SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE 2026-2027 Clase 2 «Estructura e historia».

Clase 2 ESTRUCTURA E HISTORIA

SEMINARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE  “EL SÍNTOMA EN LA CLÍNICA FREUDIANA LEÍDO POR LACAN”

CLASE 2: Estructura e historia. 

Comentario a cargo de Gabriela Maidana*  

El caso del Hombre de las ratas es reinterpretado por Freud con las elaboraciones que en 1926  publica en “Inhibición, síntoma y angustia” para ello se servirá de conceptos que fue  desarrollando en su enseñanza. 

Freud en 1909 cuando escribe “Notas sobre un caso de neurosis obsesiva” la describe como  una neurosis plena y avanzada. 

Los síntomas obsesivos se explican principalmente a partir de conflictos entre deseos  inconscientes reprimidos, en particular sentimientos simultáneos de amor-odio hacia la  persona del padre y hacia la persona amada. A esta coexistencia de afectos Freud la denomina  ambivalencia afectiva que tiene sus raíces en la ambivalencia afectiva infantil. Freud sostiene  que el niño ama intensamente a su padre, pero al mismo tiempo alberga hacia él deseos  hostiles inconscientes. Estos sentimientos hostiles resultan incompatibles a su deseo filial y a  las exigencias morales que progresivamente se constituyen en el sujeto. Como consecuencia  dichos deseos son reprimidos. Los deseos reprimidos continúan actuando desde el  inconsciente y retornan de manera disfrazada bajo la forma de síntomas. 

En este momento de sus elaboraciones Freud cuenta fundamentalmente con el concepto de  represión del representante psíquico por ser inconciliable con las tendencias morales o  afectivas opuestas. Sin embargo, la represión fracasa parcialmente, y lo reprimido retorna en  forma disfrazada a la consciencia bajo la forma de síntoma obsesivos, pensamientos  obsesivos, rituales y prohibiciones autoimpuestas. Estos síntomas se constituyen como  formaciones de compromiso entre las fuerzas represoras y lo reprimido, cumple con la  función de mantener a raya los deseos inconciliables, de proteger al sujeto del conflicto  psíquico que estos generan y simultáneamente evitar el surgimiento de angustia; se produce  cuando parte de la libido queda desligada de la representación. 

En el “hombre de las ratas”, Freud localiza este conflicto cuando el paciente imagina que una  desgracia terrible podría sucederle a su padre o a su amada. Estos pensamientos despiertan una intensa angustia que Freud interpreta como ligada al retorno disfrazado de sus deseos  inconscientes incompatibles con la consciencia. La angustia y la culpa son el testimonio de la  persistencia del conflicto entre el amor consciente y la hostilidad reprimida. 

Lo que Freud busca subrayar es la importancia decisiva del factor infantil en la causación de la  neurosis. Los conflictos pulsionales que se presentan en la infancia movilizan  tempranamente mecanismos de defensa destinados a tramitar deseos y afectos  incompatibles para el sujeto. Sin embargo, estos conflictos no desaparecen por efecto de la represión primaria; por el contrario, dejan huellas duraderas bajo la forma de fijaciones  libidinales que permanecen activas en el inconsciente. 

Más tarde en determinadas circunstancias de la vida adulta, estas fijaciones pueden  reactivarse y proporcionar el punto de apoyo para la formación de los síntomas neuróticos. El  factor infantil constituye así el fundamento de la neurosis, ya que permite comprender que el  síntoma no surge de manera azarosa y accidental, sino que posee una historia. El síntoma  constituye una reedición deformada y sustitutiva de los conflictos infantiles reprimidos que  continúan ejerciendo sus efectos en la vida psíquica del sujeto. 

El síntoma de la obsesión nos dice Miller en el texto H2O” (1) se distingue por la evidencia  fenoménica del rasgo que en alemán se llama Zwang que significa coacción, forzamiento,  compulsión, que se manifiestan en el pensamiento y en los actos del sujeto” se trata de una  modalidad de funcionamiento de la represión característico de la neurosis obsesiva. 

En el caso del Hombre de las ratas observamos que el sujeto apela a rituales mentales y  conductas compulsiva para neutralizar sus pensamientos que le resultan insoportables. La  intensa culpa que experimenta, difusa y aparentemente inmotivada, así como el temor persistente de que algo terrible pueda sucederle a su padre o a la mujer amada encubren la  emergencia de deseos hostiles inconscientes incompatibles con la conciencia moral. 

Para defenderse de estos deseos el sujeto se impone prohibiciones, ceremoniales y conductas  compulsivas que a lo largo de su vida fueron propiciando la disminución temporal de la  angustia en tanto estas conductas fueron incorporándose a su personalidad. Sin embargo, lejos  de resolver el conflicto terminan organizando una economía psíquica cada vez más rígida, hasta  que en determinado momento de la vida adulta sobreviene una crisis de angustia que precipita  la consulta con Freud. (el famoso relato del suplicio de las ratas penetrando en el cuerpo de la  víctima, a partir de ahí lo invade una intensa angustia y la idea obsesiva de que dicho castigo  puede recaer sobre dos personas que ama profundamente) alrededor de este núcleo se  organizan sus fantasías asociadas a la idea mortificante de que si no realiza ciertos actos o  rituales ocurriría dicha catástrofe. 

Freud destaca que si bien esta idea domina sus fantasías no constituyen la situación traumática  en sí. Su importancia radica en que reactiva y pone en movimiento conflictos inconscientes  preexistentes. 

El relato del suplicio entonces encuentra un terreno ya preparado por la historia infantil del  sujeto, sus fijaciones libidinales, sus sentimientos ambivalentes hacia el padre y la intensa  culpa inconsciente que lo habita. 

A esto se añade otra cuestión fundamental, una deuda económica vinculada al extravío de sus  lentes en la misma jornada que le relatan el episodio de las ratas. El paciente queda atrapado  en una serie de dudas, obligaciones y razonamientos compulsivos relacionados con el pago de  la deuda. Freud advierte que estas conductas defensivas se enlazan asociativamente con la historia de su padre, quien antes de contraer matrimonio había tenido problemas económicos  y deudas que marcaron su matrimonio.

En el transcurso del análisis Freud reconstruye una compleja red de asociaciones en las que se  articulan representaciones tales como: dinero, deuda, padre, matrimonio, amor, castigo y ratas,  trama que permite poner de manifiesto los núcleos fundamentales del caso: la ambivalencia  afectiva, la culpa inconsciente, el conflicto en torno a la elección amorosa respecto de la  mujer y la necesidad inconsciente de castigo que caracteriza a la neurosis obsesiva. 

Este es el núcleo de la neurosis para Freud, no la fantasía de las ratas en sí misma sino el  conflicto inconsciente que dicha fantasía viene a expresar. El punto central es la intensa  ambivalencia afectiva sobre todo respecto a la figura paterna. Junto al amor y la admiración  hacia el padre subsisten poderosos sentimientos hostiles reprimidos. Freud reconoce en estos  deseos hostiles la expresión de una rivalidad vinculada a la vida amorosa y sexual del sujeto, así  como una querella contra la voluntad paterna, especialmente en lo concerniente a la elección  de objeto amoroso y al mandato familiar respeto del matrimonio. 

El caso releído por Freud a la luz de sus elaboraciones posteriores lo llevan a plantear  modificaciones sustanciales sobre todo respecto de la angustia. 

Para llegar al escrito “Inhibición síntoma y angustia “de 1926 debemos tomar como  antecedentes lo que plantea en “Más allá del principio del placer” de 1920 sobre la pulsión de  muerte y su relación con la compulsión a la repetición, para entender lo que Freud ubicará  respecto del síntoma como retorno de la pulsión.  

Otro texto esencial para avanzar hacia los planteos que hace en “Inhibición, síntoma y  angustia” es el que introduce con la publicación del “Yo y el Ello” en 1923, texto que marca un giro decisivo en su enseñanza: en este tiempo elabora su 2° tópica del aparato psíquico, Yo,  ello, superyó, muestra que el yo no es una instancia psíquica independiente, por el contrario nos plantea que el yo se desarrolla a partir del ello es decir, lo pulsional, y cuando surgen  contradicciones entre ambos el yo siempre se debilita, lo que demuestra su dependencia de  las exigencias pulsionales del ello. Lo mismo sucede en la relación superyó-yo, cuando hay un  conflicto entre ambos el yo es una instancia relativamente débil que está constantemente  amenazada por el superyó. El yo entonces se encuentra sometido a una triple dependencia: de  las exigencias pulsionales, de los imperativos y reproches del superyó y de las demandas del  mundo exterior. Esta concepción de un Yo relativamente débil y permanentemente amenazado  resulta fundamental para comprender los desarrollos posteriores en “Inhibición, síntoma y  angustia”. 

Especialmente en el capítulo 5 Freud se interesa por la formación de los síntomas y las  defensas secundarias del yo desplegadas frente a las exigencias pulsionales. Allí reformula el estatuto de la angustia. Mientras en sus primeras elaboraciones la angustia era concebida fundamentalmente como una consecuencia de la represión, ahora pasa a ser entendida como una señal en el yo, frente a una situación de peligro; adquiere una función protectora que  advierte al yo de un peligro y pone en marcha los mecanismos defensivos para evitarla. De esta  manera la represión pasa a ser una de las respuestas que el yo organiza a partir de la señal de  angustia.

En la neurosis obsesiva el peligro está ligado a las exigencias pulsionales del ello y a las  consecuencias que su satisfacción tendría para el yo, especialmente bajo la amenaza del  superyó y la pérdida de amor. Estas nuevas elaboraciones abren la puerta para la reformulación  del “Hombre de las ratas”. 

Un pasaje fundamental para ilustrar este cambio teórico es la escena relatada por Ernest  Lanzer en la que muchos años después de la muerte de su padre, se sorprende abriendo la  puerta a medianoche como si lo estuviera esperando, y luego se contempla al espejo experimentando una erección. Freud volverá sobre esta escena para mostrar que los conflictos  infantiles conservan toda su eficacia en la vida psíquica adulta. 

