El eterno Patapouf por Jacques-Alain Miller

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De lo escrito en francés, no hay nada que prefiera más que esta “pequeña historia”. Sería sabio no decir nada acerca de ella. ¿No es acaso tan límpida que corta el aliento? Es la medusa del Witz. Nos liberamos de ella mediante la risa.

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Freud va a buscar sus chistes en los anales. Reflexiona acerca de las palabras ingeniosas que se destacan, lo que hace suponer que el resto del tiempo la conversación no es verdaderamente chispeante. En Voltaire, todo es Witz, estamos en el elemento mismo del ingenio, es la forma a priori de su percepción del mundo.

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En cuatro pequeños parágrafos, está todo, como en el café de Lagoupille: una política, una metafísica (a la inversa), una lógica, una ética, y también una estética que se exhibe en el estilo.

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Al releer en estos momentos esos monólogos llamados “mi curso”, veo bien que curiosamente mi lengua –mi versión de lalengua-, lleva la marca de Moliere y de Voltaire. Jamás supe hacer las cosas oscuras- sino al trabajar mucho, en la Escuela Normal… Decir rápido siempre me pareció una virtud. Pero la rapidez no lo es todo: es necesario para que esté contento, que las relaciones entre los términos se vean. Mi palabra es una esgrima, me pongo las botas, hago molinetes, me tiro a fondo. ¿Quién está en frente? Nadie de quien yo hable. Es el eterno Patapouf, el enemigo de Voltaire.

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Me cuesta creerlo, cuando Mauricio me dice que la Breve digresión no se existe en español. Si ese fuera el caso, estaría orgulloso de haberla puesto en circulación en la Argentina, donde podría hacer algún bien… Es cierto que apenas la “dictadura” fue denunciada, fue soberbiamente denunciada (nunca la habíamos padecido hasta ese momento) tuvimos a Robespierre y a Napoleón. Lacan no dudaba en recordar a los alemanes captatio malevolentiae, adónde los condujo el amor por la crítica hacia 1933. Lacan se ubica bajo la égida de las Luces, pero en política razonaba con frecuencia como un romántico, y junto a eso, como el más liberal del mundo.

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Había en la École freudienne algo de los Quince-Veinte Eso tenía que ver probablemente con los alumnos de la Escuela, el director, en cambio era suficientemente volteriano como para poder haber dicho: “Prescindir del Nombre del Padre a condición de servirse de él”. Pero, en fin, eso no era un éxito, ese éxito…

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Los psicoanalistas están condenados a hablar de lo que no ven. Es por lo que ponen tanta convicción en ello, sea que tengan la fe del carbonero o que estén carcomidos por una duda de la que se esconden. Los más picaros, desde hace tiempo, no creen más en el inconsciente: de tanto servirse de él, terminan por prescindir de él. ¿Los más picaros? En psicoanálisis, son los más débiles y se convertirán necesariamente, dice Lacan, en canallas (palabra de la lengua clásica). La caza de los canallas obsesiona a Stendhal. Volteriano durante la Restauración (ver el cuento del encantador obispo de Agde persignándose frente al espejo). En lugar de hablar de lo que ustedes no ven hablen, hablen de lo que escuchan es en sustancia lo que dice Lacan, y de lo que es hablar y escuchar.

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Están los cinco sentidos, por cierto, y luego está el fantasma, lo real del gozar, y lo real de lo simbólico. Voltaire respeta el goce, respeta las matemáticas, pero el fantasma del otro le hace reír. Dice “Miren un poco a estos imbéciles”. Pero es él, el que no entiende nada de los poderes de la palabra, lo que sin embargo pone en escena la Breve digresión. Que sea con cinco sentidos de más o de menos todo es fantasma, dice Lacan. Podría ser Voltaire

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Es el más borgiano de los cuentos de Voltaire Haría falta muy poco para que la Breve digresión se convierta en “Tlön, Upbar, Orbis, Tertius” o “El Congreso”. Solamente haría falta reír un poco menos. No llorar (eso es bueno para los poetas del sentimiento trágico de la vida, de Pascal a Unamuno): tener compasión, tener compasión por sí mismo, quiero decir, lucidez. Las Luces eran los Quince-Veinte, y Voltaire, su dictador (se ha dicho). Breve digresión no habla más que de la dictadura de opinión. ¿Y si Voltaire pensaba en sí mismo?

