o el analizante?

Cesar Mazza: ¡esperemos que no! Con el analista, esperemos que no. Está muy bien, vamos a tomar una referencia de Lacan del Seminario 17, también está en Televisión, que es una entrevista que le hace Jaques-Alain Miller. En función de lo que estábamos hablando sobre lo real, más cómplice de la pulsión, y que no admite dialéctica podemos considerar que el sujeto tiene un goce canalla y un goce tonto al mismo tiempo. Eso no quiere decir que el sujeto sea un canalla. Porque la definición de canalla tiene que ver con alguien que no se hace cargo de sus actos, no tiene ética. No se hace cargo de lo que hizo.

-Comentario del auditorio: ¿eso tiene que ver con la vida del analizante? ¿con su posición en la vida?

Cesar Mazza: Claro. No es un terrible hijo de puta o una terrible hija de puta. Es una posición de lo más común, de alguien que viene a consulta en un Audi o en un Mercedes Benz, y se te pone a llorar porque no tiene para pagar los honorarios que vos le das. Es decir, hace una exhibición en una primera entrevista de que viajó a Europa, a Nueva York. Estoy ironizando un poco la posición canalla de una persona normal y simpática, pero cuando vos le preguntas sobre determinado tema no quiere saber, o cuando le cortas la sesión se enoja, te dice ¿tan pronto terminó? O le decís, mis honorarios son tanto, se indignan como si les estuvieras robando algo. Hay una posición canalla. Lo más cómplice de la pulsión. Subrayemos esta frase de la página 77 del Seminario 11, y podemos extrapolar, porque hay una lógica en juego, respecto de la posición canalla.

Seguimos un poquito más. Fíjense que va a tomar de su amigo, Merleau-Ponty, una perspectiva y la va a ubicar respecto de lo que es la esquizia, la mirada, el campo escópico y, fundamentalmente, cómo se va a articular la angustia de castración y/o la castración a secas. Lo que va a decir es que no se trata de que hay algo invisible y visible, no es ese par. Se trata de que hay una esquicia entre el ojo y la mirada. Es decir, va a tomar una frase que es: hay una preexistencia de la mirada. Soy mirado de todas partes y sólo puedo ver desde determinado punto. Ahí hay una esquizia, en otros términos, hay una asimetría, para decirlo en una especie de sinónimo pero no es un sinónimo. Hay una asimetría en cómo está la vista, cómo se forma la visión, y cómo es la mirada. Puedo ver de acuerdo a la distribución del punto geometral, pero soy observado desde todas partes. Entonces, la mirada es preexistente a la vista. Soy mirado antes de poder ver. Como la ecografía. No nosotros que somos de otra generación, pero ahora el bebé primero es mirado, luego en algún momento va a empezar a ver. Antes de que nazca es mirado. Es decir que ahí está la dimensión de la mirada. Y dónde, en la dimensión de la mirada, lo que consideramos es que es la forma de eludir la castración. Bueno, esta es una frase muy importante a tener en cuenta.

-Una pregunta del auditorio: El bebé es mirado desde que es mancha, ¿se podría decir?

Cesar Mazza: Si, tal cual. El sujeto primero no habla, es hablado, y simultáneamente el sujeto es mirado, va a nacer como un objeto mirado, como una mancha. Entonces, vamos a considerar que para Lacan hay una función de la mancha.

Voy al apólogo de un sueño que toma Lacan, el apólogo de Chuang Tzu, en comparación con un sueño del hombre de los lobos donde hay un juego de aleteo de una mariposa. No es el sueño de los lobos, que uno lo puede conectar también. Pero el apólogo de Chaung Tzu es el siguiente. Un hombre, Chuang Tzu, ha soñado que era una mariposa. Entonces, al despertarse se pregunta si es un hombre, Chuang Tzu, que ha soñado que era una mariposa o es una mariposa que se está preguntando si es un hombre. Tenemos dos momentos donde en el momento del sueño, Lacan dice, hay ahí una certeza de que el sujeto es mariposa para nadie. Cuando se despierta tenemos una pregunta por su identidad. En esta pregunta por la identidad ya tenemos la dimensión del sujeto, porque ese sujeto esta captado en las redes del significante del Otro. Dice, es en todo caso cuando se despierta la posibilidad de preguntarse, porque Chuang Tzu no está loco. La diferencia está, tomando otro seminario de Lacan, el Seminario 9 que también habla del hombre de los lobos, en la cuestión de Napoleón. Napoleón se cree que es Napoleón, entonces ahí no tenemos la pregunta, tenemos la certeza, tenemos una identidad. En el caso del hombre de los lobos, en un aleteo que aparece de la mariposa, fíjense que lo que se pone en juego -que en Lacan luego va a ser el tema del nombre de goce y el objeto-, lo que se pone en juego con el aleteo de la mariposa es un terror, un terror fóbico. No es una pregunta, es una dimensión del goce que la ubicamos descriptivamente y clínicamente respecto de una fobia a la mariposa. Me interesa pasar al capítulo siguiente.

Como decía, Lacan se refiere al objeto en relación a los nombres de goce. Son nombres de goce, podríamos decir muy esquemáticamente, el tema del lobo para el hombre de los lobos. Eso es distinto al nombre de la persona, el nombre de goce es una singularidad. Rata para el hombre de las ratas. Y así cada uno puede tomar el nombre que tiene que ver con un objeto. En muchos casos podemos ubicar una especie que no es una especie humana, referido a un bestiario, a una fauna que se utiliza para nombrar una dimensión del goce corporal que tiene que ver con una singularidad en cada uno. Eso es muy interesante, cómo surgen en un análisis esos nombres.

-Una pregunta del auditorio: Pregunto respecto a lo que estaba diciendo sobre la función de la mirada como forma de eludir la castración, si puede retomar eso. Después, en relación a lo anterior, otra pregunta. Me gustaría, si pudiera ubicar esto de la mirada en el acto analítico, pensándolo específicamente en el pasaje de entrevistas preliminares a diván. Y siguiendo este hilo, tomando lo que dice Lacan en las respuestas de la página 85 del Seminario 11, sobre las intervenciones que tendría que apuntar a truncar en el punto de mirada última, ¿se podría pensar desde ahí el lugar del analista en la transferencia?

Cesar Mazza: Les propongo lo siguiente, voy a tomar algunas cosas y puntualmente luego voy a volver a estas preguntas, que son muy importantes, respecto de la mancha, la mirada, la castración, el diván.

Sobre la mirada, Lacan se refiere a otro gran filósofo, Jean Paul Sartre, en la página 91, donde dice que la mirada siempre es una mirada imaginada, supuesta, imaginada por mí en el campo del Otro. Eso es a propósito del que es descubierto mirando por una mirilla, el voyeur está suponiendo que hay otro que lo va a pescar espiando. Ahí está en juego es que lo que puede pasar es la vergüenza, lo atrapen o no. En base a este fenómeno, Lacan va a plantear que la mirada siempre es una mirada imaginada. Clínicamente es muy importante que aparezca la vergüenza o que no aparezca. Por ejemplo, cuando alguien comete un lapsus, durante la sesión. Se caiga, se tropiece, de olvide de algo, de pagar, que se yo. Consideremos este aspecto de la mirada imaginada en el campo del Otro, porque de no existir esta dimensión del campo de lo imaginado, tenemos la certeza. Lacan va llamar esto, en un capítulo posterior, la pantalla que se define como algo opaco. Cuando no tenemos esa dimensión de la pantalla, de lo opaco, tenemos una mirada que es transparente, una mirada que se puede atravesar, que atraviesa.

Entonces, tenemos una dimensión de la certeza, que Lacan situó en el Seminario 10 sobre la angustia respecto de la mirada. Hay un apólogo que Lacan llama la mantis religiosa, que es un relato en base a un cuadro, de un pintor que se llama Millet. En ese apólogo del Seminario 10, Lacan dice, imagínense que está ese gran bicho gigante y yo no puedo verme reflejado en sus pupilas. Entonces, sobreviene la angustia, porque el bicho me puede identificar a mí. Soy presa de ese bicho, soy presa de esa mirada. Fundamentalmente, lo que está en juego es que yo no puedo verme reflejado en las pupilas de ese bicho. Ahí hace un pase Lacan en el relato, y dice, es como, imaginando, el primitivo que necesita una máscara -a propósito de esto también menciona acá el tema de la máscara respecto de Francisco Goya-, es decir, si yo no tengo una máscara no puedo imaginarme quién soy para el Otro. Porque el asunto de la mirada que atraviesa, con la máscara hay una posibilidad de pantalla, hay una posibilidad de filtro. Es decir que el otro no me puede ver a mí, ve la máscara, va a creer que yo soy el que le muestro, la máscara.

Esto lo manejan muy bien las mujeres. Lo que Lacan llamo la mascarada femenina. Es decir que es captar un significante que viene del Otro y hacerle creer al Otro que, bueno en caso de una mujer, que ella es esa que muestra la máscara. Por eso se comprende, o un hombre debería comprender, porqué una mujer está tanto tiempo maquillándose o arreglándose frente al espejo. Porque es imaginarse quién es para el Otro, porque de no tener esa imaginación tenemos la dimensión angustiante de la mirada. Esto es importante que lo tengamos presente, la mirada siempre es una mirada imaginada. Es una mirada imaginada porque me va a permitir interrogarme y jugar con qué clase de objeto soy para el Otro, que clase de bicho soy para el Otro, que clase de mancha soy para el Otro. Acá estoy saltando al tema de la pantalla y la posibilidad de que funcione la máscara con la pantalla. En efecto, de no existir estas tenemos la angustia y, por ejemplo, en la psicosis tenemos el fenómeno de la mirada que es absolutamente devastadora. Alguien que no tiene esa posibilidad de, en términos de Lacan, de filtrar, de retractar, de opacar, lo que viene del Otro aparece en un fenómeno de invasión con la mirada.

Voy a comentarles, muy sucintamente, el apólogo propio de Lacan de la lata de sardinas, que está en el capítulo siguiente. Es una especie de reconstrucción analítica del propio Lacan, se pregunta, se interroga sobre qué clase de mancha fue en el campo del Otro. Esta perspectiva nos permite considerar que para Lacan, y en psicoanálisis, el objeto mirada no es algo solamente exterior al sujeto, sino que ese objeto está en relación de extimidad. En el sentido de que hay un aspecto que no pasa a la representación y que está en el corazón del ser del sujeto, está esa dimensión de lo real que no es representable, que no se representa. Ahí vamos a ubicar que no se trata de una relación respecto de lo que se llama, en la pintura, el realismo. El cuadro no representa o refleja una realidad. Esto es que el analista forma parte del cuadro respecto del diván y también jugando con lo que es el cuadro clínico, para hacer una diferencia con otros discursos.

Lacan reconstruye una anécdota de su juventud, cuando era estudiante y se embarcó en hacer una excursión a un pequeño pueblo de pescadores, donde él recuerda algo que para el interlocutor del momento era gracioso, pero para él no. Tenemos ahí una dimensión de la angustia. Lo gracioso era lo siguiente. Él describe el contexto, pinta el cuadro figurativo, supuestamente realista, donde dice que él, un joven estudiante universitario de la burguesía parisina, en un pueblo de La Bretaña francesa donde había pescadores y donde pudo haber sido, en ese momento la tuberculosis, otro tipo de epidemia, de enfermedad, lo más probable fuera que al verano siguiente no iba a encontrar a los mismos personajes. Iban a quedar arrasados por la enfermedad. Fíjense esta descripción. Lacan en una pequeña embarcación precaria, lo llevan de paseo y el personaje, que es Juancito Petit Joan, le dice: ¿Ves esa lata de sardina? Porque había una lata flotando en el agua. Lo gracioso es esto para Juancito, “¿Ves esa lata de sardina? Bien, ella no te ve, te mira”. Ahí tenemos la esquizia entre el ojo y la mirada, entre lo que es el campo de la visión y la mirada. ¿Por qué? Porque, entre otras cosas, lo que dice Lacan es que él era una mancha viva en el cuadro, él preso, captado por la mirada.

Pero la mirada no es intersubjetiva, la puede encarnar alguien, pero nunca va a saber quién soy, siempre es imaginada. La mirada está ubicada en un objeto, que no es un objeto humano, es una lata de sardina. Y también hay una cuestión entre la luz, que se proyecta en línea recta, es una cuestión que va ubicando Lacan, pero tenemos algo que llega al ojo de una forma refractaria, una forma siempre distorsionada. Lacan va a ubicar que está en juego el iris, el parpado, el parpado; que en el parpadeo tenemos una posibilidad de no ver, de refractar esa luz, esa mirada. Entonces, dice Lacan, que él era una mancha viva en el cuadro y que son dos momentos en esta construcción del apólogo. El primer momento es el momento de angustia, él estuvo ahí, inenarrable. Es decir que no había un sujeto para poder contar. Tiene la misma estructura del análisis. Uno fue una mancha en el cuadro, en el cuadro familiar, de acuerdo a determinados hechos, uno apareció como una mancha, inenarrable. Luego cuando se analiza, puede empezar a despejar y a dilucidar qué clase de mancha fue para el Otro, de acuerdo, por supuesto, a la propia imaginación de uno, más allá de lo que dijo papá y mamá, la hermanita, la vecina. Yo siempre fui “el tal” y en una de esas es lo que vos escuchaste, equívocamente, de lo que dijo tal. El análisis da esa posibilidad de equivocar la clasificación que viene prescripta del Otro. El análisis nos da esa posibilidad de ubicar la mancha, porque el sujeto se hace mancha al entrar en el cuadro, inevitablemente. Es una operación que se puede hacer con la mancha.