Esta escena pone de manifiesto la persistencia de los deseos edípicos y de la ambivalencia  afectiva hacia la figura paterna. La excitación sexual que se manifiesta en la erección testimonia  la reactivación de deseos inconscientes ligados a la sexualidad infantil. Sin embargo, junto a  esta reactivación aparece la figura del padre como instancia de prohibición y límite respecto de  esas aspiraciones. 

En este contexto el peligro fundamental es el de la castración. Durante el Complejo de Edipo, el  niño se enfrenta a la incompatibilidad entre sus deseos amorosos y sexuales y la prohibición  encarnada por la función paterna. La angustia de castración surge como respuesta a esos  peligros anticipados por el yo.  

Por tal motivo, Freud destaca que la castración ocupa un lugar central en la constitución del  sujeto neurótico, en tanto introduce una renuncia estructurante respecto de los deseos  edípicos, entonces la angustia de castración se convierte en una referencia fundamental para  comprender la formación de los síntomas y las defensas, aunque su modo de presentación  difiere según se trate del niño o la niña. 

Este escenario deja ver claramente que los deseos hostiles y amorosos dirigidos al padre no  desaparecen, sino que permanecen reprimidos y retornan bajo formas indirectas: sentimientos  de culpa, escrúpulos morales excesivos, dudas interminables y síntomas obsesivos. Por eso, la  castración es traumática más allá de la novela del neurótico, porque se constituye en la  amenaza paterna, que obliga a renunciar a ciertos deseos edípicos. De ese encuentro con la  castración surge la angustia de castración (que como sabemos se desarrolla de modo diferentes para el niño que para la niña). 

Los síntomas obsesivos se constituyen como formaciones de compromiso en las que articulan  simultáneamente la defensa y una modalidad sustitutiva de satisfacción pulsional. El yo mantiene una lucha constante contra esas exigencias pulsionales porque le resultan peligrosas  y pone en marcha la represión; sin embargo, esta defensa nunca resulta completamente eficaz.  Lo reprimido insiste y retorna, obligando al yo a desplegar nuevos recursos para mantener el  control de dicho conflicto. 

Por eso el síntoma no es únicamente el resultado de la represión, sino también una forma  paradójica de satisfacción. Lo que quiere decir que la pulsión logra encontrar vías indirectas para expresarse mediante desplazamientos, sustituciones, falsos enlaces que le permiten eludir  las defensas. 

En el caso, por ejemplo, se presenta conscientemente bajo la forma de prohibiciones  autoimpuestas, verificaciones, ceremoniales y razonamientos interminables en el complejo  circuito que el paciente construye alrededor del pago de la deuda por los anteojos a la  empleada del correo postal. 

Freud destaca que estos fenómenos revelan también la presión ejercida por el superyó extremadamente severo, se constituye como un peligro interno para el yo. Entonces podemos  definir el síntoma obsesivo a esta altura de los desarrollos freudianos como un  funcionamiento que simultáneamente se presenta como defensa frente a la pulsión y como  respuesta a las exigencias del superyó por lo tanto se trata de una satisfacción sustitutiva de  aquello que permanece reprimido. 

Así mismo observa Freud que muchos síntomas obsesivos presentan una estructura en dos  tiempos; al acto que ejecuta el mandamiento de represión ligado a la defensa o a la  prohibición le sigue un segundo acto destinado a suprimir o deshacer el acto anterior. Lo llama  anulación retroactiva, un ejemplo claro lo vemos, cuando el paciente de Freud encuentra una  piedra en el camino por donde iba a pasar el carruaje de su amada, decide sacar la piedra  porque piensa que podía provocarle un accidente y él quería protegerla. Poco después le  invade la duda y la angustia. Regresa y vuelve a colocar la piedra donde estaba, para finalmente  volver a cuestionar su acción. Actos obsesivos que permiten verificar la lucha entre una  corriente amorosa que busca proteger a la mujer y una corriente hostil inconsciente que da  cuenta de que le desea el daño. 

Otro mecanismo obsesivo es el aislamiento cuando se produce una desconexión entre la idea y  el afecto. Es decir, el pensamiento se conserva, pero se aísla el afecto. En efecto, Freud nos  muestra como su paciente expresa un amor intenso hacia el padre, mientras que sus deseos  hostiles aparecen indirectamente como las agresiones hacia el padre, lo que indica que la  hostilidad no se integra conscientemente al vínculo afectivo, más bien queda separada o retorna por otras vías como ser la agresividad. 

La desintrincación pulsional, ocurre cuando se separan las pulsiones de vida de las pulsiones de  destrucción, que generalmente actúan mezcladas. Al romperse parcialmente esa mezcla, el  componente destructivo queda más libre. 

Entonces la agresividad aparece relativamente desvinculada de los vínculos amorosos y  emergen como necesidad de castigo, temores obsesivos, fantasías de castigo a su padre y a la  mujer amada. También al analista en la escena en que quería expresarle sus condolencias a  Freud por la muerte de su madre, sin embargo, cuando va a redactar el mensaje se sorprende  porque le viene la fórmula contraria: “felicitaciones, en lugar de pésame”. 

La agresividad no solo se dirige a los objetos amados, sino que también vuelve contra el propio  sujeto (someterse una dieta estricta y rigurosa que fundamentalmente tiene el valor de una mortificación), hay varios episodios de sufrimientos autoimpuestos o sometimientos a  exigencias imposibles en el caso. 

Otra cuestión que Freud trabaja en este texto se refiere a la relación entre fijación pulsional y  regresión genital del aparato psíquico, ambas se dan juntas. La fijación se refiere a la libido que queda ligada a modos de satisfacción infantil. La existencia de tales fijaciones constituye una predisposición necesaria para la formación de la neurosis a la vez, propician la regresión de  la organización sexual infantil de la fase fálica a la fase sádico-anal. 

En ese proceso defensivo que produce el yo contra las exigencias libidinales del Complejo de  Edipo, Freud señala una particular fragilidad de la organización genital entonces se produce la  regresión de la libido total o parcial desde la organización fálica hacia la organización sádico anal. Esta regresión reactiva modalidades infantiles de relación con el deseo, con el amor, la  agresión y la culpa.  

Adquieren relevancia las reiteradas asociaciones que, en el caso, se establecen en relación con  el dinero, la deuda, la obligación, el pago que se presentan excesivamente profundizadas:  Freud relaciona esto con rasgos característicos de la organización sádico- anal tales como la  retención, el control, el intercambio y la escrupulosidad. Del mismo modo la fantasía del  castigo con las ratas integra componentes sádicos muy intensos. 

La regresión sádico-anal tiene consecuencias decisivas en la economía psíquica del sujeto, por  eso Freud señala que la agresividad adquiere un lugar central y mayor autonomía en la  neurosis obsesiva. Esta impregna todos sus lazos amorosos, también se presenta como culpa y  necesidad de castigo. La problemática de la deuda expresa simultáneamente una obligación,  una culpa y una exigencia de reparación. Es decir, que la agresividad es captada por el superyó, que se presenta con mucha severidad convirtiéndose en una fuente de constante sufrimiento  para el yo. 

La regresión también da lugar a rasgos relativamente estables que son incorporados al yo como  funcionamientos habituales a los que Freud denomina rasgos del carácter obsesivo, entre ellos  podemos citar: el orden severo, la escrupulosidad, la obstinación, la tendencia al control,  avaricia, la indecisión y la duda. Mientras que la aparición de la angustia como señal da cuenta  de la persistencia del conflicto psíquico entre deseo y defensa, por eso el síntoma suele vivirse  como algo extraño al yo porque le genera sufrimiento. 

Citas: 

(1) Jacques Alain Miller. (1988). MATEMAS II: H2O. pág 139. Buenos Aires. Ed Manantial.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM3

Ciudalitica | 2023

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VI Jornadas locales de los grupos de investigación. Estados de trabajo.

Estados de trabajo. Mesa del Cartel.

CARTEL La transferencia de Freud a Lacan.

                                                                                

Rasgo: Transferencia y familia.

 Mariana Alustiza *

 

“Desde un inicio las lecturas de Freud y Lacan fueron las brújulas que nos permitieron dejar de lado la lectura de las deficiencias, las fallas, “lo que no hay” o no hacen estos niños, para dejarnos tomar por la operatoria, la producción que ellos llevan adelante para habitar en el mundo” (Tendlarz.2015 )

Partiendo desde allí, me pregunto ¿Cuál es mi función? ¿Y qué podría aportar desde el psicoanálisis a mi rol en el trabajo con niños con autismo? 

En ocasiones me he topado con padres que se acercan esperando lo que el Amo hoy propone como normal, recetas, tips y guías a seguir para saber qué hacer con ese niño, pero sabemos que el encuentro con un analista, deja recoger otros efectos. 

¿Qué sucede con los padres de los niños con autismo? ¿Se suspende el saber del Amo para abrir al SsS?.

En el día a día el trabajo institucional dentro de en un centro educativo terapéutico (CET), la demanda  son los niños con autismo. Como primera medida habría que aclarar que es un CET: es una institución que está especializada en la atención integral de niños y niñas con discapacidad, que combina enfoques pedagógicos con técnicas terapéuticas, en donde el objetivo es fomentar la autonomía, la comunicación y el aprendizaje personalizado a través de equipos interdisciplinarios, mejorando así la calidad de vida de las personas con dificultades significativas en su desempeño diario.  

Se observa que, en el tratamiento con niños con autismo, los padres se presentan como Amos, trayendo un saber, de la ciencia, de la religión, un origen biológico, un desarrollo cronológico fallido, donde el niño termina siendo un objeto analizado por los padres.