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Borges ciego habla sin vacilar de los colores yo lo escuché. ¿De qué debería hablar un ciego? Como todo el mundo, es un apasionado por el objeto perdido. ¿Por qué hablar de eso que está bajo la mirada, bajo la mano? Por supuesto solo se habla de lo que está fuera de alcance. Estos empiristas siempre quieren cerrarnos el pico. Voltaire era anglómano, eso lo perdió como a Wittgenstein. “Aquello de lo que no se puede hablar, hay que callarlo” esta sabiduría que es la de la Breve digresión, es un poco estrecha. En Carnap es francamente la dictadura del peón. Al menos Kant por seguir en la vía de Voltaire, agrega: “… pero uno no puede impedirse de hablar de ello” “Hablen de lo que ustedes conocen” pues bien, no se iría lejos…

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¿Por qué está Maximiliano en el horizonte? Porque al tocar los semblantes, al sacar a luz el fundamento de semblante del lazo social, al pasar la creencia por el tamiz de los cinco sentidos con el pretexto de volver razonable a la sociedad se deslegitiman los significantes amos de la tradición, y la retribución no tarda en llegar.

Joseph de Maistre más verdadero que Voltaire… (probablemente fue volteriano, como todo el mundo antes de 1789). Sólo que, he ahí, la Restauración no funciona.

Chateaubriand ya sabe que eso se terminó para siempre, que la ideología científica derrotó a la tradición. La Revolución, en efecto, es el discurso de la ciencia en marcha, (su efecto catastrófico sobre los Franceses).

Voltaire es su San Juan el Bautista. ¿Acaso no había hecho de Newton su nuevo Evangelio? Cartas filosóficas o Cartas inglesas. A Breve Digresión, Gran Revolución.

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En Venecia leía, en italiano, las reflexiones de un Húngaro.

Qué lamentable -dice en síntesis- que la unidad alemana se haya hecho bajo los Hohenzollern, esos toscos, groseros, advenedizos, y no en torno a los Habsburgos, que eran gentilhombres en quienes aún vivía el sentido de la res pública y de la soberanía impersonal. Con el universalismo abstracto llegó el nacionalismo y el reino fatal de los héroes. Napoleón, genuit Bismarck, que genuit Guillermo II, “falso monarca, per il quale l’escercizio del potere non é una funzione e un sistema di ruoli bensi un cimento romántico, eroico, spettacolare-, individuale” y llega Hitler. Itsvan Bibo, que se inspiró en Guillermo Ferrero sueña en 1942 con una monarquía volteriana, sueña con un rey filósofo. Paciencia, hoy es la era de “No hay nadie” (Cf, El Otro no existe y sus comités de ética).

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El gran dolor de los liberales: “¿Por qué, por qué los hombres no permanecen dentro de los límites de la simple razón?

A excepción de los Ingleses, -que tienen con lo real una relación robusta y sana (salvo Carlyle…) que Lacan celebraba en la posguerra-, los pueblos se cuentan historias.

La tristeza de los liberales franceses debe ser colocada en el estante de los grandes afectos políticos al lado de las nostalgias legitimistas. Los Ingleses no creen en las “ideas” (los Escoceses, mucho menos, y los Americanos, en absoluto). Por esto mismo dan el tono en la IPA. Guardan sus creencias en privado, como un pequeño delirio que no le hace mal a nadie, y del que no se hace alarde. Si este realismo salubre entusiasmó a Voltaire, es porque él era francés. Inmediatamente construyó un sistema radical como pocos burlándose de todo, haciéndose el vivo. Es lo que no hacen los Ingleses justamente: una vez que las “ideas” se volvieron costumbres y entraron en el orden de las cosas, ellos las respetan como cosas que existen.

En cuanto al sublime “no” de 1940, deja en el lugar los cálculos menudos. La Anglomanía no es la “anglitud”.

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Los Ingleses, ¿dejarán algún día de servirse del viejo significante real? Es la apuesta del folletín que apasiona todavía este verano. El discurso de la ciencia encuentra su realización en las aventuras sexuales de Lady Di.

La dialéctica tiene esas ironías. Pascal lo llama “la nariz de Cleopatra” (es de Voltaire). La dialéctica siempre es irónica, y en Hegel en primer lugar, como lo ilustró Queneau. El domingo de la vida quiere decir que ya no hay más retóricos para engañarlos: fin de los poderes de la palabra, fin de la historia, fin de “la breve digresión”, (la pre –historia) podemos empezar a dormir. El sueño lógico-positivista y liberal: cada palabra en su lugar, todos consumidores, deshuesados como Valentín.

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La Breve digresión es el Enchiridion del no-incauto ¿Qué es el no-incauto? Aquel que se burla de los poderes de la palabra. Cree que no hay sino semblante. Esta creencia es errónea, y por es allí que es débil, yerra, y que, psicoanalista (y por ende, especula con los poderes de la palabra), se convierte en un canalla. Lo real en juego se le escapa, se lo vela su risa. Voltaire, sin embargo, sabe que no se corta con eso, ver el topos del último párrafo, su cláusula infinitizante. Cuando termina, eso recomienza- después de un blanco, riverrun, past Eve and Adam´s.