Algo que me gustaría agregar es un trabajo que se puso ahora en juego en el congreso que se iba a hacer de la AMP, sobre el sueño, una revisión sobre el hombre de los lobos y, en especial, tuve la oportunidad de conversar sobre este trabajo, con Jesús Santiago, analista brasilero, quien presentó el tema de los sueños en la última jornada de la EOL en Buenos Aires. Yo le comentaba que es muy interesante hacer un ejercicio con estos capítulos de Lacan, de una nueva versión del sueño de los lobos que tiene lugar en el paciente, el hombre de lobos, en un segundo análisis con Ruth Mack Brunswick, analista recomendada por Freud cuando termina dramáticamente la transferencia con él.

Lo que creo que me saltee de decir es que Lacan dice que esa búsqueda afiebrada de Freud, lo que va a provocar es una tyche, un mal encuentro, es decir, va a desencadenar una psicosis tardía en el hombre de los lobos. Así fue como llega al análisis con Mack Brunswick. Esto está narrado en un libro que se llama El hombre de los lobos por el hombre de los lobos, donde en uno de los capítulos habla del análisis que tiene con Ruth. Es muy interesante, porque el hombre de los lobos llega con una queja fuertísima, una angustia devastadora respecto de una sensación hipocondriaca que es tener una afección, un agujero, en la nariz. Ahí hay que anotar, lo que la brillante analista, Ruth Mack Brunswick, advierte, que el paciente dice tener la sensación de ser observado por todo el mundo, que ese agujero en la nariz podía ser observado por todo el mundo. Es decir que llega en esta presentación hipocondríaca y, por supuesto, donde tenemos una dimensión paranoica respecto de la mirada donde no opera, lo que plantea Lacan sobre la pantalla, no opera la pantalla. Porque la mirada que viene del Otro es una certeza, no es que el sujeto se puede imaginar quién es para el Otro. Tiene la certeza de que ese agujero en la nariz es observado por todo el mundo. Así llega, en las primeras entrevistas, el hombre de los lobos al segundo análisis con Ruth Mack Brunswick.

Esto lo cuenta Mack Brunswick. En el curso del análisis hay, dice, una nueva versión de, lo que Lacan va a llamar el sueño clave, el sueño de los lobos. Hay un cambio de color en los lobos, antes eran blancos y ahora son grises. Ahí hay una cuestión muy interesante en términos hipotéticos, ubicar una función de la mancha que va teniendo lugar en este segundo análisis. Entendamos, tomando la cuestión de la mariposa de Chuang Tzu, que si reemplazamos los términos, el sujeto es idéntico al objeto lobo, es idéntico a un loco, no hay equivoco en juego. El sujeto es un lobo. Tenemos esa presencia y esa dimensión de la mirada que no está sujeta a una equivocación. Acá hay dos sueños que están en juego en Ruth Mack Brunswick, dice: en el primer sueño -está en el apartado 4- los lobos antes blancos, era ahora invariablemente grises. Entonces, uno se puede preguntar, ¿qué función tiene ese cambio de color? En otro sueño, casi al final, la analista expone no solamente el cuadro del sueño, vale decir, la transcripción del relato del sujeto, sino que es importante remarcar de qué forma su presencia se incluye en la interpretación.

Cito a la analista Mack Brunswick: “el sueño del día siguiente consistió en una clarificación del sueño de los lobos. El paciente mira a través de una ventana, hacia una pradera, más allá […].” Es decir, ahí hay una posición distinta, porque ahí el paciente mira, no es mirado, en una catatonia de la imagen, es una frase de Lacan del Seminario 10. Lo que ocurre en ese sueño clave, descripto por Freud, es una catatonia de la imagen, está pasmado el sujeto, está perplejo ante la mirada de los lobos. Aquí hay una variación, es el sujeto el que mira, no que es captado y mirado. La analista transcribe lo que dice el paciente: “el sol brilla entre los árboles y salpica las hierbas con reflejos, las piedras de las praderas tienen un curioso tinte violáceo. El paciente observa en especial las ramas de cierto árbol y admira la manera como se entrelaza, no entiende cómo todavía no ha pintado este paisaje.”

No sé si sabían que el hombre de los lobos también se dedicaba a la pintura. Llegó gracias a su analista de Nueva York, Muriel Gardiner, a exponer una obra. Fíjense que aparece el tema de las ramas del árbol, entonces, sigo con la interpretación que hace la analista: “el paisaje de este sueño debe ser comparado con el sueño de los lobos, cuando tenía 4 años. Ahora brilla el sol […].” Ahí hay un tinte de la luz por vía del color, distinto. “Entonces -en el sueño clave de Freud- era de noche y la noche siempre pavorosa. Las ramas de los árboles donde antes se hallaban los aterradores lobos, ahora están vacías y hermosamente entrelazadas (los padres en el abrazo sexual). Lo que antes era aterrador y ominoso, se ha convertido en hermoso y tranquilizador. El paciente se pregunta por qué no pinto esta escena antes. Es decir, que hasta ahora había sido incapaz de admirarla.”

Me pareció que se pueden ubicar estos conceptos. Ya cambié, se habrán dado cuenta, la perspectiva, no tanto ir puntualmente y detenerme en el texto, sino ya ir haciendo extrapolaciones, pero es un uso del concepto y que me parecía importante planteárselo a ustedes. Es decir que hay una nueva presentación en función de la mancha en las nuevas versiones de sueño que tiene el hombre de los lobos en el análisis con Mack Brunswick. Un un cambio de color de los lobos y luego una posición distinta del sujeto, en el mismo sueño, que va a ver lo que ocurre en la pradera y algo muy interesante es que aparece el árbol sin los lobos. Y, además, una pregunta, una ocurrencia, una vinculación del sujeto respecto de por qué no se le ocurrió antes pintar ese cuadro. La respuesta es muy simple, porque el goce era muy real, muy presente, antes estaban los lobos, no estaba él.

Si les parece damos lugar a otras preguntas, retomo las preguntas que son muy importantes. Retomo la del diván, primero.

-Comentario del auditorio: Cesar, la cuestión de que el analista forme parte del diván, del cuadro clínico, decías vos.

Cesar Mazza: Es una frase que esta en Miller, donde presenta la cuestión de la posibilidad de contar la experiencia de relatar un caso, que el relato de un caso se hace en función del lugar de la transferencia. Consideremos, como dice Lacan en el Seminario 11, que el analista forma parte del concepto de transferencia. De acuerdo al lugar que ocupó el analista va a obtener una consecuencia en la transferencia. El asunto es que, uno se presta al juego, uno es captado por una mirada y, a veces, eso puede funcionar operativamente en el análisis y otras veces puede ser un obstáculo. Tengamos presente que nunca, por más que esté el cara a cara, nunca va a haber una reciprocidad porque lo que está en juego es una esquizia entre la mirada y el ojo, la visión. Es decir que siempre el sujeto, el analizante va a ver algo en uno que no tiene que ver con uno, pero que se pone en acto en la transferencia. Por eso es muy importante el análisis del practicante, porque si alguien viene y te dice: “y si, porque usted es -ya sea en forma negativa o simpática-, usted es tal” o “no soporto su cara, su gesto”. Uno no tendría que tomarlo personal, para eso es el análisis personal. El asunto es cómo un trozo de la mirada quedó encarnado en el goce del sujeto. Es decir, uno forma parte del cuadro del sujeto y con eso tienen que arreglárselas, con eso van a analizarlo.

Porque ese aspecto de la mirada, retomando lo del comienzo, pasara x tiempo, tal vez mucho tiempo, que está sin análisis, no entra en ninguna dialéctica y en algún momento sí puede llegar a entrar a una dialéctica. Ahora, hay situaciones muy interesantes que se han dado ahora por atender a pacientes, en algunos casos, por video llamada o WhatsApp. Se da el caso de algunos pacientes que cuentan algo que antes no lo contaron, cuando no media el imaginario de la presencia. También aparecen chistes. Como el que me hace un paciente. Él no está en diván y está hace mucho tiempo, y cada tanto aparece la pregunta de por qué no está en diván. Para mi hay razones, justamente que la mirada puede llegar a ser muy perturbadora de pasarlo a diván. No mediar una pantalla, una tracción, podría hacerse transparente. Ahora quiere videollamada y el chiste que hace, porque está acostado, es: ¡Por fin estoy en el diván! Eso fue muy gracioso, no lo quise retrucar y le dije: ¡al fin lo logró! Pero sabemos que no es lo mismo.

-Una pregunta del auditorio: Retomando la pregunta de las respuestas de Lacan en la página 85, sobre las intervenciones que tendrían que apuntar a truncar en el punto de mirada última. ¿Se podría pensar desde ahí el lugar del analista en la transferencia?

Cesar Mazza: Si, es truncar, es desbaratar, es desarmar una mirada última, porque esta pre- escrita, ubicada en algo de una primera mirada. La mirada última sería esto, lo que Lacan llama el goce sentido, donde se supondría que hay una mirada última. En la primera mirada tenemos la tyche, el mal encuentro. No estoy, no puedo verme desde donde te espero, o espero que me veas, nunca me ves donde te busco. Entonces, la tyche, la primera mirada. Y la mirada última es un sellamiento del sentido. Entonces, obviamente, hay que truncar y es una operación que tendría que ver con desbaratar, perturbar la defensa, porque esa mirada última es una defensa. Defensa ubicada en el goce sentido.

-Una pregunta del auditorio: ¿En el análisis del hombre de los lobos, con la otra analista, se podría decir que la psicosis ya estaba allí desencadenada? En relación a la certeza del orificio de la nariz, si puede ampliar ese punto.

Cesar Mazza: Efectivamente, la psicosis estaba desencadenada. Miller empezó a ubicar en una sección clínica, en los años 90, un antecedente de lo que después va a ser la psicosis ordinaria. Hay mecanismos psicóticos en el hombre de los lobos, sin que se pueda clasificar como una psicosis. Eso es en la clínica discontinuista de las estructuras, donde tenemos todavía algunas clasificaciones vinculadas al Nombre del Padre. El Nombre del Padre regula, si este no está tenemos algo del orden de la psicosis, para decirlo groso modo. Nada de esto es esquemático, porque Lacan tempranamente, leyendo al historial del caso de Freud, por supuesto, ha ubicado un fenómeno psicótico, que le llama el real sufrido, en Escritos 1. Hay un fenómeno que es equivalente a un fenómeno elemental en la psicosis, que es la alucinación del dedo cortado, supuestamente en una estructura que no es psicótica. Entonces, va a ubicar los términos en alemán, los transcribe, los comenta Lacan, el término verwerfung, traducido como rechazo, en fin. Descriptivamente es un fenómeno psicótico esa presentación hipocondriaca, tan real. El equivalente al trastorno del lenguaje, como fenómeno elemental, es el fenómeno en el cuerpo de esta hipocondría. Ruth Mack Brunswick anota es una idea fija hipocondríaca.

-Una pregunta del auditorio: Quería acotar que en el taller habíamos trabajado este caso del hombre de los lobos, muy en detalle. Patricia Soto había hecho un recorrido excelente del caso y había una parte en donde Freud ya había dado un indicio de esto, cuando decía algo como la inteligencia detenida. Había una impresión en relación a algo que ya podíamos pensar en torno a esto que estás diciendo vos Cesar, de la psicosis ordinaria. Había un elemento ahí, como Freud describe, esta actitud del hombre de los lobos en relación a la transferencia en el análisis, donde ya se podía detectar algo de esa estructura que vos señalas. Me parecía muy importante rescatar ese indicio, que Freud ya lo percibió cuando estaba en análisis con él, en relación a lo que decías y la alucinación del dedo cortado, cómo había ya elementos que hacían pensar en esta estructura, de la psicosis ordinaria.

Cesar Mazza: Si, tengamos en cuenta que es otro paradigma, de pensarlo como una psicosis ordinaria. El paradigma es no de las clasificaciones, de las estructuras en función del Nombre del Padre, sino directamente la psicosis generalizada con la fórmula de Lacan, que es que todo el mundo es loco. La diferencia es cómo cada uno se anuda y ese desanudamiento, que tiene que ver con la clínica del parletre. El parletre es algo que está desanudado, está en lo real.