Las terapias en auge del neurodesarrollo, realizan un asesoramiento a padres, (grupos, movimientos y acompañamiento), posicionándolos desde un saber sobre sus hijos, la transferencia de saber, diría está puesta para esos lados, esto funciona como una especie de alivio en ellos, des responsabilizándose de la trasmisión, ocupando un lugar de “observador externo” de sus hijos, ¿Me pregunto si la tarea de los padres sería solo adquirir mayor información.?. El psicoanálisis propone la vía opuesta de lo que en la actualidad se reconoce con el nombre de trastorno del espectro autista o trastorno generalizado del desarrollo y cuyos indicadores diagnósticos son la ausencia o alteraciones de logros que el desarrollo prevé para cada edad.

Una frase de Daniela Fernández en una clase, iluminó este trabajo “el analista no necesita ayuditas de los padres”, ella hacía referencia a un caso particular, pero lo tomo como referencia para el caso de los padres Amos, padres que vienen con un saber sin agujeros, me pregunto y pienso ¿Cómo se juega la transferencia en estos casos? Si bien este paciente llega dentro del marco institucional, quizás desconocen qué se hace ahí, ya que el psicoanálisis no responde a las urgencias actuales, ni tampoco a las soluciones rápidas y mágicas como se venden otras terapias.

Freud nos posibilitó pensar “el autismo en sentido inverso”, ya que le da peso al trabajo psíquico, “a la actividad psíquica, considerando que las perturbaciones, las alteraciones, las exigencias que se le presentan al aparato psíquico del infante, imponen una actividad, un trabajo en su apropiación del mundo, de los objetos y de su cuerpo” (Tendlarz.2015) Más aún cuando ubica como trabajo del sujeto, la reconstrucción de la realidad y del vínculo con los otros…  Creo necesario, en este punto, insistir en la divergencia radical existente en entre la operatoria de las terapias cognitivas conductuales y el psicoanálisis ya que, mientras las primeras intentan realizar un formateo cultural de la mente y un aprendizaje automático de conductas, la dirección de la cura para el practicante del psicoanálisis se ha de desplegar en una dimensión de respuesta de lo real.

Pensar la oferta terapéutica y sostener la lógica del caso que permitirá trazar los cálculos, las maniobras y estrategias que posibiliten dirigir la cura y sistematizar la experiencia es también lo que nos permite pensar la transferencia, ya que este instrumento rehabilita el semblante, instala las ficciones que permiten elaborar el saber.

Vuelvo a la transferencia a la institución, los padres llegan buscando un lugar, la oferta dice que venimos sosteniendo un lugar, es la implicación al trabajo psíquico lo que hace la diferencia. Jugar con el imaginario a favor, permite que, en esta entrevista, se puede escuchar y alojar a la madre, pero no podemos permitirnos tratar al niño a través de “ese manual”, que ella misma armó de su hijo, eso también es el Sujeto supuesto Saber, lo que fue dicho anteriormente para este niño y desde antes que este niño surgiera en el análisis. El analista será el testigo de que, en un lugar, hay un supuesto saber, de todo lo que fue dicho. 

Bibliografía

S.Tendlarz 2015. “Clínica del autismo y de la psicosis en la infancia” ̈ .Biblioteca de la Colección Diva. Bs. As.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3



Rasgo: De la transferencia a la transferencia de trabajo.

                                                                                             Sabrina Romera*

Es en el Acto de fundación del 21 de junio de 1964, donde encontramos la cita: “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”. 

Preguntas: ¿De qué está hecha? ¿Cómo pensarla en relación al Instituto? ¿Qué puntos de contacto y qué diferencias hay con la transferencia en la clínica? ¿Y qué del amor en la transferencia de trabajo? 

Sobre la enseñanza del psicoanálisis.

Miller ubicará la tesis de la transferencia de trabajo, como la razón que guió a Lacan en la fundación de la Escuela. Es una tesis, dirá, “que concierne al psicoanálisis, y dentro del psicoanálisis no atañe a su práctica, su política, sino a su enseñanza. Concierne a la transmisión e incluso al modo de transmisión de la enseñanza del psicoanálisis.” ( pág.160)

Primera distinción: cuando hablamos de transferencia de trabajo no se trata de la práctica clínica sino que está en relación al modo de transmisión de la enseñanza en psicoanálisis. 

Se pregunta entonces ¿A qué puede apuntar esta enseñanza? ¿Existe el profesor de psicoanálisis? ¿El psicoanálisis es enseñado o el psicoanálisis enseña?

Podría decirse que el psicoanálisis es una práctica que da lugar a una experiencia, y como tal hay enseñanzas de la experiencia. Pero otra cosa, dice Miller, es llegar a transmitir la enseñanza de una experiencia a los que no la tienen.(pág.165)

Sobre la transmisión.

¿Es una transmisión para todos? ¿De qué transmisión se trata?

La ciencia se abrió camino a partir del postulado de que sus enunciados son enseñables a todo el mundo. Esto está en la base del discurso científico y también del mercado.

A este postulado de la ciencia, el “para todos”, Miller opondrá el de iniciación. “¿Qué es la iniciación? Es, si se quiere, una enseñanza, pero que descansa en un condicionamiento del sujeto, en una transmutación subjetiva a partir de una experiencia (…) y por definición, la iniciación no es para todos.” 

Esto permite poner en tensión el “para algunos” de la iniciación y el “para todos” de la ciencia y el mercado.

En este para algunos, es posible ubicar la experiencia de un análisis, y más específicamente, el trabajo de la transferencia. Dice Miller “el psicoanálisis no se abrió camino mediante el postulado de lo enseñable a todo el mundo, sino que se desarrolló a partir de lo que únicamente puede decírsele a uno solo. Piensen en el analizante, cuyas confidencias, confesiones, no se expondrían en modo alguno para un público, para más de una persona”.(pág.169)

“En el psicoanálisis hay cierto número de fenómenos que sólo dependen de esta intimidad, que no se producirán si el sujeto no pudiera entregarse a esta intimidad especial, particular.”(pág.169)

Y agrega que esto vale también para el analista: “la interpretación analítica sólo vale en lo particular y en la ocasión, en el momento. La interpretación es el saber, si se quiere, pero un saber que se encuentra en la experiencia analítica, que se enseña a uno sólo, en ese momento y no en otro. Completamente al revés del todos.” (pág.170)

De allí entonces que Lacan afirme en Televisión, que “el discurso analítico sólo puede sostenerse uno por uno, es decir de lo particular y no de lo universal.”(Miller)

Pero entonces ¿Cómo enseñar a todos lo que se enseña uno por uno? Esto es una problemática de su enseñanza.

De un sujeto a otro

Si la transmisión del psicoanálisis no puede hacerse más que de uno en uno, esto da la idea del psicoanálisis didáctico. La idea del psicoanálisis didáctico es precisamente, que la enseñanza del psicoanálisis se realiza en las condiciones de la experiencia analítica. (Miller, pág. 171) y su salida implica la identificación al analista

Cabe preguntarnos entonces ¿De qué transmisión se trata? 

En ese caso habría que formular “la enseñanza del psicoanálisis sólo puede transmitirse de un sujeto a otro por medio de la transferencia, por medio del trabajo de transferencia como lo llamó Freud. En efecto, la transferencia en el psicoanálisis traduce que en ese nivel el saber sólo se transmite por Eros. (Miller, pág. 172)

Ese saber que “ex -siste en el inconsciente (fuera del alcance de uds dice Lacan), sólo puede ser subjetivado por medio de la transferencia, solamente se logra saber algo de ese saber cerrado que es el inconsciente mediante el trabajo de transferencia. Es el único modo de transmitir al sujeto la enseñanza del inconsciente. El amor es lo que pone a trabajar. El amor se dirige al saber y el resultado es un trabajo (el del analizante) que se hace bajo la égida del amor.” (Miller, pág.172)

Entonces, ubicamos aquí el trabajo de transferencia ligado al amor y al saber que se le supone al analista, y que ex –siste en el inconsciente… 

La transferencia de trabajo.

La transferencia de trabajo, en cambio, ¿Apunta a que? “exactamente que el trabajo mismo sea transferido uno por uno”(Miller, pág.172). No basta con transferir los resultados, las conclusiones, los contenidos. Y agrega algo más: se trata de transferir un estilo, y más precisamente un estilo de trabajo. 

Esto permite situar la transferencia de trabajo en una posición que está más bien del lado del analizante, que del analista. En la experiencia analítica, el analista no trabaja sino el analizante. El analista soporta el acto analítico y el analizante hace la tarea.(Miller, pág.173)

La tesis de transferencia de trabajo en el fundamento del concepto de Escuela no concierne al analista en tanto amo sino como trabajador. No se trata del amor al saber, sino del deseo de saber, esto es, trabajadores que vayan contra la ignorancia en el sentido de la represión.(Miller, pág.175)

En la nota Italiana, Lacan formula “no hay analista a no ser que ese deseo [el deseo de saber] le surja.” (1.974)

Se trata entonces de la transferencia del deseo de saber, con el trabajo que ello implica. Cómo transmitir el deseo de saber en psicoanálisis, renueva la problemática del final de análisis como un ir más allá de la identificación.

Bibliografía 

Lacan, J. Otros escritos. Acta de fundación – 21de junio de 1964.

Lacan, J. Otros escritos. Nota italiana.1.974

Miller, J. El banquete de los analistas. Cap IX La enseñanza del psicoanálisis.

Marta Davidovich. Del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3



Rasgo: Entre la ciencia y la religión la transferencia al psicoanálisis.

