De la clínica al deseo.

De la clínica del deseo.

                                                                                                          Lilian Carini*

¿La pulsión y el deseo cómo se articulan? Una pregunta que le dio movimiento al taller. Hablando del Hombre de los sesos frescos al que el analista no escuchó en su deseo, su acting revela una operación, una defensa del sujeto para mantener su pregunta. Roba nada dice Lacan, no es que no robe;  roba nada, nos habla de una interpretación que no deja escapar el deseo en juego. No se trata de una interpretación que niegue el síntoma o apunte al sentido.

La pulsión siempre se satisface y lo hace en el recorrido del circuito de la zona erógena, el deseo articulado al lenguaje, su objeto inalcanzable,  nunca se satisface por completo.

«Otra topología es necesaria para no equivocarse en cuanto al lugar del deseo», cito a  Lacan. (1)

El objeto nada tiene la función de encarnar un objeto puramente simbólico, un significante puro, significante de la irreductibilidad del deseo.
El deseo es su interpretación y lo interpreta el fantasma. El objeto le da una cierta estabilidad,  un ser al sujeto que no sabe qué objeto es para el otro, que está en el  “¿Qué me quiere?»
El sujeto dividido, inconsistente,  no sabe lo que dice, no sabe lo que es,  se da un ser con el objeto.

Referencia bibliográfica:

1-Lacan, J. Escritos 2. La dirección de la cura y los principios de su poder. Editorial Siglo XXI. 2009.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM3

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4  ¿QUÉ NOS SIGUE ENSEÑANDO DORA SOBRE EL SÍNTOMA? LAS PALABRAS Y LOS CUERPOS

APORTE a cargo de Daniela Lescano Dib*

Para realizar un pequeño aporte a esta clase he tomado como eje de análisis, el síntoma, y de este su sentido, la vertiente de sufrimiento por un lado y de satisfacción por el otro, como también he focalizado la causación en la predisposición por fijación libidinal y vivenciar accidental (traumático) del adulto, desde Freud. Para ello me he apoyado en las conferencias de Introducción al Psicoanálisis: N°17 “El sentido de los síntomas” y N°23 “Los caminos de la formación de síntoma”.

Freud, se pregunta ¿Qué sentido, función y causación, tienen los síntomas en la histeria?

Desde Dora en 1900, va encontrando que los síntomas tienen sentidos, que tienen una función, y que su origen responde a múltiples causas. Y algo muy significativo que tienen un abrochamiento con lo orgánico.

Conferencia N°17 “El sentido de los síntomas”

En 1916-1917, va a continuar trabajando su teoría, en relación a:

El sentido y la finalidad del síntoma:

Va a expresar: que el síntoma es rico en sentido y se entrama en el vivenciar del enfermo.

Equipara los síntomas neuróticos, con las operaciones fallidas y los sueños, en que todos tienen su sentido y que además están relacionados con las vidas de las personas.

Cito: “El sentido de un síntoma reside, según tenemos averiguado, en un vínculo con el vivenciar del enfermo. Cuanto más individual sea el cuño del síntoma, tanto más fácilmente esperaremos establecer este nexo. La tarea que se nos plantea no es otra que esta: para una idea sin sentido y una acción carente de fin, descubrir aquella situación del pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin (Freud, 1916-1917, págs. 246-247).

En esta conferencia, comienza describiendo los síntomas en sujetos neuróticos obsesivos para pasar a la histeria.

Muestra que los enfermos histéricos que sufren de agarofobia (topofobia, angustia frente al espacio) repiten en sus cuadros clínicos los mismos rasgos; sienten miedo a los espacios cerrados, a las plazas a cielo abierto, a las largas calles y avenidas) y en cambio hay otros que tienen condiciones individuales, que podrían pensarse caprichosas. Los rasgos típicos, compartidos por varios enfermos le sirve para realizar un diagnóstico (Freud, 1916-1917, pág. 247). Contrariamente a lo que parecería, los síntomas neuróticos individuales, son más pasibles de esclarecerlos satisfactoriamente con las referencias a su vivenciar, que los síntomas típicos requieren un mayor esfuerzo.

Podemos dice Freud, “esclarecer satisfactoriamente el sentido de los síntomas neuróticos individuales por su referencia al vivenciar, pero nuestro arte nos deja en la estacada respecto de los síntomas típicos, con mucho los más frecuentes”, (Freud, 1916-1917, pág. 248). Y refiere lo difícil de la interpretación histórica del síntoma.

¿A que le llama interpretación histórica del síntoma en Freud?

Freud señala que para comprender un síntoma es preciso reconstruir la historia de su formación, remontándose a las vivencias infantiles y a las fijaciones de la libido. El acontecimiento actual que parece desencadenar el síntoma solo adquiere eficacia porque reactiva esas fijaciones infantiles. Por eso, la interpretación histórica no se limita a una causa inmediata, sino que reconstruye la prehistoria del síntoma, mostrando cómo en la neurosis lo infantil retorna y se enlaza con lo actual.

Retomando lo de los rasgos, así como los síntomas tenían variados rasgos, también el contenido manifiesto de los sueños es variado en extremo y diferente según los individuos y hemos mostrado, dice Freud, con prolijidad lo que a partir de él puede obtenerse mediante el análisis. Pero junto a eso hay sueños a los que se llaman también típicos, que aparecen de todas maneras en todos los hombres; sueños de contenido uniforme que oponen a la interpretación aquellas mismas dificultades. Son los sueños de caer, de volar, de flotar, de nadar, de estar inhibido, de estar desnudo, y ciertos sueños de angustia, que en diversas personas reclaman ora esta, ora esta otra interpretación, sin que con ello encuentre esclarecimiento su monotonía y su ocurrencia típica (Freud, 1916-1917, págs. 248-249). 

Conferencia 23: “Los caminos de la formación de síntomas”

Freud está construyendo una oposición entre el discurso del lego, la persona que no tiene estudios específicos en medicina o psicoanálisis y el médico:

  • el lego → ve el síntoma como la enfermedad misma y, por lo tanto, piensa que curar es igual eliminar el síntoma;
  • el médico → distingue entre síntoma y enfermedad: y cree que eliminar el síntoma no significa necesariamente haber curado la enfermedad.

Si pensamos que el síntoma es aquello que hay que eliminar, aparece algo fundamental: si se elimina un síntoma, pero permanece la capacidad de formar nuevos síntomas, entonces no se ha tocado aquello que produce el síntoma.

Pero hay algo muy interesante: Freud dice que va a situarse provisionalmente en el punto de vista del lego.

Y ahí empieza a abrirse el camino propiamente psicoanalítico.

Los síntomas son actos perjudiciales, o por lo menos inútiles para la vida, a menudo las personas se quejan de que lo realizan contra su voluntad y conllevan displacer o sufrimiento. Producen un gasto anímico en sí mismo y además otro para combatirlos. “Los síntomas son el resultado de un conflicto que se libra en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional”. Las dos fuerzas que se han enemistado vuelven a coincidir en el síntoma; se reconcilian, gracias al compromiso de formación de síntoma. Por eso el síntoma es tan resistente, está sostenido desde ambos lados. Sabemos que una de las dos partes envueltas en el conflicto es la libido insatisfecha, rechazada por la realidad, que ahora tiene que buscar otros caminos para la satisfacción. Si a pesar de que la libido esta dispuesta a aceptar otro objeto en lugar del denegado la realidad permanece inexorable, aquella se verá finalmente precisada a emprender el camino de la regresión y a aspirar a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas o por medio de uno de los objetos que resinó antes (anteriores fijaciones) (Freud, 1916-1917, págs. 326-327).

Afinando un poco más, en relación a la causación de la neurosis, Freud plantea que depende de la predisposición por fijación libidinal (Constitución sexual (vivenciar prehistórico) y vivenciar infantil, más el vivenciar accidental (traumático) del adulto.

Los síntomas “Crean un sustituto para la satisfacción frustrada, lo hacen por medio de una regresión de la libido a épocas anteriores, a la que va indisolublemente ligado el retroceso a estadios anteriores del desarrollo en la elección de objeto o en la organización”. “Hace mucho que sabemos que el neurótico quedó adherido a algún punto de su pasado; ahora no enteramos que en ese período su libido no echaba de menos la satisfacción y él era dichoso”. Busca hasta llegar a una época así, aunque tenga que retroceder a la lactancia. “El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia, desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que lo llevó a contraer la enfermedad”. “La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño”. El sujeto siente la presunta satisfacción como sufrimiento y por eso se queja de ella. Lo que en otro momento fue satisfacción hoy le provoca resistencia o repugnancia (Freud, 1916-1917, pág. 333).

Freud descubre que las escenas infantiles, no siempre son verdaderas y en relación a la diferencia entre fantasías del paciente y la realidad, toma el discurso del paciente como realidad psíquica, sin importar si corresponde a la realidad material (Freud, 1916-1917, págs. 334-336).

Para concluir podemos inferir que Freud, en estas conferencias remarca que los síntomas tienen un sentido, al igual que los actos fallidos, los lapsus y el sueño, que tienen una finalidad, una genealogía libidinal.

Referencias

Freud, S. (1901-1905). Sigmund Freud Obras completas. Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora). Tres ensayos de teoría sexual y otras obras (2011 ed., Vol. VII). Bs. As., Argentina: Amorrortu editores.

Freud, S. (1916-1917). Sigmund Freud Obras completas. Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III) (2009 ed.). Bs. As., Argentina: Amorrortu editores.

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4 ¿Qué nos sigue enseñando Dora sobre el síntoma? Las palabras y los cuerpos.

Clase 4

Docente: Mónica Gurevicz, psicoanalista, miembro de la EOL y la AMP.

Reseña

La clase parte de una pregunta que atraviesa la enseñanza de Freud y que conserva toda su vigencia para el psicoanálisis: ¿cómo se articulan las palabras y los cuerpos? Mónica Gurevicz sitúa en la clínica de la histeria una vía privilegiada para interrogar esta articulación, en tanto el síntoma pone en juego una dimensión corporal que no puede reducirse a una causalidad orgánica. Para Freud, la clínica de la histeria resulta decisiva en la constitución del campo psicoanalítico y en la elaboración de conceptos fundamentales como el inconsciente, la represión y la pulsión.

A partir de Freud, se destaca que el síntoma histérico no puede ser pensado exclusivamente desde lo somático ni desde lo psíquico. La noción de “solicitación somática” permite ubicar una condición corporal que, para adquirir estatuto de síntoma histérico, requiere de una significación psíquica. De este modo, el síntoma se constituye en una articulación singular entre cuerpo y representaciones inconscientes. Los giros lingüísticos resultan fundamentales en este punto: Freud encuentra en las palabras, en sus resonancias y asociaciones, una vía para localizar aquello que se expresa en el cuerpo. Como señala Freud, “los giros lingüísticos constituyen los puentes para este nuevo acto de conversión”. La clínica de Dora permite situar cómo la tos y la afonía adquieren valor en la trama de su historia y de sus relaciones.