-Preguntas del auditorio: Por un lado, un comentario en torno al historial de Freud, según pudimos trabajar en el taller, donde sitúa la inteligente desafectada. Por otro lado, quisiera preguntarle, si pudiera retomar la mirada como forma de eludir la castración y también la relación de la mirada con el deseo.

Cesar Mazza: Es una pregunta bastante difícil. Habría que considerar una frase de Lacan que dice que la mirada participa, por ejemplo, de la antigüedad de la joya en algún momento. Entonces, pensemos en esa frase de Lacan donde la mirada imaginada es una mirada que es un resguardo del sujeto, que está en el fantasma, es una mirada imaginada. Si la sacamos, la desmontamos a esa mirada, vamos a ver que algunos no lo van a soportar. El punto es que esa mirada imaginada va a ser aguas en el síntoma. Se va a trastocar en el síntoma. Entonces, cómo operamos con ese aspecto que está ya desarmado. El asunto es la invención del sujeto, no para que logre atrincherarse en otra defensa. Porque sabemos que eso va a fallar.

Podríamos considerar que el análisis que testimonia Patrick Monribot, un analista francés que fue AE -que tuve la oportunidad de hacerle una entrevista para la reviste Exordio-, el tema de la mirada en su propio caso, es muy importante como se da el tratamiento. En el caso de esa mirada, hay una mirada respecto de una escena infantil donde, entre otras cosas, había algo encerrado en esa mirada, y lo encerrado en esa mirada es un fenómeno llamado psicosomático, era una rinitis crónica. Lo que queda, a partir de una interpretación memorable en ese análisis, es que eso encerrado que está vinculado a la holofrase logra abrirse y ponerse en juego otra cosa. Porque en el fenómeno psicosomático tenemos una interfaz entre lo imaginario y lo real, con una lesión del órgano. Lo que queda como resto de esa mirada, ya tratada en análisis, luego del desarmado de la defensa, es un tic, lo ubica respecto del tic que queda como resto. Ese tic, que queda como “abrir bien los ojos”, hay ahí un significante materno ahí que era desorbitarse. Patrick Monribot ubica que el tic queda como una mueca de la vida. Es decir, como un signo, en términos médicos, un signo vital de la pulsión. Una forma de vivir la pulsión, en función de ese tic que queda, ineliminable, pero no hay porqué eliminarlo. Esto lo ubica respecto de dos referencias de Lacan, respecto de la mueca, justamente, en la mueca de Sygne de Coûfontaine en el Seminario 8, en la trilogía de Claudel, que es una mueca que es no, el no de Sygne. Ahí habla de la mueca de la vida. También una referencia a la mueca en Lacan en Televisión. Tenemos ahí una perspectiva de la mirada, donde ya no tenemos la cuestión que se consolida en una mirada última, en una defensa donde el sujeto se ha atrincherado. No lo tenía pensado, lo saque de la galera a esto. Hay una dimensión de improvisación que me gusta. Podría hacer todo un sermón, pero eso no es lo lacaniano.

-Una pregunta del auditorio: ¿La esquizia del ojo y la mirada, se podría entender como la separación entre el campo escópico y el equívoco? La no representación del orden de la realidad, el fantasma, cómo soy mirado, que no tiene que ver cómo me miraron en la realidad.

Cesar Mazza: Si, son varios términos, habría que despejarlos. Consideremos que es muy importante el equívoco respecto de la mirada, que ese equívoco se va a hacer por vías del juego del significante, se va a trabajar hasta donde se puede con el significante. Hay algo que de alguna forma retoma la pregunta anterior, que merece ser subrayado. Una frase sobre la mirada, que está en la página 83, en torno a que el espectáculo del mundo nos aparece como omnivoyeur. Efectivamente, este es el fantasma que encontramos en la perspectiva platónica, idealista, el fantasma de que somos observados. Somos observados es una posición fantasmática, es la mínima experiencia por más que no nos observe nadie.

Si uno va a un pueblo, porque mi padre -hablé de mi madre, ahora de mi padre, estoy reconstruyendo el tema del Edipo con Santiago del Estero-. Mi padre murió hace muchos años, lamentablemente. Fíjense, mi padre era de Ojo de agua, mi abuelo también. Culpa de ellos, estuve viajando cuatro o cinco años a Ojo de agua. Si uno tiene la mínima experiencia de pasar por la plaza del pueblo a las 3 am, salvo que estén algunos jóvenes, o algún borracho en la plaza, pero supongamos que no hay nadie, en un punto es inquietante. Yo llegaba en colectivo a las 2 am, y para ir al lugar donde paraba tenía que atravesar la plaza, es esa sensación de que alguien te está mirando, es una posición absolutamente fantasmática.

Seguimos con la frase, “en el propio nivel de la experiencia -página 83- fenoménica de la contemplación, este lado omnivoyeur asoma -dice- en la satisfacción de una mujer al saberse mirada, […]” hay ahí, la satisfacción, el goce de una mujer al saberse mirada. Y sigue “con tal de que no se lo muestren.” Ahí cambia la cosa. Porque es el tema de que se sabe mirada, porque se imagina que es mirada. Ahora, si algún pícaro le está mostrando, te vi en tal lugar. En el momento, con tal de que no se muestre, quiere decir que no haya una transparencia, que no le perturbe la mascarada. Y, por supuesto, acá tenemos una dimensión muy importante para abrir, que es el tema de saberse mirada. Ahí hay una dimensión de la erotomanía, si ponemos en juego una definición de Lacan de erotomanía, que es la convicción o la certeza, depende la estructura, de que el Otro la ama, es decir, que el Otro la mira. ¿Por qué va a saberse mirada? Eso está explicado en Lacan, en la significación del falo, cuando define el amor femenino en términos de la erotomanía.

Bueno, hay cuestiones que se abren mucho en el texto, hay cuestiones para investigar en relación a la tabla del portillo del Durero, la cuestión de la anamorfosis que no la he trabajado. Ahí está desprendido del cuadro de Los embajadores de Holbein el tema de la castración, cómo opera el -φ de la castración. Cómo la mirada es el objeto que elude la castración. En ese capítulo, Lacan va a trabajar Los embajadores de Holbein, donde por medio de ese procedimiento, que es la anamorfosis, se va a lograr ver lo que nadie quiere ver, que es la muerte. La calavera que emerge de una imagen, que el cuadro está perfecto menos esa mancha, que se puede reconstruir por medio de una mirada oblicua, que es ubicarse de una forma no de frente, sino de costado o por medio de un artefacto o un espejo cóncavo que permite a esa imagen desfigurada, reconstruirla en una imagen con forma que es la calavera. En ese procedimiento a Lacan le interesa ubicar que esas simetrías o esas supuestas armonías, se sostienen en función de algo que es la castración.

-Una pregunta del auditorio: Volviendo a la primera parte, quería preguntar si puede hablar un poco más del automaton.

Cesar Mazza: Bueno, seré muy breve, porque en realidad eso ya se ha tomado en otros encuentros.

-Comentario del auditorio: Si, me parece que como lo has referido aquí en referencia a la tyche y al automaton como repetición, la diferencia.

Cesar Mazza; Si, claro claro. Consideremos que en el automaton tenemos la vertiente de la cadena del significante, la cadena que está en el aspecto sincrónico. En el Otro, en términos de la sincronía. Es decir, está escrito y eso se pone en funcionamiento. Puesta en funcionamiento es la transferencia y es la diacronía, entonces lo que tenemos es un retorno cada de la cadena. Es la perspectiva del síntoma en tanto síntoma que se puede descifrar, porque eso es un mensaje que está cifrado. Es un momento y un aspecto importante del análisis, cuando tenemos la tyche, tenemos algo que no está escrito.

-Comentario del auditorio: La tyche vendría a aparecer como la repetición.

Cesar Mazza: Claro, como la auténtica repetición. Como algo que no está escrito, irrumpe, es un despertar, abre las vías de lo que es lo real.

-Comentario del auditorio: Cesar, quería agradecerte, porque has aclarado muchos puntos. Nosotros tenemos el grupo de lectura del seminario anual y ahí surgen muchas dudas, como lo que nos has aclarado respecto del sueño de las mariposas, lo referente a la lata de sardinas también ha sido muy esclarecedor como lo has trabajado. Igual el taller, los coordinadores han hecho un trabajo muy enriquecedor. Hemos aprendido mucho, te agradezco eso.

Cesar Mazza: Te agradezco el retorno. Nos quedó pendiente la actividad pública, el paso de Witold Gombrowicz por Santiago del Estero.

Hay una frase, me acorde, respecto de la mirada, que lo había tomado en una actividad a la que me convocaron unas personas de arte hace 10 años atrás, que fue hacer una performance en una plaza pública. Consistía en que un músico tocaba la guitarra, pero esa guitarra era distorsionada por un equipo sintetizador, por otro músico experimental. Este primer músico era un músico de blues, el otro era experimental, que fue el de la idea. Lo que yo tenía que hacer era leer un fragmento del Museo de la Novela de La eterna de Macedonio Fernández. Todo eso, en la plaza de la intendencia, a las 17:00hs, en Córdoba, en una tarima con micrófono. El asunto era que no tuviera nada que ver ni el sonido de la guitarra, ni el sonido que salía transformado por estos sintetizadores, ni el texto, ni la voz. Entonces, en un punto, yo dije por qué me metí en esto, porque fue una experiencia muy angustiante. Me da la sensación de que, una, no te escuchaba nadie y, otra, ni vos mismo tenías una resonancia de lo que estabas haciendo. Hasta que ocurrió algo imprevisto, tyche, que vino a mi ayuda. Porque, a todo esto, pasaba gente y ni nos miraba. Ese punto también. Una frase de Witold Gombrowicz dice: “bajo el fondo de la general extravagancia, mi caso pasaba desapercibido.” Ahí una referencia a la mirada. Es decir que, ante la general extravagancia, cada uno es una extravagancia, mi extravagancia ni fu ni fa, no hay porque alarmarse. Entonces, por suerte, hubo un grupo de estudiantes secundarios que estaban organizando una marcha para el día siguiente y habían repartido unos panfletos. Yo me había agarrado un panfleto y lo tenía como señalador del libro que estaba leyendo. Y yo dije, bueno, como nadie nos da bola, no pasa nada con esto, lo que voy a hacer es leer el panfleto. Empecé a leer el panfleto, que convocaba a una marcha por la ley de bosque y por el boleto estudiantil. Ahí nomás los estudiantes se vinieron, empezaron a gritar, a armar un lio. Dije bueno, ahí ya tengo la resonancia. Ahí me empecé a sentir más o menos a gusto. De todo esto hice un relato, que tiene que ver, justamente, con lo performativo, con la mirada y con Gombrowicz. Los invito a la actividad.

 

*

Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP, coordinador del Programa de Psicoanálisis en la Cultura del Instituto de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC), director de la revista Exordio, autor del libro La lectura y sus dobles, compilador del libro Palabras de ocasión, entrevista a German García.

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Algunas notas sobre el significante en Freud.- Francisco Ruiz

Algunas notas sobre el significante en Freud.- Francisco Ruiz*

Hay una línea de trabajo acerca del síntoma y en general acerca de las formaciones del inconsciente. En los historiales clínicos, los primeros casos publicados, se puede observar fácilmente. Freud mismo reconoce allí que va descubriendo esa línea de trabajo que le permite establecer una práctica y una terapéutica desde ese lugar. Esta línea de trabajo es la referida al significante.

Freud dice en varios lugares que los síntomas representan la actividad sexual de los enfermos, son representaciones disfrazadas de fantasías cuyo contenido es una situación sexual. En otro lugar habla de que los ataques histéricos son fantasías traducidas en actos motores (fantasías inconscientes). También va decir que en estos ataques la representación mímica y el acto motor han sufrido una deformación por la censura, mecanismo equivalente al sueño. En Vías de formación de síntomas, 1915, habla de- «forma expresiva transaccional» (1). Aquí el síntoma es «un producto deformado de una realización de deseos libidinosos».  Freud dice, entonces, que síntoma y sueño son equivalentes en cuanto a su formación y mecanismo. Y también dice Freud que síntoma – sueño son equivalentes a las lenguas antiguas.

Vemos hasta aquí, que cuando dice que los síntomas son representaciones, está diciendo que un síntoma pertenece a un orden distinto al congénito o al hereditario. Pertenece al orden del lenguaje. Puede ser una imagen, una palabra, o bien una escena que el paciente debe relatar. En Lacan será del orden significante.