                                                                                            Luciana Rojas Loto*

La transferencia fue el eje con el que se han desarrollado los encuentros y el trabajo del cartel, “término que conceptualiza (…) el modus operandi del psicoanálisis, el resorte mismo de la cura, su motor terapéutico y el principio mismo de su poder” (Miller, 1986: 59). Dada la importancia y el desarrollo que ha tenido el término he seleccionado una cita de la Proposición del 9 de octubre de 1967 donde Lacan plantea “al comienzo del psicoanálisis está la transferencia” (pág.265), esta frase podría pensarse tanto en la clínica, las primeras entrevistas tienen como pivote al sujeto supuesto saber que articula la situación analítica, como también en lo que refiere a la formación a la elección que cada practicante realiza, “una apuesta que, para algunos, valga hasta el punto de serles esencial, y es mi enseñanza” dice Lacan (1967.pág.263) 

A partir de esto último el rasgo elegido fue “entre la ciencia y la religión, la transferencia al psicoanálisis” de este modo, se ha orientado la lectura para poder responder algunos interrogantes que fueron surgiendo, qué lugar para el psicoanálisis, entre la ciencia, con los intentos de homogeneización del “para todos” y la religión, con las diversas creencias que se manifiestan y presentan en cada pueblo/ciudad santiagueña; cómo opera la transferencia, cómo cada practicante hace existir el discurso psicoanalítico en ese entre (entre la ciencia y la religión). 

Estos interrogantes ponen en el banquillo al analista, dando cuenta que, ante la realidad, es decir cómo se enredan los discursos “se delimita el campo de la praxis, que implica al operador (presencia y deseo del analista) y la operación (acto analítico) para generar la experiencia del psicoanálisis posibilatoria de una nueva realidad para el sujeto” (Leserre, 2017:46). 

Para esbozar una respuesta a los interrogantes planteados el deseo del analista surge como brújula ya que es a partir del anudamiento entre la formación, el propio análisis y la praxis, que se puede dar cuenta del posicionamiento de cada practicante ante los otros discursos. Retomo una cita de Ana Simonetti en la Angustia del practicante “Formarse también para producir alguien capaz de captar su propio obstáculo en la dirección de la cura y llevar al extremo la localización en sí, de lo que en cada caso retorno como angustia, como pesar, como impotencia, que es un fenómeno bastante frecuente” (2014), entonces pienso la experiencia del cartel como vía de formación que posibilita investigar, rastrear conceptos y confrontarnos con nuestro propio síntoma. 

Bibliografía

Lacan, J. (2012).  Otros escritos. Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad. Paidós.

Lacan, J. (2012) Otros Escritos. Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Paidós

Leserre, A. (2017) Una lectura sobre “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad. Grama Ediciones

Miller, J. A. (1986) Recorrido de Lacan: ocho conferencias. Ediciones Manantial.

Simonetti, A. (2014). La angustia del practicante. Centro de Investigación y Estudios Clínicos.

*Integrante del CID Sgo.del Estero-IOM3

 

Rasgo: Transferencia y objeto a

                                                                                            Gala Aznarez Carini*

La pregunta que inauguró este recorrido surge de mi experiencia como practicante en la clínica. ¿Cómo ceñir la posición del analista en la transferencia que suscita un análisis? ¿Cómo leer las coordenadas de un lazo transferencial en el dispositivo analítico? Si bien es una inquietud que surge al ras de la práctica, puntué un sesgo epistémico para el trayecto de investigación que enmarca este cartel. 

Partí entonces de La dirección de la cura y los principios de su poder (Lacan, 1958). Allí encontré una estrategia para el manejo de la transferencia y una orientación para la dirección de la cura. 

En relación con la primera, la estrategia, se trata de una posición, de una postura, para hacer surgir el elemento, que es en el dispositivo analítico la pareja del analizado, el objeto a, al que Lacan da un nivel operatorio. El cálculo posible con relación al lugar que el analista ocupa en la transferencia, implica captar el vacío para desplegar una táctica fundada en su operatividad, su puesta en causa. Para esto, el analista haría bien, dice Lacan, en situarse por su carencia de ser, y no por su ser. Esta es su política.

En consecuencia, la orientación, concierne a las relaciones del sujeto con lo real. El procedimiento de Freud, nos dice Lacan, “empieza por introducir al paciente a una primera ubicación de su posición en lo real» (pp. 569). Es a partir de esto como podemos leer en cada lazo transferencial, el objeto puesto en juego para un sujeto, su circuito pulsional y la gramática de goce que escribe. Es decir, el objeto a en su consistencia simbólica, imaginaria y real.

En este punto me sirvo de La tercera, donde encuentro una topología para ubicar la consistencia de los tres registros y cernir el calce del objeto a. Es en el lugar que se produce, en el encuentro de los tres cordeles en la topología borromea, donde se entronca ese objeto insensato, del que no se tiene idea. Lo que vemos en la topología del nudo es que todo goce está conectado con ese lugar, el del a, que no es sino el lugar que Lacan designó como plus-de-gozar.

Lacan sitúa así la consistencia lógica del objeto a, y con ello su condición operativa sobre lo real. Si lo captan, dice Lacan, podrán responder a “la función que es la vuestra: ofrecerlo como causa de su deseo a vuestro analizante” (pág. 80). 

Esto me permitió ceñir algo más la posición del analista en la transferencia, localizar las coordenadas de una orientación por lo real y lo operativo de una interpretación que, vía el equívoco -es decir, la abolición del sentido-, apunta a conmover el goce que habita el síntoma. 

 

Bibliografía

Lacan, J. (1958) La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Ed. Siglo veintiuno, Buenos Aires.

Lacan, J. (1974) La tercera. En Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial, Buenos Aires, 2010

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

 

RASGO: Transferencia y urgencia en el hospital.

                                                                                          Agustina Luque*

¿Al comienzo está la transferencia? Y si no es así, ¿Entonces cómo?

Este interrogante, tomado del ENAPOL dedicado a los comienzos del análisis, orientó mi trabajo en nuestro cartel, así como también las preguntas que surgieron en mi práctica durante la pandemia en una terapia intensiva para pacientes con COVID-19. Allí atendí durante dos años situaciones de urgencia prácticamente a diario. Actualmente continúo trabajando en la UTI y en consultorio ambulatorio. Algunas coordenadas han cambiado, pero la urgencia no ha cesado, tampoco los interrogantes que suscita esta práctica confrontada a lo imposible.

En el Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11, Lacan introduce una formulación decisiva al afirmar que la urgencia por obtener una satisfacción preside la demanda de análisis. A partir de allí pueden extraerse dos proposiciones que orientan la práctica:

  • Al principio está la urgencia.
    • No hay análisis sin urgencia.

La demanda que recibo con mayor frecuencia en el hospital testimonia de ello.

Lacan, que en su Seminario dedicado a la transferencia había comenzado por el amor —“Al principio era el amor”—, indica en este prefacio que en el comienzo está la urgencia y no el amor. Esto permite pensar que la urgencia puede preceder a la instalación de la transferencia.

Hacia el final de ese mismo texto, Lacan deja una indicación preciosa para pensar la posición del analista frente a la urgencia: se trata de “hacer con ella el par”. Esta formulación puede leerse como la disponibilidad que se espera en el lugar del analista: una disposición a ofrecerse como partenaire tanto de la urgencia como de la transferencia.

A partir de este trabajo, dos cuestiones pudieron esclarecerse:

  • El lugar pre-interpreta.
    • El analista interpreta.

El lugar pre-interpreta. En el hospital, por ejemplo, la primera transferencia suele dirigirse al hospital mismo, a la medicina, al médico que solicita la interconsulta o, incluso, a lo público como tal. El dispositivo institucional precede muchas veces al encuentro con el analista e impregna el lazo desde el inicio.

Se trata entonces de poder leer cómo ese lugar opera en cada caso y de qué modo esa transferencia institucional puede ser utilizada en la dirección del tratamiento. En ocasiones será necesario desmarcarse de ella o incluso rehusarla; en otras, podrá ser aprovechada.

La posibilidad de que se instale la atmósfera transferencial que haga posible el tratamiento requiere de estas maniobras tanto como de la interpretación analítica.

El lugar pre-interpreta, pero el analista interpreta, y lo hace orientado por su deseo de analizar y el real en juego. 

Se trata entonces de trabajar activamente para que la transferencia se instale. Su instalación no siempre está dada de entrada: requiere una orientación en las intervenciones y un cálculo respecto del tiempo, muchas veces a contramano de los ritmos institucionales.

Si al principio no está la transferencia sino la urgencia, es justamente el analista quien puede operar para favorecer su instalación. La clínica de la urgencia enseña que la transferencia no siempre precede al tratamiento: a veces debe ser producida.

Esto permite volver a interrogar la pregunta que Lacan formula en La dirección de la cura: ¿Primero la transferencia o la interpretación?

Si la operatividad del psicoanálisis se sostiene en la transferencia, y si esta no siempre está dada de entrada, la respuesta parece encontrarse del lado de la acción analítica. Un analista que se presta a la transferencia, pero que también trabaja activamente para que ella advenga, según las maniobras que cada caso requiera.

Bibliografía

Lacan.J, Otros Escritos, Paidós. Págs. 600-601.

 Lacan.J., Seminario, Libro 8:” La transferencia”. Paidós, 2011.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

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VI Jornadas locales de los grupos de investigación. Estados de trabajo.

Estados de trabajo: Grupo de investigación De amores y ficciones. Psicoanálisis <> Literatura.

Grupo de investigación: De amores y ficciones. Psicoanálisis <> Literatura Periodo: 2025.

Obra: Una temporada con Lacan de Pierre Rey.

Patricia Soto*

 A lo largo del año 2025, el grupo de Investigación: “De amores y Ficciones. Psicoanálisis <> Literatura”, trabajó el texto: Una temporada con Lacan de Pierre Rey.

  1. Rey es novelista y dramaturgo. Realizó con Jacques Lacan un análisis que duró más de diez años. En esta obra, testimonia del recorrido, relata los avatares de una cura psicoanalítica a la vez que describe el estilo clínico de Jacques Lacan.

 Para dar cuenta del trabajo del grupo, se tomaron frases que condensan este análisis, con sus escollos, dificultades, imposibilidades; detectando algunas de las intervenciones del analista, los efectos en su cuerpo y registrando a posteriori un recorrido sinuoso, en nuestro afán por indagar sobre; El deseo del analista, ¿Qué es ser un analista?, ¿Cómo intervenir y cuándo?, deslizamos estos fragmentos del recorrido analítico de Pierre Rey.