La cuestión de la temporalidad resulta igualmente decisiva. Las experiencias infantiles vinculadas con la sexualidad no poseen necesariamente desde el comienzo el sentido que adquirirán posteriormente. Freud permite pensar así una significación retroactiva: aquello que inicialmente se presenta sin una significación definida puede adquirirla a partir de nuevas experiencias y articulaciones. No se trata, entonces, de buscar un sentido previamente establecido del síntoma, sino de seguir el modo singular en que este se constituye para cada sujeto.

En este punto, la referencia a Éric Laurent permite actualizar la problemática: en el estado actual del Otro de la civilización, palabras y cuerpos tienden a separarse, mientras que el psicoanálisis se interesa precisamente por el punto de empalme que el síntoma permite localizar. El síntoma constituye así una vía precisa para abordar la articulación entre ambos registros.

Desde esta perspectiva, Gurevicz subraya la importancia de dar un tiempo al síntoma y a la escucha, sin precipitar su significación. La clínica de Dora permite mostrar la importancia del detalle: la tos, la afonía y otros fenómenos corporales adquieren su valor a partir de las articulaciones que pueden establecerse en el discurso. La cuestión no consiste solamente en nombrar un síntoma, sino en localizar su funcionamiento y aquello que puede decir acerca de la posición del sujeto.

La referencia al llamado “rechazo del inconsciente” permite situar uno de los desafíos de la clínica contemporánea. Se trata de sostener la posibilidad, de que el sujeto consienta a interrogar aquello que se presenta como síntoma, es decir, que pueda suponerse que allí hay algo por leer. Frente a las respuestas que ofrecen un sentido ya constituido, el psicoanálisis sostiene una escucha orientada por la singularidad del síntoma.

El caso de una histeria masculina presentado por Lacan a partir de la observación de Michael Joseph Eisler permite continuar esta interrogación. Se trata de un paciente que sufre un accidente y cuyos dolores corporales aparecen posteriormente. Lacan destaca que lo decisivo para el desencadenamiento de la neurosis no se reduce al accidente mismo, sino que adquieren particular importancia las circunstancias posteriores, entre ellas los estudios radiológicos. El caso permite situar que el acontecimiento no explica por sí solo la formación del síntoma: es necesario localizar la función que adquiere en la trama subjetiva. Nuevamente, la clínica del detalle permite interrogar el modo singular en que el cuerpo queda comprometido.

En este recorrido, las Conferencias 17 y 23 de Freud permiten precisar dos dimensiones fundamentales del síntoma: su sentido y su formación. En la Conferencia 17, “El sentido de los síntomas”, Freud sostiene que el síntoma está entramado con el vivenciar del enfermo y que su sentido puede ser localizado mediante el trabajo analítico. En la Conferencia 23, “Los caminos de la formación de síntoma”, sitúa el síntoma como una formación en la que convergen el conflicto y una satisfacción sustitutiva, articulados con las fijaciones libidinales y las vivencias del sujeto.

Daniela Lescano retoma estas elaboraciones, poniendo en juego la doble vertiente del síntoma: por un lado, el sufrimiento que lleva al sujeto a consultar y, por otro, la satisfacción que lo sostiene. El acontecimiento actual adquiere eficacia en la medida en que reactiva fijaciones y modalidades de satisfacción anteriores. El síntoma tiene así una historia, pero esta solo puede reconstruirse a partir de las articulaciones que el sujeto produce en el dispositivo analítico.

La clase permite situar, finalmente, que el síntoma no se reduce ni a un fenómeno corporal ni a un sentido que pueda ser establecido de antemano. En él se articulan palabras, cuerpo, sentido y satisfacción. La lectura lacaniana de Freud permite retomar esta articulación para interrogar, en cada caso, aquello que hace singular el modo en que un cuerpo es afectado por las palabras.

La actividad contó con el acompañamiento de Daniela Lescano Dib, la presentación de María Rosa Cantos y el aporte clínico de Mariana Alustiza.

Reseña a cargo del área de Investigación y Docencia.

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1905). “Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora)”. En Obras completas, t. VII.

Freud, S. (1916-1917). “17.ª conferencia: El sentido de los síntomas”. En Conferencias de introducción al psicoanálisis, t. XVI.

Freud, S. (1916-1917). “23.ª conferencia: Los caminos de la formación de síntoma”. En Conferencias de introducción al psicoanálisis, t. XVI.

Lacan, J. (1955-1956). El Seminario, Libro 3: Las psicosis.

Laurent, É. “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”. ENAPOL.

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 3 EL DESEO Y LA DEMANDA EN LA NEUROSIS OBSESIVA.

Clase 3 EL DESEO Y LA DEMANDA EN LA NEUROSIS OBSESIVA. El Historial: El Hombre de las ratas.

Clase 3

Docente: Marisa Morao, psicoanalista, miembro de la EOL-AMP.

Reseña

La clase comenzó de manera virtual con la docente Marisa Morao, quien introdujo el tema mediante la canción de Catupecu Machu “Más deseo, más me alejo”, haciendo referencia al título de la clase.

En primer lugar, plantea la cuestión de la defensa y los movimientos que produce Lacan en el Seminario V.

La idea principal gira en torno al síntoma obsesivo y a cómo el obsesivo se defiende, mediante sus síntomas, del deseo del Otro. Freud distinguió la defensa de la represión desde sus primeros textos. En la neurosis obsesiva se trata de defensa y no de represión, ya que la represión supone un significante que cae y otro que, metafóricamente, lo sustituye.

En relación con el caso Dora, Freud plantea que, al hablar de la histeria, una vez que se descifra el síntoma —en este caso, la tos de Dora—, se levanta la represión y el síntoma desaparece. Freud sitúa allí la satisfacción pulsional sustitutiva del síntoma, ya que hay represión y retorno de lo reprimido.

En cambio, en la defensa no hay represión de un representante o significante, sino una desconexión entre el representante y el goce. No se trata, en este punto, de recordar. Hay una ruptura de las conexiones lógicas: están las representaciones y están los recuerdos, pero sin el afecto. El trabajo del analista sería restablecer esas conexiones, restituyendo algo del orden del afecto.

Lacan va planteando de distintas maneras la cuestión del aislamiento del obsesivo. La defensa también se sitúa a nivel del aislamiento, al que Lacan refiere como una especie de “jaula narcisista” en sus escritos. El sujeto obsesivo se presenta cerrado sobre sí mismo, prisionero de sí mismo. Aunque no lo sepa y crea ser prisionero del Otro, en realidad es prisionero de un Amo.

La docente plantea, en relación con esto, que también puede pensarse la transferencia: ¿cómo coloca el sujeto al Otro del saber en el lugar del Amo? De este modo, el analista puede quedar ubicado en el lugar del Amo, lo que puede producir impasses transferenciales. También menciona la cuestión de estar dentro de una burbuja, encerrado sobre sí mismo.

Lacan hace referencia en sus escritos a la “cápsula narcisista”, como un punto central respecto de cómo hacer frente al deseo del Otro. Habla de “la cápsula narcisista de la conformación obsesiva”, de donde surge el tema de la fortificación.

Lacan compara al obsesivo con aquello que resulta impenetrable. Estas defensas instalan murallas respecto del inconsciente, lo cual marca la dificultad de las entradas en análisis.

“El yo como un todo” es una idea que Lacan desarrolla como un todo cerrado, donde aparece el problema de la contradicción. Esa cápsula narcisista no quiere fallas ni fisuras; busca un funcionamiento cerrado y totalizante. Podemos decir que, en un primer momento, aparece el objeto del deseo y, posteriormente, Lacan da un paso más al sustituir la cuestión del yo por el Otro, planteando el objeto del deseo en términos del objeto a, causa del deseo.

Se presenta entonces el problema de la tensión agresiva. En el Seminario V aparece ya a nivel del fantasma sádico. En relación con la tensión agresiva que el obsesivo genera consigo mismo y con los otros, cuyo exceso responde a esta lógica del funcionamiento obsesivo —todo o nada, verdadero o falso—, puede observarse esta modalidad en distintos casos.

Esta agresividad constituye una defensa de esa unidad narcisista y aparece cuando escuchamos al obsesivo hablar del lazo amoroso y de la obsesión por lo total en el “te amo”, entendido como “el amor por alguien”, como pasión por ese todo. Sin embargo, esto siempre puede tener un giro potencial hacia el “quiero destruirte”.

Resulta interesante pensar este movimiento del todo o nada: “te amo, pero te destruyo”. De esta manera, el obsesivo se defiende del deseo, punto central que no debe perderse de vista en la transferencia.

Respecto de la hipótesis de que el obsesivo se defiende del deseo del Otro, Lacan plantea una multiplicidad de mecanismos: el aislamiento, la reduplicación, la anulación y todos los desplazamientos propios de la neurosis obsesiva. El sujeto se describe dentro de un campo fortificado, dentro de esa cápsula de vidrio, “en su planeta”.

Cuando el obsesivo está en otro lugar, se encuentra dentro de algo que viene a metaforizar al yo y a dar esa idea de conjunto cerrado. Lacan señala que ese funcionamiento del yo apunta a excluir el deseo.

La docente refiere que, desde esta perspectiva, aparece la contradicción entre el yo y el objeto del deseo, entre un todo y el deseo, sin fallas ni fisuras. Entonces, la defensa se produce frente a cualquier incidencia del deseo del Otro, y el asunto es que el deseo del Otro angustia.

Por eso, el aislamiento opera ante la emergencia del deseo mismo, para evitar la angustia frente al deseo del Otro. Clínicamente, esto puede virar hacia efectos depresivos, hacia la tristeza por haber perdido la vida, el tiempo, etc. Son todas formas que pueden presentarse en la clínica de la neurosis obsesiva como efecto de la angustia.

“Cualquier entrada de un tiempo real, que implica la contingencia, sobre todo en un encuentro amoroso, puede causar una catástrofe en la defensa obsesiva”.

La defensa principal aparece como el aislamiento, y Lacan luego articula esto con el goce del espectáculo. Posteriormente, el aislamiento también se articula con el goce sexual y con distintas formas del goce pulsional.

Ya en la época del Seminario V, bastante contemporánea a La dirección de la cura, comienza a aparecer un sesgo diferente, mucho más cercano a lo que posteriormente Lacan elaborará como presencia del analista. Comienza a aparecer una posición distinta en relación con el analista y con el acto analítico: molestar la defensa, introducirse en el fantasma y empujar al sujeto hacia el despliegue de su fantasma.

Si no se construye el fantasma, si no se despliega el fantasma, resulta imposible ubicar estos puntos de vacilación fantasmática.

Por último, en relación con la cuestión del goce del espectáculo, el obsesivo se coloca como espectador de sus propias escenas, evitando así el deseo.

Freud señala, respecto de las fantasías del obsesivo, que este “ve a alguien heroico”. Se construye esa fantasmagoría de lo heroico y, detrás de ella, hay una dedicatoria a alguna dama, pero siempre debe estar camuflada.

El obsesivo coloca al yo, a ese yo cerrado, como defensa para cubrirse de la castración del Otro. Porque cubrirse del deseo es también cubrirse de la castración del Otro.