Es muy interesante cuando Freud, en El doble sentido antitético de las palabras primitivas, de 1910, plantea que los elementos del sueño se combinan de la misma forma en que las lenguas antiguas, las que ya no se usan en la actualidad, se formaban, se empleaban al hablar, y de esta forma evolucionaban. Esta forma de evolución, tanto del sueño, como de las lenguas antiguas y del síntoma es la comparación por antítesis. Freud emplea también el término «metátesis», que es el cambio de sonidos en una misma palabra, por ejemplo, alimaña – animalia, o cambio en la escritura, pero sin cambiar su significado.  Estos fenómenos de lenguaje, dice Freud, son los mismos que se encuentran en la elaboración onírica: «Recordamos los aficionados que son los niños a invertir en sus juegos las palabras, y cuan frecuentemente emplea la elaboración onírica la inversión de su material de representación para diversos fines». (2)

En otro artículo que se llama El significado de la aliteración de las vocales, de 1911, Freud dice que en la antigüedad el Nombre de Dios no se podría nombrar ni escribir (3). Por eso se pronuncia, al modo de una sustitución, el nombre de Jehová (que tiene las mismas vocales que «señor»). En la biblia dice: “No dirás el nombre de YHWH tu Dios en vano”. YHWH fue reemplazada por otras palabras. También dice: «No usarás a la ligera el Nombre de יהוה tu Elohim, porque יהוה no dejará sin castigo a alguien que use Su Nombre a la ligera».

Me parece que lo que Freud está trabajando ahí es la propiedad de las palabras de poder ser sustituidas por otras, y sobre todo que hay palabras que son suprimidas, elididas, como enterradas. En psicoanálisis podemos decir que sufren la acción de la «represión». Freud siempre está interesado en la ciencia del lenguaje y en la cuestión de las palabras. En Múltiple interés del psicoanálisis, de 1913, tiene un apartado dedicado al interés filológico del psicoanálisis, es decir a las ciencias del lenguaje. Dice ahí que «las interpretaciones del psicoanálisis son en primer lugar traducciones». (4) 

En El doble sentido antitético de las palabras primitivas, desarrolla Freud el hecho de que en la antigüedad hay palabras que tienen dos significados distintos, por ejemplo, una sola palabra puede significar «débil» y a la vez «fuerte», o bien «luz» y «oscuridad». ALTUS por ejemplo puede significar «bass», bueno, y «bad», malo. Hay otras palabras que pueden ser compuestas de significados distintos, o sea una palabra puede estar formada por dos significados distintos, por ejemplo, «viejojoven», «lejoscerca». Hay otras palabras que con sólo cambiar una vocal pasan a significar lo contrario a la primera, por ejemplo «ken» fuerte, «kan» débil. Freud se interesa en esto porque lo que está presente aquí, en esta evolución de las palabras, esta formación de las palabras por antítesis o metátesis, esta formación por transposición de sonidos y fonemas, es lo mismo que se encuentran en la producción del sueño y del síntoma.

A mi entender, Freud se interesa por estos temas porque está interesado en las formaciones del inconsciente como fenómenos de lenguaje, y en el sujeto que habla como hablado por el lenguaje. Conocemos el célebre enunciado de Freud «el yo no es dueño de su propia casa», porque esa casa para Heidegger por ejemplo es el lenguaje, nuestra morada. Siempre está presente en Freud el debate sobre lo biológico, lo hereditario, lo congénito en la etiología de la neurosis. Cuál es el origen de un ataque histérico, ¿Es predisposición genética, hereditaria, o bien una verdad sexual y psíquica, una verdad que ha caído bajo la acción de la censura, del olvido, de la represión? Freud no evita este debate, pero se inclina a afirmar que en base a su experiencia los síntomas desaparecían cuando el paciente lograba cierto relato de sucesos olvidados, y de reintegrar a la conciencia un recuerdo que había sido expulsado de la misma, o sea, cuando la palabra se producía.

Además, la comprensión de las formaciones del inconsciente como formaciones de lenguaje, supone la entrada en análisis, la entrada al dispositivo analítico.

Luego tenemos que diferenciar «palabra» de «significante». Podríamos decir que Freud extrae de las palabras del paciente algunos significantes. Una palabra se convierte en significante cuando este significante implica al sujeto y lo sorprende. Recordemos que este significante ha quedado expulsado de la cadena asociativa, y el análisis produce su reintegración.

Notas.

  1. Freud: Vías de formación de síntomas, en Lecciones introductorias al psicoanálisis, 1915. ed. Bl. Nueva, T2. pág 2347
  2. Freud: El doble sentido antitético de las palabras, 1910. Ed. Bibl nueva. T2. Pág 1623
  3. Freud: El significado de la aliteracion de las vocales, 1911, T2, Pág, 1643
  4. Freud:Múltiple interés del psicoanálisis, 1913, T2, pág. 1858

*Integrante del CID Sgo. Del Estero

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Puntuaciones sobre el objeto y la angustia.- Ibañez Carlos Sebastián

Puntuaciones sobre el objeto y la angustia.- Ibañez Carlos Sebastián*

Pablo Picasso (1881-1973), "Jacqueline con sombrero de paja", Mougins, 14 enero 1962 © Museo Picasso Málaga. Foto: Equipo Gasull © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2016

 Antes de poder introducir algunos matices y variaciones en relación a la noción de  angustia, dentro de lo que podemos llamar el primer tramo de la enseñanza de Lacan hasta el seminario 10, considero importante poder interrogarnos por los distintos estatutos que  tiene el objeto hasta ese entonces. Teniendo en cuenta que según su estatuto derivará en  nociones distintas de la angustia. Tomaré como punto de partida el seminario 4 “La relación de objeto” para desde allí hacer una contraposición con el seminario 10 “La angustia” y poder vislumbrar así las distintas variaciones.

En el seminario 4 el objeto tenía estatuto de “objeto perdido”, la madre adquiría valor de objeto perdido. A partir de la interdicción del incesto se operaba la falta de ese objeto y el sujeto no hacia otra cosa que sustituirlo por otros, por lo tanto era un objeto dialectizable y  significantizable. La relación a la falta era lo que vinculaba el sujeto con el objeto, en este mismo seminario y hasta esta altura de su enseñanza Lacan dirá “nunca en nuestro ejercicio concreto de la teoría analítica podemos prescindir de una noción de la falta del objeto con carácter central. No es negativa, sino el propio motor de la relación del sujeto con el mundo” (Pag 38). A partir de esta noción  la angustia era angustia de castración y se desarrollaba dentro de  las coordenadas edípicas.  Esta operatoria angustiaba al sujeto.

Esta idea de “objeto perdido” Lacan la retoma de la lectura freudiana que tiñe toda su primera enseñanza. Recordemos que las elaboraciones teóricas del primer Lacan versan principalmente sobre una relectura de los textos Freudianos. Esa sí que a partir del escrito freudiano “Inhibición, síntoma y angustia” Lacan ubicará la angustia en relación a la castración. Aquí Freud dirá que se reprime la libido y eso genera la angustia, engendrando un displacer en el yo. La angustia era generada por el yo  “Dicha primera interpretación  se haya primero a considerar el impulso instintivo reprimido como fuente de la angustia. Según nuestra nueva teoría seríamás bien el yo dicha fuente”

Podemos ubicar, para un modo más ilustrativo, dos tiempos: el primero fundado a partir  de “Inhibición, síntoma y angustia” que toma al yo  como señal de peligro. Como el yo percibe este peligro, esta amenaza de castración, manda a reprimir.  Vemos esto por ejemplo en el síntoma de Juanito: la fobia a los caballos esconde en realidad una angustia a ser mordido por un caballo, no obstante el caballo es un sustituto del padre, sustitución fundada en una amenaza de  castración.

Entonces en el primer tiempo el yo reprime porque hay señal de angustia.Y un segundo tiempo que podríamos localizar a partir del seminario 10 en donde se toma  a la angustia como señal de lo real, pasando a primer plano la angustia, es decir, que se reprime porque hay angustia.

En el seminario 10  el objeto  ya no se juega en relación a una falta. Por lo tanto la angustia no es por una falta del objeto sino más bien por una  presencia del mismo“(…) la angustia no es objektlos, no es sin objeto” (pág. 171) y es señal de lo real. Es decir, que la angustia en el seminario 4 , es un angustia que supone ya una cierta representación, articulada al significante, en cambio la angustia como señal de lo real se encuentra por fuera de toda representación.

Esta pérdida es el núcleo nodal de la angustia de castración desplegada en el seminario 4, en cambio la angustia planteada en el seminario 10 no se encuentra tanto en relación a una pérdida producto de  un castigo, devenido de un otro,  o como producto de una transgresión. Sino más bien el objeto que se pierde aquí,  se encuentra  en relación a una parte de la libido del  propio  cuerpo  producto de la operatoria de la separación. Podríamos decir de una pérdida de goce. El agente aquí ya no será la amenaza de castración, Miller dirá al respecto “el órgano perdido, el órgano separado, no está separado por la castración, sino que se concibe como lo que se desprende de la sexuación de la vida en la medida en que esta se reproduce por la conjunción de dos sexos” (pág. 63)

Por lo tanto la angustia que se puede ubicar en el seminario 10 es una angustia más bien constitutiva, en tanto que se juega  a partir de la separación, Lacan afirmará “(…) la angustia aparece en la separación. En efecto lo vemos perfectamente, son objetos separables (…)”.A su vez, de esto se desprende el carácter  productivo de la misma, en tanto que es por la angustia que se separa del objeto, Miller la denomina Angustia motor. En un análisis tal vez se podría hacer de esa angustia algo productivo, para que el sujeto se separe de un cierto goce dejándolo caer cual resto libidinal.

Finalmente podemos inferir en el recorrido y tramo de estos dos seminarios que asistimos de alguna manera a un pasaje que va del Otro, en tanto que el objeto perdido que se suscita en las coordenadas edípicas, a un objeto separable del propio cuerpo.  Angustia que se juega a partir de las envolturas y del cuerpo, y no tanto a partir del Otro, aunque no sin él.

Bibliografía

  • Sigmund, Freud Obras completas tomo 3 “Inhibición, síntoma y angustia”. El ateneo, 2003.
  • Jaques Alain, Miller, “La Angustia Lacaniana”. Paidós, 2013.
  • Jaques, Lacan, seminario 4 “La relación de objeto”. Paidós, 1994.
  • Jaques, Lacan , seminario 10 “La angustia” .Paidós, 2018.

 

*Integrante del Cid Santiago del estero.

 

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Buscando tu mirada: análisis de un caso.- M. Celeste Roldàn, Rita Magalotti, Ana E. Figueroa y Paula Palavecino

Buscando tu mirada: análisis de un caso.- M. Celeste Roldàn, Rita Magalotti, Ana E. Figueroa y Paula Palavecino*

Como asistentes del *Grupo de Investigación de Psicoanálisis con Niños, el cual este año tomó como eje la angustia desde el Seminario X de J. Lacan, nos basaremos en el caso María de Ana Ruth Najles que articularemos junto a la teoría trabajada a lo largo de los encuentros para expresar en una síntesis lo aprendido. Antes de comenzar con el desarrollo del trabajo, creemos necesario definir brevemente la angustia. Desde el psicoanálisis, se considera que la misma representa lo que no se puede poner en palabras, lo que no se deja significantizar. ¿Qué es lo que angustia?: Lo que angustia es el deseo del Otro, es allí donde surge la pregunta ¿Qué me quiere el Otro?

A continuación, haremos referencia al caso María. Se trata de una niña de 6 años, que es traída por su madre a consulta debido a que sus maestras manifiestan que es muy inteligentepero sin embargo distraída, que esta “como en otro mundo”. También, según el discurso de su madre, María “llora por cualquier cosa, esta muy sensibilizada y siempre triste”, a lo cual su mamá cataloga como “problema”. Sus padres se encuentran separados hace dos años. Es necesario destacar que María expresa tener frecuentes caídas.

En una de las últimas sesiones la niña confiesa un secreto acerca de sus caídas y expresa “yo me caigo para que mi mamá esté conmigo. Cuando está con otra gente yo la llamo gritando, me hago la que me caigo pero no me golpeo nada”, la niña también cuenta que no se cae frente a su papá, y que solo lo hace en presencia de su mamá. A pesar que su analista la incita para que continúe hablando ella ya no lo quiere hacer. Luego de esto María decide voluntariamente no ir más a sesión. Se manifiesta de esta forma la emergencia de un saber sobre la posición de María como objeto caído en tanto mirada del Otro (Najles, 1996). Esta niña sorprendida de la confesión de su verdad, que se puede interpretar como una manifestación de su inconsciente, decide abandonar análisis, sin poder hacerse cargo, sin poder hacer un movimiento distinto ante este descubrimiento. En relación a esto la mamá de María expresa que su hija, ya no asistirá a sesión, debido a que la niña “se quiere quedar durmiendo”. Según Tarrab (2005) existe una angustia que moviliza, que conmueve el mundo subjetivo, que permite un “hacer”, que despierta. Contrario a esto, María decide ponerle fin a la terapia y “quedarse a dormir”, para seguir gozando de su seguridad. Se podría decir que en este momento que María decide concluir el análisis es cuando realmente se estaba dando comienzo al mismo. Sobre esto Miller (2009) sostiene que el análisis inicia cuando se dirige más allá de ese punto de supuesto bienestar. En este caso, no se debe pasar por alto que se trata de una niña en donde su subjetividad aún está en constitución, además que es ella misma la que decide dar por finalizado el tratamiento.