De los síntomas que lo llevaron a análisis al deseo de saber sobre su deseo 

Tras “una pena de amor” el protagonista, alarmado por el derrumbe subjetivo en el que se sumía; “me iba a pique”  (pág. 28) describe su estado, se servirá del encuentro contingente con el psicoanálisis para tratar su padecimiento. 

“No le encuentro la vuelta”, se sorprendió contestando a Lacan sobre el motivo por el que quería verlo.

“…Quise saber si era capaz de escribir” (pág. 32).  afirmará en ese tiempo. A lo largo del análisis la transferencia pasó por expresiones de afectos tanto amorosos como de rivalidad y hostilidad, que Lacan con amabilidad o con “mano de hierro”, pero con intervenciones certeras supo sortear en favor de la prosecución de la cura.

Algunos momentos cruciales de la transferencia

Interroga P.R.  “¿Acaso usted imagina que no soy tan inteligente como usted? Me miró con una dulzura desarmante”, Lacan le responde  con otro interrogante; “¿Quién dice lo contrario?” “Ya no había adversario” concluye el analizante”.

Miller, en su Seminario La transferencia negativa, ubica a la sospecha como un grado inferior de saber.

Avanzada la cura, a P. R., le restaba resolver su conflicto con el dinero y tras este saber sobre su deseo. Tiempo en el que su confusión sobre este asunto no cedía, dirá : “seguía sin entender”. “Imperturbable, Lacan dejaba que esa sensación me atravesara” (pág. 75), “No tengo dinero”, “Eso me enfermaba» (pág. 86). Adeudaba sesiones al analista,  éste  con actos que lo perturban, le hacía saber que tenía que pagar; “sin el electroshock de su repetido desenfreno, que me hundían en un estado de pánico, ¿habría podido pasar la prueba?”, reflexiona el analizante.

Como efecto se propondrá  trabajar para ganar dinero y  así evitar las manifestaciones sintomáticas que  enfermaban su cuerpo.

“¿Pero cómo?” ¿Por qué fingía ignorarlo? (pág. 87). Fueron necesarias varias vueltas para asumir su deseo. “Por eso me analizaba: concluirá, no me atrevía a nombrar mi deseo” (pág. 112). 

Hacia el final del recorrido, confrontado por Lacan por  su posibilidad de convertirse en analista;  sostendrá:  “El análisis no era más que un medio para mi libertad… , estaba demasiado poco preparado para el displacer como para desear ser, de manera profesional,  escucha del ajeno. ”( pág 124). 

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

Lo que no cesa de no escribirse y el escritor.

                                                                                                         Lilian Carini*

Para hablar de eso que insiste y no cesa de no escribirse, la pulsión, que siempre es de muerte y que atraviesa a PR, lo hunde y lo desespera, me  inspira  la poesía de Miguel Hernández:

El rayo que no cesa,

este rayo no cesa ni se agota:

de mí mismo tomó su procedencia

y ejercita en mí mismo sus furores

esta obstinada piedra de mí brota

y sobre mí dirige la insistencia

de sus lluviosos rayos destructores

Dice Pierre Rey 

«En los últimos días, tan cerca de la meta … una bola me obstruyó la garganta, atribuí esa señal al cansancio: había escrito demasiado… la dificultad consiste en alcanzar ese estado … la receptividad en que las palabras se encadenan con tanta velocidad que a uno le cuesta transcribirlas, … eso se llama estado de gracia. … a veces esa gracia se ausenta…”

“No quiero saber nada de eso. Eso que insiste”. “Lacan insiste, no da tregua, con una mano te sostiene y con la otra te sacude. Pero sí te sostiene” 

“Se identifica a la pulsión, aquello que presiona”.

El tiempo y el silencio 

«Diez segundos veinte minutos? no sabía. El tiempo no entraba en juego». “Entonces me dï cuenta que la noción de incertidumbre que él había traído a colación durante las sesiones breves en la práctica creaba la función intrínseca de la vida; poner en movimiento las cosas, al reproducir esos accidentes que la convierten en algo vivo, precisamente porque en ella todo es precario incierto, porque en ella nada está dado”. 

«Un paradójico milagro puede salvarlo…: el fracaso»

«Un día, después de haber vaciado mi bolsa creí que se iba a poner de pie, pero no hizo nada.» “…me sentí molesto por la ausencia de la masa sonora de mi voz sonando en la habitación y me retorcí incómodo en mi asiento; él seguía sin emitir palabra. Yo sabía que del otro lado de la puerta se amontonaban pacientes…» «con esas inflexiones lánguidas masculló su habitual exhortación a continuar: Si?”. “Nada dije con agresividad. Transcurrió otro cuarto de hora sin que uno ni otro pronunciara una palabra”. “Si?”, “Nada!”. “Sí ?”. “Nada”. “Una hora más tarde yo salía de su despacho. Destrozado. Supe lo que podía ser la fuerza de una resistencia”.

“A partir de ese momento acepté quedar al desnudo, no busqué otra cosa que entender, desgraciadamente cuanto más avanzaba menos entendía”.

“Lacan empezó a agujerear tenía que agujerear esa coraza, tenía que desinflar el ego, el yo con su gran delirio, para recubrir la cara oscura de la pulsión y el goce la presencia de un analista activo que no da respiro …”.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

 

Lacan y el uso del silencio.

                                                                                        Daniela Lescano *

¿Cuándo hace silencio Lacan? No en cualquier instante, Pierre Rey ya estaba en un tercer momento, ya había pasado por los períodos de hablar sin parar, de interrumpir, su dicho estaba vacío (Rey, 1989). 

¿Cómo lo invita al decir, Lacan? Lacan, en 1966, hace una pregunta enigmática [1] en relación al silencio y a la intervención analítica:

 

¿A qué silencio debe obligarse ahora el analista para sacar por encima de ese pantano el dedo levantado del San Juan de Leonardo, para que la interpretación recobre el horizonte deshabitado del ser donde debe desplegarse su virtud alusiva”, (Lacan, 1966, pág. 621). 

Pierre-Gilles Guéguen, psicoanalista, comenta, que: “el silencio del analista, un silencio que no es la boca cerrada, pues al mismo tiempo, indicaba que un analista debía pagar con palabras y con su persona para estar a la altura de su tarea”. “En efecto, la intervención del analista debe destacarse sobre un fondo de silencio” (Guéguen, 2012).

El gesto de San Juan es un índice, dice Guéguen, un signo que no dice directamente, sino que señala hacia otra cosa. Con el silencio, el analista procura agujerear, encarnar el lugar vacío que el San Juan de Leonardo designaba, “deja al analizante tomar confianza con el sinthome que ha inventado, en el tiempo que pueda” (Guéguen, 2012). Y eso hace Lacan, esperando el decir de Pierre Rey, que la piedra de la resistencia, se conmueva.

Lacan hace hincapié en la posición del analista, en el silencio. El “pantano” puede simbolizar la confusión, lo enmarañado del discurso, el goce que lo embarra todo.

Miller, responde a “¿Quién permanece silencioso en el psicoanálisis?, el analista”. “El analista es quien permanece silencioso, pero también lo hace la pulsión -la pulsión silenciosa. “El silencio es una relación eminente del sujeto con el significante. Y este silencio se encuentra ahí, por así decir, en el cruce de caminos entre el analista y la pulsión” (Miller, 2025, págs. 11-12). Con el silencio se corta las palabras vacías [3] y se convoca a palabras plenas.

Referencias

Freud, S. (1911-1913). Sigmund Freud Obras completas. Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (Schreber). Trabajos sobre técnica psicoanalítica y otras obras (2010 ed., Vol. XII). Bs. As., Argentina: Amorrortu.

Guéguen, P. G. (Enero-abril de 2012). La interpretación lacaniana. Freudiana. Revista de Psicoanálisis de la ELP-Catalunya(64). https://freudiana.com/la-interpretacion-lacaniana/

Lacan, J. (1966). Escritos 2 (2011 ed.). Bs. As., Argentina: Siglo veintiuno editores.

Miller, J. A. (2025). Silet. Bs. As., Argentina: Paidós.

Rey, P. (1989). Una temporada con Lacan (2016 ed.). Bs. As., Argentina: Letra Viva. 

  1. La dirección de la cura y los principios de su poder.
  2. La interpretación lacaniana.
  3. Palabra vacía: cuando alguien habla para “rellenar”, para repetir discursos aprendidos, o para engañar. Es el bla-bla.
  4. Palabra plena: cuando en el decir aparece algo verdadero, algo del sujeto que no estaba antes, que toca su deseo. Esa palabra transforma.

*Integrante del CID Sgo. del Estero-IOM3

El acto del analista de Lacan.

                                                                                              Gabriela Maidana*

El acto del analista consistía en despegar significante del significado, al modo de la aguja con la que borda la encajera en el cuadro de Vermeer al decir de Pierre Rey, el cuadro se ordena en torno a la única cosa que el pintor nos deja ver, la aguja con la que borda la encajera. Sin ese punto focal invisible que es la aguja en el caso, el analista Lacan, la tela se las toma, ya no significa.

Esos elementos que están presentes en el hilo de la trama, de modo imprevisible emergen y por la incidencia de esa aguja, incluso cuando parece no estar presente sigue siendo el punto focal a cuyo alrededor todo se genera y organiza. Causa de la escritura y de los efectos de esta. El analista hace valer un deseo vivo encarnado y eso ha sido fundamental para el avance de la cura, en la medida en que la elaboración del analizante pudo atrapar en el transcurso de la fuga de sentido restos de lo que ha caído, de lo que quedó sin caer en el olvido; de lo que quedó como resto de un trabajo de desciframiento, la elaboración del analizante prosigue hasta un punto de desenmascarar lo real, y hace emerger un deseo que siempre es contingente, adviene algo nuevo que cesa de no escribirse fundamentalmente en el sexo y el amor. 

