Nuevas parentalidades y el declive de la autoridad. Sus efectos en el ámbito educativo desde una lectura psicoanalítica.

 

La reconfiguración actual de la familia ha producido un desplazamiento significativo: la autoridad tradicional paterna, aquella que organizaba simbólicamente el lugar de cada uno, que indicaba cómo comportarse, cómo relacionarse, ha cedido su lugar a formas de autoridad más horizontales y consensuadas entre los integrantes del grupo familiar. Este movimiento, lejos de ser neutro, tiene consecuencias clínicas y sociales que nos interpelan tanto en el consultorio como en las instituciones de las que formamos parte.

El declive de la autoridad del padre no es un fenómeno meramente sociológico. Desde una lectura psicoanalítica de orientación lacaniana, implica el debilitamiento de la función simbólica que organiza las identificaciones del sujeto. Sin esa brújula identificatoria, los sujetos quedan desorientados: sin posibilidad de apoyarse en aquellos referentes que guían su hacer en el mundo, su modo de habitar el deseo, su lugar entre los otros.

Surgen entonces preguntas que no encuentran respuestas fáciles: ¿qué efectos produce este cambio en los lazos sociales? ¿Qué opera como regulador del modo singular de satisfacción que permita aprender, jugar, trabajar con otros?

Como psicoanalistas asistimos cotidianamente, tanto en la clínica como en las instituciones, a variaciones significativas en los modos de vincularse de los sujetos. Entre los síntomas que nuestra época produce con insistencia, se destaca la violencia. No como fenómeno nuevo, sino como síntoma de una época particular: la época del Otro que no existe, tal como la nombraron Jacques-Alain Miller y Éric Laurent. La violencia ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una presencia constante; incluso cuando no se expresa en agresión física, su sola sospecha basta para alterar la cotidianidad y, principalmente, los lazos con los Otros.

La escuela no es ajena a este fenómeno. Por el contrario, se ha convertido en uno de los escenarios privilegiados donde estas tensiones se hacen visibles. Las manifestaciones son múltiples y de diversa intensidad: el acoso escolar o bullying, el ciberbullying o acoso a través de redes sociales, las agresiones físicas, y en los casos más extremos, el uso de armas. La institución escolar, cuya función fue históricamente pedagógica, se ve hoy convocada a responder a demandas que exceden con creces ese mandato original, inscribiéndose en un campo de exigencias sociales, culturales y vinculares para las que no siempre cuenta con herramientas suficientes.

Por su parte el psicoanálisis no propone soluciones pedagógicas ni recetas institucionales. Pero sí puede aportar una lectura que ayude a tolerar la incertidumbre sin paralizarse: reconocer que allí donde la violencia irrumpe, algo del orden de la palabra ha fallado; y que recuperar algo de ese espacio simbólico, aunque sea parcialmente o de modo precario, sigue siendo una tarea posible y necesaria. No para restaurar un orden perdido, sino para construir las condiciones mínimas en que un sujeto pueda aprender, jugar, desear y convivir con sus semejantes sin verse reducido a la pura lógica del objeto.

¡ Interpelados por los efectos de este movimiento, los esperamos para una enriquecida conversación!

Ciudalitica | 2023

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