J.-A. Miller realiza un trabajo en el que plantea los movimientos del goce en la enseñanza de Lacan. Allí ubica, en el Seminario V, el segundo paradigma, denominado “la significatización del goce”: “la significatización del goce, la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”.

Posteriormente, Lilian Carini, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, realizó aportes teóricos sobre La dirección de la cura y los principios de su poder, particularmente en el apartado “¿Qué lugar para la interpretación?”.

Se centró en el debate de Lacan con los posfreudianos. Fundamentalmente, Lacan dialoga con sus colegas, a quienes lee y cuyas publicaciones y casos clínicos toma en consideración. Podemos decir que se ubica allí también en una posición de control. Lo que lo mueve es conocer la clínica de estos autores para interrogar qué aportan al dispositivo y a qué falta responde cada uno de ellos. Cada autor inventa algo para poder responder a esa falta.

La innovación teórica de Lacan, en su retorno a Freud, consiste en intentar comprender de qué manera esas prácticas eran modos de responder a un desconocimiento fundamental. Los analistas posfreudianos no hallaban la interpretación por ningún lado o bien la encontraban por todas partes. Por ese motivo, evitaban interpretar el deseo inconsciente para dirigirse, unos, a las defensas del yo y, otros, a la pulsión.

La transferencia se convierte en la seguridad del analista y la relación con lo real pasa a ser el terreno donde se decide el combate. La interpretación, que había sido pospuesta hasta la consolidación de la transferencia, se vuelve subordinada a la reducción de esta.

Sin embargo, el procedimiento de Freud, tal como se presenta en El hombre de las ratas, resulta llamativo porque procede exactamente en el orden inverso. Comienza por introducir al paciente en una primera ubicación de su posición en lo real, aun cuando ello tuviera que arrastrar una precipitación y una sistematización de los síntomas.

Al finalizar la clase, Eliana Jiménez, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, presentó un caso clínico, el cual fue comentado por Marisa Morao.

Reseña a cargo del Área de Eventos.

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Entrevista a Marisa Morao: ¿Qué estatuto tiene el odio para el psicoanálisis?

Entrevista a Marisa Morao: ¿Qué estatuto tiene el odio en Psicoanálisis?

En el marco de su visita a nuestro CID, preguntamos a Marisa (EOL – AMP) sobre el odio en Psicoanálisis y su actualidad.

Les invitamos a escuchar lo que nos propone en torno a este punto ineludible para la clínica actual.

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Ciclo de Cine y Psicoanálisis: «Sé que me hace mal, pero es más fuerte que yo».

Ciclo de Cine y Psicoanálisis "Sé que me hace mal, pero es más fuerte que yo": Club Zero

 

Una nueva propuesta del Grupo de Cine y Psicoanálisis del Ciclo 2026: “Sé que me hace mal pero es más fuerte que yo”, se inscribe en el marco de las actividades de extensión del Área Biblioteca del CID Santiago del Estero.

En esta oportunidad proponemos la proyección de la película austríaca Club Zero (2023) dirigida por Jessica Hausner, seguida de una conversación con Mónica Gurevicz, docente del Seminario de Formación Permanente de este año.

¿Por qué elegimos esta película?

Continuando con la exploración, la investigación y las interrogaciones que suscita nuestra época —marcada por el declive de la función paterna, la reconfiguración de las parentalidades y sus efectos en la vida cotidiana—, Club Zero ofrece una vía privilegiada para pensar el modo en que los discursos contemporáneos inciden sobre la subjetividad.

Asistimos a un tiempo en el que la palabra pierde relieve, su espesor se aplana y disminuye su capacidad de anudar los cuerpos. En ese contexto, los enunciados adquieren la fuerza de mandatos superyoicos, mientras las singularidades parecen diluirse en un mercado de identificaciones listas para consumir y modos de satisfacción estandarizados.

La película muestra con claridad cómo un discurso puede capturar a los sujetos ofreciéndoles una identidad compartida y una modalidad específica de goce. Sin embargo, también permite interrogar aquello que el psicoanálisis sitúa como irreductible: la pulsión y su modo singular de satisfacción. La obediencia a un mandato no conduce necesariamente al alivio; puede constituirse, paradójicamente, en una fuente de satisfacción en su vertiente mortificante.

Freud advertía ya en El yo y el ello (1923) que el superyó no solo prohíbe, sino que puede encontrar satisfacción en la renuncia pulsional y en el sacrificio. Lacan radicalizará esta perspectiva al mostrar que el superyó es, ante todo, un imperativo de goce. Ya no opera únicamente bajo la forma de la prohibición, sino como una exigencia de satisfacción. Mandatos como «hay que ser saludable», «exitoso», «auténtico», «feliz» o «disciplinado» pasan a organizar los discursos sociales de nuestra época.

Podemos distinguir entonces dos niveles: el de la pulsión, como circuito de satisfacción irreductible, y el del superyó, que captura ese circuito bajo la forma del mandato «¡Goza! obteniendo satisfacción precisamente en la obediencia, el sacrificio o el exceso.

La propuesta de este encuentro es tomar Club Zero como una oportunidad para interrogar los modos contemporáneos de satisfacción, allí donde ideales, identidades y objetos de consumo prometen una plenitud imposible.

En cambio  escuchar aquello que, en cada sujeto, escapa a las identificaciones colectivas y a los mandatos de la época, propone otro camino.

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

Reseña

La docente abre la clase a partir de su título, “Estructura e historia” y subraya la actualidad de los historiales freudianos, cuya riqueza clínica y teórica continúa produciendo efectos. Recuerda que Lacan insistió en este punto y que dicha insistencia constituye el fundamento que orienta el trabajo del seminario.

Tres puntos orientan el título: el historial, a saber, “el hombre de las ratas”, la escucha y dónde se coloca el acento a la hora de escuchar. Retomando el concepto de constelación familiar trabajado en la clase anterior, la docente la define como la constelación original que presidió el nacimiento del sujeto y marcó su historia. Señala que esta mantiene una relación precisa tanto con lo más contingente como con lo más fantasmático. A partir de ello, propone pensar de qué manera la trama edípica incide en la formación de los síntomas, sin perder de vista el papel de la contingencia y los efectos que esta también produce en su constitución.

A partir del texto de Jacques-Alain Miller, “Estructura, desarrollo e historia”, la docente plantea la necesidad de dar lugar al niño y de no reducir la lectura analítica a una perspectiva exclusivamente estructural. Señala que la oposición entre desarrollo e historia no implica desconocer los procesos de maduración del organismo, sino subrayar que en ellos siempre está implicado un sujeto. La historia no remite únicamente a los acontecimientos vividos, sino al modo en que estos son subjetivados. En este sentido, importa menos el hecho en sí que el sentido que adquiere para quien lo vive y el relato que construye a partir de él. Respecto de la estructura, aclara que no se trata de un estructuralismo puro, sino de una noción estrechamente ligada al Edipo. Los distintos elementos no se ordenan de manera inmediata, sino que van encontrando su lugar progresivamente, en función de las significaciones que se constituyen a lo largo del tiempo. Por ello, advierte sobre el riesgo de que una lectura excesivamente estructuralista termine por dejar de lado al niño y la dimensión temporal propia de su constitución subjetiva. Insiste así en que el tiempo es un factor fundamental, ya que no es lo mismo abordar la posición de un niño que la de un adulto.

En relación con el historial del Hombre de las Ratas, la docente destaca el papel fundamental de la sexualidad infantil. Retoma una referencia de Freud en su correspondencia con Fliess para señalar que, en un primer momento, se produce una irrupción pulsional en el cuerpo que carece de significación. Solo de manera retroactiva aquello adquiere un sentido. En esta perspectiva, el Edipo constituye una de las vías posibles para conferir significación a lo que inicialmente se presenta como irrupción. Para ello, resulta necesaria la intervención del Otro, que posibilita cierta organización de esa experiencia. Lo pulsional aparece, entonces, como algo que llega a destiempo respecto de su significación; sin embargo, la elaboración posterior permite al sujeto hacer algo con aquello que se presentó inicialmente.

En el Seminario 5, Lacan presenta los tres tiempos del Edipo y la metáfora paterna. Se trata de tiempos lógicos y, al referirse a ellos, remite a cuestiones de estructura. Sin embargo, también hace falta tiempo para observar cómo estos elementos se subjetivan. La metáfora paterna se sitúa en el inconsciente; hay un significante que funda al sujeto. Más adelante, en el Seminario 16, afirma lo siguiente: “Su resorte único está siempre, por supuesto, en la manera en que se presentaron los deseos en el padre y en la madre, es decir, en que ellos han efectivamente ofrecido al sujeto el saber, el goce y el objeto a. Consiguientemente, esto debe incitarnos no solo a explorar la historia del sujeto, sino el modo de presencia con el que se le ofreció cada uno de los tres términos. Allí reside lo que llamamos impropiamente la elección de la neurosis, hasta la elección entre psicosis y neurosis. No hubo elección porque esta ya estaba hecha en el nivel de lo que se presentó al sujeto, y que solo es localizable y perceptible en función de los tres términos que acabamos de intentar despejar”. La elección entre neurosis y psicosis no la comanda el yo: la estructura no puede separarse de las condiciones concretas en las que el sujeto recibe esas marcas, ni de la forma en que estas son posteriormente subjetivadas.

Luego, Gabriela Maidana, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, realizó un aporte teórico a lo desarrollado por Mónica. Retoma el historial freudiano, el caso del Hombre de las Ratas, situando que permite seguir la evolución de las elaboraciones de Freud sobre la neurosis obsesiva. En sus primeras formulaciones, éste explica los síntomas a partir de la represión de deseos inconscientes incompatibles con la conciencia, especialmente la ambivalencia afectiva hacia el padre y la persona amada. Los pensamientos obsesivos, los rituales y las prohibiciones aparecen como formaciones de compromiso que expresan de manera disfrazada esos deseos reprimidos. El caso pone de relieve la importancia de la sexualidad infantil y de los conflictos pulsionales temprano, cuyas huellas permanecen activas en el inconsciente y pueden reactivarse en la vida adulta, dando lugar a la formación de síntomas. La fantasía del suplicio de las ratas no constituye el núcleo de la neurosis, sino el punto a partir del cual se ponen en movimiento conflictos inconscientes preexistentes, ligados a la culpa, la ambivalencia afectiva y la relación con la figura paterna. A la luz de las elaboraciones posteriores de Freud, especialmente en “El yo y el ello” e “Inhibición, síntoma y angustia”, el caso adquiere una nueva lectura. La angustia deja de concebirse como una consecuencia de la represión para entenderse como una señal de peligro para el yo, que pone en marcha mecanismos defensivos frente a las exigencias pulsionales y a la severidad del superyó. En este contexto, los síntomas obsesivos aparecen simultáneamente como defensa y como forma sustitutiva de satisfacción pulsional. Freud destaca mecanismos como la anulación retroactiva, el aislamiento y la regresión a la organización sádico-anal, que permiten comprender la presencia de la duda, la culpa, la necesidad de castigo, la agresividad y los rasgos característicos del carácter obsesivo. De este modo, el caso muestra cómo los conflictos infantiles, lejos de desaparecer, continúan ejerciendo sus efectos en la vida psíquica adulta.