¿Por qué esta repetición? ¿Por qué volverse “entusiastas”, en lugar de mantenerse “apacibles y afortunados”? La ceguera del cuento, es la castración. Siempre tenemos un sentido en menos. Es lo que “no hay relación sexual” quiere decir.

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Esta Breve digresión es una blasfemia. Los ojos están para no ver. El vidente siempre es ciego (Tiresias). “Yo quisiera saber lo que ven los ciegos”, dice un psicótico (citado por Roger Wartel).La tontería de las sátiras es desconocer la fuerza de las cosas ausentes. Lacan no insistió en la vía de “Situación del psicoanálisis en 1956 ” “…se hizo escuchar, intrigó, formó entusiastas; finalmente se lo reconoció como jefe de la comunidad”. ¡Dios mío!, pero si es toda la historia del psicoanálisis… Y quizá, toda la Historia, teoría de increíbles carismáticos, seguidos por sus interminables cohortes burocráticas-cuando su “breve digresión” funcionó. La cuestión es únicamente durar. Cuando el artificio está un poco gastado se vuelve utilizable por el gentleman, como lo indica la anécdota de Brummel…

Afortunadamente, para el psicoanálisis, eso arrancó mal.

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O bien todo no es más que teatro de sombras, opéra buffa, escenografía de semblantes, o bien, hay lo real. Quizá lo real ama al semblante, así como lo Absoluto quiere estar cerca de nosotros (Hegel).La trayectoria analizante de la impotencia a lo imposible lleva simultáneamente de lo trágico a lo cómico. El pase es el Witz, incluso el Limerick: le hace falta un pequeño guiño (el ojo japonés de Florencia). Como el sordo de Voltaire, uno se aferra a su propio real, que es justamente lo que no puede conocer… Si todo fuese falso semblante, sofística, estafa, aún quedarían las matemáticas. Stendhal no respetaba más que eso. Para él se es matemático o canalla,- o bien emotivo, un poco tonto, como sus héroes ¡Ah! Hacer al psicoanalista matemático… fue el sueño lacaniano.

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La astucia, tenacidad y valentía en Voltaire. Él ya había hecho todo, en el 1789 no hubo sino que despejar. ¡Cómo se merece el odio de Joseph de Maistre! Admirable potencia del escéptico combatiendo, la de nuestro Lucien. Sorprendente entusiasmo del incrédulo (gozaba con reventar los odres). Fue celebrado por el mismo mundo del que él fue la ruina (no había querido eso…).

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“Suspende” tu juicio allí donde falta la experiencia sensible, y todo andará mejor. La utopía liberal, la disciplina lógico-positivista, prolongan la ascesis antigua. Es una manera de arreglárselas con el Otro tachado- a falta del saber, renunciar al acto.

Erasmo, Montaigne, Voltaire. Descartes no tiene su lugar en la serie, porque él “cree en lo real” (pero también conoce la potencia de los semblantes sociales y dice: no tocarlos). El psicoanálisis es cartesiano, no volteriano. El Cogito vale para el ciego, nada le prohíbe las matemáticas, tampoco el diván.

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El hospicio para ciegos transformado en asilo de locos. La lección de Voltaire, sin la sátira, se puede resumir en un chato: “Aténganse a los hechos”, que terminará por producir un señor Homais y, en el mejor de los casos, el delirio positivista. (Auguste Compte loco como una cabra… Visiten su “Chapelle de l’Humanité”, en París, donde a veces se reúne nuestro Collège franco-brasileño). La ficción se aferra al hecho como una garrapata a la piel de un perro. Bentham más verdadero, más sabio, más Confucio, más práctico que Voltaire, porque es un jurista.

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“La razón a partir de Freud” es completamente diferente. Es algo así como: las Luces más el objeto a, para decirlo a lo Lenin, que decía: “Los Soviets más la electrificación”, salvo que con la electricidad los Soviets todavía se sostenían; después fue: “La electrónica, menos los Soviets…”.

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Es la hora del almuerzo. Pienso en un Witz, que debe estar en el Spicilège de Montesquieu, y dice aproximadamente: “Ustedes se impiden dormir para hacer filosofía, mientras que habría que hacer filosofía para dormir bien.”

Divertimento de este domingo 17 de agosto de 1997, en París.

Este texto fue publicado en el N° 49 de la revista Ornicar? Boletín del Campo Freudiano.

Una versión comentada de este mismo texto por Jacques Alain Miller se encuentra en su la última lección de su curso El partenaire-síntoma, pág. 469-89.

Traducción revisada por Graciela Esperanza

Replicado de: http://www.icdeba.org.ar/template.php?file=La-movida-Zadig.html

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