De la clínica del deseo.

                                                                                                          Lilian Carini*

¿La pulsión y el deseo cómo se articulan? Una pregunta que le dio movimiento al taller. Hablando del Hombre de los sesos frescos al que el analista no escuchó en su deseo, su acting revela una operación, una defensa del sujeto para mantener su pregunta. Roba nada dice Lacan, no es que no robe;  roba nada, nos habla de una interpretación que no deja escapar el deseo en juego. No se trata de una interpretación que niegue el síntoma o apunte al sentido.

La pulsión siempre se satisface y lo hace en el recorrido del circuito de la zona erógena, el deseo articulado al lenguaje, su objeto inalcanzable,  nunca se satisface por completo.

«Otra topología es necesaria para no equivocarse en cuanto al lugar del deseo», cito a  Lacan. (1)

El objeto nada tiene la función de encarnar un objeto puramente simbólico, un significante puro, significante de la irreductibilidad del deseo.
El deseo es su interpretación y lo interpreta el fantasma. El objeto le da una cierta estabilidad,  un ser al sujeto que no sabe qué objeto es para el otro, que está en el  “¿Qué me quiere?»
El sujeto dividido, inconsistente,  no sabe lo que dice, no sabe lo que es,  se da un ser con el objeto.

Referencia bibliográfica:

1-Lacan, J. Escritos 2. La dirección de la cura y los principios de su poder. Editorial Siglo XXI. 2009.

*Integrante del CID Santiago del Estero-IOM3

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