Pierre Rey durante el curso de su análisis pudo ir elaborando su modo de gozar, no sin ese punto focal: el deseo del analista, para así apropiarse de su deseo por escribir, es decir, un deseo de darle forma a su real, a través de la escritura”. “Se puso a escribir, no como el periodista, sino usando la letra como instrumento sin máscaras”. 

Este testimonio del pasaje del amor al saber al deseo de saber, da cuenta de un fin de análisis que ofrece otro lazo con el psicoanálisis, la transferencia de trabajo, que solo surge cuando hay desvanecimiento del sujeto supuesto saber (SsS), una inducción al trabajo que no es una identificación, sino un pase que implica en primera instancia la salida de la transferencia y el fin del culto al saber ignorado. Es un deseo de saber cómo trabajo, esencial para hacer lazo.

*Integrante del CID Sgo. Del Estero-IOM3

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Seminario de Formación Permanente 2026-2027 Clase 1 INCONSCIENTE Y SÍNTOMAS OBSESIVOS EN LA SESIÓN ANALÍTICA

Clase 1 INCONSCIENTE Y SÍNTOMAS OBSESIVOS EN LA SESIÓN ANALÍTICA

Reseña

La clase inicia con el aporte de Inés Contreras*, que realiza un recorrido del historial del Hombre de las ratas, extrayendo fragmentos centrales sobre la sexualidad infantil, el deseo y el gran temor obsesivo.

Posteriormente, Marisa Morao* ubica que la obsesión es un problema clínico y que nuestra clínica tiene una lógica específica, no es narración, ni recopilación de hechos. Ubica que cada caso debe ser leído por su singularidad, despojándose de la teoría. Es una apuesta y una orientación por lo que no se sabe. Podemos recorrer con esa brújula el programa de este Seminario de Formación Permanente en torno al síntoma. Pues refleja el movimiento de Freud, que va  del sentido del síntoma al síntoma como satisfacción sustitutiva. Se subraya en este punto que cuando escribe el historial clínico del hombre de las ratas (1909), ya contaba con el concepto de pulsión.

La docente retoma Psiconeurosis de defensa, dónde Freud sitúa que en la neurosis, si no está la conversión (histeria), el sujeto para defenderse de una representación inconciliable para el yo por su carácter sexual, separa el afecto de dicha representación. El afecto desprendido se adhiere a representaciones nimias, estableciendo un falso enlace: las representaciones obsesivas. Se provoca así un desgarramiento de nexos causales, por la sustracción del afecto y se desencadena la neurosis obsesiva. De este modo, el sujeto despoja al trauma de su carga afectiva, solo queda en la conciencia un contenido banal. Este desgarramiento tiene una incidencia en la clínica de la neurosis obsesiva y se articula a un modo particular de defensa, a diferencia de la histeria en la que la represión se produce por amnesia.

En esta época, Freud va a sostener que en la neurosis obsesiva hay un exceso de placer ante una vivencia prematura sexual infantil y traumática, a diferencia de la histeria donde hay un menos vivido como displacer.

La docente sitúa así una pregunta clínica, ¿cómo en la neurosis obsesiva perturbar la defensa, sin promover la relación imaginaria con el paciente?¿ como se toca eso que hace a la mortificación del obsesivo en un análisis?

En efecto, el obsesivo anuda el exceso por la conciencia, por el desplazamiento a representaciones nimias del afecto. Al tiempo que desconoce de este divorcio y aparece ese goce por el control y los cálculos, cuestión clave en la transferencia. El hombre de las ratas nos enseña eso, desplaza por falso enlace el afecto a una zona controlable, dejando como saldo un desierto de goce y la transferencia de goce al campo de la satisfacción escópica.

En este punto, Marisa extrae de Miller la lógica del zwang para leer el síntoma en la obsesión, manifiestos en los fenómenos de coacción, de forzamiento, los pensamientos (intrusivos) y actos obsesivos. En el hombre de las ratas es todo el circuito de la devolución del dinero. Al respecto, la docente subraya la importancia en la clínica de diferenciar el pensamiento paranoico del pensamiento obsesivo.

A partir de este recorrido, puntúa que se puede diferenciar la posición del paciente en cuanto a la división subjetiva, dos posiciones visibles en las modalidades de la defensa. En la histeria, el modo más puro de la división subjetiva, angustia, vergüenza, un no saber qué le pasa. En el obsesivo el sujeto tapa la división subjetiva, intenta aislar (punto clave, el síntoma de aislamiento) la huella de la división conectando y sacrificando los significantes en el zwang. Se destaca el  término sutura usado por Miller, como contrapunto en histeria y obsesión. el zwang captado como compulsión que intenta suturar, representando el rechazo del sujeto del inconsciente.

Entonces, ¿qué leemos? ¿Qué interpretamos? ¿Cómo operar con estos sujetos que no son sensibles a la división subjetiva, ni al inconsciente?

El caso nos enseña sobre la pulsión. Freud ubica ahí una prevalencia de lo anal y lo escópico. Sin embargo lo prevalente no es lo pulsional, sino la ambivalencia amorosa y la constelación familiar. Muestra que el obsesivo necesita de la posibilidad de la muerte para resolver (acotar) conflictos, por su incapacidad para decidirse, sobre todo en asuntos del amor, presentándose como problemático. Ubicándose esto en el caso en la oscilación entre la dama y el padre, una querella entre amor y odio.

La docente dirá que el hombre de las ratas es el caso princeps, de él proviene todo lo que sabemos de la neurosis obsesiva. Lacan dice que el caso de Freud toma el estatuto de un fantasma fascinante para el sujeto, que lo lleva a buscar a un psicoanalista, le fascina sin saberlo, el relato del suplicio, de horror fascinado que no desencadena la neurosis, pero si causa angustia. En cuanto a las construcciones delirantes, en Freud, delirio o formación delirante, refiere en el hombre de las ratas que los padres sabían de sus pensamientos, porque él los había declarado sin oírlo. Hay deseo no obsesivo y su temor obsesivo. Hay afecto penoso y su defensa. La docente se pregunta si esto de que él sabe que el Otro sabe seria lo que luego desarrolla como Superyó.

Ubicará que el desencadenamiento de la neurosis obsesiva (no es el desencadenamiento como en la psicosis pero si atañe a la cadena, quizás se adelante a la complejidad del significante mismo), no es en el suplicio, sino en la constelación. Lacan en relación a las constelaciones psicológicas dirá que son esas relaciones fundamentales que estructuraron el encuentro entre un hombre y una mujer, tal como pueden rastrearse en el historial de este caso, pertenecientes a la prehistoria del sujeto. Marisa ciñe el problema que sitúa Miller respecto de la constelación y su diferencia con la cadena significante, para decir que la constelación compone un modo de agrupamiento diferente a la cadena, en la que puede inscribirse un significante sin par, no articulado.

Surge entonces la pregunta ¿en qué agujero entre amor-deseo-goce cae el infans en su llegada al mundo? Hay que seguir la correspondencia entre la constelación y lo fantasmático. El problema del amor y el goce en este historial. ¿Por qué los pacientes hablan de los parientes más próximos? Porque hay algo de lalangue que se trasmite. No hay que dar en el obsesivo nada por sobrentendido, el falso enlace en la neurosis indica que algo se pierde, está perdido.

Reseña a cargo del Equipo de Publicaciones

* Psicoanalista Miembro de EOL y la AMP

* Psicoanalista Miembro de la EOL y la AMP

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Conferencia pública NUEVAS PARENTALIDADES Y EL DECLIVE DE LA AUTORIDAD. Sus efectos en el ámbito educativo desde una lectura psicoanalítica.

Nuevas parentalidades y el declive de la autoridad. Sus efectos en el ámbito educativo desde una lectura psicoanalítica.

 

La reconfiguración actual de la familia ha producido un desplazamiento significativo: la autoridad tradicional paterna, aquella que organizaba simbólicamente el lugar de cada uno, que indicaba cómo comportarse, cómo relacionarse, ha cedido su lugar a formas de autoridad más horizontales y consensuadas entre los integrantes del grupo familiar. Este movimiento, lejos de ser neutro, tiene consecuencias clínicas y sociales que nos interpelan tanto en el consultorio como en las instituciones de las que formamos parte.

El declive de la autoridad del padre no es un fenómeno meramente sociológico. Desde una lectura psicoanalítica de orientación lacaniana, implica el debilitamiento de la función simbólica que organiza las identificaciones del sujeto. Sin esa brújula identificatoria, los sujetos quedan desorientados: sin posibilidad de apoyarse en aquellos referentes que guían su hacer en el mundo, su modo de habitar el deseo, su lugar entre los otros.

Surgen entonces preguntas que no encuentran respuestas fáciles: ¿qué efectos produce este cambio en los lazos sociales? ¿Qué opera como regulador del modo singular de satisfacción que permita aprender, jugar, trabajar con otros?

Como psicoanalistas asistimos cotidianamente, tanto en la clínica como en las instituciones, a variaciones significativas en los modos de vincularse de los sujetos. Entre los síntomas que nuestra época produce con insistencia, se destaca la violencia. No como fenómeno nuevo, sino como síntoma de una época particular: la época del Otro que no existe, tal como la nombraron Jacques-Alain Miller y Éric Laurent. La violencia ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una presencia constante; incluso cuando no se expresa en agresión física, su sola sospecha basta para alterar la cotidianidad y, principalmente, los lazos con los Otros.

La escuela no es ajena a este fenómeno. Por el contrario, se ha convertido en uno de los escenarios privilegiados donde estas tensiones se hacen visibles. Las manifestaciones son múltiples y de diversa intensidad: el acoso escolar o bullying, el ciberbullying o acoso a través de redes sociales, las agresiones físicas, y en los casos más extremos, el uso de armas. La institución escolar, cuya función fue históricamente pedagógica, se ve hoy convocada a responder a demandas que exceden con creces ese mandato original, inscribiéndose en un campo de exigencias sociales, culturales y vinculares para las que no siempre cuenta con herramientas suficientes.