Sobre esto, Mónica propone retomar los capítulos 3, 5 y 6 de “Inhibición, síntoma y angustia”. Al final del capítulo 5, destaca la referencia de Freud a un yo limitado, que se ve compelido a buscar tratamiento para sus síntomas. En este contexto, introduce el concepto de parálisis de la voluntad del yo, que se manifiesta en la dificultad o imposibilidad de tomar una decisión, algo muy frecuente en la neurosis obsesiva. En el capítulo 6, aborda el aislamiento característico de la neurosis obsesiva y las dificultades que este plantea para la asociación libre, cuestión que se actualiza en el propio dispositivo analítico. El aislamiento no se reduce a un rasgo de carácter, sino que se pone de manifiesto en el modo mismo de hablar del sujeto: relata sus pensamientos, pero estos no se encadenan asociativamente. El obsesivo permanece adherido a sus enunciados. El síntoma aparece en un primer momento como algo extraterritorial, en tanto formación del inconsciente; sin embargo, el yo intenta incorporarlo a la personalidad bajo la fórmula “yo soy así”. La pulsión, por su parte, no se detiene y encuentra una satisfacción sustitutiva. Finalmente, señala que los casos graves de neurosis obsesiva suelen someterse al tratamiento con menos frecuencia que las histéricas: asisten a análisis como última opción.

El historial de “El Hombre de las Ratas” invita a seguir investigando tanto el ocasionamiento de la consulta como el de la enfermedad. Se trata de dos momentos diferentes: mientras que la consulta se desencadena a partir de un relato, lo que va surgiendo a lo largo de las distintas sesiones permite localizar el momento en que se constituye el síntoma. Las alternativas y soluciones que el sujeto encuentra frente a aquello que le resulta insoportable, así como las coordenadas que se ponen en juego en la consulta, contribuyen a precisar qué adquiere valor traumático para cada quien. En este historial, aquello que desencadena el delirio se encuentra en relación con la deuda, aunque los síntomas se remontan a la infancia. Esto introduce una distinción entre realidad y verdad: una cosa es la realidad de los hechos y otra la verdad del inconsciente. Así, aunque el padre ha muerto, el sujeto continúa temiendo que pueda sucederle algo. La voluntad eterna del padre sigue operando en su inconsciente como si se tratara de una presencia actual.

La docente retoma la cuestión de las asociaciones extrínsecas presentes en el historial y las pone en relación con las soluciones que el sujeto encuentra frente a aquello que le resulta insoportable. En este punto, ubica el actuar obsesivo y la manía de la duda, caracterizada por la imposibilidad de poner un límite al pensamiento. A partir del significante “rata”, Freud sigue una serie de asociaciones que permiten reconstruir la lógica propia del caso. Tal como señala en la página 167, el relato del castigo de las ratas reavivó un erotismo anal que había ocupado un lugar preponderante durante la infancia. Freud se sirve entonces de las resonancias de la lengua alemana para desplegar la cadena asociativa: “Ratten” significa “ratas”, mientras que “Raten” remite a “cuotas”, introduciendo así una articulación con el dinero y la deuda. De este modo, el análisis permite seguir el recorrido de los significantes y precisar las coordenadas singulares del síntoma. En este sentido, la docente subraya que, en el curso de un análisis, no basta con que el paciente adquiera el coraje necesario para hablar; también es preciso poder discernir qué dice en aquello que enuncia.

Finalmente, la docente hace referencia al Seminario 10, La angustia, y a las clases que Lacan dedica a la neurosis obsesiva. A partir del pasaje citado, subraya que el trabajo analítico no parte del síntoma ya constituido en su forma clásica, sino del reconocimiento de su funcionamiento por parte del sujeto. En este sentido, el síntoma solo queda verdaderamente constituido cuando el sujeto puede advertirlo como tal. Lacan destaca que existen formas de comportamiento obsesivo que aún no han alcanzado ese estatuto, en la medida en que el sujeto no las ha reconocido ni formulado como síntomas.

A partir de ello, la docente retoma la cuestión de aquello que permanece no asimilado en el síntoma. Para que este salga de su condición de enigma no formulado, resulta necesario que el sujeto pueda tomar distancia de identificaciones cristalizadas, condensadas en expresiones como “yo soy así”. Solo entonces el síntoma puede convertirse en objeto de interrogación y de trabajo analítico. En esta misma línea, recuerda una formulación de Freud en “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915), donde señala que el carácter forma parte de los destinos de la pulsión, cuestión que permite pensar las modalidades por las cuales determinados modos de satisfacción terminan incorporándose a la personalidad del sujeto.

Al finalizar la clase, Daniela Lescano Dib, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, presentó un caso clínico, el cual fue comentado por Mónica. El público participó con preguntas, comentarios, aportes.

Reseña a cargo del área de libería.

 

Referencias bibliográficas

Freud, S. (201). A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el «Hombre de las Ratas») [1909]. Amorrortu Editores.

Freud, S. (1986). Inhibición, síntoma y angustia [1926]. En Obras completas (Vol. 20). Amorrortu Editores.

Lacan, J. (1994). El seminario: Libro 4. La relación de objeto [1956-1957]. Ediciones Paidós.

Lacan, J. (2006). El seminario: Libro 10. La angustia [1962-1963]. Ediciones Paidós.

Lacan, J. (2008). El seminario: Libro 16. De un Otro al otro [1968-1969]. Ediciones Paidós

 

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SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE 2026-2027 Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA.

Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE  “EL SÍNTOMA EN LA CLÍNICA FREUDIANA LEÍDO POR LACAN”

CLASE 2: Estructura e historia. 

Comentario a cargo de Gabriela Maidana*  

El caso del Hombre de las ratas es reinterpretado por Freud con las elaboraciones que en 1926  publica en “Inhibición, síntoma y angustia” para ello se servirá de conceptos que fue  desarrollando en su enseñanza. 

Freud en 1909 cuando escribe “Notas sobre un caso de neurosis obsesiva” la describe como  una neurosis plena y avanzada. 

Los síntomas obsesivos se explican principalmente a partir de conflictos entre deseos  inconscientes reprimidos, en particular sentimientos simultáneos de amor-odio hacia la  persona del padre y hacia la persona amada. A esta coexistencia de afectos Freud la denomina  ambivalencia afectiva que tiene sus raíces en la ambivalencia afectiva infantil. Freud sostiene  que el niño ama intensamente a su padre, pero al mismo tiempo alberga hacia él deseos  hostiles inconscientes. Estos sentimientos hostiles resultan incompatibles a su deseo filial y a  las exigencias morales que progresivamente se constituyen en el sujeto. Como consecuencia  dichos deseos son reprimidos. Los deseos reprimidos continúan actuando desde el  inconsciente y retornan de manera disfrazada bajo la forma de síntomas. 

En este momento de sus elaboraciones Freud cuenta fundamentalmente con el concepto de  represión del representante psíquico por ser inconciliable con las tendencias morales o  afectivas opuestas. Sin embargo, la represión fracasa parcialmente, y lo reprimido retorna en  forma disfrazada a la consciencia bajo la forma de síntoma obsesivos, pensamientos  obsesivos, rituales y prohibiciones autoimpuestas. Estos síntomas se constituyen como  formaciones de compromiso entre las fuerzas represoras y lo reprimido, cumple con la  función de mantener a raya los deseos inconciliables, de proteger al sujeto del conflicto  psíquico que estos generan y simultáneamente evitar el surgimiento de angustia; se produce  cuando parte de la libido queda desligada de la representación. 

En el “hombre de las ratas”, Freud localiza este conflicto cuando el paciente imagina que una  desgracia terrible podría sucederle a su padre o a su amada. Estos pensamientos despiertan una intensa angustia que Freud interpreta como ligada al retorno disfrazado de sus deseos  inconscientes incompatibles con la consciencia. La angustia y la culpa son el testimonio de la  persistencia del conflicto entre el amor consciente y la hostilidad reprimida. 

Lo que Freud busca subrayar es la importancia decisiva del factor infantil en la causación de la  neurosis. Los conflictos pulsionales que se presentan en la infancia movilizan  tempranamente mecanismos de defensa destinados a tramitar deseos y afectos  incompatibles para el sujeto. Sin embargo, estos conflictos no desaparecen por efecto de la represión primaria; por el contrario, dejan huellas duraderas bajo la forma de fijaciones  libidinales que permanecen activas en el inconsciente. 

Más tarde en determinadas circunstancias de la vida adulta, estas fijaciones pueden  reactivarse y proporcionar el punto de apoyo para la formación de los síntomas neuróticos. El  factor infantil constituye así el fundamento de la neurosis, ya que permite comprender que el  síntoma no surge de manera azarosa y accidental, sino que posee una historia. El síntoma  constituye una reedición deformada y sustitutiva de los conflictos infantiles reprimidos que  continúan ejerciendo sus efectos en la vida psíquica del sujeto. 

El síntoma de la obsesión nos dice Miller en el texto H2O” (1) se distingue por la evidencia  fenoménica del rasgo que en alemán se llama Zwang que significa coacción, forzamiento,  compulsión, que se manifiestan en el pensamiento y en los actos del sujeto” se trata de una  modalidad de funcionamiento de la represión característico de la neurosis obsesiva. 

En el caso del Hombre de las ratas observamos que el sujeto apela a rituales mentales y  conductas compulsiva para neutralizar sus pensamientos que le resultan insoportables. La  intensa culpa que experimenta, difusa y aparentemente inmotivada, así como el temor persistente de que algo terrible pueda sucederle a su padre o a la mujer amada encubren la  emergencia de deseos hostiles inconscientes incompatibles con la conciencia moral. 

Para defenderse de estos deseos el sujeto se impone prohibiciones, ceremoniales y conductas  compulsivas que a lo largo de su vida fueron propiciando la disminución temporal de la  angustia en tanto estas conductas fueron incorporándose a su personalidad. Sin embargo, lejos  de resolver el conflicto terminan organizando una economía psíquica cada vez más rígida, hasta  que en determinado momento de la vida adulta sobreviene una crisis de angustia que precipita  la consulta con Freud. (el famoso relato del suplicio de las ratas penetrando en el cuerpo de la  víctima, a partir de ahí lo invade una intensa angustia y la idea obsesiva de que dicho castigo  puede recaer sobre dos personas que ama profundamente) alrededor de este núcleo se  organizan sus fantasías asociadas a la idea mortificante de que si no realiza ciertos actos o  rituales ocurriría dicha catástrofe. 

Freud destaca que si bien esta idea domina sus fantasías no constituyen la situación traumática  en sí. Su importancia radica en que reactiva y pone en movimiento conflictos inconscientes  preexistentes. 

El relato del suplicio entonces encuentra un terreno ya preparado por la historia infantil del  sujeto, sus fijaciones libidinales, sus sentimientos ambivalentes hacia el padre y la intensa  culpa inconsciente que lo habita. 