Centrándonos en las caídas, considerámos que las mismas se manifiestan como el síntoma de María, para profundizar nos basaremos en la lectura de Anibal Lesserre (2015) sobre Dos notas sobre el niño de Lacan. El síntoma se entiende como un mensaje dirigido al Otro, que a su vez responde a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. El síntoma, es representante de la verdad en tanto la misma posee estructura de ficción, en la cual también encontramos el decir de los padres. Sobre estas caídas, la niña confiesa que no se cae, sino que “se hace la caída” para atraer la mirada de su madre cuando está distraída de ella en tanto objeto de su mirada. En referencia a esto, consideramos que María reconoce a su madre como un Otro que desea fuera de ella, lo que permitiría que la niña se posicione en lugar de sujeto faltante, evitando ubicarse como objeto que colma el deseo materno.Por lo tanto, se podría decir que la posición sintomática de María es efecto de la significación ante la falta, “Además, cuando el niño está en esta posición noes síntoma de la madre, sino del deseo de la madre en cuanto articulación del Nombre-del-Padre” (Lesserre, 2015)

Para finalizar, como grupo destacamos el aprendizaje en relación a las formas de manifestación de la angustia en los niños, las cuales generalmente, al igual que la subjetividad de los mismos, se verá atravesada por el discurso familiar.

Referencias bibliográficas

Lesserre, A. (2015). Una lectura de notas sobre el niño. Buenos Aires,   Argentina: Grama Ediciones.

Najles, A. (1996). Una política del psicoanálisis con niños. La paz, Bolivia: Plural Editores

Tarrab, M. (2005). Las certezas de la angustia. En Glaze, A. (Ed.), Una practica de la época. El psicoanálisis en lo contemporáneo (pp.47 – 53). Buenos Aires, Argentina: Grama Ediciones.

*Integrantes del Grupo de Investigaciòn de Psicoanálisis con Niños, perteneciente al CID Santiago del Estero**

**Coordinadoras del Grupo de Investigación de Psicoanálisis con Niños: Ruchelli, Cristina. Soto, Patricia. Zarba, Silvia.

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Clase n°7: «LA ANATOMÍA ES EL DESTINO.»- María Rosa Cantos, Gabriela Alluz y Marita Amestegui. Seminario Anual 2019

Clase n°7: "LA ANATOMÍA ES EL DESTINO."- María Rosa Cantos, Gabriela Alluz y Marita Amestegui*. Seminario Anual 2019

Maria Rosa:

Un pasaje y un movimiento interesante que hay en el Seminario 10, para mí ha sido una experiencia novedosa, ya lo habíamos leído en el CID, ya lo habíamos trabajado, pero encontrar algunos conceptos que Lacan después los trabaja en su última enseñanza, encontrarlos aquí, ubicados de esta manera, como un esbozo de lo que después va a trabajar ya más adelante, es también un hallazgo interesante para ver cómo Lacan va trabajando y va construyendo los conceptos.

Bueno, para empezar, pensaba decir un poquito de la historia y el momento que rodea este seminario, el contexto digamos. Este Seminario 10, de 1962-1963. El eje del seminario en realidad es la construcción del objeto a y cómo esta construcción repercute en la manera de pensar el cuerpo a partir de este momento.

Este seminario se desarrolla en un momento muy singular de la relación de Lacan con la IPA, ya que se hace cada vez más evidente el conflicto en la posición de Lacan por fuera de los estándares. De alguna manera, este seminario lleva a Lacan a una ruptura con la IPA, no ya desde lo político sino desde su concepción de la teoría psicoanalítica. No es casual que el problema fundamental -digamos- y la causa de la ruptura haya sido la divergencia y la diferencia de la duración del tiempo de sesión, que para la IPA estaba establecido en 45 minutos y para Lacan era la expresión de la aplicación del tiempo lógico del inconsciente en lo real. La sesión analítica debía tener en cuenta esto y ubica el corte de sesión, que provoca el despertar en el sujeto, y también la puntuación sobre el discurso del analizante. Bueno, esto no es casual -digamos-, el corte, la separación, son dos conceptos principales del Seminario 10 y un poco voy a hacer el recorrido de cuáles son estos movimientos conceptuales tan importantes que se producen a lo largo del seminario. Voy a hacer este recorrido con la ayuda de Miller en su libro La angustia lacaniana, que es una brújula muy importante para poder seguir estos ejes.

Entonces, en el Seminario 10 el cambio de movimiento que tenemos es una desmitificación de la castración, un nuevo estatuto de la castración, ya no por la angustia de la castración ni por la amenaza de otro, sino por un hecho biológico: la detumescencia de la copulación. Lacan lo toma -digamos- como paradigma, hace de un órgano como tal el principio de la angustia de castración. De esta manera, desinscribe el concepto edípico, término fundamental del psicoanálisis. En este seminario Lacan relativiza y resitúa el concepto de Edipo. Lo llama -de hecho- el seminario del anti-edipo.

Bueno, ha sido difícil para nosotras ubicar ciertos conceptos principales en este seminario separándolos de la conceptualización que después va a hacer Lacan. Pero vamos a tratar, por lo menos en los esquemas que tenemos, ir ubicando estos conceptos. Nos vamos a centrar en cómo presenta Lacan este seminario.

Entonces, en el Seminario 10, tanto el deseo como la ley tienen el mismo objeto. La ley prohíbe el objeto de deseo y dirige el deseo sobre este objeto. Este objeto órgano, el a, no está determinado en ningún nivel por la prohibición sino por la pura y simple separación. El Seminario 10 es una descripción naturalista del cuerpo y de sus órganos, extremadamente sofisticada, basada pese a todo en el recorrido de varios tratados de Anatomía y Embriología.

El Edipo aparece como una elucubración de saber sobre la separación. Es más bien del registro de la auto-mutilación. En cambio, la prohibición y la castración en cuestión siempre eran una hetero-mutilación. O sea que hay un pasaje de la hetero-mutilación. Así se lo entendía, son padres que prohibían, el padre castrador. Aquí Lacan va a hablar de la auto-mutilación. Entonces, este estatuto del objeto anterior a la ley y al deseo desemboca, en el último capítulo del Seminario 10, en un cuestionamiento del padre.

También tiene una serie de nuevas conceptualizaciones. Se destaca mucho más la figura de la madre. Va a hablar no de un padre omnipotente sino de un padre potente, es decir, que puede a veces poder y a veces no poder. La potencia como señuelo sería, para desembocar en los Nombres del Padre. En el último capítulo ya él hace una pequeña mención a los Nombres del Padre. Entonces, son conceptos, como ustedes ven, muy importantes, un cambio de movimiento y de paradigma muy importantes.

Gabriela Alluz:

A ver, por ahí sería interesante marcar esto, cómo Lacan va a señalar a este Seminario 10.  Miller dice que es como un taller en realidad. Es como algo preparatorio, una bisagra que va a separar un primer recorrido que ha sido en el eje simbólico-imaginario y a partir de este seminario de la angustia, ya empieza a desplegar lo que es la dimensión de lo real. Por eso este seminario es como un taller, porque está como recién empezando a conceptualizar lo que es el objeto a. Miller también dice que se denomina, el nombre del seminario es La Angustia, pero en realidad el seminario se trata del objeto a. La teorización sobre el objeto a y la angustia como afecto, como señal de eso, de lo real.

Maria Rosa:

Claro, la angustia como la vía de acceso principal a este objeto, porque el objeto a es no significantizable y la angustia también. En los seminarios anteriores había hablado sí del objeto de deseo y a partir de la vía del amor se velaba este objeto. En este seminario, él va a aclarar que en realidad la vía de la angustia es la que va a conducir al objeto real, que es el objeto de la satisfacción de la pulsión, o sea al goce.

Gabriela Alluz:

Ahí hace él como una comparación entre lo que nosotros hemos visto el año pasado, en el Seminario 8 y el Seminario 10, en relación a que en el Seminario 8 el objeto a era el objeto agalmático, puesto en el otro.

Esto que hablábamos también de la figura del analista, del deseo del analista y el hacía esa analogía con Sócrates en el punto de que había algo agalmático en relación a ese vínculo amoroso. Porque esa era la vía del amor del objeto a en ese lugar y, para hacer ahora la diferencia, cómo en el Seminario 10 el objeto a ya pasa a otro estatuto. Él habla del a como resto en el Seminario 10.

María Rosa:

Va a oponer entonces, como dice Gaby, la vía de la angustia y la vía del amor. Va a hablar de la libido como un órgano aquí, la laminilla, un ser vivo primitivo. Son capítulos donde él nos va ubicando definitivamente en el estatuto, como en un estado mítico del ser humano, del ser vivo, cómo se constituye y para eso se va a centrar en el cuerpo. La dialéctica de la castración que antes estaba ordenada en lo oral, anal y genital en esta segunda parte del seminario va a ser rechazada. Va a decir que no hay una dialéctica, no hay un movimiento progresivo, sino que hay un carácter disyunto de la relación entre las diferentes formas del objeto a. Son las cinco formas que después Gaby va a explayar.

El órgano aquí ya no se aborda como significante, sino que pululan los órganos que no se hacen significantes. Aquí, no se trata de que el sujeto acceda a un significante identificatorio sino de que el significante sublime el órgano. Sólo puede tratarse de que en alguna parte haya goce. Se necesita como garantía de la cadena significante un pedazo del cuerpo, la libra de carne. Es decir que es preciso entregar el órgano, que el significante suelte, ceda goce. No transformado en significante sino en órgano goce.

Por eso la angustia es lo que no engaña, como ya hemos dicho, porque es lo que no se deja significantizar. La angustia como afecto de displacer connota esto: lo no significantizable. La fórmula la angustia es el signo del deseo del Otro, se ve superada por la angustia es señal de lo real. Entonces, lo esencial de la angustia es su relación con lo real porque designa la cosa, lo real, el goce, en la medida en que lo imaginario y lo simbólico giran a su alrededor.

La consistencia del objeto a es, ante todo, lógica y topológica. Los objetos a son sólo encarnaciones, representaciones, manifestaciones, traducciones y son estructuras totalmente por fuera y distintas del significado. Se renueva en este seminario la vista freudiana de los objetos que se limitaba por la castración y la vista lacaniana de los objetos determinada por las zonas erógenas en los orificios del cuerpo.

Bueno, este es el pantallazo general. Ahora bien, para ubicarnos más en relación a este objeto a, nosotras hemos elegido de título: La anatomía es el destino. Esta frase de Freud nos ilumina la relación al cuerpo orgánico que Lacan se esfuerza por presentarnos desde este objeto a, acudiendo para eso a distintas referencias del objeto. Es a través de la anatomía, puntualmente la embriología que Lacan nos acerca al objeto a. Es importante resaltar que, durante 10 años, Lacan lo había dejado de lado, casi innombrado, haciendo mucho hincapié en el significante. En este seminario es en donde lo biológico de nuevo juega un papel significativo.

En la clase 2 Lacan dirá que los objetos parciales son objetos separables, que esta es su propiedad anatómica porque son separables. Por qué son separables. Son separables porque tienen ya anatómicamente esta característica de ser algo adosado, están ahí enganchados al cuerpo. Lacan tomará varios ejemplos de órganos, yo voy a mencionar el de la placenta. He traído una imagen en relación a la placenta, para que puedan ver. Es interesante ahí imaginarse el objeto a, la función del objeto a desde lo anatómico, porque es muy gráfico lo anatómico. Se ve exactamente en la explicación de la placenta, ya lo voy a explicar, como uno escucha los conceptos lacanianos.

Embriológicamente la placenta no pertenece al cuerpo de la madre, sino que es una membrana que envuelve que pertenece al embrión. Sin embargo, no es del embrión, tampoco está en el embrión. Dice:

se resalta la relación ambigua entre el feto y el cuerpo de la madre. Para sobrevivir y crecer el embrión debe mantener una relación en esencia, parasitaria, con el cuerpo de la madre, de forma que pueda conseguir el oxígeno y los nutrientes que necesita y eliminar sus desechos.

El concepto “parasitario” es un concepto que Lacan va a utilizar después, va a hablar de entropía, para mencionar cómo es que el objeto a es un órgano, un objeto que habita el cuerpo de una manera diferente. En relación a que la entropía es un movimiento, un órgano del cuerpo se sale de su lugar e invade los otros espacios del cuerpo. O sea que va a resaltar este carácter invasivo que puede llegar a tener el goce. También, debe evitar el rechazo del sistema inmunitario de la madre que lo puede considerar un cuerpo extraño. Estos requerimientos se cumplen por medio de la placenta y membranas extraembrionarias que rodean al embrión, que actúan como la interfase, entre el feto y la madre. Entonces, la placenta es la mediadora que debe garantizar al feto la adherencia al cuerpo materno tornándose, así, como una interfase necesaria para la supervivencia.