Por su parte el psicoanálisis no propone soluciones pedagógicas ni recetas institucionales. Pero sí puede aportar una lectura que ayude a tolerar la incertidumbre sin paralizarse: reconocer que allí donde la violencia irrumpe, algo del orden de la palabra ha fallado; y que recuperar algo de ese espacio simbólico, aunque sea parcialmente o de modo precario, sigue siendo una tarea posible y necesaria. No para restaurar un orden perdido, sino para construir las condiciones mínimas en que un sujeto pueda aprender, jugar, desear y convivir con sus semejantes sin verse reducido a la pura lógica del objeto.

¡ Interpelados por los efectos de este movimiento, los esperamos para una enriquecida conversación!

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Grupo de investigación De amores y ficciones. Psicoanálisis <> literatura.

Grupo de investigación De amores y ficciones. Psicoanálisis <> literatura.

De amores y ficciones.

Psicoanálisis <> Literatura

“ … El muchacho y ella se miraron por entre la lluvia y se reconocieron como dos nordestinos, animales de la misma especie que se olfatean. Él la miró mientras se secaba el rostro mojado con las manos. Y la muchacha,  le bastó verlo para convertirlo inmediatamente en su dulce de guayaba con queso” 1. (C. Lispector, La hora de la estrella, Ed. Siruela, 1977).

 

En este nuevo comienzo tomaremos el aforismo de Lacan; “No hay relación sexual…”2, como orientación para nuestras investigaciones, en consonancia con el tema propuesto por la Asociación Mundial de Psicoanálisis para su Congreso 2026.

Algunas articulaciones conceptuales:

En el Seminario Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, Lacan enseña que: “… por definición toda pulsión, pulsión parcial, ninguna de ellas representa – cosa que Freud evoca de paso para preguntarse si es el amor quien la realiza – la totalidad (…)  de la tendencia sexual…»3

Función presente en el plano biológico, que como tal no está representada en el psiquismo.  Precisa Lacan: “En el psiquismo no existe nada que defina al sujeto como macho o hembra, sólo se sitúan en él sus equivalentes; actividad y pasividad, que son a su vez insuficientes para representarlos”4.  Sexualidad que se instaura en el campo del sujeto por la vía de la falta, donde se superponen dos dimensiones: la falta significante, que retoma otra falta, anterior: lo que el ser vivo pierde de su porción de viviente por la reproducción sexuada. 

Así, la experiencia analítica muestra que lo que busca el sujeto en el amor es esa parte de sí mismo perdida para siempre por el hecho de ser un ser sexuado y un efecto del significante. La palabra toca el cuerpo imprimiéndole goce; un modo de satisfacción singular que hará de obstáculo a la complementariedad entre los sujetos, más allá de la anatomía.

El goce fálico introduce la disimetría entre los sexos, a la vez que hace de mediación. El hombre protege su tener. Por su parte, la mujer goza no-toda en el goce fálico, es Otra para el otro y para sí misma, a diferencia del hombre, siempre con el mismo goce, el goce del órgano.

“No hay relación sexual…”, frase tomada por Galarraga: “tanto Freud como Lacan, se interrogaron: entonces, ¿Qué adviene ante esta ausencia, que enlaza a los sujetos, el amor, el síntoma, el sinthome?”. Desde la intersección Psicoanálisis <> Literatura nos podemos preguntar: ¿La escritura; un modo de hacer con este imposible?  

En su conferencia  El creador literario y el fantaseo  (Freud, 1906-1908), Freud, indaga sobre la fuente del material que toman los escritores en sus producciones.  Se puede decir, ubica, que las personas felices no fantasean, sino que solo lo hacen quienes están insatisfechos, que son los deseos insatisfechos las fuerzas pulsionales de las fantasías, dado que toda fantasía constituye el cumplimiento de un deseo. Distingue así, que; entre las mujeres jóvenes dominan casi sin excepción los deseos eróticos, puesto que su ambición, por lo general, se agota en su búsqueda del amor, mientras que entre los hombres jóvenes –y junto a los de carácter erótico– predominan los deseos relacionados con el egoísmo y la ambición. 

Para este recorrido nos serviremos de dos ficciones de autoras icónicas de la escritura femenina: Clarice Lispector y Margarite Duras quienes en “La hora de la estrella” y “La vida tranquila”, respectivamente   escriben el derrotero de sus personajes ante el “No hay relación sexual …”. Los invitamos a transitar estos caminos para extraer sus enseñanzas.

 

Citas

1Clarice Lispector, La hora de la estrella, Ed. Siruela, 1977, pag. 52.

2Lacan JEl Seminario, Libro 20. Aún. Ed. Paidós, pag, 17

3Lacan J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, pag. 212

4Lacan J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, pag. 212

Bibliografía

Lacan J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, pag. 213

Freud, S. (1908-1907) El creador literario y el fantaseo, Obras Completas, Tomo IX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1986.

Claudia Gonzalez Aja  (Compil) Aforismos lacanianos: Una introducción al psicoanálisis. Gabriela Galarraga, Cap.  No hay  relación sexual. NED Ediciones,  2022

Clarice Lispector, La hora de la estrella, Ed. Siruela

Margarita Duras, La vida tranquila, Ed Mardulce, BS. AS. 2025.

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Grupo de investigación Psicoanálisis aplicado a las instituciones. Experiencias en Santiago del Estero.

Grupo de investigación Psicoanálisis aplicado a las instituciones. Experiencias en Santiago del Estero.

Como practicantes del psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, hemos puesto la clínica en el lugar central de nuestra práctica, y así poder plantearnos los impasses y las dificultades diarias en la tarea en las instituciones.

Si es posible allí instaurar la escucha analítica, podremos entonces recibir y leer la subjetividad de la época.

Se tratará entonces, en cada institución de la creación de un encuentro donde sea posible escuchar lo que el sujeto nos trae, la solución que ha podido inventar frente al real insoportable, su síntoma.

La clínica en las instituciones nos libera del furor curandis, es estar prevenidos de lo imposible de los protocolos rígidos, y a la vez, sí estar advertidos de los arreglos, de los posibles inventos de acoger el real cada vez, que nos trae el sujeto que sufre y que se inscriben dentro de los principios del psicoanálisis aplicado.

En las instituciones de salud, de educación es posible que ingresemos formalmente como psicólogos, docentes, médicos, trabajadores sociales o enfermeros, pero esto no impide que cualquiera de los ingresantes decida con su deseo instituir el dispositivo de la escucha, y la creación del acto analítico si se trata de un psicoanalista.

¿Cuáles serían las condiciones para que un analista pueda hacerse un lugar, aunque nos parezca un lugar difícil para su discurso? Esto sin lugar a dudas va depender de la instalación de la transferencia: como la puesta en acto de la realidad del inconsciente (Lacan S11)

DESARROLLO:

MÓDULO 1: “Intervenciones clínicas con niños en la institución( autismo y psicosis)”

En la realidad de la institución, se trate de neurosis o psicosis (extraordinarias u ordinarias), ya sea como Sujeto supuesto Saber, como secretario del alienado o como partenaire del goce, el lazo al analista se encuentra bajo efectos transferenciales. Los efectos del desencadenamiento parecen cierto y habituales, con la regresión especular, la invasión de un goce deslocalizado y los cambios ulteriores por el delirio y la búsqueda de una solución personal.

En el tratamiento con niños y sus respectivas familias, las ideas de transferencia toman cuerpo ligadas al contexto en donde se desarrolla la práctica, en este caso el analista situado dentro de la institución, equivale

o se encuentra en igualdad con otros profesionales (maestros, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, kinesiólogos) y terminan siendo nombrados de la misma manera. ¿Podría inducir que en su modo de nombrar ya como lo decía Lacan le proporcionan un saber- me proporcionan un saber?

Replantearse en la práctica con niños, el lugar que se ocupa ahí, es tarea ardua que cada practicante debe asumir, y preguntarse ¿qué le pasa frente al sufrimiento? Cada analista se ve confrontado con la angustia y ahí no estamos para evitarle el sufrimiento.

En nuestra formación continua en psicoanálisis, escuchamos el inconsciente y nos orientamos por el real de cada sujeto. Para ello hay que hacer un tratamiento subjetivo previo, y estar advertidos de no ocupar el lugar de «amo» que nos indican las normas de la institución. Para esto es valiosa la lectura de la contratransferencia, de los que nos pasa como analista cada vez, en la escucha de cada sujeto.

Barajar la función del imaginario, para pensar el juego en lo simbólico, y las nociones de cuerpo, recortes del cuerpo con el lenguaje, y como cada niño construyó su Otro.

MÓDULO 2: “Psicoanálisis en las instituciones educativas”

¿Qué hacer frente a lo desconocido de la institución educativa? El primer recurso al que se puede apelar es a la labor en equipo con los otros profesionales de las distintas disciplinas que conforman la institución. Un trabajo “entre varios” que posibilite ubicarse en ese lugar de semblante de objeto que nos está reservado a los practicantes del Psicoanálisis, cuando elegimos ocuparlo… Ese ocuparlo no es sin apoyarse en los tres pilares señalados por Freud: el análisis personal, la supervisión de casos clínicos y la formación teórica. Haremos especial mención a la supervisión tanto institucional como de casos clínicos que nos posibiliten un modo de responder (o no) a las demandas que nuestra labor genera.

MÓDULO 3: “Instituciones médicas y psicoanálisis”.