A esto se añade otra cuestión fundamental, una deuda económica vinculada al extravío de sus  lentes en la misma jornada que le relatan el episodio de las ratas. El paciente queda atrapado  en una serie de dudas, obligaciones y razonamientos compulsivos relacionados con el pago de  la deuda. Freud advierte que estas conductas defensivas se enlazan asociativamente con la historia de su padre, quien antes de contraer matrimonio había tenido problemas económicos  y deudas que marcaron su matrimonio.

En el transcurso del análisis Freud reconstruye una compleja red de asociaciones en las que se  articulan representaciones tales como: dinero, deuda, padre, matrimonio, amor, castigo y ratas,  trama que permite poner de manifiesto los núcleos fundamentales del caso: la ambivalencia  afectiva, la culpa inconsciente, el conflicto en torno a la elección amorosa respecto de la  mujer y la necesidad inconsciente de castigo que caracteriza a la neurosis obsesiva. 

Este es el núcleo de la neurosis para Freud, no la fantasía de las ratas en sí misma sino el  conflicto inconsciente que dicha fantasía viene a expresar. El punto central es la intensa  ambivalencia afectiva sobre todo respecto a la figura paterna. Junto al amor y la admiración  hacia el padre subsisten poderosos sentimientos hostiles reprimidos. Freud reconoce en estos  deseos hostiles la expresión de una rivalidad vinculada a la vida amorosa y sexual del sujeto, así  como una querella contra la voluntad paterna, especialmente en lo concerniente a la elección  de objeto amoroso y al mandato familiar respeto del matrimonio. 

El caso releído por Freud a la luz de sus elaboraciones posteriores lo llevan a plantear  modificaciones sustanciales sobre todo respecto de la angustia. 

Para llegar al escrito “Inhibición síntoma y angustia “de 1926 debemos tomar como  antecedentes lo que plantea en “Más allá del principio del placer” de 1920 sobre la pulsión de  muerte y su relación con la compulsión a la repetición, para entender lo que Freud ubicará  respecto del síntoma como retorno de la pulsión.  

Otro texto esencial para avanzar hacia los planteos que hace en “Inhibición, síntoma y  angustia” es el que introduce con la publicación del “Yo y el Ello” en 1923, texto que marca un giro decisivo en su enseñanza: en este tiempo elabora su 2° tópica del aparato psíquico, Yo,  ello, superyó, muestra que el yo no es una instancia psíquica independiente, por el contrario nos plantea que el yo se desarrolla a partir del ello es decir, lo pulsional, y cuando surgen  contradicciones entre ambos el yo siempre se debilita, lo que demuestra su dependencia de  las exigencias pulsionales del ello. Lo mismo sucede en la relación superyó-yo, cuando hay un  conflicto entre ambos el yo es una instancia relativamente débil que está constantemente  amenazada por el superyó. El yo entonces se encuentra sometido a una triple dependencia: de  las exigencias pulsionales, de los imperativos y reproches del superyó y de las demandas del  mundo exterior. Esta concepción de un Yo relativamente débil y permanentemente amenazado  resulta fundamental para comprender los desarrollos posteriores en “Inhibición, síntoma y  angustia”. 

Especialmente en el capítulo 5 Freud se interesa por la formación de los síntomas y las  defensas secundarias del yo desplegadas frente a las exigencias pulsionales. Allí reformula el estatuto de la angustia. Mientras en sus primeras elaboraciones la angustia era concebida fundamentalmente como una consecuencia de la represión, ahora pasa a ser entendida como una señal en el yo, frente a una situación de peligro; adquiere una función protectora que  advierte al yo de un peligro y pone en marcha los mecanismos defensivos para evitarla. De esta  manera la represión pasa a ser una de las respuestas que el yo organiza a partir de la señal de  angustia.

En la neurosis obsesiva el peligro está ligado a las exigencias pulsionales del ello y a las  consecuencias que su satisfacción tendría para el yo, especialmente bajo la amenaza del  superyó y la pérdida de amor. Estas nuevas elaboraciones abren la puerta para la reformulación  del “Hombre de las ratas”. 

Un pasaje fundamental para ilustrar este cambio teórico es la escena relatada por Ernest  Lanzer en la que muchos años después de la muerte de su padre, se sorprende abriendo la  puerta a medianoche como si lo estuviera esperando, y luego se contempla al espejo experimentando una erección. Freud volverá sobre esta escena para mostrar que los conflictos  infantiles conservan toda su eficacia en la vida psíquica adulta. 

Esta escena pone de manifiesto la persistencia de los deseos edípicos y de la ambivalencia  afectiva hacia la figura paterna. La excitación sexual que se manifiesta en la erección testimonia  la reactivación de deseos inconscientes ligados a la sexualidad infantil. Sin embargo, junto a  esta reactivación aparece la figura del padre como instancia de prohibición y límite respecto de  esas aspiraciones. 

En este contexto el peligro fundamental es el de la castración. Durante el Complejo de Edipo, el  niño se enfrenta a la incompatibilidad entre sus deseos amorosos y sexuales y la prohibición  encarnada por la función paterna. La angustia de castración surge como respuesta a esos  peligros anticipados por el yo.  

Por tal motivo, Freud destaca que la castración ocupa un lugar central en la constitución del  sujeto neurótico, en tanto introduce una renuncia estructurante respecto de los deseos  edípicos, entonces la angustia de castración se convierte en una referencia fundamental para  comprender la formación de los síntomas y las defensas, aunque su modo de presentación  difiere según se trate del niño o la niña. 

Este escenario deja ver claramente que los deseos hostiles y amorosos dirigidos al padre no  desaparecen, sino que permanecen reprimidos y retornan bajo formas indirectas: sentimientos  de culpa, escrúpulos morales excesivos, dudas interminables y síntomas obsesivos. Por eso, la  castración es traumática más allá de la novela del neurótico, porque se constituye en la  amenaza paterna, que obliga a renunciar a ciertos deseos edípicos. De ese encuentro con la  castración surge la angustia de castración (que como sabemos se desarrolla de modo diferentes para el niño que para la niña). 

Los síntomas obsesivos se constituyen como formaciones de compromiso en las que articulan  simultáneamente la defensa y una modalidad sustitutiva de satisfacción pulsional. El yo mantiene una lucha constante contra esas exigencias pulsionales porque le resultan peligrosas  y pone en marcha la represión; sin embargo, esta defensa nunca resulta completamente eficaz.  Lo reprimido insiste y retorna, obligando al yo a desplegar nuevos recursos para mantener el  control de dicho conflicto. 

Por eso el síntoma no es únicamente el resultado de la represión, sino también una forma  paradójica de satisfacción. Lo que quiere decir que la pulsión logra encontrar vías indirectas para expresarse mediante desplazamientos, sustituciones, falsos enlaces que le permiten eludir  las defensas. 

En el caso, por ejemplo, se presenta conscientemente bajo la forma de prohibiciones  autoimpuestas, verificaciones, ceremoniales y razonamientos interminables en el complejo  circuito que el paciente construye alrededor del pago de la deuda por los anteojos a la  empleada del correo postal. 

Freud destaca que estos fenómenos revelan también la presión ejercida por el superyó extremadamente severo, se constituye como un peligro interno para el yo. Entonces podemos  definir el síntoma obsesivo a esta altura de los desarrollos freudianos como un  funcionamiento que simultáneamente se presenta como defensa frente a la pulsión y como  respuesta a las exigencias del superyó por lo tanto se trata de una satisfacción sustitutiva de  aquello que permanece reprimido. 

Así mismo observa Freud que muchos síntomas obsesivos presentan una estructura en dos  tiempos; al acto que ejecuta el mandamiento de represión ligado a la defensa o a la  prohibición le sigue un segundo acto destinado a suprimir o deshacer el acto anterior. Lo llama  anulación retroactiva, un ejemplo claro lo vemos, cuando el paciente de Freud encuentra una  piedra en el camino por donde iba a pasar el carruaje de su amada, decide sacar la piedra  porque piensa que podía provocarle un accidente y él quería protegerla. Poco después le  invade la duda y la angustia. Regresa y vuelve a colocar la piedra donde estaba, para finalmente  volver a cuestionar su acción. Actos obsesivos que permiten verificar la lucha entre una  corriente amorosa que busca proteger a la mujer y una corriente hostil inconsciente que da  cuenta de que le desea el daño. 

Otro mecanismo obsesivo es el aislamiento cuando se produce una desconexión entre la idea y  el afecto. Es decir, el pensamiento se conserva, pero se aísla el afecto. En efecto, Freud nos  muestra como su paciente expresa un amor intenso hacia el padre, mientras que sus deseos  hostiles aparecen indirectamente como las agresiones hacia el padre, lo que indica que la  hostilidad no se integra conscientemente al vínculo afectivo, más bien queda separada o retorna por otras vías como ser la agresividad. 

La desintrincación pulsional, ocurre cuando se separan las pulsiones de vida de las pulsiones de  destrucción, que generalmente actúan mezcladas. Al romperse parcialmente esa mezcla, el  componente destructivo queda más libre. 

Entonces la agresividad aparece relativamente desvinculada de los vínculos amorosos y  emergen como necesidad de castigo, temores obsesivos, fantasías de castigo a su padre y a la  mujer amada. También al analista en la escena en que quería expresarle sus condolencias a  Freud por la muerte de su madre, sin embargo, cuando va a redactar el mensaje se sorprende  porque le viene la fórmula contraria: “felicitaciones, en lugar de pésame”. 

La agresividad no solo se dirige a los objetos amados, sino que también vuelve contra el propio  sujeto (someterse una dieta estricta y rigurosa que fundamentalmente tiene el valor de una mortificación), hay varios episodios de sufrimientos autoimpuestos o sometimientos a  exigencias imposibles en el caso. 

Otra cuestión que Freud trabaja en este texto se refiere a la relación entre fijación pulsional y  regresión genital del aparato psíquico, ambas se dan juntas. La fijación se refiere a la libido que queda ligada a modos de satisfacción infantil. La existencia de tales fijaciones constituye una predisposición necesaria para la formación de la neurosis a la vez, propician la regresión de  la organización sexual infantil de la fase fálica a la fase sádico-anal. 

En ese proceso defensivo que produce el yo contra las exigencias libidinales del Complejo de  Edipo, Freud señala una particular fragilidad de la organización genital entonces se produce la  regresión de la libido total o parcial desde la organización fálica hacia la organización sádico anal. Esta regresión reactiva modalidades infantiles de relación con el deseo, con el amor, la  agresión y la culpa.  

Adquieren relevancia las reiteradas asociaciones que, en el caso, se establecen en relación con  el dinero, la deuda, la obligación, el pago que se presentan excesivamente profundizadas:  Freud relaciona esto con rasgos característicos de la organización sádico- anal tales como la  retención, el control, el intercambio y la escrupulosidad. Del mismo modo la fantasía del  castigo con las ratas integra componentes sádicos muy intensos. 

La regresión sádico-anal tiene consecuencias decisivas en la economía psíquica del sujeto, por  eso Freud señala que la agresividad adquiere un lugar central y mayor autonomía en la  neurosis obsesiva. Esta impregna todos sus lazos amorosos, también se presenta como culpa y  necesidad de castigo. La problemática de la deuda expresa simultáneamente una obligación,  una culpa y una exigencia de reparación. Es decir, que la agresividad es captada por el superyó, que se presenta con mucha severidad convirtiéndose en una fuente de constante sufrimiento  para el yo. 