Qué es lo que quiero destacar en relación a la placenta como el paradigma del objeto.  Dos cuestiones: que la placenta le pertenece al niño, pero al organismo no a su cuerpo y es necesaria para la supervivencia; y que la placenta es una membrana caduca, es un resto y que finalmente se desecha.

Aquí nos estaba contando Guillermo que actualmente a la placenta se la guarda.

Guillermo:

Si, se revisan las células madres y se hace todo un trabajo para obtener capsulas y cuando esté enfermo el niño se le da eso que tiene vitaminas, proteínas. Se le da un uso a la placenta misma.

Inés Contreras:

Un nuevo uso de la medicina. No de ahora, hace muchísimos años. Una vez que se revisa la placenta por el médico que recibe al bebé, se revisa la placenta para ver qué mal formación o qué cosa patológica tiene. Y después está el tema de los laboratorios, se quedaban a esperar la placenta en Neonatología. Y ahora en la medicina nueva han escuchado ustedes los tratamientos que se hacen con la células madres.

María Rosa:

Ya no sería un resto.

Sabrina Romera:

No sería el resto, sino ¿un tratamiento del resto?

Gabriela Agostinelli:

Cómo la ciencia, también la tecnología, evitan que haya cualquier resto.

Gabriela Alluz:

Eso es lo que hablábamos en el taller, la época, el mercado capitalista, evita el resto, que no tengamos perdida por ningún lado.

María Rosa:

Entonces, vemos en la placenta la caducidad del objeto a desempeñando su función. La placenta es lo más esencial al sujeto. Más que cualquier otra parte de sí mismo, dice Lacan. O sea que al momento del parto la placenta es una parte esencial, fundamental de sí mismo, ya que sin ella no podría haber llegado a existir. Así nos da una primera aproximación del objeto a como algo íntimo y esencial, que es, a la vez, un resto que se tiene que perder, que caducar.

Sobre el corte, Lacan retoma el tema del corte subrayando que se produce en el nacimiento, como ya he dicho, entre el feto y sus envolturas. El corte se produce entre aquello que va a convertirse en el individuo arrojado con sus envolturas que son partes de sí mismo en tanto que son elementos del huevo. De la placenta pasa al huevo, del huevo al seno (que no voy a mencionar).

Entonces, como vemos, en este seminario no se trata de un objeto especular sino de todo objeto del cuerpo, objetos que se extraen del cuerpo mediante un corte. Para Miller es una puntuación sobre la función de resto que tiene el objeto a. Se restituyen al cuerpo, lo que él llama, todas sus particularidades anatómicas.

Nos encontramos con un cuerpo fuera del significante y, como señala Lacan, la anatomía en función de corte que separa un resto que no es significantizable. Un cuerpo cuya forma no se conoce y cuyo limite se ignora. Hay dos estatutos diferentes del cuerpo. El cuerpo desde el estadio del espejo que es especular, tomado como la buena forma, la gestalt, es un cuerpo significantizado. El falo es un significante camino del deseo, el deseo como resto mortificado, como significante. En el cuerpo la castración es simbólica e imaginaria (angustia de castración) y la mujer es afectada por la falta. Esta es la primera mitad del seminario. En la segunda mitad vemos surgir el cuerpo como organismo anatómico, cuerpo fragmentado, los cinco objetos que se separan, el oral, el anal, el fálico, el oído y el ojo. -En el Seminario 11 ya va a hablar de la mirada-. Las zonas erógenas son objetos separados del cuerpo, la anatomía en cortes, separa un resto no significantizado, el falo como órgano, como camino del goce, habla del cuerpo vivo, del goce de un órgano. La detumescencia del órgano como paradigma y a la mujer no le falta nada. Todos estos son conceptos en los que hay un movimiento conceptual importante.

Gabriela Alluz:

Hay un viraje, digamos. Leyendo La angustia lacaniana de Miller, es muy importante ir puntuando como va modificando el estatuto del cuerpo desde el primer movimiento al segundo movimiento y cómo esto del estadio del espejo, lo especular, empieza a caer para dar dimensión más al cuerpo como orgánico, fragmentado, los órganos del cuerpo y las zonas erógenas ya es un poco erogenizado. No es un cuerpo significantizado sino es un cuerpo erogenizado.

En referencia a la angustia también en un primer momento se menciona el fenómeno que hablaba Freud en relación a lo siniestro, la angustia aparecía por momentos en el espejo, en lo especular. Eran momentos en donde surgía la angustia ante algo extraño. Y aquí hay un cambio de estatuto en la angustia, Lacan va a decir que la angustia no es sin objeto y empieza a desplegar el objeto a como señal de lo real seria ahí.

María Rosa:

Lo que acaba de decir Gaby es un poco la puntuación importante en relación a este movimiento que se ve muy claro en el seminario que, en la primera parte, cuando aparece el objeto se produce la angustia, con las apariciones ansiógenas y las perturbaciones que produce este objeto, y en la segunda parte del seminario se despliegan las separaciones erógenas, la angustia produce el objeto.

Retomemos un poco el hilo en relación al cuerpo. Como dijimos, este cuerpo es uno cuya forma no se conoce y el limite se ignora, ya que el organismo comprende todo, incluye todo lo que lo sustenta. Así, desde esta lectura el organismo avanza sobre el cuerpo del otro. Vimos cómo la relación entre el feto y la madre es parasitaria, hay un avance del embrión sobre las membranas de la madre. Los límites del organismo van más allá del cuerpo.

Si tomamos como referencia el estadio del espejo encontramos que siempre hay una estructura cara a cara, el cuerpo propio y su imagen, pero al pensar este cuerpo-organismo, la estructura cara a cara se reemplaza, cede el lugar a la entropía.

En la cuarta parte del seminario, en la que Gaby va a profundizar, él va a intentar ubicar dónde está el famoso corte, dónde comienza y dónde termina lo que es del sujeto y lo que es del otro. La constitución del sujeto a la altura de este Seminario 10 es fundamental. Estos objetos deben ser extraídos del cuerpo para que nos constituyamos como sujetos. La anatomía es cortar. Es así que de la división aritmética -que no voy a desarrollar pero es importante-, del sujeto dividido en el cuerpo y en el otro, lo que queda como saldo es el resto no significantizado. Hay algo que nos determina como sujetos que lo simbólico y significante no pueden unir, sólo por aproximación lo podemos arrimar.

Para finalizar, vemos como el concepto de corte es fundamental, vemos como el corte se plantea desde diferentes soluciones. El corte de un cuerpo a partir del organismo, corte entre el sujeto y el otro, corte de extracción de un objeto novedoso en la enseñanza, el objeto caduco, perdido (no especular). Corte que construye un cuerpo erógeno y formas, limites desconocidos pero que también permiten la construcción del sujeto y el corte de un cuerpo pulsional, cuyos agujeros son los cortes de los objetos a. Si titulamos a esta clase La anatomía es el destino el camino que elegimos nos lleva a entender, siguiendo a Lacan, que la anatomía es el destino en su función de disección, de corte. Bueno, hasta aquí llegó mi aporte.

Gabriela Alluz:

La verdad nos ha costado mucho, vamos a ser sinceros. Esta parte del seminario es compleja. Iban a ser dos clases, la nuestra y la clase de Susana. Y bueno, Gabriela también en Investigación y Docencia me pide un esfuerzo de poesía para poder hacer, de alguna manera, un recorrido por esta última parte del eje y quedaban también -que la Patricia Soto señaló- los capítulos del medio sobre el hombre y la mujer. La mujer más verdadera y más real en un asunto de macho son dos capítulos que eran los que iba a tomar Gabriela Salomón en realidad. Si nosotros hacemos, así como hemos armado, un recorrido de cómo el objeto a va teniendo un estatuto diferente a lo largo del seminario, hay temas que todos los docentes a lo largo de nuestro seminario hemos mencionado, de lo femenino, de lo masculino, y se ha ilustrado con casos. Ahí hace mención a la contratransferencia. Esos capítulos son muy interesantes y les recomiendo su lectura.

Bueno, yo he trabajado las cinco formas del objeto a que son muchos capítulos. Vamos a retomar el concepto con el que ha terminado María Rosa, sobre la frase que nosotros habíamos elegido, que es una frase controvertida, la anatomía es el destino, de Freud. Justamente en ese sentido del estatuto del cuerpo fragmentado, las zonas erógenas, cortes del cuerpo. Por eso hemos elegido esa frase, que después, cuando hablamos de posiciones, hay un cambio en realidad de las posiciones sexuales.

Es muy costoso este seminario cuando uno ya ha leído la tercera enseñanza de Lacan. Es como que aquí va recién situando los conceptos y se vuelve a veces un poco confuso poder llegar así a los conceptos. Ya hemos dicho algo sobre el corte. Entonces, él va a introducir un término, “separtición”, diferenciándolo de la separación porque aquí marca que hay una partición en el interior del sujeto que es lo que va a dar lugar a la estructuración del deseo y es ahí que va a remitirse a la relación del niño con el seno.

Esta proposición va a abrir un interrogante: ¿de qué lado está el objeto? ¿Del lado del Sujeto o del lado del Otro?

A lo largo del seminario Lacan responde de modos diversos a esta cuestión. Vemos surgir por primera vez en este nivel de la fisiología los círculos de Euler, que se cruzan y se trata, en efecto, de saber dónde comienza y dónde termina lo que es del sujeto y lo que es del otro. A esos círculos de Euler después dará una forma definitiva, en el Seminario 11, cuando empieza a hablar del lugar del sujeto, del objeto, en relación al otro. En este seminario va a ir de un lado a otro, y por momentos va a decir es amboceptor, que no es de uno ni del otro, cumpliendo una conjunción de los dos. También se lo ve como ectópico o bajo la forma de parasitismo fetal o incluso de la intrusión del Otro en el espacio corporal del sujeto. Son las diferentes maneras en que él va a ir desplegando este asunto.

Los cinco objetos a naturales:

En la última parte del Seminario 10 se despliegan las cinco formas primordiales del objeto a, a partir de los objetos freudianos: oral, anal y fálico; y los lacanianos: la mirada y la voz. El ojo sería la pulsión escópica y el oído sería la función invocante, estos son los objetos lacanianos. Lacan hace una vuelta a Freud cuando él toma las zonas erógenas del cuerpo. A ver, Freud ya lo había dicho, había hablado de las zonas erógenas del cuerpo, del niño como perverso polimorfo, también menciona la libido del cuerpo y cómo cada zona del cuerpo se va libidinizando a partir de Otro, que sería la madre en este caso.

Bien, estos estadios freudianos no se dan en forma cronológica sino sincrónica o paralela.

Francisco Ruiz:

Incluso, Freud dice que todo el cuerpo es una zona erógena y la piel y hasta los órganos internos, hasta la inhibición de los órganos internos están libidinizados. Hay un complejo psíquico que inhibe a los nervios.

Gabriela Alluz:

Como veíamos en los casos freudianos, en la histeria.

Francisco Ruiz:

Todo esto del cuerpo siempre ha estado en Freud. Más el ojo, la mirada.

Lilian Carini:

Freud decía que la libido era un órgano del cuerpo.

Gabriela Alluz:

Entonces, estas formas del objeto a, que Lacan denomina naturales, seno, heces, falo, mirada y voz, ponen en juego la relación del sujeto con el Otro. Al ser restos de un cuerpo fragmentado, lo que especifica a cada uno es el tipo de pérdida que lo constituye.

Sin duda estos objetos responden a una estructura común, estructura de borde o estructura de acodo que están enraizadas en el cuerpo. El objeto a es algo que se produce por efecto de un corte. Lacan va a decir que el cuerpo todo es como un a. Todos los a, en tanto productos de un corte, son provocados por el significante. El habla corta los objetos a del cuerpo. Que se corte el pecho, no en el sentido físico sino por medio de la acción del significante, puede ser imaginarizable para concebir un objeto oral y sus sustitutos (mamadera, chupete). Lo mismo sucede en cuanto al objeto anal, pero en lo que respecta al objeto escópico y a la voz pensar este recorte es más complicado.

Lacan insistirá sobre la inexistencia de pulsiones totales y de objetos totales. Él va a hablar de objetos parciales refiriéndose a las zonas erógenas. El a es concebido como un objeto que, al cederse, se constituye. Esta cesión implica un grado de automutilación en relación al deseo del Otro.

El primer objeto es el oral, para referirse a este se apoya en referencias anatómicas y fisiológicas ejemplificando con ciertas funciones y homologías. Expresa que, así como la placenta forma una unidad con el feto, el niño y la mamá están juntos. La mamá anatómicamente está como adherida, lo que le permite funcionar estructuralmente como objeto a. De modo que, podría decirse, el seno le pertenece al niño, pero es algo de lo cual está separado de un modo interno. Desde esta perspectiva no sería el niño quien le saca a la madre su leche, sino el seno quien le saca nutrientes a la madre. Ahí toma el seno como algo separado, algo éxtimo, que no pertenece a la madre. Hay una unión entre el niño y el seno donde él establece una relación con su objeto de deseo, siendo esta estructurante de su fantasma. Es por ello que el funcionamiento del deseo, o sea del fantasma, permanece oculto, es ilusorio, ya que se dirige siempre a otra parte, a un resto constituido por la relación del sujeto con el Otro.