El presente módulo tiene como objetivo abordar las posibles condiciones en que un psicoanalista puede intervenir en instituciones médicas y/o de salud. Lidia Romero de castro (2015) nos advertía que la relación médico-paciente está cuestionada en la actualidad por diversas razones como el avance tecnológico, la comunicación, la telemedicina, entre otros. Continua y refiere que el encuentro que hace lazo queda horadado y el paciente es atendido solitariamente en su enfermedad, pero no en su sufrimiento: queda reducido entonces a objeto patológico y no a sujeto sufriente, podríamos decir que aquella precisión de Romero de Castro hoy está muy vigente, lo corroboramos en las instituciones, el sujeto reducido a una cifra. Entonces nos interrogamos cada vez, ¿Cómo operar como practicantes del psicoanálisis en aquellas instituciones ordenadas a partir de valoraciones estadísticas y protocolos? Eric Laurent (2014) nos dice que la intervención del psicoanalista no está marcada por el estándar, sino que es a la medida del sujeto y, por lo tanto, ligada a la contingencia. Además, expresa que es un reto para el psicoanálisis responder a las características de la época. ¿Cómo responder desde el psicoanálisis aplicado a la terapéutica sin por ello renunciar a los principios que lo rigen?

MÓDULO 4: “Efectos del psicoanálisis en el hospital psiquiátrico”

Mi puerta de entrada a la clínica ha sido en la clínica del hospital psiquiátrico. El análisis personal y los textos de psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, viene siendo el paso a paso en mi formación. La transferencia de trabajo no se inscribe de uno para todos, sino como lazo uno a uno. Es ahí, en el hospital público, donde la tarea se establece entre psiquiatría y psicología, con técnicas propias que van determinando la dirección de la cura. Advertidos de esta realidad, los practicantes del psicoanálisis no la negamos. Recordamos desde Freud, que el malentendido es la esencia de la comunicación, así es que las entrevistas en sala de internados cambian. Será entonces una práctica determinada por la singularidad, que

aparece en la transferencia como demanda y que el analista se presta y decide ser destinatario de esas demandas. Es con Lacan que nos orientamos en el camino de la subjetivación de la psicosis.

BIBLIOGRAFÍA: 

J.A. Miller: Psicoanálisis Puro-Psicoanálisis Aplicado- Psicoterapia.

Colofón-Elementos para una epistemología del trabajo institucional. Boletín de la federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano.

Eric Laurent: Psicoanálisis y Salud Mental Antonio Di Ciaccia: La clínica entre varios

Samuel Basz y otros: CINCO CONFERENCIAS en PAUSA. Psicoanálisis Aplicado a las Urgencias Subjetivas de la Actualidad.

Adriana Rubistein: Un Acercamiento a la Experiencia. Práctica y Transmisión del Psicoanálisis.

Freud, S (1921) psicología de las masas y análisis del yo”. En obras completas tomo XVIII. Buenos Aires:Amorrortu,197-

Lacan.J (1955-1956).El seminario.Libro3: Las Psicosis. Capitulo VII: La disolución imaginaria. Buenos Aires. Paidos.

Rivas Padilla, Enrique.(2006)” Pensar la psicosis:el trato con la disidencia psicotica o el dialogo con el psicotico disidente. Buenos Aires.Grama

Tedlarz,Sivia Elena. “Clinica del autismo y de la psicosis en la infancia”: Buenos Aires. Coleccion Diva. Actualidad en la conexión psicoanalisis-pedagogia” Dra Hebe Tizio. Seminario de Otoño. Ciec 2002.

¿Cómo se enseña la clínica? Eric Laurent . Cuadernos del ICBA Nª13. 2007

Goldenberg, M. et al.(2015) Temas de frontera entre psicoanálisis y medicina. Publicación del programa psicoanálisis y medicina del CIEC. Ed. Grama. Bs. As., Argentina.

Miller, J. A. et al. (2004). ¿Desea usted ser evaluado? Conversaciones sobre una máquina de impostura. ED. Miguel gomez. Málaga.

Miller, J. A. (2013) El lugar y el lazo. Los cursos psicoanalíticos de Jacques Alain Miller.Cap. III Psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Ed. Paidos. Bs. Ar. Argentina.

Lacan, J. [2010(1966)]. Intervenciones y textos I. Psicoanálisis y medicina. Ed. manantial. Bs. As., Argentina

Laurent, E. (2014) Estamos todos locos.La salud mental que necesitamos. Ed. RBA libros. Barcelona

COORDINACIÓN: Lic. INÉS CONTRERAS

CO-COORDINADORES: Lic. MARÍA DE LOS ÁNGELES AMESTEGUI- Lic. JULIA CASTELLANO- Lic. MARIANA ALUSTIZA.

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Grupo de investigación ¿Qué hacemos en psicoanálisis? Leer y trazar las primeras coordenadas.

Grupo de investigación ¿Qué hacemos en psicoanálisis? Leer y trazar las primeras coordenadas.

El grupo de investigación se constituye con el interés de rastrear en los cursos de Miller “Sutilezas analíticas” y “El lugar y el lazo”  la distinción fundamental y  aún novedosa del psicoanálisis respecto de otras terapias. La pregunta que orienta el recorrido es simple en su formulación, pero decisiva en sus consecuencias: ¿qué hace que una práctica sea psicoanalítica?

Avanzar sobre este interrogante tiene como horizonte ubicar aquellas indicaciones que orienten al practicante del psicoanálisis en los tratamientos que dirige. Se propone propiciar un acercamiento a la enseñanza de Lacan mediado por la elucidación de Miller, que permita construir verdaderas brújulas de orientación, no solo en el plano epistémico, sino también en lo que respecta a la praxis y la ética del psicoanálisis.

En relación con las diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia, Miller (2000) afirma que es necesario “recusar la psicoterapia, pero para distinguir de ella el psicoanálisis aplicado a la terapéutica, que no es lo mismo. Aplicar el análisis a la terapéutica es un ejercicio propiamente analítico y muy distinto de pensarse como psicoterapeuta, de ejercer como psicoterapeuta” (p. 48).

A partir de ello, se interrogará en la bibliografía seleccionada para este año: ¿cuál es la diferencia entre psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado al síntoma y psicoterapia? ¿Cuál es la relación y (no) relación entre psicoanálisis y salud mental? ¿Qué se hace en psicoanálisis si no se trata de curar? ¿Qué orienta el tratamiento? ¿Qué tratamiento ofrece el psicoanálisis frente al sufrimiento humano?

Por su parte, el curso El lugar y el lazo introduce una perspectiva fundamental: toda práctica clínica se inscribe en un lazo social y se define por el lugar que allí ocupa quien escucha (Miller, 2000).

En Sutilezas analíticas, Miller enfatiza la dimensión más fina de la práctica y sostiene que lo específico del psicoanálisis reside en una ética que sostiene la hipótesis del inconsciente, en la función del deseo del analista y en la apuesta a una transformación en la relación del sujeto con su síntoma (Miller, 2011).

El recorrido del grupo buscará explorar estas distinciones sin reducirlas a oposiciones rígidas, sino considerándolas como una tensión viva que atraviesa la clínica contemporánea. Se tratará de interrogar cómo se sostiene la orientación analítica en diferentes contextos y qué consecuencias tiene para la práctica, la formación y la política del psicoanálisis.

Así, más que ofrecer definiciones cerradas, este curso invita a un trabajo de lectura, investigación y conversación que permita situar la especificidad del psicoanálisis en la actualidad, su lugar en el lazo social y las sutilezas que orientan la práctica analítica en su dimensión más singular.

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

Miller, J.-A. (2000). El lugar y el lazo. Paidós.

  • Clase I “La tentación del psicoanalista”
  • Clase III “Psicoanálisis aplicado a la terapéutica”
  • Clase VI“Fuera de sentido”

Miller, J.-A. (2011). Sutilezas analíticas. Paidós.

  • Clase I “Retorno a Lacan”
  • Clase II “¿Hacia dónde va el psicoanálisis?”
  • Clase III “Posición del analista”
  • Clase VI: “La interpretación”

 

Lacan, J. (2009). La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2 (pp. 565–626). Siglo XXI.

Lacan, J. (2010). Psicoanálisis y medicina. En Intervenciones y textos 1 (pp. 86–99). Manantial.

 

 

 

 

Coordinadoras:

Agustina Luque.

Laura Alcorta.

Asesor/a externo a definir

Destinatarios: practicantes del psicoanálisis, estudiantes de psicología y público interesado en el tema.

Modalidad: presencial y virtual

Frecuencia: quincenal, fechas y horarios a definir.

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VI Jornadas locales de los grupos de investigación. Estados de trabajo

VI Jornadas locales de grupos de investigación. Estados de trabajo.

Jornadas anuales de estados de trabajo de los grupos de investigación y lectura 2027

Sábado 14 de marzo del 2027

Dada la importancia de compartir lo aprehendido con otros (las enseñanzas, la clínica, los recorridos, etc.), es que se organiza este encuentro anual para visibilizar el estado de trabajo realizados por los distintos grupos.

Una posibilidad para propiciar y enriquecer las transferencias de trabajo!

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Grupo de investigación Autismo y psicoanálisis.

Grupo de investigación Autismo y psicoanálisis.

Fundamentación.

“Reivindicar la diferencia autista no es reconocer implícitamente la existencia de un grupo dominante, que sería la referencia de esta diferencia.

Cada uno de los modos subjetivos de funcionamiento es diferente de los otros dos y ninguno de ellos debe considerarse un referente. »

(Jean Claude Maleval, Introducción, La Diferencia Autística, 2021)

Convocados por la clínica con el sujeto autista, nos abocamos al encuentro y la interlocución como tratamiento posible del abordaje que el psicoanálisis de orientación Lacaniana ofrece. La lectura nos orientara desde el último libro del psicoanalista francés, Jean Claude Maleval, La Diferencia Autística, obra que da cuenta de su trabajo acerca del autismo desde hace varios años donde agrupa sus investigaciones y sus tesis.

Con  los interrogantes, enigmas y apreciaciones que nos comprometen, nos reunimos los 1er martes en un encuentro teórico con la Antena de Rosario -de manera virtual- y el último sábado de cada mes un encuentro de conversación clínica -de forma presencial-.

De este modo, quedan invitados a sumarse a esta diferencia, quien sea convocado por nuestra propuesta.

Coordinan: María Rosa Cantos y Lilian Carini

Bibliografía: La Diferencia Autística de Jean Claude Maleval- 2021

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