La regresión también da lugar a rasgos relativamente estables que son incorporados al yo como  funcionamientos habituales a los que Freud denomina rasgos del carácter obsesivo, entre ellos  podemos citar: el orden severo, la escrupulosidad, la obstinación, la tendencia al control,  avaricia, la indecisión y la duda. Mientras que la aparición de la angustia como señal da cuenta  de la persistencia del conflicto psíquico entre deseo y defensa, por eso el síntoma suele vivirse  como algo extraño al yo porque le genera sufrimiento. 

Citas: 

(1) Jacques Alain Miller. (1988). MATEMAS II: H2O. pág 139. Buenos Aires. Ed Manantial.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM3

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VI Jornadas locales de los grupos de investigación. Estados de trabajo.

Estados de trabajo. Mesa del Cartel.

CARTEL La transferencia de Freud a Lacan.

                                                                                

Rasgo: Transferencia y familia.

 Mariana Alustiza *

 

“Desde un inicio las lecturas de Freud y Lacan fueron las brújulas que nos permitieron dejar de lado la lectura de las deficiencias, las fallas, “lo que no hay” o no hacen estos niños, para dejarnos tomar por la operatoria, la producción que ellos llevan adelante para habitar en el mundo” (Tendlarz.2015 )

Partiendo desde allí, me pregunto ¿Cuál es mi función? ¿Y qué podría aportar desde el psicoanálisis a mi rol en el trabajo con niños con autismo? 

En ocasiones me he topado con padres que se acercan esperando lo que el Amo hoy propone como normal, recetas, tips y guías a seguir para saber qué hacer con ese niño, pero sabemos que el encuentro con un analista, deja recoger otros efectos. 

¿Qué sucede con los padres de los niños con autismo? ¿Se suspende el saber del Amo para abrir al SsS?.

En el día a día el trabajo institucional dentro de en un centro educativo terapéutico (CET), la demanda  son los niños con autismo. Como primera medida habría que aclarar que es un CET: es una institución que está especializada en la atención integral de niños y niñas con discapacidad, que combina enfoques pedagógicos con técnicas terapéuticas, en donde el objetivo es fomentar la autonomía, la comunicación y el aprendizaje personalizado a través de equipos interdisciplinarios, mejorando así la calidad de vida de las personas con dificultades significativas en su desempeño diario.  

Se observa que, en el tratamiento con niños con autismo, los padres se presentan como Amos, trayendo un saber, de la ciencia, de la religión, un origen biológico, un desarrollo cronológico fallido, donde el niño termina siendo un objeto analizado por los padres.

Las terapias en auge del neurodesarrollo, realizan un asesoramiento a padres, (grupos, movimientos y acompañamiento), posicionándolos desde un saber sobre sus hijos, la transferencia de saber, diría está puesta para esos lados, esto funciona como una especie de alivio en ellos, des responsabilizándose de la trasmisión, ocupando un lugar de “observador externo” de sus hijos, ¿Me pregunto si la tarea de los padres sería solo adquirir mayor información.?. El psicoanálisis propone la vía opuesta de lo que en la actualidad se reconoce con el nombre de trastorno del espectro autista o trastorno generalizado del desarrollo y cuyos indicadores diagnósticos son la ausencia o alteraciones de logros que el desarrollo prevé para cada edad.

Una frase de Daniela Fernández en una clase, iluminó este trabajo “el analista no necesita ayuditas de los padres”, ella hacía referencia a un caso particular, pero lo tomo como referencia para el caso de los padres Amos, padres que vienen con un saber sin agujeros, me pregunto y pienso ¿Cómo se juega la transferencia en estos casos? Si bien este paciente llega dentro del marco institucional, quizás desconocen qué se hace ahí, ya que el psicoanálisis no responde a las urgencias actuales, ni tampoco a las soluciones rápidas y mágicas como se venden otras terapias.

Freud nos posibilitó pensar “el autismo en sentido inverso”, ya que le da peso al trabajo psíquico, “a la actividad psíquica, considerando que las perturbaciones, las alteraciones, las exigencias que se le presentan al aparato psíquico del infante, imponen una actividad, un trabajo en su apropiación del mundo, de los objetos y de su cuerpo” (Tendlarz.2015) Más aún cuando ubica como trabajo del sujeto, la reconstrucción de la realidad y del vínculo con los otros…  Creo necesario, en este punto, insistir en la divergencia radical existente en entre la operatoria de las terapias cognitivas conductuales y el psicoanálisis ya que, mientras las primeras intentan realizar un formateo cultural de la mente y un aprendizaje automático de conductas, la dirección de la cura para el practicante del psicoanálisis se ha de desplegar en una dimensión de respuesta de lo real.

Pensar la oferta terapéutica y sostener la lógica del caso que permitirá trazar los cálculos, las maniobras y estrategias que posibiliten dirigir la cura y sistematizar la experiencia es también lo que nos permite pensar la transferencia, ya que este instrumento rehabilita el semblante, instala las ficciones que permiten elaborar el saber.

Vuelvo a la transferencia a la institución, los padres llegan buscando un lugar, la oferta dice que venimos sosteniendo un lugar, es la implicación al trabajo psíquico lo que hace la diferencia. Jugar con el imaginario a favor, permite que, en esta entrevista, se puede escuchar y alojar a la madre, pero no podemos permitirnos tratar al niño a través de “ese manual”, que ella misma armó de su hijo, eso también es el Sujeto supuesto Saber, lo que fue dicho anteriormente para este niño y desde antes que este niño surgiera en el análisis. El analista será el testigo de que, en un lugar, hay un supuesto saber, de todo lo que fue dicho. 

Bibliografía

S.Tendlarz 2015. “Clínica del autismo y de la psicosis en la infancia” ̈ .Biblioteca de la Colección Diva. Bs. As.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3



Rasgo: De la transferencia a la transferencia de trabajo.

                                                                                             Sabrina Romera*

Es en el Acto de fundación del 21 de junio de 1964, donde encontramos la cita: “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”. 

Preguntas: ¿De qué está hecha? ¿Cómo pensarla en relación al Instituto? ¿Qué puntos de contacto y qué diferencias hay con la transferencia en la clínica? ¿Y qué del amor en la transferencia de trabajo? 

Sobre la enseñanza del psicoanálisis.

Miller ubicará la tesis de la transferencia de trabajo, como la razón que guió a Lacan en la fundación de la Escuela. Es una tesis, dirá, “que concierne al psicoanálisis, y dentro del psicoanálisis no atañe a su práctica, su política, sino a su enseñanza. Concierne a la transmisión e incluso al modo de transmisión de la enseñanza del psicoanálisis.” ( pág.160)

Primera distinción: cuando hablamos de transferencia de trabajo no se trata de la práctica clínica sino que está en relación al modo de transmisión de la enseñanza en psicoanálisis. 

Se pregunta entonces ¿A qué puede apuntar esta enseñanza? ¿Existe el profesor de psicoanálisis? ¿El psicoanálisis es enseñado o el psicoanálisis enseña?

Podría decirse que el psicoanálisis es una práctica que da lugar a una experiencia, y como tal hay enseñanzas de la experiencia. Pero otra cosa, dice Miller, es llegar a transmitir la enseñanza de una experiencia a los que no la tienen.(pág.165)

Sobre la transmisión.

¿Es una transmisión para todos? ¿De qué transmisión se trata?

La ciencia se abrió camino a partir del postulado de que sus enunciados son enseñables a todo el mundo. Esto está en la base del discurso científico y también del mercado.

A este postulado de la ciencia, el “para todos”, Miller opondrá el de iniciación. “¿Qué es la iniciación? Es, si se quiere, una enseñanza, pero que descansa en un condicionamiento del sujeto, en una transmutación subjetiva a partir de una experiencia (…) y por definición, la iniciación no es para todos.” 

Esto permite poner en tensión el “para algunos” de la iniciación y el “para todos” de la ciencia y el mercado.

En este para algunos, es posible ubicar la experiencia de un análisis, y más específicamente, el trabajo de la transferencia. Dice Miller “el psicoanálisis no se abrió camino mediante el postulado de lo enseñable a todo el mundo, sino que se desarrolló a partir de lo que únicamente puede decírsele a uno solo. Piensen en el analizante, cuyas confidencias, confesiones, no se expondrían en modo alguno para un público, para más de una persona”.(pág.169)

“En el psicoanálisis hay cierto número de fenómenos que sólo dependen de esta intimidad, que no se producirán si el sujeto no pudiera entregarse a esta intimidad especial, particular.”(pág.169)

Y agrega que esto vale también para el analista: “la interpretación analítica sólo vale en lo particular y en la ocasión, en el momento. La interpretación es el saber, si se quiere, pero un saber que se encuentra en la experiencia analítica, que se enseña a uno sólo, en ese momento y no en otro. Completamente al revés del todos.” (pág.170)

De allí entonces que Lacan afirme en Televisión, que “el discurso analítico sólo puede sostenerse uno por uno, es decir de lo particular y no de lo universal.”(Miller)

Pero entonces ¿Cómo enseñar a todos lo que se enseña uno por uno? Esto es una problemática de su enseñanza.

De un sujeto a otro

Si la transmisión del psicoanálisis no puede hacerse más que de uno en uno, esto da la idea del psicoanálisis didáctico. La idea del psicoanálisis didáctico es precisamente, que la enseñanza del psicoanálisis se realiza en las condiciones de la experiencia analítica. (Miller, pág. 171) y su salida implica la identificación al analista

Cabe preguntarnos entonces ¿De qué transmisión se trata? 

En ese caso habría que formular “la enseñanza del psicoanálisis sólo puede transmitirse de un sujeto a otro por medio de la transferencia, por medio del trabajo de transferencia como lo llamó Freud. En efecto, la transferencia en el psicoanálisis traduce que en ese nivel el saber sólo se transmite por Eros. (Miller, pág. 172)

Ese saber que “ex -siste en el inconsciente (fuera del alcance de uds dice Lacan), sólo puede ser subjetivado por medio de la transferencia, solamente se logra saber algo de ese saber cerrado que es el inconsciente mediante el trabajo de transferencia. Es el único modo de transmitir al sujeto la enseñanza del inconsciente. El amor es lo que pone a trabajar. El amor se dirige al saber y el resultado es un trabajo (el del analizante) que se hace bajo la égida del amor.” (Miller, pág.172)

Entonces, ubicamos aquí el trabajo de transferencia ligado al amor y al saber que se le supone al analista, y que ex –siste en el inconsciente… 

La transferencia de trabajo.

La transferencia de trabajo, en cambio, ¿Apunta a que? “exactamente que el trabajo mismo sea transferido uno por uno”(Miller, pág.172). No basta con transferir los resultados, las conclusiones, los contenidos. Y agrega algo más: se trata de transferir un estilo, y más precisamente un estilo de trabajo. 