En relación a estas cinco formas del objeto, en realidad, él va a ir graficando cómo en cada zona erógena se va a producir la relación del sujeto con el Otro, en relación a este objeto.

La mamá muestra con ventajas su carácter amboceptor. El seno pertenece a dos organismos (el de la madre y el del hijo) y de cada uno se corta de forma y lugar diferente, se separa y se pierde de modo singular. El punto de angustia, dice Lacan, se halla en el otro, en la madre. Se entiende que su pecho -aquí está la doble función del pecho-, en un momento era algo que era íntimo para la mujer y que tenía su función en su vida erótica, de pronto deviene no sólo diferente en forma, tamaño y función sino, y sobre todo, deviene exterior, pasando a ser parte de otro que no es ella: del niño.

Correlativamente, la angustia del sujeto, del niño, no es la separación de la madre sino la propia angustia de ella, angustia del Otro, y que en el niño se presenta como temor al agotamiento del pecho materno. Él ahí va a establecer esto, que la angustia del niño no es la separación con la madre sino el temor al agotamiento del pecho materno. Él dice que no es la madre quien desteta al niño, sino que es el niño quien se desteta y ese corte lo va estableciendo el niño.

En cuanto al objeto anal, Lacan privilegia su abordaje en la perspectiva del ideal, es decir, de la sublimación. Este segundo objeto, las heces, entra en la subjetividad por la vía de la demanda del Otro (la madre que pide al niño su caca) y que el deseo en juego es, para Lacan, el deseo de retener, es una defensa de otro deseo. El que, dice, sería el natural, el deseo sexual. Por tanto, aquí la angustia se produce en la cesión. Por vía de la demanda educativa se le pide al niño que retenga, haciendo de él una parte de su cuerpo. Luego, tras esto, se le pide que lo suelte. Por lo tanto, el punto de angustia va a estar en la cesión del objeto. Al ceder el objeto, ahí aparece la angustia.

El niño siente de todas formas cierta aprehensión de perder. Esto lo podemos ver en los niños cuando están en esta etapa de dejar el pañal. Hay una cierta aprehensión de perder, de hacer la caca en el inodoro. Ese pasaje se vuelve en los niños muy angustiante, cuando se cede el objeto se lo asocia con la angustia de castración. En este punto, dice Lacan, cuando está en ese pasaje, la caca del niño es elevada a un valor muy especial. La madre le da el valor del don, como un premio para la madre. Tiene un valor fálico, va a decir Lacan. Ahí hay valor de agalma, valor de don, simboliza la castración. Luego, en un segundo tiempo de la demanda, se le enseña al niño que no debe mantener demasiadas relaciones con su caca, salvo por la vía de las satisfacciones sublimatorias (jugar con plastilinas, es un ejemplo).

En este punto, Lacan está tratando de explicar el objeto a en la relación del sujeto con el Otro. En un primer momento, como ha dicho María Rosa, cobra valor preponderante la figura materna en desmedro de la figura paterna, en el eje simbólico e imaginario. En esta parte, la figura materna cobra un lugar muy importante porque es el primer Otro que aparece en estas cesiones de objeto, tanto oral como anal. Ahí él empieza a hablar de las satisfacciones sublimatorias.

María Rosa:

Ahí vemos las dificultades que se dan en algunas estructuras, que no se llega a la separación, como en la psicosis y en el autismo. Todas las dificultades que hay en torno a la comida o hacer caca. Porque justamente no está bordeado ese borde del cuerpo. No esta extraído, entonces hay un goce invasivo.

Gabriela Alluz:

Aquí Lacan va a ubicar al obsesivo, por ejemplo, en la demanda del Otro en la zona anal. Son los que mejor dan cuenta de estos movimientos. También va a decir, en torno a que la caca es un símbolo fálico, va a hacer una analogía entre el piso anal y la dimensión fálica. Él va a decir la falta por excelencia (-φ) la que en el nivel corporal se presenta ya no como la angustia de castración sino como angustia ante la detumescencia del órgano, para referirse al tercer objeto freudiano: el objeto fálico.

En dicho objeto la función de a está representada por una falta, a saber, la ausencia del falo en tanto que constituye la disyunción que une el deseo con el goce. Al no realizar el falo, salvo en su evanescencia, el encuentro de los deseos entre el hombre y la mujer se convierte en el lugar común de la angustia. Ahí vamos a mencionar una breve referencia de lo que Lacan refiere en los capítulos en relación a un asunto de machos, cuando habla de la mujer que no le falta nada. Ahí va a resaltar este carácter evanescente del falo, que solamente se presentifica en su ausencia. Por eso, siempre el encuentro entre los sexos es un malentendido estructural. Más adelante llega a esa conclusión, pero en relación a esta característica del falo como evanescente. El falo no se encuentra allí donde se lo espera, o sea, en el plano de la mediación genital.

Esto es lo que explica que la angustia sea la verdad de la sexualidad, la castración viene a ocupar el lugar de esa verdad, pero esto es un hecho ilusorio. No hay castración porque, dice Lacan, no hay nada que castrar, en realidad no hay ningún objeto para castrar. Para ello sería preciso que el falo estuviera allí. Ahora bien, sólo está el falo para que no haya angustia. El falo allí donde es esperado como sexual no aparece nunca sino como falta y este es su vínculo con la angustia. Todo esto significa que el falo es llamado a funcionar como instrumento de la potencia. El falo está presente en todas partes donde no se encuentra en situación, de este modo el ocultamiento del objeto motiva la función del deseo. El falo aparece desde ese punto de la detumescencia en realidad, ahí donde aparece la angustia aparece el falo.

A diferencia del objeto oral, anal y fálico, que responden a la dialéctica de la demanda, materna podríamos poner -esto lo podemos agregar nosotros para ver de qué demanda está hablando-, luego va a hablar de otra dialéctica que serían los objetos lacanianos: el objeto voz y objeto mirada. Lacan va a hablar ahí de otra dialéctica, que es la dialéctica del deseo. Él hace esa distinción, de esos objetos. Vamos a pasar, entonces, a los objetos del deseo que serían la mirada y la voz. Estos se encuentran en relación directa con la división del sujeto, por eso son objetos del deseo. Como si hicieran cuerpo con esta división, como presentificando en el campo de la percepción la parte libidinal que le está eludida. Esto es algo mío, los objetos de la demanda aluden a la castración.

Maia:

¿El objeto fálico, Gaby, estaría también en la demanda?

Gabriela Alluz:

Él la va a ubicar en todos. En realidad, el fálico está presente en todos los otros de alguna manera y los objetos de la dialéctica del deseo, que serían los lacanianos, eluden la castración al ser objetos de la dialéctica del deseo. Unos la presentifican, sería, y los otros la eluden. En ellos es difícil hacer el recorte en el cuerpo, que nos decía.

Nos detengamos en el objeto mirada. Es necesario notar aquí un pequeño vaivén entre el ojo y la mirada. Es la función del ojo la que es privilegiada en este Seminario 10, La angustia, mientras que en el Seminario 11 es el objeto mirada el que es destacado como objeto inmanente de la pulsión escópica. En Lacan esto comporta una crítica al estadio del espejo, en tanto que el valor de la mirada, como el de la voz, se hallan recubiertos por la relación especular. Y si Lacan ha vuelto a esto tan a menudo, en una especie de predilección por lo escópico, es precisamente porque ve allí -si me atrevo a decirlo- la relación más engañosa del sujeto con al objeto a, que se halla como desaparecido, eclipsado en la visión.

El ojo, dice Lacan -creo que en el capítulo sobre “la voz y el ojo”-, el ojo se presenta como un órgano simple, doble. Hay una relación del ojo con una simetría al menos aparente. El ojo tiene estructura de un espejo. Hay un elemento de fascinación que es la mirada. Él va a tomar el ejemplo de Buda porque va a decir que en esa figura de Buda hay un punto ciego, dice Lacan, donde va a ubicar la fascinación de la mirada. Este elemento, la mirada, donde toda subsistencia subjetiva parece perderse, absorberse, salirse del mundo, es en sí misma enigmática.

Ese punto de irradiación nos revela la función del deseo en el campo visual, como se separa el ojo de la mirada. Él va a ejemplificar -yo me acuerdo que este seminario lo hemos estudiado también con Mabel, y hablábamos de esa figura de Buda, lo que representa-, y aquí Lacan dice que hay como una costumbre de las mujeres que van a limpiar o adorar a esta figura, y que tanto limpiarle los ojos pareciera que tuviera un brillo muy especial. Esta figura de Buda es lo que toma Lacan para representar esta pulsión escópica, como que irradia un brillo y los ojos están como entornados, entre cerrados, entre abiertos. De ahí se desprende ese punto ciego que él ubica, la mirada, ese punto enigmático que surge como correlato del a, del fantasma que podemos llamar el punto cero, cuyo despliegue del campo de la visión es fuente de una especie de apaciguamiento que se traduce como contemplación. Es el a, es la figura, la traducción del Buda

La contemplación, “los parpados del Buda”, lo despliega él en el capítulo XVI, parece conducirnos a ese punto, en la misma medida en que los párpados entornados nos preservan de la fascinación de la mirada. Al mismo tiempo que nos la indica. Ahí hace una distinción entre el ojo y la mirada. Dice, por ejemplo, que los ciegos no ven, pero tienen mirada.

Francisco Ruiz:

Esto se puede relacionar con el trabajo del actor éste, que habla sobre la percepción, que plantea un poco esto también, esto del ver y el ser mirado. Plantea un poco los objetos que uno pone en una pieza. Poner una mesa, un jarrón, objetos que vos los pones supuestamente para que vos los veas, plantea que uno pone en realidad los objetos, pero uno está a la vista. ¿Por qué uno se compra un jarrón de China? ¿Qué le representa eso? Otros prefieren un mate de caña y ponerlo ahí. En realidad, uno es visto por los objetos.

Gabriela Alluz:

Sí, tiene relación con esto que estamos diciendo.

Bueno, pasamos, entonces, a la última forma del objeto a que es el objeto voz. La voz va a hablar del superyo. Es el que mejor revela la dimensión angustiante del deseo en el Otro, cuando se borran las fronteras con el goce del Otro. La voz, como el shofar de los hebreos -el shofar es un instrumento con un cuerno con un sonido muy particular-, él va a decir que es como un objeto separado del cuerpo de quien la emite. Entonces, la voz sería eso también, haciendo una analogía con el shofar. Como dice Lacan, cuando la cadena significante deviene sonido, emisión, esa voz cae de la cadena articulada, como si excediera al Otro que va a dar significado al mensaje, como un sonido puro que queda sin significado. Por eso la voz puede ser a veces causa de deseo y otras veces se presenta como el no sin objeto señalado por la angustia, cuando cobra forma de superyo atormentador.

O sea, la voz en ese punto, puede estar del lado de la causa de deseo o como algo angustiante, no sólo en la psicosis, dice Lacan, sino también en la voz atormentadora del Superyo en la neurosis. La voz no es vocalizada y se diferencia de la fonematización a la que nos tiene acostumbrados la lingüística. Despojada de toda dialéctica, es aislable y separable. La voz lacaniana no solamente no es palabra, sino que tampoco es nada del hablar. De la misma manera, no es la entonación, porque es esencialmente fuera de sentido. La voz como objeto está hecha de un vaciamiento de la sustancia sonora, así se aleja de la palabra como productora de sentido.

Si para nosotros la voz tiene importancia, indica Lacan, es porque separada de nosotros nuestra voz se nos revela como un sonido ajeno. Se experimenta como un eco en lo real. Hay voz porque el significante gira en torno al objeto indecible. La voz como tal emerge cada vez que el significante se corta por reencontrar ese objeto en el horror. Dice Lacan que lo que es rehusado en lo simbólico vuelve a surgir en lo real. Se sitúa allí donde la cadena se corta. Es lo que sucede en las alucinaciones verbales. Como en el caso de “Marrana”, en el que la paciente dice escuchar la injuria por parte de un hombre con quien se cruzó en el pasillo, una palabra cargada de un sentido oscuro. La carga libidinal de esa palabra es lo que no puede ser asumido por el sujeto y por lo tanto se le atribuye al Otro. “Marrana” irrumpe en otro registro, ha sido oído en lo real. En el lugar en que el objeto indecible es rechazado en lo real, se deja oír una palabra, ocupando el lugar de lo que no tiene nombre. Ese es como un ejemplo para precisar el objeto voz, que la voz surge fuera del habla, de la misma manera que la mirada se desprende del ojo.

