Clase 3 EL DESEO Y LA DEMANDA EN LA NEUROSIS OBSESIVA. El Historial: El Hombre de las ratas.

Clase 3

Docente: Marisa Morao, psicoanalista, miembro de la EOL-AMP.

Reseña

La clase comenzó de manera virtual con la docente Marisa Morao, quien introdujo el tema mediante la canción de Catupecu Machu “Más deseo, más me alejo”, haciendo referencia al título de la clase.

En primer lugar, plantea la cuestión de la defensa y los movimientos que produce Lacan en el Seminario V.

La idea principal gira en torno al síntoma obsesivo y a cómo el obsesivo se defiende, mediante sus síntomas, del deseo del Otro. Freud distinguió la defensa de la represión desde sus primeros textos. En la neurosis obsesiva se trata de defensa y no de represión, ya que la represión supone un significante que cae y otro que, metafóricamente, lo sustituye.

En relación con el caso Dora, Freud plantea que, al hablar de la histeria, una vez que se descifra el síntoma —en este caso, la tos de Dora—, se levanta la represión y el síntoma desaparece. Freud sitúa allí la satisfacción pulsional sustitutiva del síntoma, ya que hay represión y retorno de lo reprimido.

En cambio, en la defensa no hay represión de un representante o significante, sino una desconexión entre el representante y el goce. No se trata, en este punto, de recordar. Hay una ruptura de las conexiones lógicas: están las representaciones y están los recuerdos, pero sin el afecto. El trabajo del analista sería restablecer esas conexiones, restituyendo algo del orden del afecto.

Lacan va planteando de distintas maneras la cuestión del aislamiento del obsesivo. La defensa también se sitúa a nivel del aislamiento, al que Lacan refiere como una especie de “jaula narcisista” en sus escritos. El sujeto obsesivo se presenta cerrado sobre sí mismo, prisionero de sí mismo. Aunque no lo sepa y crea ser prisionero del Otro, en realidad es prisionero de un Amo.

La docente plantea, en relación con esto, que también puede pensarse la transferencia: ¿cómo coloca el sujeto al Otro del saber en el lugar del Amo? De este modo, el analista puede quedar ubicado en el lugar del Amo, lo que puede producir impasses transferenciales. También menciona la cuestión de estar dentro de una burbuja, encerrado sobre sí mismo.

Lacan hace referencia en sus escritos a la “cápsula narcisista”, como un punto central respecto de cómo hacer frente al deseo del Otro. Habla de “la cápsula narcisista de la conformación obsesiva”, de donde surge el tema de la fortificación.

Lacan compara al obsesivo con aquello que resulta impenetrable. Estas defensas instalan murallas respecto del inconsciente, lo cual marca la dificultad de las entradas en análisis.

“El yo como un todo” es una idea que Lacan desarrolla como un todo cerrado, donde aparece el problema de la contradicción. Esa cápsula narcisista no quiere fallas ni fisuras; busca un funcionamiento cerrado y totalizante. Podemos decir que, en un primer momento, aparece el objeto del deseo y, posteriormente, Lacan da un paso más al sustituir la cuestión del yo por el Otro, planteando el objeto del deseo en términos del objeto a, causa del deseo.

Se presenta entonces el problema de la tensión agresiva. En el Seminario V aparece ya a nivel del fantasma sádico. En relación con la tensión agresiva que el obsesivo genera consigo mismo y con los otros, cuyo exceso responde a esta lógica del funcionamiento obsesivo —todo o nada, verdadero o falso—, puede observarse esta modalidad en distintos casos.

Esta agresividad constituye una defensa de esa unidad narcisista y aparece cuando escuchamos al obsesivo hablar del lazo amoroso y de la obsesión por lo total en el “te amo”, entendido como “el amor por alguien”, como pasión por ese todo. Sin embargo, esto siempre puede tener un giro potencial hacia el “quiero destruirte”.

Resulta interesante pensar este movimiento del todo o nada: “te amo, pero te destruyo”. De esta manera, el obsesivo se defiende del deseo, punto central que no debe perderse de vista en la transferencia.

Respecto de la hipótesis de que el obsesivo se defiende del deseo del Otro, Lacan plantea una multiplicidad de mecanismos: el aislamiento, la reduplicación, la anulación y todos los desplazamientos propios de la neurosis obsesiva. El sujeto se describe dentro de un campo fortificado, dentro de esa cápsula de vidrio, “en su planeta”.