Esto permite situar la transferencia de trabajo en una posición que está más bien del lado del analizante, que del analista. En la experiencia analítica, el analista no trabaja sino el analizante. El analista soporta el acto analítico y el analizante hace la tarea.(Miller, pág.173)

La tesis de transferencia de trabajo en el fundamento del concepto de Escuela no concierne al analista en tanto amo sino como trabajador. No se trata del amor al saber, sino del deseo de saber, esto es, trabajadores que vayan contra la ignorancia en el sentido de la represión.(Miller, pág.175)

En la nota Italiana, Lacan formula “no hay analista a no ser que ese deseo [el deseo de saber] le surja.” (1.974)

Se trata entonces de la transferencia del deseo de saber, con el trabajo que ello implica. Cómo transmitir el deseo de saber en psicoanálisis, renueva la problemática del final de análisis como un ir más allá de la identificación.

Bibliografía 

Lacan, J. Otros escritos. Acta de fundación – 21de junio de 1964.

Lacan, J. Otros escritos. Nota italiana.1.974

Miller, J. El banquete de los analistas. Cap IX La enseñanza del psicoanálisis.

Marta Davidovich. Del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3



Rasgo: Entre la ciencia y la religión la transferencia al psicoanálisis.

                                                                                            Luciana Rojas Loto*

La transferencia fue el eje con el que se han desarrollado los encuentros y el trabajo del cartel, “término que conceptualiza (…) el modus operandi del psicoanálisis, el resorte mismo de la cura, su motor terapéutico y el principio mismo de su poder” (Miller, 1986: 59). Dada la importancia y el desarrollo que ha tenido el término he seleccionado una cita de la Proposición del 9 de octubre de 1967 donde Lacan plantea “al comienzo del psicoanálisis está la transferencia” (pág.265), esta frase podría pensarse tanto en la clínica, las primeras entrevistas tienen como pivote al sujeto supuesto saber que articula la situación analítica, como también en lo que refiere a la formación a la elección que cada practicante realiza, “una apuesta que, para algunos, valga hasta el punto de serles esencial, y es mi enseñanza” dice Lacan (1967.pág.263) 

A partir de esto último el rasgo elegido fue “entre la ciencia y la religión, la transferencia al psicoanálisis” de este modo, se ha orientado la lectura para poder responder algunos interrogantes que fueron surgiendo, qué lugar para el psicoanálisis, entre la ciencia, con los intentos de homogeneización del “para todos” y la religión, con las diversas creencias que se manifiestan y presentan en cada pueblo/ciudad santiagueña; cómo opera la transferencia, cómo cada practicante hace existir el discurso psicoanalítico en ese entre (entre la ciencia y la religión). 

Estos interrogantes ponen en el banquillo al analista, dando cuenta que, ante la realidad, es decir cómo se enredan los discursos “se delimita el campo de la praxis, que implica al operador (presencia y deseo del analista) y la operación (acto analítico) para generar la experiencia del psicoanálisis posibilatoria de una nueva realidad para el sujeto” (Leserre, 2017:46). 

Para esbozar una respuesta a los interrogantes planteados el deseo del analista surge como brújula ya que es a partir del anudamiento entre la formación, el propio análisis y la praxis, que se puede dar cuenta del posicionamiento de cada practicante ante los otros discursos. Retomo una cita de Ana Simonetti en la Angustia del practicante “Formarse también para producir alguien capaz de captar su propio obstáculo en la dirección de la cura y llevar al extremo la localización en sí, de lo que en cada caso retorno como angustia, como pesar, como impotencia, que es un fenómeno bastante frecuente” (2014), entonces pienso la experiencia del cartel como vía de formación que posibilita investigar, rastrear conceptos y confrontarnos con nuestro propio síntoma. 

Bibliografía

Lacan, J. (2012).  Otros escritos. Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad. Paidós.

Lacan, J. (2012) Otros Escritos. Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Paidós

Leserre, A. (2017) Una lectura sobre “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad. Grama Ediciones

Miller, J. A. (1986) Recorrido de Lacan: ocho conferencias. Ediciones Manantial.

Simonetti, A. (2014). La angustia del practicante. Centro de Investigación y Estudios Clínicos.

*Integrante del CID Sgo.del Estero-IOM3

 

Rasgo: Transferencia y objeto a

                                                                                            Gala Aznarez Carini*

La pregunta que inauguró este recorrido surge de mi experiencia como practicante en la clínica. ¿Cómo ceñir la posición del analista en la transferencia que suscita un análisis? ¿Cómo leer las coordenadas de un lazo transferencial en el dispositivo analítico? Si bien es una inquietud que surge al ras de la práctica, puntué un sesgo epistémico para el trayecto de investigación que enmarca este cartel. 

Partí entonces de La dirección de la cura y los principios de su poder (Lacan, 1958). Allí encontré una estrategia para el manejo de la transferencia y una orientación para la dirección de la cura. 

En relación con la primera, la estrategia, se trata de una posición, de una postura, para hacer surgir el elemento, que es en el dispositivo analítico la pareja del analizado, el objeto a, al que Lacan da un nivel operatorio. El cálculo posible con relación al lugar que el analista ocupa en la transferencia, implica captar el vacío para desplegar una táctica fundada en su operatividad, su puesta en causa. Para esto, el analista haría bien, dice Lacan, en situarse por su carencia de ser, y no por su ser. Esta es su política.

En consecuencia, la orientación, concierne a las relaciones del sujeto con lo real. El procedimiento de Freud, nos dice Lacan, “empieza por introducir al paciente a una primera ubicación de su posición en lo real» (pp. 569). Es a partir de esto como podemos leer en cada lazo transferencial, el objeto puesto en juego para un sujeto, su circuito pulsional y la gramática de goce que escribe. Es decir, el objeto a en su consistencia simbólica, imaginaria y real.

En este punto me sirvo de La tercera, donde encuentro una topología para ubicar la consistencia de los tres registros y cernir el calce del objeto a. Es en el lugar que se produce, en el encuentro de los tres cordeles en la topología borromea, donde se entronca ese objeto insensato, del que no se tiene idea. Lo que vemos en la topología del nudo es que todo goce está conectado con ese lugar, el del a, que no es sino el lugar que Lacan designó como plus-de-gozar.

Lacan sitúa así la consistencia lógica del objeto a, y con ello su condición operativa sobre lo real. Si lo captan, dice Lacan, podrán responder a “la función que es la vuestra: ofrecerlo como causa de su deseo a vuestro analizante” (pág. 80). 

Esto me permitió ceñir algo más la posición del analista en la transferencia, localizar las coordenadas de una orientación por lo real y lo operativo de una interpretación que, vía el equívoco -es decir, la abolición del sentido-, apunta a conmover el goce que habita el síntoma. 

 

Bibliografía

Lacan, J. (1958) La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Ed. Siglo veintiuno, Buenos Aires.

Lacan, J. (1974) La tercera. En Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial, Buenos Aires, 2010

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

 

RASGO: Transferencia y urgencia en el hospital.

                                                                                          Agustina Luque*

¿Al comienzo está la transferencia? Y si no es así, ¿Entonces cómo?

Este interrogante, tomado del ENAPOL dedicado a los comienzos del análisis, orientó mi trabajo en nuestro cartel, así como también las preguntas que surgieron en mi práctica durante la pandemia en una terapia intensiva para pacientes con COVID-19. Allí atendí durante dos años situaciones de urgencia prácticamente a diario. Actualmente continúo trabajando en la UTI y en consultorio ambulatorio. Algunas coordenadas han cambiado, pero la urgencia no ha cesado, tampoco los interrogantes que suscita esta práctica confrontada a lo imposible.

En el Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11, Lacan introduce una formulación decisiva al afirmar que la urgencia por obtener una satisfacción preside la demanda de análisis. A partir de allí pueden extraerse dos proposiciones que orientan la práctica:

  • Al principio está la urgencia.
    • No hay análisis sin urgencia.

La demanda que recibo con mayor frecuencia en el hospital testimonia de ello.

Lacan, que en su Seminario dedicado a la transferencia había comenzado por el amor —“Al principio era el amor”—, indica en este prefacio que en el comienzo está la urgencia y no el amor. Esto permite pensar que la urgencia puede preceder a la instalación de la transferencia.

Hacia el final de ese mismo texto, Lacan deja una indicación preciosa para pensar la posición del analista frente a la urgencia: se trata de “hacer con ella el par”. Esta formulación puede leerse como la disponibilidad que se espera en el lugar del analista: una disposición a ofrecerse como partenaire tanto de la urgencia como de la transferencia.

A partir de este trabajo, dos cuestiones pudieron esclarecerse:

  • El lugar pre-interpreta.
    • El analista interpreta.

El lugar pre-interpreta. En el hospital, por ejemplo, la primera transferencia suele dirigirse al hospital mismo, a la medicina, al médico que solicita la interconsulta o, incluso, a lo público como tal. El dispositivo institucional precede muchas veces al encuentro con el analista e impregna el lazo desde el inicio.

Se trata entonces de poder leer cómo ese lugar opera en cada caso y de qué modo esa transferencia institucional puede ser utilizada en la dirección del tratamiento. En ocasiones será necesario desmarcarse de ella o incluso rehusarla; en otras, podrá ser aprovechada.

La posibilidad de que se instale la atmósfera transferencial que haga posible el tratamiento requiere de estas maniobras tanto como de la interpretación analítica.

El lugar pre-interpreta, pero el analista interpreta, y lo hace orientado por su deseo de analizar y el real en juego. 

Se trata entonces de trabajar activamente para que la transferencia se instale. Su instalación no siempre está dada de entrada: requiere una orientación en las intervenciones y un cálculo respecto del tiempo, muchas veces a contramano de los ritmos institucionales.

Si al principio no está la transferencia sino la urgencia, es justamente el analista quien puede operar para favorecer su instalación. La clínica de la urgencia enseña que la transferencia no siempre precede al tratamiento: a veces debe ser producida.

Esto permite volver a interrogar la pregunta que Lacan formula en La dirección de la cura: ¿Primero la transferencia o la interpretación?

Si la operatividad del psicoanálisis se sostiene en la transferencia, y si esta no siempre está dada de entrada, la respuesta parece encontrarse del lado de la acción analítica. Un analista que se presta a la transferencia, pero que también trabaja activamente para que ella advenga, según las maniobras que cada caso requiera.

Bibliografía

Lacan.J, Otros Escritos, Paidós. Págs. 600-601.

 Lacan.J., Seminario, Libro 8:” La transferencia”. Paidós, 2011.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

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VI Jornadas locales de los grupos de investigación. Estados de trabajo.

Estados de trabajo: Grupo de investigación De amores y ficciones. Psicoanálisis <> Literatura.

Grupo de investigación: De amores y ficciones. Psicoanálisis <> Literatura Periodo: 2025.

Obra: Una temporada con Lacan de Pierre Rey.

Patricia Soto*

 A lo largo del año 2025, el grupo de Investigación: “De amores y Ficciones. Psicoanálisis <> Literatura”, trabajó el texto: Una temporada con Lacan de Pierre Rey.

  1. Rey es novelista y dramaturgo. Realizó con Jacques Lacan un análisis que duró más de diez años. En esta obra, testimonia del recorrido, relata los avatares de una cura psicoanalítica a la vez que describe el estilo clínico de Jacques Lacan.