A continuación voy a referirme al grafo de los cinco objetos. El grafo consta de cinco pisos, de la constitución del a en la relación del S con el A. Lacan va a ir graficando, en realidad, las cinco formas de relación del sujeto con el Otro a partir del objeto a, eso es lo que va a establecer en cada uno de esos pisos que denomina pisos del grafo. En los que va a hace una línea de progresión y de retorno, regresiva. Va a decir que estos pisos del grafo no son estadios a ser sobrepasados, no son etapas de desarrollo psicosexual, son denominados como tales en función de la instalación de cortesía en los objetos a.

Lacan observa que hay algo del a que se observa en todos los pisos pero que sin embargo hay que diferenciar. Cada objeto relaciona de forma diferente al sujeto con el Otro en tanto resto de éste debido a la constitución de aquel, lo que hemos dicho en relación al sujeto con el Otro. Él va a empezar a trabajar el punto de arriba, el lugar del tres asignado al objeto fálico. Es el único que no se aparea con otro a, porque él va a decir que este objeto fálico se encuentra presente en todos los otros, de alguna manera en todos los otros estadios y va a hacer una igualdad, como una equivalencia de relación entre el estadio oral con la voz y el estadio anal con la mirada. Por qué, lo vamos a ver ahora. Vamos a empezar con el oral. Él va a decir que establece la relación del niño con el seno, habíamos dicho. Él va a indicar en este punto la necesidad y va a decir que la necesidad está del lado del Otro, la necesidad del niño en la madre.

Gabriela Agostinelli:

Por eso esos dos primeros tienen que ver con la demanda del Otro.

Gabriela Alluz:

Claro. Es en función a la dependencia respecto al ser materno que se va a producir la disyunción entre el sujeto y el objeto a. El seno cuyo verdadero alcance se puede percibir en el sentido de que el seno forma parte del mundo interior del sujeto y no del cuerpo de la madre. Es lo que habíamos explicado ya, hace un rato, respecto de dónde se ubica el corte. En realidad, el corte es siempre del seno como un órgano éxtimo del cuerpo de la madre.

Vamos a seguir con el segundo piso, él va a decir la demanda en el Otro. Siempre cuando hablamos de Otro, se refiere a la madre, la demanda del Otro haciendo alusión a los dos tiempos de la demanda que habíamos hablado hace un rato; la caca como don y la caca como resto. Aquí dice:

la demanda en el Otro, da lugar a esta oscilación, a una ambivalencia observada de manera prevalente en el neurótico obsesivo. El objeto a, que son las heces, posee un gran peso en la constitución del sujeto porque logra simbolizar la presencia-ausencia propia de lo fálico que también se juega en dos tiempos, o sea, que es simbolizante de la castración.

Bien, ahora el piso de arriba que, ya habíamos dicho, se encuentra presente en los otros, el objeto fálico. La función del a está representada por una falta. La ausencia del falo en tanto que constituye la disyunción que une el deseo con el goce, Lacan lo va a denominar como goce en el Otro; que después va a nombrar como goce del Otro, en este momento goce en el Otro.

Lacan insiste en que el falo no deja de deslizarse como significante del deseo de modo incesante. Así el falo es una presencia virtual que no está, precisamente, estando. Y allí situamos su goce. El goce en el Otro es correlativo a la articulación falo-castración. El goce fálico es de difícil aprehensión por su apoyatura en algo (el objeto fálico) que de continuo se sustrae porque su lugar está sustentado en otro ámbito. Sin embargo, el goce fálico es un paso necesario para dar pie a otra modalidad de la relación del sujeto con el Otro, que sería la mirada. En este piso él va a decir la potencia del Otro. Por qué será.

Cuando habla de la potencia en el Otro, él va a graficar el valor especular que tiene la mirada porque dice que es el estadio en donde más el objeto a se encuentra velado. Es la relación más engañosa del sujeto con el Otro en tanto vela al objeto a, porque en el estadio del espejo, lo que nosotros vemos es un reflejo, dice Lacan. En ese punto, este piso de la mirada seria esto de la potencia en el piso fálico. El objeto ahí cobra un valor de potencia, es el que mejor oculta la castración.

En lo que aparece en mi campo visual se presenta la imposibilidad de esbozar un corte preciso. Y también va a decir que éste es el objeto propio del fantasma, eso es importante. Ustedes recuerden que Lacan nos dice que cuando habla de fantasma es como una ventana por la que el sujeto mira al mundo. En ese sentido, el fantasma ahí tiene que ver con eso.

Silvia Zarba:

Yo quería comentar en ese punto de igualdad de ese piso, la relación entre lo anal y la mirada. Yo hace muchos años he tenido un paciente con una encopresis severa, por muchos años y que él hace un pasaje, después que supera la encopresis a un tic en los ojos y me acordaba de eso.

Gabriela Alluz:

Bueno, entonces, estábamos en la mirada. En este piso como potencia en el Otro y en el nivel del espejismo del deseo humano. Pero solo se trata de un espejismo de potencia. Él va a decir que llamarle potencia es restrictivo, sería mejor hablar de omnipotencia. En este sentido, la condición de la mirada es la que da lugar a que Lacan la postule como algo que está afuera y más aún en todas partes, pero sin localización. Esto refiere a la mirada en relación a la omnipotencia ligada a la omnividencia. Es justamente lo que se le atribuye a Dios, esta característica es primordial porque merced a ella lo otro instituye y comanda el mundo; él lo puede todo porque todo lo ve, en tanto ojo universal. Además, será Dios aquel que llegue a ver sin ser visto.

Bien, ahora vamos a ver cómo se van a ligar y porque aparea el objeto escópico (ojo) con el objeto anal. Porque en ambos domina el Yo deal, decía él. En este nivel espacial de lo escópico y lo especular se vela la castración, en el Yo ideal no se ve reflejado el a como -φ. El fantasma, con fuerte componente de escena visual, contribuye a ello, y eso, a su vez, contribuye con el fantasma que hace posible el vínculo sexual aunque no haya proporción sexual. En lugar de advenir el a como lo que es, caída, falta, aparece como un punto 0 de la contemplación y de la buena forma. Sin embargo, ese tiempo que bien puede ser el tiempo del enamoramiento no dura para siempre. Y, en otro momento, Lacan nos hace ver cómo el deseo se agarra de algo que es equivalente, dice, a la mancha o lunar o cualquier otra parcialidad que funcione como ese punto 0.

Ya hemos hablado del quinto piso, ahí hay una parte interesante. Lacan destaca su ligazón con un singular efecto de corte. Al respecto observa en las alucinaciones verbales que acompañan a algunos tipos de psicosis, la incidencia que en las voces posee la interrupción. Ejemplifica esto con Schreber que relata la presencia insistente de mensajes interrumpidos. Ahí él hace una serie de ejemplos de lo escópico y lo auditivo en los delirios y las alucinaciones. En estos objetos, voz y mirada, dice, está más velada en una primera aproximación la relación con el cuerpo, que es más difícil de captar que en los objetos freudianos. En este quinto piso él va a ubicar lo que llama el deseo en el Otro.

Esta quinta relación se encuentra más ligada a la cadena significante y posee su faz objetal en la voz. Se trata de que el Otro lance su voz, oculta por el habla. Tal como la mirada, la voz no se separa del aspecto subjetivo del Otro, postulándose como el sitio principal para activar su deseo. Aquí Lacan hace una alusión para considerar en este nivel la problemática del neurótico obsesivo y su deseo imposible. Lo que hace de continuo es intentar no realizar su deseo sino buscando que le sea demandado por el Otro. Una forma de ejemplificar el deseo en el Otro. Dice, por ejemplo: «Yo no lo hago porque quiero -sería su coartada-, sino porque me lo piden». Es allí donde aparece la demanda en el Otro que cubre al deseo en el Otro. El obsesivo se las arregla de esa manera para disfrazar su deseo, de alguna forma, poniéndolo en el Otro.

Bueno, eso sería el grafo, ha sido como una síntesis muy apretada. Lacan va a hacer diferentes gráficos de Euler para graficar a cada uno de estos, que no los hemos tomado. Hemos preferido tomar el grafo de los pisos que me parece que se entiende mejor la relación que él va desplegando del sujeto con el Otro en función de cada objeto.

Para culminar, queríamos referirnos al último punto del seminario, que es el objeto a, fracaso del Nombre del padre. Esto que había mencionado María Rosa, como el desenlace de todo este seminario. Lacan termina con esta precisión respecto de que en realidad el objeto a nos va a indicar el fracaso de la metáfora paterna. En qué sentido va a decir esto. Él va a decir que el a es un índice muy reducido, es algo que no tiene nombre. Por eso se lo nombra con el a minúscula, tan pequeño, pero va a poner en tela de juicio el Nombre del padre ¿En qué sentido? Este padre, el padre de la potencia, va a tropezar con este pequeño a, con este objeto a. Tropieza con todo porque el Otro materno está mucho más presente en lo que se ilustra a nivel del nacimiento, a nivel del objeto oral y también del objeto anal. El Otro paterno se presenta a nivel del objeto vocal, objeto soporte o separado de los mandatos. Esto no impide que el Otro paterno tropiece con el objeto a en la medida en que este objeto no es nombrable, es irreductible a la simbolización. El objeto a, entonces, vale como el fracaso del Nombre del Padre en la medida en que el Nombre del Padre es el operador mayor de la simbolización. Es el Padre omnipotente de Freud y que Lacan critica en este seminario.

El seminario de La angustia se desarrolla fuera de la metáfora paterna y parte de un término primero, oscuro y mítico que no es el Deseo de la Madre, ni de la metáfora, sino el goce. Al hablar Lacan de un resto irreductible, es que ninguna metáfora es capaz de simbolizarlo íntegramente. El objeto a designa el fracaso de la metáfora.

La libido resiste por estructura a la simbolización y es lo que designa el a. Por eso el falo como emblema de la potencia simbólica no es más que narcisista. En este seminario hay una degradación del deseo como deseo de potencia. Por el contrario, es la insistencia del no poder, determinado por la detumescencia del órgano lo que se sublima en la categoría de la potencia. El Ideal del yo es el Ideal de toda potencia, en el horizonte del cual está Dios mismo.

En El Reverso del Psicoanálisis se advierte una degradación de la figura del padre, a partir de la historia, y el padre figura como castrado en esta estructura. Su impotencia está revestida con los emblemas de la potencia.

En las últimas páginas del seminario Lacan anuncia el seminario de Los Nombres del Padre en donde esboza una nueva figura del padre, que sabe que el objeto a es irreductible a lo símbolo. Se trata de un padre que no se dejaría engañar por la metáfora paterna, que no creería que esta puede alcanzar una simbolización íntegra. Y que, por el contrario, sabría remitir el deseo al objeto a como su casa. ¿Quién sería ese padre? ¿Cuál es la figura esa? Se vislumbra así un padre que no sería otro que el analista. Él termina el seminario de La angustia diciendo que ese padre que no es potente todo el tiempo, que también está atravesado por una falta, por un deseo; el deseo del analista, es la figura esa, la figura paterna representa ahí la figura del analista.

Habíamos hablado en un momento sobre hacer una relación con lo que nos pasa en la época actual. Lo que hemos dicho en torno a la placenta y sus derivas en la actualidad tienen que ver con otro tipo de objeto, que va a ceñir Lacan y que Miller también va a desarrollar aparte de estos 5 objetos denominados naturales. Él hablará de otros tipos de objeto que son los propios de la cultura, los objetos culturales por los objetos de la sublimación.

María Rosa:

Objetos que se desprenden de éstos. Los objetos naturales son los menos naturales, porque se sustituyen por otros.

Gabriela Alluz:

Exactamente. Cada uno va encontrando la manera de hacer con su propio arte, a través de las invenciones. Tanto las invenciones de la ciencia, los avances de la tecnología y también podemos decir las invenciones de cada sujeto en el propio hallazgo a través de un análisis. Poder encontrarse con ese objeto a que lo cause, de algún modo puede ser por momentos angustiante, pero si nos encontramos con un analista, ese objeto nos puede conducir a algo vivificante.

Seba Ibáñez:

Me parece interesante porque si bien Lacan señala el fracaso del padre, también de alguna manera, esto invita a ir más allá del padre. Esto que decías vos de las invenciones, de poder hacer algo con ese goce irreductible.

Gabriela Alluz:

Exactamente. Se refiere a todo eso que venimos estudiando en relación con lo que sucede en la época actual. Esta multiplicidad de los Nombres del Padre, cómo la figura del padre como autoridad está desdibujada. En la caída del Otro, en la caída de los ideales, que son los efectos sintomáticos que vemos hoy en las nuevas subjetividades de la época. Creo que todo este recorrido del seminario nos va a llevar a la última parte para empezar a tematizar este nuevo Nombre del Padre, que no es un padre potente sino que es un padre que puede fallar.

 

*Docentes del CID Santiago del Estero

Ciudalitica | 2018

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