Cuando el obsesivo está en otro lugar, se encuentra dentro de algo que viene a metaforizar al yo y a dar esa idea de conjunto cerrado. Lacan señala que ese funcionamiento del yo apunta a excluir el deseo.

La docente refiere que, desde esta perspectiva, aparece la contradicción entre el yo y el objeto del deseo, entre un todo y el deseo, sin fallas ni fisuras. Entonces, la defensa se produce frente a cualquier incidencia del deseo del Otro, y el asunto es que el deseo del Otro angustia.

Por eso, el aislamiento opera ante la emergencia del deseo mismo, para evitar la angustia frente al deseo del Otro. Clínicamente, esto puede virar hacia efectos depresivos, hacia la tristeza por haber perdido la vida, el tiempo, etc. Son todas formas que pueden presentarse en la clínica de la neurosis obsesiva como efecto de la angustia.

“Cualquier entrada de un tiempo real, que implica la contingencia, sobre todo en un encuentro amoroso, puede causar una catástrofe en la defensa obsesiva”.

La defensa principal aparece como el aislamiento, y Lacan luego articula esto con el goce del espectáculo. Posteriormente, el aislamiento también se articula con el goce sexual y con distintas formas del goce pulsional.

Ya en la época del Seminario V, bastante contemporánea a La dirección de la cura, comienza a aparecer un sesgo diferente, mucho más cercano a lo que posteriormente Lacan elaborará como presencia del analista. Comienza a aparecer una posición distinta en relación con el analista y con el acto analítico: molestar la defensa, introducirse en el fantasma y empujar al sujeto hacia el despliegue de su fantasma.

Si no se construye el fantasma, si no se despliega el fantasma, resulta imposible ubicar estos puntos de vacilación fantasmática.

Por último, en relación con la cuestión del goce del espectáculo, el obsesivo se coloca como espectador de sus propias escenas, evitando así el deseo.

Freud señala, respecto de las fantasías del obsesivo, que este “ve a alguien heroico”. Se construye esa fantasmagoría de lo heroico y, detrás de ella, hay una dedicatoria a alguna dama, pero siempre debe estar camuflada.

El obsesivo coloca al yo, a ese yo cerrado, como defensa para cubrirse de la castración del Otro. Porque cubrirse del deseo es también cubrirse de la castración del Otro.

J.-A. Miller realiza un trabajo en el que plantea los movimientos del goce en la enseñanza de Lacan. Allí ubica, en el Seminario V, el segundo paradigma, denominado “la significatización del goce”: “la significatización del goce, la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”.

Posteriormente, Lilian Carini, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, realizó aportes teóricos sobre La dirección de la cura y los principios de su poder, particularmente en el apartado “¿Qué lugar para la interpretación?”.

Se centró en el debate de Lacan con los posfreudianos. Fundamentalmente, Lacan dialoga con sus colegas, a quienes lee y cuyas publicaciones y casos clínicos toma en consideración. Podemos decir que se ubica allí también en una posición de control. Lo que lo mueve es conocer la clínica de estos autores para interrogar qué aportan al dispositivo y a qué falta responde cada uno de ellos. Cada autor inventa algo para poder responder a esa falta.

La innovación teórica de Lacan, en su retorno a Freud, consiste en intentar comprender de qué manera esas prácticas eran modos de responder a un desconocimiento fundamental. Los analistas posfreudianos no hallaban la interpretación por ningún lado o bien la encontraban por todas partes. Por ese motivo, evitaban interpretar el deseo inconsciente para dirigirse, unos, a las defensas del yo y, otros, a la pulsión.

La transferencia se convierte en la seguridad del analista y la relación con lo real pasa a ser el terreno donde se decide el combate. La interpretación, que había sido pospuesta hasta la consolidación de la transferencia, se vuelve subordinada a la reducción de esta.

Sin embargo, el procedimiento de Freud, tal como se presenta en El hombre de las ratas, resulta llamativo porque procede exactamente en el orden inverso. Comienza por introducir al paciente en una primera ubicación de su posición en lo real, aun cuando ello tuviera que arrastrar una precipitación y una sistematización de los síntomas.

Al finalizar la clase, Eliana Jiménez, integrante del CID Santiago del Estero IOM3, presentó un caso clínico, el cual fue comentado por Marisa Morao.

Reseña a cargo del Área de Eventos.

Ciudalitica | 2023

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