 Para dar cuenta del trabajo del grupo, se tomaron frases que condensan este análisis, con sus escollos, dificultades, imposibilidades; detectando algunas de las intervenciones del analista, los efectos en su cuerpo y registrando a posteriori un recorrido sinuoso, en nuestro afán por indagar sobre; El deseo del analista, ¿Qué es ser un analista?, ¿Cómo intervenir y cuándo?, deslizamos estos fragmentos del recorrido analítico de Pierre Rey.

De los síntomas que lo llevaron a análisis al deseo de saber sobre su deseo 

Tras “una pena de amor” el protagonista, alarmado por el derrumbe subjetivo en el que se sumía; “me iba a pique”  (pág. 28) describe su estado, se servirá del encuentro contingente con el psicoanálisis para tratar su padecimiento. 

“No le encuentro la vuelta”, se sorprendió contestando a Lacan sobre el motivo por el que quería verlo.

“…Quise saber si era capaz de escribir” (pág. 32).  afirmará en ese tiempo. A lo largo del análisis la transferencia pasó por expresiones de afectos tanto amorosos como de rivalidad y hostilidad, que Lacan con amabilidad o con “mano de hierro”, pero con intervenciones certeras supo sortear en favor de la prosecución de la cura.

Algunos momentos cruciales de la transferencia

Interroga P.R.  “¿Acaso usted imagina que no soy tan inteligente como usted? Me miró con una dulzura desarmante”, Lacan le responde  con otro interrogante; “¿Quién dice lo contrario?” “Ya no había adversario” concluye el analizante”.

Miller, en su Seminario La transferencia negativa, ubica a la sospecha como un grado inferior de saber.

Avanzada la cura, a P. R., le restaba resolver su conflicto con el dinero y tras este saber sobre su deseo. Tiempo en el que su confusión sobre este asunto no cedía, dirá : “seguía sin entender”. “Imperturbable, Lacan dejaba que esa sensación me atravesara” (pág. 75), “No tengo dinero”, “Eso me enfermaba» (pág. 86). Adeudaba sesiones al analista,  éste  con actos que lo perturban, le hacía saber que tenía que pagar; “sin el electroshock de su repetido desenfreno, que me hundían en un estado de pánico, ¿habría podido pasar la prueba?”, reflexiona el analizante.

Como efecto se propondrá  trabajar para ganar dinero y  así evitar las manifestaciones sintomáticas que  enfermaban su cuerpo.

“¿Pero cómo?” ¿Por qué fingía ignorarlo? (pág. 87). Fueron necesarias varias vueltas para asumir su deseo. “Por eso me analizaba: concluirá, no me atrevía a nombrar mi deseo” (pág. 112). 

Hacia el final del recorrido, confrontado por Lacan por  su posibilidad de convertirse en analista;  sostendrá:  “El análisis no era más que un medio para mi libertad… , estaba demasiado poco preparado para el displacer como para desear ser, de manera profesional,  escucha del ajeno. ”( pág 124). 

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

Lo que no cesa de no escribirse y el escritor.

                                                                                                         Lilian Carini*

Para hablar de eso que insiste y no cesa de no escribirse, la pulsión, que siempre es de muerte y que atraviesa a PR, lo hunde y lo desespera, me  inspira  la poesía de Miguel Hernández:

El rayo que no cesa,

este rayo no cesa ni se agota:

de mí mismo tomó su procedencia

y ejercita en mí mismo sus furores

esta obstinada piedra de mí brota

y sobre mí dirige la insistencia

de sus lluviosos rayos destructores

Dice Pierre Rey 

«En los últimos días, tan cerca de la meta … una bola me obstruyó la garganta, atribuí esa señal al cansancio: había escrito demasiado… la dificultad consiste en alcanzar ese estado … la receptividad en que las palabras se encadenan con tanta velocidad que a uno le cuesta transcribirlas, … eso se llama estado de gracia. … a veces esa gracia se ausenta…”

“No quiero saber nada de eso. Eso que insiste”. “Lacan insiste, no da tregua, con una mano te sostiene y con la otra te sacude. Pero sí te sostiene” 

“Se identifica a la pulsión, aquello que presiona”.

El tiempo y el silencio 

«Diez segundos veinte minutos? no sabía. El tiempo no entraba en juego». “Entonces me dï cuenta que la noción de incertidumbre que él había traído a colación durante las sesiones breves en la práctica creaba la función intrínseca de la vida; poner en movimiento las cosas, al reproducir esos accidentes que la convierten en algo vivo, precisamente porque en ella todo es precario incierto, porque en ella nada está dado”. 

«Un paradójico milagro puede salvarlo…: el fracaso»

«Un día, después de haber vaciado mi bolsa creí que se iba a poner de pie, pero no hizo nada.» “…me sentí molesto por la ausencia de la masa sonora de mi voz sonando en la habitación y me retorcí incómodo en mi asiento; él seguía sin emitir palabra. Yo sabía que del otro lado de la puerta se amontonaban pacientes…» «con esas inflexiones lánguidas masculló su habitual exhortación a continuar: Si?”. “Nada dije con agresividad. Transcurrió otro cuarto de hora sin que uno ni otro pronunciara una palabra”. “Si?”, “Nada!”. “Sí ?”. “Nada”. “Una hora más tarde yo salía de su despacho. Destrozado. Supe lo que podía ser la fuerza de una resistencia”.

“A partir de ese momento acepté quedar al desnudo, no busqué otra cosa que entender, desgraciadamente cuanto más avanzaba menos entendía”.

“Lacan empezó a agujerear tenía que agujerear esa coraza, tenía que desinflar el ego, el yo con su gran delirio, para recubrir la cara oscura de la pulsión y el goce la presencia de un analista activo que no da respiro …”.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

 

Lacan y el uso del silencio.

                                                                                        Daniela Lescano *

¿Cuándo hace silencio Lacan? No en cualquier instante, Pierre Rey ya estaba en un tercer momento, ya había pasado por los períodos de hablar sin parar, de interrumpir, su dicho estaba vacío (Rey, 1989). 

¿Cómo lo invita al decir, Lacan? Lacan, en 1966, hace una pregunta enigmática [1] en relación al silencio y a la intervención analítica:

 

¿A qué silencio debe obligarse ahora el analista para sacar por encima de ese pantano el dedo levantado del San Juan de Leonardo, para que la interpretación recobre el horizonte deshabitado del ser donde debe desplegarse su virtud alusiva”, (Lacan, 1966, pág. 621). 

Pierre-Gilles Guéguen, psicoanalista, comenta, que: “el silencio del analista, un silencio que no es la boca cerrada, pues al mismo tiempo, indicaba que un analista debía pagar con palabras y con su persona para estar a la altura de su tarea”. “En efecto, la intervención del analista debe destacarse sobre un fondo de silencio” (Guéguen, 2012).

El gesto de San Juan es un índice, dice Guéguen, un signo que no dice directamente, sino que señala hacia otra cosa. Con el silencio, el analista procura agujerear, encarnar el lugar vacío que el San Juan de Leonardo designaba, “deja al analizante tomar confianza con el sinthome que ha inventado, en el tiempo que pueda” (Guéguen, 2012). Y eso hace Lacan, esperando el decir de Pierre Rey, que la piedra de la resistencia, se conmueva.

Lacan hace hincapié en la posición del analista, en el silencio. El “pantano” puede simbolizar la confusión, lo enmarañado del discurso, el goce que lo embarra todo.

Miller, responde a “¿Quién permanece silencioso en el psicoanálisis?, el analista”. “El analista es quien permanece silencioso, pero también lo hace la pulsión -la pulsión silenciosa. “El silencio es una relación eminente del sujeto con el significante. Y este silencio se encuentra ahí, por así decir, en el cruce de caminos entre el analista y la pulsión” (Miller, 2025, págs. 11-12). Con el silencio se corta las palabras vacías [3] y se convoca a palabras plenas.

Referencias

Freud, S. (1911-1913). Sigmund Freud Obras completas. Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (Schreber). Trabajos sobre técnica psicoanalítica y otras obras (2010 ed., Vol. XII). Bs. As., Argentina: Amorrortu.

Guéguen, P. G. (Enero-abril de 2012). La interpretación lacaniana. Freudiana. Revista de Psicoanálisis de la ELP-Catalunya(64). https://freudiana.com/la-interpretacion-lacaniana/

Lacan, J. (1966). Escritos 2 (2011 ed.). Bs. As., Argentina: Siglo veintiuno editores.

Miller, J. A. (2025). Silet. Bs. As., Argentina: Paidós.

Rey, P. (1989). Una temporada con Lacan (2016 ed.). Bs. As., Argentina: Letra Viva. 

  1. La dirección de la cura y los principios de su poder.
  2. La interpretación lacaniana.
  3. Palabra vacía: cuando alguien habla para “rellenar”, para repetir discursos aprendidos, o para engañar. Es el bla-bla.
  4. Palabra plena: cuando en el decir aparece algo verdadero, algo del sujeto que no estaba antes, que toca su deseo. Esa palabra transforma.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

El acto del analista de Lacan.

                                                                                              Gabriela Maidana*

El acto del analista consistía en despegar significante del significado, al modo de la aguja con la que borda la encajera en el cuadro de Vermeer al decir de Pierre Rey, el cuadro se ordena en torno a la única cosa que el pintor nos deja ver, la aguja con la que borda la encajera. Sin ese punto focal invisible que es la aguja en el caso, el analista Lacan, la tela se las toma, ya no significa.

Esos elementos que están presentes en el hilo de la trama, de modo imprevisible emergen y por la incidencia de esa aguja, incluso cuando parece no estar presente sigue siendo el punto focal a cuyo alrededor todo se genera y organiza. Causa de la escritura y de los efectos de esta. El analista hace valer un deseo vivo encarnado y eso ha sido fundamental para el avance de la cura, en la medida en que la elaboración del analizante pudo atrapar en el transcurso de la fuga de sentido restos de lo que ha caído, de lo que quedó sin caer en el olvido; de lo que quedó como resto de un trabajo de desciframiento, la elaboración del analizante prosigue hasta un punto de desenmascarar lo real, y hace emerger un deseo que siempre es contingente, adviene algo nuevo que cesa de no escribirse fundamentalmente en el sexo y el amor. 

Pierre Rey durante el curso de su análisis pudo ir elaborando su modo de gozar, no sin ese punto focal: el deseo del analista, para así apropiarse de su deseo por escribir, es decir, un deseo de darle forma a su real, a través de la escritura”. “Se puso a escribir, no como el periodista, sino usando la letra como instrumento sin máscaras”. 

Este testimonio del pasaje del amor al saber al deseo de saber, da cuenta de un fin de análisis que ofrece otro lazo con el psicoanálisis, la transferencia de trabajo, que solo surge cuando hay desvanecimiento del sujeto supuesto saber (SsS), una inducción al trabajo que no es una identificación, sino un pase que implica en primera instancia la salida de la transferencia y el fin del culto al saber ignorado. Es un deseo de saber cómo trabajo, esencial para hacer lazo.

*Integrante del CID Sgo. Del Estero-IOM3

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